Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo pongo la trama. ^.^

Entre la espada y la piedra

Relación

-¡¿No qué era una perra egoísta? -Rugió la chica.

-Sí, pero extrañamente me encanta –dijo él con un estúpido tono de voz.

-¡Ahora me vas a decir que te gusto! ¿No? –preguntó, exasperada de que la siguiera reteniendo.

-¿Sabes? Así te vas a quedar sola.

Ella se estaba frustrando, enojando y le daban ganas de arrancarle su hermosa cabeza broncínea al chico. Él sólo la miraba, con una chispa de decepción en sus ojos; él pensaba que ella era diferente a las demás chicas enamoradas del chico Cullen; el antisocial, misterioso y guapísimo.

-¡Él se quedara conmigo! –dijo, unas pequeñas lágrimas se le escaparon por sus ojos marrones-. Él se quedara conmigo –repitió, otra vez, esperando que fuera cierto. Ella estaba decidida a que él la amaría en lugar de a su gemela.

-Bueno, quédate ciega –dijo y, ahora, se fue, acercándose a su moto para poder irse, detrás de la nube de polvo que dejo al arrancar.

-¡Mamá! –llamó Edward desde la puerta, abriéndola.

-¡Edward, querido, has llegado! –dijo, acercándose a él, para recibirlo con un gran abrazo. Cuando se separó de él, admiro a la hermosa morena-. Edward, ¿no me vas a presentar a tu amiga?

-Claro, mamá –dijo él, poniendo su mano en la cintura de la chica, para acercarla a la señora de aspecto joven y cabello color caramelo-. Ella es Isabella Swan, la hija del jefe de policía –explicó, siempre sonriéndole a su madre-. Y, Bella, ella es mi madre, Esme.

-Un gusto, señora Cullen –dijo, con una sonrisa tímida.

-Dime Esme, por favor –dijo, riéndose.

-Claro –rió.

-¿Y a qué debemos tu adorable visita? –Dijo Esme de un modo muy educado.

-Pues… Edward me ofreció… ehmmm… recomendarme libros –se sonrojo, sin siquiera saber porqué.

-Oh, perfecto, espero que encuentres algo bueno. –Esme era tan cálida, casi como un chocolate caliente en una tarde de nueve. Realmente hizo sentir a Bella tan bienvenida que ésta no pudo evitar abrazarla.

-Lo siento… -dijo, retirándose, avergonzada.

-No te disculpes, querida. Está todo bien, no hiciste nada malo.

-Usted es demasiado buena –susurró.

-Marie… ¿qué te pasó? –Charlie Swan estaba apenas yéndose a su turno de policía.

-¡Isabella! Tu hija, eso pasó –rugió frustrada.

-¿Qué ha hecho Bella, Marie? No creo que ella te haya hecho nada malo, querida. –Charlie era ajeno a toda la rivalidad y el enojo que Marie le tenía a Bella. Había que aceptarlo… era más que obvio que la chiquilla estaba celosa de su gemela.

Es decir, Bella era más agradable, simple y carismática. Y Marie era egocéntrica, tenía sus momentos de felicidad en los que podía ser un rayo de luz andante, pero, nunca tan linda como Bella.

-Bella anda buscando competencia conmigo, está usando al chico Cullen, eso es sucio –rugió, corriendo escaleras arriba, hasta su alcoba.

-¡Maldita, perra, perra, perra! –Chilló tirándose en su cama como adolescente desesperada y mimada.

-¡Vaya, Edward! Tan sólo tu cuarto parece una biblioteca –dijo Bella, admirando los estantes de libros que había alrededor del cuarto de Edward, mezclados con centenares de cajas de discos-. Se nota que amas la música y los libros.

-Sí, pues, son lo que me mantienen cuerdo… ó, bueno, algo así.

-Eres demasiado interesante, ¿lo sabías? –Bella estaba embobada con todo lo que estaba aprendiendo de Edward, le encantaba todo de él, básicamente.

-No, de hecho, desde que tengo memoria los demás se alejan de mí. Normalmente, las chicas se me acercaban, pero al ver que no me interesaban y del modo frío que las trataba, a veces, decidieron irse por otros rumbos y les aconsejaban a los demás no estar tan cerca del Antisocial Edward, el contrarío de su hermana…

-Ustedes dos son muy contrarios –dijo, con una sonrisita-. Pero, ¿sabes? Creo que así es mejor, al menos no se aburrirán tan fácil y, bueno, se llevan bien. Desde que llegamos aquí Marie y yo ya no nos llevamos bien. Antes, en Phoenix, éramos muy intimas, pero… bueno, ya qué.

-¿Se te ha ocurrido pensar que tu hermana es muy mimada? –preguntó él, intentado no sonar muy descortés, pero le fue casi imposible.

-Sí, desde que llegamos aquí –puso cara de pocos amigos, detestaba ese lado de Marie.

-Quizá siempre fue así, pero el miedo de estar sola no te dejaba verlo –susurró Edward, acercándose y tomándola de los brazos para que ella fijase su vista en él.

-Pues… puede ser pero ¡ella era tan linda siempre conmigo! No sé, como que… no le gusto perder y lo peor… es que yo jamás le di batalla alguna –afirmó Bella, sabiendo que esa era la verdadera razón, pero intentando transmitirla en un mensaje subliminal.

-¿Perder? ¿Qué estaba compitiendo? –Edward no entendía que él era el premio. Estaba consciente de que las gemelas Swan sentían algo por él, pero… sinceramente él sólo miraba a Bella.

-Ella querida que la amases, quería que a la que Alice quisiera fuese a ella y todo ese tipo de cosas… pero, como que no le gusto que Alice la repeliera al instante y que tú… bueno… no te le hubieses declarado en una semana o algo así.

-¡Mimada! –rugió suavemente Edward-. Eso no me agrada en lo más mínimo. Las chicas mimadas y caprichosas jamás han sido mi tipo… por eso repelía a casi todas las que se me acercaran.

-¿A quién no has repelido? –Preguntó Bella más que interesada en conocer esa información.

-A ti, por ejemplo, Bella –susurró con una sonrisita en los labios.

Bella no puso hacer más que sonrojarse y morderse el labios y Edward al verla así, no pudo evitarlo y se inclinó, dándole un casto beso en sus rosados labios.

-Edward… -susurró ella, sonrojándose aún más.

Él se dio cuenta de lo que acababa de hacer y no pudo hacer más que apartar la mirada de ella. Sonrojándose ligeramente, pero tapando una pequeña parte de su cara con sus manos.

-¿Quieres que toque alguna melodía de piano para ti? –preguntó de la nada.

Bella lo miro, con los ojos desmenuzados y asintió velozmente.

-¡Claro, Edward! ¡Sería grandioso! –casi saltaba de pura emoción.

-Ven, vamos…

La llevó a la planta baja, obligándola a sentarse en el banquillo junto a él y, velozmente, él acomodó sus largos dedos de pianista sobre las teclas de mármol de su gran piano de cola.

Para empezar a sorprender a Bella, con una sola mano empezó a pasar sus dedos por las teclas, haciendo una melodía tranquila pero alegre.

-Making love out of nothing at all –susurró ella, reconociendo la melodía de Air Supply al instante.

-Buen oído –susurró él.

Entonces, abruptamente cambio de notas, moviendo sus diez dedos por todas las teclas en una melodía alegre pero irreconocible.

-No la identifico –admitió Bella después de un buen rato.

-No. Yo la escribí –susurró él, con un leve sonrojo-. De hecho, la escribí por ti…

-¿Por mí? ¿Por qué?

-Porque me inspiras –dijo, para finalizar y luego la miro directo a los ojos, clavándose en ese río de chocolate dulce que tanto le encantaba-. Bella, ¿quieres ser mi novia…?


Lamento demasiado la tardanza, pero enserio, las tareas me acosan por doquier y ya estoy en exámenes D: & no me he sentido muy bien emocionalmente -~-, así que, por favor, ustedes igual entiéndanme (: Muchas gracias. Adiós. Espero y les gustase.

₪ т.с.ωоιғ ✖