"El chico es bueno…", se dice Mundok observando el entrenamiento diario de su nieto.

Las maneras de Hak están llenas de nobleza, en la lucha y en la vida…

Pero Mundok, más viejo y por ende, más sabio y conocedor de la naturaleza humana, a veces cree advertir un destello oscuro en sus ojos. Algo que ha visto antes en guerreros ya muertos, y que ciega a la razón y solo conduce a la locura.

Hak, mientras, prosigue su entrenamiento con el quandao. Velocidad y equilibrio, precisión y eficacia… Ni un movimiento de más ni uno de menos, tan solo el silbido que corta el aire y (algún día) la carne del enemigo.

Un guerrero, sí.

Mundok reza para que la mirada de Hak permanezca siempre limpia y clara.

Y reza también para que solo sean imaginaciones de un viejo tonto…