Life Book
Disclaimer: Death Note es una obra creada por Tsugumi Ōba y Takeshi Obata, publicada por primera vez en diciembre del 2003. Este fanfic tiene apenas meses de vida por lo que es cronológicamente imposible que la serie me pertenezca. El lucro es meramente satisfacción personal y el gusto por escribir, nada más.
Categoría: Aventura - Romance - Humor
Cursiva – Pensamientos o palabras, frases a resaltar y conversaciones telefónicas.
Narración normal – 3ª persona.
Parejas: secreto (?).
Advertencia: Leve spoiler.
ידוע שלא ביודעין.
Capitulo IX: Incógnitamente conocidos.
Lizzie tanteó un par de teclas más y se sintió como si se hallara en un vacio al contemplar la pantalla. Lo que sabía era lo que tenía, pero necesitaba más, algo que malditamente le había quitado su tiempo libre y que le mantenía aún premeditando, sabía… pero no lo suficiente como para sentirse segura. ¿Y si era verdad? ¿Hasta que punto la verdad podía ser tan sorprendente? Jamás se dictó una ley sobre la magnitud de la veracidad…
No era tan grande como descubrir un milagro pero jamás tan pequeño como la verdad detrás de la mentira piadosa. Medianamente alto, por asignarle temporalmente un valor. Se estaba dejando llevar demasiado lejos por su curiosidad e imaginación. ¡Y cada vez más inevitable se le hacía! Si las cosas eran como las estaba maquinando, no podría estar más sorprendida.
Pero la falta de pruebas le causaba un vacio, sin fondo y oscuro. Sabía por donde tenía que caminar a pesar de la negrura pero su incertidumbre se establecía en lo que estaba correcto hacer y lo que no. ¿Estaba dispuesta a cruzar ciertas líneas y límites para averiguar lo que perseguía? Otra duda surgida.
Suspiró hacia arriba, sacudiendo levemente su cabello en su frente. La bibliotecaria le sonrió cuando la advirtió cerca, Lizzie estaba sentada frente a una de las PCs algo desactualizadas que contenía la biblioteca de la preparatoria. Las clases ya habían acabado y ella se mantenía ahí esperando que llegasen por ella. Más que matar el tiempo, lo que hacía era darle algún tipo de uso a ese beneficio de tener acceso a Internet gratis. Ya que, aún teniendo un superior servicio en su hogar, prefería por seguridad utilizar los ordenadores de su preparatoria.
¿Quizá lo que indagaba era algo tan peligroso? No íntegramente, pero si convenía cuidar sus pasos. Y él primero fue no dejarse en evidencia, no habría sido muy estratégico buscar toda esa información desde su laptor o alguna máquina de su casa partiendo desde el punto que compartía, en parte, el internet con sus invitados, a quienes ella estaba tratando de conocer.
A ellos no se les escapaba absolutamente nada y así tenía que trabajar ella. Se preguntaba en cuánto tiempo se tardaría aquel trío en descubrir el aumento en las búsquedas por internet con la simple letra L. Y que la gran mayoría de esas búsquedas se originaban en los ordenadores viejos de una biblioteca perteneciente a una preparatoria de Kyushu. No tenía mucho tiempo, quizás casi nada, pero esperaba saber la verdad.
¿Pero por qué buscaba, tan testarudamente, por internet preguntas que podía responder tan solo observando un poco más detalladamente a sus invitados? Porque, sencillamente, lo único que había obtenido eran sospechas por parte de ellos sobre su comportamiento (segura estaba de eso) y una que otra afirmación que había dado comienzo a su mayor curiosidad hasta el momento. Todavía recordaba cuando por una simple tarea domestica había acabado escuchando una conversación ajena tras la puerta del aquel sótano. Mentalmente, y hasta físicamente, esa puerta era lo que le impedía saber la verdad. ¿Le correspondía averiguar tal cosa? Por supuesto que no, pero eso no le interesaba.
Movió sus dedos contra la mesa, logrando un leve sonido de tarareo sobre la madera. Estaba dudosa de lo que tenía que hacer. Olvidar el asunto siempre era una opción existente pero arrinconada para Lizzie, su genio y curiosidad podían contra su voluntad. No iba resignarse, estaba claro. Entonces ¿Qué? ¿Seguir buscando por internet sin ninguna ganancia? Evidentemente había llegado el momento de arriesgarse.
Había utilizado el ciberespacio para saber más de ese personaje misterioso ante cualquier autoridad. Cualquier sitio de los visitados le nombraba banas listas y logros, entre ellas mucha mención hacia cierto caso llamado "Kira", rumores y datos algo inexactos. No había ningún sitio oficial ni nada que se le pareciese, aunque no había obtenido mucho, debía admitir que se sentía un poco más preparada.
—¿Quiénes son?... ¿Qué son? —susurró para sí, no había nadie acerca como para escucharla, siempre se elegía la maquina más apartada de la revuelta.
El día estaba algo ensombrecido pero no en aspecto fúnebre, simplemente había nubes demás en el firmamento. Por la gran ventana apreció el estacionamiento más abajo de su academia, vio el resaltante sedan negro ingresar a dicho sitio y aparcar, entonces supo que tenía que irse. Borró en la lista del historial de Internet todas las entradas que ella había hecho, dejando todo como lo había hallado, sabía que se había entretenido en ello pero no podía arriesgarse con esos registros. Era supremamente cuidadosa.
Tomó sus pertenecías y se alejó del escritorio, a paso constante y rápido salió de la biblioteca tras un saludo solamente formal con la encargada. Caminó más tranquila por los pasillos hasta toparse con la salida del instituto. No sabía porque pero se sentía como una fugitiva. Su siguiente acción fue hallar el vehículo que momentos previos había observado por las ventanas de la biblioteca. Se cuestionó en por qué no se había fijado mejor en el rincón del estacionamiento que había ido a parar el auto de su tutora. Estaba claro que su curiosidad a veces nublaba la percepción de ciertos detalles, banales o no, pero al fin y al cabo se le pasaba por desapercibidos. Estaba distraída, lo aceptaba, pero no significaba que estuviese conforme con eso.
Ni Misa ni alguno de sus escoltas habían venido por ella, invariablemente se arrimaban hasta la entrada de la preparatoria a ir al encuentro, esta ocasión era diferente. Protestó en su fuero interno, no le fastidiaba caminar como tampoco buscar irrelevantemente el auto, sino tener que saber que su hermana era lo suficientemente holgazana como para no aproximar el vehículo unos metros más, en vez de ello, estacionarlo y esperar que el burro se asomase parecía se algo más fácil. Así es, se había catalogado de asno como gracia irónica.
Trotó en cuanto localizó a lo lejano la parte trasera del auto. Aún tenía en mente reclamarle ciertos puntos a su muy adorada hermana. Transitó los últimos metros y llegó al sedan negro, era indiscutible que ella estaba aquí por obligación; raras, escasas y únicas veces a Dallas se le pasaba por la cabeza el pasar a recogerla de la academia. Sin contar que era el auto de su tutora, para cualquier persona dicho vehículo difícilmente podría pasar desapercibido.
Abrió la puerta con cierta brusquedad; su hermana la miró a través de los lentes de sol.
—Hola monstruosito —saludó con su voz tan característicamente mordaz, la sonrisa le dio un roce altanero. Lizzie no contestó a tal gesto, solo rodó los ojos mientras se acomodaba en el asiento del copiloto.
—¿Lentes de sol? El sol se oculta como tus intenciones aquí —inquirió luego de un momento de breve silencio, su voz lenta y gangosa le pareció molesta, tal vez demasiado a Dallas.
—¿Te fastidia? —entre dientes respondió prosiguiendo con el juego de quién molestaba a quién con sus respuestas.
—Tenemos unas cortinas negras por vidrios polarizados. Ridícula te vez —comentó con tono cargoso, segura de que su hermana lamentaría haberla ido a recoger, solo quería ver que tanta paciencia poseía hoy su no-ejemplo a seguir.
—¿Y eso te influye en…? —hizo un gesto con la mano idealizando alguna razón que Lizzie tuviera.
—Solo quítatelos —reclamó robándoselos de la cara y colocándoselos ella como broma. Dallas le procuró atención con desgano algo artificial.
—Claro, tú no te ves ridícula —comentó mientras encendía el motor del auto.
—Soy una adolescente, ser ridícula es casi como un talento —aclaró llevando los lentes sobre su frente y depositándolo sobre sus cabellos, despeinando un poco su flequillo en la acción.
—Pff... —bufó mirándola de arriba hacia abajo—. ¿Y ahora quieres ser adolescente?
—Ojala se tratase de querer o no —contestó viendo por la ventanilla a lo lejos a uno de sus profesores entrar en su auto y luego arrancar. La idea de que la adolescencia hiciese estragos en ella, como en cualquiera, le desagradaba en más de un sentido. Pero refutó en el interior, no era un tema del que se preocupase a menudo, crecer no estaba entre sus dominios, al menos, no físicamente. Sabía lo que controlar significaba, esa era una virtud que muchas niñas de su edad ignoraban sin vergüenza—. ¿Treinta y dos millones doce yenes, quizás? ¿O tal vez, quinientos dólares? ¿Cuánto te pagó Misa por venir hasta aquí?
—No más de lo que tú tienes que pagarme —aseguró sonriendo mientras observaba la luz roja del semáforo.
—Esta bien… ¿de que tratas de estafarme, ahora?
—¿Estafarte? Me ofendes —inquirió robando un tono refinado, actuando una mueca de indignación—. Deberías cumplir con lo que prometes —le reprochó, Lizzie pretendió no tomarla en cuenta pero había captado su atención. Comenzaba a sospechar de su hermana, como siempre—. ¿Doscientos cincuenta dólares? Vamos... —extendió su mano esperando la llegada del dinero.
—No te daré ni un centavo, no tengo tanto ahora —respondió alejando la mano de su hermanita de un manotazo—. Espera, un momento... ¿Por qué debería darte dinero? Aún no me lo has dicho —reclamó cerrando sus ojos y debatiéndose por qué se le había ido ese detalle tan tonto, estaba distraída, tenía que transformar eso antes de que pasase a mayores.
—Hay alguien que canta entre las nubes —entonó sin mirar a Lizzie mientras veía como adelantarse al vehículo continuo al de ellas—. Tú eres la erudita de la familia, por ello se entiende que deberías tener mejor memoria ¿No? —con la última pregunta en cierta afirmación le dio una mirada furtiva sin quitar la concentración del volante—. O quizás existen cosas de las que no estoy enterada.
—Bueno, eso no es nuevo. Vives en una burbuja —contestó resonando en su mente ciertos aspectos y detalles que se habrían desarrollado en estos últimos meses que le influían a su hermana y a otras personas, que Dallas había desconocido como si fueran una mancha más de mugre en su habitación. La despreocupación y distracción que Lizzie conservaba transitoriamente eran las mismas que Dallas tenía por características personales. Lizzie esquivó divertida un sencillo revés de su hermana—. Oh, solo concéntrate en conducir.
—¡Jo! ¿Y mi dinero? —Lizzie pensó en dejarla hablando sola o tal vez volver a preguntarle con mucha paciencia, ¿por qué debía pagarle ella?
—Sin razón no hay fondos —contestó con la mandíbula algo rígida, pormenor que Dallas notó y sonrió de lado, era divertido importunarse la una a la otra.
—Si que eres terca… —comentó al aire—. Que la doña no nos permita apostar no significa que debas borrártelo de la memoria —el prefacio aburrió con facilidad a Liz, quien se preguntaba por qué tanto rodeo a la vaca… Su hermana estaba tramando algo, ella jamás era tan indirecta—. ¿Hola…? Hace un par de días apostamos que no podría ser más amable con nuestros… invitados.
—Ah, espera…
—Aja —confirmó las sospechas de su hermana menor—. Págame —volvió a extender su mano.
—¡Deja eso!… ¿Qué fue lo que hiciste? —le preguntó con un tono que se asemejaba más al de una madre con reproche.
—¿Lo apostado? ¿La prenda?
—Eso lo sé... Mejor dicho ¿Cómo lo hiciste? —interrogó con su seño arrugado. Tenía que darle el crédito a Misa, ella siempre tuvo la razón referente al asunto de apostar, aún así se habían arriesgado a seguir jugando. Ahora lo que exactamente le inquietaba con todo esta cuestión era la diablura que se habría mandado su hermana y como la enmendarían—. ¿Qué le hiciste a Mello?
—Vaya… ¿Y él siempre debe ser la victima?
—Sí, en tu caso —su respuesta, con más de un significado latente, desagradó bastante a Dal. Quien dejó que su mueca demostrase tal sentimiento. Restó importancia encogiéndose de hombros.
—Supongo que… ¿Con el enfermo se muestra piedad?
—¿Está enfermo?... —preguntó algo curiosa y luego entrando en la idea que si Mello estaba debilitado quería decir que de su hermana no había podido defenderse. Lizzie imploró piedad y se apresuró a averiguar—: Aguarda un segundo… Que hayas sido su enfermera no denota amabilidad, lo hace ver algo interesado en realidad… —supo al momento que había pasado, con las últimas pistas dichas por su hermana la situación era una facilidad de imaginación.
—Por la plata baila el mono.
—Nunca hablé de dinero, —Lizzie susurró dando una oportunidad muy corta al prospero silencio— hay otros intereses en la vida que no tienen que ver con sumas ni números.
—Hmm… Tranquila que con Matemáticas yo no voy —con indiferencia respondió mientras doblaban en una curva.
—Si evades; admites… ya que no puedes refutarlo —aseguró mirándola fijamente. Lizzie consiguió lo que quería, no buscaba enredar a su hermana en algún juego de palabras, solo pretendía que captase aquella alusión, esa idea que sabía que estaba en el fondo del cerebrito de su hermana pero que no saldría si no habían unos cuantos empujones.
—¿A qué demonios te refieres? —si bien había querido molestar un rato a Lizzie, de ningún modo esperó que ella le hablase así. Y lo peor es que conocía de lo que estaba hablando, apretó su afiance sobe el volante. No había nada de verdad en ello… nada. ¿Y esos susurros? Eran como leves sonidos en la mente, como cuando uno busca en sus adentros respuestas pero que no pueden se dadas a conocer, que solo se encuentran en el fondo, por debajo de la ultima tapa, llamada "verdad". Había una conclusión, que no iba a afrontar.
—Puedes simplemente volver atrás en la conversación, no me refiero a nada distinto de lo que venimos hablando —informó autosuficiente y con la cara de inocencia que la caracterizaba mas no representaba su ser. Dallas obvió su respuesta, ya que no tenía equivalencia a nada que a ella le interesase. No obstante no pudo evitar alegar:
—Veo tus intenciones enana, —aclaró en advertencia— no intentes nada.
—Aunque ves mis intenciones… ¿No puedes ver las tuyas? —llevó su mano a la zona donde se situaba su corazón complementado lo dicho. Dal buscó con su mirada a través del parabrisas algo con lo que ignorar a su nueva conciencia; no le bastaba con una, pues ahora tenía dos. No quiso calumniar a su hermana tanto como en su interior como de forma oral, pero la niña se las estaba buscando.
—Pareces conocer mis fines… Dime cuáles son entonces.
Lizzie creía que la conversación se había cerrado ahí pero se equivocó, pensó su contestación.
—Un acertijo que nuestra alma resolvió… —se pausó— una suerte de destino, algo que en nuestro interior caló y nos quita suspiros —no tenía ninguna intención poética. Era lo que realmente pensaba, lo que mejor había podido sintetizar y que de verdad su hermana comprendía.
—Porque entre versos hables, no significa que con la verdad cargues —canturreó de malas. Lizzie carcajeó… Las rimas no eran una virtud de su hermana—. Dime una cosa… ¿tú conoces todo lo que está en tu interior, acaso? ¿Aquello necesita un poco más de tiempo y comprensión?
—No todo, es difícil-
—Entonces, no tienes nada que reclamarme o decirme —estaba enfada, era claro que había cambiado su humor altanero. Lizzie la observó un tanto defraudada y molesta, volver a saber que su hermana seguía siendo tan rígida como antes la deprimía un poco. Había querido considerar que con los años de vivencia con Misa, Dallas había ablandado, algo, su carácter. Dejó de mirarla y observó el frente, le dolía estar al tanto de muchas cosas, pero entre ellas la más tortuosa era, sin duda, que con su pariente, cómplice de la vida, no pudiesen compartir aquellos secretos que a ambas envolvían con el pasar de los días.
Volvió a avistarla y endureció su contemplación. Cuando Dal ocultaba algo, quería decir que le asustaba. Tenía miedo, Liz sonrió suavemente ante ese pensamiento, ya que ella también podía sentir esa extraña e inmanejable sensación ante lo desconocido.
—¿Pudiste averiguar algo? —examinó Lizzie tratando de quitar tención a la situación.
—¿Hmm…? —la tomó por sorpresa, por la apariencias, Lizzie no era la única que estaba pensando en ese momento—. ¿Sobre qué?
—¿Mello, Near, Ryuuzaki…? —preguntó guardándose para sí el seudónimo tan corto: L, que tenía planeado mencionarle a su hermana, sin embargo se sintió extrañamente observada, como si no fueran las únicas al tanto de esa conversación.
—¿Debía averiguar algo?
—Dallas —pronunció su nombre peligrosa y criticonamente.
—Esta bien. No indagué mucho ya que mi comportamiento podría haber parecido algo sospechoso —se justificó antes de dar alguna información—. Lo ciertos es que ellos parecen tener conocimiento informáticos muy avanzados, tal vez, demasiado. Al menos por el lado de Mello.
—Hm, eso es razonable viendo toda la maquinaría que traían consigo —acotó meditando. Esto solo era agregar un dato, apenas una palabra más a la gran información que trataba de reunir. Si bien era algo obvio, servía de ayuda igual.
—He notado que Near y Mello no se llevan bien… para nada —comentó Dallas recordando las miradas fulminantes y riñas más bien "mentales" que compartían ambos sujetos—. Es como si compitiesen por algo, esa sensación es la que da…
—Si también lo he notado. Ellos no guardan ningún tipo de parentesco y Ryuuzaki no parece ser su tutor ni nada similar.
—Es su líder.
—Exacto —coincidió con su hermana mayor mientras pensaba mirando hacia el frente—. Ellos son huérfanos, aún dudo de lo que hagan en ese sótano y el por qué de que ninguno trabaje o estudie.
—Son raros —alegó Dal con cierto empalago.
—Lo sé ¿Marcan la diferencia?... —preguntó retóricamente, dependía de mucho a que le denominase diferencia, ellos eran simplemente distintos a todo patrón de conducta normal—. ¿Recuerdas lo que nos mencionó Misa hace mucho? Ella aludió a la idea de que ellos se mantenían ocupados en investigaciones mundiales.
—Pues pinta de científicos no tienen —aclaró observando brevemente a su hermana menor y a su estado un tanto absorto—. ¿Mafiosos? ¿Alguna clase de centro secreto de inteligencia como la CIA? No lo sé…
—¿Sabes? Tengo la intuición de que son algo todavía más grande.
—¿Así? ¿Cómo qué? Ya de por si es extraño que, en un sótano como ese, hagan la gran cosa.
—Sí… Si supiese qué es lo que vincula a Misa con Ryuuzaki.
—Depende de a que vínculos te refieras.
—No hablo de ahora —aclaró acompañada de un gesto con su mano—. Hablo del pasado… él cual no conocemos.
—¿No le has preguntado? —interrogó alzando una ceja mientras se fijaba el tráfico en aumento.
—¿Podría? Sinceramente no debería. Misa evade esos temas —habló decepcionada del poco aporte que podría obtener por parte de su tutora, pero de todas formas, no podía venir con la idea reclamarle, ella parecía más bien dolida—. Es un misterio y presiento que seguirá siéndolo por mucho tiempo.
—Liz… —llamó Dallas frunciendo su seño—. ¿Por qué demonios estas tan interesada en averiguar quienes son ellos?
—¿Sana curiosidad?
—Sí, claro —agregó suspicaz—. Si así fuese le preguntarías a Misa todo lo que necesitas saber y asunto acabado, no tendrías nada que perder. Hablo en serio… ¿Por qué?
Lizzie quiso responder pero la sensación de estar a la mira volvió a recorrerle el camino de toda la espina dorsal. Esta vez si prestó mayor atención a ese estremecimiento, sintió que no estaban tan en privado como deberían, pocas veces obviaba la razón en su deliberada intuición. Trató de alcanzar a ver por el auto algún detalle que le explicase dicha conmoción pero no obtuvo mucho. Prefirió observar por la ventanilla de la puerta, buscó alguna zona donde su hermana pudiese estacionarse para explicarle mejor sus sospechas, pues en pleno movimiento podría ser algo peligroso.
Pronto apreció que llegaban a una gran fila de autos en la autopista y que se tardarían en salir de allí. Buscó entre sus pertenencias dentro de su mochila un pedazo de hoja y un bolígrafo con el que escribir, buscó también un libro sobre el que apoyarse y escribió unas cuantas palabras. Dal la observaba con incógnita y algo de tedio.
—Léelo —le indicó mientras le pasaba el papel doblado de forma diminuta, Dal aún seguía observándola sin comprender mucho. Difícil fue entender la letra escrita tan pequeña que su hermana había utilizado con equis fin. Él trafico era tan pausado que no requería de mucha de su vigilancia, cuando por fin logró deducir lo escrito, reparó en su hermana de nuevo con duda y preguntándose a qué iba todo esto. Ryuuzaki is L…
—No digas nada. Solo piénsalo —solamente indicó Lizzie. Dallas extrañamente asintió y miró al frente guardándose el papel en el bolsillo. Aún así, Lizzie había utilizado una extraña forma de comunicarle unas cuantas palabras… ¿acaso no podría haberlo hecho de forma oral? Luego le preguntaría. El nombre del chico junto con la inicial parecía no representar mucho pero… la sigla, Lizzie la había dibujado —microscópicamente— como una ele gótica. Ella había visto esa especie de logo por algún lado.
Parpadeó un par de veces y luego recordó de donde había salido aquella ele. Miró a su hermana menor entre sorprendida y asustada. Lizzie notó el cambio en las facciones de su hermana y le volvió a asentir con algo de inseguridad mezclada con pasmo. Dallas regresó a mirar al frente al distinguir que la fila de autos emprendía a avanzar y a deshacerse.
—¿Es posible? —cuestionó con la sorpresa aplacada tras su manto de indiferencia.
—No lo sé… he perdido la noción de lo que es posible e imposible —contestó algo cansada del tema.
—¿Segura qué…?
—Sí, hasta ahora sí —cercioró mirando el techo del auto—. Recuerda tirar el papel.
—Esta bien —respondió encogiéndose de hombros.
Con la ruta libre por fin, Dallas no pensó dos veces en acelerar antes de que volviese a congestionarse. Acortó el viaje en tiempo considerable. Lizzie no vio por ningún lado algún auto oscuro con aspecto de agencia de seguridad. Era extraño que los escoltas de Misa no las hubieran seguido. Había un par de posibilidades: o Dallas se había escabullido evitando así que los escoltas la siguieran o Misa se había olvidado, la primera probabilidad era la más real.
La última parte del viaje fueron puras subidas y bajadas. En poco fueron recibidas por la ruta con su firmamento engalanado de ramas, era la estrecha calle que las llevaba su hogar.
Cuando Lizzie prestó atención de nuevo a su alrededor pudo notar que habían llegado a la cochera. ¿Abstraída? En rotundo sí contestaría. Vio como su hermana ya había bajado del auto y estaba dando la media vuelta, ella no quiso quedarse atrás por lo que también salió del auto para luego atravesar la cochera hacia las escaleras.
La claridad de la cocina hizo que entrecerraran los ojos. Lizzie descansó su cuerpo contra el marco de la puerta mientras Dallas se deslizaba hacia la heladera en busca de algo de comida. Vieron entrar a Misa con paso acelerado y con el teléfono pegado a su oreja. Ambas se preguntaron qué tanto hablaba su tutora con quién sabe por la línea telefónica. Por sus mohines y muecas podían deducir que algo no andaba nada bien.
Dal dejó pasar el tema, no tenía planes en saber que le acontecía a su prima. Sin embargo antes de que pudiese salir de la cocina una mano la detuvo. Su tutora le estaba reclamando las llaves de su vehículo con la mano extendida. Dallas rezongó antes de buscarlas entre sus bolsillos y entregárselas. Misa jamás le dejaba pasar una oportunidad, era peor que un hombre con el auto.
Misa expresó su negación con sus manos, como si la otra persona al otro lado de la línea pudiese verla. Lizzie sintió la curiosidad emerger pero no veía aún el momento más oportuno para preguntar que pasaba. Como emblema de su cansancio un bostezo llegó, testificándole que tenía que descansar o caería redonda contra el suelo. Dejó de lado la idea de averiguar que pasaba, deponiéndola para otro instante en él que Misa no estuviese tan molesta e irritable.
Saludó a su tutora y desapareció de la cocina como su hermana mayor. Misa las había seguido con la mirada buscando algo de sosiego. Podía sentir como la sangre le hervía y su puño le amenazaba con romper el aparato que tenía en su mano derecha. Tomó clases de yoga, pero en ese instante no podía recordar ninguna idea o técnica útil para tranquilizarse.
Su mañana se ahogó con las llamadas e ideas de su representante. Nunca había sentido las ganas tan grandes de ahorcar a alguien en su vida, ni siquiera a Ryuuzaki.
—No es una mala idea —aseguró sin desistir, no permitiría que la culpasen, por más que fuese lo lógico.
—Tienes razón —admitió la joven rubia, pero no como su agente creía—. Es una pésima idea.
—No trates de echar más leña al fuego —comentó con la ironía ardiendo.
—Ni aunque le agregases lírica y melodía podría sonar mejor —acotó entre dientes ¡Pero si tenía la razón! ¿Qué se suponía que tenía que hacer? ¿Enfrentar como si nada el gran problema que le había ocasionado su representante? Ni la culpa tenía esta vez y de igual forma tenía que comerse las consecuencias—. Si me explicas todo de nuevo de por qué yo debo organizar todo una ceremonia, fiesta, baile o como mierda mejor suene en MI casa, podría componer mi semblante. Oh, lo olvidé… ¿Sin mi autorización? —tras cada palabra tensionada con ira iba un gruñido.
La representante de Misa vaciló, jamás la había escuchado tan enfadada a la actriz. Por lo general la situación era invertida, ella era quien regañaba a Misa y no viceversa, pero al parecer en esta ocasión si había metido verdaderamente la pata.
—¿Recuerdas a Rhys Pryce?
—No omitas detalles —rugió.
—E-esta bien... —sintió calor y apuro, tenía que contar todo y evitar que Misa tratase de matarla, aunque técnicamente hablaban por teléfono, eso no era ningún obstáculo para la Idol—. Él siempre ha sido muy amigo mío. Hace unas semanas me contó del proyecto de beneficencia que siempre lleva acabo todos los años.
—¿Hace unas semanas? ¿Y me vienes a decir ahora? —Misa reclamó ásperamente.
—Nada se había concretado hasta ahora, Misa —se excusó enclenquemente.
—No importa, luego discutiremos eso. Prosigue —ordenó con la autoridad palpitándole en la voz.
—Bien. Sabes que sus eventos y celebraciones siempre las ha la hecho en el Staples Center, en el año posterior a este decidió innovar.
—Aja —masticó la información sin calmar los humos—. ¿Y?
—Me ofreció hacerme cargo del proyecto. Vamos, es solo una ceremonia y luego festividad. En ella siempre ha presentado la última moda y luego la revista que él produce. ¿Ya has olvidado a Eighteen?
—No —negó tal hecho, pero aclaró—: sin embargo es pasado.
—Deja el drama —¿acaso le pedía que no le reclamase? Su representante debía buscarse mejores formas de no hacerla enfadar—. Tú también fuiste gran amiga de él, te convertiste en la cara de esa revista en Japón. ¿Podríamos ayudarlo?
—Lo dudo —incisivamente contradijo.
—¡Misa! ¡No seas así!
—Cállate. No tengo la culpa de que hayas abierto la bocota y metido la pata. Por Kami ¿En que pensabas? ¿En que yo podría ser la anfitriona de todo esto? —comenzaba a denotar su desesperación, pero tenía porqués.
—Sigo pensado que es un excelente proyecto.
—Me dan igual las sumas de dinero —respondió irritada sin saber a qué más insultar—. Además no solo me involucraste a mí, sino también a mi casa.
—Que egoísta, con las hermosas hectáreas de jardín que tienes y el lujoso salón aún sin estrenar.
—Deja de buscar excusa por donde no las hay —rebatió a duras penas soportando la ira.
—También sería una oportunidad exquisita para presentarles a los medios tu nueva casa.
—Mo-men-to —su voz se volvió entrecortada por el enfado, respiró hondo y continuó—. ¿Presumir? ¿Es lo único en lo que piensas? ¿Crees que dejaría que la prensa pusiese un solo pie en mi hogar? ¿Acaso tienes idea de cuánto amo mi privacidad?
—Tranquilízate —imploró también algo impaciente.
—¡No! ¡Olvídate de eso! No podré estar tranquila hasta que me digas cómo mierda vamos a resolver esto.
—No hay formas de cancelar planes, ya no, Misa.
—Ohu…. No me digas —su voz cambió radicalmente de tonalidad, la representante de Misa no supo si interpretar esto como un presagio de lo que venía era aún peor—. ¿Así que pretendes que utilice mi salón y mis jardines como lugar de una fiesta que no tiene prácticamente nada que ver conmigo, solo porque a ti se te vino la idea de que esto podría ser una genial oportunidad para presumir mi casa frente a las cámaras, obviando, claro, toda autorización u opinión mía al respecto, resignándome solamente a aceptar?
—En parte ¿si? —afirmó por primera vez temerosa ante la celebridad.
—Bien —escupió envenenada. Y lo siguiente que se escuchó fue la línea del teléfono.
Misa había cortado de forma violenta y abrupta. Sentía como los puños le temblaban. Tenía que pensarlo muy, absolutamente, muy bien. ¿Se había esforzado todo esto meses en encubrir la presencia de tres hombres en su casa ante los medios para que su estúpida agente lo viniese a echar abajo todo de un plomazo? La sangre le calcinaba las venas. No tenía ni la más mínima idea de cómo se las idearía.
No podía echar de un día para el otro a Ryuuzaki y compañía, pero tampoco no podía mostrarlos ante la prensa. ¡Qué odioso iba a ser tener que tratar esto con el ojeroso! ¿Cómo se lo explicaría sin tener que culparse? La mejor estrategia tal vez sería comenzar hablando de lo irresponsable que había sido su representante, de igual forma, la culpa terminaría cayendo sobre ella. Estaba frita.
Una celebración de alta alcurnia. Con el numerador sobrepasando la cifra de cuatrocientos con facilidad en cantidad de estrellas y celebridades invitadas, todas totalmente atentas al esplendor (o horror) de la fiesta. Inhalaba y exhalaba. Cientos de personas con cámaras fotográficas. Iba a necesitar ayuda, mucha. ¿Tendría que exponer a sus niñas en la fiesta? Había tantas cosas…
Le gustaba el festejo y algarabía pero no cuando ella era la encargada de ello. Misa estaba que tiritaba de la rabia. No podía comprender como a su representante se le había ocurrido semejante idea y, para remate, sin informarle. Era un pelotazo en contra que no había imprevisto.
¿Podría evitar que la celebración se llevase acabo en su casa? ¿Tal vez consiguiendo un lugar mejor, como un hotel, salón privado, etc.? No lo sabía francamente…
¿Aceptaba? De ser así —como si le quedase de otra—, tenía que emprender lo antes lo posible con los preparativos. Le dolía la cabeza de tan solo especular en esta locura. Seguro que no contaba con tiempo, su agente no le había dicho cuando era la fecha, de todas maneras, cavilaba en volver a llamarle para aclara ciertos puntos, pero solamente una vez que la cólera se hubiese disipado un poco. ¿Y si obligaba al trío a ocultarse mientras sucedía semejante juerga? ¡No podía ser tan inhumana! Por más que ellos no entrasen dentro del grupo de fiesteros anónimos.
Tal vez exageraba un poco… lo único dramático era la realidad.
Se sentó en el desayunador tomando su cabeza entre sus manos. Le intranquilizaba Ryuuzaki y no lo disimularía.
¿¡Qué iba a hacer!?
-.-
—¡Solo porque estas de malo humor, no significa que te descargues conmigo! —demandó en bramido Dallas no tolerando los reproches de su tutora.
—¡Mira quién habla! ¡No seas hipócrita!
—¿Ah? ¿Disculpa, perdón? —preguntó ofendida tras dar oídos a la respuesta irritada de su tutora. Que Misa estuviese con ese humor no aliviaba nada las circunstancias, lo paradójico ocurría. Ambas estaban solas en la cocina, pero no faltaba mucho para que alguien se apareciese preguntándose por qué la necesidad de tanto griterío.
—Espera… espera… no quise gritarte así —sus facciones se alejaron de la irritabilidad y se mostraron dóciles junto con las palabras. Misa se dio cuenta cuan idiota estaba siendo. Dallas no tenía porque recibir su frustración— Hay Dal, lo siento, es que-
—Si, si, lo sé —contestó cortante—. ¿Siempre es igual no?
—Sabes que no quise gritarte.
—Cómo si no diese lo mismo —acotó desviando la mirada—. Dame una razón. ¡Sólo una! Que sea lo suficientemente convincente, por la que yo no pueda salir esta noche.
—¿Qué mis guardaespaldas tengan la noche libre no te parece un buen motivo? ¿Un porqué razonable?
—¿Es que siempre tengo que tener a uno de tus monos persiguiéndome cada vez que quiero salir?
—¡Sí! ¡Por supuesto que sí! —otra vez el alboroto se levantó entre ambas—. ¿Cuán inconsciente puedes ser? ¿¡Eh!? ¿Acaso no entiendes que es peligroso ya de por si que salgas y ni hablar de noche?
—Yo no veo a jóvenes de mi edad con estos gorilas por detrás.
—Por que no todos los jóvenes tienen esa suerte de seguridad —masculló señalándola, otra vez sentía que la cabeza le ardía en veneno—. ¡Porque ellas no tienen a Misa Amane como tutora!
—¡Qué suerte la de ellas! ¿¡No!?
Dallas se separó tras gritarle. Misa no estaba dispuesta a dejarla ir, de ninguna forma pensó. Las dos tenían motivos para enfadarse, una más que la otra, pero el punto era que el momento se volvía cada vez más tenso. Misa tomó fuertemente la muñeca de su prima para impedir que se fuera, las cosas no terminarían allí. No podía permitir ya semejante falta de respeto, su autoridad valía.
—Lo dices como si fuese una maldición, un castigo… ¿verdad? —dolida estaba y dolidas sus palabras salieron. Misa sintió sus ojos aguados pero no sintió derramar lágrima alguna—. Por un momento de tu vida ponte en mi lugar, Dallas.
—¿De que serviría? ¡Dímelo! No me interesa —ella era tan fría y su tutora tan sensible, la situación tiraba a llegar a peores condiciones.
—Y ni hablar de que ayer te escabulliste de la vigilancia de mis escoltas para ir a recoger a tu hermana… —su voz tembló, Dallas se vio algo apenada pero no lo exteriorizó para la mala suerte de su tutora—. ¿No comprendes? Mi vida esta en ustedes, lo que hago, lo hago por ustedes. Jamás, en absoluto, de ningún modo… buscaría perjudicarlas, ¿cuánto tiempo más me tomará hacerte entender aquello?
—¿Quién dijo que la confianza se ganaba tan fácilmente?
—¡Somos familia!
—¿Y eso? No me confundas con Lizzie, Misa.
—¿Qué debo hacer entonces? —estaba desgarrada, odiaba con todo su ser estas peleas, pero no podía evitar originarlas.
—¡Nada! ¡Olvídate de mí! —le exclamó tratando de zafarse de su agarre. ¿Desde cuando Misa tenía tanta fuerza en esos pequeños puños?
—¡Vaya! ¡Qué fácil me lo planteas!
El silencio brilló por su presencia en perpetuos instantes.
—Jamás podrás interpretar a una madre… por muy buena actriz que seas —en seguida de zafarse de su afiance Dallas pronunció aquella frase que congeló a Misa. Ella permaneció reparando en como su prima se iba por la puerta del patio, no saldría, ya no, pero la discusión le había valido una parte del corazón. Las últimas palabras habían desmembrado más de lo que podrían haber creído en ambas.
Sollozó en silencio. Estaba llorando, dándose por fin el lujo de liberar tantos problemas de la cabeza. Las frías gotas descendían suavemente por sus pómulos. Se tapó su rostro con la mano derecha mientras descansaba contra la esquina del desayunador. Se preguntó internamente: ¿Qué debía hacer? ¿Por qué tenía que salir así las cosas? ¿¡Qué había hecho mal!?
Dallas era una desagradecía. ¡Si tan solo supiera que era lo que la distanciaba de su prima! Ambas no habían tenido pasados llevaderos lo que significaba que debían comprenderse la una a la otra, sin embargo no era así, para nada. Tenían tantas cosas en común y aún así nada parecía unirlas más que simples lazos sanguíneos. ¿Por qué demonios, Dal, se esforzaba en cortar esos finos hilos de su relación?
¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?... era e lo único en que pensaba. Parecía un cruel eco en su cerebro.
Volteó con lentitud y en la entrada de la cocina percibió a Ryuuzaki y a Mello observándola. Misa no les dijo claramente nada. Obvió en cierta manera sus presencias, no le importaba que lo que hubieran visto, escuchado o presenciado y mucho menos que la viesen llorar. Tenía peores y más grandes problemas en los que pensar y lamentar.
Trató de secar sus mejillas pero evidentemente fue en vano. Trató de tranquilizar su respiración, pero no pudo. Trató de blanquear la mente y olvidar, aún así no lo consiguió. Trató de no sentirse peor pero no sabía si eso era posible. Las veces que trató por algo se fueron de su cuenta… ¿Por cuánto más se vería vencida?
Sintió el calor.
Los brazos de Ryuuzaki a su alrededor se habían posado.
Ese trato y contacto no sabría alejarlos. No podría hacerlo, el alivio y apoyo era como la medicina que jamás se inventó por el hombre pero sí por Dios. El detective estaba consiente de todo y por ello le cedía el hombro para llorar. ¿En que instante se había arrimado tanto? L era muy rápido, esta vez, se lo agradecía. Él no mencionaba nada, y tampoco hacia falta que lo hiciese, solo se limitaba a consolarla con la presencia.
Misa vio por el rabillo del ojo como Mello atravesaba la puerta del jardín. No quiso imaginar con que objetivo.
Más de una vez se había planteado esta situación, más de una vez la soñó. Pero jamás le dio verdadera chance en la realidad. Se sentía oportuno pero no aprovechado. Misa había discutido rudamente con Dallas, demasiado obvio e imaginable como iban a acabar, era una lástima que Misa no previera eso. La joven tutora parecía tener muchas cosas en la mente, Ryuuzaki deseó saber en que pensaba Misa.
Él no se apartó, estaba consiente de que ella quería a alguien que la reconfortase. En cierta verdad, era punzante estar al tanto de que no era indispensable que esa persona que la reanimase fuese necesariamente él. Estaba siendo egoísta e infantil, lo importante era que Misa abandonase el lamento, nada más.
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Mello bajó los últimos escalones y buscó decididamente a Dallas pero no la encontró a simple vista. El patio trasero de las Amane era frondoso y extenso, competiría con un bosque europeo. La variedad de plantas, entre ellas: arboles, arbustos y enredaderas era inacabable. Se impacientó al saber que le llevaría un buen tiempo hallar a la chica.
Sus pasos lo llevaron naturalmente hacia la frondosidad netamente verde. Había un pequeño camino trazado por el andar entre los arboles. Siguió ese dudoso sendero, por los costados no quitaba ojo.
Para su fortuna no debió seguir forzando su vista contra la oscuridad. La cabellera rubia de la muchacha resaltaba bastante. Hacía ella se aproximó seguro, midiendo sus pasos contra el desconfiable suelo.
La mirada de ella estaba perdida apuntando hacia el suelo. Estando tan sombrío, le costó deducir si lo que levemente brillaba en las mejillas de ella eran lágrimas.
Luego de percibir que alguien se acercaba, Dallas lo observó de arriba a bajo. Y que ese alguien fuese Mello no podría definirlo como algo en su totalidad malo…
…chasqueó la lengua con la ira saturándole la cabeza. Es decir… ¿No todo podía se tan, pero, tan malo? ¿Verdad? ¿Existía distintos niveles de mal? ¿Cierto? Por que de ser así, el chico estaría ocupando el último grado de lo que ella podría valorar 'malo', cuando al principio lo había catalogado como un pelmazo número uno. ¿Cuándo, qué fatídico día, hora, él había pasado a dejar de ser una molestia hasta el punto de estar rozando lo interesante?
Trasformó su cara en cierta desazón y negó espaciosamente escondiendo su rostro en sus piernas. Muchas cosas no estaban bien, acababa de descubrir una nueva. Por lo general, ella jamás buscó tener el control de las situaciones pero irónicamente el propio control de sus pensamientos era lo que ahora se amotinaba.
Odió saber que siempre tenía la verdad en su contra, odió entender cuanta razón podía tener su hermana, odió ver que siempre era la mala de la historia. Y definitivamente odió sentirse vulnerable, verse frágil ante ojos ajenos. Solo un hecho podía destacar; que nada de lo pasado le había servido para aprender.
Él sentó en suelo junto a ella, no la miró, fijó su vista en las luces de la casa que estaban algo alejadas y empañadas ahora. Dallas ignoró su presencia, la ley del hielo era una de sus tantas virtudes, le daría útil uso. Puesto que ¿a qué venía este tonto? ¿A irritarla más? Esa noche no había una brisa fresca sino calidad, símbolo de que la primavera buscaba cada vez más adentrarse en el clima.
Mello sonrió perspicazmente y la observó. ¿Haría mal en fastidiarla?
—Por suerte no hay ninguna ley que prohíba molestar a las personas —siseó divertido. Su humor era tan chocante con el de su compañera, hoy era uno de esos absurdos días en donde no estaba de mal humor o algo similar. El resfriado que había padecido tiempo atrás se había evaporado y sus energías y arranques habían vuelto a él. Mello quería hablar con ella… ¿Razón? No buscaba precisamente consolarla, ya que no compartían esa cercanía y si así fuese sería solo en sus recónditos sueños. Tampoco buscaba alguna paliza, solo sencillamente deseaba pasar tiempo junto a Dallas. Porque preveía que no tenía mucho tiempo para gastar.
—Quién necesita leyes —contestó ella crujiendo sus nudillos. Él rió levemente… puso su curiosidad sobre la joven, por si debía esquivar algún golpe. Pero Dallas solo observaba impávida el horizonte sin sol ya—. ¿Y bien?... ¿Qué es lo que te debo? —preguntó como si él le estorbase. Mello se encogió de hombro tranquilo, no asustándose por las amenazantes palabras, llevó sus brazos hacia atrás colocando sus manos sobre su nuca mientras se acomodaba mejor sobre las raíces del árbol.
—Si existe algo en lo que tú y Misa se parezcan… —susurró Mello captando suavemente la atención de ella—… es que ambas sean unas reinas del drama.
Dallas contó hasta diez antes de impacientarse. Lo ojeó una sola vez, mirada que bastó para que Mello concibiese que estaba logrando su objetivo.
—Mello, lárgate de aquí —ordenó cabreada. La única vez que fue amable con él fue cuando el muy bobo se indispuso, pero no habría clonación de tal trato.
No obstante, él siguió sin perturbarse.
—¿Estas sordo o qué? —inquirió sin caer cuenta de la telaraña que trazaba el chico. Lo tomó por el cuello del chaleco negro, levantándolo en el acto. Ni modo, si él se convertiría de nuevo en su saco de box, no podría hacer nada al respecto. Lo sacudió repitiendo la pregunta mientras Mello solo ponía en su cara la expresión de '¿a mi qué?'. La imperturbabilidad de él y la cólera de ella no eran muy aconsejables como mixtura.
Él la tomó por las muñecas por sorpresa, vengándose de que estuviese arrugando de esa forma el cuello de su vestuario. La aproximó imprevistamente más hacia sí.
—Nadie te había dicho antes que eres una malcriada y caprichosa ¿cierto? —susurró en su oído izquierdo, aprovechando la anormal parálisis de ella y la súbita proximidad.
Dallas no supo como huir del letargo en el que había desfallecido. Sólo sabía que estaba mirando el cielo mientras él robaba ventaja, musitando en su oreja. Respiró rápidamente.
Alejó su cabeza de la de él y volvió acercarla para propinarle un cabezazo en la frente, como la caracterizaba, en un abrir y cerrar de ojos. Mello retrocedió soltándola y cayendo de bruces contra el suelo.
Fue insólito y chocante para ambos, Mello disfrutaba de importunarla así, exactamente a causa de que acaba de descubrir de que podía detenerla de esa manera. Aunque fuese a nacerle un muy bonito moretón en la frente, sonreía oscuramente.
La joven retrocedió molesta y rabiosa. No por su pelea con su tutora, tampoco porque no la dejasen estar ni un segundo tranquila y sola, ni por la presencia de él. Ahora estaba furiosa por la asquerosa causa, que de hecho no conocía, que le había permitido a Mello acercársele así. Cerró sus puños clavándose las uñas, sus defensas la habían abandonado. Los ladrillos de hielo, que componían su fortaleza helada, se caían… Lo miró horrorizada de que algo como eso hubiese podido suceder.
—Bien, bien, bien… buena jugada —apreció Mello sentándose derecho y acariciándose la frente. Le sonrió a Dallas, quien le observaba entre ficticiamente asqueada y furtivamente espantada.
Ella amagó con levantarse. Si él no se iba, ella se marcharía. No tenía porque seguir tolerando. ¡Buscaba tranquilidad y desahogo! Aquí, con el plomo de Mello, no hallaría nada.
—¿Te asusté? —pronunció sagaz. Ella se detuvo sin voltearle. Mello sabía que Dallas era tan orgullosa y testaruda como para no dejar pasar esa pregunta.
—Si en realidad —admitió volteándose y arruinando los planes de él—. ¿Quién no se asustaría con semejante esperpento? —contraatacó indiferentemente. El muchacho rubio supo por donde venía el asunto, atacándolo de manera despectiva no ganaría nada. Necesitaba de mucho más para poder quitar su presencia de encima.
—Tú no pareces asustada —aseguró cerrando sus ojos autosuficiente.
Sin tener nada que perder, más que su paciencia, se volvió a sentar pero esta vez más alejada de él. Lo evaluó de arriba a bajo y suspiró. No entendía lo que pasaba… ¿Qué tenía de especial, que junto a él, de un instante a otro, experimentase una complejidad de sensaciones? Estaba tratando de engañarse así misma.
—Imbécil… —lo llamó más que insultarlo. Mello no le respondió, solo la miró levemente—. ¿Qué buscas?... ¿Sermonearme? ¿Por qué no quieres dejarme sola?
—No me corresponde reprocharte. ¿Y si lo hiciese, qué? —contestó a las dos primeras consultas, e iba por la tercera—: considero que la soledad es solo una necesidad innecesaria que creemos, que queremos poseer y que algunos consideran aborrecer y padecer. Teniendo compañía… ¿Por qué prefieres estar sola?—cuestionó seriamente, hablaban por fin de manera civilizada.
—Porque busco con más tranquilidad en mi interior —murmuró meditabunda—. Porque prefiero esta sola antes que mal acompañada.
—No sabes de lo que hablas… —confesó desviando su mirada en medida ofendido, había captado la indirecta. ¡Pero no iba a marcharse! De ninguna forma, pensó seguro. Y apreciaba que tenía razón, Dallas creía conocer mucho pero ni la mitad de sus palabras campaneaban creíbles.
—¿Y tú sabes? —preguntó recelosa.
—Créeme que sí —musitó en la oscuridad mientras vislumbraba que ambos no estaban peleando, sino, comerciando ideas y eso le agradó—. Sobre lo que paso con Misa, no es-
—Ah no… ni lo intentes —le amenazó espaciosamente. Mello alzó su ceja algo suspicaz, ella no podía pararle.
—¿No quieres hablar de ello?
—No.
—¿Por qué...? —preguntó con la tonalidad de una niño pequeño.
—Porque no —respondió a secas.
—Veamos… —comenzó como si tratase con un infante, Dallas los observó aburrida—. ¿Juguemos? ¿Si? Yo soy el confesionario y tú la pobre persona pecadora que busca la redención… ¿Esta bien?
—No —contestó expresivamente, burlándose de él—. Ni que fueras catequista… ¿Qué tratas? ¿Aplicarme alguna extraña psicología para que largue todo?
—Algo así —restó importancia admitiendo—. Cuando hablas de las cosas, en cierto sentido, te quitas un poco el peso de los problemas. Creas un alivio.
—Si, gracias por el consejo no pedido —agradeció pero no con la intención literal. El chico se disgustó y la miró feo como si aún fuesen críos—. Quizás, solo quizás… quieres que me sienta mejor. ¿Por qué?
Tragó duro disimuladamente cuando Dallas le interrogó con dicha cuestión. No supo que excusa decir, las escapatorias a la verdad, orales eran pocas y mentales nulas. Su mente estuvo en blanco. ¿Por qué quizás, solo quizás… eres la maldita perra de la que estoy enamorado? Asumió pero jamás dijo. Él negó sintiéndose un cobarde pero no podría serle sincero, de hecho, nunca le diría a este paso la verdad. Mello sonrió cansadamente al cielo y luego giró hacia ella:
—No se necesitan razones para ayudar a alguien —murmuró sintonizando las miradas.
Dallas aceptó su respuesta recordando a su hermana cuando se la había dicho y cuando ella misma se la pronunció a él estando enfermo.
—Han sido tres, casi cuatro años largos… —empezó cansada mirando las ramas del árbol agitarse por el viento—. Y aún sigo sin adaptarme a ciertas ideas.
—¿De qué hablas?
—Nosotras... vivíamos como reinas entre algodones de azúcar. Nunca tomé a mi padre como a una autoridad, solo veía el orden y respeto en mi madre. Y Lizzie igualmente —Mello notó la frialdad de nuevo en su personalidad, verdaderamente le dolía hablar de esto. Que ella estuviese quitándose la careta de indiferencia en alguna manera con él era un significativo avance— Hace tanto de que dejamos de sentir sus presencias… la llegada de Misa como nuestra tutora me preocupó y lo sigue asiendo.
—¿De verdad? ¿Hay… alguna razón? Misa no tiene malas intenciones —estaba defendiendo al segundo Kira, que bajo había caído. No comprendía, dudaba que Dallas se preocupase porque su tutora fuese una asesina, hasta donde él sabía, ella no estaba al corriente de tal dato y esperaba que no se enterase viendo lo débil que era la relación de prima a prima que mantenían.
—¿Crees que no lo sé? Siempre me lo repito —contestó fastidiada por ese detalle—. He comenzado a tener mis dudas. No quiero que Lizzie termine supliendo la figura de nuestra madre por la de Misa… Ella era aún muy pequeña cuando el mundo se nos vino abajo, sería lógico que algo así pasase.
Mello asintió intuyendo todo. Sus sospechas sobre ella resultaron ser ciertas, Dallas había sido demasiada pegada a su madre, tanto, que ahora no soportaba la idea de otra imagen maternal en su vida. Y considerando lo recelosa y desconfiada que era, no le sorprendía que a Misa le estuviese costando un ojo de la cara tratar de comprenderla.
—Aún así… ¿no piensas que eres muy desagradecida?
—Argh, vamos… Le agradezco todo lo que esta siendo —su voz tembló, detalle que perturbó al chico—. Pero no es tan fácil… Misa logró todo lo que yo hubiese deseado hacer por mi hermana.
—A veces, aceptar la ayuda, nos abre una gama de posibilidades que no teníamos en mente —comentó mientras ella lo examinaba abstraída—. Hay que aprovechar las oportunidades, por muy en contra que vayan de nuestro orgullo —dijo y luego pensó verdaderamente en lo dicho, la había aconsejado con un consejo que él precisamente no seguía. Tal vez quien habló no fue exactamente Mello, sino, su subconsciente.
—El mundo me enseñó a desconfiar… ¿Cómo podía saber que ella seria la persona indicada que nos daría algo de alivio? —en retorica pregunta susurró.
—El riesgo es lo que vale, a través del vivimos —otra vez sintió que su conciencia le robaba sus cuerdas vocales. Correr el peligro era solo de valientes y no de cobardes ni débiles, ser honesto era un riesgo. La miró preguntándose si de verdad ella sabría cuan flechado estaba. ¿Acaso siempre viviría con la duda carcomiéndole los sesos?
—Si la razón es Lizzie, nunca me amotinaría frente a un peligro —segura musitó sin compartir su mirada.
—No lo parece… ¿Acaso tu has sido todo este tiempo el escudo delante de tu hermana? —consultó. Mello caviló en algunas posibilidades, que explicasen la radical diferencia de temperamentos entre ambas hermanas.
—Sí, bha… Eso es lo que siempre intenté —admitió recordando tantas vivencias cuando niñas en aquel orfanato.
—Que dulce —calificó sonriéndole, Dallas levantó una ceja sin mosquearse—. No pensé que lo fueses, pero eres la típica hermana mayor sobre-protectora.
—Te sorprenderías de mucho —con sencillez respondió, dando en una interpretación algo abstracta a su respuesta. El sucesor de L la vio confundido; ¿qué tanto podía ocultar ella? ¿De que debía sorprenderse? Las incógnitas en la vida nunca se acaban—. Mello, ¿qué eres de Near? —indagó tomándolo por sorpresa.
—Por suerte, nada —respondió molesto por tener que aludir al gusano en la conversación.
—¿No son… rivales o algo así?
—Técnicamente no —estaba establecido que ellos eran compañeros y no rivales. Mello sentía rivalidad por Near pero esto no era reciproco, el enano no lo consideraba un contrincante, algo que lo enfurecía. Pero si había que decir las cosas como eran, L les había dejado claro que adversarios no podían ser. La idea era armar un equipo, no deshacerlo.
—Bien —reconoció—. Porque he visto lo que sucede.
Mello la miró de reojo. No le había gustado nada en como Dallas había pronunciado esas palabras. ¿De que se había percatado ella…?
—¿A que te estás refiriendo?
—Near es un adolescente y se siente atraído por mi hermana —Mello asintió hipócritamente. Esperaba que Dallas no hubiese seguido analizando detalles, porque de ese modo, ella se habría dado cuenta de que Near no era el único atraído por una Amane. Aunque sonase increíble y hasta incoherente, ellos tenían alma y emociones.
Near era el más frío y alejado de los sentimientos de los tres, las alteraciones en él eran, tan pero tan, milimétricas… Si Dallas había podido deducir lo del enano, significaba que era cuestión de tiempo —que no era mucho— para que entendiese que había alguien enamorado de ella y que ese alguien era él. O tal vez ya lo sabía… era triste, pero era una probabilidad de un sesenta y siete por cierto.
—Le toca un pelo y lo mato —aseveró brillándole en los ojos la intención.
—Yo te ayudo —masculló entre dientes.
—¿Qué?
—Nada.
Ella lo observó por un momento y luego restó importancia.
—Demasiado es que respire el mismo aire que ella.
—Exageras —acotó. Ni él, que odiaba a ese niño, era tan extremista.
—No lo creo. Desde que ustedes llegaron aquí ha sido un suplicio.
Auch… Había veces en que Mello prefería la sinceridad y las verdades en la cara, pero estaba ocasión era de aquellas en que optaba por la mentira. Dallas era demasiado, dolorosamente, directa.
—No espera… creo que desde antes —parecía estar recordando—. ¿Por qué carajo nos secuestraron? El cuentito de que Misa es amiga suya no es más que una boba mentira de ella… —preguntó indignada. ¿Cómo era posible que pasase de ese modo de la imperturbabilidad a la explosividad?—.Ni siquiera sé quién eres…—había una brecha que Dallas nos podía cerrar entre la confusión y el entendimiento. Con Misa correspondería haber hablado de estos temas, no con él, que más que ser un conocido pobremente, era otra persona pasajera de su vida y que con quien realmente, en contrasentido, había hablado de la verdad—. Hablé demás —aclaró arrepintiéndose de haber compartido sus pensamientos con él, la única verdad clara.
Mello tomó el silencio entre ambos para meditar. ¿Por qué ella le había hablado de todo esto? No había duda de que era algo que le había fascinado, pero su genio le obligaba a saber el porqué. Los dos se preguntaban lo mismo pero tenían distintas respuestas. Dallas sospechaba confundida y Mello deseaba inconscientemente con el alma saber la verdad.
Bufó ella falsamente fastidiada, tenía una imagen que mantener. No debía olvidar que ella era la mártir que tenía que soportarlo y él, el pelmazo que aparentemente no tenía nada mejor que hacer.
—Quizás, solo quizás… eres buen oyente —la significación de la respuesta estaba por verse… para ambos. ¿Agradecimiento oculto de ella hacia él? ¿Solo un comentario para alegar? ¿La excusa perfecta para que la consciencia de Dallas la dejase en paz? ¿Nada de lo anterior? Las variables siempre son muchas, la verdad solo una.
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La letra solo era un complemento de la melodía, esta vez no optaba por adherirla. Con la brisa cálida, las notas se movían hacia un viaje que las trasportaba hacia el cielo, logrando soldarlas al ambiente. La flora y el boscaje danzaban a los compas sin importar su adhesión al suelo, todo un cuento de hadas narrado con cinco cuerdas.
Fuera de toda poesía. Se sentía como el ordenador sobre-cargado que debía agregar a una película romántica la música de fondo.
Y era cierto, porque decían que la música estimulaba el alma. Esa podría ser una buena explicación para el panorama que observaba allá abajo, entre la maleza. ¿Qué habría llevado a que se diese esa escena? Las extrañezas no desaparecen. Ella los acompañaba con la melodía, con el inspirado trasfondo.
—Mira a esos dos… —contempló divertida moviendo sus dedos sobre los hilos finos y gruesos de la guitarra—. Son material para escribir una comedia romántica… ¿No, Cyan?
El gato, escondido dentro del estuche del instrumento, solo asomó sus orejas y sus bigotes ante la llamada de su dueña. Lizzie le acarició la cabeza mientras el animal luchaba entretenido contra el cierre de la funda. Estaba sentada en suelo, con la mitad del cuerpo en su terraza y la otra mitad dentro de su habitación, con la espalda apoyada sobre la puerta del ventanal. La única luz que daba algo de combate a la oscuridad era la fosforescencia lunar. Todo su cuarto se hallaba oscuro, en una tranquilidad inalterable.
—Lizzie, deja el delirio —la voz no era frecuentemente oída, pero aún así, no se sorprendía de escucharla, sino, que se alegraba.
—Mis delirios serán la realidad… la realidad ahora son mis pesadillas —contestó abandonando sus punteos en el instrumento de cuerdas. Lo observó acercarse y verse luego iluminado por el satélite. Si existía la posibilidad de que se viese aún más angelical, era ésta. El blanco resalta sobre el negro como viceversa, la oscuridad solo daba otro toque que destacaba a su persona.
Near miró en sus pies semi-descalzos al animal que mansamente le ronroneaba. El felino, al percibir la presencia del chico, había saltado de su escondite. Liz sonrió pero no le dio ninguna indicación a su mascota como para que dejara al chico en paz. Near la observó y ella sólo susurró el nombre del gato para que volviera a ella.
—Entrar a la habitación de una chica sin antes haber tocado es de mala educación ¿lo sabes? —comentó Liz sin pretender reprochar, quería saber por qué él había aparecido en su alcoba.
—Para saber que algo esta mal, primero debes conocer lo que esta bien... —dilucidó sacando de sus anchas mangas una especie de cubo Rubik—. Entonces sí, conozco que es lo que esta sociedad estereotipada cataloga como mala educación. Pero por saberlo no significa que vaya a aplicarlo —contestó por completo y como predeciblemente pasaría, dejó a Lizzie sin saber lo que quería. Near tenía habilidad contra la que no podía competir, y eso más que molestarla la entristeció levemente.
—¿Sociedad estereotipada? —musitó analizando sus palabras—. La sociedad ha evolucionado...
—No —refutó inexpresivo mientras resolvía velozmente el gran cubo de colores que tenía en manos—. No lo ha hecho en realidad. La cultura que se trasmite década a década es la misma pero con diferente forma. Ideas viejas vuelven a ser usadas o consideras nuevas, en vez de mejorar se empeora. Pero el conocimiento no es la diferencia que importa. Es la humanidad —elevó su mirada al cielo sin detenerse en la muchacha—. Las masas se mueven más por las modas que por una opinión verdadera y personal de cada uno. Siempre se discrimina a quien es diferente, sea por la manera que sea y sin importar el año, década o siglo. El ignorante es visto como el As mientras que el trabajador y perseverante es solo otro perdedor. La codicia, la envidia, como otros antivalores, son moneda corriente… No afirmó que sigamos siendo primates, pero incluso ellos, tenían más corazón. Pocas personas marcaron la diferencia de forma correcta y seguirán siendo pocas.
—Entiendo... —solo alegó, la profundidad de los pensamientos de Near era algo que podría apreciar por toda la eternidad. Near extrañamente no se había sentado en suelo, permanecía de pie con los codos apoyados sobre el borde de la terraza mirando su juguete y a veces al exterior pero jamás a su acompañante. Lizzie previó que no sabría que lo traía a él hasta ahí, a menos que se lo preguntase directamente, sin embargo no supo si descartar la idea—. Eres lo suficientemente insociable como para haberte detenido a apreciar que pilares sostienen a las comunidades modernas, no comprendes el comportamiento de muchos… y lo analizas en busca de motivos ¿verdad?... Debe haber otro motivo alterno a la curiosidad que te mueva a investigar sobre lo que te rodea, como él que te trajo hasta mi habitación… No has venido solamente a ser mi compañía ¿no?
Near la observó fijamente. Lizzie no era alguien a quien se le debía subestimar, captaba más de lo que su aparente inocencia aseguraba.
—¿Una doble razón? Los motivos simples al parecer no son muy propios de mí —contestó haciendo una apreciación de sí mismo. Lizzie esperó que alegase más, Near estaba hablando más de dos o tres monosílabos, no podía desaprovechar las circunstancias—. El número de todas las piezas pequeñas que componen a este cubo podría ser el mismo de la cantidad de mis razones…
—Calidad sobre cantidad —respondió Liz sin trabarse.
—No tengo ningún interés. Me agrada tu presencia —a pesar de su inexpresividad y poca atención a su acompañante, Lizzie no detuvo el traspaso de sus palabras a la profundidad de su ser. Desvió la mirada hace abajo, el jardín ya no estaba ocupado por susurros y ni por aquellas dos personas que se habían sentado a hablar.
Near sabía que ella no creería sus palabras, sin embargo él no aprobaba la mentira sin fundamento, por lo tanto, era sincero. Lizzie estaba entre razonar algo que no necesitaba lógica, simplemente dejarse llevar o darle oportunidad a su escepticismo; ¿esto podría ser alguna clase de estrategia por parte del chico para tranquilizarla y luego tratar de sacarle información? Después de todo, estaba muy segura que ellos sabían sus intenciones, probablemente Ryuuzaki habría encomendado a Near la tarea de averiguar si ella estaba tratando de 'desenmascararlos' en algún modo.
La muchacha pensaba demasiado, como antes se había mencionado, trataba de darle entendimiento mental algo que no necesitaba más que solo nuestro órgano vital.
El joven cano descendió hasta el suelo, sentándose enfrente de Lizzie.
—Antes de que ingresara a tu alcoba, tocabas… ¿Por qué te detuviste? —preguntó dejando el juguete en el piso y enredando sus cabellos entre sus dedos.
—No lo sé… —susurró mirando hacia la luna—…es algo que hago casi por instinto.
La palabra instinto era múltiplemente significativa, la importancia más aplicable aquí era en como el tiempo había echo de una timidez y un miedo en una costumbre… y luego en un instinto.
—Eres egoísta —calificó sin más—. No guardes lo que hay en ti, Liz, el mundo requiere de personas como nosotros —¿Se refería a él, Mello y Ryuuzaki? ¿O quizás... la incluía a ella?
—Estás muy locuaz —comentó sin tomar en cuenta lo que dijo Near—. ¿No has enloquecido?
—No. Sé que por lo menos no deliro —la respuesta estaba era directamente en su contra. Lizzie sonrió entretenida, ambos apreciaron como Cyan olisqueaba el cubo abandonado en el suelo. El no tan inofensivo animal se entretuvo empujando con sus menudas patas al objeto hasta llevarlo de un costado al otro.
La luna no sólo era el satélite de la tierra, también era un testigo a quien no se le podía robar ni uno solo de los secretos que guardaba. Lizzie la observaba en una especie de hipnosis. Movió sus dedos naturalmente sobre las cuerdas, quiso ignorar la presencia de él para si poder concentrarse en su mayor pasión, pero lo que más latía en su mente era la presencia de Near, tratar de no tomarlo en cuenta era como tratar de no respirar, podía asegurar que no exageraba.
Pero sabía que todo el esfuerzo era en vano, porque estaba demasiado segura de que ya no podría cambiar la verdad. La verdad de que estaba enamorada y de que no era en ningún punto correspondida, no era molesto ni triste; porque nunca se dio oportunidad de siquiera soñarlo.
Cuando quiso ver, había estado tocando sin tener en cuenta que él la observaba. Estaba frente a una persona, no estaba sola…
...ni siquiera con su hermana ni con Misa había podido superar esa fobia tan boba e injusta. ¿Qué tenía él? Solo era otra persona. Mentira, si lo dijese debería morderse la lengua, con el pasar de los meses, Near había dejado de ser para ella su invitado, se había acostumbrado a su presencia, la había adoptado como parte de la rutina, en alguna forma, él le inspiraba paz y eso no tenía nada que ver con su resaltante apariencia pálida. Había cosas de las cuales no estaba segura, que aún tenía que pensar en ellas, conocía y desconocía a la vez.
Pero de todas maneras, su voz se negaba a salir. Era como si su sentido vocal se encerrase en una habitación bajo llave, rechazando como si fuera toxina la idea de cantar. Cuando niña, siempre estaba su madre atrás suyo, regalándole ánimos. Sonrió tristemente, acaba de descubrir, después de tanto, un hueco, un lugar, que nadie había podido tapar ni ocupar.
Volvió a la tierra cuando el cubo que tanto manoteaba el gato chocó contra su pierna. Miró reparadoramente al minino que aunque no tenía gestualidad en sus facciones, con sus ojos expresaba inocencia, bajo ella, la astucia más representativa de los felinos. Si fuese extremadamente paranoica, pensaría que el gato tramaba algo. Se estaba yendo por las ramas.
Tomó el cubo y lo observó detalladamente, indagándose la simple cuestión de por qué Near jugaba con juguetes no siendo ya un niño.
—V-Cube siete —nombró él mientras veía como el animal observaba a su dueña embelesado, no por Lizzie, si no por el objeto que ella tenía en su mano izquierda.
—¿Cuánto te tardas en resolverlo? —preguntó contando las piezas que tenía de ancho y de largo para luego multiplicar ambos números obtenidos, y luego por el número de caras—… 218 piezas.
—Un par de minutos, tal vez —se encogió de hombros, jamás había tomado el tiempo, directamente jugaba por inercia.
Lizzie movió su mano de un lado al otro con el objeto en ella, la cabeza del gatito la siguió magnetizada.
—¿Te gusta, Cyan? —el gato se puso en dos patas para alzar el resto de su cuerpo hasta la mano de su dueña quien le extendía el juguete—. Creo que ya tienes una nueva piedra para tu caja de arena —le informó con la intención impresa en su rostro. Near alzó una ceja como única inmutación en respuesta. Ella carcajeó divertida, lanzó el colorido juguete hasta él, quien lo atrapó perezosamente—. Yo no deliro —aclaró ficticiamente ofendida. Estaban a mano.
Cyan se acercó hasta Near viendo el juguete en su regazo. Él extendió su brazo fuera del balcón, el animal lo siguió con el amague de saltar tras el objeto. Lizzie frunció su ceño empezándose a molestar de vedad.
—¿Los gatos caen parados… verdad? —inquirió con esa sonrisa que Lizzie calificaba como macabra y espeluznante. Ella no esperó para crujir sus nudillos y mirarlo retadoramente.
—Near… —rudamente lo aludió—. No ensucies el concepto que tengo de ti.
Él extendió su extraña sonrisa. Arrojó el cubo… pero para el lado contrario, dentro de la habitación de ella. Liz suspiró y lo miró negando con la cabeza.
—Pareces un niño.
—Soy un niño —admitió volviendo a su insensibilidad expresiva. Ambos se observaron sin pronunciar nada más, el sonido del ir y venir del cubo siendo pateado por el animal dentro de la habitación era lo único que cortaba el tranquilizador silencio.
Si bien el ambiente había pasado de ser llenado por las discusiones de su hermana y su tutora, de ser merodeado por algo de música y luego por el vacio representado por el silencio, ahora no parecía necesitar nada. Regresó sobre sus pensamientos al resonar que había oído gritos y portazos. No debería despreocuparse pero no ganaría nada con preguntar que era lo que había pasado, más que agrandar la herida. Rogaba porque en algún día, Dallas y Misa pudiesen concordar en algo.
También llegó a sus pensamientos la última nueva no tan buena que Misa le había explicado y que podría significar el fin de todo esta etapa. Y era muy difícil adaptarse a la idea de que ellos tendrían que desaparecer, aunque aún sospechaba de por qué ellos debían ocultarse. En fin, Misa parecía mantener una 'amistad con ellos de una vez y nunca más'. ¿Qué quería decir esto? Que su tutora les había mentido en ciertos pormenores, porque todo indicaba que ellos se irían y nunca más volverían. Siendo ellos amigos ¿Por qué no los volvería a ver? Misa ocultaba mucho, pero nada que fuese a decirles.
—Near —llamó ella involuntariamente—. Fue… un placer conocerte.
Él le prestó mucha escucha, lo que no había hecho en toda la conversación.
—¿Vas a suicidarte? —preguntó aprensivo. Ella negó energéticamente con la cabeza—. ¿Te me vas a declarar? —Liz evitó en lo posible ruborizarse y volvió a negar, poniendo en duda sus razones de sus palabras.
—Creo que ustedes pronto se tendrán que ir —susurró con una sonrisa entristecida. El muchacho níveo no objetó nada—. Ustedes cuatro no pueden mostrarse en público —no conocer el porqué era insoportable—. Misa recibió hace muy poco la noticia de que iba a ser la encargada de organizar una ceremonia y fiesta… aquí —pausó su explicación para remojarse los labios, prosiguió—: Considerando como se han esforzado por ocultar su presencia de las cámaras, no creo que sea muy inteligente tratar de echarlo a perder todo ahora.
Near cerró sus ojos con calma.
—Te estas precipitando —contradijo secamente—. Lo que vaya a pasar ya se verá, de todas formas es nuestra decisión, no debes interferir.
Él invariablemente era indiferente, pero su contestación la apreció distinta. Como si conllevase más del sentido literal. 'No debes interferir', definitivamente se lo decía por otra cosa, y ella sabía a que se refería. Asintió sin dejar ver que le había lastimado lo dicho, pero él tenía razón, ella no tenía el porqué entrometerse con ellos. La primera vez que se sentía culpable de su curiosidad. Estaba advertida que no debía sobrepasar límites.
—Pero… no me respondiste por qué te estabas despidiendo —lo observó pero al instante desvió la mirada.
—Simplemente, porque no sabré si luego podré hacerlo —se enderezó tomando la funda de su guitarra y comenzándola a guardarla, tenía planes de largarse.
—Aún así… ¿Por qué conmigo? —ese interés desconcertó a Liz pero no lo expuso. ¿Por qué ahora le venia con esas preguntas? Ella se había detenido un poco más allá del umbral del balcón, tapada totalmente por la oscuridad de su habitación.
Lizzie quiso acribillar a la indecisión. ¡Tenía que decirlo! ¡Porque estaba enamorada de él! ¡Vamos! ¡Eran solo una simple frase! ¡No era ninguna hazaña letal! Estaba tan decepcionada de sí misma, aún le faltaba mucho como para decir así como así sus sentimientos. No contaba con la madurez que siempre creyó poseer.
—Porque… eres la única excepción —respondió volteando solo el rostro sin quitar la sonrisa triste. Lanzó su guitarra sobre su cama y salió de su habitación, con el alma que la llevaba el diablo.
Near palpó la cabeza del gato cuando éste se le acercó, la más joven de las Amane había irrumpido agudamente dentro de él y su respuesta también.
-.-
—Ayer no pude preguntarles… ¿Cómo les fue? ¿Consiguieron algo? —Ryuuzaki preguntó tanto a Near como a Mello, ambos (uno más que el otro) sintieron la necesidad de mirar hacia arriba y silbar. Habían olvidado totalmente el verdadero asunto de porqué habían ido por su correspondiente Amane para averiguar sobre ciertos aspectos. Se habían ido por las ramas y habían dejado que otra cosa los guiase que no eran sus cerebros. Upss…—. ¿Y bien? —L empezaba a entender el porqué de que ninguno le respondiese y ni siquiera se volteasen a verlo.
Ryuuzaki suspiró mirando el suelo, tenían que aprender a superar esto.
—Conseguí… quitarle ese papel a Dallas —Mello extrajo de su bolsillo el pequeño papel que aún se mantenía doblado de forma diminuta. Si bien su principal misión había sido sacarle toda la información que ellas pudieran saber de ellos, pero también, en el lapso en que ambos se habían acercado tanto, cuando él le había susurrado al oído, había aprovechado para quitarle ese papel que Lizzie le había entregado a su hermana mayor y que contenía 'algo' que podía ponerlos en riesgo—. Fue muy conveniente haber dejado esa cámara en el auto del segundo Kira, sino, no nos habríamos enterado de que Lizzie nos trae entre ojos, aunque fuese ya algo de sospechar… —mientras desdoblaba cuidadosamente el papelito, iba comentado eso—.Hmm… ¿sigan… sigan participando? ¿Qué? —lo analizó—... ¿¡Cómo que sigan participando!?
Contradictoriamente al cabreo de Mello, L sonreía.
—¿Qué tenemos aquí?... Son bastante astutas —el asunto le resultaba divertido, le quitó el papel a Mello quien lo miraba molesto, lo estiró y observó que efectivamente decía eso, sin embargo estaba borroneado, lo que quería decir que habían borrado y luego vuelto a escribir—. Seguramente intuyeron que de alguna forma nos enteraríamos de que ellas saben… lo que saben. Y que también buscaríamos sacarles todas las pruebas —aclaró Ryuuzaki moviendo el papel que tenía sostenido entre los dedos.
—¡Bien!... ¿y ahora qué? —preguntó desconfiado el rubio—. ¿Dejaremos que ellas descubran que Ryuuzaki es L? ¿Y que yo y Near somos sus sucesores?
—Nadie dijo nada de eso —L se encogió de hombros—. Esto podría ser un divertido juego.
—No deberíamos dejar que ellas se entrometan, suficiente es que el segundo Kira conozca tu identidad —Ryuuzaki tranquilo observaba a Mello, como si tuviese todo bajo control, como si le fuera irrelevante.
—De todas maneras, le he advertido a Lizzie que no intente nada —aclaró Near mientras balanceaba entre sus dedos un par de dados—. No es algo que nos deba importar, pero al parecer Amane tiene encomendado llevar a cabo una celebración en esta casa.
—Sí, Watari me habló sobre algo así —confirmó Ryuuzaki sin cambiar su estado sereno.
—Aja…. ¿y nos quedaremos de brazos cruzados? —Mello quería entender porque era él único preocupado o alterado por la idea. ¿Acaso no comprendían el peligro?—. Nos tendremos que ir ¿cierto?
—No… ¿por qué? —contestó tan característicamente L.
—Estás bromeando —Mello no sabía sin le estaban tomando el pelo o qué.
—Yo creo que esta fiesta podría traernos un par de beneficios… —Near observó a Mello para que captase el mensaje. Mello parpadeó unas cuantas veces y no creyó entender a lo que se refería. Porque lo que él entendía estaba relacionado con las chiquillas Amane y dudaba que Near apuntase a eso.
—Solo hay que asegurarnos de la lista de invitados que Misa seguramente va a tener que confeccionar —ideó el pelinegro volteándose para ir hasta la salida—. ¿Alguien me va a acompañar? Tengo hambre —pidió antes de poner un pie en la escalera que los conducía hacia arriba.
—Si voy… espera… ¿quieres decir que algunos de los invitados a esa fiesta podría ayudarnos? —indagó Mello siendo seguido por Near.
—Paralelamente a ustedes, estuve haciendo un par de investigaciones… no crean que no hago nada —justificó Ryuuzaki introduciendo sus manos en los bolsillos de sus vaqueros—. Digamos que… en el mundo del espectáculo hay muchos empresarios que tienen variadas relaciones… desde traficante de drogas hasta política o mejor… una empresa de seguridad. Creo que podrían facilitarnos uno que otro dato.
—¿No crees que nos pondríamos en evidencia? Yendo de un lado al otro, preguntando a los invitados lo que queremos saber —la idea no encajaba para Mello.
—¿Nosotros? No —la tranquilidad de L, aunque fuese común, era ya demasiada, algo debía estar maquinando—. Como ya les dije, tenemos que conseguir una copia y analizar la lista de invitados —El dúo siguió a su jefe hasta la cocina, mientras éste seguía dando leves datos de su plan.
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Gracias a la delgadez y flexibilidad de su cuerpo, logró esconderse entre las sombras y un rincón detrás de la puerta. Los observó pasar hablando, ninguno pareció percatarse de su presencia oculta. Esta era su oportunidad y de ellas había muy pocas. En cuanto ellos se alejaron lo suficiente, recién allí pudo moverse del incomodo sitio en el que se había ocultado.
Estuvo a la mira disimuladamente hacia todos lados, se dirigió rápidamente, pero sin hacer ruido, hasta la puerta del sótano. Observó perpleja el mar de oscuridad que dominaba escalera abajo, también observó a su sombra, como si ésta pudiese delatarla. Miró hacia atrás pero no vio a nadie, debía darse prisa. Se zambulló en la negrura de las escaleras, estaba rebasando fronteras. Era como caminar hacia la puerta del inframundo. Sonrió por la última idea, su imaginación trataba de tranquilizarla.
Después de bajar las escaleras, abrió la puerta despacio, con cautela —no sabia si Watari estaba ahí— y no le sorprendió ver innumerables equipos, sistemas, máquinas de todo tipo ocupando el extenso espacio del sótano. Y por suerte, no había nadie más que ella. Era algo que ya se había conjeturado antes. Había escritorios que bordeaban las paredes laterales que contenían todos lo artefactos mencionados ya. Había una larga mesa pegada a la pared principal del sótano, sobre ella había unos cinco o seis ordenadores e innumerables pilas de papeles. Pero lo más resaltante de todo, eran las tres gigantes pantallas planas que estaban colgadas en la pared, alrededor de ellas habían monitores más pequeños mostrando gráficos, mapas, informes, se tardaría demasiado tiempo, que no tenía, en detallar y contar la clase de uso que le habían dado sus invitados a esa habitación. La tecnología que había allí estaba tan adelantada como en unos cincuenta años luz.
Entrecerró los ojos cuando la electrizante luz de las pantallas llegó a ella. No podía esperar a que la vista se le acostumbrase, no sabía por cuanto tiempo podría estar allí, ni lenta ni perezosa, se acercó rápidamente hasta el escritorio principal. Observó la pantalla pero no pudo comprender mucho de lo que iba toda esa información a simple vista. Fisgoneó en los monitores pero tampoco obtuvo mucho. Vio las pilas y pilas de papeles, se aproximó a una de ellas y ojeó las primeras páginas.
No había nada que le dijese que lo que quería leer u oír estaba ahí. Eran todo listas y listas de nombres, explicaciones, notas, informes o registros, como si se tratase de alguna especie de expediente policiaco. El pensamiento le animó porque a quien buscaba, tenía que ver decididamente con ese tipo de asuntos. Siguió revolviendo con mucho cuidado las torres de papeles, no iba a modificar para nada el exacto orden en que se hallaban. Tal vez debió haber tenido más cuidado, estaba tocando todo, en cierta forma, ellos podrían reconocer sus huellas digitales, unos guantes no habrían sido mala idea. Resopló revolviendo un par de cabellos sobre su frente, ya era tarde como para arrepentirse de un par de detalles. Como lo era la advertencia de Near… la había omitido sin asco.
El crujido de la puerta sonó, miró velozmente con el corazón palpitándole avivadamente. La luz del exterior apenas llegó por el leve ángulo de apertura de la puerta. Apreció una pequeña sombra asomarse y luego un cuerpo. El maullido le dejó suspirar y recalcarse que estaba muy paranoica. El mínimo, que buscaba a su dueña y la había hallado, se acercó hasta ella maullando. Lizzie le hizo señas de que se callase, el animal solo saltó hasta una de las sillas y se quedó observando que tanto hacia quien debería darle de comer a estas horas de la mañana de un sábado.
Chasqueó la lengua tres veces, sin poder hallar nada. Miró al felino sentado cómodamente en la silla de en medio, éste volvió a maullarle, en poco recordó que los gatos soltaban pelo como migas el pan, si descubrían cabellos blancos y finos, dudaba que los confundiesen con el cabello de Near, se darían rápidamente cuenta que había habido alguien espiando ahí y que ese alguien era precisamente ella, pero seguramente para entonces ya habría descubierto sus huellas dactilares. Y nada le garantizaba que no hubiesen cámaras o micrófonos escondidos por algunos rincones del sótano. Maldita sea, maldijo en su fuero interno, mientras trataba de obligar al gato a despegarse de la silla. Cyan terminó ganando gracias a sus afiladas garras y a sus constantes miaus, la chica lo miró molesta, un poco de ayuda no le molestaría.
Regresó su atención a los cúmulos de documentos, todos parecían iguales. Debería dejar de perder el preciado tiempo en eso. Suspiró y miró las pantallas, específicamente la de en medio que aparentaba ser la más grande e importante. Se preguntaba si tal vez eran… táctiles.
Olvidó ya el asunto de las huellas. Efectivamente la pantalla era sensorial, probó mover con los dedos un par de ventanas y programas abiertos. Se preguntó cuál de las tantas computadoras era la que tenía la conexión con esa pantalla. Fue minimizando todas las ventanas abiertas y tratando de recordar en el orden en que estaban abiertas.
Llegó hasta una última, parecía ser una clase de programa de edición audio, tras un breve aprecio, coincidió que era un sintetizador de voz. Abrió desmesuradamente los ojos al notar el logo en negro del programa en un costado. Inhaló profundamente y se olvidó la parte de exhalar. Llevó la mano a su boca pero no la tocó, estaba demasiada sorprendida.
—Lo sabía —en voz alta cantó victoria. No sabía si era orgullo, pero se sentía bien saber que siempre estuvo en lo correcto. La ele gótica era delatadora.
—Y nosotros también.
Lizzie percibió como la espalda se le helaba, provecho de un escalofrió. Observó a Ryuuzaki, Mello y… a Near, por el rabillo del ojo. No tuvo las agallas suficientes para voltearse. Reparó en algo; había tomado el riesgo y había medido las consecuencias. No tenía absolutamente nada de que lamentarse ahora y tampoco sorprenderse porque las probabilidades de salir descubierta era mucho más altas que las de salir ilesa, siempre lo tuvo en cuenta. Mierda…
Aún así, nada le facilitaba o le decía como saldría de esa situación.
—Dejar la puerta sin llave no fue tan mala idea —comentó Ryuuzaki dirigiéndose a ella. Liz mordió su labio inferior y cerró los ojos forzosamente, estaba en grandes aprietos. No quería voltear porque no quería ver la cara del más joven de los tres, él le advirtió que no se las buscase… porque los iba a encontrar.
—Posiblemente deberías entrenar a tu mascota, Liz, él fue el que ayudó a evidenciar tu presencia aquí —reconoció la voz de Mello un tanto despreocupada, no quería saber porque estaba tan sereno. Se dio media vuelta sobre sus talones y observó en silencio al trío. Mello sonreía burlescamente, al parecer le divertía ver en los apuros en los que se había metido por su genio, Ryuuzaki la miraba con curiosidad y finalmente Near estaba inexpresivo, como siempre.
—Contéstame… ¿Qué te llevó a sospechar que yo era L? —en medio de la pregunta había una afirmación.
Lizzie dudó de a momentos, no sabía si era necesario contestarles o si le pondría en un riesgo su respuesta.
—Todo inició cuando… le pregunté a Misa quiénes eran y de qué vivían —recordó cuando ese hecho, cuando ellos las habían 'secuestrado'—. Ella meramente… me respondió… que se encargaban de investigaciones a nivel mundial —sabía al pie de la letra las exactas apalabras de su tutora, más de una vez fueron un eco en su cerebro—. Esta convivencia solo dio pie a más dudas y misterios a sus alrededores, al principio creía que era solo imaginación mía… con el tiempo entendí que no era así, sus comportamientos, sus formas de hablar, vestir, ¡hasta de sentarse o de caminar! Eran demasiado extrañas, nunca me cerró como eran sus personalidades —dio una pausa para no irse de la idea principal—. Comencé a analizarlos, traté de hallar posibles porqués, ¿qué mucho podían hacer aquí? Teniendo sólo la pista que Misa me había dicho vanamente, empecé a hilar en ti, Ryuuzaki —tuvo la intención de llamarlo L, pero se detuvo—. Tus ojeras, la forma despreocupada de tu apariencia, las grandes cantidades de azúcar que consumes hora a hora y esas manías… me llevaron a pensar que te ocupabas en algo tan pero tan exclusivo que por el desgaste requería de un gran cerebro y una gran voluntad. Una persona que no se muestra físicamente ante el mundo en ningún momento y por ello su apariencia, resolviendo casos extraordinarios…. El resto lo obtuve un poco con ayuda de mi imaginación y mi hermana. Sin contar que cuando llegaron trajeron toda esta tecnología —englobó los objetos en la habitación—. Misa no me dijo más, entre ustedes hay algo más que un simple pasado… —se perdió un poco en sus cavilaciones. Se sorprendió ella misma de lo segura y tranquila que había sonado.
Elevó la vista de nuevo y notó a L en frente suyo, retrocedió algo intimidada, si que era rápido.
—Felicitaciones… —le extendió la mano y le sonrió—… has hecho el análisis de toda una detective.
Miró su mano y luego a él algo desconfiada. ¿Le felicitaba? ¿No estaba enojado o algo por el estilo? Volvió a mirar su mano extendida, buscando que no hubiera nada raro.
—Ah, eh… gracias —aceptó el reconocimiento muy extrañada—. Misa… sabe que tú eres… ¿no? —preguntó algo sospechado pero no totalmente obvio.
—Sí, lo sabe —respondió desasiendo el gesto y sacando de su bolsillo un pañuelo con el que limpiarse la mano. Lizzie vio esta acción algo ofendida, ¡ella no tenía gérmenes ni estaba sucia!—Has sido una niña mala, ya discutiremos tu castigo con ella: borrarte la memoria o cortarte una porción de cerebro —aún con la sonrisa informó. Lizzie lo observó y se alejó algo asustada—. Solo es una broma —aclaró pero Lizzie seguía observándolo de manera extraña.
—Como digas —musitó lentamente caminando hacia un costado, en cuanto pudo trotó hasta la salida siendo seguida por su mascota. Los tres la observaron irse con prisa. Ryuuzaki ladeó la cabeza.
—Creo que la asuste —comentó al aire viendo por donde se había ido la niña.
—Pero es verdad… ¿qué haremos con ella? No puede ir por allí sabiendo semejante información, y si ella lo sabe, Dallas también —señaló Mello volteándose hacía Ryuuzaki. Memoró cuando las vieron a través de la cámara oculta en el auto, no le gustó para nada darse cuenta que Dal lo había cuidado por ganar una especie de apuesta y no por voluntad propia, de todas maneras esa conversación entre hermanas había dejado muchas cosas de las que preguntarse.
—Por ahora, nada… dentro de la policía japonesa, cuando trabajó conmigo en lo del caso Kira, unos cuantos tuvieron la oportunidad de conocerme como L —se encogió de hombros mientras ambos chicos se fijaban en él, uno sorprendido y el otro escéptico, no conocían esa parte de la historia—. Tengo pagado sus silencios —explicó alejando las miradas de él—. De todas maneras Lizzie no tiene pruebas, así que no es ninguna preocupación.
—No se tardó mucho en averiguar quienes somos… —contempló el muchacho blondo—. ¿Cuánto crees que se tardará en enterarse quién fue Misa? Ella sentía curiosidad por el pasado de Amane y tuyo.
—Probablemente no mucho —aseguró mirando hacia arriba algo meditabundo—. Esperemos que, cuando se enteren, sepan tomárselo con calma —Mello dudó de eso, Dallas apenas aceptaba a Misa como su tutora, si se enteraba de que la Idol había sido una 'asesina', no querría saber que sucedería.
—Hmp… mira el moquito que se mandó tu noviecita, Near. La niña tiene agallas —comentó Mello tratando de molestar a su compañero. Lizzie y Dallas eran más similares de lo que aparentaban—. Je, te gusta una niña —sonrió gatunamente. Near apenas si lo había notado.
—Sí. ¿Qué esperabas? ¿Que me gustasen los hombres? —comentó despreocupado e impasible pero dejando claro una obviedad, inició el armado de su castillo esta vez hecho de dados blancos. Mello lo miró otra vez hastiado, odiaba todas y cada una de las respuestas del bicho ese, siempre lo terminaban jodiendo.
Ryuuzaki los miró a ambos. Pero ¿qué pasaba con los niños de hoy en día?
-.-
—Creo que podemos llegar a un acuerdo —el tinte de voz especialmente dulce de Misa le supo amargo a su representante.
—Me parece perfecto —sostuvo, pero aún no había oído los requisitos de la artista.
—A cambio de un par, o pares, de condiciones —canturreó, sus ánimos estaban a la orden del día, tenía ganas de fastidiar a su agente. Se acomodó mejor en el gran sillón mientras sostenía en su regazo a una mole blanca.
—Ya me parecía... —contestó sarcástica y algo desconforme, nunca las cosas podían ser totalmente de color de rosas.
—No te quejes… —presumidamente habló—… ¿acaso no estoy tomando noble y humildemente una responsabilidad que no me concierne por tratar de salvarte el pellejo a ti? —melodramática e inocentemente dijo mientras sabía que el tono cargoso era una de las cosas que su representante más odiaba.
—Muy bien, mi heroína… ¿Cuáles son tus reglas de juego?
—Toma nota —se burló—. Primero y fundamental: nada de prensa.
—¿¡Qué!? —chilló aturdiéndola—. Pero, pero…
—Ah, ah, ah… —negó con su dedo índice divertida, como si estuviesen en una conversación cara a cara—… segundo: sin peros, nada de peros. Cada pero te costara dinero de tu salario —coreó con el matiz de voz que no había utilizado en mucho tiempo, era divertido ser caprichosa.
—¿¡Cómo!? ¿Qué? Mira niña ¿Cómo te atre…? —los chasquido de la lengua de Misa le cortaron su reclamo, se oyó como respiraba y trataba de tranquilizarse—. Continua.
—Así me gusta. Tercero: no más de quinientos invitados.
—Otra vez ¿qué? Yo no soy quien decide eso, el señor Pryce tiene su lista casi por completo confeccionada para todos lo años.
—Otro pero, menos dinero.
—¡Pero si no pronuncie pero!
—Pues… ahora sí, además lo hiciste de forma indirecta, así que también cuenta —rió entre dientes, ¿venganza? Oh sí—. No es mi problema, arréglatelas para traerme la lista de invitados. Yo misma quitaré y agregaré a quién quiera.
—Te acabo de decir que —Misa se aclaró la voz interrumpiéndola, desistió en seguir en su contra, de alguna manera se las tendría que idear para convencer a señor Pryce que no todo en la fiesta sería como él siempre había planeado y que el principal motivo eran los caprichos de una diva.
—Cuarto: igualmente yo elegiré servicio de catering —otro detalle más a la lista que tuvo que sumar su agente, otra cosa más que explicar—. Consígueme entrevistas, revistas, folletos de los mejores catering del mundo para mañana.
—¿Para mañana? Misa se más razonable.
—Tú no lo fuiste conmigo —golpe bajo, y no solo por la contestación sino también por el cambio de voz tajante— La fiesta es en tres semanas, tenemos muy poco tiempo. Es más, tienes tres días para conseguirme la lista de invitados.
—Argh… bien, tú ganas —estaba derrotada.
—Quinto: los invitados no podrán ingresar con cámaras ni celulares, ni cualquier otro artefacto con la capacidad de tomar fotografías, grabar videos, etc.
—Ahora si que te descarrilaste… ¿te has vuelto loca? Una celebración sin cámaras ni flashes sería algo demasiado raro.
—Descuida, contrataré también un servicio de camarógrafos, ellos seguirán mis órdenes.
—Okay… ya veremos que locura resulta esto —comentó algo cansada
—Es lo mismo que yo pensé cuando tú me informaste de todo esto —estaba entretenida viendo a su hermoso acompañante libresco, este había aparecido debajo de uno de los almohadones del sillón, se preguntaría como haría en la fiesta cuando tuviese que ser la anfitriona. Se imaginó al libro volando de un lado al otro, definitivamente, sería bueno que nadie llevase cámara—. Sexto
—¿Hay más?
—No llores que es lo último: el mismo servicio que se encarga de vigilar mi casa será el que esté de guardia en la fiesta —desde que los había contratado la seguridad en su hogar había sido constante, se lo debía recelosamente a Ryuuzaki.
—Bueno, eso es prudente y obvio. Así que utilizaremos tu casa para esto, bien, porque indagué y no encontré salón disponible y más para este tipo de fiestas tan grandes. ¿Puedes creer lo groseras que son algunas personas? Cuando dije que hablaba en tu nombre me llamaron loca y que me fuera a la-
—Ahórramelo —solicitó interrumpiéndola.
—En estos días te traeré lo que me has pedido. Llámame si necesitas algo.
—Esta bien.
—Nos estamos viendo —se despidió y colgó.
Misa lanzó el teléfono hacia la pequeña mesa de madera que se encontraba entre los sillones. Se estiró, las cosas parecían encaminarse un poco, pero sólo un poco. Aún tenía mucho trabajo por delante, sin olvidar que no podía dejar de lado los proyectos en los que estaba metida, esperaba que la noticia de la celebración no se propagase tanto. Rezongó, ¿en que dimensión podría ser eso posible? Si de por si chismes falsos se propagaban como gripe, los verdaderos brillarían como los rayos del sol en la tierra.
Quitó el ladrillo blanco encuadernado de su regazo y lo dejó en uno de los cojines del sillón. Ella tenía cosas para hacer como para quedarse meditando ahí.
Se frenó cuando volteó.
—¿Hace… cuantos que estas ahí? —preguntó viéndolo apoyado sobre el umbral.
—Deberías ser más firme con tu representante, parece que hace lo que quiere —evidentemente esa no era la respuesta a la cuestión pero de igual forma Misa estuvo de acuerdo con él.
—Así, es algo mutuo, yo no la escucho y ella a mí tampoco —confirmó haciendo un par de gestos con la mano—. ¡Oh, cierto, cierto, cierto! Sé que Watari te dijo lo de la ceremonia y baile —ella se le acercó como buscando tratar de explicarle—. Lo sé, debí haberte dicho ¡pero no tuve opción! La tarada de mi agente no entiende cual es su trabajo. Me gustaría que habláramos de cómo lo vamos a resolver. No digo que ustedes se tengan que ir, no, obvio que no. Pero no quiero encerrarlos para que todo esto se lleve acabo, ya que… ¡si! La fiesta se hará aquí, de nuevo lo siento. Tengo tan poco tiempo para las cosas que me olvidé de buscarte para explicar la situación. De igual forma como escuchaste, le impuesto unos requisitos a mi agente para que todo salga a pedir de boca. No habrá cámaras ni gente entrometida que incomodé, así que tal vez no sea para tanto. Pero de igual ma-
Ryuuzaki le tapó la boca a Misa e hizo un gesto de silencio.
—Hablas y gastas mucha energía —pronunció reprendiéndola—. Creo que no hace falta que te lo recuerde, pero esta es tu casa, no tienes que disculparte. Quizás al reverso, yo debería disculparme por incomodarte en tus planes —quitó la mano de la boca. Misa alzó una ceja asombrada por dos razones: que no estuviese enojado y que fuese tan caradura de pedirle disculpa recién ahora por importunarle en sus planes. ¿De que se sorprendía? Era Ryuuzaki.
—Así que no estás enfadado.
—No. De hecho he venido con otro propósito —Misa lo miró con la curiosidad naciente.
—¿Y ese es…?
—Decidimos con los chicos que seríamos parte de esta festividad —ella no pudo evitar mirarlo como si hablase de una locura. ¿Estaba escuchando bien?
—¿Seguros? —consultó hurgándose el oído izquierdo, iba a verificar si su sentido auditivo no la engañaba.
—Por supuesto —asintió firme—. Estoy aquí para que me enseñes a bailar el vals.
Misa asintió por inercia y luego consideró la idea. Lo observó aún más asombrada. ¿Ella enseñarle a él? Si que el destino tenía sus vueltas.
—Guau…—aceptó insólitamente encantada por la idea—. Esta bien, será divertido —luego cayó en cuenta—. Espera… ¿Qué estas tramando?
—Nada —su inocente respuesta le dio mucho de lo que pensar a Misa pero parecía una petición fuera de toda maldad o doble intención.
—Más te vale —advirtió, se giró pero al momento deshizo la acción, aún tenía que preguntarle algo más—. Hablas del vals lento… ¿no? El vals inglés —él asintió ante su pregunta—. Es un baile de origen occidental como deberás saber, pero se ha popularizado para todas las regiones del mundo. Ya sabes, es como una tradición en celebraciones importantes.
Misa se desplazó hacia la gran pared donde contenía un enorme librero con libros de quién sabe que temas, en el medio del gran mueble se encontraba un equipo de última generación Hi-Fi, el imponente estéreo de música amenazaba con romper los oídos a cualquier pobre que lo encendiese.
—¿Me enseñaras con música?
—¿Y pensabas aprender sin ella? Hay que facilitárselas cosas —comentó mientras buscaba entre los viejos CDs, DVDs y Blue-rays que ella tenía almacenados ahí. Encontró lo que buscaba, sacudió un poco el polvo tratando de no rayarlo. Encendió el equipo de audio e introdujo el disco en el aparato. Antes de darle play le indicó a Ryuuzaki que se acercase—. No es difícil, pero quiero que me escuches. El vals es un ritmo de tres tiempos en un compás, es el baile de salón clásico y por excelencia…. Es extraño que no sepas bailarlo, es más es extraño que no sepas algo. Pensé que tú y Watari eran británicos.
—Como dijiste es el baile de salón preferencial, sobre todo para poder triunfar en sociedad. Esa parte del mundo jamás me ha interesado mucho —argumentó despreocupándose, ignorando la última oración de la contestación de ella.
La muchacha tomó las manos de él que se encontraban en los bolsillos de las jeans gastados.
—El vals se baila con una pose elegante y erguida —soltó sus manos y trato de enderezar su porte, lo logró a medias—. Se debe estar completamente recto —hizo énfasis en la palabra recto, advirtiéndole que no siguiera encorvándose—, y tratando de no mover ni los hombros, ni los brazos, ni las caderas —marcó las partes de cuerpo que no deberían moverse—. La mano derecha del varón se sitúa en la espalda de la mujer, es decir entre el omoplato y la cintura —colocó la mano de él donde le indicaba—. La mano izquierda del varón sujeta a la mano izquierda de la mujer, que apoya su brazo sobre el del varón —terminó de explicar y deshizo la pose para dirigirse al sistema de audio.
Una vez que el dispositivo reprodujo el DVD, Misa se regresó a Ryuuzaki. L recordó fácilmente donde debía situar sus manos y con que pose debía pararse. Ella le sonrió tranquilamente.
—¿Es necesario tanto protocolo?
—No en realidad. Pero saberlo no viene mal.
—Cierto.
—Tú sólo sígueme —coincidieron con la música. Misa fue moviéndose y Ryuuzaki la seguía sin equivocarse. El chico tenía coordinación con los pies. Ella apenas necesitaba guiarlo, pronto atrapó el ritmo—. Se acentúa el tiempo uno de la música con una pequeña flexión —indicó con las palabras y movimientos—. La diferencia está en los otros dos tiempos, que se abren hacia los laterales con el objeto de retardar el paso y no salirse del compás.
Entre izquierdas, derechas e incesantes giros los dos decidieron hundirse en una danza que alegóricamente podía clasificarlos como personajes de un cuento de hadas. Misa conservó ese pensamiento mientras le enseñaba como moverse con cierta elegancia. Tenia que dejarse claro que este momento no representaba nada, absolutamente nada entre ellos; sólo estaba dándole un par de consejos y ayuda de cómo desarrollarse en una fiesta cuando se bailase lentos clásicos como lo era éste.
—Derecha… la mía —aclaró sonriendo levemente. Tiempo al tiempo decía la abuela… ¿Por qué comino estaba sonriendo? Es más… ¿Por qué se sentía como si estuviese en un tipo de trance? ¡Ella era la que guiaba! No debía perderse—. El vals lento es una suave danza progresiva caracterizada por largos y flotantes movimientos, continuos giros, subidas y bajadas. Es gracioso y elegante a la vez —mientras danzaban ella iba hablándole, era notorio que los temas de danzas y bailes a Misa le fascinaban y no se molestaba en ocultarlo.
—¿El mismo paso de nuevo?
—Si claro. No es difícil… para nada —comentó cerrando unos momentos sus ojos para corroborar que él pudiese guiarla a ella y efectivamente Ryuuzaki no lo hacia nada mal para ser un primerizo. Evidentemente él escuchaba y analizaba todo las indicaciones para no equivocarse luego—. Dime… ¿para qué quieres aprenderlo? Piensas bailar con alguien... ¿tal vez, invitar la mano de alguna joven? —preguntó entre curiosa y desanimada. Por un lado quería saber para qué todo esto y por otro no, le molestaría, razón es igual a incógnita, la imagen de él con otra mujer ni siquiera podría imaginarla.
—Tal vez… saber esto me sea útil —respondió sin despegar la vista de ella, Misa desvió la mirada. Porque sabía lo que sucedería si dejaba que ambos siguiesen conectándose así, ella no estaba preparada para eso, ni siquiera para creerlo. Con él las cosas se habían vuelto mucho más fluidas, no podía concebir lo bien que habían aprendido a llevarse. La vida daba muchas vueltas, no conseguía cansancio con esa frase—. ¿Sabes mucho sobre danza, no?
—Algo —se encogió de hombros, hace mucho que no tocaba temas como éste.
Lo cierto es que toda esta circunstancia había logrado el relax de ambos. Sin trabajo ni discusiones que tener o detener. Sin problemas aparentes; solo ellos. El DVD que se reproducía tenía la orden de reproducir la pista que solo Misa le había indicado, así que cuando la canción finalizó no comenzó otra, se quedaron en silencio. Seguían en pose sin soltarse. La chica tuvo que frenar el mar de sensaciones, las cosas así no podrían ir. Aún así… le daba pena soltarlo.
—Lizzie sabe que soy L.
—¿¡Qué!?
El drenaje recibió a la delicadeza y sensiblería del momento…
Notas de autora: Oficialmente es el capítulo más largo que he escrito. Espero que le hayan tenido paciencia. Tengo ganas y ganas de complicar y seguir complicando la historia.
De por casualidad, hace algunos días, se me dio por revisar un par de datos en uno de los capítulos anteriores del fanfic y noté que en éste faltaban "--", que son los dos guiones que utilizo para separa una escena de otra y veo que el procesador de textos de fanfiction los borró, así como también lo hizo con algunas comas, puntos, tildes, etc… cuando fui a fijarme en el resto de los capítulos, los mismo había sucedido. No tengo idea como han comprendido la historia así, pero en fin, les pido disculpas por lo errores y tal vez por alguna incoherencia. Tendré que deja de utilizar el procesador de textos de ff. Ya veré como puedo remediarlo.
Preveo tus intenciones y déjame decirte que cerrar la ventana no es parte del juego. El Review debería ser tu próxima acción… no creo que te deba dar más instrucciones, querido lector. Críticas constructivas, a todos nos gusta criticar o aportar nuestra opinión.
