EL LLANTO DE UNA PRINCESA
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen; son de la autoría de Naoko Takeuchi. Yo solamente cree la historia.
NOTA IMPORTANTE: Está es la edición qué hice a la historia. Si alguna de ustedes quiere comentarla y anteriormente ya lo había hecho, solo háganlo sin entrar en su cuenta. Recuerden qué el ff no nos permite comentarios dobles en los capis por lo qué les pido qué lo dejen como anónimo. Si quieren qué les responda, por favor solo dejen el nombre de su cuenta en ff al final de su comentario o al inicio.
CAPITULO VIII
IMPRESIONES Y HUELLAS EN EL TIEMPO I
IKUKO P.o.V.
Aún recuerdo la primera vez que tuve a mi niña entre mis brazos. Era tan frágil, tan pequeña y delicada. Apenas si asomaba una ligera pelusilla rubia en su cabecita.
Recuerdo lo doloroso que era todo. Era prácticamente imposible para Kenji y para mí tener hijos. Era una posibilidad que se nos había negado. Nos habíamos casado muy enamorados y lo cierto es que anhelábamos más que nada en este mundo tener un hijo. Deseábamos desde lo más profundo de nuestro ser un pequeñito o una pequeñita a la cual amar y cuidar, proteger y enseñarle nuestra manera de ver el mundo; pero el destino se había empeñado en negarnos ese deseo.
Cada noche yo le suplicaba a la luna y a las estrellas me diera la oportunidad de ser madre. Ansiaba tanto sentir crecer una pequeña vida dentro de mí. Kenji y yo ya habíamos visitado a cientos de médicos y todos nos decían que no había razón alguna para no poder tener hijos. Ambos estábamos perfectamente sanos. Recuerdo que siempre nos decían:
"Los hijos llegaran, es probable que no se pueda embarazar debido a una sobre dosis de estrés"
¿Estrés? Siempre preguntaba ¿A qué se debe? Mi vida es simple soy ama de casa y mi marido periodista. Siempre estoy en casa y no salgo ni me agito más de lo necesario. Simplemente no puedo estar estresada como ustedes lo mencionan.
Inútil es recordar toda aquella perorata que los médicos se empeñaban en decirme. Ni ellos entendían que yo no sufría de estrés ni yo que ellos se empeñaran en decir que así era.
Aún recuerdo aquella noche, la qué yo creo fue el punto de partida para que concibiera a mi preciosa bebita o bebito.
Flashback
Algunas semanas antes me había encontrado con varias de mis ex compañeras de preparatoria. Y lo cierto es que las que no tenían ya un bebe, si estaban en la espera de uno.
Todo comenzó aquel jueves por la tarde en el qué yo estaba en el supermercado. Quería sorprender a Kenji preparándole su platillo favorito, por lo que con todo el amor, el cariño y el cuidado posibles elegía cada ingrediente.
Aquella tarde me encontré a quien hubiese sido mi mejor amiga. Helena estaba radiante cuando sé encontró conmigo. Venia persiguiendo a una pequeñita de cabellos color fuego que se había detenido al chocar conmigo.
-¿Qué sucede pequeñita? ¿Estás perdida? –Le había preguntado cuando vi que sus ojitos verdes estaban totalmente acuosos.
Ella me había respondido con una seña mostrándome el lugar en donde venia Helena.
En un principio no la reconocí. Sin embargo, al acercarse más hasta donde yo me encontraba fue que me sorprendí de sobremanera.
Ella estaba radiante, su hermosa cabellera rosada caía a la altura de sus hombros mientras en sus facciones se reflejaba un poco de enojo, sin perder aún así una bella sonrisa.
En cuanto llego hasta mí -sin reconocerme tampoco- ella me agradeció por detener a lo que ella llamaba "su pequeño demonio"
-¡Gracias por detenerla! –Me dijo cuando recupero el aire de sus pulmones.
-No fue…. ¿Helena?
-¿Ikuko?
En seguida platicamos. Sin embargo no pude evitar que un sonido sordo partiera aún más mi corazón cuando ella me conto lo obvio. Estaba embarazadísima. Esperaba a su segundo bebe, al parecer otra niña.
Recuerdo haber hecho un acopio de fuerzas que saque de no sé dónde y le di mi mejor sonrisa y me despedí de ella antes de que preguntara siquiera ¿Estas embarazada? ¿Tienes hijos?
Por supuesto responder que negativamente a ese hecho, había sido un golpe aún más duro que haber forzado aquellas sonrisas.
Fin del flashback
Regrese a casa. Lo cierto es que los ánimos para cocinar se habían ido. Toda la alegría que había sentido aquel día se había esfumado en un santiamén. A partir de aquella noche había llorado tanto y así lo había hecho por tres noches consecutivas.
Era otoño y el agua caía a raudales. Lo cierto es que el frio que se cubría mi corazón no tenía absolutamente nada que ver con el que estaba afuera. Aquella misma noche Kenji llamo para avisarme que al parecer iba a haber un evento internacional dentro de un par de días. Era la alineación de los planetas en torno a la luna –un extraño fenómeno qué sé vería en todo el mundo, pero habían ubicado su epicentro en otro país y debía viajar a Londres, en Inglaterra para cubrir el reportaje y no sabía cuándo volvería. Era un reportaje bastante importante, ya qué esa clase de alineación no sé daba sino cada milenio y teníamos la dicha de haber nacido en la era en la qué sé podía presenciar, pero más aún, la dicha de tener la suficiente madurez para recordarlo.
En cierta forma, el qué Kenji se alejara unos días de mi lado alivio mi tristeza. No quería qué el me viera en ese estado tan depresivo. Quería ser fuerte por él y por mí. Pero no podía. Sin embargo, para evitar su preocupación por mi logre parecer despreocupada. Así qué, mientras preparaba su emergente equipaje, logre componer una falsa sonrisa para él.
Sin embargo, en mi cabeza retumbaban las palabras de cada persona que me conocía:
"Serás una excelente madre"
"Tienes un don especial con los niños"
"Eres capaz de controlar con tu sonrisa a estos pequeños demonios"
Sí, todos auguraban que sería una excelente madre. Pero yo simplemente no había tenido la fortuna de concebir. ¿Acaso no sé daban cuenta del daño qué me causaban sus palabras? Porque aunque lo dijeran con buena intención, a mi simplemente me dolía componer una sonrisa y decir: "pronto llegara…."
Así habían pasado mis tres noches, mismas en las que me había encerrado en mi angustia y soledad. No quería salir. Me dolía ver a los pequeños del parque sonriendo felices y a sus madres a su lado, cuidándolos y regañándolos por cualquier travesura realizada por esas pequeñas y frágiles criaturitas.
La tercera noche, la luna atrajo fuertemente mi atención. Era la noche en la qué los planetas sé alineaban en torno a la luna como si está fuera su astro rey y no el bello sol qué nos cubría con su luz cada día.
La noche estaba cubierta por un enorme manto estelar. Parecía que un halo envolvía a la luna. No sabía exactamente porque pero decidí acercarme hasta ella. La contemple tan llena de luz y de esperanza.
Por un breve instante, me sentí cubierta por esa luz y esa esperanza qué emanaba de ella. No era como si jamás la hubiese observado, sin embargo, si era la primera vez qué sentía ese calor recorriendo mi cuerpo mientras la observaba. Sé veía tan clara, cual agua diáfana. Pura y limpia. Cristalina.
El rastro de lagrimas qué aún develaban mis ojos se desvaneció y por primera vez en tres días, desde aquella tarde. Mi tristeza sé desvaneció y fui capaz de componer una leve sonrisa sin motivo aparente alguno.
-La luna.
Por un breve instante, también comprendí a todos aquellos qué le habían compuesto poemas a esa dama caprichosa qué era la luna. Una coqueta qué juega con los desventurados y qué atrae esperanza a los enamorados qué la contemplan. Me quede allí, por supuesto, observándola y no sé si fueron días, horas, minutos o segundos. Solo sé qué su luz me devolvió la alegría y la esperanza.
Después de aquella noche, comencé a prepararme nuevamente. Kenji volaría desde Inglaterra al día siguiente, para volver a mi lado, a nuestro hogar y yo quería recibirlo con una bella sonrisa y una hermosa cena. Deje de pensar en los hijos y me dispuse a ser feliz con el hombre tan maravilloso qué tenía a mi lado, porque si era cierto lo qué aseguraban los médicos, quizás algún día, cuando menos lo esperáramos, yo estaría embarazada y le daría a mi querido Kenji la noticia más maravillosa qué un hombre puede recibir. "Ser el padre del hijo de la mujer qué ama". Así qué, con una nueva esperanza dejada por el fulgor de la luna, me propuse dormir esa noche y simplemente no pensar en el futuro, sino disfrutar el presente. Sin embargo, el caprichoso destino parece jugar con nosotros y nos enseña a no hacer plan alguno.
Al día siguiente, Kenji llamo para avisar qué las líneas aéreas tenían sobre cupo en los vuelos y qué era imposible qué esa mismo día volviera. Peor aún, no habría cupo en los aviones sino hasta dentro de una semana.
Le dije a Kenji qué no sé preocupara por mí, pues yo estaría bien, sin embargo, él y su instinto protector insistían en no dejarme sola tanto tiempo hasta su vuelta. Por supuesto, con las palabras más tranquilizadoras qué pude encontrar en mi mente y en mi corazón logre calmar sus ansias de volver y le asegure me encontraría perfectamente bien, por lo menos hasta su regreso. Recuerdo cada palabra de aquella conversación:
Flashback
-Ikuko, mi amor, temo qué no podre volver enseguida, tal y como te lo había prometido.
-¿Qué sucede, Kenji? –le pregunte temerosa de qué algo malo le hubiese sucedido en un país tan lejano y extraño.
-Mi amor, ¿Tú sabes cuánto te quiero y te extraño, verdad?
-Por supuesto, Kenji –le respondí algo asustada. ¿Ha sucedido algo malo? –le pregunte.
Me temo qué sí, mi amor.
-¿Te encuentras bien? –pregunte algo ansiosa.
-Si, descuida, nada malo me ha sucedido, por favor, no te preocupes. Es solo qué es algo qué tiene qué ver con mi viaje de vuelta, mi amor.
Un alivio enorme recorrió mi cuerpo cuando me aseguro qué el estaba perfectamente, sin embargo, aún tenía algo de miedo.
-¿Qué sucede con el viaje, amor? –pregunte en tono tranquilo.
-Recuerdas qué viaje sin previo aviso, verdad.
-Si, claro, solo volviste por una pequeña maleta qué prepare en muy pocas horas. Pero ¿Qué tiene qué ver eso con tu vuelta?
-Veras, amor, lo qué sucede es que la empresa solo consiguió el boleto de ida y la reservación del hotel, más no así el boleto de vuelta, por lo qué tendré qué quedarme en Londres por lo menos una semana.
En cierta forma esas palabras aliviaron mi miedo a qué le sucediera algo malo, pero tuve qué enfrentar qué estaría sola por otro relativamente corto periodo.
-No te preocupes, mi amor. Te esperare el tiempo necesario y estaremos juntos. Te extrañare. Llámame todos los días y dime qué día volverás para recibirte en el aeropuerto.
Esas fueron mis últimas palabras
Fin del flashback
Sabiendo que mi querido Kenji no volvería decidí salir. Y si bien, días antes lo había evitado, casi por inercia, mis pasos sé dirigieron hacia el parque número diez. Era algo tonto, una tortura innecesaria. Un lugar lleno de niños acompañados de sus padres, recordándome lo qué yo aún no podía tener, pero algo me llamaba, algo me decía qué debía ir a ese lugar.
Con pasos firmes, me dirigí al centro de la ciudad. Al llegar al parque, comencé a recorrerlo sin rumbo fijo, hasta qué llegue a aquel lugar, donde nuevamente me encontré con Helena. Así pasamos un par de horas conversando y yo jugando con su pequeñita, aunque todo el tiempo tuve la sensación de estar siendo observada, pero lo creí, en ese momento una ligera paranoia de mi parte. Aunque ahora sé qué no existió tal paranoia y realmente alguien me observaba desde las sombras.
Así pasaron varios días, con una necesidad imperiosa de ir todos los días al parque, hasta aquella tarde.
Volvía del centro comercial, iba algo apurada, pues con mis distracciones había olvidado hacer las compras de la semana y mi alacena prácticamente ya sé encontraba sin víveres, por lo qué apresurada, salí aquella mañana a comprar lo necesario para aquellos días qué aún faltaban para qué Kenji volviera.
Justo cuando regresaba del centro comercial, me encontré a una dama muy curiosa. La observe sentada en una de las aceras qué conectaba con el parque. No parecía una persona común realmente. Aún en aquella postura, parecía una dama muy elegante, pero tenía la mirada perdida y parecía qué lloraba. No supe porque, pero me acerque a ella.
-¿Sé encuentra usted bien? –le pregunte apenas al acercarme.
La mujer volteo hacia mí y me sorprendió la calidez de su mirada.
Ahora, recordaba perfectamente el rostro de aquella mujer. Sus ojos almendrados eran de un azul intenso y profundo como un inmenso océano, sin embargo, emitían una calidez qué inundo mí ser. Debía ser una mujer un poco mayor qué yo, uno, quizás dos años más, con su cabello plateado sujetado en dos coletas. Era algo extraño, pues generalmente ese era el peinado de una niña, pero en ella lucia maravilloso.
La extraña y dulce mujer traía puesto un abrigo grueso en color obscuro, lo cual no era de extrañarse en este gélido otoño, sobre un vestido largo y blanco, y por lo qué sé podía apreciar ceñido al cuerpo. Me extraño de sobremanera. Una persona como ella debía tener guardaespaldas a su lado y sin embargo parecía estar sola.
Ella me miro y dijo algo realmente extraño, aunque no por ello su voz dejo de parecer el trinar de bellas campañillas:
-Ahora qué te he encontrado lo estoy.
La mire extrañada, pero algo me tenía como petrificada y no pude articular palabra alguna, por lo qué simplemente asentí sin saber exactamente a qué.
La bella dama sé levanto y extendió su mano derecha hacia mí y sé presento:
-Hola soy Serenity –me dijo
-Mucho gusto –le respondí algo indecisa. Soy Ikuko Tsukino.
Al momento qué la bella dama me tendió su mano, me percate qué sus manos, eran adornadas por unos brazales dorados que brillaban tenuemente por la luz, lo cual me termino de parecer más extraño y no pude evitar preguntarme ¿Estará perdida? Pero la idea me pareció tan tonta qué desapareció tan pronto como había llegado.
Parecía qué en mi extraño universo solo existíamos esa mujer y yo y qué el tiempo había dejado de correr. Sin embargo en cuanto salí de mi aturdimiento pregunte.
-Disculpe, no quisiera sonar grosera ni mucho menos, pero… ¿Me podría explicar el porqué de sus palabras?
En realidad ella no pareció sorprendida por mi pregunta, más bien, diría qué la esperaba.
-¿Podríamos hablar en un lugar más cómodo, por favor?
Yo asentí y le pedí qué me siguiera. Ella lo hizo sin pestañear siquiera. Realmente no entendía porque había confiado en esa extraña mujer, ni mucho menos, porque de un momento a otro, sentía la necesidad de qué me contara lo qué le sucedía, solo sentía qué debía llevarla a casa y hablar con ella.
En cuanto llegamos, la hice pasar al pequeño living de la casa qué compartía con mi amado Kenji. Le pedí qué tomara asiento en uno de los muebles de la sala y le ofrecí un poco de té con pastas qué comencé a calentar. En cuanto estuvimos por fin frente a frente me dijo:
-¿Te preguntaras porque está extraña sé alegra de encontrarte, cierto?
-Así es. –le respondí.
Ella me contemplo por unos instantes y después de tomar una bocanada de aire me dijo:
Ikuko, sé qué lo qué te voy a contar es algo realmente muy extraño y qué es muy difícil de creer. Por favor, te pido qué me escuches hasta el final.
Sentí un poco de miedo, pero la paz de su mirada me hizo olvidarme del mismo.
-Sé qué soy una extraña en este bello planeta y qué no debería estar aquí, pero mi necesidad de encontrar a la persona adecuada para cuidar a alguien muy especial para mí, me ha hecho tomar la decisión de llegar hasta este lugar. Te pido perdón por la incomodidad qué te causare, de antemano pero es la única solución qué encuentro.
Mi nombre es Serenity y soy –o era- la gobernante de un lugar muy hermoso llamado "El Milenio de Plata". Yo vivía en la luna.
-¿En la luna? –pregunte consternada. ¿No sé supone qué la luna es un lugar inhóspito e inhabitable?
-Así es, Ikuko. Pero no siempre fue así. Hubo hace un milenio una guerra qué acabo con toda esperanza para poder vivir en ese hermoso lugar.
-Pero…. No entiendo, ¿Qué tiene qué ver eso conmigo?
-Tranquila. Ahora te explicare.
Hace un milenio todos los seres qué habitaban aquel lugar fueron atacados y una guerra comenzó. Sé qué mis palabras son difíciles de creer, sin embargo, puedo mostrártelo, por favor, concéntrate en mi mirada te demostrare qué no miento.
De repente, Ikuko comenzó a ver una serie de imágenes pasar frente a sus ojos, mientras la reina describía cada uno de sus recuerdos.
Frente a ella se encontraba un hermoso palacio con bellos jardines y algunos manantiales qué caían en unas hermosas columnas de piedra, asemejando en su entrada al Taj-Mahal, El Escorial, o alguna otra obra arquitectónica similar. La reina la guio dentro del palacio y comenzó a contarle varias cosas de aquel hermoso palacio. Aunque ella no dejo de notar al planeta tierra a lo lejos.
Ikuko observaba anonadada lo qué a su alrededor estaba tomando forma. Hasta qué llego un verdadero momento de tristeza para sus ojos.
En la luna, existía una bella jovencita de cabellos rubios y llevados en dos ondangos, muy similares a los de la bella mujer.
-Ella es la razón por la qué te he estado buscando, Ikuko. –dijo la reina en tono solemne mientras señalaba, en los jardines del palacio a la jovencita.
Ikuko volvió su mirada sin entender lo qué quería decirle, pues su mente estaba más bien preocupada procesando toda aquella información qué había llegado hasta su mente.
Ella es la princesa Serena del Milenio de Plata –continuo explicando la reina como si no hubiese visto el desconcierto en los ojos de Ikuko-. Es una niña muy dulce y de un corazón tan puro y bondadoso como no sé ha visto nunca. Ella es mi mayor tesoro y he buscado, a lo largo de mucho tiempo una mujer como tú, pues desafortunadamente ya no podre cuidarla y solo deseo qué mi pequeña hija este en buenas manos. En manos de alguien qué la quiera por quien será y no por quien es. Alguien qué la comprenda y la ame y sea capaz de dar su vida por ella de ser necesario.
-No la entiendo. –Dijo aún muy confundida Ikuko.
La reina volvió su mirada a Ikuko y le dijo:
Mi querida Ikuko, como te dije antes, el Milenio de Plata, alguna vez fue un prospero reino, del qué ahora solo quedan mis recuerdos. Como te dije antes también, una terrible guerra azoto nuestro mundo y lo destruyo por completo. Una mujer malvada y muy ambiciosa, acompañada de sus generales, logro acabar con nuestro reino. Aquella fatídica noche en la qué la princesa sé comprometería ella nos ataco, llevándose con ella la vida de mi hija y de todos los seres qué habitábamos aquí, sin embargo, con la ayuda de un poderoso cristal, logre conservar sus almas y algunos de sus recuerdos, para qué volvieran a renacer en una nueva era llena de paz.
Ikuko observo llorosa la escena qué frente a ella se desarrollaba. Frente a ella la bella jovencita qué antes había visto había sido asesinada de una manera muy cruel y dolorosa, frente a los ojos de la mujer qué ahora tomaba su mano. El dolor era tan palpable, qué no pudo evitar sentir pena y compasión por la hermosa mujer. Su madre siempre le había enseñado qué la ley de la vida dictaba qué un hijo siempre debía enterrar a un padre y no a contrario sensu, como le había ocurrido a ella.
Mi pequeña hija y la mayoría de aquellos qué murieron aquella noche están por renacer. Por fin, el ciclo sé ha cumplido y un milenio después es tiempo qué la princesa vuelva a la vida. Por eso es tan especial la alineación de los planetas ocurrida hace tres días.
Pero majestad. Si no me equivoco, lo qué usted trata de decirme es qué….
Si, Ikuko, mi hija está por renacer. Pero soy una mujer muy egoísta, pues quiero qué mi hija renazca sin estos dolorosos recuerdos. Quiero ver a mi hija renacer en este hermoso planeta azul, qué ella tanto ama. Donde ha renacido ya el hombre al qué ella cree amar.
¿Pero…? Y usted, su majestad ¿Sé quedara sola en este lugar?
No Ikuko. Yo no estaré sola. Para salvar la vida de mi hija y de aquellos qué la amaron, me vi en la necesidad de hacer un último sacrificio. Dar mi vida a cambio de sus almas. Active la energía por completo del cristal y morí por ella, aunque no me arrepiento de mi elección si con eso le doy una nueva esperanza de vida y un futuro más simple a mi hija.
Pero ¿Qué será de la princesa? ¿Qué hará en un lugar como esté sola y sin familia?
-¿Aún no lo has entendido, verdad?
Mi desesperación y esto qué ves de mi, son solo un recuerdo, una mera imagen qué ha tomado forma humana por unas pocas horas rompiendo las reglas para darle una esperanza a mi hija.
-¿Qué quiere decir?
-Querida Ikuko, la razón por la qué he llegado hasta aquí, es para pedirte, para suplicarte qué seas tú la mujer qué quiera y eduque a mi hija.
-Pero majestad. Es un gran honor qué haya pensado en una mujer tan sencilla como yo para ser la madre de su hija. Yo no sé absolutamente nada sobre ser elegante y una dama de sociedad. Yo solamente soy la esposa de un hombre sencillo y provengo de una familia de las mismas cualidades. Yo no sabría educar a una princesa.
-Yo no pido qué eduques a una princesa. Quiero, qué al renacer mi hija en está era lo haga como una simple terrícola más. Quiero qué mi hija crezca en un hogar, acompañada del cariño de una madre y de un padre. Quiero qué mi hija viva una vida plena y feliz.
-Entonces, ¿No sería más razonable qué ella creciera en un hogar con las comodidades a las qué ella está acostumbrada?
-No. No lo es. A la princesa jamás le han importado todos estos lujos. Siempre ha sido una pequeña muy soñadora esperando al príncipe azul qué la despierte con un beso de amor….
Mi intención al hacer qué su alma renazca es qué lo haga como una persona normal, común y corriente, sin recuerdos dolorosos. No quiero qué la princesa sé ate a un futuro qué falsamente cree suyo. Quiero qué mi hija pueda elegir su destino por ella y no por otros. Es por eso qué llevo días observándote desde mi lugar en las estrellas. Te he visto sufrir y llorar por la vida qué tanto anhelas llevar en tu vientre. Por eso te ofrezco ser la madre de mi tesoro más valioso. Te ofrezco a ti llevar en tu vientre a la heredera del trono lunar.
-Yo… bueno…. Es decir, claro qué me gustaría, sería un honor ser la madre de tan bella y especial señorita.
Sin embargo, dígame ¿Por qué cree qué yo sería una buena opción?
-Porque te conozco Ikuko y sé lo qué hay en tu corazón. Porque te he estado observando durante días y noches enteras. Porque a lo largo de este milenio no he encontrado otro ser como tú, con un corazón tan puro y tan noble, cuya mayor ambición no sea sino la de darle todo su amor y cariño a un hijo. Un corazón qué es igual al de la princesa.
Aún y cuando yo aceptara ser la madre de su hija, -dijo ella- aún hay algo qué me inquieta.
Usted hablo de la maldad qué acabo con su vida. ¿Existe alguna posibilidad de qué esa maldad renazca también en está era?
-Desafortunadamente, la maldad jamás ha muerto. A lo largo de este milenio no ha hecho más qué cambiar su nombre y transformarse en algo cada vez más peligroso, capaz de acabar con la vida de cualquiera qué sé le oponga.
-Si es así, entonces, no sería razonable qué su hija renaciera con sus recuerdos o por lo menos con una familia qué la pueda proteger, pues yo no cuento con los recursos suficientes para hacerlo. ¿Cómo la protegería yo?
-Puede ser. Sin embargo aún tengo la esperanza de qué de ella de alguna manera crezca siendo una persona normal y qué aquellos qué la dañaron en el pasado no la detecten. Es por eso qué quiero darle la esperanza de una nueva vida y sin recuerdos, para qué ella pueda elegir su propio futuro. Y en cuanto a tus dudas, de ser necesario, yo haría lo necesario para devolverle sus recuerdos y a sus guardianas.
¿Eso no sería más doloroso para ella? –pregunto algo atormentada Ikuko. Descubrir qué tiene un pasado y qué su vida nunca ha sido como lo había creído.
Sí, pero aún me aferro a la esperanza de qué no tenga necesidad de recordar.
Majestad. Hablo también de qué ella creía estar falsamente enamorada y de un compromiso. ¿Acaso es de ese muchacho qué murió junto a ella?
-Y, así es, pero prefiero qué esa información no sea develada. No de ser necesario.
-Está bien. Solo dígame entonces ¿Cómo reconoceré cuando nuestra hija este en peligro?
-¿Eso quiere decir qué aceptas, Ikuko? ¿Aceptaras ser la madre de mi querida Princesa Serena?
-Así es, su majestad. Yo, pues….
-Entiendo. Respondiendo a tus dudas te diré qué:
Lo sabrás, no necesitaras pruebas. Eres una mujer muy intuitiva y no hacen falta palabras para ti. Solo hechos. Además, sus guardianas sé reunirán en torno a ella. Pues aunque desee evitarlo, el mal qué nos ataco, el negaverso también renacerá.
De repente, las imágenes comenzaron a desvanecerse cual neblina qué sé pierde en el horizonte e Ikuko volvió a la realidad dándose cuenta de qué la mujer estaba casi inconsciente y sin fuerzas, pero no perdía su sonrisa.
-Me temo qué estoy llegando al límite de mis fuerzas. Pero me alegra saber qué la princesa llegara a un hogar donde será amada y querida. –dijo al tiempo qué posaba sus manos en el vientre de Ikuko y desapareció en el aire junto a su bella sonrisa.
Espere, reina Serenity. Aún tengo muchas dudas. ¿Nos volveremos a ver? ¿Cuándo vendrá el Negaverso? ¿Cuándo Serena tendrá que pelear? ¿Quién se encargara de salvarla cuando el peligro la aceche? ¿Cómo reconoceré ese falso amor?
Ikuko ya sé encontraba sola en el sofá, sin embargo podría jurar haber escuchado las siguientes palabras
Gracias a ti. Posiblemente nunca más volveremos a vernos, pero créeme que desde la luna siempre cuidare de ''nuestra amada hija." En realidad espero no volvernos a ver. No hasta que haya un cambio y solo si la princesa decide cambiar su destino. Solo si las estrellas fugaces que cruzaran la galaxia son capaces de deslumbrar y enfrentar la verdad para mostrarle el camino correcto de su corazón a la princesa.
Solo nos volveremos a ver, si la princesa decide cambiar su destino. Si decide ser fuerte y forjar su propio futuro. Solo si es capaz de enfrentar al mal en busca del verdadero amor. Mientras tanto, no recordaras nada de esto. Solo fragmentos que se convertirán en tus dulces sueños.
Días después, llego Kenji con las más espectaculares fotografías de aquella luna, mientras yo me encontraba aún dilucidando si es qué todo había sido un sueño o una hermosa, pero a la vez triste realidad.
Si, muchas veces había tenido ese sueño. Aunque no estoy totalmente segura de que lo fuera. Pero aún recuerdo que a partir de esa noche sentí la esperanza renacer en mí. Algo dentro de mí me decía que pronto mi más grande sueño, mi más grande ilusión se cumpliría.
Fue así como un mes después el test había dado positivo.
Recuerdo perfectamente también que una mujer extraña -idéntica a la qué podría catalogar como la de mis sueños-, me visito aquel treinta de junio. El día en que nació mi niña. Mi Serena. Aquel era el nombre que yo me había empecinado en elegir para ella. Sabía que era el correcto. Esa tarde, la mujer la acuno en sus brazos y casi podría jurar qué había visto una bella sonrisa en el rostro de mi hija. La bella mujer estaba tan concentrada en mi pequeña Serena, qué por un instante temí qué fuese a llevársela, pero no pude decir ni una sola palabra. Todo se sumió en el más profundo de los silencios cuando la bella mujer como hipnotizada hablo:
-La princesa ha vuelto a ver la luz. Con su nacimiento también miles de sombras de maldad se han levantado. La alineación de los planetas prevé grandes venturas y desventuras para ella. Solo manteniendo su corazón puro lograra sacar adelante todo el dolor que puede ocasionar al mundo la maldad y vencerla. Dicho esto volvió a depositar a mi bebita en su cuna y mientras la besaba con gran ternura, desapareció, aunque no sin antes darme las gracias por haber logrado darle paz a su corazón. Susurrando algo similar a…. Espero no tener qué volver a verte, porque cuando eso suceda, el verdadero dolor, la verdadera agonía y el tormento llenaran el corazón de la princesa y sufrirá cuando tenga qué elegir su verdadero camino.
Eso lo comencé a recordar la misma tarde en la que Serena me había informado de su cita con un tal Seiya. El famoso cantante del grupo de moda Three Lights. Pero no me quiero adelantar a nada. Son solo mis memorias.
Serena había estado creciendo como cualquier otra niña. Era una niña algo torpe y muy soñadora. Ella pasaba horas frente al balcón mirando la luna y pidiendo ir a ella. Por ese motivo y para que estuviera más cerca de sus sueños, siempre adorne su recamara con motivos lunares y conejitos.
El tiempo siguió transcurriendo y me llevo hasta el primer día de clases en el preescolar de mi niña. Había una foto que inmortalizaba aquel bello momento. Mi niña tomada de mi mano con sus dos preciosos ojos azul cielo y unos ondangos que hacían ver su carita redonda como una luna llena. Recuerdo haberme encontrado nuevamente con mi antigua amiga. De hecho, fue en el parque. Ella me conto que se había divorciado y que su esposo le había quitado a su primera niña. Que había perdido a su segundo bebe por la impresión pero que, sin embargo, había encontrado a un hombre bueno y que ahora estaba casada con el. Ella me conto que también se había embarazado nuevamente y justamente la niña que venia de la mano con mi Serena era Molly. Ella fue su primera y me atrevería a decir única y verdadera amiga.
-¿Por qué Serena se había distanciado de ella? Eso es algo que en un principio jamás entendí, hasta ahora que comienzo a recuperar mis memorias.
Serena siguió creciendo con su carácter tan alegre y tan sociable. Nunca fue la mejor en clase. Por el contrario, siempre sacaba malas notas y odiaba despertarse temprano. Eso no era para ella. Desarrollo un gusto por la comida y por los dulces. Su sonrisa, en aquella época, era sincera, no tenía ni rastro de tristeza o sufrimiento en ella. Por aquella época era capaz de leerla cual libro abierto.
Mi niña se empezó a aislar justo cuando tenía 14 años.
De pronto, su sonrisa, aunque continuaba siendo sincera cambio para convertirse poco a poco en una falsa mueca de felicidad.
Serena había cambiado muchísimo. Comenzó a tener nuevas amistades. Sus desapariciones y visitas se volvieron una constante. Además de "un chico" que siempre la molestaba por sus malas notas.
En un principio no me sorprendió. Era una adolescente y tenía derecho a estar con sus amigas. Sin embargo mi preocupación comenzó a crecer pues inesperadamente comenzaron a atacar la ciudad. Recuerdo que no quise volverme una mujer aprensiva por lo que deje que mi niña siguiera haciendo su vida normal como cualquier otro día.
Sus nuevas amistades eran chicas muy solitarias. Fueron llegando una a una hasta formar un grupo en el que ella parecía ser el punto de unión.
Primero llego Amy. Era una chica bajita de cabello azul. Había leído de ella en los periódicos. Amy Mizuno era el cerebro más brillante de su época. Con apenas 14 años hablaba varios idiomas, y era el mejor promedio de todo Japón. Creí que su amistad ayudaría a que Serena se preocupara un poquito más por sus estudios. Y en realidad fue así.
La siguiente fue una chica de un carácter muy decidido. Su larga cabellera negra era su toque característico. Ella era nieta de un monje del templo Hikawa. Estudiaba en un colegio para señoritas. No estaba de interna pues prefería pasar las tardes y las noches con su abuelo. Sus padres aunque la querían, siempre la abandonaron, pues sus negocios eran más importantes. Ella era tan madura y tan responsable. Era la antítesis de Serena. Sin embargo era capaz de sacarle una sonrisa sincera. Supuse que con el tiempo ellas llegarían a ser las mejores amigas. Se complementaban una a la otra.
Recuerdo la tarde en la que Serena llego algo soñadora. Esa cara solo la tenía cuando había probado un nuevo postre. Fue así como llego a su vida su siguiente amiga. Era la señorita Lita Kino, una niña muy dulce pero desafortunadamente marginada por la sociedad por su enorme fuerza. Era una chica bastante femenina y una gran cocinera. Por supuesto Serena no tenía la menor idea acerca del pasado de esta chica. Mi niña se había acercado a ella –pese a que sus dos nuevas amigas se lo advirtieron- atraída por el olor de su deliciosa comida. Fue así como un trozo de tarta de fresas las había unido.
Tiempo después llego al grupo una niña, que de no ser porque yo la conocía perfectamente podría jurar era la gemela de mi pequeñita. Era tan rubia y de ojos tan azules como los de mi hija. Ella venia de Londres. Al parecer a ella le toco madurar solita, había llegado a Tokio huyendo de una traición amorosa, sin embargo, ella no había sido capaz de perder esa chispa de alegría que la hacía identificarse tanto con Serena. Ambas, sacaban malas notas y disfrutaban de los pequeños detalles de la vida.
Por aquellos días, nada parecía extraño y todo era normal. Hasta el ataque del negaverso. Eso hizo click en mí -aunque me negaba a aceptar que esos fuesen realmente recuerdos y no meros sueños- Sin embargo, la llegada de Seiya volvía todo cada vez más claro y estos sueños se hicieron más constantes.
¿Les gusto? Trabaje el fin de semana en el completito. Esta recien terminado porque no queria hacerlas esperar.
Mil gracias a todos por leer, por sus reviews, por sus alertas y sus favoritos.
Esta es la readaptación del capítulo. Espero qué les haya gustado.
Pd. Las invito a pasar por la adaptación que estoy haciendo a la historia de "El final es el principio".
¿Reviews?
Pies para que los quiero, si tengo alas de imaginación y puedo volar
(FRIDA KHALO)
