DISCLAIMER: La mayoría de los personajes le pertenecen a S. Meyer, sólo la historia es de mi completa autoría.

El texto en negrita: pensamientos de Isabella, el contenido del libro.
El texto normal: comentarios de la familia Cullen.


Parte final: dulce venganza.

Cuando Edward, Emmett y Jasper volvieron a casa ya estaba anocheciendo otra vez, habían ocupado todo un día para cazar. Carlisle ya había llegado. Alice estaba muy impaciente por seguir con la lectura así que sin más demora se sentaron en los sofás de la sala de estar del primer piso. Rosalie tomó el libro y comenzó a leer.

Capítulo 9: reflejos… Leyó Rosalie.

Era yo, sonriendo de forma extraña, toqué mis labios que estaban tensos y no había ninguna sonrisa, pero mi reflejo sí sonreía y al levantar mi mano para tocar mis labios la sonrisa de mi reflejo se amplió mucho más y hasta me guiñó un ojo.

¿Qué diablos pasaba?

- ¿Qué…? No… Entiendo - dije muy confundida.

- Eres tan lenta - dijo con expresión molesta mi reflejo, miré el espejo estupefacto.

Esto no era posible, yo no había movido los labios, podía jurarlo, mi reflejo rodó los ojos con exasperación.

- Claro que no eres tú, estúpida - comentó con sorna - Y no pienses que estás loca o que soy producto de tu imaginación, porque yo soy real.

Ahora sí que estaba asustada, era justamente lo que estaba comenzando a creer.

- ¿Quién diablos eres? - le pregunté.

- Me llamo Kris - dijo con indiferencia.

- ¿Tú eres…? - comencé a preguntar, más ella me interrumpió moviendo su mano con impaciencia.

- Sí, sí, sí, yo soy quien estuvo en tu cuerpo por dos años cuando te ausentaste - era tan extraño, ver a mi reflejo moverse y hablar y yo totalmente inmóvil, era algo para enloquecer.

- Sin duda - comentó Emmett. Edward se veía preocupado y un poco ansioso. ¿Él podría hacer lo mismo?

- ¿Eres una alucinación?

- Mmm… - dudó - Podría ser, soy real, pero si alguien más entrara por esa puerta solo verían tú reflejo en un espejo, sin moverse ni hablar. Solo tú puedes verme y escucharme. Claro, a menos que tome el control sobre tu cuerpo, entonces sí podría hacerme escuchar por alguien más.

- Eso significa problemas - dijo Jasper.

Eso no sonaba para nada bien.

- ¿Qué es lo que quieres? - le pregunté con cautela.

- Muchas cosas la verdad, pero todo a su debido tiempo, querida.

- No sé por qué eso me suena a que son cosas malas - me aventuré a decir, mi reflejo mostró enojo.

- Eso no te incumbe, y ay de ti si te metes en mis asuntos - amenazó, recordé lo que Momo me había dicho sobre los golpes, no importaba a quien golpearan todos lo sentirían. Así que su amenaza no logró amedrentarme como ella quería.

Edward sintió una extraña emoción al escuchar el nombre de Momo, ella los tomaba en cuenta y eso de alguna manera… Lo alegraba.

- ¿Te atreverías a lastimarte a ti misma? Si me haces algo, tú también lo sentirás - le advertí, se encogió de hombros y sonrió.

- Oh yo tengo mucho aguante y tengo otras maneras de hacerte pagar si cometes alguna imprudencia - me volvió a amenazar.

No me parecía posible, hiciera lo que hiciera ella también sufriría todo lo que me provocara, sin embargo, me asustó un poco no verla preocupada por eso.

- ¿Cómo podría meterme en tus asuntos si no estoy al tanto de ellos? - le pregunté y al instante me arrepentí. Me quede sin aire, doblándome hacia adelante, abrí los ojos, no me había dado cuenta de que los había cerrado. Al mirar hacia abajo vi mi mano derecha empuñada presionando contra mi estómago, trataba de tomar aire pero me costaba, el dolor era intenso. Ella había golpeado con mi propia mano mi estómago. Caí de rodillas y mis ojos se aguaron, maldición.

- Escúchame bien, no me creas estúpida, es inútil que hagas esas "inocentes" preguntas. Intenta inmiscuirte otra vez y ya verás lo que te pasa.

Y desapareció. Bueno, no desapareció, seguía conmigo pero el espejo ahora me reflejaba a mí, solo podía ver mi cabeza. Todavía seguía de rodillas, pero ya podía respirar un poco más normal.

Debía tener cuidado con Kris.

- Diablos ¿Puede lastimarla? - preguntó Emmett sorprendido.

- Creo que puede hacer mucho más que eso - dijo Edward muy molesto. Sus hermanos lo observaron con extrañeza, sin embargo Edward no presto atención.

Al rato cuando ya pude erguirme completamente busqué la hoja con el dibujo del bar para guardarlo, pero al no encontrarlo por ningún lado, me di por vencida y bajé a la cocina, mis padres estaban allí, mi madre estaba terminando de arreglar la mesa.

- Oh cielo, buenos días, estaba a punto de ir a buscarte - dijo acercándose a mí para besar mi frente.

- Buenos días, mamá, papá - saludé acercándome a mi padre después de que mi madre me soltara. Me senté a la derecha de mi padre, en frente de mi madre. Comimos en silencio, al terminar mi madre me dijo que estuviese lista porque en un rato teníamos nuestra cita semanal con la psicóloga Sanders.

Los viernes se repetía siempre la misma rutina: despertaba, desayunaba, me arreglaba por orden de mi madre, íbamos con la psicóloga Sanders, llegábamos a casa y luego pasaba todo el día encerrada en mi habitación haciendo… Nada.

Cuando llegamos al consultorio, nos sentamos y tuvimos que esperar como siempre. Se suponía que en esta ocasión tendría que ser lo más sincera posible, no iba a contarle sobre la puerta, ni tampoco de Apolo, Fobos, Momos y Ares.

Pero sí de Kris, tal vez ella pudiera ayudarme.

- Creo que es una buena decisión - comentó Carlisle. Y Edward se preguntaba por qué Isabella no quería hablar con alguien más de… Ellos.

- ¡Isabella Marie Swan! - oí mi nombre, me levanté y caminé hasta la oficina de la doctora Sanders.

Toqué la puerta.

- Adelante - contestó de inmediato así que pasé y cerré la puerta. Me senté frente a ella, nunca me recostaba en el diván, no me sentía cómoda, prefería la silla frente al escritorio.

- Hola Isabella.

- Hola doctora Sanders.

- ¿Cómo has estado?

- No muy bien.

- ¿Me dirías por qué?

- Antes ¿Debo asumir que mi madre ya le informó sobre mis posibles enfermedades? - le pregunté extrañamente relajada.

- Sí, ya hablé con el psiquiatra que te tratará y también con el Sr Marshall - me informó. Que rápidos pensé.

- Es lo que se debe hacer - comentó Jasper con tono de obviedad.

- El Sr Marshall les dijo a mis padres que debía estar en observación por seis meses - le dije, dejando ver un poco de mi angustia, ella sonrió cálidamente.

- Eso no será necesario - dijo calmadamente, intentando tranquilizarme.

- ¿Por qué? - le pregunté esperanzada.

- Ya les envié un informe detallado a cada uno, y digo que no será necesario eso seis meses porque desde el primer momento en que tú entraste aquí, para mí fue muy claro lo que tenías.

Mi esperanza se desinfló.

- ¿Estoy loca? - le pregunté con temor a lo que ella rió suavemente.

- No, claro que no, cielo, tu enfermedad sí es mental, pero no estás demente. Ahora déjame preguntarte algo.

Asentí

- ¿Ya conociste a Kris? - me preguntó como si nada. La miré con sorpresa ¿Qué…? ¿Ella la conocía? Abrí la boca sin saber qué hacer, si preguntarle o contestar ¿Desde hace cuánto conocería a Kris? Luego de unos segundos decidí que no valía la pena mentir. Ellas ya se conocían.

- Hoy en la mañana - le dije muy bajito, sin embargo ella me escuchó, asintió con la cabeza y preguntó.

- ¿Qué te pareció?

- Horrible - le contesté al instante sin pensar demasiado.

- ¿Por qué? - frunció el ceño.

- No es muy amable - contesté tragando saliva al recordar cómo me había tratado.

- ¿Te golpeó? - preguntó con cautela.

- Debe conocerla bastante bien si le está preguntando aquello - dijo Alice

- En el estómago - asintió.

- Debes tener cuidado ¿Por qué lo hizo?

- Según ella, yo estaba tratando de inmiscuirme en sus asuntos - le respondí.

- ¿Y no era así?

- No, simplemente le dije que no estaba al tanto de sus asuntos y que cómo iba a saber si me inmiscuía o no.

- Mmm - asintió - Eso podría pasar como una forma de sonsacarle información.

- Lo que haga o deje de hacer me tiene sin cuidado.

- Deberías tratar de llevarte bien con ella, piensa que podría meterte en problemas ¿No lo crees así?

- La psicóloga tiene razón, debería hacerle caso - dijo Jasper.

- ¿Quién podría llevarse bien con una persona así? - le preguntó Edward de mal genio, Jasper se encogió de hombros.

- Al menos debería intentarlo.

Me encogí de hombros, no sabía que pensar.

- ¿Puedo preguntar algo? - pregunté con timidez

- Por supuesto.

- Es sobre Kris.

- Adelante.

- ¿Cómo sabía usted que ella me había golpeado?

- Cuando tu llegaste aquí a la edad de siete años, pasabas la mayoría del tiempo callada y distraída, cuando intenté acercarme a ti respondiste de mala forma.

Yo iba a comenzar a negarlo, mas ella levantó su mano pidiéndome que guardara silencio.

- No fuiste tú, lo sé. Cuando te llamé por tu nombre, te levantaste y gritaste que no eras Isabella. En ese momento era Kris quien hablaba.

- ¿Por qué no le habrá dicho antes? - preguntó Emmett confundido, Rosalie no les dio tiempo de contestar y se apresuró a leer.

- Ella es totalmente diferente a ti, pero tienen algo en común, las dos son muy fuertes mentalmente, pero Kris también tiene una fuerza física increíble. En las siguientes semanas intentaba ayudarte a la vez que trataba de controlar a Kris. Pero era difícil. Un día, cuando intenté llegar al tema de la violación, esa fue la primera vez que me atacó ¿Recuerdas que la primera vez que llegaste aquí habían muchos floreros y cuadros por todos lados?

Asentí, lo recordaba, recuerdo también lo confundida que me sentí al llegar un viernes y no encontrar nada de aquello.

- ¿Qué sucedió? - pregunté asustada.

- Me lanzó los floreros y los cuadros. En medio de la crisis te desmayaste, tuve tiempo de llamar para que limpiaran todo antes de que tú despertaras, no creí que estuvieras preparada para enterarte y entender algo así tan chiquita, si me equivoqué, te pido disculpas, pero lo único que quería era ayudarte y protegerte.

- ¿Satisfecho con esa respuesta? - le preguntó Rosalie de mal humor, Emmett le sonrió a la vez que asentía.

- No se equivocó - susurré, bastante sorprendida por lo que me estaba contando - ¿Cuantas veces la atacó?

- Fueron varias, pero no seguidas.

- ¿Mis padres saben de esto?

- No, hice un trato con Kris. Creo que para ella su palabra vale más que nada, le hice jurar que no te dañaría y a cambio yo no les diría nada a Renée y Charlie.

- ¿Qué? ¿No le dijo a sus padres? - preguntó Esme con asombro - ¡Pero ellos tenían derecho a saberlo!

- Mamá, creo que la psicóloga lo único que trataba era de llevarse en buenos términos con Kris, como dijo era una forma de protegerla - le dijo Jasper suavemente.

- Pues podría haberlo hecho sin que ella se enterara - comentó pero Jasper negó con la cabeza.

¡Vaya!

- Pero ella está faltando a su palabra, ella me golpeó y por su culpa la otra noche casi me violaron - le comenté con rencor hacia Kris.

- Ella no contaba con que ese hombre aparecería para hacerles daño, ella las hubiera defendido, como te dije es más fuerte, pero tu mente se abrió a los recuerdos negándole el control sobre tu cuerpo - me explicó con paciencia.

- ¿O sea que es mi culpa?

- No, por supuesto que no es tu culpa, pero tampoco de ella y con respecto a lo de esta mañana, prácticamente no está rompiendo ningún acuerdo porque ya no hay acuerdo, en el momento en que yo hablara de ella con alguien más, ya no habría trato.

- Pero usted le prometió no contarles a mis padres y eso no incluye a las demás personas así que…

- No Isabella - dijo negando con pesar - Esa fue otra de las ocasiones en que se puso violenta, cuando se dio cuenta que estaba intentando engañarla con eso. Es muy inteligente y suspicaz, así que me hizo jurar que no le diría a nadie, ninguna persona, ni siquiera a ti, ella encontraría la forma y el momento de hacértelo saber.

- Pues vaya forma - comenté agriamente.

- ¿Puedo saber qué hizo?

- Hizo que la viera en el espejo como si fuera mi reflejo quien me hablara pero dijo que nadie más a parte de mi podía verla y escucharle.

La doctora Sanders asintió.

- ¿Te dijo algo?

- Pues, se presentó y después se dedicó a amenazarme.

- Eso es bastante común en ella.

- Entonces, usted al enviar eses informes hizo que el acuerdo de rompiera ¿Verdad?

- Sí.

- Pero ¿Cómo podría ella saberlo?

- Eso mismo me pregunto yo - susurró Esme.

- Pues es muy intuitiva ¿Me equivoco al pensar que fingiste no poner atención para quedarte y escuchar lo que el doctor Marshall le decía a tus padres?

Wooa me conocía mejor de lo que yo creía.

- No se equivoca.

- Bueno, Kris también estaba escuchando y supongo que al oír que te tendría por seis meses en observación, sabiendo también que las probabilidades de que te internaran eran altas y que eso llegaría a mis oídos, debió haber llegado a la conclusión de que yo no dejaría que pasaras por eso y que les haría llegar lo que sabía a aquellos encargados de diagnosticarte - terminó diciendo.

Más no pude contestarle porque otra voz interrumpió lo que estaba a punto de decir.

-Y está en lo correcto - habló Kris. La vi en el tenue reflejo del escritorio. Me quedé muda de la impresión.

- ¿Isabella? - me llamó la doctora.

- Ah…Ella…Kris - logre decir.

- ¿Qué sucede? - preguntó con preocupación.

- Me acaba de decir que usted está en lo correcto - dije aún choqueada, iba a costar acostumbrarme.

- Oh - dijo con sorpresa - Era probable que estuviera escuchando.

- Ajá - respondí volviendo a mirarla - ¿Qué es lo que puedo hacer? - le pregunté con creciente angustia.

- Intenta llevarte bien con ella. Si ella no quiere decirte de esos asuntos tu no insistas.

- Se ve algo difícil.

- Debes entender algo cielo; tú no eres la única que ha sufrido con esto, ella les guarda rencor a muchas personas, sobre todo a tus padres.

- ¿Qué? - exclamó Esme abriendo los ojos como platos.

- ¿A mis padres? ¿Por qué? - pregunté sorprendida.

- Ella los culpa por haberte dejado sola. Dice que si Renée hubiera estado más pendiente de ti, no estarían pasando por esto.

- Pero eso es injusto, mi madre no tiene la culpa… - le dije con enojo.

- Lo sé, pero es lo que piensa Kris.

Apreté los labios con rabia, si en esos momentos Kris estaba escuchando lo que decía en mi mente, pues me gustaría que supiera que pienso que es una niña estúpida y grosera.

Y creo que sí me escuchó ya que al instante sentí que algo me empujaba hacia adelante, golpeando mi cabeza contra el escritorio.

- Auch, eso debió doler - dijo Emmett con una mueca

Caí en de la silla y lo último que recuerdo es a la psicóloga gritando mi nombre. Después todo se puso negro.

Cuando desperté estaba en mi cama sin saber cómo había llegado allí, me dolía la cabeza horrores, no sabía si estábamos a Viernes o ya a Sábado, si recién habíamos llegado o ya había pasado una semana o años, no sabía nada y estar pensando tonterías agravaba más el dolor de cabeza.

Oh cielos.

En eso escuché una risita leve. Levanté la cabeza e hice una mueca. Miré alrededor pero obviamente no había nadie.

Ah, podía apostar lo que sea a que era Kris quien reía.

A pesar de haber despertado recién me sentía tan cansada. Pero no importaba, debía levantarme y averiguar qué había sido del resto del mundo. Pasé por la sala de estar, el comedor que nunca usábamos hasta llegar a la cocina. No había nadie en casa y eso me extrañó. Fui al refrigerador; tenía hambre, en la puerta había una nota.

Isabella.

Cielo, en el refrigerador está tu cena, sólo tienes que ponerla en el microondas, cinco minutos bastará para que se caliente como a ti te gusta.

Tu padre y yo fuimos al supermercado.

No tardaremos.

Te amamos.

Mmm ahí estaba la razón, ellos nunca me dejaban sola y los Sábados cuando hacían las compras para la semana siempre me llevaban a mí aunque para mí era como ir a ninguna parte, puesto que siempre estaba distraída y cuando ponía atención ya estábamos de vuela.

Así que ya estábamos a Sábado, había dormido el resto del día Viernes y toda la tarde del Sábado. Cielos, nunca había dormido tanto, con razón tenía tanta hambre.

Abrí el refrigerador y saqué mi cena.

La puse dentro del microondas y presioné el cinco.

Estaba a punto de ir a sentarme a esperar cuando capté mi reflejo en la puerta del microondas: yo estaba seria pero mi reflejo sonreía. Puse los ojos en blanco ¿Ahora que querría esta?

- Otra vez sola - dijo burlona

- ¿Qué quieres ahora? - pregunté fastidiada. El dolor de cabeza aún no había pasado y ella lo sabía, sonrió mas.

- Aparte de hacerte enfadar, nada - dijo con simpleza. La miré con indiferencia, me di la vuelta dispuesta a ignorarla pero ella volvió a hablar.

- ¿Así que piensas que soy estúpida y grosera por decir la verdad no? - preguntó con un tono que decía que dijera lo que dijera yo estaría equivocada.

- ¿Qué verdad? - le pregunté saliéndome por la tangente, no quería discutir con ella, me dolía mucho la cabeza.

- Pues que tu despistada madre es la verdadera culpable de que te hayan violado - dijo como si nada, abrí los ojos estupefacta, luego me enfadé.

- Oh cielo santo ¿Cómo puede decirle eso? - exclamó Rosalie, mirando enfurruñada el libro.

Edward estaba muy enojado. No quería que lastimaran a Isabella, lástima que él no pudiera hacer nada

- ¡Eso no es cierto! - exclamé con enojo.

- Ah y tu padre también tiene parte de la culpa por no saber elegir mejor a sus amigos.

- ¡No sigas!

- Si no hubiesen dejado entrar a cualquiera a la casa, nada hubiera pasado - siguió sin prestarme atención.

- ¡Ya cállate! - Sentía mi cuerpo temblar, estaba furiosa pero también muy triste.

- Tu padre es un incompetente, es un policía y no supo reconocer a un violador.

- ¡Cállate! ¡Cállate, no sigas, no hables más! ¡Ellos no tienen la culpa de nada, yo la tengo! ¡Yo! ¡Por ser demasiado débil y no poder defenderme! - terminé gritándole al microondas con enojo, solté un sollozo. Maldito el día en que cumplí cinco años. Continué llorando.

- ¿Isabella? - dejé de sollozar y giré la cabeza hacia la izquierda, mierda, ahí estaban mis padres con bolsas en las manos y mirándome asombrados. Miraron el microondas y luego se miraron entre ellos, vi como sus rostros se llenaban de resignación. yo también mire el microondas y pude ver mi reflejo lloroso y asustado, luego volví a mirarlos y comprendí que me habían encontrado gritándole al microondas. Ay no, ahora sí me encerraban en un manicomio.

- Pobre niña - suspiro Alice, Jasper la abrazó.

- ¡No! - grité espantada caminando hacia atrás chocando con una repisa llena de ollas, estas empezaron a caer encima de mí, me di la vuelta cubriendo mi cabeza y volví a caminar hacia atrás en dirección a mis padres. Escuché una risa, en el reflejo de las ollas podía ver a Kris riéndose de mí, tropecé con un silla, caí golpeando mi cabeza y espalda duro contra el suelo, sentí que me faltaba el aire. En ningún momento había escuchado a mis padres gritando mi nombre, los vi encima de mí, revisándome, mamá a punto de llorar y luego nada, otra vez desmayada.

Pasé todo el día Domingo en cama. Mamá había dicho que tenía que descansar, que habían sido demasiadas emociones en muy poco tiempo. Sólo había pasado una semana desde que todo empeoró, pero para mí era como si hubiesen pasado años, y también sentía que había pasado demasiado tiempo desde la última vez que había visto a Apolo, Fobos, Momo y Ares. Si era sincera conmigo misma debía admitir que los extrañaba, incluso a Ares. Los demás sí parecían entenderme, Ares no tanto.

Edward flexionó las rodillas y las rodeó con sus brazos, escondió la mitad de debajo de su rostro para poder sonreír a gusto. Le complacía y encantaba cada vez que Isabella los nombraba, no lo nombraba a él sólo porque no lo conocía, pero al nombrar a los demás sentía como si estuviese hablando de él.

Poco a poco fui quedándome dormida.

Cuando desperté el día Lunes por la mañana, me di cuenta que hoy debía retomar mis clases, ya no podía faltar más. Así que me levanté y me fui al baño para bañarme y ponerme el uniforme, falda azul, blusa blanca, la corbata azul, zapatos negros, calcetines azules y el estúpido y caluroso chaleco negro. Cuando terminé de vestirme, peiné como pude mi largo cabello. Era increíble que no recordara cómo es que lo llevaba normalmente si suelto o amarrado.

- Suelto, siempre lo llevas suelto, es por eso que siempre tus estúpidas compañeras te golpean de improviso, no te das cuenta porque llevas el pelo sobre la cara, así que amáratelo - me ordenó Kris, fruncí el ceño ¿Quién se creía para darme ordenes? Puso los ojos en blanco con exasperación.

- ¿Podrías hacerme caso por una maldita vez en tu vida? - preguntó enfadada.

- Nunca me has hecho ninguna sugerencia con respecto a nada - le comenté, sin inmutarme por su tono.

- Claro que sí - refutó - Cuando tomas una decisión y sé que estás equivocada, siempre hago que te sientas insegura para que tomes la decisión correcta pero tú como la cabezota que eres nunca pones atención a nada. Así que ahora hazte ese maldito moño si no quieres que lo haga yo.

- ¿Estará diciendo la verdad? - preguntó Emmett.

- Quien sabe - le respondió Carlisle.

La observé por unos segundos y luego decidí que discutir con ella no me traería nada bueno. Haría caso a la doctora Sanders y trataría de llevar la fiesta en paz. ¿Qué perdía con intentarlo? No tenía salud mental así que… Me encogí de hombros y me fui a la habitación a buscar un moño para amarrarme el pelo. Me hice una cola de caballo, fue difícil, aparte de tenerlo largo era demasiado espeso.

Edward se descubrió pensando en cómo sería pasar sus manos sobre él, otra vez sintió un cosquilleo en las palmas.

Me miré en el espejo encontrando que me veía muy diferente pero no atractiva.

Escuché un bufido y en el espejo vi a Kris moviéndose y tocándose el cabello.

- Sí que estás ciega ¿Eh? Tal vez tú no te veas atractiva, pero yo me veo hermosa, mira como resaltan mis ojos.

- Vaya, se parece a alguien… - comentó Emmett mirando a su esposa, ella sintió su mirada, empujó su cabello hacia atrás sin hacerle demasiado caso. Ella sabía que era hermosa ¿Por qué no admirarse? Edward bufó.

Rodé los míos.

- Eres un poco presumida - le comenté sin ánimos de ofender, ella se encogió de hombros.

- ¿Nunca has escuchado que como te sientas es como te verán los demás? Si estás triste los demás lo verán, si te sientes desgraciada también lo sabrán.

- Puedo sentirme triste y desgraciada sin verme como tal - le contradije

- Eso es lo que tú crees - dijo con aire de suficiencia. Me di la vuelta, cogí mi mochila y salí de mi habitación.

Cuando llegué al final de las escaleras, pude escuchar a mi madre en la cocina cantando, no tenía ganas de hablar así que me dirigí rápido a la puerta principal, allí me topé con mi padre que venía entrando con una bolsa en su mano y una carpeta en la otra.

- No puede ser que no desayune, se enfermará - se quejó Carlisle por lo bajo.

- Hija ¿Tan temprano levantada? ¿Qué haces con el uniforme puesto? - preguntó extrañado.

- Es lunes, debo ir a la escuela - le respondí.

- Ah, creí haber escuchado a tu madre decir que podías faltar.

- Era solo por la semana pasada, papá.

- Ah, bueno ¿Y no vas a desayunar? - preguntó con desaprobación.

- Es que no tengo hambre y no quiero llegar atrasada… - no pude terminar, papá pasó su brazo con suavidad por encima de mis hombros y negando con la cabeza dijo:

- Oh no, tienes tiempo de sobra, además tienes que desayunar - y me condujo a la cocina.

Asentí resignada.

Carlisle suspiró - Que bueno.

Y resultó que llegué con tiempo suficiente a la escuela ya que mi padre insistió en ir a dejarme. Me dejó en la esquina, porque dijo que él sabía que llegar a la escuela en el auto del padre no sería de lo más cool.

Al escuchar esa palabra en los labios de mi papá, me reí. Me despedí de él y luego caminé los pocos pasos que me faltaban para llegar a la escuela.

Durante la mañana todo pasó dentro de lo normal; Jessica y sus secuaces me molestaban pero de lejos. Podía escuchar a Kris de vez en cuando gruñir de rabia, varias veces me dijo que me acercara y le diera un puñetazo, pero yo no le hice caso.

- Pues que tonta, ahora sí estoy de acuerdo con Kris, ¡sería la solución a sus problemas! - exclamó Emmett, pero se encogió en su asiento en cuando se dio cuenta de las miradas que le daban.

Todo se puso medio raro a la salida, me sentía vigilada.

Iba caminando tranquilamente hacia la esquina en donde debía doblar y luego caminar unas diez calles para llegar a casa, cuando de repente siento que alguien me toma por atrás y me azota contra el muro de concreto que estaba a mi izquierda. Mi primer pensamiento fue que había sido Kris y estaba a punto de preguntarle por qué diablos me atacaba ahora, cuando me dan la vuelta y veo a…

Jessica.

- ¿Lo ven? Tengo razón - dijo Emmett con aire de suficiencia, el resto rodó los ojos.

No estaba sola, habían unas seis o siete chicas más detrás de ella, mierda.

- Que canalla - dijo Emmett.

- ¡Jessica es una chica despreciable y ruin! - exclamó Esme con indignación y enojo.

- Es una maldita cobarde - comento Alice.

Jessica estaba tan cerca, que podía verme reflejada en sus ojos castaños, y quería reírme, no me veía a mí, sino a Kris, que tenía una mueca furiosa en el rostro.

- Golpéala, hazlo maldita cobarde pégale y demuéstrale quien manda - dijo Kris impaciente, Jessica también estaba hablando pero sólo capte el final de su frase.

- …Y me debes algo - dijo con desprecio. Yo sonreí, me hacía gracia que Kris dijera que era una cobarde, a pesar de estar rodeada de ocho chicas dispuestas a golpearme no sentía miedo, extrañamente no sentía miedo.

- Eso es muy valeroso de su parte pero si no sale corriendo de allí… - Emmett dejó la frase incompleta.

- ¿Te atreves a burlarte de mí? - preguntó Jessica furiosa, Kris volvió a hablar en ese momento.

- ¡Golpéala de una maldita vez! - exclamó todavía muy enfadada.

- No - le respondí.

- Más te vale - dijo Jessica y no pude aguantarme las ganas de reír, sentía la necesidad de responderle a Kris y no a Jessica, pero parecía como si le estuviese respondiendo a la rubia y no a la voz dentro de mi cabeza, volví a reírme, era un rollo.

- Ahora verás - dijo Jessica tomando en sus puños mi chaleco.

- Si no quieres hacerlo tú, entonces lo haré yo - advirtió Kris.

- ¡No! - grité pero ya era tarde, lo siguiente que vi fue a Jessica en el suelo y otras dos chicas más, las otras habían corrido y estaban varios metros lejos de mí.

- ¡Eso es! Kris cada vez me cae mejor - dijo Emmett con una sonrisa que le duró poco - ¡Auch! Mamá ¿Tú también ahora me pegas?

Esme se había levantado para golpearlo.

- ¡Emmett te he dicho muchas veces que la violencia no es buena y solo trae más problemas! - exclamó Esme volviendo a sentarse, Edward volvió a esconder su sonrisa porque en el fondo le daba la razón a Emmett, Isabella no podía quedarse de brazos cruzados.

Jessica estaba recostada sobre su espalda, con una mano se apretaba las costillas y con la otra su nariz y boca. Lloraba, retiró su mano y pude ver su nariz que estaba un poco chueca, mucha sangre salía de ella. También su boca sangraba, escupió y vi dos dientes en medio del escupitajo.

Las otras dos chicas no estaba en mejores condiciones y yo sólo podía verlas con asombro. Mierda, a Kris se le había pasado la mano.

- Tu… Tu… Las… - murmuré sin poder salir del asombro.

- Se lo merecían - escuché a Kris que decía con voz lejana.

- Déjame, te ayudo - le dije a Jessica tratando de acercarme a ella.

- ¡Aléjate! ¡Maldita loca, no te me acerques! - gritó, yo me erguí y la miré con pena.

- Lo siento - murmuré lastimosamente. Tomé mi mochila dispuesta a irme, quería ayudarla, pero Kris podía volver a hacerle daño escuchando los insultos de Jessica.

- Es una niña tan buena - dijo Esme con una sonrisa. Emmett rodó los ojos, él quería que ella hiciera travesuras.

- ¡Emmett! ¡Te vi! - Esme exclamó con enojo. Emmett era como el cristal, cada uno de sus pensamientos quedaba transparentados en su cara o gestos. Edward ahogó su risa.

- Yo mando - escuche que dijo Kris. Me entraba la furia, ahora la que tendrá problemas seré yo, a pesar de no haber hecho nada, igual los regaños y problemas me llegarían a mí.

Me había dado cuenta que cuando no podía ver a Kris me parecía más difícil de escuchar y descifrar sus palabras. A lo largo de la mañana varias veces había escuchado murmullos y no eran mis compañeros, pues trabajaban en completo silencio. Cuando había mirado mi cuaderno otra vez este estaba lleno de groserías y caritas burlonas, estuvieron a punto de pillarme y si lo hubiesen hecho me hubieran castigado y todo por culpa de Kris. Ya estaba harta.

Así que apenas llegué me dirigí a mi baño cerrando con llave las dos puertas, miré el espejo.

- ¿Por qué lo hiciste? - pregunté enojada.

- ¿Hacer qué? - respondió Kris, mirándose las uñas.

- ¡No tenías derecho! - exclamé perdiendo la paciencia.

- Iban a golpearme - dijo reaccionando y mirándome molesta.

- ¡No! ¡Iban a golpearme a mí! - le dije - Este es mi cuerpo, eres la intrusa y no tienes derecho a decidir por mí - le reclamé lo cual la enfureció.

- No te atrevas a cuestionarme - dijo con voz leve - ¡Y además te defendí! Malagradecida.

- Sí, evitaste que me golpearan, dejando malheridos a otros ¿No pudiste simplemente salir corriendo? - le pregunté sin importarme su cara de asesina.

- ¡No soy una cochina cobarde! - me gritó.

- ¡Pues es preferible eso a ser una maldita matona! - le grité de vuelta.

- ¡Ya basta! - gritó más fuerte - Te voy a enseñar a mantener la boca cerrada y no reclamar estupideces.

- Vaya, creo que ahora no me cae muy bien - dijo Emmett.

Para mí fue como si hubiese pasado un segundo, pero enseguida supe que había pasado más, porque estaba totalmente desnuda, sentía dolor por todas partes. Comencé a mirar hacia abajo con temor, me aguanté las ganas de gritar, en todo mi cuerpo habían múltiples cortes; pequeños, otros bastante grandes. Me miré en el espejo de cuerpo entero y pude revisarme mejor. Me eché a llorar, maldita Kris, hasta mi espalda estaba herida y dolía como el demonio.

- Definitivamente ya no me cae bien - dijo Emmett cruzado de brazos

¿Por qué hacía esto? ¿Por qué no me dejaba en paz?

- Yo mando - le escuché decir. Llore más fuerte, aunque traté de calmarme, era inútil, sentía tanta impotencia, tanto dolor, tanta rabia ¿Acaso yo merecía esto? ¿Tan mala había sido en mi vida anterior para estar sufriendo tanto? No era justo. Seguir llorando era inevitable, pero aun así pese al dolor y todo me dediqué a revisar los cortes, rogando que no los hubiera hecho demasiado profundos, gracias al cielo solo eran superficiales, pero igual dolían. Cuando terminé de vendarme, parecía una verdadera momia, a pesar de estar llorando, me reí, eso probaba lo trastornada que estaba.

Ya me había bañado, así que me puse mi pijama que al vivir en el valle del sol nadie usaría, pero yo sí, eran unos pantalones blancos largos de algodón más una camiseta blanca también de manga larga. Fui al baño y me revisé. Bien, nada se notaba pero mis ojos estaban rojos y un poco hinchados, mis padres se darían cuenta de inmediato que había llorado. Me mojé la cara con agua helada, la ducha caliente no había servido, así que esperaba que el agua fría si lo hiciera, pero luego de secarme me di cuenta de que era inútil. Suspirando pensé que debía resignarme a lo inevitable.

Cuando llegué a la cocina, sólo encontré a mi mama y era raro porque ya eran pasadas las ocho.

- ¿Mamá, dónde está papá? - pregunté tomando asiento.

- En el trabajo cielo - dijo sin mirarme, fingiendo estar concentrada en la olla. Ella mentía. La observé por un largo rato, pero ella no volteó.

- Pero papá llega a las siete - comenté intentando que se diera la vuelta.

- Sí, lo sé cielo, llamó en la tarde para decirme que… Tenía trabajo y llegaría más tarde.

- Ah - me limité a decir, algo me decía que papá estaba en ese momento en mi escuela. Mamá se acercó en ese momento y me miró frunciendo el ceño y pero lo relajó casi enseguida. Forzando una sonrisa colocó delante de mí un plato con mi cena. Besó un costado de mi cabeza y se dirigió a la salida.

- ¿No vas cenar? - Le pregunté, ella no se había servido.

- No cielo yo… Comí con una amigas - dijo y salió. Me quede mirando la puerta, después miré el plato... Con el índice lo empujé despacio hasta dejarlo en medio de la mesa.

Se me había quitado el hambre.

No me importaba cuando las demás personas me mentían, pero dolía cuando lo hacían mis padres.

- No sé por qué no se limitan a simplemente decirle lo que pasa, así la dañan mucho más y ahora deja de comer - dijo Carlisle quien rara vez se enojaba, ahora lo estaba.

- Nadie nace sabiendo cómo ser padres corazón - le dijo Esme con dulzura.

No sé cuánto tiempo pasó, pero ya era bien tarde cuando mi padre llegó. Entró a la cocina acompañado de mi madre y yo seguía sentada en el mismo lugar. Mi cena ya se había enfriado.

Mamá se puso frente a mí al otro lado de la mesa, inspeccionando el plato como si intentara ver la razón por la cual yo no había provado bocado.

- Cielo, no comiste nada - susurró, me levanté tomando el plato y dejándolo en la encimera, no pasé por alto que mis padres dieran un paso atrás en sus lugares cuando tomé el plato. Volví a sentarme con un suspiro tembloroso.

- Oh por dios no pueden hacerle eso - Alice también estaba muy enfadada.

- ¿Tienes algo que decirme? - le pregunté a papá sin llegar a ser irrespetuosa. Quería subir a mi habitación, sentía un vacío hondo en mi interior y unas tremendas ganas de llorar. Pero no estaba enojada con ellos ¿Quién podía culparlos de temerle a una loca? Aunque esa loca fuese su propia hija.

- Hace poco llamé a tu director - comenzó mi padre a decir, más yo sabía que lo que decía era mentira.

- Desde el trabajo - mentira

- Tu madre y yo hablamos hace un tiempo ya y decidimos… - mentira, esto era reciente.

- ... Que ya que has pasado por mucho y en las siguientes semanas estarás asistiendo a diferentes consultas, creímos que sería demasiada presión y es mejor que dejes de ir a la escuela por un tiempo - Suspendida o expulsada eso significaba su discurso. Jessica y sus amigas me habían acusado por lo que había hecho Kris, logrando que me sacaran de la escuela, el único lugar que hacía que me sintiera un poco más normal. Las niñas normales van a la escuela y no caer bien a todo el mundo es parte de la vida. Era todo tan injusto.

- Bien, buenas noches.

- ¡Agh! Que rabia, es demasiado comprensiva - dijo Rosalie, todos se encontraban muy molestos, también con Isabella, ella soportaba demasiado y no se quejaba.

Me paré y pasando por el lado de mi padre me dirigí a mi habitación. Cuando llegué cerré, apoyándome en la puerta y deslizándome hasta el suelo.

Era todo tan injusto, era lo único que podía pensar, ahora mis padres también me tratan diferente, pero no era culpa de ellos como quería hacerme creer Kris.

Era culpa de las circunstancias, mis padres se han sacrificado mucho, lo menos que podía hacer por ellos era tratar de salir de todo esto como sea. Estaba segura de que Kris no desaparecería así que tendría que encontrar una manera de hacer que cooperara.

Sería muy difícil por supuesto, pero como se había hecho muy común en mí pensar así, nada perdía con intentar.

Llegado a ese punto Rosalie se detuvo frunciendo el ceño.

- ¿Qué ocurre? - le preguntó Carlisle.

- No lo sé, pero no puedo seguir leyendo, es muy extraño, hay palabras sueltas… Pero no se entiende.

- Ay no ¿Es como cuando tratamos de adelantarnos a la historia? - preguntó Emmett molesto.

- Al parecer sí - le respondió Rosalie, retrocediendo y adelantando páginas, las que ya había leído estaban intactas pero las de más adelante no tenían sentido.

- Entonces eso quiere decir que tal vez lo que viene a continuación no debemos leerlo todavía - aportó Jasper calmando los ánimos.

- No debemos y no podemos - dijo Rosalie.

- Tendremos que esperar - dijo Carlisle encogiéndose de hombros.

- ¿Esperar que? ¿Y cuánto? - preguntó Alice impaciente.

- Supongo que hasta que las palabras se vuelvan legibles, de todas formas está amaneciendo así que será mejor que yo me vaya al hospital, en la noche veremos qué pasa - contestó Carlisle poniéndose de pie.

- Está bien - contestaron los demás con desgana.

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Al llegar la noche.

- ¡Al fin! - exclamó Alice sentándose y esperando impaciente que comenzaran - Edward date prisa.

- ¿Qué? ¿Cómo que Edward? Yo todavía no termino el capítulo - reclamó Rosalie frunciendo el ceño.

- Está bien Rosalie pero apresúrate.

Rosalie suspiró y abrió el libro un poco nerviosa aunque no lo dejara ver, esperaba que sí se pudiera seguir leyendo, pegó un gritito de alegría muy poco usual en ella cuando cuando pude leer perfectamente la continuación.

Al día siguiente; Martes, desperté a las siete justa de la mañana. Me quedé acostada hasta que a las nueve mi madre tocó mi puerta diciendo que el desayuno estaba listo. Fui al baño, me duché y vestí. Hoy hiría al psiquiatra y estaba muy asustada, no sabía que pensar.

Sabía que me estaba dejando llevar por lo que la gente solía decir sobre los psiquiatras, que para ellos todo el mundo está loco. Y no era cierto, debía sacarme esa tonta idea de la cabeza.

Desayuné con mis padres en completo silencio... Silencio para mi. Aunque en determinado momento escuché a papá decir que había dicho en el trabajo que hoy faltaría por asuntos personales.

Nadie fuera de esta casa sabía que iría a un psiquiatra, no sabía por qué tanto secretismo si ya todos sabían que me faltaba un tornillo.

Cuando llegamos al dichoso lugar, me sorprendió que nos hicieran pasar de inmediato. Nos sentamos frente al escritorio, allí sentado en una silla reclinable, se encontraba un hombre de mediana de edad, no pasaría los treinta, era un poco pálido pero sin exagerar, rubio, ojos azul oscuro y facciones finas, su rostro estaba muy serio, no pude encontrar ninguna otra expresión, ni buena ni mala.

Nos saludó cortésmente y procedió a interrogar a mis padres, no presté atención, mi miraba estaba en la pared a mi derecha, extraños artefactos habían allí sobre un mesón, cuadros sin vidrio cubrían casi la totalidad del muro.

- ¿Cuadros sin vidrio? ¿Y por qué? - preguntó Emmett confundido.

- Recuerda que la psicóloga hablo con él de Kris, tiene que haberle dicho que sus objetos favoritos para tirar eran esos - le respondió Jasper monotonamente.

- Ah.

Salían diferentes personas, pude reconocer al psiquiatra en cada una de ellas acompañado por hombres y mujeres de diferentes edades y en todas detrás de ellos se apreciaban árboles y un establecimiento grande de color blanco perla.

- Una clínica mantal - contestó Jasper, antes de que Emmett preguntara cualquier cosa.

- ¿Isabella? - miré al dueño de aquella voz. Giré mi cabeza para mirar a mis padres y me sorprendió no verlos en la habitación. Vaya, ya se habían ido.

Asentí en dirección al doctor, me sentía demasiado insegura para hablar. Él frunció levemente el ceño. Bajó la mirada hacia un montón de papeles que habían sobre su escritorio. Debía ser informes médicos de las consultas anteriores.

- De acuerdo, soy el doctor Dan Owen ¿Qué tal si me hablas un poco sobre ti? - preguntó sin demasiada parsimonia.

- Amm… - dudé y mordí mi labio inferior ¡Cielos! Esto era lo que más me costaba, creo que él entendió mi actitud, ya que me dio la primera sonrisa amistosa y luego comenzó a hacerme preguntas sobre mi vida.

Sobre la familia, si tenía amigos, como me iba en la escuela, mi relación con mis padres, etc.

Luego me preguntó sobre mis gustos, música, color favorito, películas, aficiones y hobbies , libros, asignatura favorita. En fin, un montón de cosas. Cuando terminé de hablar me dijo que me haría unos pequeños exámenes (psicológicos) para evaluar mi personalidad, autoestima, asertividad, impulsos, timidez, comunicación, carácter, hipocondría, actitud, sensibilidad, inteligencia mental y emocional. Me realizó algunos test de expresión social, actitudes disfuncionales, ansiedad, vulnerabilidad al estrés, obsesivo-compulsivo, enfrentamiento al estrés, síndrome depresivo, del logro y hasta de impulsos sexuales.

También midió mis capacidades, de cálculo, memoria, observación y atención y lo que más me asustó y costó un poquito fue el dichoso test de Rorshach (manchas) me mostró diez placas en las cuales debía decirle lo que veía con lo primero que se me viniera a la mente al verlas. Después de eso volvió a hacerme pruebas para medir mis capacidades, me hizo resolver comparación de series, buscar la figura que se repite, descubrir el sentido de giro del sistema, calcular el valor que falta, encontrar el camino en el laberinto de colores, comparar las expresiones, palabras incompletas, series de figuras, de letras, numéricas, sinónimos y antónimos y sumar números consecutivos. Me hizo un test de Resenberg para saber cuánta dignidad había en mí, y sorpresivamente y para mi completo alivio salí triunfante y normal en la mayoría de ellas. Claro, menos en los test de ansiedad, depresiva, vulnerabilidad al estrés, autoestima, comunicación y todo lo que me dijo con respecto al test de expresión social fue que yo era totalmente anti-social, y que prontamente podía desarrollar una fobia social.

Genial, algo más que agregar a la lista.

- Bueno, eso no es tan malo si salió bien en todas las demás - comentó Carlisle que había esperado que le fuera peor.

Pero de todas formas no estaba tan mal como yo creía, desde que había llegado ya habían pasado como tres horas. Cuando creí que ya habíamos terminado comenzó a hacerme preguntas tipo:

¿La gente me critica sin motivo?

¿Alguna vez me han acusado de robo?

¿Busco problemas o me meto en peleas con facilidad?

¿Me he herido a propósito alguna vez?

¿La gente comenta que mi humor cambia constantemente?

¿Dicen que soy fría y distante o arrogante o excéntrica?

¿Si en ocasiones aparezco en un lugar sin saber cómo he llegado allí?

¿Si hay veces en que no capto el paso del tiempo?

Me di cuenta de que ahora las preguntas se relacionaban con los síntomas del trastorno de identidad disociativo. Respondí afirmativamente a la mayoría de ellas.

Él escribía en todo momento en un cuadernillo. En la portada, en las tres líneas que allí había, en la primera estaba su nombre y su profesión, en la segunda mi nombre y edad y la tercera estaba vacía.

El cuadernillo estaba ocupado hasta la mitad y vi que el doctor le había sacado fotocopia a algunas de las hojas de los informes para pegarlas entremedio. Escribía rápido y sin pausa. Puso un punto final, acomodó el cuadernillo, lo cerró y en la línea que faltaba en la portada escribió:

"Trastorno de identidad disociativo"

Era mi fin.

- Bueno pero era algo que ella ya sabía - dijo Emmett - Que más pruebas que la misma Kris.

Cuando llegamos a casa papá partió de inmediato a la farmacia para comprar todos los medicamentos que debería tomar por algún tiempo.

Básicamente el tratamiento para el trastorno de identidad consiste en hipnoterapia y las medicinas son para controlar todos los demás síntomas como la depresión. También me recetó unas pastillas para dormir y unos calmantes.

Mi hígado era el que saldría peor parado, esperaba no intoxicarme con tanto medicamento. Lo bueno es que eran dosis pequeñas, así que el psiquiatra Owen dijo que no debería de haber problemas. Ojalá tuviera razón.

Pero la verdad es que todo estaba empeorando.

Me tomé una pastilla para dormir justo antes de acostarme.

-¡OH MALDICIÓN! - gritó Rosalie más que enojada a punto de lanzar el libro hacia la otra punta de la habitación.

- ¡Rosalie! - regañó Esme - ¿Qué sucede?

- Pues otra vez.

- ¿Cómo que otra vez? Dámelo - dijo Emmett quitándole el libro - ¡Por todos los demonios! Tendremos que esperar otra vez.

Querían seguir leyendo pero como no podían decidieron ir todos de caza y así aprovechar ese tiempo.

Carlisle volvió al hospital al amanecer, los otros se quedaron a seguir cazando. Edward estaba en su prado recostado sobre la hierba algo seca, el circulo seguía allí. Se estaba preguntando si sería una buena idea ir a buscar la puerta de Isabella y también se preguntaba cómo es que lo hacía Ares o Apolo para encontrarla. Luego decidió que sería demasiado peligroso con sus hermanos internados en el bosque.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

- Ya ya ya ya Rosalie, rápido - llamó Alice dando pequeños saltitos en donde estaba sentada.

- Ya voy - se sentaron y continuaron.

El miércoles por la mañana cuando desperté, me sentí muy confusa, hasta el punto de no saber qué diablos tenía que hacer a continuación. No podía creer que esa diminuta e insignificante bolita de químicos me produjera efectos secundarios tan rápido. De pronto sentí movimiento a mi lado derecho. Abrí los ojos con dificultad, me sentía aturdida y soñolienta. Era mi madre quien me ofrecía una pastilla y un vaso de agua, puso la pastilla en mi lengua y levantó mi cabeza para que no me ahogara con el agua.

- ¿Cómo te encuentras, cielo? - preguntó con preocupación.

- Bien… Confundida… No sé - traté de explicarme.

- No te preocupes, se pasará. Cuando te sientas mejor baja a desayunar ¿Sí corazón? - preguntó con voz suave y amable. Apenas pude asentir, ya que sentía la cabeza como bola de acero.

Ella salió y yo me quedé acostada por un buen rato.

Condenadas pastillas. No estaba acostumbrada a tomar medicinas y aunque llevaba ya varios años con distintos tipos de trastornos, había sabido sobrellevar todo bastante bien, pero si el psiquiatra decía que esto era lo mejor ¿Quién era yo, una adolecente traumada de dieciseis años, comparada con sus años de experiencia?

- Sí, pero por mucha experiencia que tengan, también a menudo se equivocan - dijo Jasper, Emmett lo miró boquiabierto.

- No puedo creer que te estés criticando a ti mismo si eres como Edward, el segundo niñito perfecto de la casa - dijo Emmett en tono burlón, recibió dos gruñidos y él sonrió satisfecho, hace horas que no había hecho rabiar a Edward.

Me levanté cuando creí sentirme mejor. Arribé en el baño con un pequeño tambaleo que hizo que tuviera que afirmarme del marco de la puerta. Justo en ese momento me atravesó un fuerte dolor de cabeza, maldita sea ¿Qué hice para merecer esto?

- Para empezar, tomar esas malditas pastillas, eso hiciste - dijo Kris con enfado.

- Oh cállate por favor - le supliqué, agarrando mi cabeza, mientras la miraba a través del espejo.

- Claro que no, esto es tu culpa, antes estábamos muy bien - replicó. Me reí y sentí que me latía el cerebro.

- Por favor, nunca hemos estado bien, estar bien seria que tu no existieras, estar bien seria no tener ataques de ansiedad y pánico, ni ser anti-social - repliqué acercándome al lavabo para sacar el cepillo de dientes.

- Tú sabes a lo que me refiero, al menos antes no sufríamos estos horribles dolores de cabeza ni nos sentíamos como bobas al despertar.

- Creí que tenías mucho aguante y yo no me sentí como boba al despertar, si no confundida que es muy diferente - le comenté con calma, ella apretó los labios con rabia, debía estar sufriendo bastante con el dolor de cabeza como para no replicar nada, por supuesto yo también lo sentía.

Cuando terminé de lavar mis dientes, me desnudé y me metí a la ducha, a ver si el agua caliente ayudaba un poco y en efecto lo hizo. Al salir del chorro de agua me sentía mucho más despierta y ahora solo tenía un leve dolor en la sienes, pero Kris seguía totalmente irritada. Encogí mis hombros, no era mi culpa, pensé bajando por las escaleras.

- Claro que es tu culpa - voltee hacia el cuadro en donde estaba reflejada - Y no te atrevas a volver a consumir esas mierdas, hacen que me sienta fatal.

Rodé los ojos.

- Tú no eres la única que está sufriendo - murmuré por lo bajo, se enojó más.

- Maldita masoquista - murmuró, no le preste más atención y me dirigí a la cocina. Allí estaban mis padres.

- Buenos días - salude besándolos a los dos.

- Buenos días - contestaron a coro y sonriéndome.

- ¿Dormiste bien, cielo? - preguntó mamá. Iba a contestar que sí, pero luego vi que me miraban con una inmensa sorpresa. Mamá tenía la boca abierta de la impresión.

- ¿Qué sucede? - pregunté alarmada mirando hacia abajo pensando que tal vez se me veía alguna venda o algo. Me eché una rápida mirada y todo estaba bien. No comprendía por qué entonces me miraban así.

- Tú… - dijo mamá demasiado impresionada como para seguir hablando, yo estaba comenzando a desesperarme.

- ¿Qué? ¿Yo qué? - le pregunté con apremio.

- Lo que contestaste… - susurró mi padre aún incrédulo.

- ¿Contestar yo? Pero si no he dicho nada… - mis padres se miraron asustados y entonces comprendí, era Kris quien había respondido. Mierda, quizás qué les había dicho para reaccionar así. Kris era tan irascible y me fastidiaba.

- ¿Qué fue lo que dije? - pregunté resignada - Palabra por palabra, mamá por favor - le pedí con finura.

- Dijiste "Dormí bien, pero desperté mal, vieja bruja por esas malditas pastillas que me haces tomar" - terminó de decir taciturna, me quede impresionada. Esta vez Kris se había pasado.

Rabia me carcomía por dentro pero también impotencia, porque sabía que no podía hacer más que regañarla, maldita sea.

- Lo siento mamá, no pretendía decir aquello ¿Quieres que suba a mi habitación? - le pregunté esperanzada, si pasaba menos tiempo con mis padres, Kris no tendría la oportunidad de insultarlos.

Edward sintió como algo dentro de sí se calentaba. Como su madre había dicho, ella era buena. Aunque eso lo llenó de tristeza, ella era buena y él… Un demonio.

- No cielo, no es necesario - dijo con una sonrisa despreocupada, sin embargo yo ya no quería estar allí.

- Sí es necesario, subiré ahora - farfullé levantándome y subiendo rauda a mi habitación. Cerré con seguro y fui al baño cerrando con llave esa puerta también, puse las manos en el borde del lavabo y miré fijamente el espejo.

- ¿Por qué mierda hiciste eso? ¡ No tenías ningún derecho a hablarles así a mis padres! - Exclamé con enojo.

- Claro que lo tengo - respondió sin interés.

- ¡No! ¡No lo tienes! - hablé elevando mi tono de voz - ¡Ellos son mis padres! ¡De hecho tú ni siquiera deberías estar aquí! - dije señalándome la sien derecha con el índice. Me di la vuelta sin importarme lo que dijera. Lo único que quería era que me dejara en paz.

En lo que restó de la tarde me dediqué a ordenar mi cuarto, por desgracia esta tarea no me llevño todo el tiempo que a mí me hubiese gustado y eso que lo hice con una lentitud desesperante limpiando cada superficie dos veces, tal vez sea una actitud muy obsesiva-compulsiva pero no quería tener la oportunidad de pensar, quería mantenerme lo más ocupada posible. Pero ordenar y limpiar solo me tomó dos horas y quedaba mucha tarde todavía. Decidí ordenar mis libros, cuando me topé con Cumbres Borrascosas dejé todo tirado y me puse a leer. Al fin había encontrado la manera de que el tiempo pasara un poco más rápido. Cuando mi madre me llamó para almorzar esa fue la única vez en la tarde que bajé, comí rápido y volví a subir.

Ya en la noche, mamá volvió a llamarme. Me extrañó que Kris estuviese tan silenciosa, no es que hablara mucho conmigo y fuera amable y tampoco es como si lograra entenderla cuando no estaba viéndola en un espejo pero ya me estaba acostumbrando a los murmullos ininteligibles que escuchaba de vez en cuando. Me encogí de hombros y bajé a cenar. Papa ya había llegado, estaba sentado en su lugar habitual, mi madre también. Esta vez sí comimos en silencio, en ningún momento me hicieron preguntas de ningún tipo y todo por culpa de Kris y sus estúpidos comentarios mordaces.

Al fin está echándole la culpa a la persona correcta y no así misma pensó Edward aliviado.

Estaba en la ducha enjabonándome y tratando de hallar una manera de arreglar las cosas con mis padres. Pensaba que no era aceptable que Kris hiciera esas cosas siempre, tomé la botella de champoo y vertí un poco directamente sobre mi cabeza comenzando a masajear. Debería encontrar una manera de hacerle entender que no debía comportarse de esa manera…

No pude seguir pensando en nada más, algo andaba mal, primero: no había hecho nada de espuma con el champoo y segundo: no debería sentir que mi cabello se mueve. Extrañada miré mis manos y estaban manchadas con una cosa café, las llevé a mi cabello y comencé a tantear, tomé entre mis dedos una de esas cosas que se movía, baje mi mano y…

Mierda ¡GUSANOS!

Rosalie hizo una mueca de profundo asco.

Y eso café era tierra.

- Ay no, ay no, ay no ¡Ay nooo! - comencé a chillar, mientras me ponía debajo del chorro de agua para sacar esos cochinos bichos, no podía creerlo, pero ¿De dónde habían salido? - ¡Maldita seas Kris!

Enseguida escuché su risa.

- ¡Estás demente! ¡Tú sí estás demente! - dije mientras trataba desesperadamente de sacarlos, de repente sentí náuseas y un asco tan grande que fue inevitable, vomité.

- No la culpo, esos malditos bichos y en su cabello - dijo Alice con horror.

Me pase mucho rato bajo la ducha, tanto que se acabó el agua caliente, pero no me importó que el agua estuviese fría, lo único que quería era sacarme esos bichos. No sabía cuándo había comenzado a llorar. Comencé a sentirme mareada, como pude salí de la ducha afirmándome del lavabo, me costaba respirar y sentía mi garganta demasiado seca e imaginaba mis pulmones llenos de tierra y gusanos, caí al suelo jadeando.

No podía respirar, maldita sea… No podía respirar, las paredes se inclinaron de un modo extraño.

- Ayu… Da - fue lo último que dije antes de caer desmayada… Otra vez.

- Va a terminar matando a pobre chica con tanto desmayo - dijo Emmett.

- Maldición - dijo Rosalie cerrando el libro de golpe, los demás suspiraron fastidiados.

- ¿Por qué pasara esto? - preguntó Emmett más que molesto, curioso.

- Mmm… Tengo una teoría, si esta historia realmente es real, creo que los hechos mencionados en el libro están pasando a la misma vez que los leemos o al menos estamos cerca. Por eso debemos esperar a que pase otro día, que Isabella viva otro día para que podamos seguir leyendo - compartió Carlisle sus pensamientos.

- Que fastidio - refunfuñó Emmett.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

- ¡Por favor Emmett deja ya a Rosalie tenemos que leer! - Alice gritaba exasperada - ¡Ya tendrán la eternidad para tener sexo salvaje y destruir su habitación!

- Oh que impaciente, ya estamos aquí enana relájate - le aconsejó Emmett subiéndose el cierre del pantalón - Auch demonios.

Alice le había pegado. Rosalie bajó arreglando su ropa y con una enorme sonrisa plasmada en la cara, Alice la asesinó con la mirada para que se apresurara.

Ay ay ay, sentía que mi cabeza explotaría. Me senté y mi cabeza comenzó a dar vueltas ¿Y ahora que había pasado para que me sintiera así? Abrí los ojos con pereza, no me acordaba lo último que había hecho anoche, ni tampoco como había llegado a la cama, si recordaba estar en la ducha y entonces…

Fugaces imágenes comenzaron a pasar por mi mente, recordando poco a poco lo que había pasado. Me dejé caer contra las almohada suspirando, Kris otra vez había hecho de las suyas, no entendía cuál era su afán de hacerme esas cosas.

Debería poner más atención en lo que hiciera de ahora en adelante.

No era seguro estar despistada con Kris al acecho.

Me levanté y al hacerlo el dolor de cabeza se agravó.

- Maldito dolor - me quejé - Oh Dios - grazné apresando mi garganta con mi mano. Estaba tan irritada que ardía.

- Maldita tú y malditas pastillas que no sirven para nada - dijo Kris cuando estuve frente al espejo, cerré los ojos con cansancio.

- Esto no es por los medicamentos, si no por tu culpa - le dije mientras sacaba el cepillo y el dentífrico.

- ¿Mi culpa? No puedo creer que me culpes a mí de lo que has hecho tu - dijo con arrogancia, me detuve en lo que estaba haciendo y la miré.

- ¿En serio? - le pregunté levantando una ceja, me miró ceñuda - Entonces vas a decirme que ¿yo cambie mi champo por tierra y esos bichos asquerosos?

- No, no lo hiciste, pero sigue siendo tu culpa

- ¿Y por qué? - le pregunté

- Tú te desmayaste - dijo indiferente, no podía creer que fuera tan cínica.

- ¡Agh! - gruñí frustrada, pero luego me sentí confundida, no recordaba lo que estaba a punto de hacer. Había lavado mis dientes, toqué mi cabello, estaba mojado y peinado, bien entonces... Un momentito ¿Por qué estoy frente a la puerta principal? No recordaba haber bajado, ni siquiera me había vestido. Miré hacia abajo y ahogué un grito ¿Qué? Pero… Llevaba puesta una falda, pero parecía que fuera en miniatura por lo corta que era, la polera era demasiado escotada y dejaba a la vista mi ombligo, estaba usando unos zapatos altos de mamá, mierda Kris.

- ¿Isabella? - escuché. Oh no, mi madre. No podía dejar que me viera así por lo que subí lo más rápido que los tacones me permitieron pero al llegar arriba, cómo no, me tropecé con el ultimo escalón, caí de bruces.

- Auch, sí dolió - me levanté y corrí a mi habitación.

Emmett iba a soltar la carcajada pero Rosalie lo golpeó antes de que lo hiciera, ella recordaba muy bien de su vida humana como era caminar con tacones y correr ¡Fiuuu! Era un suplicio. Y para nada gracioso cuando tus pies se torcían haciéndote caer y dejando al aire tu lindo culito.

- ¿Isabella cielo, eres tú? - escuché a mamá que gritaba desde abajo, cerré de un portazo.

Fui a mirarme a espejo.

- Diablos, me veo vulgar - dije al observarme.

- ¡Oye! ¡No es cierto! Te ves… Aceptable, si cambiaras esa expresión de tu cara sería mucho mejor, en cambio yo me veía muy sexy.

Puse los ojos en blanco.

- ¿De dónde sacaste esta ropa? Es demasiado vulgar para ser de mi mamá - le comenté.

- ¡Por supuesto que no es de ella! ¡Yo no usaría nada que fuese de ella! - exclamó, otra vez enojada.

- ¿Y los zapatos? - le pregunté con calma.

- Una excepción - comentó indiferente. Cerré los ojos por un momento, ya estaba cansada de tanto jueguito.

- ¿A dónde pensabas ir vestida así?

- ¿Y a ti que te importa? - preguntó con frialdad. Ahora la que se enojó fui yo.

- ¡Claro que me importa! ¡Es mi cuerpo! ¡A quien hubieran visto vestida así, es a mí! Hubiesen pensado que yo me puse esta ropa tan… Indecente, porque nadie me creería si dijera que tengo trastorno de identidad y a la otra personalidad le gusta vestirse de forma tan indecorosa - Terminé diciendo con desagrado.

- ¿Y te importa mucho lo que piensen los demás no? - preguntó socarrona

- Claro que no - dije con fastidio - Nunca me ha importado, pero esto definitivamente acarrearía problemas y más de un disgusto a mis padres, no serían para ti, ni siquiera para mí.

- ¿Y no se lo merecen? - preguntó con rencor

- Ya estoy harta - susurré. Comencé a sacarme toda esa ropa de encima, que quien sabía a quien pertenecían. Después de buscar en mi armario algo que ponerme por casi cinco minutos me decidí por un pantalón y camiseta que fueran cómodos y que me taparan, pero que no fuera demasiado abrigador o apretado, tenía heridas que cuidar.

- Que bueno que es tan responsable - dijo Carlisle aliviado de que al menos ella se preocupara de su salud física, más o menos, porque no le gustaba para nada que Isabella no comiera.

Cuando estuve lista me puse unas pantuflas y fui al baño. Del estante bajo la ventana saqué una bolsa, en la cual metí toda aquella ropa, le hice un nudo bien apretado. En una mano tomé la bolsa y en la otra los zapatos de mamá que pasé a dejar en su habitación. No me costó nada meterme y sin hacer ningún ruido me colé en su armario. En un escalón bajo estaban todos sus zapatos ordenados por tamaño y color, por lo que no me costó nada saber en dónde iban estos. Luego de dejar todo como estaba antes, para que no supiera que Kris había estado husmeando en sus cosas, salí de casa tratando de hacer el menor ruido posible.

En cuanto alcancé la vereda levanté la mano con la que sujetaba la bolsa. En eso empecé a escuchar murmullos; era kris, no comprendía lo que decía pero me pareció que estaba furiosa. Sonreí levemente y abrí la mano dejando caer la bolsa en el tarro de la basura. Sacudí mis manos sintiéndome satisfecha, por fin estaba teniendo un poco de control, me di media vuelta y entré a casa con el mismo sigilo con el que había salido.

Otra vez había pasado toda la tarde leyendo, pues no tenía otra cosa en la que entretenerme, no tenía deberes porque ya no iba al colegio. Me faltaban unas cinco páginas para terminar de leer el libro, cuando de pronto escucho un grito que proviene de la habitación de mis padres.

Me asusté y me puse de pie al mismo tiempo en que escuché los pasos apresurados de papá al subir las escaleras y correr a la habitación. Mamá seguía gritando.

¿Qué diablos pasaba?

Corrí al cuarto de mis padres, mi madre estaba histérica ¿La razón? La única vez que había visto así a mamá fue cuando había visto a un ratón en la encimera de la cocina. Les tiene fobia. Mi madre ha sido siempre muy estricta con la limpieza, tanto dentro como fuera de la casa. Pasó varios días nerviosa y no se explicaba cómo es que ese roedor había llegado a su muy limpia cocina.

Después de eso su control sobre la limpieza subió a niveles insospechados.

Ella aseguraba que el ratón debía de haber sido dejado allí por alguien, porque era imposible que el olor a limpio los atrajera y ella estaba en los cierto. A los cuatro días después de eso vimos a una vecina de unas cuantas casas más abajo entrando a nuestra vivienda con dos bolsas en las manos, una con basura y la otra con animalitos que fácilmente encuentras en un basural y con este calor las sobras de comida se descomponen más rápidamente ¿Cómo es que la vimos? Mi madre le insistió a mi padre en que pusiera una cámara al lado de la luz del porche y así fue como la descubrieron. Mi madre siempre ha sido una mujer alegre y optimista a pesar de la adversidad. Cae bien en todos lados y es seguro que desde fuera debe de parecer que disfruta de una familia unida, feliz y sin problemas. Cuan equivocados estan todos. Sí somos una familia unida y algunas veces felices, pero tenemos problemas como todos y que mi madre sonría siempre no significa que no los tenga. De hecho mi madre es la que más sufre, no podía imaginarme cómo sería el dolor de madre al ver a su hija sufrir y con problemas y no poder ayudarla.

Esme sintió una gran pena, eso había hecho que se acordara de su bebé perdido, el dolor por la pérdida aun latía latente en su interior, Carlisle como si supiera exactamente lo que su amada esposa pensaba la abrazó.

Esa señora estúpidamente le tenía envidia a mi madre, en la comisaría confesó que le tenía aversión y que no soportaba verla tan feliz. ¿Cómo se enteró de que mi madre le tenía fobia a los roedores? Ni idea. Yo sólo sabía que era por algo que pasó en su infancia. Después de todo esto, era razonable que mi madre reaccionara con enojo. Pero ella me miró a mi, mierda.

Papá sabía muy bien lo que le había pasado a mamá y no sería capaz de hacerle algo así. Yo no sabía tanto, sin mbargo jamás se me pasaría por la cabeza hacerle algo así. Pero la única que había pasado toda la tarde en el segundo piso y ahora era la principal sospechosa, era yo.

- Que mala pata - dijo Emmett

- ¿Qué…? ¿Por qué hiciste esto? - me preguntó llorando mientras papá la abrazaba.

- Yo… No… - no sabía cómo decirle que no había sido yo. Estaba segura de que había sido Kris.

¿Quién más seria capaz de algo así?

- ¿Y quién más podría haberlo hecho? ¡Tú eres quien ha pasado todo el día aquí! - exclamó. Algo se movió en la cama y mamá volvió a chillar. Allí en las sabanas favoritas de mi madre había ratones, cucarachas y un montón de basura. Kris se estaba vengando por haberle botado su ropa.

- Yo no lo hice - le dije lastimeramente, sintiéndome como la misma mierda, mis ojos se llenaron de lágrimas. Podía soportar que los demás me insultaran, se enojaran conmigo y no me creyeran, pero mi madre…

- Es su pilar y apoyo incondicional - susurró Esme entristecida, las ganas de abrazar y consolar a Isabella se hacían cada vez más grandes, y para Edward era aún peor. Sentía que pasaría un tiempo antes de que Apolo se volviera a reunir con ella.

- Vete a tu habitación - dijo con voz neutra.

Me di la vuelta y me fui a mi cuarto. Mis mejillas estaban totalmente empapadas, los sollozos oprimían mi pecho y la impotencia y rabia no me dejaban pensar con claridad.

Por enésima vez me dirigí al baño.

- ¡Ya me tienes harta! - le grité - ¡Te he dicho mil veces que no tienes derecho! ¡Eres una maldita! ¡Estás loca, desquiciada! ¡Lo único que quieres es un poco de atención y estás sufriendo estúpida, tienes envidia porque no posees tu propio cuerpo!

Respirábamos agitadamente, ella me miraba con los ojos entornados y furiosos. Apretó los puños y sonrió. Eso no presagiaba nada bueno y en lo que me parecieron segundos supe que estaba en lo correcto. Ya no estaba en el baño si no en el centro de mi habitación, sólo que ya no parecía mi habitación, estaba todo desordenado y roto, las mantas de mi cama, mis almohadas, mis libros, mis preciados libros hechos jirones por todo el suelo, mis cuadernos, mi ropa desgarrada, las paredes estaban rajadas en algunas partes y mis adornos destrozados. O Kris había tenido un ataque de furia o lo había hecho para castigarme, no lo sabía, sólo podía ver con tristeza lo que quedaba de mis posesiones.

- Y eso no es todo - le escuché decir, aunque no tuve tiempo de reaccionar, en cambio lo único que pude hacer fue gritar y llorar, mis brazos dolían, mis piernas, mi estómago, mi mejilla derecha. Abrí los ojos encontrándome en el baño el cual estaba igualmente destrozado. Me di la vuelta y vi mi ropa que estaba tirada en el piso a mis pies. Tenía puesta únicamente la ropa interior que estaba ensangrentada, estaba peor que la última vez que Kris me había herido. Comenzaba a marearme pero seguí gritando, eran gritos desgarradores, esos que hacen que sientas tu garganta como si le estuvieran pasando lija.

Mi mano izquierda sujetaba un cuchillo grande y ensangrentado. Mis gritos y mi llanto debieron de alertar a mis padres que en segundos estaban golpeando la puerta de mi cuarto (estaba con seguro) la del baño estaba abierta. Mi padre debió de darle una patada o algo porque a pesar de mi estado de agonía y mis lamentos escuche un crujido, en segundos tuve a mis padres en frente mirándome estupefactos.

- Llama al doctor - escuché a papá decir. Oh no, me llevarían, me llevarían.

- ¡No! - grité - No por favor, no fui yo ¡Fue Kris! ¡Ella fue! mamá, lo siento, lo lamento.

Traté de acercarme a ellos, mamá retrocedió pero papá se acercó. Levanté los brazos para abrazarle, creyó que lo quería atacar ya que en sólo un instante me había inmovilizado. Aprovchó para quitarme el cuchillo y salir cerrando la puerta de paso.

- ¡NOOO! - con mis puños golpee la puerta gritando y llorando. Tomé la manija, estaba sin seguro pero al parecer algo habían puesto del otro lado. Estaba desesperada, seguí golpeando y pataleando sin éxito alguno.

- ¡Mamá! ¡Por favor! No lo hagas, no lo hagas, no lo hare más, ella tampoco, ella tampoco lo hará - sollocé fuerte. Mi voz subía y bajaba en volumen intermitentemente mientras seguía golpeando y haciendo fuerza para salir - Lo prometemos ¡Papa! Te lo… Pido ¡Por favor! No los dejes ¡No los dejes! van a matarme - no me daría por vencida, una vez entrara en ese maldito lugar yo sabía que sería muy difícil salir y no quería, no quería estar allí. Después de lo que parecieron sólo unos segundos la puerta se abrió. Creí que eran mis padres, pero no, allí delante de mi había dos hombres con pantalones y camisas blancas, en sus pechos tenían puesta una placa con sus nombres y más abajo decía

"Enfermero de la institución psiquiátrica"

Alice contuvo un escalofrio, no recordaba nada de su experiencia en el psiquiátrico, las cosas ahora habían cambiado mucho pero ella a pesar de no recordar sabía perfectamente cómo eran tratados los pacientes en lugares así.

- ¡Nooo! - me di la vuelta metiéndome en la tina, ellos fueron tras de mí, trataron de sacarme, mientras yo gritaba, lloraba y pataleaba, les tire puños y patadas, acertando en algunas ocasiones. Uno de ellos me tomó de los brazos y tiró tan fuerte que consigió sacarme de allí. El otro se puso detrás de mí tomándome de la cintura y levantándome - ¡Suéltame!... No me toquen ¡Nooo, no me toquen!

Mordí en el cuello al que estaba frente a mí logrando que se alejara. Con mis brazos libres, golpee al tipo que me sostenía por atrás, fuerte con el codo. Me soltó también. Corrí hacia una de las esquinas de mi habitación alejándome de ellos, los dos tipos sangraban, el que no lo hacía de la nariz si no del cuello, sacó un aparato del bolsillo delantero de su pantalón y pronunció unas breves palabras que al estar en el estado en el que estaba no alcancé a entender. Al instante tres hombres más vestidos igual entraban a mi habitación.

- Ja pensaron que sería cosa fácil - dijo Emmett riendo pero igualmente asombrado, no era usual y normal que una niña de dieciseis años con la fuerza de una niña de diez por su peso, pudiera librarse y burlar a dos hombres. Y que estos necesitaran refuerzo.

- ¡Fuera! Malditos ¡Fuera! - comencé a tirarles cosas. Uno de ellos traía una camisa de fuerza, entre los cinco se acercaron a mí y trataron de inmovilizarme, pero cuando el miedo y la desesperación te recorren el cuerpo eres más difícil de reducir. Logré lastimar a un tercero, los dientes y uñas, todo sirve a la hora de defenderse. Finalmente todos se me lanzaron encima, literalmente, sentí un piquete en el brazo derecho y ya no pude seguir luchando, me sentí languidecer, toda la tensión se fue de mi cuerpo.

Aprovecharon y me pusieron la camisa de fuerza, sentía mi cabeza muy pesada y me costaba mucho mantener los ojos abiertos. Finalmente caí en la inconciencia.

Me sentía adormilada y confusa.

Moví la cabeza hacia los lados, no sentía dolor, de hecho era la primera vez que despertaba tan relajada.

Había algo detrás de mi cabeza que me molestaba así que quise levantar mis manos para revisar… Pero no pude. Abrí los ojos, estaba en una habitación que no era la mía, esta era pequeña, de paredes oscuras e iluminada con una luz tenue. Miré mi cuerpo, estaba recostada en una camilla. Correas apretaban mis muñecas y tobillos, mis muslos y justo por debajo de mis pechos. Miré hacia los lados, notaba mi respiración acelerada, no había nadie más, pero muy cerca de mi pude ver unos monitores, cables salían de ellos y estaba conectados en mí. En el dorso de mi mano derecha había una intravenosa, mierda.

Al ver todos aquellos aparatos mi corazón se aceleró haciendo que una de las maquinas sonara un pitido. En seguida entró una mujer vestida de blanco, por una puerta café a mi izquierda, se acercó y revisó el monitor. Anotó algo en un cuadernillo y salió. Al cabo de unos minutos entraron en tropel varias personas, entre ellos destacaba una mujer muy elegantemente vestida y peinada muy estilizada.

Llevaba también una bata blanca sin abrochar.

Se acercó a mí mientras las enfermeras revisaban las correas y otras revoloteaban alrededor.

- Buenas noches Isabella - ella esperó, pero por alguna razón que no supe no le contesté, quería contestar y demostrar que yo estaba bien. Pero no pude - De acuerdo - dijo con voz suave, sin embargo eso me dio desconfianza y miedo.

- Y deberías tenerlo - dijo Kris con lo cual me sorprendí ya que le había entendido perfectamente y eso que no estaba frente a un espejo. Por alguna razón escuchar a Kris me tranquilizó, me hizo sentir menos vulnerable. Como me hubiese sentido de haber visto a mis padres entrar para estar allí conmigo, pero ellos no estaban, en cambio tenia a Kris, la responsable que a consecuencias de sus actos, me tenían así.

- Pero algo es algo, ya no está completamente sola - dijo Emmett que como siempre le veía el lado positivo a las cosas.

- Soy la psiquiatra Victori, Fox Victori - se presentó.

- Zorra - escuché decir a Kris con desprecio.

- Voy a explicarte, suponiendo que me entiendes, por qué estás aquí - me dijo, fruncí el ceño, Kris estaba más que furiosa.

- ¿Y quién no lo estaría si prácticamente le está diciendo retrasada? - comentó Rosalie con enojo.

- La zorra se atreve a decirnos idiotas, maldita ya verá.

- Kris - le advertí en un susurro bajo y asustado.

- ¿Te llamas Kris? - preguntó la psiquiatra, negué con la cabeza - Mmm - dijo levemente molesta - Bien.

Una enfermera le entregó una carpeta.

- Estás aquí por una depresión bipolar, al parecer trataste de suicidarte, golpeaste a una compañera y quisiste atacar a tus padres con un cuchillo.

- ¿Qué? Pero si ella no tiene y no hizo nada de eso - dijo Emmett sorprendido

- Tiene que haber dado esa impresión a sus padres - contestó Esme con acongojada.

- No… No… - susurré negando con la cabeza a la vez que gruesas lagrimas caían hasta mojar la camilla.

- Sabiendo de la fobia de tu madre hacia los roedores, colocaste en su cama ratas y cucarachas - dijo haciendo caso omiso de mi negación - Ataques de furia, de histeria, ansiedad…

De repente su voz se interrumpió, sus ojos se volvieron fríos y duros, con su mano izquierda tomó mi mentón con fuerza.

- Ya basta de niñerías - dijo, bruscamente me soltó y miró a los enfermeros - Procedan - ¿Qué? ¿Proceder qué? ¿Qué había hecho? Una de las mujeres se acercó a mí trayendo unos papelitos blancos.

- Abre la boca - ordenó, no tuve tiempo de hacer nada porque enseguida me abrió la boca bruscamente e introdujo los papeles acomodándolos entre mis dientes y lengua. Comencé a forcejear, pusieron unos tubos en mis sienes después de ponerme gel. No podía ser.

- Ya está lista - dijo la enfermera sin importarle mis gimoteos desesperados.

- Inyéctenla - dijo la psiquiatra con voz neutra y colocando sus manos detrás de su espalda.

Otra enfermera se acercó con una jeringa y me inyectó vía intravenosa, mi cuerpo se relajó y luego nada.

Cuando desperté me sentía rara, leves temblores sacudían mi cuerpo, no llegaban a convulsiones eran más bien como estremecimientos.

- Despierta, despierta - era Kris, su voz se escuchaba un poco difusa. Logré hacer lo que me pedía. Sentía algo presionando contra mi rostro, al entrecerrar los ojos vi una mascarilla. Estaba en la misma habitación. Personas se acercaron a mí, sacaron la mascarilla y las correas, mi cuerpo se sentía lánguido, sentí que movían la camilla.

- Kris - dije en un susurro inaudible.

- Calla - fue todo lo que dijo.

Pasaron unos minutos y luego todo movimiento se detuvo, levantaron mi cabeza y sentí que pasaban algo cálido por debajo, también por debajo de mis rodillas levantándome. Estuve solo por unos segundos suspendida luego me pusieron en una superficie blanda y me cubrieron con mantas.

Escuché el ruido de una puerta cerrarse con seguro, después de unos minutos de silencio, empezó el infierno.

Gritos, lamentos, llantos, risas, maullidos, aullidos y hasta relinchos.

Me tapé hasta la cabeza y comencé a llorar, era imposible no enloquecer en un lugar así.

Sin saber cómo me quede dormida.

- Ya está - dijo Rosalie enojada y triste.

- ¿Terminó el capítulo? - le preguntó Emmett.

- Aún no - murmuró cabizbaja, no podía creer cómo Isabella podía soportar tanto, creía que llegaría un momento en el que se desmoronaría, se imaginó a su hermana Alice en la misma situación, no pudo evitarlo, y sintió un gran dolor, amaba a Emmett, su gran amor, al igual que amaba a sus hermanos y padres adoptivos, ver a cualquiera o si quiera imaginárselos en aquella situación, le partía el alma. Todos se sentían igual, Isabella había calado hondo, sobre todo en Edward que sin conocerla, sentía un profundo vacío en su interior cada vez que Isabella tenía que soportar tanto dolor y él añoraba estar con ella y consolarla, estaba quedando tan sola. Pasaron el resto del día allí. Carlisle fue a trabajar y al llegar encontró a su familia tal y como la había dejado.

- Ya Rose, creo que ya puedes seguir - le dijo Carlisle, ahora ya no tenían tantas ganas de seguir leyendo pero igual lo hicieron.

Al otro día cuando desperté supe de inmediato que no me encontraba sola. Me di la vuelta y allí se encontraban tres personas muy conocidas para mí, sentado a mi lado estaba el psiquiatra Dan Owen, detrás de él, mi psicóloga Sanders y el doctor Marshall.

Inevitablemente comencé a llorar, me senté y abracé al psiquiatra por el cuello, él me respondió el abrazo, comenzó a mecerme suavemente mientras me susurraba palabras tranquilizadoras.

Los Cullen a pesar de estar tristes respiraron aliviados, al menos ella no estaría sola como ellos habían creído.

Cuando nos habíamos conocido, realmente no habíamos congeniado muy bien, no nos llevábamos mal pero tampoco bien, al verlo ahora sentí la enorme necesidad de abrazarlo, a los tres. Ver caras conocidas en este horrible lugar me hacía sentir más tranquila. Estiré la mano y la doctora Sanders me la tomó dándole un suave apretón. Yo seguía llorando, sentí una caricia en mi cabeza, era el doctor Marshall.

- Lo siento tanto, pequeña - susurró el doctor Owen frotando mi espalda tratando de tranquilizarme, entre los tres estaban consolándome. Y no sabían cuánto necesitaba de ellos, a pesar que nunca me había acercado demasiado a ellos, por miedo, pero estaban aquí demostrándome que sí les importaba. Porque personas como ellos deberían comportarse fríos y profesionales como Fox Victori, y no cálidos y paternales.

De repente vi a la psiquiatra Victori parada en el umbral de la puerta. Mi cuerpo se tensó y sentí que el aire se me atoraba en la garganta. Mis tres acompañantes lo notaron, giraron a ver qué era lo que me tenía así. Me había puesto tiesa. El doctor Owen que todavía me abrazaba se levantó cargándome sin ninguna dificultad.

- Por favor doctores, les pido profesionalismo, esta clase acciones no ayudaran a la paciente - dijo ella con esa voz tan fría e impersonal.

- Disculpe usted - dijo la doctora Sanders educadamente - Pero es el trato que nosotros le daremos, porque queremos y porque consideramos mejor.

La mujer de cabello castaño peinado en una perfecta coleta, frunció los labios.

- Tratar a esta adolecente como a una niña, no ayudará a mejorar su situación y problemas mentales.

Mi psicóloga Sanders volvió a hablar esta vez con un poco más de rudeza pero igualmente Cortez. Apreté un poco más los brazos en el cuello del doctor y en respuesta el apretó un poco más su abrazo por mi cintura y con el otro rodeo mi espalda, dio un paso atrás.

Edward realmente no podía creerlo, pero al escuchar cómo Isabella era abrazada por ese doctor se sintió… Celoso. Trató de eliminar esa emoción, no era correcto, además debía hacerlo antes de que Jasper la captara, pero al parecer era tarde porque este lo miraba con extrañeza, confusión y asombro. Edward negó y se encogió de hombros imperceptiblemente dándole a entender que él no entendía por qué se sentía así, y era cierto.

- No quiero faltarle al respeto, pero puedo asegurarle que sabemos cómo tratarla y apoyarla. He estado con ellas por muchos años, las conozco y se cómo reaccionaran a ciertas situaciones y como calmarlas.

- La falta que usted cometió al autorizar y dirigir un procedimiento como el electrochock en una adolescente de dieciseis años quien padece de trastorno de identidad disociativo, es muy grave - dijo el doctor Owen con frialdad.

- Era lo que se debía hacer, el tratamiento con medicación no funcionó y estaba en un estado en el que ponía en peligro tanto su integridad como la de los demás. Ustedes saben que el mejor método para ayudar a una persona con depresión bipolar, dada la ineficacia de los medicamentos, es el electrochock - terminó de decir esa mujer. Oh dios mío… No.

- Está equivocada señora - dijo el doctor Marshall - Como muy bien sabemos todos, los antidepresivos no actúan de inmediato, si no luego de un par de semanas, ella está con una depresión leve y había comenzado con el tratamiento hace unos días.

La mujer se quedó callada por unos segundos, luego dijo:

- Todavía queda el ataque de furia e histeria.

- No fue un ataque, ella tiene arranques de rabia que han sido pocos y son verbales. Es Kris, la otra personalidad quien es destructiva, rebelde, extrovertida y lo peor de todo es que acostumbra a castigar cuando es desobedecida - refutó la doctora Sanders.

- El intento de suicidio y homicidio.

- Le estoy diciendo que fue Kris - dijo mi psicóloga con una nota de impaciencia en la voz - Isabella debió de haberla desobedecido en algo porque nunca ha tenido pensamientos suicidas y con respecto al supuesto intento de homicidio - su voz se volvió como el hielo - Ella sería incapaz de dañar a las personas que ella saben la protegen y la aman. Por el contrario, para Isabella sus prioridades son la salud y bienestar de sus padres. Incluso es capaz de callarse cualquier dolor o problema con tal de no provocar intranquilidad. Yo soy su psicóloga desde hace nueve años y las conozco muy bien.

- Y como le dije en su oficina le repito que tendría que habernos llamado antes de tomar cualquier decisión - le comentó el doctor Owen aún con frialdad.

Pasaron unos breves segundos de horrible tensión, finalmente la señora Victori dijo:

- Bien, pero ella tendrá que residir aquí porque este es el lugar que sus padres han elegido para cuidar de ella.

- Parece que esa señora lo único que quiere, literalmente es dejarle el cerebro como hígado picado - dijo Emmett haciendo mímica con las manos como si estuviese triturando algo.

- Ay Emmett por dios - dijo Rosalie fastidiada, Emmett se alejó antes de que lo golpeara.

Y sin esperar respuesta se marchó.

Inmediatamente después comencé a hiperventilar, sentía una presión en el pecho y estaba mareándome.

- ¿Isabella? - oí que me llamaba el doctor Owen, me sentó en la cama y se acuclilló frente a mi - Mírame, tranquila, respira despacio, despacio y profundo.

- No… Puedo - dije con respiraciones muy cortas y rápidas, iba a morirme lo sentía, me desesperé. Iba morir aquí y ahora en este horrible lugar.

- Mírame, mírame - le hice caso, se notaba muy preocupado - Respira despacio, inténtalo, despacio, eso es, calma, inhala… Exhala, así.

Poco a poco mi respiración comenzó a regularse, cuando estuve tranquila fui consciente de los doctores Marshall y Sanders sentados a mi lado.

Luego de eso estuvieron conmigo todo el horario de visita, mis padres no habían ido ya que como la psiquiatra Victori pensaba que yo quería matarlos les aconsejo no venir hasta un par de días hasta que lograran "establecerme". Cuando mis protectores doctores se enteraron, se enojaron mucho pero lo disimularon cuando estuvieron frente a mí. Cuando ellos se fueron regresé a la habitación individual que estaba ocupando.

Me coloqué frente al pequeño espejo y susurré.

- Hazlo - Kris sabía a qué me refería y esa fue su primera acción noble.

- Hay que esperar otra vez - dijo Rosalie. Los demás suspiraron y se fueron a hacer actividades para matar el tiempo. Intentaron leer al día siguiente pero aun no podían, y al siguiente también pero no hubo suerte. Ya para el tercer día comenzaron a preocuparse, tal vez le había pasado algo a Isabella y por eso ya nada se reflejaba en el libro. Jasper y Alice habían estado investigando los nombres de los doctores que se nombraban en el libros, curiosamente cada vez que parecían que estaban cerca de saber, algo pasaba, o se cortaba la luz, los computadores dejaban de funcionar o no los dejaba conectarse, ya de tanto insistir por parte de Alice logró que uno de los computadores explotara. Rosalie podía ser muy buena en los autos y Emmett en las redes sociales, había logrado meterse en los archivos de los registros nacional de las personas, encontraron muchas Isabellas y cuando se estaban acercando al apellido Swan el equipo simplemente dejó de funcionar para no prender jamás. Carlisle intentó contactarse con los mejores detectives y abogados de la familia, algunos corruptos otros no pero cada vez que lo intentaba los celulares explotaban. No sabían qué diablos pasaba, si alguien había pinchado los celulares y sabían que estaban tratando de buscar información sobre Isabella, la pregunta era ¿Quién? ¿Quién no quería que supieran más de lo que ya sabían? ¿Por qué les habían enviado el libro entonces? ¿Para qué? Edward sabia la respuestas de las dos últimas interrogantes pero por supuesto él no dijo nada y fingió estar confundido también sobre eso.

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Se cumplió una semana. Rosalie estaba en la sala de estar revisando una revista de moda, el libro estaba en la mesita de centro. Desviando la vista de su revista por un momento lo miró y sin muchas esperanzas lo abrió, al verlo gritó:

- ¡Yaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! - Los demás que se encontraban en diferentes lugares de la casa, se reunieron en un instante en la sala. Rosalie con una gran sonrisa comenzó a leer.

Los siguientes días no fueron tan terribles como yo creía. Seguí tomando los medicamentos que me había recetado el psiquiatra Owen y él había dejado prohibido el uso de electrochock conmigo. Si bien no había sufrido ni me había roto ningún hueso, por la anestesia y el relajante muscular, había quedado con mucho miedo, fue tanto, que cuando mis doctores llegaron el día Sábado a visitarme les llevó más de cuarenta minutos convencerme para salir de la habitación.

- Oh maldición ¿Le dieron electrochock? - preguntó Emmett, los demás asintieron - Diablos, al menos no sufrió.

De hecho mi estadía allí se reducía a esas dos horas de visitas, el día Viernes cuando me quedé sola le pedí a kris que tomara el control.

- "hazlo"

- "Está bien"

Así que yo estaba consciente de mí en esas dos horas. Para los demás pacientes sólo había visitas los fines de semanas, pero mis doctores lo habían arreglado para que me pudieran ver todos los días. Cuando pregunté me contestaron:

- "Privilegio de doctor" - respondió Dan, como él me había insistido en que lo llamara, a mi psicóloga; ya la llamaba Melisa y al doctor Marshall; Harold.

Cuando iban me distraían, me conversaban pero también me escuchaban mucho. Yo les había confesado que era Kris quien tomaba el control el resto del día. En un primer momento creí que ellos me dirían que eso no estaba bien, sin embargo me dijeron que si así lograba estar tranquila y Kris podía sobrellevar todo eso, entonces estaba bien.

- Ella se merecía un descansito ¿No? - comentó Jasper, los demás estuvieron de acuerdo

Era miércoles por la noche y ya había pasado seis días desde que llegara al hospital psiquiátrico. Estaba acostada, obviamente sin saber cómo había llegado allí porque yo no lo había hecho. Estábamos las dos en silencio hasta que me atreví a preguntar.

- ¿Hiciste algo malo?

- No, yo quiero salir de aquí tanto como tú - me contestó sin una gota de hostilidad en la voz.

- ¿Crees que saldremos pronto?

- Yo espero que sí.

- Kris…

- ¿Qué?

- Lo siento - me disculpé en un susurro lleno de culpabilidad.

- ¿Por qué? - me preguntó confundida y sorprendida.

- Si no te hubiera reclamado y hecho enfadar no estaríamos aquí.

No respondió de inmediato.

- No seas idiota. No te disculpes, tú no tienes la culpa de nada.

- ¿En serio lo crees? - le pregunté con incredulidad. Ella rió suavemente.

- Sí, pero no esperes que te diga que me puedes culpar a mí, ni tampoco que me vaya a disculpar de algo - terminó diciendo con su altanera forma de ser.

- No esperaba nada de eso - contesté con sinceridad.

- Lo sé

Pasaron unos minutos y se me vino a la mente una duda.

- ¿Kris…? - pregunté, ella rió divertida.

- Se lo que vas a preguntar - comentó risueña.

- ¿Entonces?

- Le dije: "Vuelve al bosque como la zorra que eres" - y se hecho a reír, yo no pude evitarlo, me reí también.

- Con razón después quiso freírnos el cerebro - comenté espontáneamente, ante mi comentario rió más.

- Sí, y tendrías que ver la cara que pone cada vez que nos ve, parece que estuviera chupando un limón - Seguimos riendo por algunos segundos. La imagen mental era realmente graciosa. Solo esperaba que las enfermeras que hacían guardia no me escucharan o si no pensaran que me había vuelto realmente loca y estaba hablando con un amigo imaginario.

- ¡Oye! - exclamó Kris fingiéndose ofendida.

- Lo siento - le dije sonriendo.

- Ahora entiendo por que el cambio de la psiquiatra cuando le estaba "explicando" a Isabella porque estaba allí, Kris la insultó. Pero Fox se enfadó pensando que era Isabella y su depresión bipolar - comentó Alice.

- Y tal vez también le haya dicho algo a la enfermera que le ordenó que abriera la boca, me puedo imaginar varios insultos o respuestas que tengan que ver con abrir - dijo Emmett con una sonrisa traviesa. Edward hizo una mueca, las imágenes en la cabeza de Emmett eran… Indecentes.

Pensé en que debería quedarme dormida, pero esta era la primera vez que hablaba con Kris de forma civilizada y me agradaba. Así que pensé en proponerle algo.

- Kris… - la oí suspirar.

- Sí, acepto.

- ¿Qué?

- Sí quiero que tengamos una tregua - respondió con calma, escuchar eso me hizo muy feliz.

- ¡Genial! - exclamé feliz.

- Shh calla - dijo con apremio - Si te escuchan reír o hablar sola ahora sí pensaran que perdiste tu salud mental.

Solté una risita nerviosa… Pero bajita.

- Lo siento - susurré

- Está bien - contestó.

- Al parecer Kris ha decidido cambiar de actitud - comento Jasper sonriendo.

- O le hizo más efecto el electrochock que a Isabella - le respondió Emmett con su sonrisa habitual.

- Kris… ¿Te molestarías si te hago una pregunta? No es para meterme en tus asuntos - me apresuré en aclarar - Pero realmente tengo curiosidad sobre algunas cosas.

Pareció meditarlo por un momento.

- Está bien, puedes preguntar.

- Es con respecto a ese bar que dibujaste… - le dije a lo que ella suspiró quedamente.

- Sabía que algún día preguntarías sobre eso - dijo con pesar.

- Eso quiere decir que ella planeaba acercarse y hacer las paces con Isabella - dijo Alice con asombro.

- Ese bar lo frecuenta una… Persona la cual he esperado por ver desde hace mucho tiempo.

- ¿Quién es esa persona?

- Tu no quieres saberlo - respondió Kris.

- ¿Cómo qué no? Claro que quiero saberlo, pareces tener mucho interés en ese bar y ahora sé que es por una persona. Dime ¿Lo conozco?

- Mmm… Tal vez - contestó con cautela.

- Pero ¿He visto a esa persona alguna vez? ¿Es hombre o mujer?

- ¿Cómo me preguntas eso?

- Ah chuta, lo siento ¿Es un enamorado?

- ¡Claro que no! - gritó enfurecida. Oh oh mala pregunta.

- Lo lamento, lo lamento, pero es que no me dices nada ¿Cómo voy a saber? - le pregunté, eso pareció calmarla.

- Está bien.

- ¿Por qué te sorprendes si te pregunto si es hombre o mujer?

- Pues porque por el lugar deberías saber ya de qué sexo es - respondió como si fuera obvio.

- No entiendo, en un bar - mi ingenuidad no me daba para más, Kris suspiró.

- Deja de decirle bar. Y es un lugar donde los hombres van a beber y pagan por ver mujeres desnudas, entre otras cosas - me explicó sin rastro de vergüenza, yo me sonrojé.

- ¿Y entonces cómo le puedo decir? - le pregunté sonrojándome más.

-Burdel es que el que más se le acerca.

- Ah… Y entonces ¿Lo he visto alguna vez? - volví a preguntar.

- Sí, sí lo has visto.

- ¿Por qué estás tan segura de que esa persona va allí? - quise saber.

- Porque lo vi.

- ¿Cuándo?

- Ese día que fuiste al centro comercial con tu madre, quise esperar para ver si salía… Pero se hizo demasiado tarde.

- Entonces dices que lo conozco - comenté después de una leve pausa - ¿Vas a decirme ya quién es? - pregunté con impaciencia mal disimulada.

- ¿Estás segura?

- Sí, lo estoy - respondí completamente convencida de queres saber.

- ¿Y quién me asegura que no vas a terminar con más traumas cuando te lo diga? - preguntó desconfiada.

- Yo y no voy a quedar más traumada te lo aseguro - Traté d convencerla.

- Bien, pero queda bajo tu responsabilidad - advirtió.

- Sí, de acuerdo.

- ¿Por qué no querrá decirle? - preguntó Emmett, Rosalie se apresuró a leer.

- Esta persona era el amigo de tu padre quien abusó de ti cuando tenías cinco años.

- Ah por eso - dijo Emmett con una mueca de enojo al recordar cuando leyeron sobre eso.

Me quedé en silencio, no me lo esperaba pero de todas formas no estaba demasiado sorprendida.

- Me asombras, lo estás tomando bastante bien - dijo Kris

- Pero… ¿Él no estaba en la cárcel? - le pregunté dudosa.

- Debería, le dieron veinte años.

- ¿Y entonces?

- Escapó.

- ¿Escapó? Maldito hijo de… - Rosalie iba a seguir pero Emmett le tapó la boca para que no terminara el insulto. Sin embargo todos se encontraban muy enojados por esa nueva información.

- ¿En… En serio?

- Sí, a los seis meses de haberlo apresado escapó, pero no fue el único. El lugar en donde lo encarcelaron se incendió, nadie salió herido pero muchos vieron su oportunidad para escapar y no la desaprovecharon. Ahora está diferente. no lo reconocerías. Pero estoy cien por ciento segura de que es él. Escapó a otro país y hace poco que volvió, una mala decisión para él.

- ¿Lo buscaron cuando se dieron cuenta de que no estaba?

- Claro que sí. Tu padre fue uno de las principales personas en dirigir y organizar la búsqueda. Cuando tenías doce años, o sea siete años después, suspendieron la búsqueda por falta de pistas.

No sabía cómo sentirme con respecto a la información que me había dado Kris, no debía alterarme eso lo tenía claro. Bostecé.

- Duerme, no deberíamos estar conversando - dijo Kris

- Buenas noches - le desee por primera vez.

- Buenas noches - me contestó suavemente.

Pero luego de unos segundos me asaltó otra duda.

- ¿Qué hubieras hecho de habértelo encontrado? - pregunté con curiosidad.

- Hacerlo pagar.

Pensé en ello durante unos segundos y luego me quedé dormida.

Rosalie creyó que otra vez tendrían que parar pero para su sorpresa no fue así

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Estaba muy contenta, anoche había hablado con Kris y hasta ahora seguíamos igual de bien, aunque igual me he cuidado de decir algunas cosas para no molestarla.

Pero hay otra razón para estar así de feliz.

Habían dejado que fuera a casa.

- Qué bueno - dijo Rosalie, aliviada.

Kris realmente se había portado bien si nos habían dejado ir tan pronto, después me dijo que era obvio que nos dejarían irnos porque ella no tenía ningún problema y era completamente normal.

- Sí seguro - dijo Emmett sarcástico.

Eso dijo.

Si eso la hacía sentir bien yo no iba a contradecirla. Además que había descubierto que Kris de buen humor era muy divertida.

En los horarios de visita de vez en cuando la psiquiatra Victori se daba unas vueltas por donde estábamos nosotros. Kris la odiaba pero pegaba grititos de alegría cada vez que la divisaba, pero no porque le agradara verla, al contrario se empecinaba en hacer claro todos sus defectos, comparándola con animales o nombrando sus posibles trastornos mentales.

Muchas veces me hizo reír, así que tuve que explicarles a Dan, Mel y Harold por qué a veces parecía que me reía por nada. Así que cada vez que la veían cerca me rodeaban para que no la viera. De todas formas eso no impedía que Kris despotricara. Al menos la señora Victori no podía verme cuando me reía a carcajadas de ella.

También podría ver a mis padres. Estaba ansiosa, no había rencor pues sabía que ellos había hecho lo que hicieron creyendo que era lo mejor para mi. Yo creí que me irían a buscar, pero luego Dan me dijo que ellos mismos me irían a dejar a casa. Mel me confesó, luego de un poco de persuasión de Kris, que mis padres habían quedado muy tristes con todo lo que había pasado, yo intuía que ellos habían quedado más que tristes pero no comenté nada.

Cuando llegamos a casa mis padres estaban esperándome. Se lanzaron sobre mí para abrazarme y besarme.

Mamá llorando me decía lo mucho que me amaba. Mi papá también me besaba, pidiendo perdón entre beso y beso. Ahora sólo me faltaba ver a ciertas personas para ser completamente feliz. Apolo, Fobos, Momo, Ares… Y aquél ser misterioso y desconocido.

Edward se sorprendió mucho, pensaba que ella los extrañaba solamente a ellos, pero al parecer también a él a pesar de no conocerlo. Eso lo hizo sentir muy feliz.

- Terminó el capítulo - dijo Rosalie - Edward te toca.

- ...

- ¿Edward?

- ¿Dónde se metió?

- Estaba aquí hace un segundo.

- Tal vez alcanzó un nuvo nivel de velocidad.

Pero Edward no estaba, lo buscaron por todas partes, lo llamaron al celular pero estaba apagado. Al principio no se asustaron porque Edward a veces desaparecia por unas cuantas horas sin decirle nada a nadie, pero ahora le tocaba leer y además ¿Por qué se había ido? La noche no acababa aún.

- Bueno ¿Qué tal si seguimos leyendo? - preguntó Emmett despreocupado.

- Eso no es justo ¿Y Edward? - preguntó Alice mordiéndose el labio.

- Ya se pondrá al día cuando regrese - dijo sin darle mucha importancia.

Esme tomó el libro porque era la que seguía después de Edward pero resultó que al llegar a la página se encontró con esas palabras desordenadas y sin sentido.

- No se puede. Tendremos que esperar a mañana - dijo Esme mirando a sus chicos resignada.

- Tal vez Edward ya sabía más o menos que esto pasaría y por eso decidió salir - dijo Rosalie encogiendo sus hombros.

- Tal vez - respondió Carlisle, pero se quedó pensando un buen rato ello.

Sin embargo al día siguiente tampoco pudieron leerlo y Edward no llegó, ni al día siguiente, ni al siguiente, ni al siguiente.

Pasaron dos semanas. El libro seguía ilegible y Edward desaparecido. Lo buscaron por todos lados, pero parecía que la tierra se lo hubiese tragado. Edward no aparecía, ni su rastro pudieron seguir por que… No había rastro, era como si simplemente se hubiese esfumado.


¿Dónde diablos se habrá metido nuestro Eddie?

Muchas gracias por leerme.

Un beso y un abrazo, nos leemos pronto.

Adiós