Hola a todos!

Bueno ya estoy de vuelta con un nuevo capitulo de este fanfic! :) Solo avisaros de que el gran momento ya ha llegado... asi que disfrutar mucho el capitulo!! ^^

Este fanfic pertenece a DramaticField, yo solo lo traduzco.


10. Es la hora.


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Rosalie POV

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— ¡Tanya! —exclamé, pegando un bote en la cama al verla— ¡Te he echado tanto de menos! —añadí mientras que la abrazaba con fuerza.

— ¡Rose! —exclamó de vuelta mientras que se separaba un par de pasos de mi, echándome un vistazo general, sobre todo a mi ya hinchado vientre—Yo también te extrañé mucho—dijo mientras que ponía sus manos sobre mi panza, con una gran sonrisa en su rostro— ¡Tengo unas ganas de ver a estos dos!

—Yo también… así se acabarán por fin las dichosas nauseas…—bromeé.

—Esme me contó que lo has estado pasando bastante mal por culpa de eso—afirmó mientras que me tomaba de la mano, sentándonos ambas sobre la cama de nuevo—Y bueno… ¿cómo está el papá?—preguntó mientras que se giraba a mirar a Emmett.

—Muy bien, gracias. ¿Y tú?—contestó mi vampiro alegremente.

—Igual que siempre—dijo mientras que abrazaba a Emmett amigablemente—Y bueno, ¿cómo va el embarazo?

—Bueno, quitando el incidente del bosque…

—No hace falta que digas más—me interrumpió Tanya, mientras que yo sentía como un escalofrío recorría mi cuerpo al recordar el fatídico día en el que perdí a mi bebé—Esme ya me lo contó todo.

—Gracias Tanya—la verdad es que para nada tenía ganas de rememorar ese momento—Y bueno, ¿qué tal están las cosas en Denali?

—Oh, pues todo bastante bien…—respondió mi prima con cierto aire de misterio—De hecho… he encontrado un compañero recientemente…

— ¿De verdad? ¿Quién? ¿Le conozco? —lancé las preguntas una detrás de otra, sin hacer ni la más mínima pausa entre ellas.

—Se llama Justin. Ahora mismo está en la planta de abajo conociendo al resto de la familia—explicó mientras que hacía un gesto con la cabeza en dirección a la puerta de la habitación.

—Tanya, ¡eso es genial! —exclamé feliz, abrazándola una vez más.

—Sí, la verdad es que realmente lo es—contestó alegremente—Por fin después de tantos años siento que estoy completa, que se acabó mi soledad.

—Estoy muy feliz por ti, de verdad.

—Al igual que yo por ti. Ya era hora que después de tantos años tu sueño se hiciese realidad—afirmó mientras que sonreía de nuevo. Después, se puso en pie mientras que se dirigía a la puerta de la habitación—Voy a bajar un momento para ver que tal se está integrando en la familia—y dicho esto, mi prima desapareció en un abrir y cerrar de ojos, dejándonos de nuevo solos a Emmett y a mi.

—Tanya y tú siempre habéis tenido un vínculo bastante estrecho, ¿no?—me preguntó mientras que se sentaba a mi lado, envolviéndome entre sus brazos.

—Sí… sobre todo al principio, ya que ella era la única mujer a parte de Esme con la que podía hablar.

—Pues me alegro mucho—me dijo Emmett.

Todo parecía estar marchando perfectamente, hasta que de repente una ola de debilidad se apoderó de mi cuerpo y caí casi desmayada en brazos de Emmett.

— ¿¡Qué pasa!?—casi gritó Emmett, alarmado.

—No se… Me he sentido débil de repente—susurré, frunciendo el ceño al sentir un calambre por la zona del bajo-vientre.

—Bueno, Carlisle dijo que era normal que tuvieras ese tipo de síntomas el día antes del parto—me explicó Emmett, cambiando la mueca de su rostro a una bastante más feliz.

— ¿E-el parto será mañana?—prácticamente se podía decir que salté de la cama, dirigiéndome al espejo, dándome cuenta por primera vez de lo grande que estaba ya mi vientre.

Era enorme, incluso más grande que el de Bella. Me reí interiormente al pensar que ahora mismo podría pasar por una isla en el mar y nadie se daría cuenta.

Mi aspecto seguía siendo bastante parecido al que había tenido anteriormente, solo que ahora ya no tenía esas marcas ligeramente amoratadas bajo los ojos. Mi pelo rubio caía un tanto desordenado por mi espalda, y también pude darme cuenta de que estaba bastante más delgada.

Carlisle me aseguró que recuperaría mi aspecto habitual en cuanto los bebés nacieran, pero aún así no podía evitar sentirme un tanto incómoda conmigo misma al verme frente al espejo de esa manera.

Mis ojos también habían cambiado levemente su tonalidad, pasando a ser de un color marrón azulado bastante extraño.

—Vaya… estoy…—murmuré mientras que me tocaba el rostro con las manos.

Emmett no tardó en soltar una pequeña carcajada, acercándose hasta mí para poder reflejarse también en el espejo.

—Estás preciosa. La cosa más bonita que he visto en mi vida—dijo sonriendo, mientras que se colocaba detrás de mi, pasando sus brazos por mi cintura—Incluso aunque tengas una panza más grande que todo el territorio de .

Ambos reímos a carcajadas. Después de unos minutos más parados frente al espejo, empecé a sentir como la debilidad empezaba a apoderarse otra vez de mi cuerpo, por lo que Emmett me llevó de nuevo a la cama. Al poco tiempo de tumbarme, me quedé dormida de nuevo.

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..oOo..

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Me desperté a la mañana siguiente con una sensación de debilidad como nunca la había tenido hasta ahora, pero al mismo tiempo, sentía como mi cuerpo estaba tenso. Abrí los ojos lentamente, encontrándome con el rostro sonriente de Emmett.

—Hoy es el día…

Sonreí débilmente, ya que una arcada invadió mi cuerpo en cuanto me incorporé en la cama. Rápidamente alargué el brazo y cogí el cubo que había a un lado de la mesilla de noche, ante mi incapacidad de llegar a tiempo al cuarto de baño.

Vomité intensamente, aferrándome con las manos a los bordes del cubo, aunque tampoco tenía demasiada fuerza.

Tanya, Carlisle y Esme no tardaron en entrar en la habitación, por lo que supuse que Emmett ya había informado a toda la familia de mis síntomas pre-parto de la noche anterior. Volví a vomitar una vez más, mientras que unas cuantas lágrimas se escapaban de mis ojos, cayendo a gran velocidad por mis mejillas.

Cuando fui capaz de levantar la cabeza del cubo, vi como Emmett se levantaba de la cama, poniendo rumbo al cuarto de baño. Supuse que iba en busca del enjuague bucal, antes de que yo se lo pidiera.

—Bueno, parece que alguien tiene que tener un bebé hoy—dijo Carlisle sonriente, tratando de animarme.

Asentí débilmente mientras que Tanya y Esme se acercaban hasta la cama, sentándose a mi lado. Emmett no tardó en volver con el vasito de enjuague bucal en la mano. Hice un par de gárgaras con él y después lo escupí en el cubo.

—Gracias amor—le dije, besándole en la mejilla.

—No es nada. Vuelvo en un momento—añadió mientras que cogía el cubo y salía de la habitación.

—Oh cielo, tiene que ser tan difícil…—dijo Tanya mientras que me acariciaba el brazo, confortándome.

—Es lo que hay…

—Bueno, pero ya no queda nada—dijo Carlisle, con una gran sonrisa en su rostro.

—No puedo esperar para tener a mis bebés en los brazos—exclamé, emocionándome de nuevo con tan solo imaginármelo.

Sonreí levemente, pero entonces, un nuevo calambre hizo que toda la zona de mi vientre volviera a palpitar de nuevo, haciendo que mi rostro se contrajese en una mueca de dolor. Es dolor se iba haciendo cada vez más intenso, por lo que cerré los ojos justo en el momento en el que Emmett entraba de nuevo en la habitación, colocándose a mi lado.

—Es la hora…—susurró Alice mientras que entraba en la habitación, seguida de Jasper, Edward y Bella, mientras que Renesmee se quedaba en la planta de abajo junto con Jacob.

Sentí como un líquido bajaba por mis piernas, símbolo inequívoco de que acababa de romper aguas. Tomé la mano de Emmett, apretándola con firmeza, sintiendo como él me devolvía el agarre, dándome su apoyo.

El líquido empezó a humedecer las sábanas de la cama, manchándolas con un color blanquecino. Otro síntoma del embarazo vampírico, según me explicó Carlisle.

—Estás de parto Rose—confirmó mi padre, abriendo su maletín de médicos y sacando una jeringuilla.

Emmett me ayudó a incorporarme en la cama para que Carlisle pudiese acceder a mi espalda y clavarme la jeringuilla en la parte baja. Epidural. Me quejé al sentir el pinchazo, aunque el dolor que sentía en el vientre pronto hizo que dejara de prestarle atención a la inyección.

—Esme, toma su otra mano—ordenó Carlisle mientras que mi madre se sentaba a mi lado.

Tanya me frotó la espalda, reconfortándome, durante todo el tiempo en el que Emmett me mantuvo en posición sentada. Edward también se acercó a mí, apoyando su mano sobre mi pierna.

—Rose, todo va a ir bien—dijo Alice, que permanecía de pie junto a la pared, junto con Jasper.

Por la cara de concentración que tenía mi hermano y el sentimiento de calma que empezó a invadirme de repente, pude saber que estaba utilizando su don para ayudarme. Le sonreí levemente, agradeciéndoselo sin palabras.

—Vais a ser unos padres maravillosos—dijo Jasper.

—Gracias Jazz…

—Lo que sea por mi gemela—sonrió mientras que enviaba algo más de calma a mi cuerpo.

—Jasper—lo llamó Emmett— ¿Puedo hablar contigo un momento?—preguntó mientras que señalaba la puerta de la habitación con la cabeza.

Edward relevó a mi marido, tomando mi mano en su lugar. Un nuevo calambre hizo que apretara el agarre que tenía sobre mi hermano y Esme, aunque no debía preocuparme, ya que seguramente ellos ni siquiera habían sentido el aumento de fuerza.

Cuando Emmett y Jasper volvieron a entrar en la habitación, mi marido volvió a tomar su puesto a mi lado.

—Creo que ya has dilatado bastante Rose—informó Carlisle alegremente.

Y en ese momento, pude sentir la primera contracción, que me hizo pegar un pequeño gritito mientras que clavaba mis uñas en la mano de Emmett.

—Bien Rosalie—dijo Carlisle, cambiando su tono de voz a uno bastante más serio—En la próxima contracción quiero que empieces a empujar con todas tus fuerzas. Mantén la barbilla pegada al pecho cuando hagas fuerza, y no dudes en apretar las manos de Emmett y Esme si te es necesario—yo asentí lentamente.

Carlisle echó para atrás mi camisón, dejando mis piernas al aire. Apenas me dio tiempo a colocarme cuando vino otra contracción, por lo que empecé a empujar tal y como Carlisle me había indicado.

Mis entrañas me dolían como nunca, y de no ser porque había pasado por la transformación en vampiro, podía asegurar que el dolor del parto era el dolor más intenso por el que un humano podía pasar.

Cuando la contracción finalizó, pude relajarme levemente, aflojando mi agarre sobre Emmett y Esme. Entonces pude darme cuenta de la cara de sufrimiento que tenía mi marido, que se pellizcaba el puente de la nariz con cierta ansiedad. Sabía lo que Emmett sufría al ver que yo lo pasaba mal.

Me sentí mucho mejor cuando una de las oleadas de calma emitidas por Jasper irrumpió de nuevo en mi cuerpo, aunque no pude evitar preguntarme porque razón mi gemelo no estaba utilizando su poder sobre Emmett, ya que él estaba incluso más nervioso que yo.

Volví a empujar de nuevo con todas mis fuerzas, mientras que las lágrimas empezaban a caer por mi rostro. Después de tres o cuatro empujones más, Carlisle habló.

—Uno de los bebés está coronando Rose. Dos empujones más y habrás dado a luz al primero—informó, hablando con calma.

Sonreí levemente, a pesar del dolor que me produjo el sufrir una nueva contracción. Hice toda fuerza que pude, pegando la barbilla al pecho mientras que cerraba los ojos. Mi cuerpo empezó a temblar, por lo que Carlisle dejó que me tomara un descanso. Me desplomé en la cama respirando agitadamente. Las olas de tranquilidad seguían llegando, por lo que busqué con la mirada a mi gemelo, sonriéndole suavemente. Él me sonrió de vuelta y siguió concentrando su don en mí.

—Jazz—le llamé en un susurro—Mándale algo de calma a Emmett—pedí al darme cuenta de que mi esposo me seguía observando con su mirada cargada de tristeza. Parecía que estaba sufriendo un dolor inmenso.

—No puedo Rosalie—contestó Jasper, e iba a decirme algo más cuando Carlisle le interrumpió.

—Rose, un empujón más, vamos.

Volví a incorporarme en la cama, pegando la barbilla de nuevo a mi pecho mientras que intentaba hacer la menor presión posible en la mano de Emmett, para tratar de tranquilizarle y de que no fuera del todo consciente del dolor que estaba sintiendo, así que concentré toda mi fuerza en la mano de Esme.

Empujé mientras que mis ojos se llenaban de lágrimas otra vez, sintiendo el dolor más intenso que nunca. Cerré la boca con fuerza, apretando los dientes para no gritar, sabiendo que si lo hacía dañaría más a Emmett.

Empujé una vez más, y entonces un llanto estridente inundó la habitación.

—Es el niño—dijo Carlisle, mirando a mi bebé sonriente.

Miré a Emmett, viendo como recuperaba el brillo en sus ojos al escuchar las palabras de mi padre. Poco el bebé fue dejando de llorar.

—Emmett, ¿te gustaría cortar el cordón umbilical?

Mi marido asintió rápidamente, tomando durante unos segundos el puesto de Carlisle, que le entregó unas tijeras y le indicó como debía hacerlo. Mientras, mi padre limpió toda la sangre mi bebé y lo envolvió en una mantita.

Luego lo dejó en brazos que Emmett, que volvió a sentarse a mi lado, arrullando a nuestro hijo.

Esme me tendió un vaso de agua que había en la mesilla de noche para que pudiera ingerir algo de líquido, mientras que Carlisle se preparaba para reanudar el parto. Mi madre me puso la mano en la frente, aliviándome con la frescura de su piel, que se sentí extremadamente bien con mi frente empapada en sudor.

Justo antes de que empezara a empujar de nuevo, Emmett le pasó el bebé a Edward, tomando mi mano de nuevo para ayudarme.

Pude ver como mi hermano y Bella miraban a mi pequeño hijo casi con adoración, lo que me hizo sentir extremadamente orgullosa.

Una contracción vino, por lo que empecé a empujar de nuevo, con las energías renovadas después de saber que dentro de unos minutos todo habría terminado. Me centré otra vez en no hacer demasiada presión sobre la mano de Emmett, que volvía ensombrecer su rostro al verme sufrir de nuevo.

Empujé una última vez con todas mis fuerzas antes de que Carlisle me permitiera descansar un poco, indicándome que el segundo bebé acababa de coronar.

—Está bien Rose, lo estás haciendo genial—me habló Carlisle con voz suave—Solo tres empujones más con todas tus fuerzas.

Yo asentí con la cabeza, mientras que las lágrimas corrían libremente por mi rostro, siendo retiradas de vez en cuando por la mano tranquilizadora de mi madre, que me acariciaba el brazo suavemente.

Jasper se acercó hasta la cama, tocándome el hombro, ya que así le era más fácil canalizar su don en mí, aunque yo seguía un tanto molesta porque siguiera sin mandarle calma a Emmett.

La última contracción llegó, siendo la más fuerte de todas, por lo que empujé con todas mis fuerzas, apretando los ojos mientras que un pequeño grito se escapaba de mis labios.

Finalmente, pude escuchar el llanto del segundo bebé, por lo que me dejé caer sobre la cama de golpe, respirando agitadamente, tratando de recuperarme.

—Alice, ¿quieres cortar el cordón? —le preguntó Carlisle.

— ¿Por qué yo?—inquirió ella con cierta confusión su voz.

—Bueno, creo que Rose y Emmett todavía no os habían informado de que tu Jasper vais a ser los padrinos de los bebés, dado que Edward y Bella ya tienen un hijo propio—explicó Carlisle mientras que el rostro de mi hermana se iluminaba como si de un árbol de navidad se tratase.

— ¡Muchas gracias!—exclamó Alice feliz.

Carlisle limpió a mi niña, y tras envolverla en una manta de color rosa, la dejo sobre mi pecho. Mi bebé dejó de llorar en cuanto la tuve en brazos, por lo que fui yo la que lloró en ese momento al ver mi sueño hecho realidad.

Emmett volvió a sentarse a mi lado, cargando al otro bebé entre sus brazos, ya que mi pequeño hijo parecía haber encontrado la tranquilidad estando con su papá.

Observé atentamente a los bebés, mirándolos con adoración absoluta.

—Él se parece a ti—le dije a Emmett.

—Y ella a ti—me respondió, acariciando la mejilla de mi pequeña con la punta del dedo, como si fuera una muñeca que pudiera romperse en cualquier momento.

—Bueno, ¿y como se van a llamar finalmente?—preguntó Esme.

—Emmalie y Noah—respondimos Emmett y yo al unísono.

—Nos decidimos por Noah en lugar de Ethan para el nombre del niño porque ya hay cuatro nombres que empiezan por "e" en la familia—expliqué mientras que reía suavemente.

Entonces, recordé un detalle bastante importante para mí durante el parto, por lo que aproveché que ya estaba bastante más tranquila para satisfacer mi curiosidad.

—Jazz.

— ¿Sí Rose?

— ¿Por qué no usaste tu don con Emmett?—pregunté con cierta confusión en mi voz.

—Él me pidió que no lo hiciera—me dijo simplemente. Entonces concentré mi atención en Emmett.

— ¿Por qué le pediste eso?

—Porque tú necesitabas el don de Jasper mucho más que yo—dijo Emmett, besando mis labios ligeramente.

—Pero estabas sufriendo. Lo pude ver en tu cara—repliqué.

—Sí. Pero prefiero estar mal yo antes de que lo estés tú.

—Te quiero mucho—susurré.

—Yo también, nena, yo también—dijo mientras que depositaba un beso en mi frente.

Arrullé levemente a mi niña, acariciando su cabecita, que seguía reposando sobre mi pecho. Entonces, una nueva duda cruzó por mi mente.

— ¿Carlisle?

— ¿Sí Rose?

— ¿Cómo va la ampliación para la habitación de los bebés?—pregunté con curiosidad, ya que sabía que Esme había estado trabajando en los planos.

—Bueno, al final decidimos hacer algo más—respondió mi madre por él.

— ¿El qué?—pidió Emmett con curiosidad, mientras que Esme sacaba unas llaves del bolsillo de su pantalón.

—Vuestra nueva casa—dijo ella, con una gran sonrisa en su rostro.

—Está en el bosque, cerca de donde construimos la cabaña de Edward y Bella—explicó Carlisle, y por las caras que tenían el resto de familia pude saber que todos estaban al tanto de esta pequeña sorpresa.

—Oh Dios mío… gracias, muchas gracias a todos—exclamé sonriendo—Os abrazaría a todos pero aún no puedo levantarme—bromeé, como hacía años que no lo hacía.

—Gracias chicos—dijo Emmett sonriendo también mientras que mecía suavemente a nuestro bebé.

— ¿Y Tanya?—pregunté al ver que mi prima se había marchado cuando no estaba atenta.

—Ella y Justin se fueron antes de que dieras a luz a la niña. Quieren explicarle personalmente a los demás todo lo que ha ocurrido—intervino Edward.

—Bueno—interrumpió Esme, levantándose de la cama—Creo que ya va siendo hora de que los nuevos papás tengan un poco de intimidad—se podría decir que mi madre prácticamente lo ordenó, ya que todos salieron de la habitación rápidamente.

Me quedé mirando a Noah, que dormía en brazos de Emmett. Su pelo era oscuro, levemente rizado, y tenía un par de hoyuelos en sus mejillas, con la zona de la nariz cubierta de pequeñas pecas. Me recordaba demasiado al pequeño Henry, el hijo de Vera.

Emmalie también había heredado los hoyuelos de su papá, pero sin embargo el color de su pelo era dorado, al igual que el mío.

Levanté mi mirada para encontrarme con la expresión cariñosa de Emmett, que se acomodó más cerca de mí, besando mis labios suavemente.

Finalmente, sentía que mi vida estaba completa. Un hombre que me ama a mi lado, mis dos pequeños y una gran familia que siempre iba a estar a mi lado.

Todo lo que yo siempre había querido estaba en este momento frente a mí, y no podía ser más feliz por ello.


Continuará...


Bueno, por fin los bebés de Rosalie y Emmett han visto el mundo!! :)

No penseis que este es el final del fic (ni mucho menos... xD)

Pero se podría decir que a partir de ahora comenzamos una nueva etapa, con nuevos enemigos y problemas que Rose y Emmett tendrán que superar juntos!!

¡¡Espero sus comentarios & opiniones!!

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