Falsos juramentos
Teman; muggles y magos, muchas cosas sucederán, cuando el reinado de Voldemort se vea cercano. Harry y Draco descubrirán su madurez y su pasión al intentar derrotarlo.
R
Slash m/m
Harry/Draco
Nota: Estoy pensando en actualizar los miércoles (Como lo he hecho) y además los sábados, porque me mudaré de ciudad y es mejor que termine ésta historia antes. Para eso, manden sus reviews lo más pronto posible. Si no me mandan sus comentarios, me niego a seguir escribiendo.
Agatha-NecroPrincess: Ahh, cuánto ánimo me das... pero... me gusta ser tan mala. Ehh...lamento decirte que yo no odio a Ron, me gusta mucho ^^; eso del rechazo...lo pensaré bastante. El beso vendrá después.
Bunny1986: Muchas gracias ^^
Gabriela: No entendí nada de lo que intentaste decir en "ohh! muy bello l cap! o sea, a mi si me gusto aunq la forma q scribs me haga pnsar 1 toq ¬¬u", te explico...sí, Harry tiene que decidir si Draco pasa a Gryffindor...y si es más peligroso o no...eso lo veremos pronto. Un beso GaB
Lanthir: ¡Me has descubierto! Sí, me encanta dejarlos picados y ese placer perverso se incrementa con cada capítulo xP Muchísimas gracias
Loka_Park_Felton: Mucha suerte con tus pruebas, cuando vuelvas a entrar seguirán las actualizaciones ¿Vale? Un beso
MoOny GiRl: Pues…es que jamás había visto a alguien que tuviera tantas posibilidades de Yaoi, digo ¡Hay tantos con los que se puede quedar Harry! No te deprimas, ánimo, que no soy tan mala ;)
Nota: Estoy pensando en actualizar los miércoles (Como lo he hecho) y además los sábados, porque me mudaré de ciudad y es mejor que termine ésta historia antes. Para eso, manden sus reviews lo más pronto posible. Si no me mandan sus comentarios, me niego a seguir escribiendo.
Un beso de,
Nabichan Saotome.
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Capítulo 10. El primer día de clases
Paso a paso; intentando convencerse de que lo que le estaba sucediendo justo a él, no estaba ni remotamente cerca de ser un sueño; se aproximaba al cuarto de chicos de quinto curso, con facciones casi cómicas, encerradas en incomprensión y sorpresa de un joven de escasos quince años cuyo destino había sido cambiado al de un Ex-Slytherin. Todo estaba confuso, totalmente fuera del lugar indicado por las reglas básicas de la razón, era tan claro lo que estaba sucediendo que lo cegaba y lo hacía ver bruma y sueños en lugar del prometido albor. Abrió la puerta, quedándose en el marco, totalmente estupefacto con la elegante habitación que se encontraba en penumbras ante sus ojos, a excepción de la chimenea ardiendo, cortando y matando cada partícula de madera hechizada. Era circular, realmente amplia. Cinco camas, cada una con dosel color escarlata, que cubría el interior e impedía la vista. Cuadros, bordeando la docena. Cuatro de ellos, reflejaban el año escolar terminado, siguiendo el periodo en el que Harry se encontraba junto con sus amigos, los que seguían considerando un gran honor hallarse con el popular chico, no por su fama, sino por la clase de persona tan maravillosa que resultaba ser. Opinión, que indudablemente, Draco compartía.
Una mano en su espalda lo hizo volver a la realidad.
-Estarás bien...- intentó animarlo, a lo que el otro sonrió tontamente y dio el siguiente paso. Al momento de entrar, una energía renovada recorrió su interior. Era un Gryffindor ahora.
Con cada paso intentaba meterse a la cabeza la verdad sobre su presente, aquél que jamás imaginó tener.
¿Alguien le había preguntado si era lo que deseaba? Claro que no. Pero si lo hubieran hecho, su respuesta sería afirmativa, después de todo, todo lo que buscaba para completar sus planes estaba ahí: Harry Potter.
Dejaron los tres baúles al lado de la cama asignada. La jaula vacía en la mesa junto a la ventana.
El trío de chicos, se miraron durante instantes, formando un triángulo. Un pequeño codazo fue colocado con precisión en las costillas del pelirrojo, alentándolo a decir algo, después de sobarse ligeramente el costado lastimado.
-Eh...yo...- inclinó la cabeza casi imperceptiblemente, haciendo un gran esfuerzo. Miró de reojo a Harry y suspiró, recordando que le había prometido "intentar" comportarse tolerante con Malfoy. -Bienvenido a Gryffindor- subió la mirada y se encontró con algo que lo hizo retroceder un poco... ¿Agradecimiento? -No creas que lo hago por ti...- dijo tajantemente. -Lo hago por Harry- Ron aprendió a mirar de arriba hacia abajo.
-Pues gracias, de parte de Harry...-
-Cálmense- El trigueño de ojos verdes estiró el cuerpo entero, un poco cansado, tantas emociones acabarían con él físicamente. Les dio la espalda y se dirigió a su cama, de al lado de ella, donde se encontraba su baúl, sacó el pijama blanco.
Ambos seguían mirándose con todo el odio posible. Draco con la mano derecha en el bolsillo, tomando la varita, esperaba el momento en que Ron lo provocara y tuvieran que enfrentarse. Sin embargo, el cuerpo del Gryffindor que se cambiaba atrajo toda su atención.
Harry se quitó el suéter escarlata; aquel con el que sus principales admiradores opinaban se veía más que perfecto; tomándolo desde los costados, arrastrando por unos centímetros la camisa debajo; lo dobló en forma arreglada y continuó su trabajo tras dejarlo en la cama, de espaldas a ambos. Desabotonó la camisa con maestría y la dejó caer al suelo al quitársela, antes de recogerla y acomodarla de la misma forma que el suéter. Tomó la camisa del pijama blanco de seda. Lenta y sensualmente deslizó la delgada tela sobre su piel canela y la abotonó. Ron había desviado la mirada de Draco, al mismo tiempo en el que él se la retiró. Había cosas más interesantes que ver, que pelear absurdamente. Draco estaba estupefacto ante el perfecto cuerpo de aquél Gryffindor, que con total confianza se cambiaba de ropa. Harry se deshizo de los zapatos, empujando cada uno con el otro pie; el ruido de la bragueta llegó hasta los oídos de ambos espectadores extasiados. Se dio la vuelta, quitándose los pantalones. Sin embargo, el espectáculo de semejante cuerpo fue breve, porque pocos instantes después el pantalón del pijama ya estaba en su lugar. Volteó a ambos, con el brillo propio tan característico de su mirada.
-....- fue lo único que sus espectadores dijeron al observarlo directo a los ojos.
-¿Qué, qué sucede?- pronunció, con curiosidad y una pequeña sonrisita en los labios.
-Nada, nada, Harry-
-Sí, exacto- Estaba más confundido que antes de la afirmación de Draco.
-Eh...si ustedes lo dicen- recogió el pantalón del suelo y lo dobló de forma adecuada, tomó la otra ropa de la cama; dejándolos sobre el baúl para que el día siguiente fuesen llevadas a la lavandería. Miró a Ron, observando en su mirada un dejo de nostalgia, de un corazón roto. Iba a decir algo, en el momento en que una lechuza, color plateado entró por la ventana. Draco la observó con sorpresa y desgano. Alzó el brazo izquierdo, ofreciéndole una mueca poco agradable. Sin embargo, fue ignorado por completo, pues la lechuza se colocó frente a Harry, esperando que la recibiera. -Hola- sonrió y le ofreció el brazo, a lo que la lechuza ululó y se erizó felizmente por recibir una caricia antes de que el mensaje fuera recogido. -Llegaste muy rápido...- Lo desenrolló, dejando que aquella mensajera se colocara en su hombro.
"Harry:
Todo debe estar muy tenso allá por lo que me has contado. Estoy muy cerca de los terrenos de Hogwarts, por si algo más sucede o quieres mi ayuda.
No sabes cuánto agradezco que tu viaje a Hogwarts haya sido antes de tiempo, incluso antes de los de primer curso...sé que suena cruel pero es que no soportaría perderte. Eres como un hijo para mí.
Pero, ¿Permitirías que fuera como un padre para ti?
Salúdame a todos. A Ron, Hermione, Remus, Dumbledore... Ese Draco, ¿Es el heredero de los Malfoy, del que tanto me has hablado? Si es así, es mejor que te cuides, no fíes de alguien que te ha maltratado por tanto tiempo ¿Está bien? Ni siquiera porque esté agonizando bajes las defensas. Te mando un beso.
PD: Conociéndote, querrás entregarte a manos de Voldemort. Ni se te ocurra.
Te quiere,
Hocicos."
¿Por qué no podía entregarse? Al fin y al cabo, era lo que quería Voldemort, era aquella obsesión enfermiza que terminaría con sus amigos antes de con él. Jamás le había importado su vida, hasta entrar a Hogwarts, pero ahora que estaba ahí, dudaba de querer seguir. Era mejor cuando no había nadie junto a él, cuando si le pasaba algo a él nada importaba, cuando sólo lo podían lastimar a él y a nadie más. Pero ahí, estaba rodeado de amigos, que morirían, se dejarían torturar y matarían con una palabra suya.
Y ahora no sólo eso, no sólo tenía que proteger a sus amigos, compañeros, conocidos y hasta enemigos... sino también a toda la comunidad mágica y no mágica. ¿Qué clase de vida podía ser esa?
Esa, era la que él había escogido y jamás cambiaría.
Pronto, los tres fueron a dormir, cada uno, inmerso en sus pensamientos. Rea, aquella lechuza plateada, pertenecía irónicamente a Draco Malfoy, que esa madrugada apenas si pudo estar tranquilo.
***
Sin embargo, no sería una mañana quieta para ninguno.
Empezando por la palabra de alto rango y plática desde hacía tiempo: Celos. Lo más extraño, es que ahora no los reflejaba Draco, ni siquiera Ron; al verse desplazados por el otro en cuanto a amistad se trataba, respectivamente. No. Era Hermione.
-¿Hermione?- la mayoría de los Gryffindor se encontraban alrededor de ellos, apenas eran cuarto para las ocho. Draco y Ron se observaron mutuamente antes de virar la cabeza hacia Harry, sorprendidos por lo que sucedía.
-¡Déjame en paz!- exasperó y gritó aún más. -¡¡Me tienes harta, Harry Potter!! ¡Todos los días pavoneándote como si en realidad fueses Dios! ¡No te soporto!- la razón era la placa de prefecto que su amigo traía en el pecho, sobre la túnica. La había recibido apenas diez minutos antes e inmediatamente después de ponérsela, los gritos de su amiga habían llamado a todos, con casi la fuerza de un vociferador. -¡¿No sabes cuánto luché por esa placa que tú traes sólo por ser famoso?!-
-Pero...- intentó tomarla del brazo para tranquilizarla, pero lo que sucedió después lo dejo anonadado.
-¡Déjame!- una fuerte bofetada dio justo en su mejilla derecha. Harry se sostuvo mentalmente, no podía estar sucediendo todo eso. -¿Cómo puede ser? Veo que has engañado a todos con tu fama...incluso...- lágrimas. -Incluso alguien de tus mejores amigos se enamora de ti y tú ni en cuenta ¡Idiota!- iba a repetir la dosis de agresividad, pero la mano del Gryffindor bloqueó el golpe.
-No entiendo...-
-¡Tú no entiendes nada!- se soltó, llorando desconsoladamente y salió de la sala común, lugar donde instantes antes habían reinado los gritos y ahora el silencio cubría el ambiente. Pero no por mucho tiempo.
-¡Malfoy!- Seamus se adelantó, señalándolo despectivamente. -¡¿Qué diablos haces tú, aquí?!- gritó, con más seguridad de la que en realidad sentía. Harry estaba paralizado.
-Lo que pasa es que...- intentó explicar, pero no sirvió de nada, pues la discusión empezó. Ron se mantuvo en silencio, mirando a Harry de frente, quien estaba totalmente paralizado por lo sucedido. Todos los demás rodearon a Draco, con réplicas y dispuestos a cobrar los insultos de tanto tiempo. Potter conforme el paso de los segundos fue reaccionando.
-Basta...- susurró. -Basta- utilizó un tono más fuerte, pero no lo suficiente como para que entre tanto grito se escuchara su súplica por un poco de paz. -¡¡¡BASTA!!!- apretó los puños, todo se hizo silencio. El ambiente, para aquellos que habían discutido se volvió sofocante, tiraron las varitas al suelo, el calor comenzó a abrumarlos por el oxígeno faltante. Pero la ira de Harry pasó muy pronto y todo volvió a la normalidad. -Veinte puntos menos- susurró. -Por no hacer caso- continuó. -Si los quieren de vuelta será mejor que se apresuren al Gran Comedor- Se agacharon por las varitas y no tuvo que decírselos dos veces, porque salieron inmediatamente de la sala común. A excepción de Draco y Ron. -Hermione está... ¿Enamorada...de mí?-
-Vamos, Harry, no te angusties...- Draco lo sacó de su trance, dándole apoyo al colocar la mano derecha en el hombro de su amigo.
-Malfoy tiene razón, no te preocupes, se le pasará...sabes que ella es muy celosa en cuanto a sus estudios y no soporta que nadie le gane...- El pelirrojo no percató la mirada que le dirigió Draco, al estar absorto con Harry. Tendría que hablar con él muy pronto para explicarle lo de Hermione. -Vamos, después de desayunar tenemos clase de Herbología con Ravenclaw...-
-Está bien, chicos- el trío salió felizmente de la sala común, rumbo al Gran Comedor. Sin embargo, la mente de Harry seguía divagando, pensando en Hermione y en lo que le había dicho.
***
Todo el alumnado de Gryffindor viró hacia los tres chicos cuando entraron. El prefecto entre ellos, los miró con desaprobación, a lo que todos le sonrieron nerviosos y siguieron platicando entre sí, esperando el momento en que la comida apareciera en los lujosos y grandes platones. Tomaron sus lugares en el Comedor; ante la sorpresa de todos los que no pertenecían a Gryffindor, Draco vestía el uniforme de su nueva casa.
-Por favor, atención- todo el alumnado viró hacia el Profesor Dumbledore, que de pie, no perdía de vista a Harry y a sus amigos aunque fuese de reojo. -Tenemos cambios muy importantes en todo nuestro colegio. Harry, por favor, ponte de pie...- un poco confundido, éste lo hizo así. -En primer lugar, quiero informarles acerca de lo que sucedió ayer con nuestros alumnos de primer curso. Voldemort atacó el expreso media hora antes de que llegasen, y gracias al aviso del joven Potter pudimos saberlo lo suficientemente pronto como para mandar a los aurores y salvar la mayoría de las víctimas. Lamentablemente, cuarenta y uno de aquellos que pelearon, entre ellos siete de nuestros niños, cayeron muertos. Por lo que les pediré guardar absoluto silencio durante el desayuno, en respeto a ellos. Por decisión de sus padres, no vendrán a Hogwarts, hasta que todo esto pase. No es sólo eso lo que tengo que anunciar. Como verán en la mesa Slytherin, faltan tres alumnos en sus respectivos lugares: Los jóvenes: Crabbe, Goyle y Malfoy. Por una pelea, durante el desastre de ayer; los dos primeros fueron expulsados por un mes, si su comportamiento mejora serán aceptados. Si no es así, tendrán que seguir fuera de la escuela. El tercero, por motivos personales y méritos propios, desde hoy, no será encontrado ya en Slytherin...se ha trasladado a Gryffindor, así que espero sean amables con él...- toda la escuela se fijó en la última casa a la izquierda del salón. El silencio y los murmullos fueron los primeros en presentarse. -También, el joven Potter, desde el día de hoy se ha convertido en prefecto y no espero de él menos que una buena diligencia, que ha demostrado tener para toda la escuela. Tiene el privilegio de controlar a todo Hogwarts y bajar cuantos puntos crea conveniente, es aconsejable que estén con cuidado con su nuevo prefecto...- Harry se sonrojó por completo. -Cambiando de tema, a pesar de lo sucedido, los que quieran ir a Hogsmeade, podrán hacerlo. Pero fuertemente custodiados y con la autorización firmada por sus padres o tutores, claro está...- La mitad del alumnado se encogió de hombros, sabiendo que conseguir una autorización de sus padres sería imposible. -Bien, después de todos estos puntos aclarados, el desayuno puede comenzar. Ah, y que tengan un excelente año escolar. Harry, ¿No quieres venir con nosotros a comer?-
-No profesor, muchas gracias. Estoy bien aquí-
-Sabía que dirías eso. Bien. Buen provecho- dio una palmada y la comida apareció en los grandes platones. Harry se sentó, aún inseguro del porqué del trato tan amable con él. Su mirada quiso fijarse en Hermione, que al percatarse enfureció por completo y lo ignoró.
-Algo me dice que será un día difícil...realmente difícil...- pronunció Harry, virando a Ron, que aunque pensaba lo mismo, intentó reanimarlo.
***
Lamentablemente, Harry estaba en la razón.
En primer lugar, toda la casa Gryffindor, a excepción de Ron [Que intentaba no decir nada al respecto] y él, tenían un gran desagrado por Draco. Durante Herbología, donde empezaban a identificar las herbáceas tóxicas y las inocuas, así como sus usos mágicos; más allá del envenenamiento, como las cualidades curativas, en mínimas cantidades; tuvieron que hacer equipos de seis personas, y considerando, que Hermione no les hablaba en lo más mínimo y que nadie quería acercarse a Draco, llevaban las de perder. Por lo menos, hasta que Harry hizo uso de su persuasión, no sólo como prefecto...al final, Neville, aunque tembloroso, así como Seamus y una Ravenclaw, cuyo nombre jamás pudo memorizar Harry, pero sí saber que sentía una fuerte y notable atracción hacia él; hicieron el trabajo de cortar unas flores parecidas a la azucena sin que la savia salpicara en lo absoluto sus manos; para lo que tuvieron que auxiliar a Neville, alejándolo lo más posible de ellas. Lo segundo, estaba por pasar.
Harry aún se preguntaba porqué estaban en Adivinación ese año ¿Acaso no aprendían que Sibyll Trelawney, por más que pasaran los eones, sería la misma y su clase igual de tediosa y absurda?
En aquella habitación, que era un vago intento de algo entre ático y salón de té, escuchaban de forma monótona, a punto de dormirse, la explicación de la profesora Trelawney sobre quiromancia.
-La quiromancia...como recordarán desde el primer curso queridos niños, es el arte...el extraordinario don de interpretar la personalidad y predecir el futuro a través de la lectura de la mano. Ésta práctica era común entre los egipcios, los hebreos, los asirios. Se fundamenta en los montes de la mano, las líneas que surcan la palma y los dedos. No habíamos adentrado mucho en ésta forma de adivinación tal vez porque es una de las más complicadas y requiere de una gran madurez y precisión... Ahora que finalmente estamos en el quinto curso, mis niños... podemos hacerlo. La mano izquierda refleja las cualidades innatas y la derecha las características adquiridas. Cada monte indica un determinado rasgo de...- Ron se recargó en el hombro de su amigo, hundiendo la nariz en la túnica Hogwarts para desaparecer el aroma tan adormecedor como esa voz que iba y venía a cada instante.
-Mátame- alcanzó a susurrar, a lo que cómicamente Harry tomó un cojín que llevaba cerca de veinte minutos en el suelo y le dio en la cabeza con cuidado de no hacer alboroto.
-Estás muerto-
-Gracias- Minutos después, a punto de morir de aburrimiento; Harry sostenía a dos de sus mejores amigos que recargados en sus hombros se miraban todavía con resentimiento. Sin embargo, la cosa empeoró cuando Sibyll, que se hallaba relatando el arte de la quiromancia y su complejidad de pie y dando vueltas por el salón, tornó a él y le tomó la mano izquierda. Por la impresión se levantó bruscamente y sus dos amigos cayeron hacia atrás a sus respectivos sillones, golpeándose la cabeza ligeramente.
-Les dije que ambos sufrirían un accidente- los miró y nuevamente puso atención a Harry. -Bien...mi niño...hoy nos ayudarás a demostrar las cualidades de la quiromancia-
-Te apuesto dos galeones a que le predice la muerte- comentó Ron al rubio, que inmediatamente aceptó.
Harry fue prácticamente arrastrado al centro del salón, obligado a sentarse en flor de loto y aceptar las predicciones de la profesora Trelawney.
-Acérquense todos...todos...eso es....Cuidado con el sillón, Neville. Te dije que tuvieras cuidado. Aparten todo y siéntense en el suelo...- Pronto, toda la clase estaba alrededor de Harry y la profesora, con Draco y Ron en primera fila. -¿Ven el monte de Venus?... en él podemos ver...- sin embargo, su explicación dio un giro exuberante, que casi ninguno entendió. Se concentró leyendo la línea de vida de Harry, sin que éste se lo pidiese. Recorrió en completo silencio cada marca, cada línea. -Curioso...muy curioso. Si ustedes pudiesen ver lo que yo...por ejemplo... ohhhhh... vaya...vaya...veo que el joven Potter tendrá varios romances éste año...-
-¿Qué?- Harry abrió los ojos al máximo. -¿Romances?- sin embargo fue completamente ignorado. Varios murmullos empezaron a hacer más pesado el ambiente. Algo golpeó su corazón fuertemente, el presentimiento de un descubrimiento nocivo.
-No....No puede ser...alguien te traicionará...alguien que quieres mucho...y eso...- por primera vez desde hacía meses, la profesora lo miró directo a los ojos. -No mi niño...no puedo decirte nada más...- ni un ruido se escuchaba en el aula, más que las dos voces en el centro.
-¡¿Qué?! ¿Qué sucede?-
-Éste año morirás...en manos de...un traidor entre tus amigos...- Ron y Draco se miraron mutuamente. El aludido sacudió la cabeza, con los ojos nublados; totalmente escéptico.
-No... ¡Es imposible!- Harry quitó la mano y tomando sus cosas de la mesa circular donde minutos antes estaban sentados salió furiosamente del aula, con sus mejores amigos tras él. Todo el mundo se le vino abajo con aquella predicción. Sabía que Sibyll Trelawney era definitivamente una charlatana para la adivinación; y que el futuro no podía estar escrito. Pero escuchar que sus amigos lo traicionarían era ser consciente de una posibilidad que jamás había considerado.
-¡Harry!- aceleró el paso, intentando dejar a ambos perseguidores atrás, lamentablemente para ellos, era demasiado rápido, por estar acostumbrado a las persecuciones, a huidas, a la búsqueda que dependía de unos segundos. -¡Harry!- Ron corrió un poco, deteniéndose a los pocos segundos, quedando a dos metros de su amigo. -¡Harry! ¿Ya no me quieres, ya no somos amigos?- Harry se detuvo en seco. Ron se acercó unos cuantos pasos. -Los amigos no se traicionan...-
-Weasley, tiene razón, Harry. Trelawney está loca si piensa eso...- Harry se acercó a la pared más cercana, mirándolos fijamente. Weasley se acercó lentamente, temiendo que corriera otra vez. Lo abrazó con ternura e hizo una señal a Draco para que se aproximara. Los tres quedaron abrazados por largos segundos, antes de que la hora de clase terminara. -¿Sabes, Weasley? No eres tan desagradable como me esperaba...-
-Y tú, Malfoy...me parece que si te esfuerzas hasta podrías simpatizarme...- ambos rieron, contagiando a Harry segundos después. Los tres dejaron aquella desagradable experiencia atrás y siguieron su camino, hacia la clase de Historia de la Magia.
El dolor y la desconfianza, habían desaparecido.
***
Durante la comida, Harry, Draco y Ron no dijeron ni una palabra acerca de lo sucedido en la mañana, de vez en cuando, el primero platicaba ciertas cosas sobre quidditch, como que las bludger esto o los pases lo otro, o que no sabía cómo manejar a los chicos. El segundo, muy a desagrado de los otros dos, se entretuvo criticando a las personas a su alrededor.
-Draco...deja esos comentarios...- empezó Harry, defendiendo a un chico de primer curso, que a parecer de Draco, no era digno de estar en Hogwarts.
-¡Oye! Pero si es la verdad...si yo fuera él...-
-¡Ya Malfoy!- se hartó Ron, golpeando con dureza la mesa y derramando un poco de agua en el hecho.
-¿Quién te crees como para mandarme, Weasley?- estaban sentados junto a Harry, Ron a su derecha, Malfoy a la izquierda.
-¡Basta los dos! Vamos a clase...- ambos, sabiendo que en esas circunstancias, era mejor no hacer enfadar a Harry, dejaron de discutir. Se levantaron, sin siquiera terminar de comer y lo siguieron con pasos apresurados. Su clase: Cuidado de Criaturas Mágicas. -Me pregunto qué animal "pacífico" nos presentará Hagrid el día de hoy...-
-Me conformo con que esté encerrado y lejos de mí-
-Ron, sabes que eso es imposible...- salieron del castillo, rumbo a la cabaña, donde un muy feliz Hagrid esperaba a su clase de quinto año con una gran sorpresa.
-Lo sé, pero déjame soñar...-
-Una cosa es soñar, y otra muy distinta es pedir milagros...- Harry se acercó a Hagrid felizmente dejando a ambos atrás. El semi-gigante lo recibió con una gran sonrisa en tanto arreglaba unas plantas extrañas, que el trigueño hubiera jurado eran carnívoras. -¿Y bien, Hagrid? ¿Qué nos mostrarás el día de hoy?-
-Es una sorpresa...ya lo verás muy pronto y recordarás viejos tiempos...- un poco confundido, el chico regresó con sus amigos.
-Algo malo va a pasar...- y no se equivocaba del todo. Tras cinco minutos más, todo Gryffindor y Slytherin estaba frente a la cabaña, esperando la gran sorpresa. Nadie, de cualquier ángulo que se le viese, pudo contener el terror de lo que fue presentado. Una criatura, de tal vez cinco metros de altura, incluyendo la envergadura de sus patas, salió de atrás de la casa, haciendo temblar la tierra a su paso. Hagrid mostró su mejor sonrisa, mirando a Harry casi sollozando de la felicidad.
Ron, estaba petrificado. Draco...estaba tal vez igual. Sin embargo, Ron fue, al encontrar refugio, el más inteligente y rápido...sin mencionar aprovechado; porque abrazó a Harry de la cintura, por atrás, halándolo sólo un poco a retroceder mientras hundía la cabeza en su cuello, pidiendo protección. El único que estaba en su lugar y curiosamente, hasta enfrente, era Harry...que sintió cómo se le doblaban las piernas como aquella vez...si salía vivo de esa, mataría a Hagrid.
Malfoy torció una mueca celosa, al mirar cómo Harry protegía a Ron, abriendo los brazos en forma horizontal, para demostrar que no dejaría que le hiciera daño alguno a su amigo... él se le hubiera lanzado encima para lanzarle un hechizo y alejarlo de Harry, sino fuera porque aquella cosa, empezó a hablar y llamó su atención.
-Amigo de Hagrid...nos volvemos a ver...- un poco inseguro, el nombrado, bajó los brazos y colocó una pequeña sonrisa.
-Ho...Hola Aragog...hace mucho que no nos veíamos...-
-Vamos, no tengan miedo. No les va a hacer nada ¿Verdad, Harry?-
-Ehhh...claro-
-Bueno, tú que has tenido más contacto con Aragog... ¿Podrías decirnos algo sobre su especie?- tembloroso, casi desmayándose por los recuerdos que de pronto lo asaltaron, asintió y dio un paso adelante, arrastrando el peso de Ron, que se sostenía de él como si fuese su salvavidas.
Harry dio una breve explicación, en tanto no daba ni un momento la espalda a Aragog, la acromántula... Todavía no olvidaba que durante su segundo curso, quiso comérselos; a él y a Ron. Por suerte, la clase terminó sin problemas más que uno: Draco.
Mientras caminaban al castillo, Ron y Harry iban riendo, el primero todavía sosteniéndose de su amigo, pero ésta vez sólo tomándolo del brazo mientras bromeaban sobre la acromántula.
-Pues no parecía tan voraz hoy...-
-Sí...tal vez porque Hagrid se lo pidió. ¿Recuerdas esa vez? Vaya que corrimos...-
-Jajajaja ahora que lo dices....es gracioso jajajaja...-
Draco estaba furioso, aunque ninguno de los otros sabía el porqué. Pero lo que hizo, era algo que no toleraba el Gryffindor, que jamás le perdonaría...la amistad que tanto esfuerzo estaba costando pendía de un hilo con una hoguera debajo. Entre sarcasmo y comentario hiriente, con ademanes que demostraban lo celoso que se encontraba en esos momentos, habló, con la mirada fría, grisácea...terriblemente...celosa.
-Sí, pero si no tuvieras a Harry cerca... "¡Aaaaay no....qué horror! ¡Una araña, quítenmela, quítenmela!"...pero con esa pocilga a la que llamas casa, ni las arañas se quieren parar...así que no te culpo que no las conocieras antes...- los interlocutores se pararon en seco. -Y ese Hagrid ¿Quién se cree? Trayendo monstruos...en lugar de eso, debería encerrarse en una jaula para que toda la escuela lo viese... maldito gigante...si yo...- Harry no podía creer lo que estaba oyendo. Con la respiración acelerada, tornó a Draco, sosteniendo a Ron para que no se le lanzara encima. Ambos estaban más que furiosos...sobretodo Harry.
-Cierra la boca, Draco...- pronunció Potter, intentando tranquilizarse y no actuar sin razón.
-¡Oye! Yo no puedo hacerme amigo de semejantes...bichos...una comadreja y un gigante...- Una gran presión llegó a su pecho, obligándolo a dejar a hablar; en su cuello, donde descansaban dos marcas de intento de estrangulamiento, dejó de fluir el oxígeno con libertad. Pero Harry no se había movido de su lugar, seguía a pocos centímetros...
Rojo. Era el color que reflejaba aquella mirada; rencor, dolor, odio...un odio tal vez mayor al de Voldemort.
Draco fue levantado desde el cuello; cosa que pudo notarse por su manera de alzar la cabeza; medio metro arriba...Potter alzó el brazo derecho a la altura del inicio de la túnica de Malfoy y sin siquiera tocarlo, hizo la señal de estar ahorcando algo con gran odio.
Permanecieron de esa forma, por varios segundos, Draco estaba a punto de caer inconsciente, y el color rojizo de su rostro lo afirmaba.
Harry no disfrutaba en lo más mínimo hacerlo...simplemente, lo hacía. Sin embargo, algo se prendió dentro de sí que lo hizo soltar a su presa sin cuidado alguno, dejándolo respirar nuevamente.
Verde. Verde esmeralda nuevamente.
Malfoy tosió repetidas veces, aliviado de tener nuevamente ese oxígeno recorriéndolo por completo. Harry lo tomó por el cuello de la túnica, levantándolo del suelo para nuevamente dejarlo caer.
-No hables así de mis amigos...nunca...por lo menos si no quieres morir. Y escúchame bien, Draco...con esa actitud...no eres nada...ni para mí, ni para nadie...- Ron no comprendía qué sucedía. Harry lucía furioso, apenas si podía hablar de lo sofocante de la situación.
-Harry...no....perdóname...perdóname...por favor...lo siento...- intentó remediarlo, pero ya era muy tarde para hacerlo. Quiso abrazarlo, a lo que el trigueño de impresionantes ojos verdes se quitó de su alcance, poniéndose de pie.
Por un momento, Harry tuvo la sensación, de que era un Slytherin...el mejor de ellos.
Y se sentía bien.
Malvadamente bien.
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Continuará...
¿Qué les pareció? Por mi parte, creo que Harry a veces se pasa de provocador. Otra, es que se ve muy bien con ese carácter tan hermoso que tiene, menos cuando se enoja...uy...mejor alejarse. Draco es muy mala onda y no cambiará con facilidad. ¡Además! Se está muriendo de los celos jajajaja adoro esto. Manden sus comentarios.
Aviso: Todo lo demás del fic será improvisado, lo lamento, pero no tengo una idea fija de lo que va a suceder ^^
"He entendido que la vida es un conjunto de experiencias para gozar, no para sobrevivir..."
Atentamente,
Nabichan Saotome.
