Esto es algo que no planee hacer pero debido a las peticiones y en especial las locas e increíbles ideas que me dio mi amiga Liho, decidí continuar el fic, o mejor dicho, plantearlo como una segunda parte donde los protagonistas esta vez son Sanzo y Goku, sin más que decir, que no comprenderán mucho este fic si no leen antes el de "En nuestro camino", igual pueden intentarlo que la cosa no es muy enredada.

Nuestro Regalo

Capítulo 10

Una noche tormentosa

El viento se colaba tétricamente entre las rendijas de las ventanas y puertas, las enormes gotas de lluvia comenzaron de un segundo a otro a sonar estridentemente sobre el techo y pisos del enorme templo, ya para esa hora la mayoría de los monjes estaban resguardados en sus habitaciones, uno que otro vigilaba los pasillos con una lámpara en manos, pero aquella lluvia recia y fría le espanto también, el lugar lucia sombrío, solo y hasta triste, con ese pensamiento Goku se acomodó mejor entre sus mantas esperando como todas las noches a que Sanzo regresara con él, dormir solo no le gustaba y más con esa lluvia horrorosa, se sentía más desvalido que antes más los sucesos pasados, o era el sentimiento de llevar una vida dentro lo que lo hacía protegerse más aún. Sonrió un poco al sentir a su pequeño moverse dentro de él, últimamente estaba más enérgico y activo, lo sentía "bailar" en su interior cuando le hablaba o cuando comía algún antojo, era la sensación más increíble que había experimentado desde su amor por el monje.

¿Te asusta la lluvia? – acaricio su vientre unas cuantas veces como si lograría con ello calmar al pequeño. –

Maldita sea… – la voz de Sanzo le distrajo por un segundo de la conversación con su hijo.-

Al fin llegas. – se sentó rápidamente en la cama al ver la figura del rubio en la puerta. –

¿Qué haces despierto? – ni si quiera miro al chico, solo se sentó en la orilla de la cama con desanimo total, aun la lluvia lo ponía enfermo, esos viejos miedos que no se olvidan con facilidad –

La bebe está inquieta con la lluvia.

Aun insistes en la tontería de que es niña. – lanzo sus botas lejos de sus pies y subió a la cama. –

Solo lo sé. – sonrió enorme. –

Mono… ¿dónde está mi ropa de dormir? – miro a todos lados en la habitación. –

Oh… - se llevó la mano a la boca con pena. – Creo que se me olvido meterla a la habitación después de recoger la ropa lavada.

LO QUE ME FALTABA…. ¡VE A BUSCARLA ANTES DE QUE SE MOJE MAS! – se quitó de mala gana su túnica. –

Pero está lloviendo mucho. – miro algo preocupado hacia afuera. –

No me interesa mono tonto, tú la dejaste afuera, así que tú la buscas – encendió un cigarrillo con molestia, aprovecharía de fumar mientras Goku salía –

Iré rápido. – suspiro pesadamente, no quería sacar de sus casillas a Sanzo con el humor que se traía esa noche. –

Con prisa tomo una manta y se la puso sobre la cabeza para no mojarse mucho, abrió la puerta de la habitación y salió corriendo hacia el fondo del templo, debía dar unas buenas vueltas para llegar donde se tendía la ropa de los monjes y donde él había olvidado las cosas de Sanzo. Pasaron unos minutos en los que el rubio miraba al cielo oscuro y plomizo parado en la puerta de la habitación, fumaba su ultimo cigarrillo de la noche y solo deseaba que esa tormenta amainara para sentirse emocionalmente mejor, odiaba la lluvia y más aún ese clima desesperanzador que se le metía bajo la piel como el frio de la noche.

¡SANZO! – los llamados de Goku le interrumpieron su monologo mental. –

No trae nada en las manos. – mascullo el rubio con coraje al ver como un mojado Goku se acercaba al templo otra vez. –

No… no pude encontrar tu ropa… - respiraba algo acelerado mientras sujetaba su vientre con una de sus manos y la otra aún seguía sobre su manta tapándose de la lluvia con ella. –

Eres un total idiota, seguro que la perdiste o se la dejaste a algún otro monje del templo. – apago el cigarrillo contra el marco de la puerta. –

¡No soy un idiota! – se contuvo de estornudar, el frio y lo mojado que estaba le pasaban factura. – Solo que llueve mucho y no logre verla.

Bakasaru, eres un inútil sin remedio, no sé cómo pretenderás cuidar a ese mocoso, capaz y se te pierde como pasó con mi ropa. – sujeto con brusquedad la manta con que se cubría Goku. –

NO ME HABLES ASI, ¡YO SOY BUENO CON EL BEBE! – se echó para atrás rápidamente sin notar que con ello piso parte de la manta que arrastraba tras él. –

Un sonido seco y el quejido de Goku fueron lo único que se oyó en todo el templo, el pobre chico había caído de nalgas al suelo dándose un buen golpe en la baja espalda, del dolor quedo sentado, privado sujetando sus caderas y con las lágrimas a punto de salir, aun jipando daba quejidos bajos sobre lo horrible que había sido ese golpe.

Levántate del suelo… - Sanzo le miro con fastidio y le tendió la mano para que se parara pero Goku se la manoteo y se puso de pie poco a poco y aun adolorido. –

Fue tu culpa. - se secó las lágrimas con rabia y salió caminando hacia la habitación de ambos. –

Todo es mi culpa últimamente. – suspiro con desánimo y decidió no seguir discutiendo con el mono, sabía que diría cosas hirientes que no podría saldar después. –

Ambos molestos y enfadados no se dirigieron la palabra más, la noche lluviosa estaba peor aún, pero Goku pronto estuvo en brazos de Morfeo, el dolor que le quedo de la caída no fue impedimento para descansar, la noche avanzaba y el frio de la torrencial lluvia despertó a Sanzo, con sumo fastidio miro hacia la ventana notando que aun llovía, se giró un poco buscando mejorar su postura cuando sintió que algo estaba húmedo bajo el, lo primero que pensó fue en alguna gotera en el techo pero después de quedarse mirando al mismo por un rato no vio caer nada así que su segunda opción era el mono que dormía a su lado, lleno de coraje se sentó en la cama dispuesto a reprenderle por su "accidente", ya era todo un adulto y no sabía cómo se le había escapado el no ir al baño a tiempo.

¡Despierta Goku! – estaba por empujarlo con su mano cuando escucho un quejido lastimero y muy bajo que provenía del chico. – ¿qué sucede?

Con prisa Sanzo salto fuera de la cama y encendió una lámpara para ver mejor en esa oscuridad, cuando por fin pudo tener luz, todo su rostro palideció en segundos, lo que él creía un accidente nocturno de Goku resulto ser sangre, todas las sabanas de la cama bajo el mono estaban empapadas de aquel vital líquido para el cuerpo humano.

Esta sangrando… - nervioso y confundido dejo la lámpara en una mesa y se movió cerca de Goku para despertarlo. –

Sanzo… - el chico respondió pesadamente al contacto que el monje le daba, con suma suavidad le hizo girar hasta que quedo boca arriba. –

Estas hirviendo en fiebre. – poso su mano sobre la frente bañada en sudor del mono. –

Duele… - susurro sujetando su vientre con fuerza. – me duele.

No sé qué sucede.

Angustiado Sanzo quito todas las mantas de encima de Goku, debía bajarle la fiebre lo más rápido posible pero cuando lo hizo noto la gravedad del asunto, sin duda aquella sangre solo significaba que el parto del mono se había adelantado, las imágenes de la caída de Goku le hicieron entender mejor todo, renegando con la cabeza se dedicó a quitar el pijama mojado del chico, debía saber si sangraba más o no.

¿Qué me pasa?... duele… me duele – Goku estaba casi delirando con la fiebre y el dolor, no estaba seguro que le sucedía pero sentía como un horrendo dolor le lastimaba la espalda y su vientre. –

Tranquilo. – sujeto la mano de Goku entre la suya. – todo estará bien.

Sanzo, la bebe, la bebe… la bebe… AARRRRR! – se retorció de dolor en segundos gimiendo con fuerza. –

Ayuda, necesito ayuda. – miro como otra vez las mantas estaban manchándose de sangre bajo Goku. – tienes una hemorragia.

… - Goku solo apretó sus manos contra su vientre, la fiebre estaba haciéndole perder el sentido de lo que pasaba con él. –

No te desmayes… Goku, ¡me oyes!... no te desmayes ¡demonios! – sujeto los hombros del chico con fuerza, lo necesitaba despierto. –

Sanzo se sentía en una desesperación inimaginada, sus manos temblaban y no sabía en verdad que hacer, tanta sangre, la fiebre y el pobre Goku retorciéndose en sus brazos, todo parecía una horrenda pesadilla culposa, una llamada de su conciencia a todas las veces que trato mal a Goku y no le dio la importancia que merecían él y su embarazo. Sabía que no podía llamar a los monjes, nadie sabía del estado de Goku, pero si había alguien que podía por lo menos detener la hemorragia y auxiliarle, debía salir del templo por el o sería el fin para el chico y su hijo.

Goku, escúchame – Sanzo le acuno entre sus brazos con fuerza. – óyeme lo que te diré.

….. – el chico medio abrió los ojos cuando le escucho pero su rostro estaba totalmente marcado por el dolor que sentía. –

Voy a ir por Hakkai, él te ayudara… si, él podrá ayudarte. – beso la frente perlada en sudor del mono con suavidad. –

Sanzo…. Duele, la… la bebe ya viene – apretó los labios con fuerza al sentir aquella sensación entre sus piernas, él bebe se preparaba para nacer sin duda alguna. –

No… No va a nacer aun, ¡me oyes!... ese niño se va a quedar allí dentro 2 meses más y nacerá cuando deba hacerlo, pero ahora no. – hablo entrecortado, sabía que moriría si nacía en ese momento. – no vayas a pujar Goku.

Un gemido profundo fue lo último que le brindo su pequeño amante, en pocos segundos Goku se había desmayado en sus brazos, su cuerpo que hasta hace poco hervía en fiebre ahora empezaba a enfriarse aterradoramente rápido, el rubio entro en pánico al no poder despertar al chico, le grito y movió incontables veces pero solo obtenía como respuesta el sonido inclemente de la lluvia, sus ojos se llenaron de lágrimas, su garganta se atoro con un nudo asfixiante y lleno de dolor y rabia, sentía que era su culpa, por mandarlo a salir en medio de esa lluvia, por dejar que cayera al suelo, por gritarle, por todo, todo era su culpa y ahora pagaba con creces las consecuencias de su desamor para con dos vidas inocentes.

despierta, Goku despierta… ¡MALDITA SEA DESPIERTA!

Bañado en lágrimas apretó más el cuerpo del chico contra su pecho, la sangre que estaba en sus manos ahora se mezclaba con sus lágrimas. Un dolor lacerante se apodero de su pecho, recordó lo inútil que se sintió cuando murió su maestro, y paso, paso de nuevo que el dolor le cegó, que abrió el hueco que hasta hacia unos años había tapado el cariño de Goku, un agujero enorme y vacío donde toda las ganas de vivir se hundían como un poso de negro alquitrán.

¡GOOKUUUUUU!

El dolor grito por él, el terror y el miedo, todos los sentimientos más básicos de un humano se dejaron escapar en ese nombre, su orgullo, su poder, su vida se iba con Goku, no quería aceptarlo, se aferraba con fuerza aquel cuerpo que aun respiraba pero muy suave y frágilmente.

Solo los estúpidos no ven los tesoros del corazón.

La puerta de la habitación se abrió de un golpe, la brisa fría y llena de gotas de lluvia inundo el lugar, la lámpara se apagó en un segundo dejando todo en penumbras y solo el brillo malévolo de los relámpagos antes de caer alumbraban el lugar, con aquel espectáculo Sanzo logro identificar a una figura negra, delgada y oscura que camino poco a poco hasta ellos, sintió como el cuerpo de Goku era alejado de él en un segundo para después verse arrodillado en el suelo y sin nada entre sus brazos salvo la sangre del mono manchando sus ropas.

Quien… ¿quién eres? – miro desorbitado a la figura oscura que paso su negra mano sobre la frente de Goku. –

No has cambiado nada ni en 500 años. – susurro algo melancólica. – te di un regalo y mira lo que has hecho con él.

Kanzeon… Bosatsu. – susurro impresionado. –

No tienes ni el mínimo derecho de nombrarme con esa boca tan pecadora. – su cuerpo comenzó a brillar en medio de esas penumbras. – me llevare tu regalo, no lo mereces.

Goku… - miro impresionado como las manos de la diosa se llenaban de una energía inexplicable, un brillo dorado y cálido que comenzaba a envolver al chico. –

¡NO TE DEJARE LLEVARTELOS! – con la desesperación escrita en sus ojos, se puso de pie dispuesto a luchar. – ¡MAKAI TENJOU!

Su última carta, con todo el dolor de su corazón lanzo su ataque directo contra un dios, a veces la desesperación nos vuelve presa de la estupidez, pero ya no importaba el resultado, solo deseaba detener el acto de la diosa de la misericordia, no permitiría que Goku ni su bebe fueran arrebatados de su lado, ya bastaba de tantas tonterías que había cometido, se prometió a sí mismo en esos segundos que los cuidaría como nunca antes, que los protegería de lo que fuera o quien fuera, tanta desesperación llenaba su alma que no pudo más.

¡INGENUO! – en un segundo la diosa alzo su mano deteniendo el ataque de Sanzo como si hubiese puesto un muro invisible entre ella y el. – no puedes contradecir a un dios, Kozen… ya debiste aprender esa lección en el pasado.

Cayó de rodillas derrotado, no tenía más que dar, todos sus esfuerzos por evitar que se llevaran a lo más preciado de su corazón, con rabia aún seguía tratando de llegar donde Goku pero la diosa le pateo haciendo que su cuerpo se estrellara dolorosamente contra la pared, un pequeño gemido agónico salió de sus labios al tiempo que el sabor metálico de la sangre invadía sus labios. La deidad le miro con desdén para seguir su labor, cerro sus ojos y concentro más de su energía en Goku que ahora parecía haber dejado de respirar, su pecho no se movía si quiera, su piel lucia la palidez de la muerte funesta.

Aléjate… de ellos. – el sonido del gatillo de su pistola resonó frio y despiadado en el lugar. –

Idiota, no te dije que no hay nada que puedas hacer contra un dios. – la mujer camino hasta Sanzo y dejo que este le apuntara directo al corazón. –

Si Goku no vive… si mi hijo no vive… yo iré a donde sea por ellos. – paso a apuntar el arma a su propia cabeza. –

Sus ojos violetas se apaciguaron hasta el punto de la serenidad, solo sintió el frio metal sobre sus sienes y dio una última mirada al cuerpo de Goku, sonrió un poco y se sintió en paz, saldaría su pecado con su propia vida, si debía morir para tenerlos cerca otra vez, lo haría, se dejaría llevar por la parca en busca de sus sueños, los sueños que deshizo con los pies igual a como un niño caprichoso destroza un castillo de arena porque no le gusto como quedo.

Volveré a repetirlo… ¡ERES UN IDIOTA! – la diosa le lanzo una bofetada tan fuerte que la pistola de Sanzo salió despedida de sus manos cayendo al suelo unos metros lejos de ambos. –

¡ME VOY A IR CON ELLOS! – grito desesperado por la interrupción de la Kanzeon Bosatsu. –

La mujer no le prestó atención y culmino su trabajo con el cuerpo de Goku, sus manos dejaron de despedir aquella cálida luz para ahora solo quedar una triste oscuridad otra vez, con paso decidido se acercó a la puerta de la habitación sin mirar si quiera a Sanzo. Este estaba arrodillado en el suelo llorando como un niño pequeño, sintiéndose más despreciable que una cucaracha, que no tenía sentido su vida si no iba a estar junto a Goku y su bebe.

Date prisa y cámbialo, si se queda con esas ropas mojadas puestas se resfriara. – una sonrisa de medio lado fue lo último que le brindo la deidad antes de desaparecer del lugar. –

Goku. – el monje alzo la mirada hacia la cama, en seguida noto como el chico estaba respirando de nuevo como si durmiera apaciblemente. – ¡Goku!

El aire olía a limpio, la tierra mojada y las plantas bañadas en un ligero rocío le daban la bienvenida a ese día, el sol comenzó a brindar los primeros rayos de luz calentando todo a su paso como si no hubiese llovido la noche anterior, como si todo lo que sucedió en la noche fue una espantosa pesadilla. Sintió la luz reflejándose en su rostro así que con suma molestia tapo su cara con su mano libre, se movió un poco hasta que algo, o mejor dicho, alguien apretó su mano derecha con fuerza.

¿Sanzo? – la inequívoca voz de Goku le hizo alzar la mirada de su lugar junto al mono. –

Estas… - sus orbes violetas se abrieron con asombro, allí estaba su Goku como si nada hubiese sucedido, lleno de vida y con su pequeño rostro mirándolo dulcemente. –

¿Porque estas de rodillas allí? – noto la posición que tenía el monje, se había quedado dormido con su cabeza pegada al pecho de Goku y su mano bien sujeta al rededor del vientre del mismo. –

¿Te sientes bien? – se estiro un poco tratando de acomodarse de la rara postura con la que durmió. –

Tengo hambre. – se rasco la cabeza con pena, esperaba un regaño seguro por parte de Sanzo. –

Tienes… hambre… - Sin proponérselo si quiera, sendas lagrimas recorrían sus mejillas pálidas, el llanto retenido de toda una noche de pesadilla –

¿Porque lloras? – el mono se sentó con dificultad, mirando impresionado aquel llanto de su sol, algo que casi nunca vio en el suceder –

Nada, no es nada mono tonto – se puso de pie no sin antes acariciar aquel vientre abultado, susurrando para si un los amo que Goku no escucho pero que si sintió en toda su piel con el contacto que le dio –

Continuara…

Espero lo disfrutaran, esta vez no hay Urasai, creo que fue muy intenso todo como para dar algo cómico, pero el siguiente capítulo es el final, ahora sí, después de tanto pero tanto tiempo llega la hora de culminar esto, realmente está terminado, solo me quedaba publicarlo, cerrar ciclos es vital, más aun cuando quieres comenzar otros, gracias por leer, por esperar y dejar sus opiniones, se les aprecia mucho, nos leemos pronto!

Próximo Capitulo:

Tiempo de nacer