De regreso a la vida X

Rin se sentía especialmente preocupada, cuando había abierto los ojos aquella mañana estaba confusa, pero muy feliz, eso cambió radicalmente desde que empezó hablar con Yazumi. Las dos estaban sentadas en sus aposentos, unos dulces frente ambas se mantenían intactos. La palabra inmoral circulo varias veces en la conversación, también la de desnudez, las dos con significados aterradores.

― Usted entonces lanzó la comida y todo cuanto estuvo a su alcance a Gaukeshi y Shiri, las dos se marcharon a servir a la residencia del general Masushiro… ―ruborizada escucho el relato de Yazumi, aquellas dos hanyou la habían tratado muy bien y eran las encargadas de preparar sus comidas. Todo cambio, ahora la detestaban, se lamentó.

Yazumi tenía una lista interminable de anécdotas al respecto, pero afirmo que quien estuvo con ella más tiempo fue su señor Sesshomaru –el amo le dirá muchas más cosas que yo- eso la preocupaba mucho ¿Qué tantas cosas le hizo pasar a su amo? ¿La odiaría? Se preguntó temerosa. Su amo se esfumo después de que ella despertó y no lo había visto aun, eso solo podía significar que estaba hastiado de su presencia. Era pensamiento desgarrador.

―…Además el día de ayer permaneciste varias horas bajo la lluvia "protegiendo unas flores" ―relató la mujer sacando a Rin de sus pensamientos ―Imagino que es por esa razón que te sientes tan débil, no quisiste comer y durar bajo horas a la intemperie debe haberte afectado.

―No creo que existe nada más terrible, que haberle exigido al amo que se bañase conmigo ― dijo totalmente sonrojada ― Pero él no… lo hizo... ¿Cierto? ― preguntó temerosa.

―Bueno no sé cómo decirle, pero el amo se encargó de eso los primeros días en los cuales usted se negaba a siquiera alejarse de él ― explicó, causando que la chica palideciera.

― ¡NO! ―grito, sorprendiendo a la mayoría de los yokai del castillo ― Me voy a volver loca, no puede ser primero me desnudan en una bañero lleno de sangre y ahora me dices que mi amo Sesshomaru se encargó de asearme porque no deseaba acercarme a los yokai, ¿tú le ves lógica? porque yo no puedo entenderlo ― hablo de manera apresurada mientras agarraba las manos de Yazumi intentando que le dijera que era una broma. De muy mal gusto.

―Tranquilícese, ahora solo tiene que hablar con el amo, todo estará bien ―intento consolar a la joven cosa que no logro en absoluto.

―Pero no entiendes y si yo me entregue a mi amo y no lo recuerdo, imaginas que uno de esos días yo me le hubiese ofrecido― jadeo desesperada.

― ¿Y qué tiene de extraño? no es como si fuera la primera…― comentó, la yokai detuvo la frase al ver el rostro de Rin, entonces su sorpresa fue enorme ― No me digas que tú ¿nunca has estado con el amo Sesshomaru?

El rostro de Rin se agacho avergonzado por esa pregunta, pero de igual forma contesto de manera casi inaudible pero que logro entender Yazumi quien abrió sus ojos sorprendida, el hecho de que Rin ya fuera una mujer y nunca se hubiera acostado con Sesshomaru era bastante irracional. Ella siempre creyó que esa era la razón por la que su amo la había traído al palacio y entonces se acababa de enterar que eso no estaba ni remotamente cerca. Definitivamente era algo descabellado. Su amo aunque era un inuyokai, un varón y tener a Rin durmiendo a su lado todos las noches y nunca la hubiese tomado. Absurdo.

―Pero… ¿estas segura Rin? ¿Sabes que eso verdad? tal vez estas confundida― intento hablar la yokai, pero la humana simplemente negó con la cabeza.

―Yo sé lo que es Yazumi y nunca ha pasado nada ― susurró. La joven sentía como sus mejillas estaban enrojecidas, además que el dolor de cabeza todavía seguía latente, fatigándola ―Ahora entiendes porque estoy tan angustiada y si me comporte de manera desvergonzada y ¿si Sesshomaru me repudia por mis actos? No sé qué hacer.

―Entonces debe ir a hablar con él ― declaró Yazumi mientras se ponía de pie ― Así que vamos a arreglarla.

―Creo que tienes razón― susurro abatida.

―Aunque veremos primero si aún tienes algún kimono ― comentó recriminatoria Yazumi.

―Pero si tengo muchos.

―Tenias. Olvide comentarlo, pero destruiste todos tus trajes, algunos manchados, otros quemados, rotos…― y la lista continuo, resultaba evidente que Yazumi había pasado días con ganas de decir todo aquello.

Las horas de sol fueron largas y tediosas. Su amo se había marchado del castillo, según los guardias habían partido con rumbo al este y aún no había retornado. También busco a Jaken para ir a disculparse con él por todos los comentarios ofensivos que según le había dicho, pero al igual que su amo él había partido desde muy temprano. Solo quedo ir a ver Ah-Un.

Y allí estaba sentada la humana, junto a su gran dragón debajo de la sombra de un árbol, mirando a la nada. Con la mente vagando, intentando recordar lo que había sucedido pero solo recordaba pequeñas cosas sin importancia como unas flores, mariposas y la mirada de asombro de su amo, pero desconocía porque razón, de resto todo estaba en blanco.

El atardecer llego con un suave rocío el cual la obligo a entrar nuevamente al palacio. Caminar por los pasillos significaba pasar por una multitud enfurecida, lo único positivo es que no la atacaban, claro está que si las miradas mataran ella hubiera muerto antes de siquiera dar dos pasos.

Yazumi le había advertido eso, era increíble que lo que costo meses en lograr en solo tres semanas se hubiese olvidado. El cariño que se ganó entre los súbditos del castillo se había hecho polvo y resultaba realmente triste, pero algo le daba fuerzas, el hecho de que si su amo lo deseaba ella estaría mucho tiempo en aquel lugar. Podría recuperar su cariño, sería una tarea difícil pero no imposible eso era seguro.

Llego por fin a sus aposentos escapándose de todas las miradas envenenas, con parsimonia se sentó frente una mesita donde habían varios pergaminos seguramente de su amo al igual que tinta y papeles en blanco.

Pensó en escribirle a Kagome, dispuso todas las herramientas, aunque mantuvo el pincel en la mano con la tinta goteando no pudo hallar las palabras adecuadas ¿Qué podría decirle? Que murió, tal vez, que estaban en guerra con las tierras del Este, que una desquiciada hanyou deseaba matarla. Suspiro, decidió resumir todas las vivencias.

Necesitaba urgentemente el consejo de alguien externo, no confiaba lo suficiente en Yazumi como para hablar de sus más íntimos temores, ya le había revelado demasiado aquella tarde. En todos esos años seguía siendo la misma, demasiado indiscreta para su propio bienestar, esperaba que Yazumi mantuviese silencio y no hablara de su relación con su amo.

Era inexperta al escribir, los trazos resultaban temblorosos, aunque comprobó que por suerte resultaban legibles. Escribía con lentitud, expresando sus temores y dudas, deseando que Kagome pudiese ayudar a aclararlos. Cuando termino de escribir, el cielo era una combinación de tonos rojizos, una señal inequívoca de que el día llegaba a su fin.

Se levantó con piernas temblorosas y salió de sus aposentos privados, camino por pasillos solitarios, hasta la entrada principal, bajo los escalones y pudo sentir la mirada penetrante de los demonios mirándola desde las esquinas. El camino hasta las grandes murallas, resultaba agotador con el pesado kimono que Yazumi la obligo a vestir (uno de los tres que aún se mantenían intactos), el sonido de sus zori en los adoquines se amplificaba ante el silencio imperante. Para cuando llego a las grandes puertas, ya quería ocultarse nuevamente en su habitación.

Los demonios que custodiaban las grandes puertas la miraron con curiosidad. Dos de ellos se mantenían alejados, como si su sola presencia fuese a contagiarlos con humanidad. ― Necesito que por favor entreguen esto en la aldea de Inuyasha, a la sacerdotisa Kagome ¿Saben cómo llegar? ―los yokais la miraron con antipatía.

―No tenemos tiempo para andar como mensajeros ― comentó uno de ellos y por la forma en que la miraron esperaban que ella se largase, ella frunció el ceño lista para exigirles que fuesen, pero en ese momento apareció el señor del palacio.

Fue una fuerza que pareció materializarse de la nada, justamente detrás de los soldados. El látigo de luz rodeo el cuello del demonio desprevenido. Rin ahogo un grito horrorizado. El otro guardia salto para alejarse.

―Partirán en este instante ― ordenó amenazador, deshizo la presa al demonio que por poco no se derrumbó en el suelo, con pasos torpes se acercó a la humana, para recibir el pergamino que con manos temblorosas le entrego al demonio ―Vamos Rin― la joven asintió, aunque mantenía en su rostro una mueca de preocupación ― No morirá Rin ―comentó con frialdad.

Cada paso que daba Rin tomaba conciencia de todo lo que la estuvo atormentando en el día, mientras subían al entarimado de madera y pasaban por los amplios pasillos a sus habitaciones, comprendió que tendría que hablar sinceramente con su amo. Apretó sus manos, nerviosa.

Sesshomaru descorrió la puerta de sus aposentos, Rin decidió que no tendría el valor e entrar en esa habitación, se rezago lista para escabullirse en su habitación, pero el daiyokai giro el rostro y la miro. No fue necesario que dijese nada más, como un condenado a muerte, camino hasta los aposentos de su amo, este cerró la puerta.

«No es la primera vez que estas aquí» intentó razonar, pero seguía pensando en esas lagunas mentales ¿Qué hice con mi amo en esta habitación? Se interrogaba inquieta.

― Qué bueno que ha regresado amo Sesshomaru ― habló con falsa efusividad para romper el ambiente tenso que se infiltro en la habitación, él simplemente la ignoro y se sentó cerca de puerta que daba hacia el jardín. El inuyokai miraba sin interés el paisaje nocturno, sintiendo como los ojos de Rin lo escrutaban, pero simplemente no le tomo importancia.

―Sesshomaru…― susurro indecisa, no pudo continuar. Se sentó en el tatami, sujetando con fuerza la tela de su kimono. Tenía que preguntarle, se dijo ―Señor Sesshomaru… yo quiero preguntarle ― se mordió el labio temerosa. Sesshomaru la miro con esa mirada que la atravesaba.

―Yo hable con Yazumi y ella… ―respiró hondo, el inuyokai la miraba con curiosidad ― Me hablo de lo que hice…pero entonces… yo no recuerdo…― Rin se detuvo abochornada, su lengua se enredaba y los nervios la mantenían asustada. Sesshomaru comprendió al instante hacia donde se dirigía su humana.

― Habla Rin― exigió perverso, Sesshomaru.

― No, no es importante ― sus manos se movieron desesperadas intentando olvidar el tema. Pero la mirada de su amo le dio la certera seguridad que si era necesario él la obligaría hablar, trago grueso y como pudo siguió.

― Yo quería saber si usted y yo… ― susurro sin respirar y con el rostro oculto en su largo cabello.

Sesshomaru se levantó y camino hasta a ella, arrodillada frente a él, a Rin lo percibió mucho más imponente e intimidante que nunca. El inuyokai descendió, su rodilla apoyada en el tatami, con sus largos dedos retiro el espeso cabello del rostro de su protegida. Rin se sintió azorada, Sesshomaru acerco su rostro, pero no la beso si no que rozo sus labios con su oreja. Jadeo cuando sintió su respiración fría en su cuello.

― No― susurró. Rin escucho las palabras lejanas, su alma pareció escapar su cuerpo.

Sesshomaru se irguió, no quiso insistir, no era ese el momento para tomarla. No lo hizo cuando ella se ofreció voluntariosa, aun cuando su autocontrol ya estaba a su límite, no lo haría en ese momento que estaba asustada.

―Duerme Rin ―dijo con indiferencia, Rin lo miro con ojos vidriosos, temerosa ― No te he tomado Rin ―tuvo que aclarar el inuyokai, vio como Rin asentía, pero dudaba que realmente lo hubiese escuchado. Sesshomaru decidió dejarla sola para que se calmara, ya vendría a él cuando estuviese preparada.

Guerra: la palabra escapaba de todos los demonios del palacio sin importar sus funciones o rango. Rin tenía ya cuatro días sin ver a su amo, pasaba horas con sus consejeros y generales. Rin comprendió muy tarde que esa noche que su amo estuvo con ella, tendría que haber actuado más segura de sí misma, pero nunca hubiese previsto que él ya no se acercaría. No regreso a su habitación, tampoco se creía capaz de interrumpir el consejo de guerra para verle.

Takeshi también se vio inesperadamente ajetreado, Jaken se esfumo y no había regresado. Solo tenía a Ah-Uh, pero le estaba prohibido salir del palacio así que poder ir a visitar a Kagome no era una opción.

Rin pasaba gran el día en el jardín, en las mañana después de asearse se dirigía junto con Yazumi a buscar las flores más hermosas y luego sola se dedicaba hacer arreglos florales que distribuía por el castillo, si las flores aun no estaban marchitas entonces pasaba las horas leyendo, Kagome le había enseñado leer y escribir, pero los textos que se guardaban en el palacio resultaban difíciles de descifrar y el encargado no era dado a explicar, así que cuando frustrada con algún pergamino especialmente difícil, iba al área norte donde los demonios practicaban. Todo ello resultaba monótono, se sentía un espíritu en pena. Lo peor llegaba al anochecer cuando deprimida se acostaba en el futón y sentía como poco a poco se desvanecía la fragancia del hombre que tanto amaba y admiraba.

Aquella noche, Rin llego desanimada, como esperaba la habitación estaba solitaria, aunque ya habían encendido las lámparas y no se encontró en penumbras, un dolor de cabeza comenzaba a expandirse con fuerza, resultaba cotidiano, recuerdos dispersos que no podía entrelazar la agobiaban. Con pasos cuidadosos se desvistió, cuando iba a desatarse el fajín del yukata , todo se nublo, sus pies dejaron de tocar el suelo y la oscuridad la absorbió.

Cuando Sesshomaru entro a sus aposentos, no esperaba encontrarse a Rin desplomada en el suelo, podía ver sus delgadas piernas, los muslos blancos y su torso desnudo con su pecho suave, su rostro impasible con sus grandes ojos oscuros mirando al vacío. La alzo en sus brazos sin poder reprimir el temor, si no fuese por el latir de su corazón, habría pensado que la muerte reclamo su dominio sobre ella.

―Rin ― la llamó, el pronunciar su nombre pareció conjurar en ella un retorno a su cuerpo, parpadeo, mirándole con sorpresa.

―Mi señor…― susurro, alzando su brazo acariciando el rostro inescrutable del inuyokai.

― ¿Qué te sucedió? ―interrogó el demonio, la joven lo miro sin comprender. Sesshomaru la ayudo a sentarse y entonces noto que su kimono se mantenía precariamente anudado en su cintura, sus pechos y sus brazos desnudos. Ruborizándose, se cubrió pudorosa.

Sesshomaru bufo molesto, y con cierta brusquedad deshizo la barrera impuesta por los brazos de su humana. Respirando superficialmente, Rin miro a Sesshomaru abochornada, pero él no pareció interesarle su timidez. Se acercó y la olfateó con cierto deleite, instándola a tumbarse en tatami, cuando la tuvo tendida la acorralo con su cuerpo y deslizando su nariz por cada porción de su piel, cuando llego a sus pechos, Rin pensaba que moriría vergüenza, pero no lo hizo.

El inuyokai apoyo una de sus manos en el suelo y la otra se encargó de desatar el obi que mantenía atadas a Bakussaiga y Tenseiga, las dejo a su lado, sus dedos dejaron la empuñadura para dirigirse a la carne desnuda de Rin, subió por su rodilla, hasta su muslo, deshaciéndose del molesto kimono, sintió la húmeda de su centro, con la nariz recorrió su cintura que se contraía al sentir su respiración.

― ¡NO! ¡Por favor no! ― chilló asustada, las garras de inuyokai se deslizaron perezosas por sus muslos, pero al final la abandonaron, la humana cerro las piernas con fuerza.

Sesshomaru se levantó, se anudo el cinto, tomo sus espadas y la miro con frialdad. Rin se mantenía abrazada a su kimono, sin decir ninguna palabra. ― Mañana partiré al Este, la guerra no debe posponerse por más tiempo… cuídate Rin.

Rin lo miro desesperada, quiso rogarle que no se fuera, pero no encontró su voz y solo pudo llorar sola nuevamente en aquella habitación demasiado amplia para un alma solitaria.

Sesshomaru estaba enfrente a su ejército, filas y filas interminables de demonios. Rin en las murallas se mantenía erguida, intentando no hacer notar su nerviosismo ante la partida de su señor a la guerra, rodeada de soldados hostiles que defenderían el palacio en ausencia del Señor del Oeste.

Yazumi como era habitual atavió a Rin con un majestuoso kimono que le entrego Jaken aquella misma mañana, la yokai se horrorizo al ver las ojeras en su rostro y tuvo que maquillarla, pero ante la inminente batalla que su amo iba a enfrentar las lágrimas ya habían borrado todo su trabajo.

Jaken diminuto en comparación parecía tomar fuerzas de su amo, a su lado sujetaba el báculo de dos cabezas como sin con el fuese a aniquilar a todos sus enemigos. Los generales alzaron sus armas y fueron secuenciados por los demás demonios enfebrecidos de sangre. Rin sintió un escalofrío recorriéndole el cuerpo. Su amo se subió al lomo de Ah-Uh, Jaken se tomó de la estola del inuyokai y emprendieron vuelo. El grito de guerra ensordecedor aun su escuchaba, mientras las filas de demonios seguían la estela del daiyokai.

―Ganaran, el Oeste nunca ha perdido una guerra― comentó un demonio a su lado, no conocía su nombre, pero le agradeció con una breve reverencia, antes de encaminarse a las torres para poder bajar de la muralla.

Ganarían, Rin lo sabía, pero no dejaba de preguntarse a qué precio lograrían aquello. ¿Cuánto tardaría la guerra?, ¿llegaría el invierno antes de volver a tener a su amo de regreso? Se preguntó afligida.

Entonces rememoró lo sucedido la noche anterior y sus mejillas se tornaron de un profundo borgoña, había flaqueado, su inexperiencia y temores la hicieron retroceder, aun cuando ella sabía que lo deseaba. Tendría que hablar con Yazumi, la próxima vez ella daría el primer paso, seduciría al demonio.

Continuara…

Mis más sinceras disculpas por esta semana de ausencia, pero he estado con los ánimos por el suelo, mi país (Venezuela) afronta una situación terrible, que no parece tener fin, puede que algunas vieran las fotografías de la marcha el primero de septiembre, que resulto en una movilización masiva yo vivo en un estado muy cercano a la capital y aun así desde el martes estuve en Caracas y para no hacer largo mi relato, regrese el sábado y hasta hoy conseguí ánimos para publicar.

Gracias por sus comentarios en el capítulo anterior. Quienes leyeron la historia original notaron algunas variaciones, espero que fuesen de su agrado. Nos veremos el miércoles con el onceavo capitulo.

Nahomy H.