Saludos, mis amados lectores! Bienvenidos a otro capítulo de "El fin de la Eternidad y el comienzo del Infinito" e.e Lamento la tardanza, pero ya saben, afuera del mundo de la escritura, el mundo real honestamente es una pesadilla para mí. Pasé por una etapa llena de filosofía y reflexión xD Pero sigo en la onda mística, mi cabeza da vueltas.
En fin, ya no hablemos de mí.
HABLEMOS DEL CAPÍTULO QUE SE VIENE JIJIJIJI!
En este caso, se necesita gran dulzura para casos tan tensos como los que nuestros personajes acaban de vivir. Yami ha comenzado a dudar! Pero su oscuro corazón y su mente corrompida no se lo permiten. Anzu y Jonouchi finalmente lo han confirmado: son las reencarnaciones de los servidores más fieles de Esmeralda, la heredera del Clan Anat. Y hablando de ella, se fue, ¿adónde? Ni idea. (Yo si sé e.e) Karai ha revelado unos datos importantes a Yugi, pero se supone que no habrá peligro mientras Yami no siga sumergiéndose en tormentosas aguas.
DISCLAIMER: Los personajes de "Yu-Gi-Oh!" no me pertenecen, sino a Kazuki Takahashi. "Karai", "Abzu", "Zaleska" y "El Señor de las Tinieblas" tampoco, le pertenecen a Dragon Espectral.
Iniciemos con el opening:
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Y…
EMPECEMOS YA!
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Capítulo 10: Antojos peligrosos.
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—Rebecca…
—¡Hmph!
—Rebecca…—Suplicó.
—Creo que no entendiste mi '¡Hmph!' —Contestó la blonda, aun dándole la espalda.
—De verdad lo siento, Rebecca…—Yugi se acercó a ella, tratando de tocar su hombro, pero la joven volvió a darle el desprecio al hacer un mohín—. No creí que te molestaría tanto…-
—¡Yugi! —Se giró abruptamente para asesinarlo con la mirada. Los ojos verde agua de la menor estaban incendiados de ira—. ¡Llevamos muchos años juntos! ¡Sabes lo celosa que soy! Y he tolerado muchas cosas, he tolerado a tus fans —Comenzó a enumerar—, que te desgarren la ropa —El tricolor se sonrojó, apenado—, y que te manoseen más de la cuenta. Eso lo entiendo, pero… Dime, ¿cómo te sentirías si traigo a un extraño a vivir conmigo en mi casa? —Le reprochó.
El de grandes ojos violetas no pudo evitar hacer una mueca. Él no era celoso, si se lo preguntaban. Sin embargo, sintió un amargo sabor en la boca ante la idea, junto con una gran presión en el pecho. Entrecerró los ojos al mirar el suelo, triste.
—… Yo… Creo que ya entendí… De verdad lo siento, Rebecca.
La joven de anteojos lo siguió escudriñando con la mirada unos segundos más, pero terminó por suavizar el juicio contra su novio. Suspiró.
—Yugi… Yo confío en ti— Posó sus manos en los hombros de él, provocando que el tricolor la mirara directamente a los ojos—. Pero en quien no confío es en esa chica —Confesó.
—Karai es una buena chica…-
Calló abruptamente al ver la mirada asesina de su novia.
—Muy bien, me callo.
—Gracias —Siseó entre dientes—. Como decía —Prosiguió, calmando su furia—, no confío en ella. Y tampoco confío en la otra, en Esmeralda. Esas dos tienen… Unas miradas muy extrañas —Arrugó la nariz, incómoda al no ser capaz de explicarse—. Si es cierto que esa mujer vivió en la época de Atem, y fue su prometida, es porque debió haber sentimientos de por medio. Ellos se conocieron, ¿no?
Yugi frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
—No estoy diciendo nada, pero estoy muy preocupada por Anzu. No quiero que salga herida en todo esto, y también… Tengo miedo de que… Sea yo quien salga lastimada.
El duelista contempló los nublados ojos de Rebecca, se veía sumamente insegura. La primera y última vez que la había visto así fue años atrás, cuando creyó que él seguía enamorado de Anzu.
Acortó la distancia entre ellos y la abrazó, desconcertando un poco a la blonda, pero terminó por corresponder el gesto.
—Rebecca, yo te quiero a ti. Solamente a ti, ¿comprendes? Yo soy sincero, siempre lo he sido. Me crees, ¿verdad?
La joven cerró los ojos un momento, anhelando el gesto amoroso de su novio.
—Claro que confío en ti, tonto —Lo estrujó con todas sus fuerzas.
—¡GAHH! ¡Rebecca, n-no respiro…!
—¡Eres mío! —Infló sus mofletes—. Y todas deben entenderlo, incluso esa Karai.
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Anzu bajó sutilmente las escaleras de la casa de su amigo de la infancia. Ya llevaban un poco más de siete semanas viviendo temporalmente allí por la seguridad de todos. Y nadie se quejaba, mucho menos ella, le hacía feliz recordar viejos tiempo.
El problema era otro.
Abrió sutilmente el refrigerador y sus ojos azules brillaron al encontrar lo que quería.
Sacó el refractario que contenía el flan de vainilla casero que Mai había preparado en la tarde. Lo dejó reposar en la mesa mientras iba por una gran cuchara. Cuando estaba a punto de llevarse un buen bocado, las luces se encendieron.
—¡KYAHH! —Brincó del susto.
Sus ojos zafiros se toparon con los rojizos de Karai, quien alzó una ceja.
—… ¿Antojos?
—… Sí…—Se sonrojó, apenada—. Lo siento si te desperté…
—Ya estaba despierta —Se encogió de hombros—. ¿Te gustó el flan? Creí que había quedado algo… Extraño.
—¡Lo sé! ¡Pero no pude dejar de pensar en él! —Se revolvió los cabellos—. Tenía que comerlo —Apoyó su frente en la mesa, derrotada.
Karai rodó de ojos mientras se sentaba en frente de la joven.
—Eres una persona muy interesante.
La castaña alzó la vista, contemplando la sonrisa de Karai. Ella solo se rio con nerviosismo.
—… Oye, Karai…
—¿Qué?
—Umm, pues… Yo solo… Me preguntaba si…
—Dilo de una vez, el que balbucees es molesto —Rodó de ojos.
—Bien. Quería saber si querías salir conmigo y con las chicas mañana.
—… ¿Disculpa?
—Un día de chicas…-
—No.
—¿Por qué no? —Hizo una mueca de tristeza.
—No son mi estilo —Apoyó su mejilla en su mano.
—¿Lo has intentado antes?
—No, pero…-
—Entonces no puedes juzgarlo sin conocerlo —Protestó con una amable sonrisa. Karai entrecerró los ojos—. Vamos, di que sí. La pasaremos bien.
—¿No deberías invitar a Esmeralda?
—Lo haría, pero no sé dónde está…—La miró con cierta esperanza.
—No preguntes. Yo tampoco sé dónde está —Mintió.
—Umm, está bien —Musitó, decepcionada—. Pero ven, ¿sí? Solo iremos a comer unos cuantos dulces…
—Veo que lo que más se te antojan son los dulces.
—Sí…—Hizo una mueca de preocupación.
—¿Ocurre algo? —Alzó una ceja.
—¿Me veo más gorda? —Preguntó con lagrimitas en sus bellos ojos zafiros.
Karai sintió un tic en su ojo izquierdo.
—… Estás… hinchada solamente.
Anzu parpadeó un par de veces, para después sonreír, un poco más animada.
En cambio, Karai sintió ganas de reírse, pero prefirió no hacerlo.
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"Los seres humanos son seres diminutos bastante estúpidos"
"No tiene sentido que permanezcan con vida"
"Tratan de significar algo más, pero les es imposible"
"Haz nuestro este mundo"
"Tengo el poder para hacer que lo logres"
Yami estrelló su cabeza contra la pared, desesperado. Soltó un gruñido de dolor al sentir su nuca humedecerse. Estaba harto de oír tantas voces en su interior. Se cubrió los ojos con ambas manos al dejarse caer sentado en el suelo.
"No puedo soportarlo…"
"No hace falta que lo aguantes…"
"Tengo ganas de acabar con todos, despedazarlos con mis propias manos…"
"Pues acábalos, mientras antes mejor"
"¿Quién eres tú?"
"¿Importa? Hazlo… Vamos… Es muy simple… Podrías acabar con un centenar en abrir y cerrar de ojos"
Los ojos rojos de Yami contemplaban el amanecer con cansancio. Era incapaz de dormir, sus pensamientos sombríos no se lo permitían. Se sentía realmente iracundo. Apoyó con más comodidad su espalda en la pared.
¿Por qué…? ¿Por qué, Atem?
Sus ojos se agrandaron al oír otra voz ajena en su cabeza. Le era familiar, pero su mente no le permitía recordarla.
Te dejaste consumir por el odio, tus deseos de venganza y egoísmo
Yo di todo por ti, para que hicieras lo correcto
Pero ya no es así…
Si deseas acabar con los humanos, bien, hazlo. Pero el hecho de que desees cometer tal atrocidad, es la mejor prueba de que tú también eres como uno de esos humanos
—Yo no soy Atem —Murmuró entre dientes, furioso—. No me compares con él. Yo NO soy él. Así que no soy NADA tuyo, Atenea…—Murmuró con la voz temblorosa.
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Atenea cerró los ojos con fuerza, tratando de borrar las lágrimas que amenazaban con salir de sus bellos ojos violetas.
—Veo que ni siquiera la voz de su madre logra tocar su corazón —Comentó una voz a sus espaldas.
—… Ya no sé qué hacer para que mi niño vuelva a la normalidad, Esmeralda.
La pelinegra de ojos rubíes miró a la mujer, que lloraba sutilmente.
—Yo sé… Que no hay forma de salvarme cuando Eternidad parta y se una con Infinito, pero… Aunque sea, hubiese querido salvar a mi precioso hijo.
—Se salvará —Aseguró—. Pero debemos buscar otra estrategia. No quería recurrir a ella, pero veo que no hay opción.
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—Awww, ¡qué lindooooo! —Exclamó encantada la rubia.
Mai y Anzu habían decidido buscar ropa para mujeres embarazadas, pues tendrían que dejar de lado las normales. Karai las seguía por atrás con pasos casi robóticos. De verdad le resultaba extraño y a la vez molesto ver las coloridas prendas. Pero no podía quejarse, estaban en una tienda para bebés y mujeres embarazadas. Mai estaba ojeando una blusa violeta.
—¿Crees que se vea bien en mí?
—Yo creo que sí —Comentó con una enorme sonrisa la castaña, quien ojeaba un vestido color cielo—. ¿Tú qué opinas, Karai? —Decidió integrar a la más joven del grupo.
—…—Hizo una mueca.
—¿No te gusta?
—Yo no soy la que carga algo en su vientre —Comentó—. Tiene que gustarte a ti, no a mí.
—¿Cómo que algo? —Exclamó indignada Mai—. Es un bebé, un niño —Señaló su vientre abultado.
La menor rodó de ojos, realmente aburrida. De verdad, hubiese preferido que Rebecca les acompañara. Al menos, así podría tomarle el pelo un rato, no tener que ojear ropa colorida.
Pero tenía que aceptar.
Su misión era proteger a Anzu.
Y a Yugi.
Es lo que le había pedido Esmeralda.
Ren y Aoi se encargarían de los muchachos ese día mientras ella andaba con las hormonales mujeres.
Vaya su suerte…
—Veo… Que no estás muy animada —Comentó Anzu.
—¿Te digo la verdad? —Alzó una ceja con una cínica sonrisa.
—Uh… Prefiero omitir una discusión. ¿Por qué no buscas algo que te guste? Nosotras estaremos un buen rato aquí, si te gusta algo, me dices. Será un regalo —Le regaló una cálida sonrisa.
—Hmph.
La pelinegra se giró y salió rápidamente de allí.
—… Creo que no le gusta comprar ropa —Comentó Mai.
Anzu solo había seguido con la mirada a Karai al desaparecer. Sabía perfectamente que ella solo había accedido a acompañarlas para cuidarlas en caso de que apareciera Yami.
Entrecerró los ojos con tristeza.
¿Por qué la defenderían de Yami? Él sería incapaz de hacerle daño, después de todo él seguía siendo Atem. Jamás le pondría un dedo encima, ni a ella ni a sus amigos. Todos pondrían sus manos al fuego con tal de probar esa teoría, excepto el mismo faraón. A veces dudaba de él mismo, era inseguro como cualquier persona. Más ahora que su lado corrompido se había desprendido de él. Pero si apartaba ese tema, estaba segura que no tenían por qué temer de Yami.
A menos que…
—¿Anzu?
—¿Eh? —Alzó la vista, encontrándose con una confundida Mai.
—¿Te encuentras bien? No has cogido más ropa. ¿Acaso hay fanáticos por aquí cerca? ¿Quieres que nos escondamos? —Comenzó a desesperarse.
—¡Espera! ¡Tranquila! Solo estaba pensando…—Se excusó con una sonrisa.
—… Si tú lo dices…—No la presionaría. Esperaría a que ella decidiese decirle algo con respecto a su ánimo.
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—¿Atem?
Los chicos se sorprendieron de ver al faraón con una mirada tan sombría.
—Wow, viejo. ¿Estás bien? —Cuestionó preocupado el rubio—. Es decir, yo no he podido dormir porque tengo que comprar cada tontería que se le antoja a Mai… ¿Sabes que una vez me pidió fideos con mermelada de frambuesa? ¡Qué asco! —Hizo una mueca de repugnancia.
Yugi se rio, nervioso. Después dirigió sus ojos a su hermano, quien apenas había prestado atención a su amigo.
—… ¿Atem?
—Sí, sí, fideos y mermelada…—Murmuró con una sonrisa forzada.
Honda frunció el ceño.
—Amigo, no te preocupes. Todo saldrá bien —Trató de consolarle—. Somos un equipo, y saldremos de esta.
Atem contempló a cada uno de sus amigos con cierta melancolía. Se acarició las sienes al dejarse caer sentado en el sillón.
—¿Hay algo más que quieras decirnos? —Quiso saber directamente Yugi.
Sabía que había algo más en la expresión de su hermano, no estaba seguro de qué. No tenía nada que ver con Yami, tampoco en el embrollo en el que se encontraban.
—No es nada, la verdad —Se encogió de hombros el faraón—. Es solo un recuerdo, nada más.
—¿Ah?
—¿Un recuerdo?
—¿De...?
—… Recordé a mi madre.
Los chicos intercambiaron miradas, inseguros de lo que podrían decir.
—Soñé con la noche en que murió —Terminó por confesar Atem con una funesta sonrisa—. Estoy un poco afligido, es todo.
—… Vaya…—Soltó el rubio, incómodo—. ¿Quieres hablar de ello?
—La verdad no —Negó con la cabeza. Cerró los ojos con cansancio—. Es… Muy doloroso.
Yugi lo miró con suma tristeza. Sabía cómo se sentía. La muerte de su padre aún le dolía. Se acercó a él y posó una mano en su hombro.
Atem, por otro lado, trataba de apartar las imágenes de su mente que lo estremecían de pies a cabeza. Esa noche fue una de las más traumatizantes que había vivido. La última vez que había visto bien a su madre, fue cuando lo había ocultado bajo una pequeña cueva. Estuvo bajo el cuidado de una mujer mientras Atenea buscaba una forma de escapar.
O al menos, eso quiso.
Recordó a esos ladrones jalar cruelmente del cabello a su madre, la forma en que la golpearon, como le prendieron fuego.
Contempló como el cuerpo de su madre se consumía entre las llamas junto con agonizantes gritos.
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Las presencias de Ren y Aoi se hicieron presentes rápidamente, sorprendiendo a los chicos.
—Lo sentimos, faraón. Pero su alma parecía…
—Oscura —Aclaró Ren—. Creímos que era Yami.
Atem frunció el ceño. ¿Confundieron su esencia con la de Yami? ¿En qué eran diferentes, en primer lugar?
—Solo pensaba.
—Pues trata de ser más positivo. Es muy fácil romper el equilibrio entre la luz y la oscuridad cuando se trata de sentimientos negativos.
Yugi miró a los hermanos gemelos, pensativo.
—… Oigan… Ustedes dicen que Yami es el lado oscuro de Atem, pero él sigue siendo capaz de sentir…-
—Sé a lo que se refiere, Yugi-san —Asintió Aoi—. Verá, que el faraón equilibre su alma podría ser muy fácil si se lo propone, pero eso sería causar un daño innecesario hacia su mente y corazón —Formó una triste sonrisa en sus labios—. Y aunque lo hiciéramos, Yami terminaría por convertirse en un ser diferente a ser parte del faraón.
El tricolor mejor entrecerró los ojos, serio. Si eso sucedía, ocurriría lo que temía Esmeralda y Karai.
Que tal vez Yami caiga en manos del Señor de las Tinieblas.
—¿Y qué solución tienen? —Decidió preguntar Honda.
—Pues… Onee-sama tiene una idea. Pero aún no nos cuenta de qué se trata.
—Y hablando de la Reina…—Jonouchi hizo comillas con los dedos ante el término—. ¿Dónde está ella? Hace mucho que Esmeralda no viene por aquí.
—No lo sabemos —Ren rodó de ojos—. Nunca nos dice nada.
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Anzu sonrió, animada. Mai comía un gran trozo de pastel de trufas, Karai saboreaba pacientemente la copa de helado que había pedido. Y en cuanto a ella, había decidido comer un surtido de frutas… Acompañado de un flan de queso.
—Enserio, Anzu… ¿Qué tienes con el flan de queso?
Frunció el ceño.
—¿Y tú qué tienes con las trufas?
—¡Son deliciosas!
—Pues yo digo lo mismo —Se rio al negar con la cabeza. Miró a Karai, quien le devolvió la mirada—. Gracias por los vestidos, Karai. Fue un gesto muy amable de tu parte.
La pelinegra solo asintió.
Karai había vuelto con dos vestidos negros comprados. Pero para sorpresa de Anzu y de Mai, no eran para la joven, sino para ellas. El de Mai era sin mangas y llegaba hasta la mitad de los muslos, un poco ajustado, pero se veía bien en la rubia. En cambio, el de Anzu era un poco más suave. Tenía las mangas largas, pero era suelto bajo la altura del pecho. Su largo era un poco más arriba de las rodillas. Simplemente a ambas les había encantado.
—¡Sí! ¡Tienes un gran sentido de la moda! —Alabó la rubia—. Aunque seas tan oscura… Pero te entiendo, el negro es precioso —Anzu asintió, dándole la razón a su mejor amiga.
—… ¿No han escogido los nombres para los herederos?
—¿Eh? —Parpadearon ambas.
Karai hizo un gesto vago a sus vientres. Ambas intercambiaron miradas.
—… Pues… Antes que nada, debemos saber qué será…—Comenzó Mai con una mueca—. Me gustaría escoger yo el nombre. Conociendo a Katsuya… Podría ponerle Katsuya Junior.
Anzu soltó una carcajada ante la idea de la rubia, quien la miró con una ceja alzada, para finalmente reírse con ella. Karai solo se llevó otra cucharada de helado a su boca, tratando de apartar la sonrisa que quería colarse en sus labios.
—Mai tiene razón, Karai —Prosiguió Anzu después de calmarse ante tanta risa—. Debemos saber qué será. Pero honestamente… No sabría cómo ponerle… Si es niño o niña…—Miró el ventanal del local, pensativa.
—¿Tú tienes novio, Karai? —Cuestionó la rubia.
Karai apretó los labios y le dirigió una mirada asesina a la rubia, quien se asustó, pero formó una sonrisa nerviosa.
—¡Vamos! ¡No te pongas así! Eres demasiado bonita como para no tenerlo. A menos que…—Puso una dramática expresión de horror—. ¿Alguien te rompió el corazón?
—No se trata de eso —Masculló entre dientes.
—Entonces, ¿qué es? —Indagó Anzu, con gran curiosidad.
La pelinegra no pudo evitar formar un gesto de incomodidad en su rostro. Si bien en su línea correspondiente de tiempo había compartido con esas dos, aquí era diferente porque…
Bueno, no les mentiría. Pero tampoco les diría todo.
—… No es lo que piensan —Entrecerró los ojos, mostrando por primera vez una expresión llena de nostalgia.
—¿Karai?
—… —Sonrió—. Solo digamos que Esmeralda y yo estamos en la misma posición.
Anzu y Mai se miraron, un poco confundidas por las palabras de la menor. Después de un breve análisis de la castaña, esta finalmente comprendió, pero fingió no hacerlo.
Prefería callar.
—… Tengo que ir al tocador —Sonrió al colocarse de pie—. Mientras no estoy, ¿podrían pedir otro flan de queso para mí, pero para llevar? —Mai rodó de ojos y Karai le sonrió con burla—. ¡Vaaamooos! —Hizo un puchero.
—Je… Bien. Pero también quiero llevar un pastel de trufas.
—Hecho.
—Yo pediré una tarta helada de merengue —Intervino Karai.
—¡OOOH! — Soltaron ambas con estrellitas en sus ojos—. ¿De verdad? ¡Qué delicia!
—… Será mejor que pida la tarta entera…—Musitó Karai.
—¡Sí! —Apoyó Mai.
La bailarina se rio y partió al baño de damas.
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Contempló su expresión en el espejo y no pudo evitar sonreír. No era el cabello, no era la ropa, no era el maquillaje, no era su apariencia. El simplemente saber que sería madre y que la criatura que estaba en su interior seguía creciendo más y más, provocaba que se viera… alucinante.
¡Brillaba con todo!
Anzu caminó por el baño, preguntándose muchas cosas. ¿Cómo sería su bebé al nacer? ¿Tendría sus ojos o los de Atem? ¿Le gustaría el Duelo de Monstruos o el baile? ¿Preferiría los dulces o las frutas?
¿Sería un niño o una niña?
Suspiró, sin dejar de sonreír.
Sin embargo, la curva de sus labios se borró al sentir una presencia familiar a lo lejos. Dio pasos lentos a la salida del tocador y miró a todos lados. Karai y Mai seguían comiendo. Al parecer, la rubia seguía metiéndole conversaciones a una irritada pelinegra.
¿Por qué ellas no sentían nada?
Era tan extraño.
Era una presencia familiar…
Era atrayente… Pero a la vez no.
Deseaba ir allí, pero algo en su interior le decía que se metería en problemas.
Salió sutilmente por la salida del otro lado de la cafetería y se dirigió sus ojos zafiros al muelle. Tragando saliva, emprendió camino hacia allí.
Mientras más pasos daba la bailarina, más miedo tenía. Tal vez debió decirle algo a Mai o a Karai. El muelle le traía recuerdos espantosos: La pelea de Yugi y Jonouchi, la noche en que estuvo corriendo de esos delincuentes y…-
Que emane como la sangre…
Se detuvo abruptamente.
Conocía perfectamente esa voz.
Sirvió a esa voz durante años, fue usada a su antojo, pero después cortó los hilos de su manipulación para finalmente estar lado de su hija.
Entre los recintos abandonados, pudo ver entre la oscuridad un par de ojos carmines que la miraban con maldad y a la vez felicidad.
Bueno, esa mujer siempre le resultó extraña.
—… Tanto tiempo sin verte, Teana.
La castaña tragó saliva.
—… Ruby-sama…
La mujer ensanchó su maquiavélica sonrisa y caminó hacia ella con tortuosa lentitud.
Anzu instintivamente posó sus manos en su vientre, tratando de proteger a su bebé de esa espantosa mujer.
—…—Retrocedió rápidamente a medida que Ruby se acercaba—. Usted murió… U-Usted murió… E-Esmeralda… Por eso tomó el puesto… ¿Cómo…? —Su respiración se aceleró, aterrada.
—… Yo nunca morí, Teana…
—… ¿Qué quieres?
—Oh… Veo que Esmeralda no te lo dijo…
Anzu abrió más los ojos.
Entonces… ¡Tenía razón!
Todo este tiempo… No los estaban defendiendo de Yami, ¡sino de ella!
—Yo sobreviví…—Detuvo su caminata hacia la castaña—. Estuve encerrada durante mucho tiempo gracias a esos malditos egipcios…—Escupió con desprecio sus palabras—. Viví un infierno… Gracias a esos malditos miserables… Sigo sin entender… Por qué Esmeralda y ustedes los defienden…
Ruby miró con profundo odio a la castaña.
—… Traicionaste a clan… Les diste la espalda… ¡Por defender a esos…!
—¡Yo solo defendí a Esmeralda! —Le cortó abruptamente—. Yo juré serle leal, entregar mi vida con tal de salvar la suya. Usted comprende lo que significa un juramento en nuestro clan. Se debe cumplir… sin excepción.
—¿Y cómo te pagó ella? —Se mofó con una cruel carcajada. Anzu se estremeció—. Tú y Jono fueron mutilados en pedazos por esa bastarda.
La bailarina sintió unas enormes náuseas y un profundo dolor en su sien.
¿Cómo?
¿Cómo olvidar el momento en que ese sujeto gozó hacerlos sufrir hasta el último minuto?
Los desmembró lentamente, de la peor manera.
Sus ojos se llenaron de lágrimas, abrumada por el recuerdo.
—No me cabe en la cabezas que prefieras serle leal más a ella que a mí…
—Pues tendrá que aceptarlo, Ruby-sama. Yo… Le sirvo solamente a Esmeralda… Lo que yo no entiendo es cómo Esmeralda la quiso aún después de todo lo que se hizo… No se merece el amor de una hija como ella… ¡NO SE LO MERECE…-!
¡Plaff!
Anzu casi cayó al suelo. ¡Joder, vio estrellas! Ahora entendía todos esos años en que Esmeralda tardó en sanar de los golpes de su madre. Esa mujer tenía una fuerza endemoniada.
—¡AHHHH! —Soltó un grito de dolor al ser jalada de la nuca del cabello.
—¡TÚ! ¡SIEMPRE FUISTE TÚ O ESE MALDITO FARAÓN! ¡Siempre interfieren en mis planes! ¡Me incordias como jamás creí que alguien lo haría! ¡Ni siquiera Esmeralda lo hizo!
La castaña ahogó un gemido de dolor cuando la otra mano de Ruby envolvió su muñeca, evitando que se resistiera.
—¡Eres DÉBIL! ¡DE TODOS, TÚ SIEMPRE FUISTE LA MÁS DÉBIL! ¡Y PARA COLMO DE MALES…! ¡ESTÁS ESPERANDO UNA MESTIZA! ¡UNA BASTARDA! ¡UNA DIABLA!
Anzu abrió los ojos entre lágrimas.
¿Una?
¿Era…?
—No hay combinación más repugnante que la unión de un miembro del clan Anat y un egipcio… ¡Debí dejar que tus padres te ahogaran en el lago la noche que naciste!
La bailarina sollozó.
—Esmeralda siempre fue la heredera… ¡PERO QUIEN MANDA SOY YO! —La sacudió con fuerza—. ¡YO MANDO! ¡ASÍ QUE YO…! —Materializó una espada en sus manos —. ¡ME ENCARGARÉ DE CASTIGARTE!
—¡AAAHH! —Ruby obligó a la castaña a inclinarse levemente hacia atrás.
—Eliminaré a ese monstruo que vive en tu interior.
Los ojos azulados de Anzu se agrandaron del horror.
—¡NO! ¡NO, SUÉLTEME! ¡NO ME TOQUE! —Lloriqueó, desesperada—. ¡A MI BEBÉ NO!
… ¡Black Twin Burst!
Ruby fue brutalmente golpeada por una esfera de energía oscura, estrellándose contra el local abandonado.
Anzu soltó todo el aire contenido y dejó escapar todas las lágrimas del miedo por lo que había vivido.
Definitivamente el muelle era su lugar menos favorito.
Sus piernas perdieron fuerza e iba a dejarse caer sentada, sin embargo unos brazos se lo impidieron y terminó por ser cargada estilo nupcial.
Alzó su cabeza y soltó un jadeo de sorpresa.
Yami observaba asesinamente a la mujer, siendo protegido y acompañado por dos seres que la castaña conocía muy bien.
—… Black Magician… ¿Black Magician Girl…?
Los sirvientes del faraón solo le sonrieron con afecto a la castaña, quien no pareció entender muy bien el por qué.
El tricolor finalmente fijó sus ojos carmines en ella, paralizándola.
—¿Te encuentras bien?
Anzu apartó rápidamente su mirada de él y se tapó la boca con su mano, aguantando soltar un sollozo. Asintió frenéticamente, sin querer hablar.
—¡TÚ! ¡¿CÓMO TE ATREVES?! —Le rugió con desprecio Ruby al ponerse de pie.
Los magos oscuros estaban dispuestos a dar la pelea.
—Esperen —Los detuvo Yami. Entrecerró los ojos—. No hay trato. Quisiste lastimar a Anzu.
Ruby rodó de ojos y se rio con crueldad.
—Te recuerdo que tú no eres nada para ella. Solo un doble.
Yami sonrió, no parecía afectado por sus palabras.
—Y yo te recuerdo que aquí nadie te quiere, ni siquiera tu hija —Se mofó.
—No la necesito. Nunca necesite a esa escoria.
Anzu no pudo evitar mirarla con ira, y notó que Yami también lo hacía.
—Pero…—Sonrió—. ¿Saben qué? Ya no importa, estoy… Feliz. Porque Esmeralda aún no les ha dicho... Y yo me encargaré de que tenga su boca cerrada para siempre.
Dicho esto, utilizó su capa para sumergirse en las sombras y desapareció.
Bajo una sutil mirada por parte de Yami, los magos hicieron una última reverencia y desaparecieron.
—… ¿Yami? —El aludido la miró—… Gracias. Si no hubieses llegado, tal vez…—La castaña se llevó sus manos a su vientre, aún asustada.
El tricolor prefirió no decir nada. La ayudó a estabilizarse en el suelo. Sujetó suavemente sus antebrazos.
Sus miradas se encontraron.
—… ¿Te vas?
—No creo que les agrade mi presencia —Sonrió al sentir la presencia de Karai acercarse rápidamente a su dirección—. Pero volveré. Para asegurarme de que estés bien —Prometió.
No pudo evitar alzar su mano y acariciar el rostro de su adorada castaña.
—… Quédate —Le pidió.
—No puedo.
—Vuelve al cuerpo de Atem —Insistió.
Los ojos rojos del tricolor se oscurecieron.
—… No quiero volver a estar encerrado.
—¡No lo estarás! Por favor… Estás cometiendo un grave error.
Yami siguió contemplando los ojos cristalinos de la joven. Se acercó y chocó su frente con la de ella al cerrar los ojos.
—… Eternidad se acaba, Anzu… Infinito debe emerger con un mundo sin esos seres que han causado tanto daño.
—… Tú también eres un humano…—Reprochó suavemente.
Yami abrió los ojos y le regaló la más escalofriante, pero amorosa sonrisa que jamás había visto.
—No puedes decirle humano a un monstruo —Se apartó finalmente de ella al retroceder de espaldas—. Esmeralda te lo enseñó. Porque ella también es uno.
Dicho esto, Yami le dirigió una última mirada a la joven para finalmente desaparecer ante los propios ojos azules de la bailarina.
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Continuará…
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No me odien y digan que no hubo Revolutionshipping. CLARO QUE HUBO, pero del OSCURO e.e! Muajajajá. Ya tenía ganas de hacer un mini momento entre Yami y Anzu jijijiji
¿A poco la madre de Esmeralda es cruel? ¡Es malísima! Se parece a mí è.é
En fin, contestemos los reviews!
Dragon Espectral: Sepp. Tienes razón, quien conoce mejor a su personaje eres tú jeje. Bueno, aquí hubo más interacción de Karai con nuestras hormonales chicas! Espero que te haya gustado el capítulo y te encuentres bien, tomodachi.
Yuna-Tidus-Love: Pues créelo, lectora. Anzu y Jonouchi tienen más poder de lo que aparentan y eso se dará a conocer en los próximos capítulos e.e Y sí, Yami sufre, pero su mente y corazón están muy confundidos. ¿Logrará reaccionar a tiempo? Espero que te haya gustado el capítulo.
Catealex: Ay, siiií! Desde pequeñita, la amistad en YuGiOh me parecía tan real, leal. Hoy en día no hay de esas 7_7 Pero así es la vida jajaja Bueno, ahí tienes tu respuesta de cómo murieron Teana y Jono para proteger a Esmeralda. ¿De quién? Es un secreto. ¡Y muy bien! ¡Odien a Ruby! Significa que creé a un buen antagonista muajajajá! Espero que te haya gustado el capítulo!
linkyiwakura: Hay algo que Karai no está diciendo y no lo hará jamás, o al menos eso se cree. Y está relacionado a Yugi. ¿Qué es? Es un secretiiito e.e Esmeralda es un OC muy complicado, tiene sus defectos y virtudes. Y me encanta escribir esos momentos de humanidad de Atem, quiero dar a entender que ya es una persona normal en todo esto. Espero que te haya gustado el capítulo y estés bien, tomodachi.
Mana: Yami está demasiado herido y resentido, necesita más que el amor de Anzu para sanar esas heridas. Jono y nuestra bailarina tienen más poder de lo que todos creen y pronto lo demostrarán. Y con respecto al link que te mandé… Esa sonrisita de esa personita tiene un motivo. Esa coqueta sonrisa como la de nuestro faraón *babeando* (ok no xD) tiene un motivo. Y con tu pregunta… Desgraciadamente, Atem y Teana no lograron conocerse en el pasado, pues Teana murió un poco antes de que Esmeralda fuese comprometida con el faraón. Lo que sí, te diré algo. Esmeralda y Karai son de líneas de tiempo distintas, mas siguen en otras que no les pertenecen porque tiene una misión que cumplir. Hay muchas líneas de tiempo, quizás, en una vida alternativa, ellos lograron conocerse, pero quién sabe… Espero que te haya gustado el capítulo!
SamCR87: Sipi! Anzu y Jono con badass! Okno xD y sí, me encanta mostrar esos momentos de amistad que tiene nuestros personajes. Son tan… Dulces y tiernos… Es demasiada azúcar para mí… Moriré de diabetes XD Espero que te haya gustado el capítulo!
Miu-nia: Pues ahí te regalé otro momento de Yami&Anzu 7u7 Espero que te haya gustado el capítulo!
Bueno, eso es todo amigos!
Nos leemos!
Rossana's Mind.
Reviews?
PD: Les daré un pequeño dato. Hay ALGUIEN MÁS que es del Clan Anat rondando por el fic e.e No es un OC mío, ni tampoco un OC que tomé prestado… Es un personaje canon… ¿Quién es? Adivinen! Les daré una pistita, no ha aparecido mucho en el fic, pero marcó mucho en la historia de Egipto.
