Hola a todos!!
Bueno, volviendo al ritmo de actualización del principio, vualvo con un cap cada semana. A todos los que me habeis mandado un review: Muchísimas gracias!!n De verdad, sois la razón por la que sigue esta historia. Espero haberos respondido a todos. Gracias!!
Y respecto al capítulo... ha salido algo raro, porque son como muchas escenas en diferentes momenos, con diferenes personajes y... no estoy muy convencida de ello, pero espero que os guste. Tampoco estoy muy convencida con la parte de Harry y Ginny, pero estarde, me voy a dormir y quería actualizar hoy... De todos modos, el próximo capítulo también tendrá bastante de ellos, así que si no os gusta darme una segunda oportunidad con el siguiente jeje.
En fin, sin más tonterías... osdejo con el siguiente capítulo:
CAPÍTULO 10: Limpiar tus lágrimas
Después de todo lo que les había contado Harry hacía unas horas, no podía dormir. Cada vez que cerraba los ojos la imagen de Sirius venía a su cabeza y le recordaba lo que iba a suceder. Fue en ese momento cuando empezó a darse cuenta del futuro al que Harry tanto miedo tenía de volver. Y no era extraño. Por lo poco que sabía, él y Hermione estaban perdidos en un bosque haciendo vete tú a saber qué descabellada misión para Dumbledore mientras él pasaba alegremente las navidades durmiendo en su cómoda cama. Ni si quiera encontraba palabras para describir lo que era, aparte de un maldito idiota que abandona a sus amigos a su suerte. Luego estaba él, Vol... Vol... Ni en su mente podía pronunciar su nombre... Estaba Quién todo el mundo sabe, la razón de los males de muchas persona, como los de Harry. Y uno de ellos era la pérdida de seres queridos. Primero sus padres (y puede que hasta sus abuelos) y ahora Sirius. No quería ni imaginarse lo que se debía sentir al perder a las personas más importantes en tu vida, a tu familia. Un nudo se le formó en el estómago al pensar en la posibilidad de poder perder a alguno de sus padres, de sus hermanos... Sí, eran muchos, ruidosos, pesados y siempre mejores que él. Pero nunca se desharía de ninguno de ellos. Y menos de Ginny. No sabía que tenía esa pequeña pelirroja que toda su familia la adoraba y caía rendido a sus pies. Y él, aunque nunca lo reconocería en voz alta, también.
Giró la cabeza y vio la cama vacía de Harry. Hacía más de una hora que había escuchado cómo se levantaba y, poniéndose la capa de invisibilidad, salía de la habitación intentando hacer el menor ruido posible. Lo conocía. Nunca hablaba de sus sentimientos, de lo que de verdad sentía. Y tampoco podía reprocharle nada, él hacía lo mismo. Eran los mejores amigos, como hermanos y no le daba vergüenza admitir (al menos en voz baja) que le quería, pero nunca habían hablado de sus sentimientos como suelen hacer las chicas. Y mucho menos, hablar de ellas. Sabían lo que sentían, no hacía falta hablar de ello. Aunque últimamente, y no sabía por qué, sentía un impulso enorme de coger del cuello a su amigo, sentarle en una silla y preguntarle con voz desesperada: "¿Tú también sueñas con Hermione?". Pero sabía que su amigo le miraría con cara de haber visto a Snape en pelotas y después se desternillaría de la risa. Porque tenía que admitirlo, no era normal soñar con Hermione de la manera en la que desde hacía unas semanas él lo estaba haciendo.
Le pegó un puñetazo a la almohada para amoldarla mejor y suspiró mirando al techo. Harry le preocupaba. Saldría a buscarlo si no fuera porque el castillo era demasiado grande y su amigo demasiado invisible. Se levantó en menos de dos segundos, se puso a oscuras los primeros calcetines que encontró y salió por la misma puerta por la que demasiado rato atrás se había ido su mejor amigo.
Terminó de bajar los últimos escalones que conducían a la sala común y se paró en seco al escuchar un ruido. No le apetecía hablar con nadie ni que le hicieran preguntas. Entonces escuchó como aquellos ruidos eran de llanto. Alguien estaba llorando. Se dio media vuelta con toda la intención de volver a su cama. A él nunca se le había dado bien consolar a nadie y menos iba a empezar a hacerlo ahora. Pero una voz le tomó de sorpresa e hizo que se quedara helado durante un par de segundos, con un pie en el suelo y el otro en el aire apunto de apoyarlo en el primer escalón.
- ¡Crookshanks! Ven aquí, no debes jugar con eso.
Retiraba lo dicho. Si quien lloraba era Hermione podía empezar a aprender a consolar en ese mismo momento.
- ¿Hermione?- Se aventuró a decir.
- ¿Ron?
Una despeinada y ojerosa Hermione asomó la cabeza por el respaldo del sofá que daba la espalda a las escaleras. Estaba tan sorprendida o más que él.
- ¿Qué haces aquí?
- Harry se fue hace una hora y todavía no ha vuelto.- Comenzó a decir mientras se sentaba a su lado.- Estoy preocupado.
- Lo sé, yo también. En el despacho de Dumbledore a querido mostrarse fuerte, pero... ¿Quién puede no sentir nada cuando recuerda algo tan doloroso?
Se encogió de hombros y la miró. Tenía los ojos rojos y el pelo más alborotado de lo normal. La nariz congestionada por el llanto y llevaba puesto el pijama viejo que sabía no le importaba romper más de lo que estaba. Y por alguna extraña razón le pareció que nunca la había visto más hermosa. Sonrió un segundo al pensar aquello. Definitivamente se estaba volviendo tonto.
- Has estado llorando ¿no?- Hermione no le contestó.- ¿Pensabas en Sirius?
- Sí... Sé que es una tontería, porque en definitiva casi no le conocíamos, no teníamos la relación que tenía con Harry, pero...
- Es duro.
- Sí...
Se quedaron un rato callados, mirando las llamas ya casi apagadas que había en la chimenea.
- ¿Crees que seguirá siendo así?- Preguntó Hermione rompiendo el silencio.- Lo que nos tenga que contar Harry. ¿Seguirá habiendo más muertes y cosas horrorosas?
- No lo sé, pero supongo. Parece que según va avanzando nuestra historia más fea se pone.
- Nuestra historia...- Repitió lentamente Hermione.- ¿Cuando pasamos de ser unos chiquillos que vencían troles en su tiempo libre a adolescentes que luchan a muerte con mortífagos?
- ¿Vencer troles en nuestro tiempo libre?- Ron le sonrió intentando relajar la situación. Le ponía nervioso hablar de temas tan serios.- ¿A cuantas niñas crees tú que salvamos Harry y yo en nuestro primer año?
- ¿Debo sentirme afortunada, entonces?- Bromeó con él.
- No te quepa la menor duda.
Volvieron a quedarse callados otro rato. Ron, después de haber bromeado sobre los sucesos que habían hecho que Hermione fuera su amiga, estaba más relajado. Todavía mantenía la sonrisa en la cara, recordando esos momentos en los que su mayor preocupación era un perro de tres cabezas escondido en Hogwarts. Entonces volteó a Hermione y vio cómo dos gruesas lágrimas caían silenciosas por sus mejillas.
- Hermione...- Susurró. Eso no se lo esperaba.
- Lo siento... Debes pensar que soy una tonta ¿no? Pero no puedo parar... es que... es...
Sin poder contenerlo más, se echó a llorar con todas las ganas contenidas durante el rato en el que su amigo había estado con ella. No podía dejar de pensar en Cedric, en Sirius, en las muertes que venían. No podía dejar de tener la sensación de que lo peor aún estaba por llegar.
- No pasa nada...- Dijo tímidamente Ron que, como él siempre se decía mentalmente, no servía para este tipo de situaciones. Simplemente no sabía qué hacer o decir.
- Es que...ya sabes... yo...- Hermione se llevó las manos a los ojos y los escondió tras ellas.- No... No puedo dejar de pensar que el próximo puede ser cualquiera de las personas que quiero, cualquiera de vosotros.
Al decir eso, Ron no pudo evitar que las puntas de sus orejas se tiñeran levemente de rojo. Hermione era su mejor amiga, sí, pero ¿querer? ella nunca le había dicho que lo quería... Y su mente no dejaba de asociar esas palabras a un sentido más romántico que amistoso. No sabía qué hacer. Veía a Hermione al lado suya llorando desconsoladamente por algo que hacía que él tuviera también ganas de hacerlo, pero sus músculos no reaccionaban. No sabía qué decirle, cómo calmarla. La chica soltó un sollozo fuerte y su cabeza dejó de pensar. Se acercó a ella y, como momentos antes había hecho en el despacho de Dumbledore, la rodeó con los brazos.
Pudo sentir cómo los músculos de Hermione se tensaban durante una fracción de segundo al darse cuenta del contacto. Su cara se estaba poniendo tan roja como su pelo y daba gracias a Merlín de que Hermione no pudiera verle en ese momento. Permaneció así, sin hace nada, sólo rodeándola con los brazos, durante un largo rato, hasta que notó que Hermione se relajaba.
- Gra-Gracias.- Digo con cierta torpeza intentando no mirar a su amigo a los ojos.
- No hay de qué…
¿Qué demonios le pasaba? ¿Por qué su corazón estaba latiendo a mil por hora? Tan deprisa que podía escucharlo… ¿Por qué? Sólo era Hermione, su amiga, sólo ella…
- Ron.
- ¿Si?
- ¿Sabías que tienes un calcetín de cada color?
Estupendo. Por si no estuviera demasiado rojo, ahora se estaba avergonzando cada vez más. ¡Por las barbas de Merlín! Sólo eran unos calcetines, ¿qué más daba? Y sólo era Hermione…
¿O no sólo era eso?
Tenía la sensación de que había pasado una eternidad desde que Hagrid había derrumbado la puerta y le había dicho que él, Harry a secas, era un mago. Y no uno cualquiera, no. Uno de los más famosos del mundo mágico. Porque, no en vano, había sobrevivido a algo a lo que nadie antes lo había hecho. Pero, ¿qué pasaba si alguien más lo había hecho? Quizá hacía ya demasiado tiempo como para ser recordado, alguien sacrificó su vida para proteger a alguien a quién amaba. Alguien como Lily Potter. Y siempre que pensaba en ella, en su padre, en Sirius… venía a su cabeza la misma pregunta: ¿Iban a tener que morir todas las personas a las que amaba? ¿Todas? Parecía que no le dejaban tener derecho a querer, a sentir algo por alguien. Porque cada vez que lo hacía, se lo arrebataban.
Había continuado relatándoles la lucha entre Dumbledore y Voldemort, el momento en el que este último se metió en su cuerpo, la manera en que lo expulsó de él… Como esperaba, su director había pronunciado palabras que ya tantas veces había escuchado de su boca: "Oh, el amor… no hay magia más poderosa que esa". Y si así era, si era tan poderoso, ¿por qué no lograba traerlos de vuelta? a todos, a sus padres, a Sirius… incluso su lechuza estaba muerta de allí de donde venía.
No lo aguantaba más. Recordar la muerte de Sirius le había afectado demasiado.
Se deslizó por la pared en la que estaba recostado y se sentó lentamente en el frío suelo del castillo. Aquella aula vacía había sido su salvación, no quería ver a nadie, escuchar a nadie… Agachó la cabeza, su frente tocó sus rodillas y por primera vez desde hacía ya tiempo lloró. Lloró como un niño, como lo hacía cuando era pequeño y su primo le recordaba que su mamá y su papá estaban muertos, como había tenido ganas de hacerlo desde que volvió a pronunciar ese día aquella palabra: Sirius.
- ¿Eso te dijo?- Preguntó Ginny sorprendida.
- Sí. Por eso te lo he contado, como es tu pareja para el baile creí que…
- Neville y yo sólo somos amigos, Luna, nada más.
Era la primera vez que estaba en la Sala Común de Ravenclaw. No era igual a la de Gryffindor, tan cálida y acogedora, pero tenía que reconocer que tenía su encanto. Luna tenía la mirada perdida en algún punto detrás de ella mientras jugaba con los dedos con el collar que llevaba en el cuello. Acaban de conocerse formalmente, de empezar a ser algo más que sólo compañeras de curso, pero tenía que reconocer que empezaba a sentir mucho cariño por ella. Era diferente, sí, pero eso era lo que a Ginny le gustaba. Era como un soplo de aire fresco en su vida. Después de lo que sucedió en su primer año en Hogwatrs no tenía muchas amigas y Luna no había hecho preguntas, no la había juzgado o mirado con cierto temor. Simplemente estaba ahí, escuchándola. Y eso le agradaba.
- ¿Qué crees que les haya pasado?- Luna volvía a mirarle.- A sus padres.
- No lo sé, nunca he hablado con él sobre eso. La verdad es que no sabía nada de todo esto.
- Es duro perder a alguien, igual que yo perdí a mi madre.- Algo que también le sorprendía de ella, su naturalidad y facilidad para hablar de cualquier tema que a otros les molestaría.- Esas cosas te marcan de algún modo.
- Supongo que sí…
Se puso a pensar en Neville. Quizá, esa era una de las razones por las que era tan tímido e inseguro de sí mismo.
- ¿Crees que a Harry también le marcó de algún modo crecer sin sus padres?
Aquella pregunta le pilló tan de sorpresa que en un principio no sabía ni de qué Harry estaba hablando.
- No… no lo sé. ¿Por qué lo preguntas?
- Yo no lo conozco mucho, quiero decir, no más que todo el mundo que ha crecido escuchando su historia, pero, por lo poco que he hablado con él es… difícil de descifrar.
- ¿Difícil de descifrar?
Había tenido multitud de charlas con Hermione en las que describía y volvía a describir a Harry. Donde lo recorría de la A a la Z tanto física como síquicamente. Pero nunca se le había ocurrido decir que Harry era "difícil de descifrar". Aunque si lo paraba a pensar un par de segundos, tenía que reconocer que un poco ciertas eran las palabras de Luna. Sólo tenía que mirar atrás y recordar el comportamiento que había tenido con ella desde hacía poco. En el fondo ¿quién demonios entendía a Harry Potter?
- Sí, no sé. Las pocas veces que me he fijado en él o hemos mantenido una conversación es como si… tuviese una máscara, como si estuviese fingiendo.
- Fingiendo…- Repitió más para ella misma que para su amiga. ¿Qué tendría que ocultar Harry?
- ¿Sabes lo que creo?- Le preguntó- Que al fin y al cabo, después de todas las historias y todo lo que se dice… Harry sólo es eso, Harry, un chico de catorce años.
Pero en eso Luna se equivocaba, porque Harry no sólo era un chico de catorce años, no sólo era Harry. No para Ginny. Porque hacía ya un tiempo que Harry había dejado de ser el héroe perfecto de sus fantasías de niña y se había convertido en el adorable y atractivo mejor amigo de su hermano, el que pasaba los veranos en su casa. Perfecto, no del modo en que lo era para todo el mundo, pero para ella, perfecto.
- No todo será así, ¿verdad?
- ¿A qué te refieres?- Preguntó Ron mientras hacía un ligero movimiento con su varita y cambiaba de color sus calcetines.
- Pues... que habrá también cosas buenas en el futuro, ¿no?
- Sí, claro que sí.- Ron se rascó la cabeza y puso ese gesto que sólo hacía cuando estaba pensando en algo.- Tú... seguro que tus timos so los mejores del curso y... ¡Somos prefectos!- Hermione sonrió ante aquello. Le hacía ilusión saber que iba a ser la prefecta de Hogwarts.- Y... ¡Voy a jugar en el equipo de Gryffindor, Hermione! ¡Yo! ¡Guardián de Gryffindor!
- Lo sé, lo sé... Yo también estaba allí cuando lo dijo Harry ¿recuerdas?
- Sí, pero... es como que por fin voy a ser alguien.
- ¿Ser alguien? Ya lo eres. ¡Eres Ronald Weasley!- Dijo Hermione con orgullo, pero Ron no lo percibió.
- No me refiero a eso, sino a ser conocido, a ser famoso ¡como lo es Krum!
- Las apariencias a veces engañan, Ron.
- Podrán engañar, pero ¿sabes lo que daría yo por ser como él?
Ser como Victor Krum... ¿Quién en su sano juicio querría ser como Victor Krum siendo ya de por sí Ron Weasley? A veces se asombraba de la ceguera de su amigo. No podía ver lo que era, quien era. Era alto, tenía unos ojos azules en los que se perdía cuando nadie se daba cuenta, un pelo pelirrojo tan perfecto como el de todos los miembros de su familia... un humor que hacía que fuera el único que podía sacarle una sonrisa de la cara y a la vez enfadarla tanto que las orejas le echaran humo. Era leal y valiente y la había dejado con la boca abierta el día que se sacrificó por sus amigos con sólo once años en la partida de ajedrez más maravillosa de la que Hogwarts había sido testigo. Y él, tan ciego como siempre, parecía incapaz de ver todo lo que ella veía.
- ¿A quién crees que habrá invitado al baile? Porque estoy seguro que puede elegir a la chica que él quiera.
Hermione se removió en el sofá incómoda. No quería decirle que ELLA era su pareja porque no se lo creería y se reiría. Y como bien su cabeza le recordaba, Harry le había dicho que no quería volver a ver la reacción de Ron al enterarse. Seguro que la había estado tomando el pelo hasta que le dolieron las costillas de tanto reír.
Optó por no mentirle y tampoco decirle nada. Se encogió de hombros y evitó su mirada.
- Y oye... ¿Vas a decirme ya quién es tu pareja?
- ¿Por qué quieres saberlo, Ron?- Preguntó con tono cansado.
- Pues... ¡Porque soy tu amigo!
Ese era el problema, que eran sólo amigos. Pero él no lo veía así. Pero en lugar de reírse y tomarle el pelo, como tantas veces había imaginado, le preguntó con un tono de voz inusual en él algo que no esperaba.
- Ese chico... con el que vas. ¿Te gusta?
- Er...
¿Que si le gustaba? ¿A que chica no iba a gustarle Victor Krum? Sí, podría llegar a gustarle si cierto pelirrojo no le quitase el sueño desde hacía ya unos cuantos meses.
- ¿Sabes? ¡Mejor no me lo digas!- Se levantó molesto y se dirigió hacia las escaleras dejando a una Hermione perpleja sentada frente a la chimenea.
- ¿Te enfadas?
- ¡No!- Hermione le dirigió una mirada que claramente decía: "Dime la verdad".- Bueno, sí. Harry y yo somos tus amigos y no teníamos pareja. ¡Deberías haber venido con uno de nosotros! ¡Nos has traicionado, Hermione!
- ¿Que yo qué?- Se levantó de un salto roja de la rabia.
- Sí, lo que oyes.- Dijo no muy convencido.- ¡No te preocupaste por nosotros!
- ¿Acaso te preocupaste tu de mi? ¿De si iría sola?- Ron no respondió y eso la enfureció todavía más. Se acercó hasta él y le miró desafiante a los ojos.- ¡La próxima vez que tengas la oportunidad, pídemelo antes de que lo haga otro y no quieras ir conmigo sólo por no quedarte solo!
Terminó de decirlo y salió corriendo escaleras arriba. Estaba claro, Ronald Weasley era todas las cosas hermosas que había dicho de él segundos atrás, pero también era cabezota, denso, insensible y... y... ¡Un ciego! Eso es lo que era, un ciego. Y ya no sabía si tenía ganas ni paciencia para quitarle la venda de los ojos.
La charla con Luna se había alargado más de lo previsto y cuando se quiso dar cuenta ya era muy tarde. Caminaba por los pasillos a oscuras, intentando no despertar a los cuadros de las paredes pues, como era conocimiento de todo el colegio, si de algo se enteraba un cuadro, enseguida lo sabían todos y, a su vez, todo Hogwarts. Y no quería tentar a la suerte y ser descubierta a esas horas de la noche merodeando por el castillo. Sólo quería llegar a su cuarto, ponerse el cómodo pijama de invierno, meterse en la cama y cerrar los ojos. Cerrarlos y descansar. Sin suda esas vacaciones estaban siendo las más raras de todas. Escuchó el maullido de un gato y, corriendo asustada, se escondió detrás de una de las estatuas más cercanas. Como era de esperar, Filch y la Señora Norris no tardaron en aparecer, pero por suerte, pasaron de largo después de echar un rápido vistazo al pasillo. Suspiró aliviada. Algún día esa gata la mataría de un infarto.
Cuando se disponía a continuar con su camino, otro ruido volvió a llamar su atención. A su izquierda, en el otro lado del corredor, había un aula con la puerta entreabierta y dentro, alguien llorando. Ella no era cotilla, no. No se metía en la vida de los demás y no juzgaba a la gente sin conocerla. Al menos, no normalmente. Pero algo dentro de ella, un impulso que no sabía describir bien qué era, le impulsaba a acercarse hasta la puerta. Lo hizo, fue hasta ella y la abrió despacio dejando ver parte de su cuerpo por el hueco.
Si alguna vez le hubieran dicho que vería la escena que tenía delante no se lo hubiera creído. Le conocía desde hacía cuatro años, había estado en su casa mucho tiempo en verano y se había pasado tantos momentos observándole que creía conocer la mayoría de sus expresiones. Pero jamás, durante todo ese tiempo, se había preparado para esto, para ver a Harry Potter llorando.
Sus pies no reaccionaban, sus ojos no pestañeaban y sus manos se aferraban con fuerza al marco de la puerta. Estaba petrificada.
- Harry…
Fue lo único que dijo, en un susurro que ni siquiera ella escuchó. Harry, que estaba sentado en el suelo con la cabeza entre las piernas, ni se inmutó. Debía buscar a Ron y Hermione, decirles que su mejor amigo estaba allí, que vinieran a buscarle. Agarró el pomo de la puerta y se disponía a irse cuando esa voz que tanto le gustaba le habló.
- No te vayas.
Su voz sonaba nasal por haber estado llorando y eso le encogió el corazón. La miraba a ella, a algún punto a la altura de sus rodillas, en silencio. Sólo esas palabras, "note vayas". Palabras que le sonaron a súplica.
Su mente y su cuerpo por fin parecieron reaccionar. Cerró la puerta tras de sí y se acercó hasta él. Seguía sin decir nada, con la nariz roja y los ojos llorosos y por una vez no tuvo vergüenza de sentarse a su lado, tan cerca que sus brazos se rozaban el uno con el otro.
- Ron o Hermione podrían…
Harry negó con la cabeza, interrumpiéndola. La miró durante un par de segundos a los ojos y, como si ella misma le recordara algo malo, volvieron a salir dos gruesas lágrimas de sus ojos. Desvió la mirada y, todavía sin decir nada, se inclinó sobre ella, apoyando la cabeza en el regazo de la chica y volviendo a comenzar a llorar como lo había estado haciendo hacía menos de un minuto atrás.
Ginny Agachó su cabeza casi a la altura de la suya y le rodeó con los brazos. No dijo, preguntó o hizo nada. Y es que a veces, el silencio era la mejor de las conversaciones…
Ese día, por primera vez, abrazó a Harry Potter.
Aquella noche había sido larga y pesada. Se despertó al escuchar cómo Harry se levantaba de la cama y, cogiendo un extraño pergamino en blanco de su mesilla, había desaparecido de un momento a otro, como si de pronto se hubiera vuelto invisible. Pero conocía a Harry desde hacía bastante tiempo como para saber que no debía entrometerse en los asuntos privados de la vida de "El chico que vivió". Por eso, tampoco le extrañó cuando, un rato después, cuando todavía intentaba volver a dormirse, escuchó a Ron levantarse también de la cama y salir por la puerta. Tarde o temprano, a donde iba uno, le seguía el otro. Porque así eran sus dos compañeros y llevaban guardándose las espaldas desde hacía ya cuatro años.
Y por otra parte, la conversación que había mantenido con Luna Lovegood no le había dejado terminar de conciliar el sueño. Se arrepentía de haberle contado acerca de sus padres, de su "especial" situación. Él nunca se lo había contado a nadie, no quería ue le miraran con lástima y mucho menos que la desgracia de sus padres fuera motivo de más burlas por parte de algunos de sus compañeros. Pero no sabía por qué, al estar con ella, no le había costado nada abrirse y decírselo. Quizá porque ella, al igual que él, no tenía a una madre que cuidara de él.
Giró la esquina de uno de los pasillos que conducían al Gran Comedor con paso lento y la mirada puesta en el suelo. Sólo quería comer algo e ir a la biblioteca a terminar su redacción de pociones que, conociendo a Snape, daba igual lo que se esforzase porque para su profesor siempre sería un desastre.
- ¡Neville!
Levantó la vista y la vio. Desde el otro pasillo, caminando hacia él dando pequeños saltitos, con el ritmo más alegre y despreocupado que había visto, estaba Luna, con una sonrisa en la cara.
- Hola, Luna…
- ¿Puedo acompañarte a desayunar? Ayer fue la primera vez que comí con un amigo.
A escuchar esas palabras se incomodó. No entendía como a la chica no le importaba ser tan clara y directa cuando hablaba, sin preocuparle que los demás se sintiesen incómodos. Simplemente decía lo que pensaba.
- Bu-Bueno… No sé. ¿No te dirán nada por no comer en la mesa de tu casa?
- ¿Alguna vez has escuchado al profesor Dumbledore prohibiéndonos comer con otros compañeros?
- La verdad es que no, pero…
- ¿Entonces? ¿No crees que si fuese algo grave lo incluiría en su discurso de bienvenida de cada año?
Sonrió levemente ante el comentario. ¿Cómo podía darle la vuelta a todo y sacar unas conclusiones tan obvias y a la vez tan ocultas para las demás personas? Luna le dedicó una sonrisa y comenzaron a caminar hacia el comedor.
- Oye, Luna…
- ¿Si?
- Respecto a lo que te dije ayer… bueno… yo… ya sabes…
- ¿Qué me dijiste ayer?
- Lo de…-Miró alrededor para comprobar que no había nadie más escuchando y continuó en voz baja.- Lo de… mis padres.
- ¿Qué pasa con eso?
- Pues… que me gustaría que continuara sin saberlo nadie.
Luna pareció meditarlo durante unos segundos y luego le miró directamente a los ojos, con una expresión neutra en la cara.
- ¿Te avergüenzas de tus padres?
- ¿Qué?- Dijo sorprendido.- ¡No! ¡Claro que no! Es solo que… es complicado.
- ¿Los quieres?
Neville se puso rojo ante aquella pregunta. ¿Cómo podían estar hablando de esas cosas cuando se conocían desde hacía nada?
- Sí…- Dijo tímidamente.
- ¿Y ellos a ti?
Recordó el álbum que tenía en casa, todas aquellas fotos que nunca se cansaba de mirar, aquellas en las que su padre, varita en mano, hacía pompas de colores que flotaban por el aire y él, sentado cómodamente en el regazo de su madre, reía y aplaudía maravillado.
- Supongo…
- Entonces no veo cuál es el problema.- Dijo con simpleza.- Pero tranquilo, no diré nada.
Volvió a sonreírle, está vez de un modo muy comprensivo y volvió a caminar alegremente por el pasillo, sin decir nada, pero con la sonrisa en la cara.
Definitivamente, Luna Lovegood era alguien especial.
Como continuara mirándole un segundo más iba a parecer tonta. ¡Tan tonta como parecía él hacía menos de tres días! ¿Qué demonios le pasaba? No entendía nada… No es que viviese fijándose en qué hacía o dejaba de hacer Harry Potter… pero era más que evidente que desde hacía tiempo ese chico suspiraba por ella, incluso muerto de vergüenza le había invitado a ir con él al baile. Y ahora, así sin más, parecía que pasaba de ella completamente.
- Cho, como sigas mirando a Potter de esa manera Cedric va a pensar que entre él y tú hay algo más que miradas…
- No digas tonterías.- Dijo después de dar un bufido.
Pero en cuanto su amiga Marieta volvió a concentrarse en su cuenco de cereales no pudo evitar posar su mirada nuevamente en el chico, que parecía muy entretenido en alguna conversación con su amigo pelirrojo.
¿Qué le pasaba? A ella no debería importarle que Harry ya no la mirase o que no la prestara atención. Después de todo ella estaba saliendo con uno de los chicos más populares de todo el colegio, que había sido seleccionado para representar a Hogwarts en el Torneo de los tres magos y que era tan guapo que parecía haber salido de uno de esos libros en los que una chica sosa pero con suerte acaba quedándose con el atractivo protagonista que daría todo por ella. Entonces… ¿Qué hacía ella mirando a Potter?
Y para colmo, no solo parecía que pasaba de ella (muestra de ello la simple y corta conversación que habían tenido en la lechucería) sino que por algún extraño motivo, parecía que a Potter… ¡le gustaba Ginny Weasley!
El día anterior los había visto jugando muy acarameladitos en la nieve, los dos tirados en el suelo como unos niños… Resopló exasperada. ¡Ni siquiera se fijaron en que ella y Marieta pasaban por allí! Ni una pequeña mirada, ni un saludo… ¡Nada! ¿Qué demonios le pasaba a ese chico? ¿Hasta hacía anda moría por ella y ahora ni existía para él?
- Dime la verdad, ¿Qué has hecho esta vez?
- ¿Por qué he tenido que ser yo el que ha hecho algo? ¿No ha podido ser ella la que ha metido la pata?
Harry miró a su amigo levantando una ceja y con el ceño fruncido. Hermione se había pegado toda la mañana con un humor de perros y ni los había querido escuchar cuando le preguntó si quería ir a desayunar. Sabía que esa noche había pasado algo, pero todavía no sabía el que. La verdad es que cuando llegó a su cuarto no se percató de si su amigo estaba despierto o de si hacía mucho ruido al entrar. Sólo quería cerrar los ojos y dormir. Nunca se había fijado en lo que podía llegar a cansar llorar hasta quedarse seco.
Pero, sin duda, algo bueno se había sacado de todo eso. Ginny, su Ginny, la que no se sonrojaba o tenía vergüenza, había estado con él. Le había aguantado y consolado, sin preguntar nada, simplemente secando sus lágrimas
- Porque es ella la que no quiere estar contigo y no al revés.- Continuó la conversación con su amigo.- Y de todos modos, Ron. Sabiendo todo lo que está pasando, todo lo que sé y de donde vengo… ¿no crees que ya he presenciado tantas discusiones vuestras que hasta me las veo venir?
- Ni que Hermione y yo estuviéramos todo el día peleando… Bueno, vale, puede que un poco, pero… ¡Yo que sé! No puedo evitarlo…
Harry suspiró mientras sacudía la cabeza de lado a lado. Definitivamente Ron no tenía remedio.
- No sé, ni estoy seguro de que quiera saber, qué ha pasado esta vez.- Le dijo.- Pero hayas hecho lo que hayas hecho ve y arréglalo antes de que te arrepientas.
- ¿Qué quieres decir con eso?
- Nada…- Dijo recordando el baile de Navidad y todo lo que eso suponía para la relación de sus dos mejores amigos.- Pero… simplemente… piensa en Hermione, en vuestras discusiones.
Ron le miraba con cara rara, como si no entendiera nada de lo que le estaba diciendo o por qué tenía que pensar en eso.
- No te sigo, amigo…
- Eso, Ron, ya es cosa tuya, pero… No sé, sería bueno que pensaras un poco en tus peleas con Hermione, porque aunque tú te acabes de dar cuenta de que Hermione es una chica… el resto de las personas hace rato que se dieron cuenta.
Volvió a mirar a su amiga, y sonriéndole apenado se alejó de la mesa, dejando a un aturdido Ron al que se le pasaban mil posibilidades y significados de sus palabras por su cabeza.
Siguió caminando y, nada más traspasar las puertas de Gran Comedor, una mano pequeña le cogió del brazo y lo retuvo. Sonrió y se giró rápidamente.
- ¡Cho!- La sonrisa se le fue de la boca. Por un momento había pensado que podía ser Ginny la que lo llamaba.- ¿Querías algo?
- No…- Dijo evadiendo su mirada.- Sólo… bueno, quería saber qué tal te iba todo y eso…
- Er… bien, supongo que bien.
Si tres años atrás le decían que Cho Chang iba a estar preguntándole qué tal le iba la vida e iba a ser ella la que lo buscara a él hubiera saltado de alegría desde la torre de astronomía. Pero en ese momento, se estaba quedando a cuadros con el repentino interés de la chica hacia él.
- Oh… me alegró, de verdad. Yo… bueno, sólo quería…
Cho se quedó un segundo pensando y después le miró dedicándole una amplia sonrisa que hacía que se le vieran más dientes de lo normal.
- ¿Querías…?
- Sí, er… ¿tienes ya pareja para el baile?
- Sí… Iré con Parvati Patil, una chica de mi curso.
- ¡Oh! Como estos días te he visto pasando mucho rato con Ginny Weasley pensé que bueno… Ya sabes, ella siempre ha estado detrás de ti, no sería extraño que…
- No quiero ser grosero, pero… creo que eso es asunto nuestro.
- Sí, sí, por supuesto… no he querido decir nada, sólo que me entró la curiosidad…
Si no supiese que estaba despierto (o eso creía teniendo en cuenta el viajecito temporal que había hecho recientemente) no creería lo que estaba escuchando. Se pasó tres años colado por Cho y ella nunca le prestó demasiado interés que digamos. Se limitaba a ser amable y a llorar por quién verdaderamente estaba enamorada, Cedric. Y ahora que era él el que no le prestaba atención, era ella quién parecía que se fijaba en él y, si no fuese porque el no entendía mucho de estas cosas, juraría que incluso estaba celosa de Ginny por el cambio de tornas, porque ahora era a Ginny a quien miraba y no a ella.
- ¿Querías algo más?
- No… bueno, sí.- Cho se acercó a él peligrosamente y le acarició el brazo sugerentemente.- Quiero que sepas que si me hubieras pedido ir al baile antes que Cedric, quizá nosotros…
- Quizá nosotros nada. Yo… me gustabas sí, pero… supongo que he comprendido que no eras para mí.
Cho abrió mucho los ojos, sorprendida ante el comentario de Harry quien parecía que hablaba como si se hubiera gustado de ella siglos atrás y ni siquiera se sonrojaba lo más mínimo ante ella.
- Pero… no te has podido olvidar tan deprisa de mí… ¿o sí?- Volvió a la carga agarrándole esta vez con los dos brazos.
- La verdad es que sí…
Entonces todo pasó muy deprisa. Vio un borrón rojo detrás de la cabeza de Cho y cuando miró hacia allí sólo alcanzó a ver a Ginny salir corriendo hacia la puerta que dirigía a los jardines del colegio.
- ¡Ginny!
Cuando quiso separarse de Cho ya era demasiado tarde, Ginny había desaparecido. Cho le miró con el entrecejo fruncido, indignada.
- ¡Te gusta!
- ¿Y qué si es así?- Dijo elevando un poco la voz.- Hasta hace dos días ni te importaba lo que hacía.
- ¡No es eso! Es sólo que…
- ¿Qué?- Dijo poniéndose cada vez más furioso. Por su culpa con Ginny ahora estarían más complicadas.- ¿Ahora que ya no babeo por ti es cuando te fijas en mí?
- ¡Eso es injusto!
- ¡E igual de cierto! ¿Qué diría Cedric si supiera de esta conversación?
Cho se puso roja de la ira que tenía por dentro y, con los ojos rojos, indicando que estaba apunto de llorar, salió corriendo de allí, seguramente, como pensó Harry, en dirección al baño a desahogarse como hacía siempre.
Pero ahora el problema era otro, era Ginny.
Era una estúpida ¡Eso es lo que era! ¿Cómo podía haber creído que Harry Potter podría verla como algo más que la hermana pequeña de su mejor amigo? Había sido una estúpida… ¡Pero no podía evitarlo! Porque ahora, cuando Harry la miraba, sus ojos eran diferentes, él era diferente. Porque hablaba con ella y por alguna extraña razón también sus mejillas se sonrojaban. Porque se permitía bromear con ella y tirarla a la nieve como si lo hicieran cada día. Porque lloraba desconsolado delante de ella y no le importaba. Porque por un momento llegó a creer que Harry por fin se había fijado en ella…
¿Pero a quién quería engañar? Eso nunca pasaría, porque ella no jugaba a quiditch, ni era oriental, ni se llamaba Cho Chang.
No pudo evitarlo y le pegó una patada al tronco del árbol que tenía la lado suya, provocando que los copos de nieve de las ramas cayeran sobre su cabeza. Y sin saber todavía la razón exacta, si era por el dolor que en esos momentos sentía en el pie o por la rabia e impotencia que recorrían sus venas, se puso a llorar como pocas veces hacía.
- Ginny.
Dio un respingo al escuchar su voz. No quería verle, no quería girarse y comprobar que ese algo especial que ahora había en sus ojos era sólo lástima. No podría soportar que la viera llorar por él.
- Ginny mírame.
- ¿Qué quieres?- Dijo todavía dándole la espalda.
Sintió unas manos cogiéndole sujetándole fuerte los brazos, obligándola a girar y darle la cara.
- Quiero que me mires.- Dijo Harry.- Lo que acabas de ver… no es lo que parece, de verdad.
- ¿Y qué es lo que tenía que parecer?
- ¡Nada! En serio.
- No hace falta que me des explicaciones… después de todo quién soy yo ¿no? Sólo la hermanita pequeña de Ron Weasley.
- ¡No digas eso!
- Soy una tonta.- Dijo haciendo caso omiso a las palabras de harry y todavía con lágrimas cayéndole por las mejillas.- Porque todo el mundo sabe que te gusta Cho, igual que todo el mundo sabe que yo siempre me he gustado de ti. Y lo peor de todo es que sabiéndolo he sido tan tonta como para hacerme ilusiones.
- Ginny, escucha…
- Soy una tonta, una completa estúpida.- Seguía diciendo sin darle oportunidad a Harry para que abriera la boca.- ¿Cómo he podido llegar a creer que te habías acercado a mi por algo más que amistad? ¿Cómo? ¡Eres Harry Potter! ¡Por Merlín! ¡Nunca te fijarías en mí!
- Pero yo…
- ¡Cómo si no tuvieras otra cosa que hacer que estar pendiente de mí! ¿Cómo he podido olvidar que estabas enamorado de Cho? Soy una estúpida, estúpida, estú…
Pero no pudo terminar la frase. Harry, que se estaba poniendo más nervioso a cada palabra que decía la pelirroja dejó de contar hasta diez y comenzó a hacerle caso al monstruito que seguía viviendo en sus tripas y le decía a voz en grito: "¡Bésala! ¡Lo estamos deseando! ¡Bésala y cállala!" Y haciéndole caso después de tanto tiempo, la besó. La besó como tenía ganas de hacerlo desde que la vio girarse con las mejillas llenas de lágrimas, como tenía ganas de hacerlo desde que aterrizó en cuarto curso y la vio ruborizarse al verle, como tenía ganas de hacerlo desde que le dio la espalda al sepulcro de Dumbledore y con ello a su mayor fuente de consuelo.
Y Ginny le correspondía torpemente, pero lo hacía. Se había quedado petrificada mientras él se abrazaba fuerte a ella y la besaba desesperado. Pero es que nunca antes la había besado un chico y en ese momento nada más que Harry Potter, el chico por el que estaba perdidamente enamorada, la estaba besando. ¡Sí! No sabía cómo, pero era real… Y mientras disfrutaba del contacto de sus labios, su mente no dejaba de repetirle: "¡Estás besando a Harry! ¡Estás besando a Harry! ¡¡ESTAS BESANDO A HARRY!!" ¿En qué momento había dejado de respirar? En ese momento sentía que le faltaba el aire y a la vez no le importaba, porque podría sobrevivir sin la necesidad de respirar.
- Vaya…- Dijo Ginny, colorada, una vez que Harry se separó de ella.
- Lo que has visto antes…- Dijo aventurándose a volver a sacar el tema.- De verdad que entre Cho y yo no pasa nada. Ella sólo…
- ¿Sólo?
- Digamos que parece que ahora que no le hago caso es cuando empieza a fijarse en mí.
- Esto… ¿Esto qué significa? Ese beso…- Dijo volviéndose a poner colorada.
- ¿Ha sido tu primer beso?
Ginny tragó saliva y miró el suelo nevado que había bajo sus pies, avergonzada. ¿Tanto se había notado que era la primera vez que un chico la besaba?
- Sí…
- Me alegro que fuera yo el que te lo haya dado.
Alzó la vista y lo vio delante de ella, seguro de sí mismo, de lo que hacía y decía, y con una sonrisa de oreja a oreja que hubiera derretido hasta los quince centímetros de nieve que se acumulaban en los jardines.
- Y respecto a qué significa esto.- Continuó hablando mientras secaba con las manos los restos de lágrimas de sus mejillas.- simplemente significa que me gustas, mucho en realidad, y que no aguantaba más para besarte.- Ginny sonrió y desvió la mirada de sus ojos, avergonzada por las palabras.- Pero… digamos que la historia es algo más complicada que esto. Te dije que cuando llegara el momento te explicaría unas cuantas cosas…
- ¿Y ese momento ha llegado?
Harry asintió y le hizo un gesto con la cabeza para que le siguiera. Era el momento de contarle la verdad.
No entendía qué hacían allí, y mucho menos, qué hacía Harry caminando de un lado al otro del pasillo del séptimo piso con una expresión muy concentrada. Entonces, de la nada, apareció en la pared una pequeña puerta que nunca antes había estado allí. Harry sonrió ante la cara de desconcierto de la chica y poniéndose delante de la puerta le tendió la mano.
- Coge mi mano.- Dijo todavía sonriendo.
Ginny la aceptó tímidamente y se dejó guiar hasta el interior de la sala. Delante de ella, una chimenea enorme igual a la de la sala de Gryffindor calentaba la pequeña habitación, y junto a ella, un sofá igual también al de la sala los invitaba a sentarse en él.
- ¿Qué es…?- Dijo aún confundida.- ¿Dónde estamos?
- En la Sala de los menesteres. Si pasas tres veces por ese pasillo pidiendo claramente lo qué quieres encontrar aquí dentro, la sala te lo proporciona.
- ¿Y tú querías la Sala Común de Gryffindor?- Preguntó sentándose en el sofá.
- No, sólo he pedido un lugar cómodo para hablar.
Harry se sentó a su lado y volvió a darle un vuelco el corazón, igual que hacía unos instantes. Estaba sentado al lado suyo, a escasos centímetros de ella y mirándole como si quisiera volver a abalanzarse sobre ella y besarla perdidamente. Y eso le ponía nerviosa…. ¿¡Qué se supone que debía hace!? Ni siquiera sabía lo que eran después de ese beso…
- Tengo muchas cosas que contarte y todas son algo… ridículas y descabelladas.
- ¿Qué ocurre?
Harry suspiró y cogió aire. No pensaba que ese momento se le iba a hacer tan complicado.
- La razón por la que llevo unos días comportándome de un modo extraño, la razón de que no me importe un pimiento lo que diga Cho y desee estar contigo a todas horas… La razón de que…- Ginny le miraba sin entender todavía la situación y decidió que lo mejor iba a ser ir al grano cuanto antes.- Vengo del futuro, Ginny.
Los ojos de la chica se abrieron enormemente ante esas palabras y se alejó unos centímetros de él.
- ¿Estás… hablando en serio?
- Sé que es difícil de creer, pero es cierto. Ron, Hermione y Dumbledore lo saben… yo…
- Yo no te encuentro más mayor.- Dijo observándole de arriba abajo.
- Eso es porque no he viajado como se hace con un traslador, lo he hecho… la verdad es que no sé cómo ha pasado esto, ni Dumbledore lo sabe, pero ha ocurrido. Un día estás en la Navidad de 1997 y al segundo viendo cómo Ron se come la cabeza por saber con quién irá al baile Hermione…
- Espera un momento… ¿Me estás diciendo que de verdad has viajado en el tiempo y que vienes de tres años en el futuro?- Harry asintió despacio.- ¿Me estás tomando el pelo?
- Sé que es difícil de creer, pero… ¿Mentiría yo con una cosa de esas?
- No, yo… creo que no.
Harry se acercó todavía más a ella y la cogió de la mano, acariciando su pálida piel mientras la miraba a los ojos.
- Sé que es una locura, lo sé. A Ron y Hermione también les costó entender, pero es cierto. ¿Me crees?- Ginny asintió, todavía con el corazón latiéndole a mil por hora por el contacto de chico.- Entonces créeme también cuando te digo que me gustas y que de allí de donde vengo, en el futuro, vas a dejar de ser "la hermanita de Ron Weasley".- Dijo imitando su voz.- Porque pasarás a ser la novia de Harry Potter, con todo lo que eso conlleva.
Ginny abrió la boca al escuchar decir "novia de Harry Potter". ¿A caso podía ser cierto? ¿De verdad podía Harry venir de 1997? ¿Podía ser que sus plegarias obtuvieran respuesta y que dentro de tres años, por fin, Harry sería suyo?
Harry se acercó a ella y le colocó un mechón rebelde de pelo detrás de la oreja mientras le sonreía débilmente.
Sin duda, Harry Potter le debía muchas explicaciones…
Bueno, aquí termina el capítulo... sugerencias, críticas y opniones en un review, por favor...
Y nada, sólo volver a deciros que no estoy muy conforme con la parte de Harry y Ginny, pero que me deis una oportunidad ara el siguiente. Que sé que hay bastante de Ron y Hermione o Neville y Luna, pero es importante que también desarrolle sus historias... y Cho... bueno, espero que os haya gustado su interveción porque... a quién le cae bien esa chica??
Ah!! Y que en el próximo capítulo volverá a aparecer el pensadero ^^
Muchas gracias otra vez y espero vuestros comentarios!!
Un besoo!!
Iruna
