Capítulo diez

A la mañana siguiente se levantó antes que sus compañeras. Sin hacer ruido, entró en el baño cerrando la puerta con seguro.

Tenía agujetas en brazos y piernas, pero lo bueno es que las manos no le dolían en absoluto. Se deshizo de las vendas poco a poco y cuando las tuvo completamente descubiertas, sonrió. Las ampollas habían desaparecido, dejando lugar a un poco de piel enrojecida.

Le había sorprendido enormemente la actitud del profesor Snape. Nunca era amable con nadie. Ni se preocupaba de alguien que no fuera él mismo o su querida casa de serpientes. Pero con ella había sido incluso agradable. ¡Por Merlín, la había curado! Eso era inaudito…

Desde la noche anterior, cuando llegó a su cuarto, se preguntaba el porqué de ese trato…

La había curado con cuidado y esmero, procurando no hacerle más daño. Y no supo por qué, pero ese hecho la enterneció, provocándole una serie de sentimientos antagónicos. Los primeros y más lógicos eran el desconcierto, por lo extraño de su conducta hacia ella. Desconfianza, por el hecho de que pudiera estar actuando de forma premeditada para que se confiara y así poder sonsacarle una confesión. Inquietud, porque si era así, eso quería decir que estaba dispuesto a cualquier cosa por descubrirla. Pero por otro lado y no muy razonablemente, se sentía alegre, afortunada y satisfecha. Unos sentimientos que no lograba comprender, no sabía de donde venían ni porqué los sentía. Y eso la confundía y asustaba a partes iguales.

El fin de semana fue tranquilo y divertido, las chicas, Harry y Ron pasaron los dos días juntos. Hablando, divirtiéndose y planeando las vacaciones. Luna se iría con su padre a Escocia en busca de unos seres raros que ni Hermione recordaba el nombre. Los demás se irían todos a Grimmauld Place.

Era lunes y se encontraban en clase de Transformaciones con la profesora McGonnagal. Mientras practicaban el hechizo para convertir sus pupitres en sillones reclinables. La profesora iba paseándose por el aula, corrigiendo los fallos o alabando los aciertos.

Harry no había dejado de mirarla desde que se habían encontrado en el Gran Comedor. Estaba segura de que esperaba a tener la oportunidad de hablar con ella a solas. Y eso la angustió. ¿Qué le diría? -Mira Harry, Umbridge me castigó poniéndome de rodillas aguantando dos libros que me quemaron las manos, pero tranquilo, estoy bien. Snape me encontró y me curó muy amablemente- Obviamente no podía decirle la verdad. Además estaba el hecho de que si abría la boca, Snape le haría la vida imposible. Y estaba segura que lo haría.

─Señorita Blake, no mueva tan bruscamente la muñeca. Tienen que ser movimientos fluidos ─aconsejó McGonnagal al pasar por su lado.

Volvió a intentarlo, concentrándose en lo que estaba haciendo y controlando el movimiento de su muñeca. De un momento a otro, su pupitre se transformó en un mullido sillón color crema.

─¿Lo ve? Bien echo, diez puntos para Gryffindor ─dijo McGonagall orgullosa alejándose del lugar.

Después de las clases tuvo un par de horas libres que aprovechó para ir a la biblioteca con las chicas para hacer los deberes. Agradecía tener a Hermione como amiga en momentos como ese, ya que en la clase de Historia de la magia no había podido soportar más de diez minutos prestando atención. Hermione era la única que no se dormía en las clases del profesor Binns. Así que le explicó el tema de ese día, dejándoselo todo más que claro.

─¿Habéis notado algo raro en los Slytherins? ─preguntó de repente Ginny, llamando la atención de todas.

Hermione se encogió de hombros y Lia frunció un poco el ceño, indicando así las dos que no se habían dado cuenta de nada.

─Últimamente están muy calmados ─respondió Luna ─Hace días que no nos dicen ni hacen nada.

─¡Exacto! ─corroboró la pelirroja ─Creo que deberíamos ir con mucha más cautela a partir de ahora. Malfoy nos amenazó, Hermione. Y se dice que después de la calma, viene la tormenta. No deberíamos fiarnos.

Liadan asintió con la cabeza, pensativa. Con todo lo que había pasado, ni lo había notado ─Tenéis razón…

─Bueno, Lia y yo nos tenemos que ir ya al entrenamiento ─cambió de tema Ginny al tiempo que se levantaba recogiendo sus cosas.

─¿Ya? ─preguntó Lia hacienda un puchero.

─No seas vaga ─la reprochó su compañera de equipo ─Como lleguemos tarde nos va a tocar correr, así que vámonos.

Hermione y Luna vieron como sus amigas desaparecían por las grandes puertas de la biblioteca. La joven leona no conseguía concentrarse. Lo cierto es que sí había notado el extraño comportamiento de Malfoy y sus secuaces, y era peor de lo que sus amigas se imaginaban. Los había pillado más de una vez observarlas y cuchichear entre ellos. No había dicho nada todavía para no preocupar a las demás, pero ya se habían dado cuenta ellas solas. Excepto Lia… y eso era muy extraño. Su amiga era muy perspicaz, al igual que ella. Pero últimamente parecía estar en su propio mundo, sin darse cuenta de lo que ocurría a su alrededor. Hermione sentía mucha curiosidad, ya que estaba claro que a su amiga le ocurría algo, aunque no sabía si bueno o malo. Quería averiguarlo.

Las jóvenes jugadoras llegaron al campo entre jadeos. Tuvieron que correr todo el camino si querían llegar puntuales, ya que al salir de la biblioteca fueron a sus habitaciones a cambiarse y recoger las escobas. Así que habían perdido demasiado tiempo.

Angelina las esperaba en la entrada de los vestuarios con aspecto malhumorado. Tenía la escoba agarrada fuertemente con una mano y la otra colocada en la cintura. Era su clásica pose de no-te-atrevas-a-excusarte-y-espabila. Así que sin decir nada, se dirigieron hasta el centro del campo, donde Harry, Ron y los demás estaban ya montados en sus escobas. El cielo estaba encapotado, unas nubes de un gris oscuro se movían lentamente, amenazando tormenta. El estadio estaba lleno de unos muñecos de paja, estratégicamente colocados para practicar los regates. Las chicas se miraron y sonrieron ¡Les encantaba ese ejercicio!

─¡Ya era hora! ─gritó Fred a unos siete metros de altura.

─¡Que poca profesionalidad! ─apuntilló George a su lado.

Lia se colocó su escoba Nimbus 2001 entre las piernas y dando una fuerte patada al suelo se elevó rápidamente. No era una ultimísima escoba como la Saeta de Harry, pero era una de las mejores. Se colocó junto a los gemelos y les sacó la lengua.

─¡Dejaros de cháchara y a entrenar! ─ordenó la capitana ─Cazadores, tenemos que sortear a los monigotes al tiempo que nos pasamos la Quaffle y esquivamos las Bludgers. Una vez lleguemos al final del recorrido, lanzamos. Bateadores, ya sabéis que hacer. Weasley, colócate en los postes. Potter, tu también sortea a los muñecos a la vez que buscas la Snitch ¿Todo claro? ─gritó para que todos la oyeran. Un sí unánime llenó el silencioso estadio.

El entrenamiento empezó. Ginny voló velozmente esquivando los obstáculos. Angelina le pasó la Quaffle con un pase fuerte y certero. Liadan iba sorteando a los muñecos, cogiendo más y más velocidad, colocándose enfrente de Ginny. Ésta esquivaba como podía, ya que al momento las Bludgers aparecieron. Era un entrenamiento divertido, sí. Pero complicado. Y eso era bueno. Cuantos más entrenamientos duros y difíciles, más preparados estarían para los partidos.

Lia esquivó por muy poco una Bludger que le había lanzado George y como consecuencia, chocó contra un monigote, llevándoselo por delante y llenándose de paja.

─¡Atenta Blake! ─regañó Angelina.

Lia volvió a situarse en el circuito aun escupiendo trocitos de paja. Volvió a esquivar una Bludger, esta vez procedente de Fred.

─¿Queréis dejar de lanzármelas a mi? ¡Yo no tengo la pelota! ─les gritó.

─¡Lia! ─llamó Ginny. La chica volteó un poco la cabeza, observando como su amiga pelirroja le lanzaba la Quaffle. La atrapó fácilmente y siguió volando en zigzag, sorteando a los peleles. Estaba segura de que esos dos le lanzarían otra vez las duras Bludgers, así que miró a Ginny, le hizo un gesto con la cabeza y su amiga asintió. Entonces justo a unos diez metros de los aros, paró en seco. Las Bludgers le pasaron justo por delante a pocos centímetros del mango de su escoba. Lanzó la pelota hacia arriba y Ginny la recogió como una flecha, lanzando inmediatamente al aro izquierdo con tal fuerza y precisión que Ron no llegó a tiempo. Había marcado.

─¡Eso ha estado muy bien chicas! ─felicitó la capitana.

Ginny voló hasta Lia y chocaron las manos.

─¡Vamos Ro-Ro, tu puedes! ─se escuchó una voz de pito procedente de las gradas. Allí, completamente sola en la inmensidad de las gradas se encontraba Lavender, agitando el brazo en dirección a Ron. Ginny puso los ojos en blanco y Lia rio.

─¡Otra vez! ─ordenó Angelina.

Después de dos horas de duro pero efectivo entrenamiento, Angelina los despidió, asegurando que el siguiente sería más intenso, ya que ese mismo fin de semana tendrían el primer partido contra Ravenclaw.

Las chicas se dispusieron a irse, cargando sus escobas en los hombros. Pero la voz de Harry llamando a Liadan las detuvo. Se dieron la vuelta y vieron al chico todavía en el campo, esperando a que Liadan fuera hacia allí. Ginny miró a Lia con curiosidad ─¿Qué ocurre? ─le preguntó al instante.

─Ni idea ─mintió la joven. Pues sabía perfectamente de que quería hablar Harry y no sabía que demonios decirle ─Voy a ver, luego nos vemos ─se despidió y se dirigió hasta su amigo.

Al llegar donde estaba, se paró enfrente de él. Esperando la pregunta y su cerebro maquinando a mil por hora una respuesta.

Tras sus gafas redondas, los ojos esmeralda de Harry, muy parecidos a los suyos pero más pálidos, la miraron fijamente. El viento azotaba los cabellos de los dos jóvenes. Los truenos empezaron a tronar, advirtiendo que en breve las densas nubes descargarían toda el agua contenida.

─¿Fuisteis vosotras verdad? ─preguntó de repente. Eso desconcertó a la chica ¿De que hablaba?

─¿Cómo?

─El otro día en Hogsmade, no eran Draco y los demás. Erais vosotras ─esta vez era una afirmación.

Liadan no podía creérselo. ¿Es que todo el mundo lo sabe o que? Teóricamente no nos relacionarían con el tema... ¿Qué diantres hemos hecho mal para que todos nos descubran? ─Pero si nosotras estábamos allí, tu mismo nos viste.

─Sí, pero os vi después de lo sucedido. Y también actuasteis muy raro el día antes.

─Había mucha gente Harry, es normal que no nos vieras en ese momento. Y no se a que te refieres con raro, que yo recuerde estábamos de lo más normal ─sonrió para dar fundamentos a su historia.

─Lia… ─dijo su nombre irritado entre susurros ─Esa noche desapareció mi capa de invisibilidad. Solo vosotras y Ron saben de su existencia, y Ron se pasó la noche en el dormitorio.

Una gigantesca gota le cayó en la coronilla, para acto seguido, centenares de ellas precipitarse sobre los dos jóvenes que se encontraban parados en medio del campo de Quidditch, empapándolos.

La chica ya encontraba imposible refutar ese argumento. Como bien había dicho, solo Ron y ellas sabían de la capa… No podía seguir aferrándose a la mentira, seguir negándolo era estúpido…

Harry tenía el cabello empapado y pegado al rostro. Sus redondas gafas empañadas. Y bajo ellas un ceño fruncido.

─Está bien Harry… fuimos nosotras ─confesó bajando la cabeza.

─¿Por qué no nos lo dijisteis? ¿Por qué no me lo dijisteis? ─preguntó -según le pareció a Lia- dolido. Y no entendía el por qué ¿Por qué Harry estaría dolido? ─¿Sabes una cosa? ─siguió hablando el joven mago sin mirarla, con la vista perdida en el oscuro cielo ─Antes solo éramos Ron, Hermione y yo, hasta que tú llegaste. Entonces fuimos cuatro. Los cuatro enfrentándonos a todo lo que ocurría. Los cuatro apoyándonos y compartiendo aventuras. Pero esta año siento… siento que nos habéis apartado. No creo que Ron se haya dado cuenta, ya sabes como es y con Lavender todo el día encima... -sonrió levemente- Pero yo si me he dado cuenta y…

─Te sientes excluido… ─terminó Lia por él.

Se sentía fatal. No había pensado ni un momento en esa posibilidad, y eso la hacía sentirse aun peor. No había empatizado con Harry, no se había parado a pensar en como se sentiría él. Su mejor amigo ahora tenía novia. Y sus amigas habían estado demasiado ocupadas con "sus cosas" como para prestarle atención.

─Exacto… Este fin de semana me lo ha demostrado. Hacía mucho tiempo que no estábamos así. Juntos, como antes. Lo echaba en falta ─rio amargamente ─¿Debe sonarte ridículo cierto?

─En absoluto, Harry ─con un impulso se lanzo al pecho de su amigo abrazándole fuertemente. Al instante ese abrazo fue correspondido ─Lo siento tanto… No volverá a pasar, enserio.

La risa de Harry quedó amortiguada en el empapado cabello de ella ─Tampoco hace falta estar veinticuatro horas pegados ─los chicos rieron ─Oye…

─Dime.

─Gracias por ser mi amiga.

Una mata de cabellos como el fuego se distanciaba velozmente del lugar. Ginny, sumamente intrigada, se quedó escondida en las gradas. Sabía que eso de espiar no estaba bien. ¡Pero era Harry! Tenía que saber que ocurría. Pero fue una mala idea. Al ver a esos dos abrazados bajo la lluvia, los celos se apoderaron de ella. Sus orejas se pusieron rojas mientras sus ojos se aguaban ¡Liadan era su amiga! ¡Sabía lo que sentía por Harry! Y aun así… Se sentía traicionada.

Maru: "Las venganzas" de los Sly están muy cerca. (En el próximo capítulo ya tenemos la primera ^^) Y si, tengo bastante en cuenta a Zabini ¿No crees que es un poco parecido a Lia? Los dos son impetuosos e impulsivos ¿Podrian llevarse bien? jeje. ¡Besotes!

Alexza Snape: Si, fue muy majo :) jeje. No te preocupes, aunque Snape siempre será gruñon jaja. ¡Saludos!

Tears To Call My Name: Me encanta que te guste :D Espero que sigas disfrutando de mi historia. ¡Gracias por comentar!

¡Nos leemos!