UNA NOCHE INNOLVIDABLE
CAPITULO # 10
Por: Tatita Andrew
Las cosas estaban bien entre los dos después de aquella noche en que cada uno había compartido su pasado, sus miedos, sus sueños para el futuro Candy sabía que había una luz para que su matrimonio tuviera la posibilidad de salvarse.
Albert era amable todo el tiempo con ella, siempre estaba al pendiente y Candy juraba que poco a poco se iba abriendo mucho más a ella y eso la hacia feliz pero ninguno de los dos sabia que las cosas iban a cambiar al realizar su primera ecografía.
Por recomendación de la doctora y para ver el progreso del embarazo Candy fue citada a hacerse un control de rutina, Albert se había empeñado en acompañarla siempre estuvo con ella a su lado sosteniéndole la mano pero cuando se reflejo los latidos del corazón del bebe y al darse cuenta los dos que una vida estaba creciendo dentro de Candy las sensaciones eran de alegría de emoción las lagrimas brotaban de sus ojos había amado a ese niño desde que supo que crecía en su vientre y al ver ahora sus manitos sus pies, la forma en que se movía se pudo dar cuenta que era responsable de ese ser y que de ahora en adelante debía cuidarlo y protegerlo por el resto de su vida.
Para Albert fue un tremendo shock ver a su hijo, si su hijo moverse y dar patadas en el vientre de Candy como queriendo salir de allí, por primera vez se dio cuenta que estaba justo en la situación que había evitado por mas de ocho años casado con una esposa y con un hijo, desde el momento en que perdió a la mujer que amaba se prometió que no arriesgaría de nuevo su corazón se dedicaría a tener relaciones pasajeras, que se pudieran olvidar fácilmente sin comprometer sus sentimientos, que cada una de las partes supiera que era lo que se esperaba de la otra. Y allí estaba claro que no se arrepentía pero no podía dejar de sentirse culpable desde que se había casado con Andrea habían intentado tener un hijo pero sin éxito hizo de todo para que el sueño de su mujer pudiera cumplirse, especialistas, tratamientos, le había prometido que lo lograrían se lo debía eso era lo que ella más anhelaba en la vida. Pero desde que había descubierto que jamás podría tener un hijo su matrimonio sufrió una crisis.
Ahora en la pantalla estaba su hijo y también estaba su esposa mirándolo con tanta ternura y con tantas esperanzas en sus ojos, que se prometió que no podía dejarse llevar por el corazón tenía que poner distancia entre los dos, no quería que ella saliera lastimada por no poderla amar como se merecía y sobre todo tampoco quería sufrir nuevamente por pensar con el corazón. Claro Candy era linda, tierna, alegre, soñadora todo lo que un hombre podría desear en una mujer, y sobre todo muy apasionada, si basaba en esas cosas su matrimonio podrían ser felices de eso estaba seguro.
Candy vino hablando todo el camino de regreso en el auto sobre el hijo que esperaban no podía dejar de admirar la pequeña fotografía que la ginecóloga le había dado, la primera foto de su hijo, la pondría en un portarretrato sabía que encontraría uno por allí.
Miro a Albert y recién se dio cuenta que estaba demasiado callado desde que salieron del Hospital, no quería pensar nada malo pero había tomado esa actitud desde que vieron por primera vez a su hijo. ¿Estaría arrepentido de haberse casado? ¿Estaría pensando que no era una buena madre? Sabía que iba a hacer para ponerlo de buen humor pondría la foto de la ecografía encima de su escritorio para que cuando trabajara pudiera verlo todo el tiempo.
Pero las cosas entre ambos solo habían empeorado pensó Candy Albert cada día estaba mucho mas alejado de ella llevaban casi un mes sin tener relaciones y sobre todo apenas lo veía, siempre estaba viajando, o trabajando en su estudio, y solo se reunían para cenar era el único momento donde compartían un tiempo juntos, el se mostraba atento, solicito siempre preocupada por su bienestar, desde el principio ella supo que Albert solo se caso con ella por el hijo que estaba esperando pero muy dentro de su corazón había pensado que con amor y paciencia podría lograr que su esposo la amara del mismo modo que ella lo hacía.
¿Pero como podía lograr aquello si casi ni se veían? Justamente esa mañana había recibido un mensaje que su esposo quería verla en su despacho, ella estaba ayudando en la creación de una escuela para los niños de bajo recursos del pueblo, era un proyecto ambicioso y sobre todo se alegraba que Albert hubiera pensado en ella para que se haga cargo, esos niños se merecían la oportunidad que ella no tuvo, un estudio de calidad que tal vez nunca hubieran podido pagar y una enseñanza que les serviría para el futuro.
Al llegar Albert estaba en frente de unos planos.
-Hola puedo pasar.
-Sí, por favor Candy, ven quiero escuchar tu opinión el arquitecto a cargo de la construcción me acaba de traer los planos y quisiera que entre los dos, decidiéramos si hay que hacer alguna reforma. Ven acércate justamente estaba empezando a mirarlos.
Allí estaba su esposa con su vientre muy abultado, parecía que fuera ayer cuando se enteraron que estaban esperando un hijo y ahora ya se podía evidenciar la prueba de ello, estaba un poco tímida Candy, y sabía porque no se estaba comportando como un hombre sino como un completo cobarde, trataba de evitarla todo el tiempo, se pasaba hasta la madrugada trabajando para que cuando llegara a su cuarto ella estuviera completamente dormida, su mujer paso a su lado, y ese perfume que lo volvía loco le inundo los sentidos. En ese momento supo que no solo estaba castigando a Candy con su distanciamiento sino así mismo, desde que se había acostado con ella la primera vez, ella se había convertido en una especia de obsesión pensó que con llevarla a la cama muchas veces se le pasaría las ganas de poseerla y hacerla suya.
Ella se acomodó a su lado y empezó a mirar el montón de planos que estaban encima de su escritorio, el estaba justamente atrás de ella, podía escuchar que ella pedía su opinión pero el ya había dejado de pensar, solo pensaba en que la había extrañado tanto, que deseaba estar con ella, la necesitaba mucho más de lo que hubiera imaginado y de lo que había deseado a alguien en la vida.
-¿Crees que esta bien esto?
Se acerco por detrás tomo un mechón de cabello rubio entre sus dedos y se lo llevo a la nariz.
-¿Albert que haces? ¿Me estas escuchando siquiera?
-Mmm, si perfectamente, todo lo que digas es perfecto.
Por fin se atrevió a tocarla la tomo por el abultado vientre y la apretó contra su espalda para que sintiera su erección justo sobre su trasero.
-¿Qué haces? ¿Pensé que querías saber mi opinión sobre la escuela?
Candy trato de resistirse después de todo fue Albert quien había puesto distancia entre los dos, pero era difícil concentrarse con su esposo mordiéndole el lóbulo de la oreja, y descendiendo con su boca por su cuello y con su brazo la apretaba tan fuerte que sentía que la ropa no era impedimento para sentir su deseo por ella.
-Ahora mismo estoy pensando en que te necesito para esto.
Se froto contra su trasero y levantando su vestido hizo que apoyará las dos manos sobre su escritorio mientras introducía sus dedos a través de sus bragas.
-¿Estas loco podría entrar alguien?
-No creo que nadie pueda criticarme, por desear a mi esposa como un loco, y querer hacerle el amor cuando me plazca y donde me plazca.
-Albert por favor…
-Shhh… silencio cuando nos casamos prometí amarte déjame hacerlo.
Ella solo gimió cuando Albert deslizo sus bragas al suelo y beso suavemente su trasero. Luego sin poder esperar más abrió la cremallera se bajo los pantalones y saco su duro sexo de su prisión.
-Esto es una locura.
-Esto es lo más cuerdo que he hecho durante varios días.
La embistió primitivamente, en aquel momento lo que menos quería era ser tierno y amable, deseaba introducirse lo mas profundo dentro de ella, fueron demasiados días que estuvo autoimponiéndose castidad, quería demorarse mucho, pero sabía que con el deseo que sentía por ella sería imposible poder controlarse, así que tenía que hacer que Candy se viniera con él, mientras salía y entraba duro nuevamente dentro de ella y con los gemidos de Candy y sus manos apoyadas sobre el escritorio, busco ese lugar sensible que conocía tan bien y sabía que sería ese punto el que la llevaría a ella al éxtasis al igual que él, lo encontró duro y anhelando sus caricias, y empezó a masajearlo con el dedo pulgar, Candy decía incoherencias y el sabía que no iba a durar mucho, escucho su respiración agitada y el también supo que estaba a punto de derramarse dentro de ella, con mucha más presión siguió acariciando su clítoris.
-Vamos mi amor vente conmigo.
Y después de varios minutos ambos estallaron en un potente orgasmo.
Al final Candy debido a las hormonas alteradas y al orgasmo tan alucinante en el que su esposo la había llevado empezó a llorar.
-No llores Candy. ¿Te he hecho daño? ¿Fui demasiado brusco? ¿Se encuentra bien el niño?
Le daba besos en el rostro besando sus lágrimas.
-Estoy perfectamente, deben ser las hormonas.
-Te acompaño hasta nuestra habitación creo que debes descansar un poco, luego seguiremos viendo los planos.
Si Candy pensó que las cosas entre ambos iban a cambiar se había equivocado, bueno en cierta partes cambió porque a partir de su encuentro en el despacho, compartían muchos noches apasionadas de sexo, esos eran los únicos momentos de unión que compartían durante el día Albert se volvía a mostrar atento y considerado pero distante.
Y recién después de dos meses había podido salir un momento al pueblo sin la constante presencia de Albert y había podido comprar un portarretrato sabía por la servidumbre que su esposo estaba en una reunión por lo que se adentro en su despacho para dejarle el regalo sobre su escritorio. Estaba a punto de marcharse cuando el primer cajón del lado izquierdo estaba medio abierto y de el salía una especia de reflejo, no le gustaba hurgar en las cosas de nadie pero al curiosidad pudo más, y se dio cuenta que se trataba de un portarretrato estaba a punto de darle la vuelta para ver la foto cuando en aquel momento Albert entraba por la puerta y al ver lo que sostenía en las manos, se quedo frío y apretó los puños a un lado.
-¿Qué haces aquí Candy?
Ella por el contrario al ver la reacción de su esposo supo que se trataba de algo que ella no quería que viera y ya que estaba en aquella situación llegaría hasta el final y le dio la vuelta al portarretrato.
-Te hice una pregunta Candy.
-Vine a darte una sorpresa te traje la primera foto de nuestro hijo para que lo puedas ver siempre que estés trabajando.
-Muchas gracias es un hermoso detalle de tu parte.
Candy ya no escuchaba en esa foto se veía a un Albert mucho más joven, sonriendo junto a una hermosa morena, los dos se miraban con mucho amor, y en el fondo una hermosa playa. Jamás lo había visto sonreírle a ella de ese modo. Tenía miedo a preguntar pero debía de hacerlo hasta ese momento se percató de que sabía poco de la vida de Albert solo las pequeñas cosas que el le había contado.
-¿Quién es?
-Era mi esposa.
Y en ese momento se le rompió el corazón. Pudo ver el dolor en los ojos de su esposo y la certeza de que la había amado.
-Era muy hermosa.
-Sí lo era.
-¿Dónde esta?
-Se murió hace mucho tiempo, tenía una salud muy frágil desde que era una niña, y al final su salud se fue deteriorando.
-Cuanto lo siento.
-Fue hace mucho.
Candy se armo de todas sus fuerzas para no llorar delante de él, dejo la fotografía en su lugar y se dirigió rumbo a la puerta.
-¿Candy estas bien?
¿Cómo explicarle como se sentía? Desde que se caso tuvo esperanza que Albert la llegará amar algún día, pero ahora sabía con certeza que nunca lo haría, por el modo de hablar tragando saliva y la forma de hablar de ella, entendió que nunca había tenido la oportunidad en su matrimonio de ser feliz, jamás habría podido ganarse el cariño de su esposo, porque hace tiempo ya lo había dado a otra mujer, siempre estaría a la sombra de ella, podía ver claramente que era de la misma clase social de Albert, elegante, sofisticada, hermosa todo lo que ella nunca sería.
En un segundo Albert estaba a su lado tomándola de la mano.
-Es solo cansancio, me voy al cuarto a descansar.
-Te acompaño.
-No es necesario, pronto estaré bien.
Albert observaba con detenimiento a su esposa, ni siquiera estaba poniendo atención a su tía Elroy mientras le hablaba, Candy estaba sonriendo, y esa sonrisa no era para él, si no para otro hombre un invitado a la fiesta, y los celos lo mataban, quería que esa sonrisa fuera para él, quería que lo mirara a él de ese modo, pero habían pasado dos meses desde que había sorprendido a Candy en su despacho y pensó que las cosas entre ellos sería mejor, en la cama ella se entrega sin reservas era muy apasionada y Albert cada día estaba más loco por ella, pero en el día, se notaba triste y distante, sabía que en parte era culpa de él, debió de hablarle a su esposa sobre Andrea, pero simplemente lo había postergado, ni siquiera se había puesto a pensar que cualquiera de los empleados le hubiera podido hablar de ella antes que él.
Ni sabía que tenía esa foto en su escritorio, buscando unos documentos la había encontrado y de nuevo pensó en Andrea en los momentos que fueron felices, y quiso tener los mismos momentos con ella, pero no sabía como romper las barreras que ella había erigido entre ambos, solo rogaba porque no fuera muy tarde, tal vez esta noche después de hacer el amor le diría que quería que las cosas entre ambos mejoraran y que fueran un verdadero matrimonio, no solo por su hijo.
-¿Me decías tía?
-Te estaba diciendo que has escogido bien a tu esposa, es una muchacha muy inteligente además de hermosa, sabe cuando debe hablar, cuando debe callar, cuando dar una sonrisa, es una anfitriona perfecta y sobre todo se ha adaptado muy bien a su nueva vida, puedes verla es el centro de atención de esta noche.
-Sí lo es.
-¿Te noto preocupado todo va bien entre ustedes?
-Porque preguntas eso.
-Te conozco muy bien, a veces eres muy testarudo, y piensas tener la razón después de lo de Andrea rogué por mucho tiempo porque volvieras a ser el mismo Albert de antes, pero solo vivías entre una aventura y otra, pensé que no había futuro para ti, pero en cuanto supe que te habías casado con Candy volviste a ser el mismo de antes, se que no hiciste bien las cosas desde el principio y lo hiciste al revés, primero la dejaste embarazada y luego te casaste con ella, pero veo que es la mujer adecuada para ti, espero que tu también lo sepas.
-Lo se tía soy muy afortunado.
Mientras tanto Candy le dolía la mandíbula de tanto fingir sonrisas a todos los presentes, y justo en aquel momento supo que las cosas no debían seguir así, ella se merecía algo mejor que la farsa de matrimonio en la que estaba, ella no tenía la culpa de que Albert estuviera incapacitado para amar a alguien nuevamente, pero de lo que si estaba segura es que ella quería que alguien la amara de la misma manera que ella lo hacía, a pesar de que tuviera un hijo no podía dejar de lados sus sueños y sus deseos mas profundos, siempre había deseado el amor de su madre, y luego el amor de su padre pero ninguno de los dos lo hizo, y busco ese amor en su esposo Albert, y tampoco podía dárselo. Así que iba a poner los puntos sobre las íes y a retomar su vida nuevamente.
Se levanto y se acercó a su esposo.
-Me voy a retirar estoy un poco cansada.
-Te acompaño.
-No quiero que te pierdas de la fiesta por mí.
-Descuida estaba a punto de irte a buscar.
Se fueron de la mano y en cuanto llegaron a la habitación Candy se soltó, y se alejo del rubio.
-Voy a acostarme.
-Precisamente estaba pensando en lo mismo.
Su marido intento acercársele y ella se alejó.
-No entiendes, quiero acostarme sola.
Albert estaba perplejo en todo ese tiempo jamás Candy le había negado algo.
-¿Estas enferma?
-No todo lo contrario, estoy muy bien.
-Descansa mañana hablaremos tu y yo debidamente. Y retomaremos lo de esta noche.
-No entiendes Albert no voy a compartir la misma habitación que ti nunca más, mañana mismo hare que cambien mis cosas a las de a lado.
Albert se puso furioso.
-NO hay necesidad. ¿Piensas que te estoy obligando a tener relaciones? Nunca antes te habías quejado.
-He decidido que las cosas tienen que cambiar.
-No hay necesidad de llegar al extremo soy un hombre compresivo no un cavernícola, se que estas en las ultimas semanas del embarazo, que el bebe esta enorme y que tal vez no te sientas cómoda al estar juntos, pero soy tu esposo. ¿Crees que no lo entendería?
-No es lo que piensas, no estoy enferma, ni el niño me molesta. Simplemente ya no quiero estar contigo.
-No voy a dejar que me abandones eres mi esposa, eres mía y lo seguirás siendo siempre.
-Lo nuestro no es un matrimonio real, solo uno de conveniencia por que me quede embarazada de tu hijo, y creo que también tengo derechos a poner mis condiciones.
-Me lo puedes explicar con dibujitos. Por favor.
-Para dejártelo más claro no pienso acostarme contigo solo por que vayamos a tener un hijo, de ahora en adelante no pienso tener relaciones sexuales sin que exista amor de por medio.
-Lo entiendo perfectamente, que descanses.
Albert salió golpeando la puerta tan fuerte que Candy pensó que los cuadros en la pared se podrían haber caído.
En el pasillo Albert iba furioso, ahora ya estaba convencido Candy no lo amaba, se lo dijo en la propia cara, y no sabía porque estaba tan molesto, después de todo el tampoco la amaba, si le gustaba era hermosa, era tierna, era alegre, era cariñosa, le gustaba pasar tiempo en su compañía y hasta la quería y sobre todo el sexo entre ambos era increíble pero amor no, de eso estaba seguro. ¿Entonces porque sentía que le faltaba el aire en el pecho?
CONTINUARÁ…..
HOLA NENAS ACTUALIZANDO SALUDOS GRACIAS A GLENDA, Y A TODAS LAS QUE ME HAN PEDIDO SEÑALES DE VIDA DURANTE MI AUSENCIA, JE JE COMO LE DIJE ESTABA ESCRIBIENDO UN FIC EN LA GUERRA FLORIDA. AHORA ESTOY DE REGRESO Y LAS QUIERO UN MONTÓN.
