El cabello de Narcissa flotaba en el viento. Al igual que ella, suspendida en el aire, agarrando firmemente una escoba entre sus piernas.
Descendió en picada directamente hacia ellos, cuándo parecía que iba a estrellarse, freno en seco. Una enorme sonrisa en el rostro.
Los niños tenían cada uno su escoba nueva entre las manos enfundadas con guantes para protegerse del hielo invernal. Aunque sus rostros desnudos ya estaban coloreados.
-Vamos -apremio Narcissa- suban a ella.
La mujer no dejaba de moverse sobre la escoba. Los rodeaba y procedia a volver a subir. Rigel nunca la habia visto tan animada.
Rigel fue el primero en lograr levitar unos centimetros sobre la escoba.
-¡muy bien!-Felicito animada por sobre él Narcissa.
Por su parte, la emoción inicial de Draco parecía haberse disipado. Aferraba la escoba con fuerza y mantenía una testaruda sonrisa forzada en el rostro. Estaba asustado a todas señas, pero nunca admitiria una derrota. Rigel conocia muy bien a su primo.
-Animate Draco-dijo dulcemente-Volaremos juntos.
Draco le dedico una mirada gélida, retandolo a cuestionar su valentía.
Encogiendose de hombros y meneando la cabeza Rigel soltó un suspiro, antes de concentrarse nuevamente en la escoba. Quería mucho a su primo, pero su personalidad carismática podía cambiar tan rápido como una vuelapluma.
Deceaba seguir animando a Draco pero Narcissa reclamaba su atencion.
-Es importante que intenten mantener el equilibrio-decia- balanceen su peso así.
Y parecia facil cuando ella lo demostraba. No era tan fácil cuando ellos lo estaban intentando. Pero ahora, nada de lo que les instruian resultaba tan sencillo como querían demostrarlo los adultos.
Cuando Draco alcanzo su altura comenzaron a practicar en serio. La clase se convirtio muy pronto en una amistosa conpetencia. Tardaron unas cuantas horas pero ahora eran capaces de flotar y girar a seguros cinco metros del piso. Tia Narcissa les aseguro que con practica podrian alcanzar la altura a la que ella volaba. Algo que para los pequeños e impresionables niños parecia poco probable.
Abajo en el cesped, los Lestrange observaban a los niños, dispuestos a adelantarse si alguno llegaba a caer.
-Lo hace muy bien- dijo Rodolphus apreciativo- Era de esperarse. Su padre era un buen buscador.
Bellatrix le dedico una mala mirada. Era una regla tácita , aunque nunca hubiese sido dicha en voz alta, el nunca mencionar los orígenes de Rigel.
Para Bellatrix, ese niño no existía sino hasta que fue puesto en sus brazos.
-Tu eres su padre-dijo de manera cortante.
Rodolphus amplió los ojos, pillado por sorpresa. Murmuro una concesión y volvio a dirigir su atención al cielo. Esta vez en silencio
Bellatrix estaba ahora molesta. Y no soportaba la expresión bobalicona instalada en el rostro de su esposo. Peor aún, si la lengua se le soltaba tan rápido, dudaba mucho que la la comunidad mágica no llegará a enterarse del verdadero origen de Rigel. Amaba a su esposo, pero no dudaría si su señor le ordenaba acabar con la amenaza.
Pocas cosas eran más importantes que su lealtad. Y para su propio horror, el niño pequeño que volaba y se reía por sobre ellos se había colado entre esas prioridades.
Cuando los niños bajaron exhaustos, no dudo al seguir el ejemplo de su hermana y tomar la mano pequeña de Rigel para guiarlo dentro.
Aún se sentía un intruso en la casa de Snivellus, pero tenía la llave y autorización para ingresar a la propiedad. Y además no tenía otro lugar al que ir, no después de que Sirius fuera enviado a prisión y Grimmould Place se cerrará para él.
Había encontrado el lugar vacío, así que fue derecho a su cuarto a descansar.
Apenas recobro la conciencia cuando sintió la puerta de su habitación abrirse. Ya se había hecho de noche así que la oscuridad lo desoriento. La figura de Severus se asomo por el marco y automáticamente agarro la varita.
Severus se detuvo sorprendido.
-Lo siento Severus- Se disculpo, abandonado la varita en la mesilla de noche, sus ojos acomodándose a la oscuridad- la fuerza de la costumbre.
Severus le dedico la fría mueca que él llamaba sonrisa, consiguiendo ponerle más incomodo. Se le ocurrió que quizá Snape no esperaba encontrarlo en su casa, o aún peor, no siquiera lo quería en su casa y venía a decirle que se marchará.
Consiguió poner los pies fuera de la cama cuando Snape fue y se sentó junto a él deteniendo sus intenciones. Parecía cansado, con los hombros hundidos y el cabello tapando su rostro.
-El próximo año comenzaré a trabajar en Hogwarts- dijo.
Remus parpadeo sorprendido - Oh. Yo encontraré un lugar para entonces, no te preocupes.
Severus le dio una fría mirada- No seas estúpido Lupin. No te estoy hechando- suspiró, quiza creyendo que Remus era demasiado idiota para entender. - ¿como te fue con los lobos?
-Bien, creo. Es decir, están abiertos a la posibilidad de cooperar.
-Y entonces por qué estás molesto.
-Greyback quiere que a cambio pase con ellos la luna llena- resoplo, sacudiendo la cabeza y con los ojos cerrados. Negándose a visualizar cualquier posible escenario.
-¿Y eso no es bueno? Pasas todas las lunas llenas solo y oculto. O consumido por el dolor que la poción causa.
Remus se encogió de hombros, no quería hablar o pensar en eso justo ahora. Y Snape pareció entenderlo, cambió el tema.
-¿Estarías dispuesto a ser tutor de los niños de Malfoy Manor? Se suponía que sería mi trabajo, pero estoy yendo a Hogwarts ahora.
-Supongo que si. ¿Es lo que Voldemort te ha ordenado?
Severus siseo, Remus olvidaba que ellos no pronunciaban el nombre de su señor. Un nombre para ser temido no debía ser pronunciado.
-Si.
Tragandose el nerviosismo que sentía ante su nueva vida, Remus aceptó.
-Muy bien, debes enterarte de algunas cosas entonces.
Y Remus escucho, escucho toda la historia. Desde los traicioneros oídos de Snape hasta la ceremonia de sangre. Horrorizandose cada vez más.
-Yo no quería que ella muriera, ni el niño. Potter no me importaba. Mi señor me hizo una promesa, pero la conocías Remus, sabes tan bien como yo que ella daría pelea, y el señor tenebroso no titubea, su objetivo era el niño.
Remus sintió asco. Peter había vendido a James y Snape había traicionado a Lily.
-Lo único que me queda de Lily es el niño- susurro Severus- Yo no podía abandonarlo con esos muggles como Dumbledore quería.
Y entonces, desde lo más profundo de su ser, viendo a Snape consumido por la culpa, encontró compasión.
Pero no perdonaría a Dumbledore, él había rogado por Harry, y Dumbledore aseguró que estaba en un buen lugar, mucho mejor que cualquier cosa que un hombre lobo sin trabajo estable pudiera proveerle al niño. Dumbledore que había enviado sin remordimiento a Sirius a prisión sabiéndolo inocente.
-Pero Harry se ve diferente- fue todo lo que consiguió articular con su mente aun aturdida.
Severus sacudió la cabeza - Es Rigel ahora. Ya fue influenciado por las magias de Rodolphus y Bella. Sus memorias se desvaneceran pronto, como las de cualquier niño.
Severus se levantó, aligerando el peso sobre la cama de Remus.
-Puedes quedarte-dijo en voz baja, aun de espaldas y dispuesto a abandonar el cuarto- Seria agradable que hubiera alguien en casa cuando volviera del trabajo.
