Vi como Lucy levantaba su mirada del piso y la cruzaba con la mía. Sus lágrimas se derramaron y su lenguaje corporal me hizo entender que se avergonzó de que yo la viera así. Antes de que pudiera dar más de tres pasos hacia ella salió corriendo rumbo a la salida del colegio. Quinn dio la vuelta y empezó a caminar en la dirección en la que yo me encontraba como si nada hubiera pasado.
Cuando estuvo lo suficientemente cerca, de mi boca salió la pregunta – ¿Qué te hizo? – Mi voz sonó tranquila y estable, ya no tenía rabia, solo quería saber por qué.
Se sorprendió por la pregunta, más por venir de mí, pero con una cínica sonrisa me contestó – Nació – antes de continuar caminando con su típica pose por el pasillo como si le perteneciera.
–Hey, vamos. Te dejo en tu salón – llegó Noah a mi lado. Caminamos un poco más sin hablar ni mencionar lo sucedido hasta llegar al salón donde tendría mi próxima clase – Al terminar este bloque vengo por ti ¿vale? No queremos que se repita el granizado de esta mañana –
– Ok – Respondí e ingresé al salón. No había mucha gente así que había muchos puestos libres, decidí sentarme en uno de los más alejados.
Sentada en esa silla todo lo que hice fue pensar en la mirada que Lucy me dio antes de salir corriendo. Parecía tan indefensa, tan débil. No pude evitar recordar la tarde hace poco más de un año en la que todo empezó para mí. Sabía lo que era sentirse débil e indefensa ante alguien, lo supe desde muy pequeña y por mucho tiempo; el haber despertado a mi dark passenger fue lo único que me libró de seguir viviendo con miedo.
Para mí, el miedo y la debilidad habían dejado de ser una opción, eso era claro, pero ¿qué opciones tenían quienes no eran como yo?, ¿vivir con miedo y huyendo toda su vida?, ¿resignarse a ser una víctima más, una estadística?, ¿rogar por la ayuda que nadie está dispuesto a brindarle? Me costaba imaginar a alguien dispuesto a vivir de esa manera. De manera estúpida me sentí agradecida de tener a mi dark passenger.
Después de algunos minutos en los que los demás estudiantes ingresaron al fin entró el profesor.
– Buenos días, clase – Dijo con entusiasmo.
– Buenos días Sr. Newman – contestaron todos a unisonido. Empezó la clase recordando algunas cosas que habían explicado en clases anteriores y mientras lo hacía iba caminando por el salón. Cuando me vio se detuvo.
– A ti no te había visto antes. ¿Eres nueva? – Me preguntó amigablemente.
– Sí, hoy es mi primer día –
– Muy bien, espero que el WMH sea de tu agrado. ¿Te importaría presentarte? – Por dentro suspiré, ¿cuantas veces más tendría que hacer lo mismo ese día?
– Eh no, no hay problema. ¿Tengo que pararme? – El Sr. Newman me hizo una seña para que lo hiciera, me paré de mi asiento y empecé – Me llamo Rachel Berry mmm soy nueva en este colegio, tengo 15 años y eeeh mmm no sé qué más decir – dije mirando al profesor.
– Eh, supongo que con eso bastará. Bien Rachel, bienvenida –
– Gracias – le contesté y volví a sentarme. La clase continuó normalmente. Números y ecuaciones, nada que no hubiera visto antes. El timbre sonó finalizando la clase y el profesor se despidió pidiéndonos revisar una sección del libro guía para la próxima clase.
Esperé por cinco minutos a que Noah llegara como me había pedido, pero no lo hizo así que decidí llegar al siguiente salón por mi cuenta; aun me faltaba pasar por mi casillero a sacar el libro de la próxima clase y no quería llegar tarde y tener todos esos ojos curiosos puestos en mí cuando entrara, ni mucho menos tener que presentarme otra vez desde el frente del salón.
Agarré mis cosas y salí del salón; rápidamente ubiqué mi casillero, dejé el libro de matemáticas y agarré el de literatura. Empecé a caminar por el pasillo intentando esquivar a toda la gente que caminaba en dirección opuesta a la mía casi llevándome por delante cuando al dar la vuelta en una esquina tropecé de frente con alguien. Caí al piso por la fuerza del golpe al igual que la otra persona.
Empecé a recoger todo lo que había tirado mientras me disculpaba.
– Lo siento, lo siento. En serio, no te vi, discúlpame – Hablaba rápidamente mientras recogía y organizaba algunas hojas que se habían separado del folder de la persona con quien tropecé; una vez tuve todas las metí nuevamente en él y lo cerré. Al hacerlo pude ver la decoración que tenía; rojo con algunas líneas blancas y negras; el escudo del McKinley en el centro y a su lado dibujos de pompones y trofeos; debajo del escudo la palabra "Cheerios".
"Mierda" pensé. Estando aun agachada giré un poco mi cuerpo quedando de frente a ella quien ya se encontraba de pie.
Soy gay desde que tengo memoria. Jamás me he sentido cómoda pensando en un hombre de esa manera ni tampoco he sentido atracción física o sentimental hacia alguno. Sé reconocer cuando un hombre es guapo o interesante y no tengo inconvenientes en decirlo, pero más allá de eso nada. Además, las mujeres son simplemente hermosas, en especial ella.
'Es gay, creció sin papá y no tiene una buena relación con su mamá'. Estaría encantada de escuchar la cantidad de conjeturas a las que llegarían algunos psicólogos y fanáticos religiosos con esa pequeña información.
Mientras levantaba mi mirada no pude evitar admirar su cuerpo.
Sus piernas tonificadas y con músculos bien formados sin dejar de ser femeninos; su pequeña cintura en la que descansaban sus manos que lucían tan delicadas; sus uñas bien cuidadas y con apenas una pequeña capa transparente de esmalte; su abdomen plano; sus pechos de tamaño mediano; su cuello del cual colgaba una pequeña cadena que se perdía dentro de su uniforme; su rostro con facciones que parecían talladas en la más fina porcelana; sus labios carnosos que se encontraban fruncidos con rabia y sus ojos color avellana; esos hermosos ojos que en ese momento me miraban con tanto rencor y desprecio como le eran posibles.
– ¿Qué acaso eres ciega o solo estúpida? – Me preguntó entre dientes.
– Lo siento, no te vi, no iba muy pendiente – Le dije levantándome del piso.
– Entonces solo eres estúpida – Me dijo caminando hacia a mí intentando arrinconarme. Me quedé parada en el mismo sitio sin moverme un milímetro. El hecho de que no retrocediera ante su avance la enfureció más – Escúchame hobbit y escúchame muy bien. No te metas en mi camino. Puede que por alguna extraña razón tengas la protección de Puckerman, pero créeme, si me convierto en tu enemiga ni siquiera él podrá librarte del infierno en el que voy a convertir tu estadía en McKinley. No me tientes. ¿Entendiste? – Terminó de decir ya apenas a centímetros de mi rostro.
Me quedé por un momento viendo sus ojos más en detalle, aprovechando la cercanía a la que nos encontrábamos. Por un segundo mis ojos se desviaron hacia su boca, Quinn lo notó y solo eso basto para que retrocediera inmediatamente.
Mientras me miraba un poco pálida y con sus ojos algo más abiertos que antes extendí el folder en su dirección sin decir ni una palabra; ella lo arrebató de mis manos con brusquedad antes de salir casi corriendo de ese pasillo.
Negando con mi cabeza continué con mi camino. "No pude estrellarme con nadie más, tenía que ser con la capitana de las porristas" me dije.
Apresuré un poco el paso y llegué antes de que el profesor lo hiciera. Todos se encontraban hablando en pequeños grupos así que nadie notó mi entrada cosa que agradecí. Eran puestos dobles y había pocos libres; después de ver mis opciones me decidí por el puesto al lado de un chico asiático quien tenía puestos unos grandes audífonos blancos.
Me acerqué y le pregunté – ¿Está ocupado? – señalando la silla.
Él no me entendió así que se quitó los audífonos – ¿Disculpa? –
– El puesto, ¿está ocupado? – volví a preguntarle.
– No, está libre –
– ¿Puedo sentarme? –
– Claro, no hay problema – me contestó con una amable sonrisa.
– Gracias – le contesté de la misma manera. Me senté, puse el libro sobre la mesa y empecé a mover un lápiz entre mis dedos mientras esperaba a que llegara el profesor.
– No te había visto antes – comentó después de algunos minutos.
– Eso es porque nunca había estado aquí. Soy nueva y este mi primer día – dije volteando mi rostro para mirarlo.
Hizo una pequeña mueca de simpatía y me dijo – Siento lo del granizado – yo me quede mirándolo con confusión, como preguntándole '¿Cómo lo sabes?' – Creo que todo el instituto lo sabe – Exhalé pesadamente y él se presentó – Me llamo Mike Chang, mucho gusto – me dijo estirando su mano en mi dirección.
Tomé su mano y me presenté – Me llamo Rachel Berry. El gusto es mío –
– ¿De dónde eres? – me preguntó.
– Soy de aquí de Lima solo que vivía en el otro lado de la ciudad –
– No es un lugar muy grande, nunca te había visto – comentó frunciendo un poco sus cejas.
– Bueno, no salgo mucho – dije encogiendo mis hombros.
– No conoces mucha gente por aquí, ¿verdad? –
Algo confundida por la forma en la que me lo preguntó contesté – No realmente –
– ¿Has pensado en unirte a un club? Podrías conocer más gente y hacer amigos fácilmente –
Si lo había pensado, Cristian incluso me lo había aconsejado, pero no sabía a qué clase de club unirme. ¿Qué me gustaba? Matar. No había un club para eso a menos de que cuentes la cárcel como un tipo de club.
– Sí lo pensé, pero no se a cuál. Por lo que vi hay muchos y no hay ninguno que me llamé la atención en particular –
– ¿Puedes cantar? –
– ¿Qué? –
– ¿Puedes cantar? – Volvió a preguntarme – Mira, yo estoy en el Glee Club, si quieres podrías unirte. Solo tienes que audicionar y entre el Sr. Schuester, quien nos dirige, y el club se decide si quedas dentro. Deberías intentarlo aun si no sabes cantar, el Sr. Schuester tiene la política de aceptar a cualquiera que audicione.
– ¿Tú cantas? – le pregunté un poco incrédula.
– No. Pero sé bailar como los dioses – contestó haciendo una especie de ola con sus brazos y otros movimientos con su cuerpo.
Riéndome un poco por su pequeño número le dije – Ok, te creo. Lo pensaré ¿de acuerdo? –
– Es todo lo que pido – me dijo con sus manos levantadas en forma de rendición y una gran sonrisa – Nos faltan miembros para poder competir y serias de gran ayuda –
Asintiendo con la cabeza fijé mi vista al frente donde la profesora se preparaba para iniciar la clase.
Afortunadamente no me tuve que presentar frente a todos, solo tuve que decirle mi nombre a la profesora cuando paso cerca de mi puesto. Nos puso un trabajo que hicimos en parejas así que seguí hablando con Mike de diferentes temas. No volvió a mencionar el Glee Club, supuse que no me quería presionar ni ser intenso con el tema.
Cuando el timbré sonó se despidió rápidamente de mí contándome que tenía que ir a recoger a su novia así que tenía que salir corriendo.
Tomé mis libros y salí del salón, al final del pasillo de camino a mi casillero vi a Noah caminando hacia a mí.
– Te dije que me esperaras –
– Lo hice, pero te demoraste. No quería llegar tarde a clase y tener que presentarme otra vez delante de todo el salón – le dije mientras caminábamos.
– A la próxima me esperas –
– A la próxima llega a tiempo –
Noah negó con su cabeza sabiendo que no tenía caso discutir conmigo. Dejé mis cosas en el casillero y lo acompañé al suyo a que hiciera lo mismo, era la hora de receso así que fuimos a la cafetería a comer.
– ¿Paso algo mientras no estuve contigo? –
Negué – Nada importante –
Hicimos la fila y Noah agarró un par de hamburguesas. Yo no sabía que comer, parecía que todas las opciones estaban hechas de carne; pastel de carne, guisado, hamburguesa, hotdog. No teniendo más opción tomé una ensalada y una manzana haciendo nota en mi cabeza de empezar a traer mi propia comida.
Nos sentamos en una pequeña mesa un poco alejada y empezamos a comer.
– ¿Qué sabes sobre el Glee Club? – le pregunté a Noah.
– Phm hunn grhp dhe femdhrs –
Haciendo una mueca de desagrado y levantando una mano hacia su rostro le dije – Por favor, traga antes de hablar –
Hizo lo que pedí y después de tomar un largo trago de soda me contestó – Son un grupo de perdedores. Bueno, casi todos. Son el blanco del equipo de fútbol y en general de cualquier deportista –
– ¿Por qué 'casi' todos? –
– En ese club también están un par de jugadores y algunas porristas. ¿Recuerdas al orangután y The Unholy Trinity? – me preguntó. Yo asentí lentamente intentando entender que rumbo estaba tomando la conversación – Ellos están en el Glee Club – me dijo con una sonrisa pícara, haciendo saber que ese hecho realmente le causaba gracia.
– ¿Quinn Fabray está en el Glee Club? – le pregunté sin creerlo.
Noah soltó una gran carcajada mientras movía su cabeza de forma afirmativa – Es la capitana – me dijo entre risas.
No me llamaba mucho la atención cantar y bailar, pero saber que Quinn Fabray hacia parte de ese club me hizo querer entrar.
– Si ellos son populares y saben que los del Glee Club son vistos como perdedores ¿por qué están en él? –
– El primero que entró fue Hudson. Creo que tuvo que hacerlo por un trato que hizo con el profesor Schuester. Quinn se unió en forma de 'apoyo' a su noviecito y con ella Santana y Brittany. Al parecer les gustó y cuando terminó el trato se quedaron. El otro futbolista es un chico asiático, se hizo novio de una de las otras chicas del club y cuando Finn entró él también lo hizo bajo la excusa de apoyar a su capitán – me contó antes de seguir con su comida.
– ¿Nadie se mete con ellos por estar en el club? –
Negó con su cabeza mientras terminaba de bajar la comida que estaba en su boca – Con ellos no, solo con los otros. De hecho, la tregua dentro del Glee club entre los populares y los geeks solo se mantiene cuando están dentro del salón de coro. Cuando salen Finn, Quinn y Sanatana les tiran slushys y los tratan como a cualquier otro perdedor del instituto –
Después de pensarlo durante un momento mientras comía dije – Quiero entrar –
– ¿Al Glee club? – me preguntó incrédulo.
– Sí. Y quiero que entres conmigo –
– Nononono – negaba con su cabeza y con sus manos – No voy a unirme a ese club. Arruinaría totalmente mi imagen –
– Dale, dijiste que hacías lo que querías y que nadie te mandaba. Bueno, pues has lo que nadie espera de ti – me miró sin terminar de creerme, pero sabía que no faltaba mucho para convencerlo, solo había que presionar los botones indicados – Además piensa en todas las chicas que podrías conseguir si te ven tocando la guitarra y cantando. Serias como el chico malo, rockero, que en el fondo es romántico. A las chicas les gusta eso. Suena ridículo, pero estoy segura de que funcionaria – Dije y seguí comiendo mi ensalada mostrándome desinteresada en el tema.
Noah me miró con los ojos entrecerrados como intentando descifrar cual era la trampa, pero yo sabía que ya lo tenía. "3,….,2,….1,…" conté en mi cabeza – Está bien – "Lo sabía" pensé escondiendo una sonrisa – Pero tenemos que hacer una audición totalmente asombrosa, ¡tenemos que patear traseros! –
– Bien, esta tarde podemos empezar a planear la audición – le dije.
Las clases continuaron normalmente y al terminar Noah me llevo a su casa para pasar la tarde allí con él y con Cristian cuando llegara del trabajo. Jugamos videojuegos un rato y estábamos en medio de preparar la cena cuando Cristian llegó.
– ¿Quién está cocinando? Huele muy bien – preguntó desde la sala donde colgaba su abrigo –
Yo salí de la cocina y lo saludé con una gran sonrisa – Yo – dije.
Cristian dio la vuelta un poco sorprendido por verme allí pues siempre le avisaba cuando iba a ir para asegurarme de que ellos estarían y así no perder el viaje.
– Rachel – me saludó con un gran abrazo – Ya decía yo que Noah no era capaz de cocinar tan bien. Siempre que cocina algo se le quema – Me dijo riéndose un poco – Me alegra verte, ¿Por qué no me avisaste que vendrías? –
– Bueno, ya no vivo tan lejos así que no había necesidad – cuando él me miró con cara de n entender a que me refería le conté – Hace 2 días nos mudamos. Ahora vivimos a unas cuadras de aquí –
Se alegró por la noticia – ¡Qué bueno! – me dijo volviendo a abrazarme –
Ya sentados en la mesa mientras comíamos Noah le contó que estábamos en el mismo instituto y el granizado que había recibido a primera hora en la mañana. La cara le cambio un poco cuando escuchó eso, sabía lo que estaba pensando así lo tranquilice – Sí, cuando estaba en el baño limpiándome llegó Noah, solo tuve que ver su cabello para saber que era él, podría reconocer esa horrible cresta a kilómetros de distancia – le dije riendo y mirándolo a los ojos, intentando desviar el tema.
Él me entendió y se tranquilizó. Creo que su mayor miedo siempre fue que perdiera el control de mis emociones, que la rabia o la impotencia me controlaran y terminara rompiendo el código que él me había enseñado haciéndole daño a alguien que no debía o incluso a mí misma.
Irónico que fuera precisamente él la razón por la que perdí el control por única vez en mi vida.
