DISCLAIMER: Los personajes de Dragon Ball pertenecen a Akira Toriyama, solo los he tomado prestados un rato para hacer este fanfiction.

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Agosto, año 769

Apenas 17 abandonó la cabaña, Bulma se levantó y empezó a encapsular lo más deprisa que pudo, todas sus pertenencias importantes. Después saco a Kaori de su cuna, la envolvió bien con una frazada y salió del lugar. Tras asegurar bien a la bebé en uno de los asientos, la peliazul encendió la aeronave, consultó el mapa de navegación, realizó unos cálculos rápidos y concluyó que le tomaría al menos 10 horas llegar a su destino.

Bulma apenas podía mantener los ojos abiertos cuando llegó a la montaña Paoz, pero todo su cansancio desapareció al ver la casa de los Son y junto a ella una pequeña casa color amarillo con el símbolo de la Corporación. La mujer apagó la aeronave, tomó a su hija y corrió hacia allá. El ruido del motor llamó la atención de los ocupantes de las casas que de inmediato salieron. Los ojos de la peliazul se llenaron de lágrimas mientras veía aparecer frente a ella a sus padres, a Trunks y a Chichi. Hubo varios abrazos y más lágrimas durante el reencuentro, cuando todos estuvieron más tranquilos entraron a la casa de los Briefs.

- Cuando nos llamaste esta mañana para decirnos que debíamos abandonar la Corporación de inmediato y venir aquí, nos asustamos mucho -dijo Bunny mientras le servía una taza de café a su hija.

- Lo siento, pero no había tiempo para dar explicaciones. Cada minuto contaba.

- Bueno, ahora si dinos, ¿Qué fue lo que paso? -preguntó ansioso el Dr Briefs.

- Nunca te comunicaste -añadió Bunny- Nos tuviste preocupados por meses.

- Quise llamarles para decirles que estaba bien, y saber cómo estaban -se disculpó- Pero decidí no hacerlo hasta que consiguiera lo que necesitábamos.

- ¿Eso quiere decir que descubriste donde está el laboratorio? -Bulma asintió ante la mirada atónita de sus padres y la pelinegra.

- Son grandes noticias -dijo Chichi emocionada.

- No fue una tarea fácil -explicó la científica- Los chips localizadores funcionaban a la perfección hasta que 17 lanzaba un ataque, la energía emitida era tan fuerte que dañaba las conexiones internas y detenía la emisión de señales. Casi estaba por rendirme, hasta que mi hija me dio la solución.

Todos volvieron a mirar a la bebé que descansaba en los brazos de la peliazul, junto a Trunks.

- Kaori se apoderó de uno de sus zarcillos, él quiso recuperarlo, pero la bebé empezó a llorar, así que se lo dejo. Cuando se cansó de jugar con el se lo quité y entonces lo comprendí...

- Oro -exclamó el Dr Briefs- Usaste el material para las conexiones.

- Así es. Además, inserté el chip dentro del zarcillo y unos días más tarde se lo devolví como si nada, al día siguiente los androides atacaron una ciudad pero la señal no se detuvo, siguió mostrando su localización perfectamente. Después solo fue cuestión de esperar, como 17 se movía de lugar constantemente, programé la computadora para que recopilará solo los datos de los lugares en los que permanecía por mayor tiempo. Quería estar bien segura de encontrar el laboratorio, así que lo mantuve monitoreado por un mes. Luego analicé los registros obtenidos y ahí estaban unas coordenadas que se repetían una y otra vez.

- Dinos donde esta -pidió emocionado su padre.

- Se encuentra a 39 grados 45 minutos 19 segundos latitud oeste, en unas cuevas que se encuentran en las montañas del sur de la capital del Norte.

La esperanza renació en el rostro de los presentes al escuchar a la peliazul. Ahora la destrucción de los androides, parecía un poco menos imposible y lejana. Era tal la emoción que sentían que comenzaron a pensar en el paso siguiente. Apenas los androides se alejarán del lugar, la peliazul y Gohan entrarían al laboratorio a obtener la información que necesitaban sobre la creación de los androides.

- ¿Por qué no vas a descansar un poco? -preguntó la rubia al advertir el cansancio que empezaba a reflejar el rostro de su hija- Yo cuidaré a los niños.

- No quiero separarme de ellos -dijo en medio de un bostezo la peliazul.

- Entonces te ayudaré a recostarlos, tu habitación esta lista y la cama es suficientemente grande para los tres.

Bulma se despidió y se marchó con sus hijos y su madre. Después de que Bunny saliera de la recámara, la peliazul abrazó a sus dos pequeños, y cayó en un profundo sueño que pronto se convirtió en una serie de recuerdos...

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Ella le estaba dando un baño a Kaori cuando escuchó una carcajada tras de ella. 17 había llegado más temprano de lo usual y entró al cuarto de baño sin que ella se percatara. Verla cubierta de burbujas de jabón a causa de los juegos de la niña en la tina, le resultó muy cómico. Sin detenerse a pensarlo, la peliazul tomó el cuenco con el que enjuagaba a la bebé, lo llenó de agua y se lo lanzó al androide. Este esquivó su ataque y sin dejar de reírse abandono el cuarto de baño.

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Había trabajado en el chip localizador durante la mayor parte del día y el resto se encargó de cuidar a Kaori. Apenas se había sentado a comer algo cuando 17 apareció. Sabiendo que él no tardaría en reclamarla y ya no podría alimentarse, decidió entretenerlo y le propuso jugar un juego. Cada uno podía formularle tres preguntas al otro, la única condición era responder con honestidad. Él se rio al escuchar la última parte, pero accedió a participar.

- ¿Tú querías volverte un androide?.

- Claro, un día desperté con esa idea, fui a buscar a Gero y él se encargó del resto -respondió burlón al darse cuenta que ella solo preguntó lo primero que se le vino a la mente.

- Eres un tonto, ¿tan difícil es decir la verdad? –protestó tras morder el pan con mermelada que tenía en las manos.

- Esta bien Bulma, si quieres saberlo te lo diré -respondió, y sus ojos zafiros se volvieron sombríos- En realidad no tuve la opción de elegir. Cuando el bastardo sin escrúpulos de Gero nos secuestró a mi hermana y a mí para sus experimentos dementes no se detuvo a preguntar mi opinión. No me mires con lástima, eso paso hace mucho... Es mi turno de preguntar.

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- ¿Todavía lo amas? -la cuestionó el androide con algo de impaciencia.

- No -respondió convencida.

- ¿Y porque estás llorando?.

- Si te lo dijera jamás lo creerías... ni siquiera yo misma puedo hacerlo -respondió entre sollozos.

- Dilo entonces -insistió él- Y ya veré que opino al respecto.

Ella lo miró, su corazón latía con fuerza, el pelinegro fijo sus zafiros en ella y por primera vez se sintió vulnerable y tuvo miedo, no de él, sino de sí misma. Estaba aterrada ante la idea de confesarle lo que había descubierto, de decirle que se había enamorado, así que aparto sus ojos de los de 17 y se volvió a mirar la luna que asomaba entre las nubes.

- Habla -la presionó al verla sumida en el silencio.

- Solo pensaba en las posibilidades que existen -dijo mientras luchaba por contener sus emociones- En como la vida a veces juega con nosotros poniéndonos en circunstancias que parecían imposibles... en como el amor puede llegar a ser algo tan hermoso y aterrador a la vez...

- Solo preguntaré esto una vez más, y espero que no vuelvas a mentirme... ¿Lo amas?

Ella comprendió que 17 creía que su discurso anterior era sobre Vegeta.

- No quisiera hacerlo, pero si, lo amo -respondió finalmente, sin sacarlo de su error. Solo a través de una mentira podía confesarle sus sentimientos por él.

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Esa mañana cuando despertó y fue al cuarto de su hija, encontró en la cuna un oso de peluche nuevo junto a ella. Bulma sonrió, el día anterior había sido el cumpleaños de Kaori y ese regalo no podía ser más que de 17. El resto de su día se fue llenando con la rutina de siempre, o al menos eso creía ella hasta que comenzó a limpiar la sala de estar. "Justo cuando creí que no podías sorprenderme más 17", exclamó llena de asombro mientras tomaba la fotografía de ellos tres que estaba colocada sobre la mesa principal, sostenida por una figura decorativa.

"Quien la viera pensaría que somos una familia", pensó al contemplarla. Y después dominada por una súbita y poderosa emoción fue a buscar un marco para colocarla. Esa noche espero a 17 en la sala, cuando él se apareció lo miró y luego dirigió sus ojos hacia la fotografía. Por un breve momento le pareció, que él sonreía como si estuviera feliz.

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Su concentración se rompió cuando escuchó los ventanales superiores azotarse, seguido del llanto de Kaori. De inmediato se volvió a mirar el monitor de la niña, mientras empezaba a guardar las cosas que tenía sobre su escritorio de trabajo lo más rápido posible. Se había hecho demasiado tarde y seguramente el ruido que escuchó antes anunciaba que 17 acababa de llegar. De pronto, su corazón se detuvo cuando en la pantalla del monitor, vio como el pelinegro entraba a la habitación de su hija y miraba a su alrededor como buscándola, después sus ojos se fijaron en la niña que lloraba dentro de la cuna. "Tranquilízate pequeña", rogó sabiendo que a 17 lo ponía de mal humor escuchar el llanto de la niña, y aunque parecía tolerarla más últimamente, aun así no terminaba de confiar en él.

Pero pronto todos sus temores se disiparon, el llanto de la pelinegra se detuvo. Al parecer la presencia del androide había captado su atención y ahora Kaori dirigía sus bracitos hacia él pidiéndole que la cargara. 17 se acercó a la cuna y la miró con curiosidad. Finalmente y ante el asombro de Bulma, tomó a la niña entre sus brazos y por unos segundos ambos formaron ante sus ojos un bonito cuadro. Más tranquila, se dirigió hacia el dormitorio, pero al llegar la niña estaba en su cuna y 17 había desaparecido…

Los sonidos de las explosiones retumbaron en sus oídos, despertándola de inmediato. Tras asegurarse que Trunks y Kaori dormían, Bulma se dirigió adonde provenía el ruido. Desde la puerta de la pequeña sala de estar de la casa, la mujer podía ver y escuchar las noticias que el presentador de televisión daba. 17 estaba atacando los poblados cercanos a la zona boscosa de la capital del Noroeste.

Una sensación de culpabilidad recorrió a la mujer, no había pensado que algo así sucedería cuando el androide descubriera su escape. Lo imaginó furioso y con deseos de vengarse de ella, pero solo reparó en eso. En su afán de huir, nunca le paso por la mente que sin quererlo había condenado a muerte a otras personas. "Perdónenme", susurró en voz casi inaudible, mientras gruesas lágrimas caían de sus ojos celestes.

Septiembre, año 769

Un nuevo día, una nueva oportunidad para matar, para destruir todo a su paso y volcar su odio fuera de ellos. Esta vez los androides se encontraban en un pequeño poblado que encontraron a su paso, en unos minutos habían acabado con todos los habitantes, o eso creían. De entre los escombros salió una niña que por su apariencia debía tener cuatro o cinco años a lo mucho. N°18 sonrió malévolamente mientras la pequeña movía el cuerpo de su madre sin que esta mostrara signos de reacción. Al ver a la joven de cabello rubio acercarse, la niña le pidió ayuda con lágrimas en los ojos.

- Claro que te ayudare pequeña -dijo la androide colocando su mano sobre su cabeza.

- Deja que se vaya -soltó su gemelo al advertir sus intenciones.

- ¿Desde cuándo te preocupan los humanos 17? -preguntó mientras su agarre sobre la niña se hacía más firme.

- Me importan un carajo -respondió él alzándose de hombros, mientras internamente se odiaba por su respuesta anterior- Solo lo decía porque es más divertido dispararles mientras huyen.

- Ya lo escuchaste -susurró la androide al oído de la niña- Corre lo más rápido que puedas.

N°17 observó sin mover un dedo, como su hermana lanzaba algunos rayos de energía cerca de la pequeña quien gritaba de terror cada vez que eso se ocurría, la niña logro avanzar unos cuantos metros más antes de resbalar y caer al suelo, N°18 la miró con fastidio, había arruinado su diversión, así que esta vez le lanzó un ataque que terminó con su vida. Su gemelo fijo su vista en el cadáver que yacía en el suelo, y después advirtió un movimiento tras él. La madre de la pequeña lanzó un grito desgarrador al contemplarla, y fue entonces que el androide se sobresaltó. La tela que cubría la cabeza de la mujer había caído al suelo revelando una cabellera color celeste que le recordaba a la de Bulma.

- Creo que tu diversión no ha terminado -se mofó su gemela, señalando a la mujer.

- No me interesa -dijo él indiferente.

- ¿Estás seguro?, no quiero que después te quejes porque la mate.

- Dije que no me interesa.

- Como quieras -respondió la androide, ultimando a la mujer con una bola de energía- Que humana más estúpida ¿no crees?, si no se hubiera movido no me habría dado cuenta que estaba viva.

- Vamos a otro lado -ordenó él emprendiendo el vuelo.

Mientras sobrevolaba por los poblados destruidos, N°17 rememoró la expresión de la mujer, el temor que se reflejó en sus ojos era el mismo que había visto inicialmente en la peliazul. Pero después, ella lo miraba diferente, de una forma que le agradaba, que lo hacía sentirse distinto. Cuando estuvieron juntos desapareció gran parte de su necesidad de matar, de odiar, se sentía menos solo... pero desde que ella se había ido, se llevó consigo todo eso. Lo único que podía experimentar ahora, era el impulso de acabar con todo a su paso, solo quería destruirla, solo matándola podría calmar su sed de sangre y de venganza.

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Notas de la autora:

Bulma consiguió lo que necesitaba para destruir a 17, y él la odia y desea matarla por haberlo abandonado. Por fin están emprendiendo la recta final del juego, ¿cuál de estos dos podrá lograr su objetivo?...

Nos vemos en el siguiente capítulo ;) hasta entonces…