O… ¿lo está?

Fav, follow o review, y lamento si hago sentir incómodo a alguien más pero me siento muy bien escribiendo lo opuesto a lo que suelo hacer. Sin más, disfruten :)


Soy ambivalente

Morir…

Morir es como…

Es… un poco difícil de describir porque, en sentido estricto, es el cese de todas las funciones del cuerpo, eso involucra respirar, bombear sangre, pensar, todo eso se detiene, y todo se detuvo en el cuerpo hueco que puedo ver.

Al principio se siente bien, como algo que tiene que suceder, tarde o temprano pero tiene que suceder. Tal vez lo que me pasó no se suponía que ocurriera ahora, no pronto, no apenas ayer.

No era mi intención hacerlo, incluso con las pociones dentro de mi cuerpo, y mi corazón recientemente roto mi intención principal no era saltar. Tacho eso, ni siquiera puedo llamarlo un salto, mi juicio no estaba tan borroso, fue sólo un resbalón y caída libre hasta el suelo, contra los baldosas, directo a la muerte.

También se siente solo, es algo por lo que pasas por tu cuenta, e incluso con esa sombra que apareció sobre mí todavía me sentía solo todo el tiempo, desvanecido como una luz, al igual que soplar en una vela para extinguir el fuego.

Tengo que reconocer que Auradon tuvo una reacción bastante apresurada, luego de que él comenzó a gritar pidiendo ayuda los guardias corrieron a llevarme para limpiar la escena, me enviaron a un lugar donde drenaron todos los fluidos de mi cuerpo, me lavaron y zurcieron la herida en mi nuca para luego hacerme usar el traje más elegante que jamás he usado en toda mi vida, un esmoquin negro con pantalones a juego, una camisa blanca y una corbata negra.

Ahora estoy contra un rincón, escondido en una sombra que ni siquiera las velas pueden iluminar. De todos modos no importa si estoy oculto o no, podría estar paseando por el castillo donde tuvo lugar la coronación de Ben, caminando entre todas las personas reunidas alrededor del ataúd con mi cuerpo dentro.

Podría estar sin rumbo pero prefiero estar aquí, sentado en la oscuridad, sintiéndome descansado, fresco, incluso algo poco mimado por todo lo que he pasado en sólo un par de horas, porque desde aquí puedo ver a las casi doscientas personas reunidas, algunas de ellas llorando, otro grupo siendo arrastrando para asistir a esto (es evidente en sus rostros), algunas otras personas se mantienen sin expresión, y algunos otros, las personas más raras, parecen esbozar sonrisas felices, ellas tensando un poco la comisuras de sus labios. Por supuesto que están felices, el hijo de una villana menos, sólo quedan tres también para derribar, pero esos tres pueden luchar si alguien siquiera intenta derribarlos.

No le agradé a mucha gente cuando llegué aquí, no muchos simpatizaron conmigo en el primer mes, ni después de haber elegido el bien, así que supongo que no debería sentirme sorprendido por ver esas expresiones. Y todavía lo hago.

Finalmente me levanto y comienzo a caminar, evitando a gente que no puede verme o sentirme, camino con pies descalzos y algo así como retazos de la ropa que llevaba en ese momento pegados a mi cuerpo, y si miro hacia atrás veo un par de manchas de sangre en el lugar donde mis pies pisan. Me veo como una persona, una persona promedio, no como algo transparente o teniendo la cola que los fantasmas en las caricaturas tienen, soy sólo yo pero nadie puede verme, nadie.

Todavía no estoy seguro de cómo eso sucedió, cómo aún podía ver cómo el mundo aún se movía sin importarle que morí, sólo sé que en cierto modo desperté arriba en el balcón y vi desde el momento en que él comenzó a gritar por ayudo, a partir de ahí salté para caer perfectamente sobre mis pies para seguir mi cadáver alrededor de todos los lugares por donde había ido.

En la multitud diviso a Jay sentado muy cerca del ataúd, y por cerca me refiero en la cuarta fila echa de sillas, todavía juega con sus pulgares, mueve los labios como si estuviera susurrando algo en una voz tan baja que ni siquiera él podía escucharse a sí mismo.

Ruedo los ojos y me siento en el ataúd, mirando y escuchando a los chicos del equipo, junto con sus padres, mientras colocan un par de ofrendas, una bandera de la escuela, y una foto de todo el equipo sobre el lugar donde mis rígidas y sin embargo entrelazadas manos descansan, por encima de mi pecho. También me miro a mí mismo, en verdad admirando cómo me veo realmente, cómo mis pómulos parecen más destacados junto con mi nariz y la mayoría de mis rasgos, también mis pecas parecen ser más oscuras y mayores en número. La caída de mi cabello, mis labios, cejas, y la superficie lisa que mi piel parece tener, aunque parece más suave y más brillante por los productos químicos conservantes en los que un par de personas me zambulleron.

Me quedo mirando todo eso y me doy cuenta de una cosa: soy atractivo, lindo al menos. Tal vez tan guapo como Jay y su apariencia madura para su edad, o como Ben y su rostro más joven por ser un príncipe y el hijo de una bestia y una preciosa mujer, pero de todos modos me quedo con que soy atractivo.

Por algo así como veinte minutos la gente camina susurrando cuánto sienten que me haya ido, lo mucho que me van a echar de menos, todos los planes que tenían para añadirme más en los partidos, algunos de mis compañeros de clase diciendo lo mucho que echaran de menos mis largas y precisas explicaciones sobre las cosas en las clases; están diciendo sus adiós a su propia manera.

Y aún así la mayoría no lo dice en serio, todavía lo veo en sus rostros. Están obligados a hacerlo, al igual que casi todos; están obligados a estar aquí.

Si en un funeral las personas que asisten supuestamente son familiares, amigos y otras personas importantes, las sillas alrededor del ataúd se reducirían a algo así como quince, más o menos. Justo ahora, excluyendo a personas como Jay, Ben, Doug, Jane, Ally, Jordan, Lonnie, Bella, Bestia y Hada Madrina el resto son casi completos extraños, y mis otras dos amigas no están por ningún lado, ni Freddie. Un increíble grupo de amigos, con sus defectos como en cualquier grupo.

Hada Madrina aparece de la nada y, por primera vez en este par de horas, porque ella quería que todo esto sucediera, mira mi cadáver y una lágrima se desliza por su mejilla derecha. Ella es una de las pocas personas a las que me siento realmente mal por herir porque sí, aunque casi destruí su oficina, bebí todas sus pociones y todas lo que causé, sus acciones siempre estuvieron orientadas de tal manera que siempre quiso ayudarme después de que la situación con mamá pasó, haciendo que visitara su oficina para hablar para que llorara y dijera cómo me sentía al respecto.

—Oh, cariño, siento mucho no haber podido ayudarte —acaricia el cristal que me mantiene atrapado dentro de la caja de madera, madera de ébano; una caja muy costosa para un evento rápido e innecesario como este—. Siento mucho no haberme dado cuenta lo triste que realmente te sentías, debí haber hecho todo para ayudarte. Debí hacerlo porque todo esto es mi culpa, y no lo hice, y lo siento.

—No fue su culpa, el único culpable soy yo —digo, colocando una mano sobre su hombro, un movimiento que no siente y que nunca va a sentir—. Jay y yo somos los culpables.

Aparto la mano y lo miro, pillándolo en la primera mirada que da hacia acá. Suspira, temblorosamente, y sobre el respaldo de la silla frente a él sus brazos están colgando, los nudillos completamente blancos, y también se mueve hacia atrás y adelante en su lugar.

No durmió en absoluto, anoche estaba mirando el suelo, bostezando pero al mismo tiempo golpeándose los muslos para no dormirse. Estuvo caminando por el dormitorio, hizo algunas abdominales y flexiones, vio infomerciales y aburridos programas de televisión, jugó algunos videojuegos, y cuando el sol empezaba a verse en el horizonte tomó a Chico y los dos se recostaron en su cama, él acariciándolo y Chico medio dormido-medio despierto, pero estaba más centrado en la sorpresa que sentía al ser acariciado por primera vez por sus manos ásperas. No ha comido nada tampoco, sólo tomo una ducha violentamente corta y se vistió para sentarse allí desde que esto empezó.

No han sido más de veinticuatro horas y esto finalmente parece acercarse a su fin, lo creo ya que unos guardias entran y se colocan en las esquinas de la caja para sólo estar ahí, inmóviles, con las manos entrelazadas detrás de su espalda, saltando a Chico que vino con Jay y se echó a los pies de la caja, sollozando y suspirando de vez en cuando, susurrando lo triste que se siente, lo mucho que me quería, cómo cambié su aburrida de ser la compañía de todos, y que se quedará por siempre con Jay para que no se sienta solo. Ni mi mascota puede verme, o escucharme decirle que Jay nunca se siente solo, o que tiene a Mal e Evie, a los chicos del equipo, o su grotesca sea-lo-que-sean.

Me dejo caer para sentarme en el suelo, juntando mis rodillas contra mi pecho y rodeándolas con los brazos, mientras todos se sientan en las sillas adyacentes, algunos cansados y alguno que otro molesto, pero la mayoría ahora parece triste.

Es raro ver a todos vistiendo de negro, me acostumbré a los colores brillantes y alegres lugares, no oscuros castillos, velas literalmente en todas partes, y todo el pueblo de luto por la pérdida del hijo de una villana que murió anoche.

Estoy muerto.

O… algo así.

Ally, Jordan y Lonnie están sentadas en la primera fila, Ben y Doug también, incluso Audrey y Chad están en la segunda fila, listos para salir de aquí cuando vean la primera oportunidad. A pesar de haber estado con Jay ahora son incapaces de mirarse el uno al otro en lo más mínimo, ella no mira hacia atrás y él no lo hace en su dirección, e incluso cuando los cuatro elegimos el bien nuestra relación nunca mejoró. Por ella todo se fue cuesta abajo, y en lo personal nunca tuve la sensación de compañerismo con Chad porque me llamaba MariCarlos y cosas así cada vez que me encontraba solo y me podía arrinconarme en los vestidores.

—Queridos ciudadanos y estudiantes de Auradon —comienza a decir Hada Madrina, de pie en un podio y forzando su voz para no quebrarse—, estamos reunidos aquí para decir nuestras últimas palabras y despedidas a uno de los seres humanos más dulces en este lugar, Carlos de Vil —camina alrededor del círculo de sillas, nuevas lágrimas bajando por sus mejillas—. La proclama de Ben para traer chicos fuera de la Isla demostró que, a pesar de sus orígenes, todos y cada uno de ellos tiene bondad en el corazón, era sólo cuestión de tiempo para desarrollarla. Pero Carlos, dulce, inocente Carlos, él nunca fue un villano en primer lugar, fue criado para temer a las cosas y ser sumiso a ellas, no para enfrentarlas. Por ello él nunca hizo nada malo solo, iba a la escuela, jugaba tourney y tenía una nueva mascota para superar uno de sus muchos miedos, él también tenía buenos amigos, encontró algunos nuevos, y tenía alguien a quien realmente amaba, y…

Me pierdo en eso, levanto la cabeza para ver los brillos naranjas, rosas y amarillos el sol que entran por la claraboya en el techo, los últimos rayos del sol golpean directo donde estoy sentado, y ésta forma que tomé no crea una sombra.

Eso es todo, he terminado en este lugar, en el reino, en todo el planeta.

Alguien a quien realmente amaba, eso es exactamente lo que dijo. Chico tenía razón, mis poderosos sentimientos por él siempre fueron muy fuertes, lo suficiente para que palabras como 'querer' o 'adorar' no fueran suficiente para siquiera intentar expresar que amo a Jay… que amaba a Jay. Estoy en un punto donde no estoy seguro si puedo sentir o lo que sea, todo alrededor de mí son personas y una dura situación, no sobre mí, mi cuerpo, lo que está en mi cabeza; nada de eso.

—Si alguien tiene alguna otra cosa que decir entonces ahora es el momento, lo llevaremos a un lugar especial para su eterno descanso —me levanto para ver eso.

Nadie se mueve, nadie parpadea, nadie respira.

Nadie hace nada por lo que parecen horas, parecen días, por siempre, pero es sólo un par de minutos que el ambiente está tenso, algunas personas levantan la mirada hacia aquellos que conocen, sólo para compartir una mirada del tipo 'qué se supone que hacemos cuando no hablamos con este tipo más de diez segundos, y fue simplemente porque tenía que hacerlo por algo' y otros como 'tú primero', '¡claro que no! Tú primero, como que lo conocías un poco más que yo'.

Es triste al mismo tiempo que es algo divertido que casi me hace reír, esta gente está muy habituada de cosas felices sucediendo en su vida diaria por lo que la muerte súbita de una persona es suficiente para derribar un poco de los pilares de su raro estilo de vida.

Veo una cabeza levantarse en la multitud, camina hacia el ataúd con el rostro bajo y la mirada centrada en el suelo, en sus zapatos, en esos pies que hace sólo unas pocas horas estaban bailando en el dormitorio conmigo. No esperaba que se levantara en realidad, que viera el altar, que asistiera cuando escuchó todo el plan.

Dijo que quería conseguir la varita otra vez para darme felicidad aunque nunca me dio la oportunidad de decirle que él me hacía feliz, que toda la felicidad que necesitaba cada mañana al despertar y cada noche antes de ir a dormir estaba con él, y ahora todo lo que me puede dar, siendo lo que sea que soy ahora, son besos venenosos, abrazos duros, y las palabras vacías; una relación tóxica.

Todo el lugar se hunde en un silencio mucho más que incómodo, más de la que el producido cuando ella pidió últimas palabras. Hada Madrina sonríe y se acerca a él, yo lo hago también porque estoy solemnemente interesado en lo que vive en su mente para hacerlo caminar hacia mí.

—Jay, tienes algunas últimas palabras —dice ella, conmovida por completo mientras uno de sus brazos trata de rodear sus hombros, pero por la diferencia de altura sólo pone su mano sobre ellos.

—Sí, bueno, no es exactamente eso, son sólo un par de cosas que molestan mi mente en este momento, empezando por el hecho de que es un egoísta.

Los pequeños y lentos pasos que dan los hacen capaces de decir todo eso, y cuando ella se detiene en seco parece que los guardias están listos para entrar en acción y salvarla de Jay, parecen estar listos para enviarlo de vuelta a la Isla incluso por estar tan cerca de ella. Tal vez saben acerca de lo que sucedió y por eso reaccionan así, tal vez Audrey no mantuvo su promesa y les envió la grabación.

Tantos tal vez, no tengo una respuesta para eso.

—¿E-egoísta? —pregunta, agitando la mano para que los guardias retrocedan.

—Sí, lo que hizo fue completamente egoísta —la mira a los ojos por un segundo, tensando la mandíbula y hablando en susurros—, en la Isla es una regla quedarte con tu grupo y hacer cosas con ellos todo el tiempo que sea necesario, se queda juntos porque cuanto mayor sea el grupo más fuerte se vuelve, y con ese pequeño acto él pareció olvidar todo eso, olvidó que éramos el grupo más malvado de todos, se olvidó de sus amigos, y se olvidó de mí.

¡Esto es malditamente increíble! Así que después de todo lo que hizo apenas ayer, después de las cosas que pensaba eran necesarias de decirme directamente a la cara, después de que él fue el que arruinó todo esto, ¡¿él es la víctima de esto y yo soy de cualquier manera el malo?! Estoy demasiado harto de él.

—Así que, por favor, quiero al menos ser capaz de decirle lo egoísta que fue solo —con ese último estatuto Hada Madrina agacha la cabeza y retrocede, le da vía libre para tomar el par de pasos hasta el ataúd, él baja la mirada hacia mi rostro y la línea recta en su boca no cambia.

Alto.

Un minuto.

Lo miro por completo y lo veo, poco pero lo veo. Una de sus manos está dentro de su bolsillo delantero, cuándo la metió no sé, y por el movimiento constante que hace me doy cuenta de que se pellizca la piel de la pierna, el apenas notable enfoque con los ojos que hace me dice que está lamentando todo lo que dijo. La última vez que lo vi haciendo eso él tenía ocho y yo seis, volvió de darle el botín a Jafar y era tan pobre que consiguió un puñetazo en la mejilla, y lo vi haciendo lo mismo mientras despotricaba sobre el monstruo que su padre era, lo mucho que lo odiaba por tenerlo haciendo tal cosa, que quería dejar la Isla y perderse en el ancho océano, y otras cosas de ese tipo.

En verdad no sé qué lamenta, todo lo que sé es que al fin su labio inferior tiembla y, por primera vez en una vida de verlo diario, sus ojos están vidriosos.

—Carlos… pequeño, yo…

—¡TÚ!

Cada alma aquí levanta la cabeza hacia el grito, lo hago también, hacia la voz que entre líneas dice lo furiosa que está y a punto de hacer algo mucho más allá de lo malvado por lo que pasó.

Mal abre las puertas del castillo de par en par, camina con pisotones fuertes y con esa aterrador destello en sus ojos brillando como nunca antes, casi parece que todo su ojo no es más que verde y que todo lo que siente en su interior está a punto de salir a través de ellos.

Evie y Freddie entran también, las tres vistiendo de negro, Evie corre para detenerla mientras Freddie camina con pasos lentos, brazos cruzados, y mirando la escena, casi disfrutando de la poca diversión que puede salir de ella porque esa es otra cosa de la Isla.

Los funerales nunca se llevan a cabo ahí, y si lo hacen es sólo para recordarle a los vivos la suerte que tenemos por ser capaces de respirar otro día, cómo no un pequeño resfrío, algo de fiebre, o incluso un loco listo para arrancarte un ojo de su cuenca con una cuchara te atrapó, que eres lo suficientemente inteligente para librarlo con facilidad, o que el destino tiene otra forma más implacable que derribarte. Nunca asistí a un funeral en la Isla, y ahora asistir al mío es sofocante.

La gente se mueve fuera de su camino en el momento exacto en el que esconde una mano detrás de su espalda por un segundo, porque, en el siguiente, una bola de fuego verde danza en su palma abierta. Algunas personas se esconden detrás de los pilares o las sillas, Jay se queda ahí con el pecho inflado, lleno de orgullo, y miro fijamente el fuego que brilla en su mano. Es hermoso, muy hermoso.

—¡Tú hiciste esto! —grita de nuevo

Fijó su puntería en su objetivo desde que entró, y con un rápido movimiento de su brazo la bola de fuego vuela por el aire, pero Jay es mucho más rápido que ella y es capaz de esquivarla, o casi. El fuego golpea su cabello y esas hebras marrones que encontraron un destino fatídico caen lentamente al suelo hasta que se consumen por el fuego y se convierten en humo, algo como el alma del cabello.

¿Una alegoría? Totalmente.

Mal chasquea los dedos derechos y abre la mano, otra bola de fuego nace en su palma, y antes de que incluso pueda pensar en levantar el brazo para atacar un destello marrón con ridículo corte de cabello corre entre la multitud y hacia ella, sus brazos la rodean y suprime sus intenciones en un fuerte abrazo. Ben se mueve sin soltar a Mal por un momento, sus ojos verdes miran directamente los suyos, como si estuviera tratando de calmar a esa voz en su cabeza que le ordena atacar.

Jay y Mal han peleado en la Isla antes, y no había ninguna magia ahí, así que ver una pelea entre ellos con magia involucrada es más allá de emocionante.

—Mal, detente —Ben susurra, voz firme y tierna pero también sisea un poco ya que el pequeño fuego que todavía arde en su mano lo está alcanzando. Mal mira sobre su hombro hacia Jay, que está temblando ligeramente y listo para escapar si ella trata de atacarlo de nuevo—. Mal, mírame, por favor para.

«Hazlo, Mal, hazlo de nuevo», interiorizo.

¿Qué estoy pensando? Ellos eran amigos antes de que Evie y yo llegáramos a sus vidas, eran bastante cercanos ya que Jafar y Maléfica los tuvieron juntos desde bebés, por lo que estoy casi seguro de que van a resolver esto.

—Él hizo esto, Ben —lo mira y todavía tiene el verde en sus ojos, pero esta vez no está tensando la mandíbula, casi parece al borde de las lágrimas y ella nunca llora. ¿Soy tan importante para ella? Difícil de creer.

—No, fue un accidente, Carlos cayó de la ventana y…

—¡Eso es una mentira! ¡Una gran mentira! —se las arregla para liberarse de su abrazo, Ben se impulsa hacia adelante pero Mal se agacha, chasquea los dedos de nuevo y lanza la bola de fuego, Jay también se agacha y el fuego estalla contra una pared—. ¡Jay hizo esto! Carlos me lo dijo antes de que ocurriera, ¡Jay hizo algo que no puedo decir porque me enferma y eso lo llevó a estar dentro de esa tonta caja!

La multitud es presa del pánico, algunas personas lloran y protegen a los más jóvenes mientras que la mayoría de los hombres están al frente, todos dispuestos a dar sus vidas para morir como valientes héroes. Esta situación es sólo entre ellos, casi puedo jurar que olvidaron dónde están ahora, esto es acerca de ellos.

Algunas lágrimas de furia finalmente empiezan a deslizarse por sus mejillas, sorprendiéndome y a algunas personas a su derecha, antes de que chasquee los dedos para lanzar otra bola de fuego, pero esta vez Ben no se acerca para calmarla.

Esta vez Evie lo hace, ella estúpidamente se coloca con una mueca en su rostro delante de Mal, coloca sus manos sobre sus hombros y luego acuna sus mejillas, forzando a Mal para mirarla directo a los ojos. Mal se defiende, tratando de mover la cabeza, pero Evie parece tan determinada para calmar todas las emociones negativas que tiene en este momento dentro de ella que estoy pensando que tal vez yo no era el único no-villano en nuestro grupo después de todo.

—Mal, por favor cálmate, inhala y exhala despacio, inhala y exhala —Evie dice con voz suave, casi parece esbozar una sonrisa tranquilizadora para aliviarla—, ahora escúchame y céntrate en mis palabras, sólo en eso. Ahora estamos tomando nuestras propias decisiones, somos diferentes de las personas que dejaron la Isla, cambiamos y elegimos el bien, y la venganza no es algo que haremos, esa es una cosa que nuestros padres nos enseñaron que debemos hacer sin importar qué.

Mal inhala y exhala lentamente, el fuego en su mano muere y el brillo en sus ojos también. Evie mueve las manos a sus hombros, dejándola observar el lugar que finalmente reconoce. Sus ojos se mueven desde Hada Madrina a Ben, luego a Jay, luego en la multitud ve a Audrey y el ceño fruncido aparece de nuevo.

—E… él lastimó Carlos, él y esa estúpida princesa lo lastimaron… —dice, forzando su voz a salir en un tono casual.

Ambos vuelven la cabeza en su dirección, Jay retrocede un par de pasos antes de que choque contra una pared hecha de guardias, diez hombres corpulentos que son casi una cabeza más altos que él están a su espalda, y uno de ellos lo toma por los brazos de impedirle huir. Jay no lucha para liberarse.

Caminan hacia él, Hada Madrina está a punto de entrometerse pero Ben la detiene, comparten una mirada y él niega con la cabeza. Tiene razón en esto, no pueden meterse en la solución, su interferencia solamente lo haría peor, si pudiera haber un punto peor después de bolas de fuego y furia.

Mal y Evie se paran frente a Jay, lado a lado, el guardia lo libera y algunos de ellos se mueven de nuevo al ataúd, los otros van afuera o permanecen aquí dentro para actuar en caso de que surja otro combate.

—M tiene razón, lo que le hiciste no tiene nombre —Evie cambia su voz, ahora suena como si estuviera hablando con un animal repugnante—. Lo tenías con la cabeza a tus pies, lo enloquecías, y tú le hiciste esto. Mal me mostró el mensaje de texto, no puedes hacer nada para negarlo, y dije nada, Jay.

—Nunca tuve la intención de hacerlo… —Jay intenta excusarse.

—¡Pero lo hiciste! —Mal avanza un paso, sus ojos con brillo verde y haciendo que Jay tropiece con un escalón y caiga, se levanta sobre los codos pero Mal pone un pie en su estómago—. Lo que hiciste se llama traición, idiota, y los amigos no traicionan, pero tú apuñalaste Carlos por la espalda. Tu padre tenía razón, eres patético, inútil, un ladrón egoísta, y el más grande idiota que hizo que su mejor amigo muriera por él —se arrodilla y toma su corbata, juntándolo tan cerca de su rostro que Jay parece realmente asustado, y por eso Mal sonríe un poco—, mataste a mi hermano menor, miro tu desagradable rostro pero no sé quién eres. ¡Eres tan inútil aquí que debes ser enviado de vuelta a la Isla!

—¡Ladrón! —dice una persona.

—¡Mentiroso! —espeta una chica.

—¡Chico inútil!

—Apestas en tourney.

—Gilipollas.

—¡Faldero!

—Carlos merecía ese trofeo, no tú.

—¡Imbécil!

—¡Pedazo de basura sin cerebro!

La multitud se une a ellas en su ataque, comentarios como esos empiezan a llover contra él, parecen estar lapidándolo justo ahí, justo ahora. Todas esas palabras lo hacen tomar respiraciones profundas y mira en todas direcciones, asustado, algo aterrado, a las chicas, a los chicos del equipo, a Hada Madrina, mira incluso a Audrey por un segundo, y cuando no tiene otro rostro que mirar, nada ni nadie con quien ocultarse, hace su especialidad.

Corre, se levanta de un salto y corre a toda la velocidad de sus piernas, lo hace dejando atrás un olor a cabello quemado y desesperación, corre más rápido que nunca, hasta que llega a las enormes puertas del castillo, luego gira a la derecha y desaparece.

La multitud vuelve al profundo silencio poco a poco, toman asiento mientras Mal coloca la cabeza en Evie, se balancean un poco en su lugar mientras ambas dejan caer lágrimas por sus mejillas, algo primerizo ya que Mal nunca llora e Evie siempre está más preocupada porque su delineado de ojos no se arruine.

Ellas en verdad se preocupan por mí para dejar que eso ocurra, en verdad lo hacen, hicieron todo esto porque sentían que era una parte de ellas, éramos un grupo fuerte con diferentes características, ahora uno se ha ido y el otro huye de sus decisiones, por lo que quedan ellas, las más fuertes, para seguir adelante juntas y, si dejan que entren, con Ben y Doug a sus lados respectivamente.

—Vamos… vamos a continuar con las últimas palabras para este hermoso ser humano. ¿Alguien quiere…? —Hada Madrina pregunta y, después del momento intenso, es interrumpida ya que las personas se ponen finalmente de pie y caminan hacia el ataúd, las personas esperadas. Incluso Freddie se aproxima, eso es nuevo.

Me apresuro a sentarme de nuevo ahí, esperando oír algo más interesante que el ya repetido montón de palabras para decirme adiós.

—Se suponía que tendrías una vida mejor, en serio, una mejor, pero terminó muy pronto para que la consiguieras. Te echaré mucho de menos amigo, lo juro, e incluso cuando no éramos los mejores amigos creo que tuvimos una amistad recién nacida increíble —afirma Ben mientras una lágrima baja por su mejilla izquierda.

—Voy a desarrollar ese programa en la computadora y le pondré tu nombre, me gustaría que lo vieras funcionar, lo haré impresionante porque tú eras un chico impresionante. Compañeros de laboratorio por siempre, adiós mi querido amigo —dice Doug, rompiendo en llanto cuando da un paso atrás.

—Espero que todos los espíritus de los animales que tu madre mató te ataquen cuando pongas un pie en las puertas del infierno, porque seguro es donde estarás por siempre. Hasta nunca, MariCarlos —gruñe Chad, arreglándose el saco negro y rodando los ojos.

—Más para mí supongo, incluso si ahora está confundido te superará y estaré ahí para consolarlo, para ayudarlo y para… ya sabes, estar ahí cuando se sienta solo —me gustaría poder hacer algo para probarle a Audrey que incluso cuando no soy algo material todavía puedo hacer de su existencia un infierno.

—No nos conocíamos mucho pero siempre me pareció que tus habilidades de baile eran increíbles, y quería pedirte ser mi compañero en una competencia. Ahora voy a tener que encontrar a alguien que sea por lo menos el dos por ciento de bueno que tú. Descansa en paz, Carlos —Lonnie me hace sonreír como un completo idiota por escucharla adular lo poco que vio de mis habilidades de baile, y por supuesto que habría dicho diablos que sí para ser su pareja.

—Todavía recuerdo el primer día que hablamos, y sigue en mi memoria la cara lo hiciste cuando comiste las fresas incluso cuando las odiabas. Eso hizo que me agradaras más, estabas dispuesto a hacer cualquier cosa para hacer feliz a la gente, y es una pena que no obtuviera lo mismo, y… y… —Ally no puede seguir con sus palabras ya que comienza a llorar, fuerte, y asusta a algunas personas hasta que Lonnie la ayuda a alejarse mientras ella llora en su hombro.

—Tenías un sentido de estilo único, Evie te ayudaba pero seguías teniendo ideas impresionantes, y si en otra vida alguna parte de nuestra personalidad se encuentra con el otro tenemos que tomar ese tiempo y hacerlo el mejor de nuestras vidas, vamos a producir cosas que pondrán el mundo de cabeza y nos recordarán por siempre —dice Jordan, completamente segura de eso de la otra vida.

—Jay es un completo idiota, y un cobarde ahora que huyó de mí, pero esto es por ti. Elegimos el bien y estas decisiones que estamos tomando no son las mejores, así que espero que estés donde estés puedas tratar mejor con ellas. Te echaré de menos cada día hermanito, y lamento no estar ahí cuando me necesitabas —Mal parece al borde del llanto, de nuevo, una de las muchas cosas impensables de ella.

—Carlos, dulzura, nos tenías para ayudarte a salir, Mal y yo pudimos ser una guía cuando tenías la necesidad, ésta fue tu elección ya que estabas rodeado de muchas cosas sucediendo al mismo tiempo, y sé que cuando alguien llega a su punto de quiebre no piensa sabiamente. De todos modos, sé que eres un ángel ahora y que verás por nosotros, incluso por él. Mejores amigos por siempre, nos veremos en otra vida —Evie casi me hace sentir algo real, como si estuvieran muy centradas en pensar cómo enfrentar a Jay primero y luego ambas dices cosas para que mi corazón lata más rápido, si tan siquiera latiera.

Y finalmente la última, la nueva chica de la isla.

—Búscame en mi dormitorio a medianoche o cuando quieras, tenemos mucho de qué hablar, ahora ve y dime todos los detalles empezando por adónde fue y qué hizo —giro la cabeza cuando la voz de Freddie hace de esto una situación totalmente diferente, porque ella me hace sentir algo, y cuando lo hago ella sólo gira la cabeza, me mira directo a los ojos y ensancha la sonrisa más pequeño de mundo—, porque, si aún no lo captas o lo crees sí, puedo verte —susurra tan bajo que nadie parece distraído por esas últimas pero importantes palabras.

Freddie puede verme. Lo que me hizo sentir fue ansiedad.

¿Es eso algo bueno, algo malo, o ya debería estar muerto de miedo…? Sin darle mucha importancia hago lo que dijo, lo sigo.


Es fácil seguir a Jay cuando está enfadado, sólo hay que seguir el camino de destrucción que deja a su paso. Puesto que no puede destruir ventanas, quemar papeleras o golpear gente que lo mira por más de un segundo hasta el cansancio sólo tengo que seguir a la gente hablando de 'el furioso chico que me gritó en la cara y se fue corriendo' hasta que, irónicamente, lo encuentro en el gimnasio.

Le da puñetazos al saco de arena con sus manos descubiertas, las mangas de la chaqueta fueron arrancadas y las venas de los brazos sobresalen como nunca antes, incluso más que en los momentos en que solía pasar mi tiempo aquí en lugar de estar en el dormitorio con Chico o con un libro en las manos ya que siempre levantaba las pesadas más veces cuando yo estaba aquí, corría más rápido y golpeaba el saco de arena más duro, igual que como lo hace en este momento.

Me acerco un poco y me siento en el taburete de uno de los equipos de ejercicio para mirarlo, sencillamente lo miro mientras deja salir todas sus emociones con sus manos y el saco de arena. Suspiro ya que esta es una gran escena, totalmente grandiosa, y todavía no parezco ser capaz de sentir algo al respecto.

¿Es a causa de las pociones? ¿Es debido a que no tenga un poco de corteza cerebral que produzca alteraciones en las sustancias químicas de my cerebro? ¿Es porque dejé de sentir lo que sentía por él?

Preguntas, preguntas. ¿Dónde están las respuestas cuando las necesito?

—No soy un inútil —dice, dándole un gancho al saco. Supongo que está imaginando a una de las personas que le dijeron eso, pero eran tantos que era difícil contarlos.

Sin embargo me río porque nunca pensé que una multitud de comentarios rudos fueran suficiente para que corriera como si fuera perseguido por un tigre, y él es el tipo de chico que toma la cabeza del tigre como un trofeo para sus agallas.

—No soy un inútil, no soy un ladrón, no soy un gilipollas ni un faldero o un imbécil como dijeron —resopla y le da otro gancho, esta vez empuja el saco de arena más arriba—, no soy nada de eso, soy Jay, hijo de Jafar, y vengo de la Isla, soy increíble en lo que hago y lo mejor en ello, nadie puede ganarme en cualquier cosa física. No soy un inútil, soy increíble. No soy un inútil, soy increíble.

Lanza golpe tras golpe y a veces también lo patea, hasta ahora noto que está descalzo, y murmura por lo bajo todos los buenos atributos que posee, o al menos los que cree que posee.

—No, no lo eres, no eres nada de eso y eres todo ello al mismo tiempo, lo sabes en el fondo y sin embargo deseas hacerlo irreal —digo, sabiendo que estoy soliloquiando incluso cuando está a sólo cuatro pasos lejos de mí.

Las pequeñas manchas rojas que se están formando con cada tres golpes crecen lentamente, los trazos rojos que bajan por sus manos no llaman su atención. Se detiene ahí sólo para hacer círculos con ambas muñecas y sisea suavemente, luego le da otro puñetazo para sacar su furia, ahora un poco más lento y sin embargo más fuerte.

«¿Furia, tristeza, impotencia, desesperación, temor? ¿Qué diablos está tratando de sacar?», me pregunto cuando se detiene una vez más, sosteniendo el saco de arena con ambas manos, los rastros bajan por sus brazos y la carne en sus nudillos es tan roja que parece que con otros diez golpes el hueso quedará expuesto.

Veo su respiración, su ancha espalda subiendo y bajando mientras recupera el aliento, pero luego empieza a moverse más rápido, se aferra a la lona del saco y lento, muy lento, se pone de rodillas hasta que su frente se coloca contra la base del saco. Sólo para asegurarme de que realmente está pasando me levanto y apresuro para sentarme frente a él.

Sus mejillas están rojas, no rosas como cuando rara vez se sonroja, rojo como cuando hay una picazón que rascar o al golpearse con fuerza contra algo, sus ojos están rodeados con rojo también, todo su rostro está rojo, supongo que se sentiría caliente al tacto, su ceño fruncido y la forma en que las venas de su frente sobresalen por la manera como tensa la mandíbula me dice todo; está herido, destruido desde el interior, devastado por lo que pasó. Yo también lo lastimé.

Toda su vida ha estado huyendo de esas palabras, y de alguna nuevas; ha hecho todo lo posible para no ser débil en lo más mínimo, ser listo y capaz de reaccionar en cualquier situación, ser atractivo para concretar sus encargos, ser competitivo, ser fuerte, ser todo lo que él cree que es.

Pero olvidó construir muros fuertes en sus emociones, aún más fuertes que las que ya tiene. Ahora parece un niño que llora en su habitación por ser intimidado en un día cualquiera en el exterior, no se entrenó para tolerar los comentarios hirientes, las miradas, e incluso fallar sólo un poco es suficiente para alterarlo.

El punto aquí es que una cosa viene a mi mente mientras lo observo tratando de recuperar el aliento: soy un idiota también. Lo que sucedió no debía suceder, pero lo hizo, y como no puedo regresar el tiempo para pensar en las consecuencias por un minuto lo dejé para hacerles frente a todas ellas, solo; a ser el único a quien culpar aunque realmente es culpable, pero tal vez no mucho después de todo.

Soy todo y nada para su destrucción, soy una variable nunca considerada que haría tanto daño en un solo día. Soy ambivalente a lo que está pasando, todavía estoy aquí pero no ahí para nadie, me hizo daño al mismo tiempo que le estoy haciendo daño con mi elección inconsciente, soy el detonante de una larga amistad que se destruyó delante de Auradon, soy una víctima al mismo tiempo que soy un victimario. Él es la sombra en mis luces, soy la lluvia en su desfile, él es el rojo para mi verde, soy el fuego por su hielo.

Jay finalmente se levanta y sale del gimnasio, todavía descalzo. El aire frío de la tarde hace que los mechones todavía largos de cabello se muevan a su merced. Rodea el pequeño edificio y coloca la espalda contra un muro, se desliza hacia abajo y deja las piernas estiradas. Me siento junto a él, mi derecha presionada supuestamente contra su izquierda mientras se golpea la nuca contra el concreto.

Deja salir otro tembloroso suspiro y algo parecido a un chillido mientras mira hacia arriba. Su rostro está roto ya que está llorando, tendré que anotar la fecha porque esto es algo que nunca va a suceder de nuevo. Mira al cielo mientras las lágrimas ruedan lentamente pero con seguridad por sus suaves mejillas, caen en los restos de su chaqueta mientras los jadeos y sollozos me hacen ver su lado sensible, el mayor de sus muros finalmente está abajo.

Se está permitiendo experimentar una emoción prohibida, tristeza, otra más además del amor, deja que tome el control sobre él ya que junta las piernas cerca de su pecho, sus codos están en sus rodillas, y sus pulgares tratan de apartar el agua salada que sale de sus ojos obsidiana.

Sigo su firme mirada y miro hacia arriba, notando que mira esa estrella, la pequeña que brilla junto a Orión, la estrella que siempre mira en la noche antes de acostarse y cuando no quiere hacer su tarea en una hora temprana. Trata de abrir la boca pero las únicas cosas que salen son más sollozos, lamentos, y una ocasional grosería contra sí mismo.

—L-lo siento… —dice, jadeando para llenar sus pulmones de oxígeno. Junto las rodillas contra mi pecho también, descansando la barbilla sobre ellas—. Siento ser una decepción, trato y trato pero todo lo que hago sale mal, todas mis decisiones están mal y lo sabes mejor que nadie aquí… incluso más que él…

Por un momento pensé que estaba hablando conmigo, casi podría jurar que lo hacía, pero le está hablando a la estrella, le deja escuchar algunas de las cosas en su mente, la clase de cosas en las que odia pensar.

—Ambos sabemos que una pequeña parte quería hacerlo, lo admito en voz alta ahora, pero estaba tan mal en el segundo siguiente que era demasiado tarde para retractarse —cierra los ojos y junta las manos, descansa la frente en sus pulgares.

Las lágrimas no pararán pronto, siguen cayendo cada segundo, y una parte me dice que no es por mí completamente. También está dejando salir muchas otras cosas reprimidas, sólo necesitaba una manera para dejar salir todo. No sé lo que estaría sintiendo si pudiera.

—P-por favor, torpe estrella, p-por favor, ahora s-sólo tengo un deseo: h-has que vuelva —mira hacia ella otra vez, diciendo las palabras con tanta esperanza en su voz que es increíble. Nadie podría creerme si les digo que Jay estaba llorando, ni el hecho de que pide deseos a las estrellas—. Por favor, por favor, por favor, por favor, sólo quiero eso, así que usa esa magia tuya y tráelo de vuelva, por favor…

Desliza la mano en el bolsillo interno de su chaqueta y de ahí saca los papeles que escribí, manchados de tinta y arrugados por el agua seca. Los desdobla y no sabía que escribí todo eso, muchas palabras que en este momento seré capaz de leer de nuevo ya que no las recuerdo exactamente.

—Está bien, está bien, a-aquí vamos —se sorbe la nariz y empieza a leer, lo hago con él, colocando la cabeza en su hombro sólo para ver mejor las palabras.

Jay,

¿Recuerdas que desde la Isla habíamos escuchado una y casi mil veces ese cuento tan trillado, insulso, repetitivo, aburrido y altamente estúpido sobre eso de encontrar a una persona? Ya sabes, aquella que sea la más pura expresión de nuestros sueños, anhelos y deseos, aquella con quien queremos sentar cabeza y con quien, se supone, esperamos pasar una vida entera hasta que sólo seas pocas partículas de polvo esparcidas por ahí. ¿Lo recuerdas? Bien, porque también lo recuerdo, y ahora lo odio.

Si soy honesto contigo, algo que traté de hacer en todo momento, parece que fue ayer cuando todo iba como lo queríamos, era ayer cuando podíamos decir que era el momento de nuestras vidas, era ayer cuando pensamos en ser los amantes que el mundo necesitaba, aunque eso es más mío que tuyo, tú no sabes qué es eso. Era en ese ayer… estúpido ayer…

Y ahora todo aquello, todas esas vanas ilusiones, todo a lo que tendía a idealizar como 'eso, mi futuro y final ideal; nosotros, tú y yo contra todo aquello que el mundo quiera interponer en nuestro camino para evitar que estemos juntos', todo eso acabó tan mal que el golpe más fulminante y certero habría sido muy similar a la leve caricia del viento, se percibe sólo si tratas de poner la debida atención.

Jay, con el simple hecho de mirar tus oscuros ojos me parecía suficiente para pensar que había encontrado un paraíso, el mundo se volvía superfluo y se congelaba al tenerte cerca. Una de tus arrogantes sonrisas iluminaba mi día más gris, un simple toque o alguna leve presión de piel contra piel era suficiente para que desafiar la gravedad fuera una tarea tan sencilla como ser atraído por ella.

¡Quién pensaría que para ser todo un maestro de las mentiras resultarías ser alguien tan aberrante para mí! ¡Como las fresas! ¡Odio las fresas!

Según esas historias de torpes princesas e idiotas príncipes su ideal y lo planeado son algo tan sencillo que simplemente es estúpido no acatarlo: más o menos todo eso versa en que se debe estar uno con el otro en las buenas y en las malas, tratar de construir el sueño mutuo durante largas charlas (para mí eso sucedía en esos días en los que podíamos estar juntos desde el alba hasta el anochecer, tú disfrutando de una taza de café y yo una taza de chocolate caliente antes de los ocasionales roces de labios entre cada aparentemente largo sorbo), también se supone que debes gozar de unos cuantos minutos o un par de horas para convertir a dos personas en un nosotros. Según todas esas leyendas, porque eso deberían ser nada más, leyendas, debes ser la parte que le falta al otro, el complemento de esa otra vida…

La verdad desearía que nunca hubiésemos embonado de ese modo tan sublime.

Me permitiste ir a donde sea que ibas, ¡¿para que haya sido un viaje sin sentido?! ¡Ja! ¡Justo ahora me parece la broma más graciosa que se le pudiera ocurrir a la persona con más chispa en el humor!

Me permitiste verte en esos esporádicos momentos donde estabas cabizbajo cuando no se lo permitías a nadie, ¿y para qué lo hiciste? Emociones falsas de una persona falsa, sensaciones falsas; sentimientos falsos.

No obstante abriste y me dejaste indagar en aquello a lo que las personas aquí suelen llamar como 'el corazón', aquel sitio donde se encapsulan un sinfín de sensaciones que en tu caso nunca fueron algo tan espectacular o acreedor de denominarse como un aspecto arrasador o imperante.

Aprendimos por las malas que a ninguno de los dos, a nadie en la Isla, le debía resultar atractiva la idea de gustar de alguien, querer a alguien; amar a alguien para volverlo más sencillo, y en la jerga que se emplea aquí.

En mi caso prefería ver y vivir el mundo desde mi gran nube fatalista, pensando que nadie, nunca, en ningún momento de sus vidas, llegaría a fijarse en mí, pensarme como alguien importante, diferente al resto; un alguien. Esos fueron los pensamientos que hicieron que olvidara la espontánea amistad que surgió entre nosotros, eso llevó a que pasáramos una gran parte de nuestro tiempo, y nuestras vidas, en compañía del otro, de ahí pasó a la atracción unilateral, la que pensaba que era unilateral, y al final todo desembocó en estar bajo la torreta de vigilancia, lo suficientemente cerca para que nuestras respiraciones se cruzaran y todo eso a lo que tanto pavor le tenía se volviera una realidad con un primer beso, el típico primer beso que trae del modo más vívido todo aquello que se quiere quedar en silencio, internalizado en la privacidad de las propias ideas. ¿A quién no le gusta vivir en la seguridad de su cabeza?

Los recuerdos de esos geniales momentos que pasamos juntos ahora están un poco borrosos en mi cabeza, las palabras de cariño que nos susurrábamos el uno al otro pocas veces en el día están ecoicas, como si no fueran reales, como si fueran simples sueños. 'Te quiero', 'te adoro', 'mi persona', 'di lo que tengas que decir', 'abrázame', 'por favor'; esas y otras palabras que solían embelesarme y endulzar mis oídos, me hacían sentir envidia por ver el movimiento de tus labios pero no sentirlo contra los míos.

Ahora tienen ese sonido hueco, el agonizante martirio de ese sonido cada vez que esas palabras retumban dentro de mi cabeza justo ahora que no sé ni en qué día vivo a la vez que me imagino el ronco tono de tu voz me mata.

Las pociones, sí, eso, la magia parece estar actuando como un mecanismos de defensa para que eso trate de quedar en el olvido… y… por desgracia, una pequeña parte sigue y seguirá dentro de mi memoria.

No sabes cómo deseo que no puedas dormir, comer o respirar por lo que hiciste.

Deseo estar presente como el aire que respiras pero a la vez estar ausente, como las raras expresiones de afecto en todo el tiempo que desperdiciamos juntos.

Me gustaría que recurras a mí cuando tu mundo se desmorone, aunque espero ahora ser yo una de las razones por las que te hundes. Pero eres hábil, casi olvido que tienes un don celestial para escapar de las cosas, y si lo haces estoy altamente seguro de que habrá alguien más que trate de destruirte; yo ya no por supuesto, incluso si todo esto pareciera decir que vivo de ti, como una maldita sanguijuela.

¿Te quiero? Sí, claro que sí, es algo que dije con toda la sinceridad y afecto que había en mí en ese entonces.

¿Te odio? También lo hago, y ahora esos dos sentimientos tienen la misma intensidad que no sé cuál me estaría controlando.

Pero, ¿te puedo decir algo? Resulta ser una extraña y rara combinación; al principio éramos el uno para el otro, de alguna manera, y ahora somos como agua y aceite dentro del contenedor de la nueva vida en Auradon; es imposible que estemos juntos.

Me volviste más fuerte, resistente y evasivo a todos tus encantos. Gracias, Jay.

Seré un poco más breve, si todo esto fuera una balanza ambos sabemos que habría peso extra en uno de los lados. ¿Eres lo bastante hábil, atractivo e inteligente para adivinar en cuál después de todo esto, o necesitas que las estúpidas decisiones que sueles tomar vuelvan a hacer que todo se destruya para que algo como lo que tienes en las manos vuelva a aparecer en tu cara?

Atentamente (la verdad no, pero es por formalidad), Carlos 'pequeño' de Vil.

Durante la lectura reía a veces, en otras fruncía el ceño, pero la mayor parte las lágrimas seguían, los profundos jadeos y el modo como se hace más pequeño en su lugar es un reflejo de cómo las palabras pueden incluso darle una mejor paliza que la violencia física.

Esas pociones hicieron algo bien, me hicieron decir cosas precisas, y por claro que cosas que al ser cegado por sentimientos prohibidos nunca sería capaz de decir en voz alta.

—T-tienes r-razón —murmura entre jadeos, hipea para conseguir más aire. Rayos, esto sale de mis manos inmateriales; me encanta, tanto que estoy sonriendo aunque no siento la felicidad o la alegría en este estado—. T-tienes tanta razón y lo siento, m-muchísimo. Tú eras el b-buen novio entre nosotros, siempre fuiste a-afectivo y cariñoso incluso c-cuando lo que hacía cuando estabas cerca e-era empujarte a v-veces y coquetear c-con chicas la mayor parte del tiempo.

Miro hacia arriba y el cielo se nubla rápidamente, el fuerte viento que sopla advierte a las personas para buscar refugio ya que esta nueva tormenta amenaza con ser tan salvaje como la de ayer. Ayer, ayer.

—No me traigas de vuelta, no te atreves a traerme de vuelta —sigo viendo a su estrella mientras digo eso, volviendo mis manos en puños para hacer mi deseo más fuerte—. Jay está consiguiendo una cucharada de su propia medicina, se merece esto y más. No me traigas de vuelta, y de todos modos no puedes, no eres más que una bola de gas que arde a miles de millas de aquí, así que pedirte dinero, amor, o venganza es tan útil como sembrar dinero en el suelo, siendo o no un reino mágico.

La lluvia inicia con gran intensidad, en segundos su cabello está húmedo y su ropa recibe el mismo trato. Las gotas hacen que sus lágrimas sean difíciles de diferenciar, pero las veo deslizarse por las comisuras de sus hinchados ojos.

Sonrío de nuevo y me levanto, sintiendo como si tuviera un cosquilleo en el estómago, no por un sentimiento cursi, esta vez porque puedo ver que hacer algo que pone a otras personas tristes es mucho más entretenido y agradable que sólo actuar en silencio, limitarme a escuchar y seguir órdenes.

Creo que ahora entiendo por qué ser malo es bueno para la gente en la Isla, por qué mamá se siente bien cuando lo hace con animales, es refrescante y da una sensación cálida en el pecho, pero esta vez se limita al cosquilleo.

Mamá recibió una notificación en la noche diciendo que 'en el accidente más horrible que ha pasado en Auradon, la tierra mágica, Carlos encontró un destino terrible y murió de manera inesperada'. Qué sutil. No han recibido una respuesta todavía, pero si ella me odia tanto como creo que lo hace por quitarle su peluche entonces nunca van a conseguirla.

Ella no me quiere, me tuvo sólo porque papá así lo quería, y ya que él también se ha ido entonces tal vez se sentirá triste ya que tendrá que hacer todas las tareas de la casa: tendrá que arreglarse el cabello, lavar ropa, cepillar sus abrigos, limpiar la casa por la mañana y al atardecer, sacar la basura, preparar su baño, comer comida fría y rancia.

Soy libre, finalmente soy libre de ella.

Me levanto cuando me aburre, sólo se hace un ovillo y se mece, susurrando lo mucho que lamenta lo que hizo, lo estúpido que fue, y, en un giro, cómo va a encontrar una manera de hacer feliz a Auradon, para pedirles perdón a las chicas.

—¡Lamento lo que hice Carlos! —llama de nuevo mi atención ya que estaba a punto de empezar a caminar, levanta la cabeza y grita a todo pulmón—. ¡Te amo, pequeño! ¡Lamento lo que hice y sé que no serás capaz de perdonarme si vuelves! Te amo, te extraño, ¡te quiero de vuelta! ¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo siento!

Creo que esas eran algunas de las cosas que quería decirme en el castillo, pero ahora empiezo a caminar.

Es momento de darle una visita a Freddie, estoy un poco cansado de esta mierda, y estoy seguro de que estará encantada de escuchar algo de esto.


Camino prácticamente por todos los pasillos de la sección de dormitorios de las chicas, no tengo la menor idea de dónde diablos puede estar su puerta, y en verdad me gustaría saber lo que tiene que decir.

Digo, puede verme, y es algo obvio considerando la clase de magia que usa su familia, pero no creí que su padre tuviera la capacidad de ver espíritus. Tal vez sea un talento que obtuvo de su madre, si es que alguna vez llego a conocerla o si ella llega a mencionarla. No sería la primera vez que alguien no conoce a uno de sus padres, lo mismo ocurre con Jay, Mal e Evie, y ahora con ella.

Antes de darme por vencido e intentarlo más tarde llego a un pasillo oscuro, más oscuro que el resto si tengo en consideración las grises nubes y la lluvia de afuera. Hay bombillas iluminando, no obstante parece como si la puerta estuviera oculta dentro de una anormal sombra.

Bien, acepto que detesta el sol pero de todos sabe cómo seguir los clichés al pie de la letra.

Estiro la mano para llamar a la puerta, la que dice Freddie Facilier en la placa, pero contraigo la mano ya que nada de lo que toco puede sentir mi tacto. Me miro los pies solamente para cotejar que sigo sin producir sombra, y los pequeños lapsos en los que llego a sentir cosas han cesado desde que entré al edificio.

Las caras que veía en el castillo han vuelto a sus actividades, cambiaron sus atuendos pero de todos modos siguen imperando los colores oscuros: azul, rojo, verde, amarillo, naranja, rosa, toda la gama de colores en tonos sombríos, atípicos para la población acostumbrada a cosas felices.

Mi culpa, y no lo lamento.

—Freddie, abre la puerta. Soy Carlos —digo, casi a modo de orden, y espero un par de segundos antes de escuchar sus pasos del otro lado. Abre la puerta con un solo movimiento y esa sonrisa que esbozaba desaparece lentamente, mira por encima de mí, como si tratara de mirar a alguien colocado a mi espalda.

—Juraría haber escuchado algo —rueda los ojos y cierra la puerta con un azote, dejándome con la boca abierta y con muchas cosas que decir.

Dijo que viniera cuando quisiera, dijo que podía verme. Es una mentirosa, otra más de las que parecen abundar ahora, y al tener algo que ver con Jay supongo que en sus ratos libres competían para ver quién era el mejor mentiroso o algo similar, nunca me detuve a preguntarle a él lo que hacían, sólo un par de cosas, y agradezco que de ellas no me haya respondido todas.

Dejo salir un sonoro bufido y giro sobre mi flanco derecho, apenas doy un paso cuando la puerta vuelve a abrirse, su mano se coloca en mi hombro y con un poco de empeño logra arrastrarme hasta el dormitorio, cerrando la puerta detrás de mí y colocándose contra ella, usando el pestillo.

¡Acaba de tocarme! ¡¿Cómo demonios pudo hacerlo?!

—Verás —dice mientras camina, su cabello azabache cae en una larga cascada que le llega un poco más debajo de la cintura, y es raro verla sin ese pequeño sombrero en la cabeza—, ya que papá adquirió muchas habilidades por parte de los espíritus pude heredar algunas, y debo admitir que las más geniales ya que si no estoy segura que seguirías caminando sin rumbo por aquí.

Me quedo de pie mientras camina de un lado a otro, el camisón púrpura que supongo usa para dormir la sigue a su paso, aunque es temprano para dormir. Quizá sólo se trata de ropa cómoda, o tal vez no planea salir de aquí hasta mañana por la mañana, de todos modos tiene comida ya que el uso de su magia requiere un constante gasto de energía, eso según las palabras de Evie.

Esa es una ventaja de Mal sobre Freddie, Mal puede utilizar su magia sin tener que descansar o nutrirse para volver a intentarlo. Pero Freddie es poderosa al usar sólo el chasquido de sus dedos o movimientos de sus manos para crear magia, Mal necesita largos y graciosos hechizo.

—¿Por qué no llamaste a la puerta en primer lugar? Digo, ahora estamos en un mundo civilizado, de bienhechores pero es civilizado, y las personas civilizadas llaman a la puerta.

—Nadie percibe mi tacto, lo intenté con Hada Madrina y ni siquiera se inmutó un poco —suspiro ya que es un poco triste ser todo y nada. Ambivalente, no debo olvidarlo.

—¿Y al menos lo intentaste? —al fin se detiene y se acerca a mí, estira la mano y hago lo mismo, entregándole mi derecha. Acaricia el dorso mientras me mira a los ojos, sigo sin sentir algo.

—No, si no pude tocar el hombro de Hada Madrina y ahora no siento el toque de tu mano no entiendo para qué…

Antes de que pueda terminar usa la mano izquierda, la que no había notado que tenía detrás de la espalda, para apuñalar mi mano con un afilado abrecartas. Por acto reflejo e instintivo tengo que gritar, al segundo siguiente noto que no hay sangre, no hay dolor, no hay nada, sólo el abrecartas atravesando mi mano sin producir algún tipo de herida profunda que requiera inmediata atención médica.

—¡¿Cuál es tu maldito problema?!

—¿Duele? —saca el cuchillo por las malas y lo lanza sobre su hombro, gira en el aire hasta incrustarse en la pared detrás de ella, más precisamente en la diana para dardos prendida a un lado de una espeluznante máscara negra.

—Por supuesto que no, pero eso no significa que puedas ir apuñalando gente sólo porque te place.

—Auradon los está volviendo tan débiles que quiero golpearlos a todos, a ti más que nadie al no notar el cambio que ocurrió contigo.

Supongo que mi expresión de desconcierto es demasiado grande y notoria ya que gruñe, frustrada, se desploma sobre un pequeño sillón negro y señala el sillón para dos personas que tiene al otro lado de una mesa pequeña.

—Siéntate, te lo dije, tenemos mucho que discutir —obedezco ya que no quiero que algún otro objeto filoso trate de asesinarme, aunque no podría con su mejor intento—. Entonces, lo primero que quería preguntarte es…

—¿Por qué puedes verme? —la interrumpo ya que prefiero ser yo el que lleve el interrogatorio.

—Te lo dije, herencia de papá —cada vez que lo menciona parece más contenta con sus genes, pero en el fondo sé que nunca le ha gustado vivir en su sombra.

—Pero morí, eso no tiene mucho sentido.

—Ah, no estás muerto, no por completo.

La miro por un par de largos segundos, se mira las uñas de la mano derecha por todos los ángulos posibles antes de pasar a la izquierda, luego estira una para tomar un par de macarrones dulces que están dentro un contenedor de vidrio, que asemeja a un cráneo, en la mesa entre nosotros, la que supongo que colocó ahí para ocultar el pentagrama en el suelo. No sé de quién lo ocultaría pero lo hizo.

¿No estoy muerto por completo? ¿Qué se supone que significa eso?

—En verdad necesitas tener más cuidado cuando crees estar charlando en tu mente, un día de estos te traerá problemas y espero estar ahí para poder reírme un rato —habla con el macarrón todavía en la boca, algunos trozos logran saltar hasta mí pero es lo que menos importa.

—Acabo de causar un gran problema, puedes reírte de eso.

—Ya lo hice, y reírte de un chiste repetido no tiene la misma gracia —se limpia los labios con la mano y me sonríe, una fingida sonrisa que logra volverse verídica al tensarle los ojos.

—¿Te importaría explicar? —me encojo un poco de hombros.

—Ya que no tengo más opción… —deja caer la cabeza y contempla el techo, balancea la pierna derecha sobre el descansabrazos del pequeño sofá—. No voy a explicarte cómo funciona el inframundo porque la verdad tampoco lo sé, de entre lo poco que sí sé es que cuando una persona muere de un modo placentero sólo desaparece, o se queda por decisión, no va al cielo como los ñoños aquí lo creen al no haber tal cosa —me permito una sonrisa al pensar en la posibilidad, pero sigo sin sentir la alegría—, cuando alguien muere de un modo agresivo se queda, pero sólo es alguien que va por ahí sin rumbo, quejándose de lo que le ocurrió y odiando a todo el mundo.

—No entiendo el punto de todo este relato.

—Cállate, estoy en eso —rueda los ojos y se pasa las manos por el rostro, su ademán de frustración. No sé a quién me recuerda cuando hace eso…—. En fin, para no dar más vueltas lo común con ellos es el desprendimiento de un halo de luz blanquecina, pero en tu caso, grandísimo torpe, el halo que se desprende de ti es amarillento, como la barrera de la Isla, lo que significa que hubo magia de por medio, y eso es lo que quería discutir contigo. ¿Qué demonios hiciste?

Es demasiada información que digerir, tanta que me quedo callado y es como si sintiera la garganta comprimida, o es algo que debería sentir, aunque quizá también algo de migraña al no entender en el primer intento una explicación, lo cual es muy frustrante.

Se supone que morí de un modo agresivo, displacentero para que suene lindo, y de ser así debería tener luz blanquecina para quejarme de lo que sucedió, pero hubo magia involucrada. ¿Eso en qué me convierte?

Levanto la mirada y no parece notar mi pensamiento, esta vez sí lo mantuve sólo para mí.

—N-no… no estoy muy seguro… —digo, rememorando ayer como si hubiese sido una simple pesadilla, una de las abundantes y en las que Jay no está ahí para abrazarme, para protegerme de ella—. Jay me dijo que tuvo relaciones con una chica y todo dentro de mí pareció venirse abajo.

—Como dije, débiles.

—Cállate, es mi turno de hablar —rueda los ojos a la par que sonríe apenas lo necesario para enfadarme y hacerme querer salir de aquí—. Huí del dormitorio y me escabullí en la oficina de Hada Madrina, utilicé su computadora para abrir su colección de pociones, las bebí todas antes de abrir la ventana y… bueno, ya sabes el resto de lo que sucedió —omito algunas partes pero en cierta forma es todo lo que pasó, Freddie asiente despacio y por un momento todo es silencio, luego se mueve en el sillón.

Se acomoda como una persona común en un mueble pensado para sentarse, el genuino interés por lo que acabo de decir brilla en sus ojos, aunque no estoy seguro si lo hace por confirmar su teoría sobre la magia o si tiene pensada alguna forma de obtener información para tener acceso a la magia, de cualquier manera todavía tiene que aprobar Bondad Correctiva Inicial.

—¿Pociones? —asiento con la cabeza, despacio—. ¿Qué clase de pociones?

—Freddie, tenía demasiadas cosas en la cabeza, lo último que pude notar de modo consciente fue el momento antes de salir del dormitorio.

—Piensa, Carlos, piensa en alguna de esas pociones.

Chasquea los dedos derechos para que tres libros, sorprendentemente gruesos, aparezcan y se apilen sobre la pequeña mesa, el peso no parece ser bondadoso con la madera ya que la escucho crujir por el esfuerzo.

Le doy su tiempo para que busque la sección apropiada en cada uno, aunque no creo que muchos libros tengan el apartado 'magia de Hada Madrina convertida en abundantes pociones' impresos en ellos, o escritos a mano. Tiene un libro escrito a mano, ¿en qué clase de milenio su familia decidió nacer para que se conserven antigüedades como esas?

Son invaluables, estoy seguro de que Jay podría venderlos a un precio que ni él puede imaginar.

Y ahí voy a pensar en él de nuevo.

Mentiría si no estuviera preguntándome lo que está haciendo justo ahora, si sigue afuera del gimnasio o si llevó su nube de odio contra sí mismo a otro lugar, e incluso viene a mí la idea de que está suplicando por el perdón de Mal e Evie.

También pienso en ellas, en la manera en que Evie logró tranquilizarla en lugar de Ben, y en la larga conversación que Mal tendrá con Hada Madrina por usar su magia de una manera negativa. No la enviarán a la Isla, eso es seguro.

—Tierra al muerto, ¿pensaste en las pociones? —me saca de mis pensamientos, y escucharla referirse a mí como 'al muerto' hace que quiera salir más de aquí.

—Ugh, no las recuerdo del todo, sólo algunas.

—Dilas y ya, es lo único que necesito —ambos rodamos los ojos. Quizá no seamos tan diferentes después de todo, tenemos al mismo chico en común.

—Uh, rayos, no lo sé, ¿Anhedonia? ¿Furia? No lo recuerdo del todo.

—Sigue, nada de eso me es útil —pasa página tras página en los libros y en efecto ninguno parece serle suficiente.

—Mmmh, había una que se llamaba Poción de Salud, Suerte también era otra, Separación era una de las más extrañas y…

—Esa, Separación. ¿Recuerdas cómo era, el color, el sabor, algo? —toma libro tras otro hasta que parece encontrar algo en común en ellos, luego me mira, y si trata de negarlo la exaltación en su mirada es difícil de ocultar.

—Era… gris, el líquido era gris, espesa, el sabor era agridulce pero lo agrio era lo más destacable. Tenía una nota al reverso pero no me molesté en leerla.

Deja de mirarme y hace una lectura rápida en al menos veinte páginas por libro. En vista de que no tengo nada mejor que hacer me dedico a caminar por su dormitorio, viendo algunos objetos que parecen más antiguos que la magia en sí, otros artefactos que seguramente se usaban en ceremonias vudú, y el vestido negro que usó en el funeral está en un bote de basura.

Tomo un crucifijo hecho con palitos de algún árbol, están atados juntos con un lazo amarillo con una inscripción en francés al frente, lo distingo por el uso de las equis entre las vocales. Sé que no debería tocar nada de lo que está aquí, algún tipo de maldición o demonio debió verter su magia en ellos para que estén malditos, para que sean letales para quienes no sepan nada sobre la magia negra.

Estoy muerto, a quién le importa.

—Tengo buenas noticias para ti, torpe. Puedo hacer que respires de nuevo —el crucifijo cae de mi mano izquierda y la derecha se desliza sobre la superficie del estante, derribando un par de contenedores de cristal. Los lamentos de lo que sea que estaba adentro son audibles mientras se desvanecen en el aire—. Grandioso, ahora tendré que ir a un cementerio a buscar otro demonio miniatura, y son raros.

—Olvida tu demonio miniatura por un segundo, ¿cómo que puedes hacerme respirar de nuevo? —se levanta del sillón y camina hacia mí.

—Te dije que no estabas muerto del todo, esa poción sirve para dividir a una persona, se usaba como método de protección en las antiguas guerras para los reyes y los príncipes —hago una expresión que diga 'sigue con tu historia' porque ahora esto me parece interesante—. La idea es que se divide la fracción física de una pequeña fracción del alma, la fracción física puede ser herida o aniquilada pero la diminuta fracción del alma que se queda atrás sirve para que, con un hechizo, pueda ser empleada para devolver a la vida.

Levanto el crucifijo y lo coloco en su sitio, me muevo hasta un muro y coloco la espalda encima para darme un poco más de apoyo. Puedo… puedo volver…

—Por eso mantienes tus recuerdos, por eso el brillo amarillento, eres algo así como energía que está lista para regresar al cuerpo físico, sólo necesitas que use un poco de mi magia además de que tenga una muy larga charla con los espíritus para que la resurrección sea más sencilla y…

—No quiero volver —parecía tan inmersa en su discurso que al escuchar eso casi parece querer golpearme, más que antes—. Jay está recibiendo su merecido, es algo que no volverá a pasar en mucho tiempo, necesita algo de confrontación para que todo lo que escuche tenga el efecto esperado en él, si en verdad quiere un verdadero cambio en su vida.

—¿Y las otras personas que lloraron por ti? ¿Qué pasa con ellos?

—Son simples daños colaterales, lo que importa aquí es que no quiero volver.

Intercambiamos una mirada, una lucha silenciosa entre dos ideales, aunque no entiendo si en verdad ella está en la postura de ser 'la buena' en esto y traerme de vuelta. Si no estoy aquí podría volver a intentar algo con Jay, o podría seguir como la chica sin alma que suele ser y restregárselo en la cara hasta que lo vuelva lo suficientemente loco para que olvide que es una dama y la confronte a golpes.

Ella es quien rompe el contacto visual, deja caer pesadamente los hombros y se acerca para recoger los estragos de lo que hice, musita un par de insultos mientras avanza aquí y allá recogiendo fragmentos de cristal, hechizos escritos en pequeños trozos de papel, y embotellando nuevamente algunas flamas azules que se escondían debajo del estante junto a mí.

—Pero… —hace un pequeño movimiento con la cabeza, haciéndome notar que me está escuchando—, en el caso de que quiera volver, ¿qué debo hacer?

—Recurrir a mí, eso es obvio —levanta los brazos, enfatizando la obviedad—, pero si quieres hacerlo debe ser pronto, la energía que te mantiene aquí se gasta, así que tienes máximo un mes para decidir lo que quieres, si quieres volver o si en verdad estás preparado para morir completamente. Debes pensarlo bien.

Un mes.

Cientos, miles de cosas pueden cambiar en tan poco tiempo, ya que decirlo es fácil pero vivir esos días es algo completamente diferente. En un mes Jay podría encontrar a alguien más, las chicas podrían perdonarlo, todas las cosas que hice podrían ser olvidadas y la vida podría continuar con su rumbo ininterrumpido.

Decisiones, decisiones.

—L-lo pensaré —titubeo, pensando en algo que en verdad me gustaría hacer al mismo tiempo que al fin pienso en las repercusiones de mis actos—. ¿También p-puedes…?

—También puedo… ¿qué? —levanta ambas cejas, invitándome a seguir con mi idea. Al diablo, suena divertido.

—¿Puedes hacer que me vea? Jay, me refiero a él. ¿Puedes hacer que me vea?

Termina de acomodar las cosas en su respectivo sitio, se alisa el camisón y me dedica una mirada que conozco muy bien, es la mirada que solía compartir con Mal, Evie y Jay antes de poner en marcha uno de los brillantes planes de Mal para probarle a nuestros padres que también podíamos ser tan malvados como ellos.

—¿Estás pensando lo mismo que yo? —pregunta, arqueando una ceja y con ese tono malicioso en su voz. Sé lo que está pensando, y en sentido estricto no es lo que quiero hacer, pero un poco de diversión a todo esto no vendría nada mal.

—Un par de bromas no estarían mal, ¿no lo crees?

Sonríe con mayor satisfacción y toma uno de los múltiples libros que hay en un estante junto a su cama, uno de siete, y todos ellos tienen libros. No creo que los haya tomado de la biblioteca, habría sospechas y búsquedas en todo lugar, así que deben ser de la colección privada de su padre, una colección cuya ubicación sólo conocen los Facilier, y no es que haya muchos sueltos después de que Bestia los encerró a todos en la Isla.

Además tampoco dudo que haya algún tipo de hechizo en este lugar para que, a los ojos en quienes no se puede confiar, entiéndase los ojos de los habitantes de Auradon al ser un enorme grupo de soplones, su dormitorio se parezca a cualquier otro, con una simple cama, un par de muebles y un escritorio, no una guarida para el desarrollo de cualquier nuevo plan malvado.

Pasa hoja tras hoja del libro cuyo papel es amarillo y desprende partículas de polvo, además las hojas se ven tan antiguas que con un poco de fuerza se podrían arrancar. Señala un hechizo en particular, se aleja para tomar algunos ingredientes y un mortero mientras le echo un vistazo.

Se trata de algo simple, el resultado se parece a brillantina pero de acuerdo con los libros le permite a los mortales ver espíritus por el lapso de tiempo que el creador de la magia decida, y si Freddie es la clase de persona que toma lo que dices para darle un significado completamente diferente entonces no me imagino lo que Jay está a punto de enfrentar, y seré parte de ello.

—¿Y? ¿Encontraste a tu adorado en algún sitio? —pregunta mientras tritura cosas en el mortero y pronuncia cosas en una lengua que no entiendo, suena un poco a latín pero no creo que todas las palabras hayan sido escritas por humanos.

—Sí, lo encontré en el gimnasio, leyó un par de notas que dejé escritas para él y rompió en llanto.

—¡No es cierto! ¡Debiste filmarlo o algo por el estilo! —se echa a reír, el sonido es tan sincero que me es imposible unirme a ella, y gradualmente la leve risa se convierte en sonoras carcajadas. Necesitaba algo como esto, necesitaba algo que me devolviera la capacidad de sentir, aunque me esté riendo de él.

No es algo tan malo.

En vista de que Freddie está demasiado concentrada en su tarea con el hechizo decido recostarme en el sillón, entrelazo las manos sobre mi pecho en el modo en que mi cuerpo lo hacía en el ataúd. No supe dónde fui sepultado, pero no creo que sea difícil de adivinar, Auradon no parece el sitio donde abunden los cementerios.

—¿Te contó que terminé con él porque tenía sentimientos por ti? —estaba a punto de cerrar los ojos cuando esas palabras me quitan completamente la fatiga del día. Trago con fuerza ya que esto es nuevo.

—No, nunca lo dijo.

—Es algo bastante gracioso, y estúpido si lo pienso. Todo comenzó…

No le presto mucha atención ya que me hundo en mis pensamientos, tengo en consideración que si necesitaba una verdadera razón para volver entonces Freddie me la está dando, me está contando que Jay la cambió por mí, la razón por la que todo terminó entre ellos soy yo.

Eso es un arma de doble filo: me hace sentir como alguien por quien sentía algo desde hacía tiempo, pero también me dice que sí es la clase de persona que cambia de gustos o afectos en un parpadeo.

Retomo mi posición mientras cierro los ojos y escucho sus palabras, pensando también en lo que sea con lo que pueda pagarle ya que nunca hace nada gratis, siempre tiene que recibir una pequeña retribución por sus malévolas acciones.

Decisiones, decisiones.

Qué hacer…

Qué hacer…