¡¡¡Hola chicas Y CHICOS¡Qué bien que por fin llegó el veranito, por lo menos aquí a Madrid! Terracitas, heladitos, manga corta...
En fin, disfrutad del penúltimo capítulo y de nuevo, GRACIAS POR VUESTROS REVIEWS!!!
Disclaimer: HPNMPPSNSMYNEAEF (Harry Potter no me pertenece porque si no sería millonaria y no estaría aquí escribiendo fanfics).
X. CONFESIONES EN LA NOCHE
Esmeralda dormitó a intervalos irregulares durante el resto del día, pero no logró descansar. Apenas cerraba los ojos, veía ante ella la imponente figura de Lord Voldemort jurándola que pagaría cara su traición, o el cuerpo de Severus desangrándose sin remedio.
No obstante, las imágenes no se veían tan definidas como los últimos meses, sino que sus contornos parecían levemente desdibujados.
Se levantó cuando ya había anochecido de nuevo y dejó que su cuerpo se relajase entre la espuma y el agua caliente de la bañera. Se sentía triste; la incertidumbre ante el futuro siempre le provocaba ese sentimiento.
Bajó a cenar al Gran Comedor, aunque no tenía ganas de ver a nadie. Las miradas de alumnos y profesores se centraron en ella.
Todos sabían (¿quien sabe como?) que "El que no debe ser nombrado" había hecho prisionera a la joven profesora. Nadie estaba seguro de por qué exactamente, había muchas versiones (ninguna de ellas correcta), pero puede que tuviera algo que ver con el hecho de que Esmeralda había resultado ser prima de Harry Potter. Al parecer, una hermana de la madre de Harry había tenido relaciones con un mago que resultó muerto en un ataque perpetrado por seguidores de Voldemort… el caso es que Harry y el Profesor Snape la habían rescatado, aunque el último había resultado herido por los mortífagos…Pero lo más impactante es que la profesora no era la muggle inofensiva que todos creían, sino una bruja más.
Lo primero que llamó la atención de Esmeralda al acercarse a la mesa de los profesores es que el asiento de Dumbledore estaba vacío… al igual que el de Snape.
Esmeralda se sentó al lado de la Profesora Mc Gonagall y sonrió tristemente. La sonrisa de Minerva, por el contrario, fue abierta y optimista. Depositó su mano arrugada sobre la tersa de la joven y murmuró cerca de su oído:
- Está mucho mejor. Dentro de nada estará gruñendo y refunfuñando como si no hubiera pasado nada…
A Esmeralda se le empañaron los ojos un instante. Llevaba tiempo imaginando que también Minerva se había dado cuenta de sus sentimientos. Se preguntó qué pensaría Mc Gonagall si se enterase quien era la autora material del estado de Snape…
- Minerva¿Qué debo hacer? – le preguntó Esmeralda también al oído -.
- Mira en tu corazón y asegúrate de lo que sientes. Es un hombre muy complicado… tienes que estar completamente segura… aunque es evidente que desde el primer momento te importó lo que él pensase… ¿Recuerdas? "¿A usted le importa que yo esté aquí?". Eso fue lo primero que me preguntaste nada más conocerme; ya te dolía que él no te aceptara.
Tras la cena, Esmeralda caminó largo rato por los jardines. La fresca brisa primaveral le revolvía el cabello y le daba ánimos.
Tomada una decisión volvió a internarse en el Castillo y sus pasos se dirigieron con firmeza a la enfermería (NA: Ay, madre mía que listas son algunas...). Sin embargo, cuando al penetrar en la espaciosa sala observó que todas las camas estaban vacías, el alma se le cayó a los pies (NA: Pero yo lo soy más).
- ¡Dios mío! – pensó alarmada Esmeralda - ¿Se lo habrán tenido que llevar a San Mungo porque se haya puesto peor de repente…?
Una voz femenina a sus espaldas interrumpió sus pensamientos:
- ¿Buscaba a alguien, Profesora Taylor?
- ¡Oh! Buenas noches, Señora Pomfrey, yo… - Esmeralda carraspeó levemente al verse sorprendida – Sí… esto… ¿Dónde esta el Profesor Snape?
Un gesto de curiosidad se dibujó un breve instante en el amable rostro de la Señora Pomfrey, pero enseguida respondió con una amplia sonrisa:
- ¡Ese hombre es imposible! Hace dos horas que se marchó de aquí en contra de mi voluntad. Dijo que podía cuidarse solito y que se iba a su habitación… ya ve, yo creo que todavía estaba débil, pero es testarudo y orgulloso…
- Muchas gracias, Señora Pomfrey, que pase una buena noche.
Esmeralda salió de la habitación apresuradamente.
- ¡Qué vergüenza¿Qué habrá pensado de mí viéndome aparecer sola a estas horas y preguntando por Snape¿En qué estoy pensando?
Y sin embargo… ¿Por qué sus pasos se estaban encaminando a la parte inferior del Castillo?
Las mazmorras de Hogwarts eran territorio de la casa de Slytherin. Se trataba de túneles húmedos y oscuros en los cuáles las goteras formaban pequeños charcos por doquier. El amplio túnel que estaba atravesando en aquel momento, se bifurcaba de pronto en dos. El de la derecha conducía a los dormitorios de los alumnos de Slytherin; Esmeralda tomó el de la izquierda…
Tras unos minutos de caminar ahogada por las dudas, se detuvo ante una puerta de extraño metal negro con relieves de serpientes, animal totémico de Slytherin.
- ¿Qué diablos estoy haciendo aquí? – se preguntó la joven por enésima vez -.
Esmeralda se dio la vuelta para marcharse por donde había venido antes de que alguien la descubriera a aquellas horas en una zona del Castillo en la que sabía de sobra que no era bienvenida, sin embargo, algo la detuvo… por el resquicio de la puerta emergía un leve resplandor verde.
¡Estaba abierta! Aquello desconcertó a Esmeralda, que siempre había pensado que aquel hombre protegería su intimidad con cientos de hechizos protectores que alejasen de sus dominios a posibles intrusos.
Empujó la puerta con timidez y esta se abrió casi completamente.
Una agradable calidez emergía de la estancia en contraposición con la fría humedad del pasillo.
Penetró en la habitación en penumbra y cerró la puerta tras ella.La débil luz que iluminaba el cuarto procedía de un bello y antiguo candelabro en el cual las llamas de las velas eran de color verde, de ahí el resplandor que había visto desde el resquicio de la puerta. Un agradable olor a violetas lo envolvía todo.
Esmeralda caminó con lentitud sobre el suelo cubierto de gruesas alfombras con arabescos y símbolos cabalísticos y ascendió los dos peldaños que conducían a la lujosa cama de lustrosa madera oscura.
Severus Snape estaba profundamente dormido.
Una ligera sábana de seda negra le cubría hasta la cintura, dejando al descubierto el torso desnudo. Esmeralda se sentó junto a él y con manos temblorosas acarició el vello suave de aquel pecho masculino, temiendo y a la vez deseando que el hombre despertara.
Su corazón se encogió de dolor unos segundos al observar la Marca Tenebrosa en el antebrazo de Severus… ¿Cuánto dolor le habría acarreado aquella marca? Esmeralda pensó con tristeza que si él no hubiera arriesgado su vida para salvar a Harry, ella habría obtenido como recompensa por aquel crimen atroz una marca gemela a aquella… y estaría marcada por la maldad de por vida…como él.
Apartó del rostro del hombre varios mechones de largo cabello negro como el ébano y, al hacerlo, sintió su frente caliente y húmeda por el sudor. Tenía algo de fiebre, aunque por lo demás parecía bien. No tenía ninguna señal física y su respiración era normal, rítmica y profunda. Su expresión, tan insondable como cuando estaba despierto.
Esmeralda se desabrochó con lentitud los botones de su vestido aguamarina y lo dejó caer a sus pies. No podía creer lo que estaba haciendo, nunca en su vida había actuado de aquella manera, siempre controlaba sus actos al detalle, y se sentía torpe y nerviosa dejando que fuera su cuerpo el que tomara las decisiones.
En ropa interior se introdujo bajo la sábana y aferrándose al cuerpo del hombre dormido, apoyó la cara sobre el pecho de él.
- Solo va a ser un ratito – pensó – me levantaré antes de que se despierte…
La pesadez del sueño acumulado cerró los párpados de Esmeralda, mientras las manecillas del elegante reloj de pared pasaban con lentitud…
Los ojos de Esmeralda se abrieron de pronto. ¿Cuánto tiempo llevaba dormida? Giró la cabeza para contemplar el reloj… ¡Las tres de la mañana¡Llevaba casi dos horas durmiendo…! Tenía que largarse de allí antes de que el hombre se despertara; se incorporó un poco más y entonces…
- ¿Ha descansado bien Profesora Taylor?
Esmeralda volvió la cabeza hacia aquella sarcástica voz.
Snape permanecía tumbado a su lado en la misma posición que hacía unas horas pero con los ojos abiertos y una enigmática sonrisa en los labios. Esmeralda abrió la boca para hablar pero ningún sonido emergió de su garganta, solo quería que la tierra se la tragase…
- Creo que se ha equivocado de cuarto, el suyo está unas plantas más arriba, a estas alturas de curso ya debería saberlo…
- Pues sí, tiene razón, ahora mismo me iba para allá…
Esmeralda pronunció aquellas palabras cohibida como no había estado jamás, mientras se zafaba con soltura de la sábana y ponía un pie en el suelo. Entonces, los fuertes brazos de Snape le agarraron desde atrás, obligándola a tumbarse de nuevo, mientras él se colocaba sobre ella.
El hombre miró a la joven a los ojos, y en un tono absolutamente serio dijo:
- No sabes donde te estás metiendo. Yo no sé como hacerte feliz, serás una desgraciada toda tu vida… Te doy una última oportunidad para marcharte, estás a tiempo de irte.
Esmeralda dudó una milésima de segundo, mientas contemplaba los rasgos de aquel hombre mucho mayor que ella, con toda aquella historia de dolor a sus espaldas, rememoró el odio que había sentido por él en tantas ocasiones… recordó el abrazo en el psiquiátrico… se preguntó donde se situaba la delgada línea que separa el odio del amor…y por segunda vez aquella noche dejó que su cuerpo hablara a través de sus labios:
- Te pertenezco.
Una amplia sonrisa se dibujó en el rostro de Severus Snape:
- Tú lo has querido, no digas que no te avisé.
Severus se recostó más sobre el cuerpo de la joven, dejando que su pecho reposara sobre el de ella y hundió la lengua en el paladar de Esmeralda. Ella respondió con toda su pasión a aquel anhelado beso, mientras sus dedos se perdían entre los oscuros cabellos que tanto había deseado tocar. Las manos de Severus se deslizaron sobre los hombros de Esmeralda que se incorporó levemente para permitirle desabrochar el sujetador, que cayó sordamente al suelo junto al vestido.
La lengua de Severus abandonó la boca de Esmeralda y se perdió entre los aterciopelados senos de la chica, mientras sus fuertes manos deslizaban de las caderas la última prenda que cubría a la joven.
Ambos se fundieron en un solo cuerpo, en una danza en la que el tiempo y el espacio no significaban ya nada. Esmeralda exploró con sus labios cada centímetro de la piel de Severus y se vio correspondida por fuertes embestidas que le sacudían hasta el alma, arrancando de su garganta gemidos de placer.
Severus besaba con avidez el cuello de Esmeralda mientras sentía que se acercaba el final de aquel abrazo que hubiera querido prolongar eternamente. Una ola de calor le recorrió de arriba abajo un segundo antes de que su cuerpo se convulsionara en un último estertor de placer. El cuerpo de Esmeralda se estremeció bajo el suyo de igual modo y ambos quedaros sobre la sábana exhaustos, agotados, bañados en sudor… felices.
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- ¿Sueles acostarte con mujeres que por poco te matan? – preguntó Esmeralda con voz melosa entre los brazos de Snape -.
- No - respondió él, mientras acariciaba el cabello de la chica – Pero acostumbro a hacerlo con las que tratan de matar a Potter; por desgracia, no son demasiadas
La sonrisa se borró del rostro de Esmeralda; no sabía si alguna vez se acostumbraría al negro sentido del humor de aquel hombre, pero si sabía como contraatacar:
- Entonces… ¿Por qué te pusiste en medio para salvarle?
En ese momento fue la sonrisa de Snape la que se borró, y tardó unos instantes en responder. Cuando lo hizo su tono fue apresurado, como si se estuviese inventando una excusa sobre la marcha:
- Porque ya era bastante grave sacar del colegio a un alumno a aquellas horas y exponerlo al ataque de unos mortífagos, como para encima devolverlo muerto. Dumbledore me echaría, y yo no tengo muy buena fama; me costaría encontrar un nuevo trabajo.
- Ya, claro – respondió sarcásticamente Esmeralda - ¿Por qué te cuesta tanto aceptar que te preocupas por él? Tengo entendido que no es la primera vez que le salvas el pellejo…
- Sí, pero nunca me ha dado las gracias. Es un niñato creído como su padre…
- No hables así de mi primo. Es un chico adorable…
- ¡Oh, sí! Si pudiera le adoptaría…
Esmeralda se dio cuenta de que aquella conversación no llevaba a ninguna parte. Severus jamás admitiría que en el fondo de su corazón, muy en el fondo, una pequeña, diminuta e infinitesimal parte de su ser no odiaba tanto a aquel chico como se esforzaba en aparentar.
- Esto… - murmuró la joven cambiando de tema - … yo tampoco te he dado las gracias.
- ¿De verás? Creí que lo de hace un rato era tu forma de agradecer mi heroica actuación…
Esmeralda se sonrojó:
- ¡Eres tonto!... bueno, pues eso, que gracias.
- ¿Por qué?
Esmeralda se dio cuenta de que Snape no se iba a conformar con aquel raquítico agradecimiento y adoptó un gesto de teatralidad mientras rodeaba con sus brazos el cuello del hombre:
- ¡Oh, Severus, mi amor! Gracias por arriesgar tu vida para salvar mi miserable existencia. ¡Deberían ponerle tu nombre a una calle¡Deberían concederte un séquito de esclavas que te abanicará¿Mejor así?
Severus se esforzaba por no sonreír.
- Mejor. Aunque podrías ahorrarte el sarcasmo.
- Está bien – respondió ella – Sin sarcasmo: nunca viviré lo suficiente para agradecer lo que has hecho por mí, y no me refiero a salvarme la vida… la vida física, quiero decir… evitaste que me convirtiera en una asesina y salvaste mi alma. Por eso ahora te pertenece.
- No, gracias. Es mucha responsabilidad cuidar de un alma. Me conformo con tu cuerpo.
Esmeralda torció el gesto.
- ¡Es broma! – dijo él – Mi alma también te pertenece, aunque no se que vas a hacer con una cosa tan negra y corrompida.
- Tampoco la mía es muy bonita…- respondió Esmeralda con voz triste-.
- ¿Y eso por qué? – Severus había alzado con sus manos el rostro de la joven y la miraba a los ojos-.
- Soy hija de un asesino y no he dudado en ponerme de su parte. Cuando pienso en ello es como si me ahogara…Mi padre ha destrozado tantas vidas… ¿Cómo vivir con eso?
- Tú no eres él. No eres culpable de sus crímenes. No tienes nada que ver con él; te lo digo yo… que le conozco…
Esmeralda acercó su cara a la de Severus y le besó. Esta vez el hombre no pudo ocultar su sonrisa.
- A veces tengo la sensación de que esto no ha hecho más que comenzar – prosiguió Esmeralda- Me he librado de él esta vez, pero no será la última… siempre estará ahí, acechándome.
- Yo también estaré siempre ahí para ayudarte – respondió Severus – Algún día alguien le destruirá… y todos podremos vivir en paz.
- ¿Cómo lo sabes? – preguntó Esmeralda -.
- Lo sé.
El rostro de Snape nunca había sido tan inescrutable como en ese momento, pero aún a pesar de ello, Esmeralda comprendió por qué Severus se había jugado la vida para salvar a Harry… alguien le destruirá.
- Tú vida es una de las que él destrozó…- sentenció ella -.
El enfado se dibujó en el rostro de Snape.
- Ese viejo bocazas… te ha contado todo ¿verdad?
Esmeralda fue consciente de su metedura de pata. Dumbledore había dicho que Snape no debía enterarse de que le había contado su secreto.
- No sé de que hablas – mintió Esmeralda -.
- ¿Sabes que soy experto en legeremancia? Aunque no hace falta serlo para darse cuenta de la mentira tan gorda que acabas de decir. Estaba empeñado en que tú y yo… Siempre consigue lo que quiere, el muy…
De repente Severus se dio cuenta de algo y abrió los ojos desorbitadamente:
- ¿Qué pasa? – preguntó Esmeralda -.
- ¿Cómo has entrado?
- Yo… la puerta estaba abierta.
- ¡Viejo verde! Vino a verme a la hora de la cena… y no se fue hasta que me quedé dormido. ¡Dejó la puerta abierta! Cuando se cierra, sólo yo puedo abrirla desde fuera. Supo que vendrías… como puede ser tan, tan…¡Tan alcahuete!
Esmeralda se sonrojó y recordó que Dumbledore no había cenado en el Gran Comedor. A pesar de sus palabras, el tono de Snape no era de enfado, más bien parecía divertido.
Tras unos minutos de silencio, Esmeralda preguntó:
- ¿Querías mucho a Lily?
Ya no tenía sentido ocultar que Dumbledore le había contado aquella historia. La chica creyó que él no iba a responder, pero tras varios minutos de pesado silencio, Severus comenzó a hablar:
- Solo he estado enamorado dos veces en mi vida: Lily fue la primera. Hubiera dado todo por ella… pero prefirió a Potter; el buen gusto no era una de sus cualidades.
Esmeralda analizó las palabras de Severus y respondió:
- ¿Y la otra vez que estuviste enamorado¿Fue de Bellatrix?
- ¿Bellatrix? ¡No, que va! Lo de Bellatrix fue… otra cosa… (NA: Hombres...)
- Entonces…
- ¿Me vas a obligar a decirlo?
- No… si no quieres…
- Estoy locamente enamorado de ti ¿Contenta?
Esmeralda esbozó una amplia sonrisa que, sin embargo, solo duró un instante.
- ¿Qué te pasa? – preguntó él – Creí que te haría feliz saberlo…
- Solo me quieres porque me parezco a ella. No pudiste tener a la original y ahora te conformas con una copia barata…
- Si te sirve de consuelo, no te pareces tanto a Lily… ella era más alta, y más madura…
- ¡Vete a la mierda!
Esmeralda se soltó de los brazos de Snape dispuesta a marcharse de la habitación, pero Severus volvió a atraparla y, entre carcajadas, la estrechó de nuevo entre sus brazos. Era la primera vez que Esmeralda le oía reírse. Tenía una risa limpia y alegre que le quitó de pronto veinte años de encima e hizo desvanecer el enfado de Esmeralda.
- Vamos a ver… ¿Quién ha venido esta noche a mi cama buscando calor humano¿Lily o tú¿Quién ha osado traicionar al Señor Tenebroso al verme malherido¿Lily o tú¿Quién es la mujer que hace unos momentos me ha ofrecido su alma¿No te parecen motivos suficientes para quererte por ti misma¡Copia barata¡A ti cuando te hicieron rompieron el molde, afortunadamente!
Esmeralda no respondió.
- Tú tienes algo especial, un no se qué oscuro que le faltaba a Lily y que a mí, personalmente, es lo que más me gusta de ti. Además, noto que tú me comprendes…
"Usted es la única capaz de comprender a Severus… Para apreciar los complicados matices de la personalidad de Severus, hay que tener un puntito de maldad". Aquellas palabras de Dumbledore cobraban ahora un sentido especial.
- Aunque te confieso que sí hubo dos veces que tu parecido con Lily me hizo un daño terrible: la noche que apareciste peinada como ella en la puerta de la enfermería… y en la Fiesta de Navidad cuando te vi bailando con Potter. Él es igual que su padre ¿sabes? Fue como tener a James y a Lily en el Baile de Fin de Curso, de nuevo frente a mis narices… como si el tiempo no hubiera pasado.
Esmeralda recordó la cara desencajada del Profesor aquella noche:
- Perdóname. Siento todas las veces que te he hecho daño.
- Una aclaración¿Te refieres al daño físico producido por paraguazos, bofetones, maldiciones imperdonables… o al daño moral que causan tus besitos con Lucius o insultos del tipo: "¡No vuelva a tocarme jamás, sádico¡Me da asco!"?
- A ambos – respondió Esmeralda sonriente, aunque al mismo tiempo avergonzada al recordar aquellas palabras – Otra aclaración: después de lo experimentado esta noche… ya no pienso que seas un sádico, y no me da asco que me toques, levanto la prohibición. Puedes tocarme siempre que quieras…
- No sabes lo que acabas de decir…
Esmeralda hizo como que se resistía al cuerpo de Severus abalanzándose de nuevo sobre ella… pero pronto volvió a ceder.
SORRY, SORRY, PERDÓN, NO ME MATEIS!!! Sé que soy una cursi, pero no lo puedo evitar. Además, que alguna de vostras ose decirme que nunca ha fanteaseado...
Viuda Negra
