Disclaimer: Los personajes pertenecen a Takeshi Konomi.


-.-Ryoga-.-

—¿A qué hora te vas? —preguntó Ryoma, con cara de pocos amigos.

—Acabo de llegar —aclaró, Ryoga—. Relájate chibi-suke.

—Deja de llamarme así.

—Aunque hayas crecido, siempre serás chibi-suke.

Che'

Sakuno rió nerviosa.

No supo cómo reaccionar ante la presencia de ambos hombres. Se encontraban sentados en las sillas del pequeño establecimiento, en las inmediaciones del parque central, y sólo una mesa redonda de madera los separaba. Un lugar muy acogedor donde se suponía tendría una cita con Ryoma, que le gustaba más los lugares despejados y sin mucha gente. Al comienzo, pensó que pasarían la tarde sólo ellos, pero llegó alguien de imprevisto en medio de la pacífica cita.

Ryoga.

Al parecer, el muchacho los había encontrado de casualidad mientras paseaba por la ciudad, y al verlos, saludó a Ryoma en una actitud amigable. Sin dejarlo responder, se acercó rápidamente hacia ellos, tomó una silla de al lado, y se sentó sin vergüenza en su mesa. No supo de quien se trataba, pero bastó verlos juntos para notar el parecido sorprendente entre ambos. Sus sospechas fueron ciertas cuando Ryoma, a regañadientes, lo presentó como su hermano.

Como él mismo se anunció, compartía el apellido Echizen, tenía veinticinco años, y que era un alma libre que gustaba de viajar por el mundo. Enfatizó, que estaba muy complacido de conocerla porque Ryoma no contó nada acerca de la persona con quien salía. Bromeó que hizo bien en seguirlo para que así dejara de tenerlo en el anonimato, y que no sintiera vergüenza de su "oni-san".

En ese momento, Ryoma lo invitó a retirarse.

No iba a negar que se sintiera abrumada por su fuerte presencia, que en comparación con su novio, parecía ser extrovertida. Sin embargo, había un punto muy parecido, y es que no sería miembro de la familia Echizen, si no hablara de tenis con la misma pasión como si hablara de una amante.

—¿Y los crepes que ibas a comprar? —preguntó, Ryoga.

—No voy a comprar nada —contestó Ryoma, irritado.

—Mira que es tarde, y Sakuno-san debe tener hambre.

—Bueno, yo no… —dijo dubitativa. Viró hacia Ryoga que parecía decirle algo con los dedos, pero se hizo el desentendido cuando Ryoma lo miró—. N-No me caería nada mal…

—Te lo dije. No debes hacer esperar a una dama —agregó.

—Ok —suspiró, Ryoma. Se levantó de la silla, se dirigió a Ryoga, y advirtió—: Si le dices algo…

—Descuida. Sólo hablaré de mis viajes que no quieres escuchar —se defendió.

—Gracias Ryoma-kun —mencionó, Sakuno, sutilmente.

—Yo quiero uno con sabor a naranja.

Notó que Ryoma se crispó por el pedido de su hermano, pero igual siguió su camino hacia el puesto de crepes. Se movió incómoda en su silla, tratando de asimilar que se quedó sola con el muchacho, aún sin conocerlo totalmente. Sintió que hizo lo correcto, la seña que le hizo fue peculiar, y con toda la intención de querer decirle algo.

Lo vio cruzarse de brazos sobre la mesa, y en un suspiro, comenzó a hablar.

—Ryoma ha madurado mucho —comentó—. Gracias a las personas de su antigua escuela por ser sus amigos, y bueno, en tu caso, por convertirte en su novia. —Le sonrió.

—¿Es lo que quería decirme? —preguntó, curiosa.

—Además, es por algo que quería compartir contigo. —Se rascó la nariz—. Seguro no habrás escuchado de mí. —Recibió una negativa por parte de Sakuno—. Eso pensé.

—No creo que lo haya hecho adrede —agregó, afligida—. Tal vez no llegó el momento.

—Tal vez, pero cuando sepa que te diré esto, seguro me golpeará —se rió.

—¿Sucedió algo malo entre ustedes?

—Digamos que en parte sí —murmuró. Se acomodó el cabello—. Verás, cuando era un niño llegué a casa de nuestro padre Nanjiroh, pero por algunos asuntos legales, perdió mi custodia, y ya no pude vivir más con él.

—Entonces, vivieron juntos —se sorprendió Sakuno, por la confesión de Ryoga. Nunca se lo hubiese imaginado.

—Vivimos poco tiempo en la casa que tuvieron en Estados Unidos —comentó—. Si hubieras visto a Ryoma a esa edad —sonrió ampliamente—. Era un pequeño niño que me seguía a todos lados, jugábamos, hacíamos travesuras por la casa. No podía sujetar bien la raqueta, y siempre perdía contra mí; a pesar de eso, ponía todo su empeño en aprender, con el sueño de vencerme algún día.

—E-Es bueno saberlo. —Sakuno estaba a punto de morir de adoración.

—Pasé entretenidos días conviviendo con él y obtuve buenas memorias, hasta que… —suspiró—, hubo este problema de la separación. Fue tener un hermano un día, y perderlo al otro.

—P-Pero no fue su culpa… fue…

—Ahora lo entiendo, pero el inconveniente es que no le expliqué por qué me fui —agregó, agobiado—. Pensé que Ryoma era muy pequeño para enterarse los pormenores de mi ausencia. Si le decía la verdad, la despedida hubiera sido más dura para ambos.

Sakuno sintió que se le estrujó el corazón.

Escuchó cada palabra de Ryoga, expresando arrepentimiento con respecto a lo sucedido tantos años atrás; como si fuera un círculo sin cerrar. Comentó que le era difícil simplemente acercarse a Ryoma, comenzar una conversación que no fuera sobre tenis, y disculparse. Nunca tocaron ese tema durante tantos años, que parecería ilógico y loco que se hablara con él de esa razón. Era un miedo interno después de todo.

Se sintió feliz por conocer más de Ryoma, información que difícilmente hubiera llegado a sus manos; pero, al mismo tiempo le invadió pena por Ryoga que no podía encontrar el momento adecuado para disculparse.

—Si tú pudieras intervenir…

—No. Me niego —refirió Sakuno—. Debes hablar con Ryoma-kun personalmente.

—¿Acaso no me escuchaste?

—Lo hice, por eso le aconsejo —comentó—. Tiene que ser usted quien se lo diga. Más que las palabras de disculpa, son los sentimientos que le ponga. En ese momento, sabrá llegar a Ryoma-kun. —Parpadeó para que los ojos no se le humedecieran—. É-Él sabrá escucharlo.

—Tal vez… lo haga…

—Mou… ¿dónde quedó su seguridad? —cuestionó—. Hágalo.

—¡Sí!—Hizo un ademán un ademán con la mano en la frente, como si se dirigiera a un oficial.

—D-Disculpa —corrigió. Jugó con las puntas de sus trenzas, nerviosa—. N-No quise decirlo de esa manera.

—Te comprendo —rió entre dientes—. Sakuno-san, ¿puedo pedirte algo?

—¿Q-Qué?

—Cuida de él —dijo en una media sonrisa—. Te encargo mucho a Ryoma.

Movió la boca para contestar, pero hizo lo contrario, y lo cubrió con ambas manos. Hizo un ademán de aflicción y no pudo contener las lágrimas que amenazaron con escapar hace mucho, incluso cuando le contaba acerca de su niñez. Aunque pareciera relajado, un 'alma libre' como se calificó; Ryoga resultó estar muy preocupado por su hermano menor.

No pudo contener su llanto de alegría.

—No, espera, ¿por qué lloras? —Se desesperó Ryoga—. Si llega chibi-suke y te ve llorar…

—Gracias —pronunció. Con ambas manos sobre la mesa, prosiguió—: Gracias por confiar en mí.

—No tienes porqué llorar, si no Ryoma me matará. —se rascó la cabeza nervioso—. Pensé que era lo correcto. —Le guiñó un ojo y añadió—: Te convertirás en mi cuñada algún día, ¿cierto?

Se sonrojó de inmediato.

Iba a tartamudear algo sin sentido, cuando ambos voltearon hacia la voz de su novio que llegó con los tres crepes en mano. Con un tic en el ojo, se dirigió a Ryoga de inmediato.

—¿Me puedes explicar qué le hiciste?

—N-Nada —se defendió Ryoga—. S-Sólo conversábamos de… ¡política!, ya sabes cómo está la situación del país.

—Humm, ¿y está llorando por una pelusa en el ojo? —comentó con sarcasmo.

—Estoy bien, Ryoma-kun —intervino. Se limpió algunas lágrimas con el dorso de la mano—. Me contaba de sus viajes, y pues… me puso un poco sentimental.

—Sakuno-san tiene razón —insistió.

Che'…

Obvió la maldición de Ryoma entre dientes porque si el hermano mayor insistía en justificarse, sería peor arreglar la situación. Tratando de ocultar las lágrimas, su novio le pasó un pañuelo para que se limpiara. Le agradeció la comprensión y el crepe de fresas que le trajo.

—Toma esto y deja de molestar. —Ryoma le pasó el crepé a su hermano.

—Pero es de fresa… —se quejó al ver el relleno del postre—. Cuando pasé por ahí, había de naranja.

—Debiste comprarlo tú mismo.

—Sakuno-san —llamó, Ryoga en voz sospechosa—. Para cambiar el tema de conversación, aquí tengo fotos de chibi-suke cuando era pequeño. Con gusto te las mostraré.

—¡¿Qué?! —se sorprendió Ryoma.

—Pero si te veías muy adorable.

—¡No te atrevas!

Sakuno rió.

Sentía que estaba más cerca de Ryoma.

-Fin-


N/A: Espero que les haya gustado :'D. Gracias a todos por sus lindos comentarios ;)