Un nuevo capítulo para ustedes. En mi perfil (homepage) está el link de mi nuevo Blog en el que subiré adelantos, música, avisos y otros de este y mi otro fic. Las invito.


Música Recomendada: Unintended - Muse


Capítulo 9

Ahí estaba yo, en un estudio fotográfico con un pomposo vestido de novia, un velo extravagante y largo hasta los talones, un ramo de rosas blancas y un maquillaje de fantasía, bastante brillante. Lista para ser fotografiada cientos de veces por un desconocido.

Alice y Rose se las habían arreglado para venir conmigo y ambas daban saltitos y gritaban emocionadas al verme. Ángela, mi asistente, las miraba como si tuviesen un tercer ojo.

Los de la revista querían una sesión fotográfica de Edward y yo, pero jamás lo expondría de esa forma. Tendrían que conformarse conmigo.

-Sonríe Bella – dijo el fotógrafo que tenía toda la pinta de ser gay.

Vestía una camisa blanca que se asomaba por el cuello de su ajustado sweater lila y unos pantalones de gabardina beige. Levanté la vista y miré el objetivo. Pude verle la cara al tipo. Su cabello estaba teñido de un rubio casi blanco, su piel era blanca bronceada, sus ojos grises, su nariz operada perfecta y sus labios delgados. Definitivamente era gay, y de esos con escándalo.

-Vamos Bella, quiero sorpresa – gritaba con voz chillona – eso Bella – sonreí esta vez mostrando mis dientes – ahora, quítate el velo lentamente mirando a la cámara – hice lo que me pidió sin dejar de sonreír – ahora ríe y lánzalo – no era difícil reír, era cosa de mirar a Alice y su hiperactividad crónica – Muy bien Bella. Ahora voltea y mírame por sobre el hombro de manera seductora – sentí un montón de clicks (1) en esa acción – ahora lánzame el ramo – lo hice - tienes talento preciosa – gritó y no pude evitar sonrojarme – ¡Perfecto! – sonreí pagada de mi misma.

Después de cinco horas repitiendo el mismo procedimiento, una y otra vez, con cinco vestidos diferentes, por fin pude enfundarme en mis cómos jeans y salir del lugar.

Una cincuentona rubia, de cara estirada, ojos de un color violeta que parecían falsos, nariz respingona, labios gruesos al estilo Angelina Jolie, con un gran busto siliconado y un culo que parecía que iba a explotar, se presentó como la encargada de la sección de fotos de la revista.

Discutimos un poco sobre la fecha, pues ella quería que la revista saliera antes de la boda, pero finalmente logré que firmara el contrato de que en Vogué no se mencionaría nada hasta dos semanas después del matrimonio.

Flash Back

"Suenan campanas de boda para Isabella Swan.

"La pareja más arisca de los medios, tras un año de relación, contraerán matrimonio.
Según fuentes cercanas el joven médico Edward Cullen ha comprado un lujoso departamento con vistas a Central Park y se ha visto a la escritora rondar el lugar con algunos reconocidos decoradores.
¿Será este el final feliz para esta emergente escritora de la novela romántica? "

-Crees que tengo algo que ver con esto – cerré fuertemente el periódico.
-No Bella, pero tampoco creo que esta información haya salido de mi circulo social – me miró ceñudo.
-No sabía que querías mantenerlo en secreto – respondí ácida – pero si quieres le digo a Ángela que envíe un comunicado de prensa para desmentirlo –negó con la cabeza.
-Simplemente no quiero que la prensa desvirtúe nuestra relación – se sentó a mi lado – cuando salí del hospital habían por lo menos veinte personas esperándome para preguntarme por lo mismo. Lo siento Bella, pero no es mi mundo y te pediría un poco de discreción – agachó la mirada.
-Lo siento – me empezaron a escocer los ojos. Odiaba ser tan débil y llorar por cualquier cosa – estaba tan feliz que quizás hablé de más, pero jamás hablé de matrimonio – levanto la vista y me miró.
-Lo sé – limpió mi mejilla – no llores – me abrazó – sé que soy un poco bruto, pero de verdad no quiero tener a la prensa tras de mí – se separó de mí y tomó mi barbilla – es lo único que te pido – besó mi nariz - inténtalo si – me miró con esos ojos que me cortaban la respiración.
-Lo siento, trataré de ser más cuidadosa – sonreí y le besé.

Este hombre me tenía en sus manos. No era capaz de decirle que no a ninguna de sus peticiones. Siempre por sobre mi felicidad, estaba la suya.

Fin flash back

-Bella estoy tan emocionada – chillaba Alice mientras caminábamos a un restaurant a almorzar – las fotos quedaron hermosas – entramos al lugar.
-Me están dando deseos de casarme como Dios manda – dijo Rose – aunque yo no soy una celebridad y tendría que pagar bastantes miles de dólares para que ese fotógrafo quiera hacerme algunas fotos – rió – pero, una mujer puede soñar – rodó los ojos.
-Pues para mí es un fastidio – bufé – se supone que los periodista se meten en la vida de las divas de Hollywood, jamás, en los cuatro años de carrera, alguien me mencionó que esto podría pasarme si me dedicaba a escribir - Alice y Rose me miraban divertidas – claro, a ustedes les parece gracioso, pero las quisiera ver en mi pellejo – Rose iba a responder pero llegó la camarera.

Pedimos nuestros platos. Ensalada de atún para las tres, como siempre, y un vaso de primavera natural sin alcohol.

Por mi salud mental les pedí a las chicas dejar el tema de mi boda por un momento. Me arrepentí. Ambas se enfrascaron en una conversación en la que describían las dotes sexuales de sus maridos de manera explícita y poco elegante. Mi salud mental, en vez de mejorar, empeoró.

Luego nos fuimos al departamento de Alice para tener una tarde de chicas, aprovechando que Rose había pedido el día por "Un problema familiar", que no era más que querer acompañarme a la sesión fotográfica.

Rose nos habló de sus suegros, los tíos de Edward, pues estaba viviendo con ellos hasta que le estregasen la casa que Emmet había mandado a construir. Me dijo que, para todo el dinero que tenían, parecían sencillos y que la Señora Cullen era un amor de persona hasta con el cartero. De hecho los han estafado algunas veces por ser confiados y tener buen corazón.

Contrastaba bastante con la descripción de Edward, pero como dicen por ahí "caras vemos, corazones no sabemos", quizás ellos fingen ser buenas personas para que se les sea más fácil estafar a los demás. O bien, Edward es el que se equivoca, pues nunca me ha dicho de dónde sacó esas ideas de sus tíos.

Tampoco sé nada de sus padres. Supongo que están muertos, pero nunca lo ha dicho a ciencia cierta. Son tantas cosas aún que no sé de él y sin embargo tampoco me importan.

Luego, despues de enterarme de todos los chismes de nueva York bajamos a la cafetería que estaba al lado del edificio de Alice, según ella tenía hambre.

Alice, en su afán de siempre llamar la atención, empezó a dar saltitos cuando vio en el mostrador de postres unas bombas de maní (2). Rose y yo la miramos asombrada, ella jamás se permitía ese tipo de cosas a mitad de semana. Según Alice, sólo el día domingo estaba permitido desordenar la dieta un poco.

-Alice, qué se supone qué estás haciendo – susurró Rose al ver a mi hermana con la boca llena después de echarse una bomba entera a la boca.
-Comerme eshta delishia – respondió con la boca llena. Alzamos una ceja en su dirección – está bien chicas – dijo luego de tragar - Estoy embarazada – bajó la mirada.

Rose y yo nos miramos cómplices y nos levantamos. Caminamos hacia Alice lentamente y le dimos un abrazo saltando y riendo a su alrededor. Alice se emocionó y comenzó a llorar. A esas alturas ya la mitad de la cafetería nos miraba como si estuviésemos locas. Pues sí, a veces lo estábamos.


Sábado, tres de la tarde. El día que estaba marcado de negro en mi agenda. Había revisado una y otra vez las preguntas que debería responder, pero seguía estando nerviosa. Los periodistas eran tan hábiles que te hacen responder cosas que inmediatamente son sacadas de contexto.

Salí del departamento. La entrevista sería en el privado de un restaurante. El periodista había insistido en hacerla en mi casa, pero me negué rotundamente. Mi casa era un lugar sagrado y no iba a permitir que el mundo banal del espectáculo criollo lo estropeara.

Al llegar al lugar, el tipo ya me estaba esperando. Era rubio de cabello corto, ojos azules y nariz achatada. Su sonrisa me daba mala espina y que estuviésemos los dos solos me incomodaría, sólo esperaba que Ángela llegase pronto.

-Isabella, es un placer – besó mi mano dejando un asqueroso rastro de saliva – mi nombre es Mike Newton – baje mi mano para limpiarla disimuladamente.
-Un gusto – dije por cortesía. El camarero estaba esperando mi orden – Un capuchino por favor – dije sonriendo amable.
-Lo mismo que la señorita – respondió secamente Mike. Un petulante a la vista.

Ángela llego pronto, gracias a Dios. Mike tampoco le quitó lo ojos de encima, en particular de sus piernas.

Ángela es una chica simple y humilde. Es bastante alta. Sus ojos son grandes, negros y profundos. Su nariz respingada y su sonrisa sincera y perfecta, junto a los hoyuelos que se le forman en las mejillas, la hacen ser bastante atractiva a la vista de los hombres, aunque su simpatía es lo que termina de ganarse a las personas. Fuimos amigas en Forks y cuando me llegó su currículo la llamé para entrevistarle. Me di cuenta que seguía siendo la chica de trece años que yo recordaba y la contraté de inmediato. Desde ahí ha sido mi ángel en esto de las relaciones públicas, mi brazo derecho y mi amiga.

Nos enfrascamos en la entrevista, incómodas por el afán de flirtear que tenía el periodista. Yo ya veía que Ángela sacaba el móvil y llamaba al diario para hacerse la ofendida y amenazar con destrozarlos si no despedían al muchacho. Otras veces ya lo había hecho.

Finalmente terminé de responder y me levanté de inmediato para irme. No quería seguir en el mismo lugar que ese tipo con aires de grandeza. Ángela me imitó y tomo su chaqueta para salir de ahí.

-Señoritas, podríamos pedir algo para cenar – dijo alternando la vista entre mi escote y las piernas de Ángela – Yo las invito – sonrió tratando de parecer seductor.
-Lo lamento – dijo Ángela – pero no acostumbro a salir con babosos que sólo miran mis piernas – Mike le miró asustado – y agradece que no llame a tu jefe para que te despidan. Ya he logrado sacar del medio a muchos reporteritos de cuarta como tú – Mike le miró con aires de suficiencia.
-Sé nota que no sabes con quién hablas – rió falsamente – puedo arruinar la carrera de tu representada si lo quisiera. Somos el mejor periódico de la ciudad y lo que decimos es ley – Ángela rió a carcajada.
-Qué clase de representante sería si no grabara las entrevistas que da Isabella – le mostró su móvil – tienes tanto que aprender pequeño Mike – volteamos y salimos de ahí riendo.

Podríamos habernos ido sin decirle nada, pero que gracia tendría. Ángela siempre hacía lo mismo, era una manera de evitar sacarme de contexto. Definitivamente mi carrera nos ería nada sin ella.


Llegué al departamento pasadas las nueve. Ángela había insistido en invitarme a cenar y no pude negarme. Estaba todo a oscuras, me extrañó, pero tampoco era raro que a veces Edward tuviera que salir por una emergencia.

Llegué al interruptor de la luz y casi me da un patatús al encontrarme a Edward de espalda mirando por la ventana.

-Estaba preocupado – dijo acercándose – tenías tu móvil apagado y ya es tarde – se acercó y me dio un beso corto y sin sentimiento alguno.
- Lo apagué cuando fui a la entrevista y me olvidé de prenderlo luego – le abracé por la cintura, pero se deshizo de mi agarre pronto – Ángela me invitó a cenar, no pude negarme – dije luego.
-No lo recuerdas verdad - preguntó con voz baja. Le miré con la duda en mis ojos – no, no te acuerdas – caminó hasta la habitación.

Me quedé parada en el salón, estaba perpleja por su actitud. Empecé a repasar fechas importantes, pero no recordaba. Su cumpleaños era en cuatro meses más, nuestro aniversario ya había pasado, realmente no entendía nada

De pronto recordé la cena en casa de Emmet y me maldije por ser tan estúpida. Seguramente habíamos quedado de acuerdo en algunos de los momentos en que mi cabeza estaba pensando en la boda, como estaba ocurriendo hacía varios días. Sabía lo difícil que estaba siendo esto para Edward y yo había prometido acompañarle y no cumplí.

Caminé hasta ha habitación, Edward se estaba haciendo el dormido. Me acerqué y me acosté a su lado. Empecé a acariciar su cabello, su mejilla. Él volteó dándome la espalda.

-Cariño lo lamento – susurré – de verdad soy una mierda – me estaban empezando a picar los ojos – lo estoy arruinando todo – él no volteaba – mírame por favor – era como hablar con la pared.
-Isabella, dejémoslo así. No le demos más vueltas. Llamé a Emmet para cancelar cuando vi que ya no llegabas y ya habrá otra oportunidad – dijo sin voltear a mirarme.
-Pero…-
-Olvídalo – me interrumpió – Tengo sueño. Mañana hablamos – y me dejó ahí sin un beso de buenas noches y con toda su indiferencia.

(1) Click: sonido de las cámaras al capturar la fotografía.
(2) Las bombas de Maní son unas bolitas de mousse de mantequilla de maní bañada en chocolate.


Muchas gracias a todas las que me leen. Es muy importante para mí tenerlas como lectoras, las quiero. Un beso.