DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer
RANCHO MASEN
CAPITULO 10
Los domingos en el rancho eran bastante tranquilos y silenciosos.
Después del desayuno, alimentaban a los animales y la mayoría de los peones desaparecían.
Se turnaban para que siempre hubiera dos de ellos en el rancho mientras el resto se divertía tomándose el día libre.
Sue y Harry acostumbraban pasar el domingo en casa de alguno de sus hijos que vivían en el pueblo.
Edward rara vez pasaba ese día solo en el rancho. O bien lo visitaban sus hermanos, o era él quién les visitaba a ellos.
Pero ese día no pensaba moverse de allí.
La noche había sido demasiado larga y dura sin poder prácticamente dormir.
Había dado vueltas y vueltas pensando en su charla con Bella.
Ahora entendía muchas cosas.
Entendía su reticencia a tener una relación con cualquier hombre.
Entendía también el que pareciera estar rota.
Y, por alguna razón, eso le dolía y le molestaba de una forma que no lograba comprender.
Bella estaba realmente rota y él no tenía idea de cómo alguien podría ayudarla.
Era demasiado joven, demasiado hermosa como para dejarse marchitar de esa forma, pero no podía dejar de escuchar sus palabras de la noche anterior.
Cuando había hablado de cómo ella aún seguía con vida, creyó escucharla lamentándose por ello. Creyó escuchar en sus palabras no dichas, que preferiría haber sido ella quien muriera aquella noche.
Hacía años que Bella acostumbraba compartir su dolor con los caballos y la calma que le infundaban.
Así que no fue extraño que ese día les buscara.
Con el rancho casi vacío, nadie la vio entrando a las caballerizas y tumbándose en el heno junto al cubículo de Atenea, su yegua favorita.
Escuchó entrar a los gemelos y coger dos monturas para salir a cabalgar.
La camioneta de Edward estaba aparcada en su lugar, lo que indicaba que estaba en casa, pero no se lo había cruzado en todo el día, y al ver que su caballo no estaba allí se lo imaginó montando por el rancho.
Tumbada junto a la yegua, después de llorar en silencio durante lo que le pareció un par de horas, se durmió.
Edward entró a los establos dispuesto a desensillar a Metis, después de haber cabalgado durante horas, pero el ruido de la grava en el camino de entrada le hizo detener.
Aguzó el oído y esperó, pensando que tal vez Sam había vuelto a casa.
Estaba quitando la manta del lomo de su caballo cuando un ruido en la puerta del establo le hizo voltearse.
—Aquí estás —la voz de Jessica le irritó —Buenos días, Edward.
—¿Qué coño haces aquí, Jessica?
—¿Por qué te portas así conmigo? —sollozó la mujer.
—Oh, por Dios —se quejó —Creo haberte dicho hace dos años, que no volvieras a poner tus malditos pies de furcia en mi rancho una sola vez más.
—Oh, Edward, ¿y qué quieres que haga si te niegas a hablar conmigo civilizadamente?
—¿Civilizadamente? ¿Crees que tengo algo que hablar contigo, civilizadamente o no?
—Por favor, Edward. Dame una oportunidad. Sólo escúchame. Déjame explicarte...
—¿Explicarme? ¿Explicarme qué?
—Por favor, Edward —gimió la chica y las lágrimas desbordaron su rostro.
Edward tembló al verla, preso de furia e irritación.
Era hermosa. Desde luego seguía siéndolo. Vestida en lo que ella consideraba su look ranchero, con una camisa a cuadros completamente desabotonada y anudada sobre el ombligo, un short vaquero muy corto que enseñaba la curva de sus glúteos, y unas botas camperas Loubutin, parecía salida de un anuncio de ropa country.
La abertura de su camisa enseñaba el valle entre sus pechos, los cuales Edward creyó ver algo más erguidos y exuberantes que dos años atrás.
—Ahora también te dedicas a la actuación —comentó sarcástico
—Oh, Dios, no entiendo por qué eres tan cruel conmigo.
—¿Qué coño quieres?
—Que me escuches —gritó y el caballo que estaba junto a Edward relinchó molesto —Que me permitas explicarte.
—¿Explicarme qué? ¿Que eres una zorra? ¿Qué quieres explicarme? —gruñó furioso alejándose de su caballo —Te encontré follándote a dos de mis peones —gritó —¿Qué vas a explicarme?
—Era joven —sollozó —Era joven y no sabía lo que hacía.
—Eras una zorra. Eso es lo que eras. Una puta zorra.
—Tú te pasabas el día entero trabajando, nunca tenías tiempo para mí. Me dejabas sola todo el tiempo. Me sentía muy sola en este enorme rancho y allí estaban Eric y Tyler... y yo... fui vulnerable...
—Oh, por Dios, Jessica ¿crees que tengo doce años? ¿crees que podrás volver a enredarme? Por favor...
—Yo te amo, Edward... siempre te he amado... fue sólo... no sé... un desliz, un momento de flaqueza...
—Por favor, —rió desdeñoso —Un momento de flaqueza. ¿Piensas que soy idiota? ¿Qué fue entonces lo que sucedió durante tu puto año de reinado como Miss Texas? ¿Cuántos momentos de flaqueza tuviste entonces? Porque sé que fueron cuatro hombres diferentes pero no sé cuántas veces con cada uno de ellos.
—Dios, Edward —se quejó lastimera —Era joven. Estaba deslumbrada por todo ese mundo. Nunca había salido de este maldito pueblo diminuto y asfixiante. Salí de la casa de mis padres para venir directamente a la tuya. Si hasta nuestro viaje de novios fue pasar una semana en las malditas montañas de la Sierra de Chisos. Con menos de veinte años, me encontré de pronto casada con un hombre que se levanta al amanecer para atender su ganado. Nunca íbamos de compras, nunca íbamos a bailar, ni al cine. Cuando tuve la oportunidad de vivir mi vida por mí misma, se me fue de las manos.
—¿De verdad esa es tu excusa para haberme sido infiel, Jessica?
—Sé que no es una excusa, pero es todo lo que tengo. Mi arrepentimiento.
—Pues ya puedes guardártelo donde te quepa, porque a mí no me interesa.
—Vamos, Edward —dijo ronroneante acercándose a él para rodearle el cuello con sus brazos —Sé que me amas. Siempre me has amado, no creo que dejaras de hacerlo. Aún te gusto.
—Por favor —se quejó cogiendo sus brazos con rudeza para alejarla de él —Realmente tienes una opinión muy pobre de mí. Me gustas tanto como una serpiente de cascabel. Y así de cerca te quiero.
—Dame una oportunidad. Sólo una oportunidad para demostrarte que he cambiado.
—Me importa una mierda, Jessica —gruñó tirando de ella hasta empujarla sobre su camioneta —Eres una maldita zorra, traicionera y rastrera. Vete de mi rancho y no vuelvas a acercarte ni a la entrada o te pondré una denuncia. Y todo ese pueblo diminuto y asfixiante, incluidos tus padres, se enterarán de la zorra que eres. No creo que a los Stanley les guste saber la clase de puta que tienen por hija.
—Eres cruel —rezongó subiendo al coche en cuanto Edward abrió la puerta y la empujó dentro.
—Algo más —gruñó apoyándose en la ventanilla abierta —Deja de utilizar mi apellido —ordenó —Ya no eres Jessica Cullen así que deja de utilizarlo.
Sin decir más, volvió a grandes pasos al establo y golpeó varias vallas furioso antes de volver a acercarse a su caballo dispuesto a cepillarlo.
Estaba más calmado cuando un ruido en el cubículo de Atenea le sobresaltó.
Ya había acabado su trabajo y estaba pronto a marcharse pero algo le hizo volver sobre sus pasos.
Cuando llegó hasta la yegua, la vio.
Sentada con las piernas encogidas rodeadas por sus brazos, y el rostro apoyado en sus rodillas, estaba su entrenadora.
—¿Bella?
Bella levantó el rostro completamente ruborizada.
Había escuchado toda la conversación de Edward con su ex esposa, y no había tenido fuerzas para hacerse notar.
Le avergonzaba que Edward la pillara allí, pero más le habría avergonzado que la notaran en el fragor de su discusión.
—¿Qué haces ahí?
—Lo siento, Edward —se disculpó apenada —Lo siento mucho. No quería escuchar, pero estaba dormida y desperté con los gritos y no me atreví a decir nada...
—¿Estabas durmiendo aquí?
—Sí. Vine a ver a Atenea y me dormí.
—¿Te dormiste? —preguntó escéptico adentrándose al cubículo junto a ella.
—Los caballos me serenan —explicó vergonzosa.
Edward se sentó en el suelo a su lado.
—¿Qué es lo que te inquieta?
—Oh, no, nada —dijo intentando evadirle.
—Oh, vamos —rió —Has escuchado mi más humillante pasado, cuéntame lo que te inquieta.
—Lo siento, no quería escuchar —volvió a disculparse
—No hay problema. Creo que todos en el rancho lo saben, y también mi familia y amigos.
—¿Es por eso que dijiste que era humillante reconocer lo que ella había hecho?
—¿Tú qué crees? —sonrió con tristeza —Encontré a mi mujer en un claro del bosque follando con dos de mis peones. Era una imagen digna de una película porno y la protagonista era mi mujer.
—Lo siento.
—Yo lamento no haber visto el tipo de chica que era. Conocía a Jessica de toda la vida, —explicó recostándose sobre el heno con las manos tras la cabeza —aunque no coincidimos mucho hasta que ella cumplió dieciocho. Dejó el instituto y empezó a trabajar en la tienda de semillas de sus padres. Coqueteaba conmigo cada vez que iba allí y cuando una noche me la encontré en el Twilight, empezamos nuestra relación. Me deslumbró, y de alguna forma me enamoré. Sólo un año después nos casamos, y creí que éramos felices. Luego fue elegida Miss Texas y yo me sentí como el mismísimo Dios. Un tipo como yo, un bruto ranchero casado con la chica más guapa del estado.
—No puedes pensar en ti como un bruto ranchero.
—Es lo que soy. Y no me molesta. Es lo que he sido toda mi vida, es lo que fue mi padre y también mi abuelo y mi hermano. Somos rancheros. No tengo nada delicado, no entiendo una mierda de modas, de perfumes y potingues, de lo que se lleva y lo que no. Me da igual si mis botas marrones no combinan con mi pantalón negro, o si no debo llevar mi Stetson a una cena de gala. Sé que mis manos son toscas y tengo la piel curtida —enumeró —Pero nunca le habría sido infiel a mi mujer. Nunca la hubiera engañado, ni siquiera con el pensamiento. Y nunca lo hice. Lo creas o no, durante el año que Jessica estuvo de reinado, viajando por todo el país, nos vimos contadas veces, quince o veinte fines de semana. Ni siquiera me masturbé. Ni una sola vez.
—Vaya.
—Sí —sonrió sintiéndose patético —Cuando nos divorciamos, mi abogado, que era un as, encontró pruebas de que durante ese año Jessica me engañó con cuatro tipos diferentes. Sé sus nombres, he visto sus fotos. Dos modelos, un fotógrafo y un representante de una agencia de modelos. Todos vestidos con trajes de diseñadores y perfectamente conjuntados. Peinados, afeitados y con las uñas pulcramente limpias y recortadas. Todo lo que yo no soy ni seré nunca.
—Te lamentas por no haber sido nada de eso.
—No. Nunca fui diferente. Nunca le hice creer que era algo distinto de lo que soy —explicó —Jessica aceptó casarse conmigo sabiendo lo que era, así que no la engañé. Pero me sentí humillado. Me humilló tener que reconocer que habría estado dispuesto a hacer lo que ella necesitara, lo que fuera, si me lo hubiese pedido.
—No habría sido justo que cambiaras quien eres sólo para adaptarte a sus deseos.
—No, sé que no, pero en ese momento no sabía qué pensar.
—¿La amas aún?
—No, ¡qué va! —respondió sonriendo —En absoluto. Los últimos dos años de nuestro matrimonio no fueron un lecho de rosas pero tampoco me di cuenta que todo estuviera tan mal.
—¿Cuánto tiempo estuviste casado con ella?
—Seis años.
—Mucho tiempo.
—Demasiado —suspiró —Pero siempre he sido de los que creen en los matrimonios para toda la vida.
—También yo —reconoció Bella apoyando el mentón sobre sus rodillas. —¿Es Jessica la razón por la que no quieres mujeres en tu rancho?
—Tengo que reconocer que sí —sonrió —El día que encontré a Jessica follando con mis hombres, ellos habían abandonado el ganado. Unos animales salieron del rancho y provocaron un accidente. No hubo pérdidas humanas, pero perdieron la vida unas cuantas reses que transportaba el camión accidentado, así como cuatro de mis animales. Mi seguro cubrió las pérdidas que le provocaron al otro granjero, pero además de mis propias pérdidas, el prestigio de mi rancho se vio afectado. No quiero mujeres guapas que distraigan o desconcentren a mis empleados. Sólo agradezco que mi padre muriera antes de ver la zorra con la que me había casado.
Bella se quedó en silencio pensativa.
—Hoy se cumplen tres años de la muerte de Jacob —dijo después de un rato.
Edward se agitó con sus palabras.
—Oh, vaya, Bella, no lo sabía. Lo siento, supongo que es un día duro para ti.
—Sí. Es el primer año que no visito su tumba y siento como si le estuviera traicionando.
—Hey —dijo sentándose para estirar su mano y apoyarla en la espalda corvada de la chica.
—Es como si le estuviera olvidando, ¿sabes? No es que lo haga en realidad, pero a veces pienso que tal vez me esté viendo desde donde sea que esté, y podría pensar que le he olvidado, al seguir con mi vida.
—Hey, no pienses eso. Estoy seguro que donde sea que esté Jacob desearía que continuaras con tu vida.
—Sí, supongo que sí.
—Es lo que tú hubieras deseado para él; que siguiera adelante con su vida.
—Sí, creo que sí.
—¿Aún le amas? —inquirió Edward después de un largo silencio.
—Sí, —contestó rotunda —creo que nunca dejaré de amarle. No he vuelto a estar con nadie después de él.
—Entiendo.
—No voy a liarme con ninguno de tus empleados, Edward —dijo volteándose para verle solemne.
—Lo sé. No sé por qué pero lo sé —reconoció con su media sonrisa —Ven, hace un calor de los mil demonios, vamos a tomar algo —ordenó poniéndose en pie y tirando de ella hasta la terraza trasera de la casa donde la obligó a sentarse para compartir un té helado, que fue la bandera blanca que marco un hito en su relación.
CAPI EXTRA! Hoy más temprano por ser fiesta en España y estar temprano en casa.
Gracias a todos por los reviews, alertas y favoritos.
Adelanto del próximo capítulo.
—Supongo que habrás oído hablar de mí.
—He oído que eres la ex mujer de Edward.
—Sí, esa soy yo, pero deberías saber que he vuelto a Spearman para recuperarle. —dijo imprimiendo desdén a su frase.
—Ok —dijo nuevamente sin saber qué más decir —Me doy por enterada.
—Eso significa que si tienes intenciones de convertirte en la nueva señora Cullen, lo tienes difícil —espetó la mujer mirándola de arriba abajo.
—Oh, no te preocupes por mí, no tengo ninguna intención de convertirme en nada más de lo que actualmente soy.
—Oh, no, si no estoy preocupada —rió burlona mirándola despectivamente
Y os recuerdo que se pueden pasar por el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, donde encontrarán encuestas, fotos, etc, sobre éste y mis otros fics.
Y en mi perfil los links de los tráilers que han hecho mis amigas para este fic.
Besitos y nos leemos!
