Nada de esto me pertenece, excepto Amelia. (Espero que os guste)
Me encontraba justo delante de su puerta, todavía no me encontraba segura de llamar. Pero mi brazo se estiró hasta tocar el timbre, ya no había vuelta atrás. Tras un momento, la puerta se abrió, pero delante de mi no se encontraba Wilson. Una mujer rubia de unos 40 años se encontraba tras la puerta, y al ver mi cara de extrañeza, me dijo:
-¿Hola?
-Eh, hola... ¿Vive aquí Wilson? - Pregunté.
-Sí, pero se ha ido a trabajar, o por lo menos eso es lo que me ha dicho. - Me contestó con una media sonrisa. Por su aspecto, parecía que acabase de salir de la cama.
-Ah, vale. - Dije aún algo extrañada.
-¿Quieres que le diga que le buscas si le veo? - Parecía que decía aquello como si la posibilidad de volver a verlo fuese algo poco probable.
-No, no tiene importancia. Adiós. - Y me dirigí de vuelta al coche.
Aunque no sabía quién era aquella mujer me podía imaginar muy bien la situación: Wilson, bebiendo en bares, se topó con esta mujer y la cosa acabó en su casa. Fin.
Me sentía aliviada al saber que Wilson estaba sano y salvo en el hospital, ya no tenía que preocuparme más por él, podía quitármelo de mi cabeza (aunque sea intentarlo) a pesar de que no me quisiera volver a hablar. Pero bueno, eso se vería mañana.
7:00 am. Despertador.
Hoy no podía quedarme hasta tarde dando vueltas en la cama, tenía que trabajar. Era un día lluvioso, gris, en los que apetece quedarse en casa con una manta y viendo una película o leyendo un libro, pero eso no podía ser hoy (y casi ningún día, sobre todo si eres médico)
Tras la rutina de cada mañana: House rechazando todos los casos hasta que uno le interesa, todos nos pusimos manos a la obra. Estaba pasando por el puesto de las enfermeras para dejar el formulario para que le hiciesen unas pruebas al paciente cuando vi a Wilson. Estaba allí de pie, hablando con una enfermera. Estaba sonriendo mientras escuchaba lo que la enfermera le decía, parecía que estaba bien, bastante bien en comparación a la última vez que lo vi. Me paré en el puesto de las enfermeras y me dirigí a una de las que estaba allí.
-Hazle el TAC y la extracción de sangre al paciente de la 73. Gracias. - Dije, y noté que Wilson me escuchó y que clavó su mirada en mí. Intentaba mantener lo más alejada posible su mirada de la mía y en cuanto la enfermera cogió los papeles yo me giré para irme, algo apresurada. Sentí pasos detrás de mi y una voz diciendo mi nombre, su voz.
-Amelia.
Yo me giré como si nada, como si no me hubiese dado cuenta de su presencia antes.
-Ah, hola Wilson.- Le dije como si nada.
-¿Podemos hablar? - Me dijo, con una mirada algo arrepentida.
-Ahora no puedo, tengo mucho trabajo. - Eso en parte era verdad, pero por otra parte no me apetecía enfrentarme a él ahora mismo.
-¿Y te podrías pasar por mi despacho a la hora de comer? - Me preguntó, casi en una súplica.
-Vale, si tengo un hueco me paso. - Aunque quisiera evitarlo, no podía hacerlo por mucho tiempo y lo mejor era escuchar lo que me tuviera que decir.
-Gracias. - Me dijo, algo más aliviado.
Yo me quedé allí de pie, sin saber qué hacer o decir, simplemente sosteniendo su mirada. Me giré y me fui a seguir con mi trabajo sin decir nada más.
Habíamos resuelto el caso, tenía espacio para ir al despacho de Wilson, no podía poner más escusas. Toque en la puerta de su despacho antes de abrir la puerta.
-Adelante. -Escuche a través de la puerta.
Al entrar, Wilson se encontraba de pie guardando unos papeles en los archivadores que tenía en su estantería. Al girarse y verme parecía algo sorprendido, como si pensase que no iba a aparecer por ahí. No me extraña, ni yo estaba seguro de estar aquí.
-Amelia, siéntate. -Me dijo, señalado las sillas de junto al escritorio.
-No, estoy bien de pie. -Al decir esto, el tampoco se sentó, se quedo de pie detrás del escritorio.
-Bueno, quería hablar contigo... - Dijo, poco seguro de si mismo.
-Lo sé, por eso estoy aquí. - Dije, no sabía donde mirar, así que miré al suelo, concentrándome en mis tacones negros, esperando a que Wilson decidiera las palabras para comenzar a hablar.
-Bueno, estaba muy mal y hice mal en ir a tu casa. - Por fin comenzó a hablar.
-Sí, te pasaste y mucho. -Dije, sentía que ahora estaba enfadada.
-Lo sé, sabes que esas cosas que te dije no las siento ¿verdad?
-No, no lo sabía. -Dije, algo molesta. Parecía que todo aquello que me dijo, aunque estuviese borracho, iban muy enserio.
-No lo decía enserio Amelia... Es verdad que no estaba contento con lo que pasó con la paciente, pero se me fue de las manos.
Yo seguía allí de pie, con los brazos cruzados, sin saber que decir.
-Bebi más de la cuenta y encima cuando abriste la puerta y vi a tu ex allí...
-Drew no tiene nada que ver en ese comportamiento de gilipollas que tuviste conmigo.- Si quería usar a Drew como excusa, no lo entendía.
-No digo eso es sólo que...-Dijo nervioso, mientras esquivaba mi mirada.
-¿Qué?
-Bueno, te acuerdas que me contaste tu historia con Drew y vuestra ruptura por su culpa, por que se acostó con otra...
-¿A dónde quieres llegar con todo esto? - He de admitir que me estaba poniendo de los nervios.
-Simplemente me molestó ver qué te acababas de acostar con él y pensé mil cosas en aquel momento que me enfadaron aún más.
-¿Porque te importa tanto que me acueste con Drew? - Pregunté, y en aquel momento me arrepentí de la pregunta. No sé en qué momento Wilson dejo de estar detrás del escritorio a estar solo a un pequeño paso de mí.
-Me importas. -Dijo, y esa vez sí que se encontraba mirándome fijamente a los ojos. Sentí en aquel momento, en aquel intercambio de miradas, algo diferente entre nosotros dos.
-Vaya manera de demostrarlo... -Dije en apenas un susurro, que solo él fue capaz de oír debido a su cercanía a mí. Esa cercanía que cada vez podía sentir más. Apenas nos separaba unos insignificantes centímetros el uno del otro. A través de esos centímetros, nos encontrábamos unidos por nuestras miradas, podía ver sus ojos color caramelo que tenían una mirada indecisa y a la vez intensa. En ese instante, con esa cercanía, me puso nerviosa, tan nerviosa que di un gran paso atrás intentandome alejar de aquella cercanía, o más bien de aquel sentimiento. A pesar de que nuestra distancia se hizo más grande, su mirada todavía seguía en mi y pude apreciar como aquella mirada cambiaba, como si se despertase, al igual que yo, de aquel sentimiento que por un momento nos había envuelto. Fue él el que rompió aquel silencio;
-¿Me perdonarías invitándote esta noche a tomar una copa? - Me dijo, poniendo a propósito cara de cachorrito abandonado, sabiendo que me sacaría una sonrisa.
-Que sepas que me pediré las copas más caras. - Dije, amenazándole.
-Faltaría menos. - Dijo, con una sonrisa triunfante.
