DÉCIMA PARTE

Ranma ½ y todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi.

El cielo relampagueaba debido a los rayos, los truenos eran cada vez más intensos y la lluvia comenzaba a dejarse caer con enormes gotas que humedecían todo alrededor de la casa Tendo.

Ryoga aún atrapado dentro del cuerpo de Ranma miraba con enormes y sorprendidos ojos a la chica de cabellos azules que se encontraba delante. Aquellas palabras resonaban dentro de su mente una y otra vez, dejándolo en completo estado de shock… Qué le hiciste a mi Ranma… mi Ranma… mi Ranma… Ranma...

-Ranma… ¡Ranma! ¡RAAANMAA! -intentaba llamar su atención la joven moviendo una mano delante de los ojos del azabache pero éste no parecía reaccionar. -¿Ranma qué te pasa?

El pequeño P-chan Ranma, fastidiado por la situación de Ryoga, se soltó de las manos de su prometida para brincar a la cara de su cuerpo, pero usado por Ryoga, para darle unos cuantos golpecitos con sus pesuñas. A pesar de que no tenía la intención de lastimarlo no tuvo más opción que intensificar los golpes puesto que no parecía reaccionar con nada.

-¡P-chan! -se alarmó la joven ante la creciente violencia del cerdito y lo tomó en sus manos. Finalmente el azabache reaccionó. Sacudió la cabeza de un lado a otro como quien quiere salir de un sueño tormentoso. Observó a la chica y luego bajó la mirada. Por un momento ninguno de los dos dijo nada, solamente reinaba el sonido de las manecillas del reloj al interior de la casa y la lluvia golpeando fuera.

Pero qué sucede… estoy segura de que Ranma tiene algo… Akane lo observaba con algo de preocupación. La mayor parte del rostro del chico estaba cubierta por el flequillo.

-Cui… -dejó escapar P-chan Ranma quien podía sentir algo de tensión en el ambiente. ¡No puede ser! Ryoga es un completo idiota. Esto se está saliendo de control… Akane sospecha y Nabiki también. ¡Maldición!

-Dices que… -comenzó a hablar Ryoga aún cabizbajo - ¿dices que algo le hice a tu Ranma?

-¿Qué? -expresó Akane -Ranma ¿de qué hablas? ¿Co-cómo que a mi Ranma? -la chica no pudo evitar sonrojarse más allá del sonrojo provocado por la gripe.

-Cuiii! Cuiii! -se quejaba Ranma menándose incómodo. Estaba tan molesto por las tonterías que decía Ryoga que tenía ganas de hacerlo pagar con sus puños una vez que se recuperaran. De repente Ryoga le dio la espalda a la chica y apretaba sus puños.

-Te escuché claramente decir… ¿qué le has hecho a mi Ranma?... -aquellas palabras le quemaban la boca, no tenía muchos deseos de repetirlas pues le partían el corazón. Estaba demasiado involucrado con su sentir que ni siquiera se daba cuenta de que estaba hablando como él mismo y no como Ranma para que ella no sospechara nada. - ¿Lo quieres verdad? -soltó finalmente esa pregunta. Su rostro reflejaba una mirada triste y una sonrisa resignada que la chica no podía ver.

Tanto Akane como Ranma P-chan tenían cara de no comprender, aunque ella estaba notoriamente sonrojada. Intercambiaron miradas entre ellos y luego miraron de nuevo al chico de la trenza.

-¿Ranma de qué hablas? En verdad no te entiendo, yo no… -bajó la mirada un poco tímida -yo no pregunté tal cosa, solamente te dije que últimamente te comportas extraño, justo como ahora lo haces…

-¿Quieres decir que yo lo imaginé? -ahora sus puños se apretaban aún más fuerte a sus costados Akane es tan dulce que no quiere lastimarme, está mintiendo, estoy seguro de haberlo escuchado… los pensamiento de Ryoga se vieron interrumpidos abruptamente, pues un par de manos demasiado cálidas se posaban en su frente. Akane había acostado la distancia entre los dos y por la espalada ella se aseguraba de que no tuviera fiebre o algo que estuviera provocando ese comportamiento tan raro en su prometido.

-Ya deja de decir cosas sin sentido bobo… -le decía una Akane que parecía estar molesta por su tono de voz pero en realidad era preocupación -Mmmm… no pareces tener fiebre -quitó una de sus manos para colocarla en su propia frente -aunque tampoco podría decirlo porque yo tengo la temperatura algo más elevada…

El pequeño cerdo negro solamente observaba la escena desde la mesa, donde fue colocado por su prometida momentos antes. Todo aquello le parecía demasiado tierno para su gusto y comenzaba a sentir que dentro de él, un calor recorría sus venas y que ese pequeño estómago se le revolvía. Estaba sintiendo celos de ver a Akane haciendo eso con él pero no siendo él. Sin embargo, un pensamiento fugaz lo hizo cambiar la sensación que estaba experimentando. Me pregunto qué haría si estuviera en mi cuerpo ahora mismo…

Akane retiró la mano que tenía en la frente de su prometido y le rodeó hasta poder quedar delante de él. El joven no pudo evitar corresponder a la mirada profunda y cálida de la peliazul.

-Ranma… sé que… -ella se sonrojó y desvió la mirada -sé que no soy la persona más cálida del mundo ni la más femenina y sé que a veces te fastidio pero -regresó la mirada a él, para verlo con la más profunda sinceridad y ternura -pero confía en mí por favor, yo siempre estaré para… para ti y ayudarte…

Ryoga la miró con sorpresa, Ranma P-chan se sonrojó y Akane estaba en la espera de una respuesta. Un trueno se escuchó fuertemente y al mismo tiempo parecía que algo dentro de la mente de Ryoga explotaba. Sin poder soportarlo más salió corriendo de la sala hacia el jardín, mojándose por completo y quedando como una pelirroja que se veía deseosa de huir del lugar.

-¡Ranma! -Akane en un acto reflejo salió tras de él, mojándose un poco olvidándose de lo mal que se sentía -¡Ranma! espera! ¡¿A dónde vas!? -lo vio a punto de saltar por la barda hacia la calle cuando repentinamente un jalón la hizo retroceder. Era su pequeña mascota que mordía el pantalón de su pijama y le impedía seguir. -P-chan espera debo ir tra… -no terminó la frase porque una espátula y un bombori se clavaron justo delante de sus pies. Vio en dirección a la barda y ahí estaban a las dos prometidas de pie, tapadas con impermeables y sus sonrisas maliciosas de siempre.

-¡Ukyo! ¡Shampoo! ¿Qué hacen aquí? -les preguntó molesta la peliazul.

-Vinimos a ver a Ranma -respondió Ukyo.

-Así es. Ranma tiene que explicarnos una cosa muy importante así que no te entrometas Akane -le dijo con tono petulante la chica proveniente de china.

-Un momento ¿qué asuntos pendientes tienen con Ranma? -Akane estaba a punto de avanzar hacia ellas pero algo se lo impidió. Un listón rojo se enredó en su cuello y ella logró meter una de sus manos para que no la ahorcara.

-Tú te quedas conmigo querida Akane y luego iré tras de mi amado Ranma jojojo -había hecho acto de presencia la famosa y odiosa rosa negra.

-Nosotras iremos tras la pelirroja para que tampoco se entrometa -dijo burlonamente Shampoo.

-Te encargamos a Ranma, Kodachi -también expresó con sorna la chica de la espátula y se saltó junto con Shampoo para ir hacia la pelirroja que había visto salir rumbo a la calle.

-Jojojojojo pobrecitas, piensan que voy a compartir a mi Ranma, por mi se pueden entretener toda la vida siguiendo a la pelirroja aajajajaja -se reía muy segura de su triunfo sobre las demás. Akane la veía con una ceja ligeramente alzada, pensando en lo boba que era al no saber que la pelirroja y Ranma eran la misma persona. Definitivamente Kuno y ella son hermanos. Akane salió de sus pensamientos al sentir que la gimnasta ejercía más fuerza y el listón comenzó a presionarle más.

-Jojojo pobre de ti Akane, este será tu fiiin… -la atacaba con otro listón pero éste no pudo llegar hasta su presa. Un pequeño cerdo negro había mordido el listón que atrapaba a la peliazul y la liberó, provocando que la joven cayera al suelo y escapara del otro ataque. -Pero qué mascota tan entrometida, te voy a dar una lección- Akane logró tomar en brazos al pequeño cerdo, rodando por el suelo para poder escapar del ataque de la loca de Kodachi. La peliazul intentó incorporarse pero un fuerte mareo la hizo sentarse de golpe. Se colocó una mano en la cabeza y P-chan Ranma la miraba preocupado y a la vez aterrorizado al percatarse de que Kodachi nuevamente atacaba.

-Cuiii! Cuiiii! Cuuuuuiiiiii!- Akane muévete, no puedo ayudarte. ¡Akaaaaneeee!

-Oye Kodachi, ¿quieres saber dónde está Ranma? Yo puedo decirte.

Kodachi se detuvo de golpe mirando hacia el lugar de donde provenía la voz. Vio a la mediana de las Tendo, en pijama, recargada den el marco de la entrada a la casa por la sala. Parecía molesta por su expresión pero rápidamente pasó a una sonrisa maliciosa.

-¿Vas a decirme sin más dónde está? -preguntó con curiosidad la chica de cabellos negros.

-Claro. Llevan un rato haciendo escándalo y me urge poder dormir tranquilamente. Así que es si el problema es por saber dónde está Ranma yo puedo decirte -le señaló la entrada.

-Ranma mi amor, pronto podremos estar juntos. -dijo Kodachi manteniendo unidas sus manos sobre su pecho. Decidió dejar a su presa y se adentró en la casa. Nabiki miró de reojo a la mascota de su hermana, quien estaba atento a la escena y a la chica de cabellos azules a su lado, luego siguió su camino.

-¡Cuiii! ¡Cuii!

Akane tomó en sus manos al pequeño P-chan Ranma y lentamente se metió en la casa ayudada por Kasumi que estaba esperando dentro.

-Akane te has mojado mucho, ahora podrías empeorar -tocó la frente de su pequeña hermana -será mejor que te duches mientras yo te preparo un té para que lo tomes y descanses -le sonrió tiernamente. Lo cierto es que la peliazul no tenía muchas energías y se limitó solamente asentir. Kasumi se metió a la cocina, Akane subió las escaleras y el pequeño Ranma P-chan la miraba con algo de preocupación.

Mientras tanto, Nabiki le señalaba a Kodachi una de las habitaciones antes de perderse en la suya.

-Bueno, ahí la tienes. No hagas mucho ruido por favor, que en esta casa sí nos gusta la tranquilidad y poder dormir… -el tono de Nabiki era serio y molesto. Estuvo a punto de cerrar la puerta cuando de pronto se asomó -Ah lo olvidaba. Luego me pagarás por haberte dado la información -finalmente se metió a su habitación.

Kodachi no cabía de la felicidad. Había resultado ser la más lista y afortunada de las supuestas prometidas de su adorado Ranma. Solamente ella podría tener la oportunidad de pasar una romántica noche a su lado. Su corazón latía intensamente con cada paso avanzado en dirección a la habitación de su amado. Sus ojos brillaban a tal grado que parecía que lloraría de la dicha en cualquier momento. Recorrió la puerta lentamente para poder ver entre la oscuridad. Había un futon a medio hacer. Pudo ver por la poca luz lo que parecía ser la trenza del azabache, estaba sentado en una silla.

-¿Ranma mi amor? -preguntó tímida la rosa negra.

Vio que aquella trenza se movió cuando la cabeza giró en su dirección. Y algo saltó hacia ella. El grito que la chica dejó escapar resonó en toda la casa. Luego se escucharon golpes y al parecer había saltado por la ventana. Nabiki sonreía complacida desde su cama. -Por fin vamos a dormir… -fue lo que dijo antes de cerrar los ojos.

Kasumi que estaba por subir el té a su hermana, vio a una Kodachi salir despavorida por el patio y detrás de ella iba el maestro Happosai vestido con una camisa roja como la de Ranma pero a su tamaño y portaba una peluca negra con trenza.

-¡Aléjese de mí viejo pervertido! -gritaba horrorizada la rosa negra.

-¡Mi amor! Ven, soy tu Ranma pero un poco más bajito. ¡No me deejeeees! -gritaba Happosai corriendo tras la joven.

-¡No regrese muy tarde y tápese o se va a enfermar! -le gritó Kasumi quien sonrió y continuó su camino. Subió hasta llegar a la habitación de Akane y antes de tocar la puerta, vio que un intenso resplandor se escapaba por debajo de la puerta.