Capitulo 10: Caída libre

La única estrella que tiene mi cielo
se esta borrando,
la nube negra de mi desgracia
poquito a poco la esta tapando.

Y aunque yo quiera que no se vaya
ya es mi destino jamás mirarla,
quien me lo manda poner los ojos
en una estrella que esta tan alta.

La única estrella que tiene mi cielo
se esta perdiendo,
la nube negra de mi desgracia
poquito a poco la va cubriendo.

Y aunque yo quiera que no me deje
ella se aleja mientras yo grito,
quien me lo manda poner los ojos
en una estrella del infinito.

Nueva York

Albert despertó en silencio absoluto, no le dirigió la palabra a ninguno de los sirvientes que estaban a su orden en la mansión Andley. El joven, que desde que se había revelado como cabeza de una de las familias mas poderosas de los estados unidos, siempre se había distinguido entre sus empleados y conocidos como una persona amable, abierta y siempre disponible para brindar a una sonrisa sin hacer distinciones de condición social, esa mañana se mantuvo frio y distante de todo aquel que se le acercó para atenderlo. Marzo estaba a la vuelta de la esquina, la boda de Archi y Annie ya estaba a punto de realizarse y el tenia muchísimos compromisos relativos a sus empresas y en particular a la puesta en punto de dicho evento, pero francamente no tenia la cabeza para nada ni nadie en esos momentos que no fuera Candice White Andley.
Toda la noche la pasó en vela llorando lleno de incredulidad y decepción. No dejaba de reprocharse el haberse confiado en que no habría nada de que preocuparse dejando a su Pequeña sola en América mientras que él estaba en Europa, mucho menos llegó a imaginar siquiera que se presentara un reencuentro y reconciliación con el hombre que ahora, irremediablemente se había convertido en su mayor rival y obstáculo para lo que él entendía como su felicidad. Terry Granchester siempre tuvo su simpatía y aprecio, realmente le parecía un joven muy especial cuyo sufrimiento lo conmovía. Por eso incluso él mismo se sintió sorprendido la ocasión que, cuando lo encontró en un estado deplorable de alcoholismo y demencia, prácticamente lo obligó a marcharse y olvidarse de cualquier intento de ver a Candy. En un principio se dijo a si mismo que fue en beneficio único de su protegida, por mucho que estimara a Terrence, era su deber como tutor de la joven velar que solo personas que le trajeran beneficio se acercaran a ella, y lamentablemente, Terry en esos momentos ya no era una influencia positiva, por mucho que ella lo amara, no lo era en sus condiciones y no con las cargas que el pobre ya arrastraba.
Pero ahora, dadas las nuevas circunstancias, se había sincerado con él mismo para aceptar que en el fondo, eran sus sentimientos reprimidos por ella los que lo hicieron tomar la decisión de obligar a Terry a alejarse y olvidarse de cualquier intento de volver a verla. Y lo que ahora lo tenía indignado era que el poco hombre había tenido el atrevimiento de acercarse y reconquistarla estando casado. Era imperdonable la simple posibilidad de imaginarse que ellos pudiesen haber consumado su relación… El solo pensarlo le daba vértigo. Pensaba en ello cuando el mayordomo tocó a la puerta y le entregó un sobre manila que venia de Nueva Orleans. Sin demora de inmediato se sentó en su escritorio y procedió a revisar su contenido. Sus pensamientos previos no lo ayudaron a aminorar el impacto de constatar cada uno de sus temores. Las fotos no podían ser mas explicitas, y al llegar en la lectura del reporte de la descripción de la noche que pasaron la noche juntos… Lamentablemente su espíritu estaba agotado y no había lágrimas en sus ojos para derramar ni una más. Sin embargo, después de quedarse observando el cumulo de documentos y fotografías sobre el escritorio, se llenó de una determinación a no dejarse vencer por nada ni por nadie. A él no le interesaba si Candy había sido de otro, podía haber estado con mil hombres y en realidad eso no le interesaría. Simplemente no podía soportar la idea de no tenerla al final, solamente para él. "En la guerra y el amor todo se vale. Verdad? Candy, mi tontita y pequeña… Te voy a abrir los ojos, y al final te darás cuenta que tan equivocada has estado al entregar tu amor y confianza a alguien que no te merece, mi amor por ti es tan grande, que no me importara hacer lo que haga falta para que finalmente me concedas la dicha de hacerte mía y hacerte feliz."

Lejos de ahí, Terry veía el fondo del vaso que ya hacia rato se había acabado, en el rincón de ese bar de mala muerte que tantas veces había visitado, los vasos estaban acumulados, y él los había acomodado uno sobre otro a modo de juego, perdido en la inconsciencia del alcohol. Después de su enfrentamiento con Susana, el dolor era tan insoportable que lo único que se le ocurrió para intentar mitigarlo fue emborracharse solo, como siempre. Y bendito alcohol, contrario a lo que generalmente experimentaba, que era hundirse en severas depresiones, en esa ocasión su espíritu se sintió invadido de una felicidad rara, toda esa noche se la paso recordando a su Hermosa Pecosa, como empezó a decirle.
Hacia muchos años que no estaba convencido hasta los huesos que tenia una oportunidad de ser feliz. Pero con la llegada de la mañana, y mientras la sobriedad lo comenzaba a despabilar, la realidad se volvía a hacer palpable y amenazante.

"Por que Candy? Por que no pudimos tomar una decisión diferente aquella noche? Por que te fuiste y me obligaste a pagar mi deuda de esa manera? Hubiera preferido mil veces haberme muerto bajo aquellos reflectores, que sentir la carga de lo que le ocurrió a Susana… y no haber podido nunca ser capaz de corresponderle a su amor, ni siquiera por agradecimiento. Pero tenias que ser la Santa Candy, la que siempre piensa en los otros antes que en si misma… Quisiera reclamártelo, reprochártelo para quererte un poco menos y que tu ausencia no me doliera, pero no puedo. Estoy enfermo de ti, vivo de ti, tuyo mi pensamiento y mis ganas de ser, lo que sea, mendigo, rey, héroe o villano, no importa, solo ser lo que se requiera para tenerte a mi lado por siempre."

Después de tallarse la cara para despabilarse un poco, pagó su cuenta y salió a buscar un cuarto de alquiler, para instalarse, bañarse e ir al encuentro del abogado que Robert Hathaway le había recomendado. Terry le informó la decisión que había tomado respecto a su matrimonio, sabia que necesitaba ponerlo al tanto ya que iba a requerir su ayuda para mantener a Susana a raya de sus actividades. A Robert no le pareció descabellada la noticia, él perfectamente (Bueno, prácticamente nadie que los conociera podía no notarlo siquiera) sabia que ese matrimonio era completamente desdichado para ambos, especialmente el muchacho quien a leguas se notaba que era muy infeliz. A pesar de la lastima que dicha decisión generaba hacia la pobre Susana, Robert le prometió a Terry que el lo apoyaría a pesar de lo que ella y su madre pudieran decir o hacer.
Encontró a medio día un lugar acogedor y barato y después de bañarse, se dirigió al centro de Manhattan donde estaba la oficina de David Meyer, abogado. Terry fue muy concreto al plantearle como estaban las circunstancias en su matrimonio, le hablo del accidente, la enfermedad y el embarazo, que el simplemente ya no soportaba estar cerca de su mujer y que deseaba casarse urgentemente con Candy, quien se encontraba en esos momentos en Nueva Orleans. A instancias de su abogado, se vio en la necesidad también de decirle claramente de quien se trataba ella, el hecho de tratarse de una Andley complicaba un poco el panorama en cuanto que una vez que se supiera, el publico y la prensa armarían un escándalo que tal vez pudiera afectar su carrera. Terry, flemáticamente le contesto que eso no le importaba en lo mínimo. Fue muy tajante en pedirle al Sr. Meyer que no escatimara en costos para apresurar el trámite. Por lo pronto el Sr. Meyer le hablo que solicitaría a la corte una petición de separación temporal, donde se especificara que el como esposo y futuro padre estaría a cargo de seguir manteniendo a su mujer, ya que eso seria un atenuante legal para que no se le pudiera demandar por abandono de hogar.

-El proceso, Señor Granchester, será sumamente costoso.

-No se preocupe, Señor Meyer. No escatime usted en gastos.

Terry sacó un fajo de billetes y los puso en la mesa.

-Supongo que eso será suficiente para arrancar.

-Mas que suficiente, tenga usted por seguro que pronto le tendré buenas noticias. Los ojos del abogado brillaron de avaricia, le encantaba trabajar motivado por clientes que no dudaban en pagar.

Susana, por su parte, estaba que no podía controlarse. Llena de desconsuelo y odio, no dejaba de pensar en Candy, en la maldita de Candy White, quien se había atrevido a volverse la amante de su marido, además de inducirlo a dejarla por ella. Y estando embarazada! Susana parecía estar perdiendo la razón, pensaba que se estaba cometiendo en contra de ella una gran injusticia, no podía creer que un hombre pudiera dejar a la mujer que le iba a dar un hijo… pero en ningún momento se acordó o quiso recordar que ese niño no era de él. Se había envuelto tanto en su propia mentira, que a veces parecía que había perdido contacto con la realidad. A punto de volver a entrar en un crisis nerviosa, tomó una decisión que le pinto una sonrisa retorcida de felicidad. Llamaría por teléfono al hospital Saint Marie y le diría a la muy descarada de Candy que estaba enterada de su traición y que lucharía por su marido, ya que le iba a dar un hijo. Conociéndola como creía conocerla, si le decía las palabras adecuadas la haría recular y no volverse a meter ni en su vida ni en la de Terry. La muy boba realmente demostró tener un corazón de pollo por la forma como tan generosamente le dejó el camino libre. Fue de inmediato al estudio donde tenían el teléfono, se encerró y después de buscar el número en la agenda, llamó segura del resultado que obtendría.

Nueva Orleans

Candy estaba esterilizando instrumental quirúrgico. Ella calculaba que para ese momento Terry con toda seguridad ya estaba en Nueva York, ojala pronto llamara para avisarle que estaba bien. Mil pensamientos contradictorios cruzaban sin control por su cabeza, ya estaba pensando en él, recordando la noche que hicieron el amor, ya estaba recordando a Albert, la certeza de que le iba a hacer daño una vez que le confesara lo que había ocurrido, ya estaba pensando en Susana, y el coraje de haberse hecho a un lado para que ella no intentara suicidarse nuevamente y la decepción posterior de haberla visto siéndole infiel a Terry con otro… De repente recordaba las palabras misteriosas e indescifrables de Doña Erika, le daba miedo el solo hecho de ahondar en ellas y tratar de interpretarlas, ya que con la veracidad que acertó a decirle que se reencontraría con Terry… quien sabe que podría pasar más adelante. En esas estaba cuando la encargada del telefono del hospital fue a buscarla.

-Candy, tienes una llamada de larga distancia.

-Larga distancia?

-De Nueva York.

-Nueva York? Voy corriendo!

Candy se le adelantó a la telefonista y tomó el auricular que estaba sobre la mesa, respirando agitadamente y con una enorme sonrisa de alegría contestó de inmediato.

-Bueno? Terry?

-No, estúpida, no soy Terry…

Candy pocas veces escuchó la voz de Susana, pero de inmediato la reconoció. Una emoción visceral se apoderó de ella y su rostro se tornó hosco. Cuando Susana se fue del hospital, sin darle la oportunidad de enfrentarla, Candy se había quedado con demasiado rencor y no iba a desaprovechar la oportunidad de decirle lo que quería decirle.

-Ah, Susana, que gusto escucharte. Dime, querida, como esta Jonathan?

-Jon… Jonathan? Susana sintió que le daban un mazazo en la cabeza, la mención de Jonathan la dejó desarticulada. De que diablos estaba hablando Candy, como podía saberlo…?

-Te sorprendes, no es cierto? Voy a ser clara y directa contigo, Susana, se todo lo que hay entre tu y el Dr. Rivers, pero no te preocupes, no se lo he dicho a Terry… aun, por que no quiero hacerlo pasar mas malos ratos por tu culpa. Pero te advierto que si vuelves a hablarme para molestarme, o pones trabas para que él se divorcie de ti, voy a sacar tus trapitos al sol, todos se van a enterar de las cosas impropias de una señora casada que tu haces en los consultorios con tu medico. A ver que te parece eso.

-Yo… yo… como sabes eso?

-Eres una perra Susana, y olvídate de la Candy estúpida y generosa que conociste en el pasado. Te lo vuelvo a advertir, aléjate de mí y deja libre a Terry, o atente a las consecuencias.

Candy colgó temblando de rabia, pero una sonrisa se dibujo en su rostro, había disfrutado poner en su lugar a la gusana, de hecho, le pareció que fue benévola con ella… haberle dicho perra ahora le parecía leve en comparación con todos los insultos que había alguna vez deseado en silencio decirle si la tenia enfrente. Total, estaba segura que ahora si la infeliz no pondría ningún tipo de obstáculo para que sus sueños se realizaran.

Nueva York

Susana se quedó fría, todavía se quedó con el teléfono en la oreja unos minutos más después de que Candy le colgara abruptamente. Simplemente no podía entender como se pudo enterar de su relación con Jonathan, Terry no pudo habérselo dicho, eso simplemente no tenia sentido, ya que de saberlo él… seguramente ya se lo habría reclamado y de la peor manera, a menos que alguien en el hospital se hubiera dado cuenta y de alguna manera la estúpida aquella lo hubiera averiguado. Y ahora que hacia memoria, recordó que Jonathan no le había dicho por que razón lo habían despedido del Saint Marie, la próxima ocasión que lo viera le preguntaría exactamente que fue lo que paso al respecto, tal vez ahí estaba la clave para saber que tanto sabia y como se había enterado Candy. Ya no podía confiarse ni creer que la iba a manipular nuevamente, tampoco se atrevía a volverle a hablar para continuar con la discusión, sabia mejor que nadie que ella llevaba todas las de perder, su habitual cinismo y creencia de salirse siempre con la suya con sus caprichos terminó por destruirse, Terry y Candy se le habían rebelado sin importarles ni un comino sus sentimientos, y en el pequeño mundo de Susana Marlowe, todo se desmoronaba mas rápido de lo que ella hubiera creído jamás.

Nueva Orleans

-Candy, tienes otra llamada de larga distancia, otra vez de Nueva York!

Candy estaba tomando un café en su receso, Milly estaba a un lado de ella leyendo el diario, a estas alturas Candy ya le había platicado lo de la llamada de Gusana Marlowe, y Milly la reprendió por haber sido tan benévola con ella. Se miraron mutuamente y mientras Candy se levantaba para dirigirse al teléfono, Milly le decía fingiendo enojo.

-Si es esa piruja… dile que le mando saludos a su mama, como te lo he dicho. Entendido?

Candy se rio maliciosamente, le daba un poquito de pena aceptarlo, pero estaba disfrutando como nunca el hecho de portarse mal, desde el punto de vista como siempre había sido ella en el pasado.

-Bueno.

-Hermosa?

-Terry?

-Pues a quien mas esperabas, Pecas?

El rostro de Candy se iluminó, y su corazón se desbocó del gusto de oír esa voz tan adorada para ella.

-Cuando llegaste, mi amor, que tal tu viaje?

-Todo muy bien, linda. Esta haciendo un frio de los mil demonios acá, pero bueno. Todo bien. Ya estoy instalado en un departamento, ya me salí de la casa.

Candy se sorprendió, ahora podía entender la razón de la llamada de Susana. Prefirió no comentarle nada a él, para no entrar en detalles.

-Y Susana, como lo tomó?

-Nada bien, de hecho no quería hablar todavía con ella al respecto, pero lamentablemente, cuando yo llegué ya estaba enterada de lo nuestro.

-Ah si? Y eso como fue?

-Candy, no vayas a tomarlo a mal…

-Que pasó?

-Te acuerdas el ultimo día que nos vimos, ya sin el abuelito de por medio?

Candy no pudo evitar reírse, claro que lo recordaba.

-Alguien nos tomó una foto del beso que te di de despedida… y la publicó en un periódico de acá. Ella la vio y con esa nueva me recibió. Total que todo quedo al descubierto y creo que eso fue lo mejor que pudo ocurrir. En ese mismo momento le pedí el divorcio y me marché de ahí.

Candy era una mujer nueva definitivamente, de la niña que era incapaz de guardar resentimientos que fue en el pasado, por lo menos con respecto a Susana ya nada quedaba. Le dio un gusto travieso imaginarse la cara de aquella al ver dicha fotografía.

-También he ido donde el abogado. Ya todo esta en marcha, amor.

-Oh, pues que te puedo decir. Me da gusto escucharte animado. Tu como te sientes?

-Estoy tranquilo, y tu?

-Yo te extraño, no dejo de pensar en ti. Candy sintió que una lágrima se asomaba a su ojo, pero no quería llorar, ya no más.

-Yo también mi hermosa, voy a ver que tan pronto puedo volver contigo. Dependiendo de la respuesta que me de el abogado, voy a revisar la agenda de presentaciones para estarme unos días alla, o de plano traerte ya a vivir conmigo. Te gustaría eso, mi amor?

-Si, si! Es lo que mas deseo en el mundo, pero Terry, había olvidado comentarte algo.

-Que cosa?

-Archie y Annie se casan el 21 de Marzo, tengo que ir a la boda.

-Así que al fin se van a casar esos dos! Vaya, que bueno que se le hizo a Annie amarrar a Cronwell…!

-Terrence! No seas majadero!

-Ya, ya, no me regañes. No te preocupes, tienes mi permiso para asistir a esa fiesta…

-Pero si yo no te estoy pidiendo permiso!

Terry se hizo el que no escucho la protesta de la rubia. Diantres! Como disfrutaba hacerla enojar, hasta por teléfono era tremendamente divertido escuchar sus rabietas.

-No olvides escribirme para decirme cuanto me adoras, tan pronto sepa cuando puedo ir para allá te lo avisaré por teléfono.

-Pues por mi puedes esperar sentado esa dichosa carta, por que no te escribiré nada!

-Adiós mi Pecosa gruñona.

-Adiós presumido insoportable!

-Te amo.

Ese "te amo" bastó para desarmarla, la voz aterciopelada de Terry le aflojó las piernas, ese hombre podía hacerle o decirle lo que quisiera y ella no repelaría en lo absoluto.

-Yo también te amo.

Se quedaron en silencio, que difícil era estar tan lejos el uno del otro con tantas cosas que se interponían entre ellos… y con tantas cosas que querían decirse.

-Cuelga tu, linda, yo no puedo.

-Esta bien.

Ella renuentemente puso el auricular en el teléfono. "Dios mío, esto tal vez este mal, esto tal vez sea prohibido, pecaminoso, inmoral… pero lo amo, mas que a mi vida! Concédeme este milagro que te pido, déjame estar a su lado."

Los días siguieron pasando. Candy escribió esa primera carta donde desahogo todos los sentimientos y pensamientos que por años guardo para si. Terry también escribió una carta para ella donde le decía todo lo que representaba para él, como desde que la conoció aprendió a ver la vida con otros ojos, como antes se había sentido como un muerto en vida. Y como revivió otra vez en sus brazos. Candy se sonrojó mientras leía todas las palabras apasionadas y atrevidas que él le decía, como la recordaba, como la soñaba, lo que quería hacerle tan pronto la volviera a tener en su cama. Atras se habían quedado las parquedades del pasado, el no pensaba reprimir ni un minuto mas todo lo que necesitaba expresar a la mujer que amaba.
Lejos estaban de sospechar que una persona en quien ellos confiaban ciegamente, tejía una red a su alrededor. George, por órdenes de Albert, se instaló en Nueva Orleans y a principios de Marzo, contacto a Milly. Fue a buscarla a la casa un día que sabía por medio de los investigadores, Candy estaría de guardia en el hospital. De entrada ella no accedió a hablar ni a contestar ninguna pregunta que el le hizo. Sin embargo, George hábilmente encontró la manera de convencerla.

-Señorita Robinson, sabemos de buena fuente, que su familia esta pasando por serios problemas económicos.

-Ah si? Y que mas sabe usted de mi, si me lo puede decir?

-Que usted trabaja muy duro para ayudar a su padre a saldar sus deudas de juego.

Milly se mordió el labio, estaba muy sorprendida que un desconocido hubiera podido averiguar lo que ella con tanto cuidado había ocultado. George de inmediato notó que había dado en el punto adecuado.

-Srita. Robinson, se que usted es una persona confiable, y entiendo que no desea defraudar la confianza que la Srita. Candy depositó en usted, lo único que me interesa es el bienestar de ella. Créame, Candy nunca se va a enterar de que yo he hablado con usted a sus espaldas, y a cambio, recibirá una generosa ayuda que seguramente solucionara gran parte de sus problemas y su familia.

George puso frente a ella, sobre la mesita de té, un cheque que Milly no dudo en tomar para verlo. Abrió los ojos azorada y volvió a verlo, sonrió de lado en una expresión infantil. "Lo siento Candy, creo que el que yo hable un poquito nos va a convenir tanto a ti como a mi, aunque tal vez pudieras pensar lo contrario."

Albert se enteró de todo. Supo cuales fueron las razones por las que Candy se animó a involucrarse en una relación extramarital con Terry, lo del engaño de Susana, la historia de que entre ella y Terry nunca hubo intimidad. Solo así Albert pudo entender como su amada Pequeña había hecho algo que para él le resultaba tan difícil de asimilar. Y mayor fue su coraje con Terrence por haberla engañado. El por su parte había averiguado que Susana estaba embarazada, y obviamente ese era un as que pensaba utilizar a su favor, ya que una vez que Candy se diera cuenta que Terrence le había mentido, con toda seguridad su decepción seria tan grande, que ella no podría perdonarlo por haberla seducido a base de mentiras, y ocultando el hecho de que había un niño en camino. Albert de inmediato le dijo a George lo que harían a continuación, y Milly para su incomodidad jugaría un papel clave en la trampa que se tendería al par de enamorados.

A mitad del mes, Terry llamó al hospital para avisarle a Candy que ese fin de semana iría a visitarla. Candy le platicó a Milly, y esta de inmediato le avisó a George. El a su vez llamo a Albert a Nueva York para pedir instrucciones, el cerco se estrechó esa misma tarde cuando George se presentó finalmente en la casa de las enfermeras a buscar a Candy.

-George, que sorpresa verte! Como has estado?

-Muy bien, Señorita. Vengo por encargo del Señor Andley.

-Albert! Como esta el George? Cuando regresa?

-Bueno, de hecho él ya esta en América, regresó a principios del mes.

-Ah si? Que bueno! Voy a escribirle entonces. Esta él en Chicago?

-Si señorita.

-Perfecto…

Candy hasta ese momento se dio cuenta de lo extraño que era ver a George ahí.

-Disculpa la pregunta, pero, a que has venido? De que quieres hablar conmigo?

-Es algo delicado, pero es por ordenes del Sr. Andley, él esta muy preocupado por usted.

-Entiendo, debe estar molesto por que no le avisé que tenía planeado venirme a Nueva Orleans. Créeme que después me arrepentí de no haberlo hecho. Candy optó por decir una mentira piadosa. No quería entrar en los detalles que la motivaron a ocultarle sus planes a Albert. Y menos después de los resultados que su viaje había traído a su vida.

-No se trata tanto de eso, usted tiene que perdonarme, pero tengo que ser claro. El Sr. Andley esta enterado de que usted reanudo relaciones con el joven Granchester.

Candy sintió que la sangre se le fue a los pies. Abrió los ojos sorprendida de haber escuchado lo que George le dijo. No podía entender como se habían enterado de ello… Albert estaba enterado! "Dios mío, él ya lo sabe".

-No entiendo a que te refieres…

-No tiene caso que lo niegue, Señorita, tenemos pruebas de lo que le digo. Usted ha sido vigilada prácticamente desde que llegó a Nueva Orleans, por órdenes del Sr. Andley.

-Como?

-Si, el solicito que usted no se diera cuenta, era simplemente para estar al tanto de su seguridad.

Candy se paró del sillón en el que estaba sentada y se dirigió hacia la ventana tratando de despejarse y tomar el aire que se le estaba escapando ante el impacto de semejantes revelaciones.

-No es mi intención abochornarla, ni juzgarla o avergonzarla por su conducta. Créame, de ninguna manera lo pretendo. Pero es mi deber abrirle los ojos, ya que estamos seguros de que no se la ha hablado con la sinceridad que usted se merece.

-No entiendo George, a que te refieres?

-Que el Sr. Granchester no le ha hablado con honestidad de su situación.

-Ah no?

Candy volteó a verlo molesta, no le agradaba sentirse minimizada ni por él, ni por Albert ni por nadie. Creían que ella era una mocosa fácil de engañar? Que sabían ellos de sus sentimientos, de la clase de mujer que ahora era?

-Se perfectamente que Terry es un hombre casado. Lo se y también estoy consciente de que desde la perspectiva de cualquiera que no sabe cuales son las circunstancias de nuestra relación, se puede malinterpretar el hecho de que yo lo haya aceptado teniendo conocimiento de ello.

-Señorita… Candy…

George se paró y se acercó a ella, lo cual la sorprendió muchísimo.

-Yo la aprecio sinceramente, la conozco desde que era una pequeña niña, alegre y vulnerable, y con ese cariño me paro frente a usted para hablarle desde el fondo de mi corazón.

Ella lo miró a los ojos, una angustia le punzó el pecho.

-Terrence le ha ocultado algo muy delicado de su relación con su esposa. Algo que sin duda alguna, si usted hubiese sabido desde un principio, la hubiera hecho pensar dos veces antes de involucrarse nuevamente con él.

-Habla, pues. Dime que es eso.

-La Señora Granchester esta embarazada.

Candy sintió como si le hubieran dado un golpe en pleno estomago.

-No, no! Eso no puede ser cierto!

-Desearía no ser yo el que debe darle esta noticia. Se muy bien lo que usted siente por ese muchacho…

-No, nadie sabe lo que el significa para mi!

-Señorita Andley…

-Vete, déjame sola!

-Lo siento mucho. Con su permiso.

George Johnson tomó su sombrero y su maletín. Candy le dio la espalda para que no viera las lágrimas que ya se asomaban. Embarazada! Susana embarazada y él nunca le dijo nada! Subió corriendo a su recamara y se tiró a la cama para llorar y golpear la almohada mientras su mente se negaba a creer lo que acababa de escuchar. Estaba tan confundida, ya que ni George ni mucho menos Albert le habrían mentido en algo así, realmente no era lógico. Pero por otro lado, tal vez ellos querían convencerla de ello para separarlos, podía imaginarse que Albert no estaría de ninguna manera de acuerdo con que ella regresara con Terry, pero de ahí a inventar una calumnia, eso si que le costaba creerlo.
Terry estaba en camino hacia Nueva Orleans, no le quedaba mas que esperar a que él llegara para preguntarselo directamente. Y respecto a escribirle a Albert, honestamente no sabia ni por donde empezar ni que decirle, estaba tan avergonzada de que supiera lo que había hecho… Se sentía la mujer más miserable del mundo, como si las paredes de la casa de repente se le hubieran caído encima y no la dejaran respirar. No quería pensar que su sueño podía convertirse en una pesadilla, pero lamentablemente, algo en sus entrañas le susurraba quedamente que lo peor aun estaba por venir.

"Por favor, Terry, que todo esto sea tan solo un malentendido, por que no se como podría superarlo".

Esa noche, una vez que Milly regresó, Candy se desahogó con ella. Y ante las preguntas de su amiga, la rubia tuvo que ponerla al tanto de lo que había pasado con Albert antes de su viaje a Nueva Orleans. Milly estaba sorprendida de enterarse de que el galán rubio que a ella tanto le encantaba, también estaba perdidamente enamorado de Candy. Ahora tenía sentido el interés de su parte por estar al tanto de las aventuras de la pecosa, y en el fondo un sentimiento de envidia comenzó a envenenarle el corazón. Que tenia de especial esa muchachita que con la mano en la cintura, parecía tener todo lo que quería, aun sin proponérselo? Ese chispazo mezquino, lamentablemente, no se fue nunca del corazón de Mildred Robinson, aunque de primera instancia, ni siquiera ella misma fue consciente de ello, y mucho menos Candy sospechó que su nueva mejor amiga, iba a ser la causante de su desgracia.

Terry llegó varios días después, todo el camino viajo en camarotes privados, leía guiones para posibles presentaciones, escribía poesía o tocaba su armónica para pasar los días del largo viaje. Una vez que llegó a su destino, fue en carruaje directamente al hospital a buscar a Candy, y de acuerdo con el consejo de su abogado optó por usar una barba y bigotes del mismo color de su pelo, además de llevar una ropa muy ordinaria y gafas negras. Candy salió a recibirlo y se saludaron de lo más distante y natural, obviamente para guardar las apariencias.

-Hola Hermosa.

-Hola.

-No tienes idea de las ganas que tengo de darte un beso completamente impropio e inmoral.

-Si, me lo puedo imaginar.

-Necesito estar a solas contigo. Tengo tanto de que hablarte.

-Yo también, no te imaginas ni de que…

-Espero que hayas encontrado la manera de quedarte conmigo este fin de semana.

-Si, Mildred y yo dijimos que voy a quedarme con una tía que vino de Chicago. Así tendré la justificación para no estar en la casa pero podre seguir viniendo a trabajar. Cuando te regresas a Nueva York?

-El lunes temprano por la mañana. Tengo audiencia en el juzgado el lunes siguiente, por lo que no puedo extender más días mi estancia aquí, aunque lo quisiera. A que horas quieres que pase el carruaje por ti?

-Hoy salgo a las 10 de la noche, pero tengo que irme a la casa primero a recoger algo de ropa.

-Muy bien, voy a buscar a Gaspar para que el sea nuestro chofer estos días. El te llevara a donde nos vamos a hospedar. Esta bien?

Candy lo miró intensamente, aun con los postizos, el efecto que ese rostro tan amado ejercía en ella seguía siendo el mismo, sus ojos azules la miraban con tal amor y devoción, que sencillamente le resultaba difícil creer que lo que George le había dicho pudiera ser cierto.

-Si, nos vemos en la noche.

Terry le dio un beso en la mano y salió de la recepción para subir al carruaje y desaparecer de ahí. Candy regresó al pabellón infantil y Mildred de inmediato la abordó.

-Era el, verdad?

-Si, ya llego por fin.

-Le has preguntado algo?

-No, no me atreví a hacerlo frente a todos. Eso lo tenemos que hablar en privado. Tal vez haya una discusión a raíz de, y por supuesto que no quiero que nadie se entere.

Mildred la miró de reojo, el día anterior George la visitó y le entrego una carta de Albert para que se la diera a Candy, ella no se había atrevido a hacerlo, pero finalmente reunió las fuerzas necesarias, se aclaró la garganta y se dirigió a la rubia.

-Candy, esto llego para ti en la mañana.

Candy vio como Mildred le extendía el sobre, Candy sintió que se le iban las fuerzas cuando reconoció la letra y firma de Albert.

-Oh Dios!

-Oh si!

-Ahora no, no necesito mas presiones de las que ya tengo.

-Tienes que leerla, tal vez es algo importante.

-Tengo miedo Milly, estoy asustada de lo que él me pueda decir… o reclamar.

-No seas cobarde, amiga. Esa no es la Candy que yo conozco. Y como dice mi mamá, al mal paso, darle prisa.

Candy tomó la carta y se sentó en una silla para leerla. Tan pronto comenzó, las lágrimas corrieron por sus mejillas:

Querida Candy:

Mi pequeña, mi amada niña, no tienes idea de cuanto te he extrañado. Cada día que estuve lejos de ti fue como estar bajo el agua sin poder respirar, pero el recuerdo de tu dulce boca, el tacto de tu suave piel en mis dedos y tus tiernas caricias fueron el alimento que hizo llevadero mis días sin ti. Cumplí con mis objetivos, nada podrá evitar el que ahora si, podamos estar juntos para siempre, sin obstáculos ni impedimentos. Se que cada camino que recorrí, cada paso y cada tropiezo que tuve a lo largo de mi vida, desde aquel instante que te vi por vez primera siendo tu una hermosa niñita fue completa y absolutamente necesario para que llegara el tiempo de amarte, de hacerte mi esposa. Se que en estos momentos debes sentirte confundida, no quiero hablarte en esta carta de ninguna circunstancia incomoda para ti o inconveniente para los dos. Solo quiero que sepas que no me interesan tus errores, no me importan tus dudas ni tus confusiones, para mi el pasado no existe, solo existe la certeza del amor tan inmenso que siento por ti. El día que tú me aceptes a tu lado, será el más feliz de toda mi vida y te juro por lo más sagrado que de mi parte no habrá jamás reproche alguno, solo mi absoluta veneración hacia ti. Te daré el lugar que te mereces, el de una reina y señora, por que amor mío, tu mereces que te pongan en un pedestal, nada ni nadie tiene el derecho de ocultarte en la clandestinidad…

Candy no pudo continuar, sabia perfectamente a que se refería Albert en sus insinuaciones, sin ser especifico le decía que Terry la tenia en las sombras y le dolía darse cuenta del amor tan desinteresado que él le ofrecía, y que ella lamentablemente no podía de ninguna manera corresponder.

El final del día de trabajo llegó y las chicas se dirigieron a la casa, Candy dejó la carta sobre la mesa de noche de su recamara mientras hacia su maleta, Milly ya se había encargado de esparcir la noticia de que Candy había recibido la visita de una tía de Chicago e iba a pasar el fin de semana con ella en su hotel, pero mientras la miraba meter su ropa a la maleta notó que la carta se había quedado afuera de la bolsa de Candy. Cuando la rubia entró al baño, ella se acercó a tomarla y la metió en la bolsa y de inmediato volvió a recostarse en su cama. De abajo se escucho a una de las chicas llamarla.

-Candy, ya llegaron por ti!

-Ya voy, gracias Silvia!

Milly la vio salir del baño con la mirada triste.

-Quita ese rostro, pásatela bien con tu "príncipe azul".

-Gracias Milly, no se que seria de mi sin tu amistad, de verdad que eres una persona tan buena.

Milly se sintió incomoda con el cumplido, pero ya no podía dar marcha atrás.

-Na, naa. No soy taaan buena, todos tenemos nuestro lado oscuro, pero… olvídate de mí y disfruta del momento, nunca se sabe cuanto nos puede durar la felicidad.

Candy llegó al hotel, Gaspar previamente le entregó la llave de la habitación donde se hospedaba Terry, quien la esperaba ahí. La suite era completamente privada, tenia un acceso discreto por la parte de atrás del hotel. Gaspar se quedó sobre el carruaje y permaneció parqueado frente a la escalera de acceso hasta que la vio abrir la puerta y entrar al cuarto. Estaba a oscuras. Ella intentó buscar a un lado de la puerta el switch de encendido, pero una mano tomó la suya y la jaló hacia él.

- Te tengo! Ella quiso lanzar un chillido de sorpresa, pero al oler ese aliento tan inconfundible y deseado, se quedó congelada respirando aceleradamente y esperando a que él la besara.

-Quieres que te bese, verdad?

-Y tu no? Las manos del muchacho comenzaron a acariciar su espalda y cintura, ella subió sus manos hasta su rostro para tocarlo, sus ojos se adaptaron a la oscuridad y claramente pudo ver las facciones cinceladas del rostro de Terry, y el brillo de sus ojos zafiro y acero.

-Voy a perder el control Candy, una vez que ponga mi boca en cualquier parte de tu anatomía, la que sea, ya no voy a responder por lo que te pueda hacer.

Estaban subiendo la intensidad de sus respiraciones, sus corazones latían a cada segundo a un ritmo más y mas acelerado, ella se mordía los labios y respiraba por la boca presa del deseo animal que la embargaba y el cual ya disfrutaba sin ningún pudor.

-Quieres asustarme, quieres que te tenga miedo? Tal vez tú deberías temerme a mí…

-Si Hermosa, has dado en el blanco. Me aterras, me aterra el poder absoluto que tienes sobre mí. Aquí Candy, te voy a confesar mi verdad. Estoy completamente loco por ti. Terry parecía hacerse enorme, sus manos la tocaban cada vez con mas ardor, la estrujaba mientras la obligaba a exponer su cuello y sin posar sus labios sobre su piel, la olfateaba y la hacia estremecerse al cubrirla con el aire caliente de su respiración.

-Has lo que quieras de mi…

La voz enronquecida de ella fue mas de lo que pudo soportar, el juego previo había llegado al final y con su mano la tomó por la cabeza y la besó salvajemente, y ella le correspondió con la misma intensidad. Entre jadeos y gemidos, mientras se besaban con desesperación fueron quitándose la ropa a como el instinto les dio a entender. A tientas, tropezando con muebles y prendas que iban desprendiéndose de sus cuerpos, fueron a dar a la cama, Candy tenia los ojos abiertos y él los miraba deleitado, era la mirada de una pantera en celo que lo enloquecía, Candy tenía sobre ella solamente su corpiño y las pantaletas, y él ya estaba desnudo completamente cuando en un arrebato, le rompió la delicada ropa interior para desnudarla. El tomo una mano de ella y la puso sobre su virilidad, y ella la agarró palpando y reconociendo cada pliegue, como la sentía latir y expandirse, y miraba extasiada la forma como él cerraba los ojos disfrutando y estremeciéndose ante ese nuevo contacto.

-Pon tu boca en mi cuerpo, bésame…

El no espero volver a escuchar esa orden, comenzó a besarla con labios y lengua mientras agarraba ardorosamente las redondeces de ella. Mientras lamia sus senos, ella abrió sus piernas, lo que él de inmediato aprovechó para acomodarse entre ellas, y con un bramido se dejó ir por completo dentro de ese cuerpo que parecía succionarlo como si quisiera comérselo entero. Candy gritó de dolor, pero ya estaba más allá de la cordura y la razón. Lo aprisionó con brazos y piernas mientras lo besaba y lamia en cara y cuello, su peso la ahogaba, sus formas se encajaban en su delicada anatomía y ella disfrutaba tanto cada movimiento y cada tallón de piel y extremidades que unas lagrimas de locura y placer comenzaron a correr por sus mejillas.

-Te necesito, Candy, quisiera morirme en este momento y no saber de nada mas…

-Mátame, Terry, hazme pedacitos, prefiero morir que tener que vivir sin esto…

-Candy!

La tomó por la boca, y con los ojos cerrados, unidos en un beso de exquisita demencia, tuvieron un orgasmo intenso, salvaje. Sus manos crispadas temblaban mientras la energía los recorría por la columna vertebral, hasta que finalmente el momento divino paso y los dejó derrumbados uno en los brazos del otro. Sus respiraciones se acompasaron, él comenzó a temblar recuperándose del final mientras ella lo abrazaba como el naufrago a un madero en medio del mar abierto. Así se quedaron un rato, acariciándose y susurrando palabras secretas, de un lenguaje antiguo y desconocido que les brotaba de las entrañas. La noche era joven aun, y tan pronto se recuperaron, lo hicieron hasta que perdieron la cuenta y las fuerzas los abandonaron.

Candy fue la primera en despertarse, estaba adolorida del cuerpo entero, sentía como si la hubieran apaleado, sin embargo, se sentía satisfecha como una leona después de haber despachado su cacería. Abrazado a ella estaba Terry, dormitando como un querubín puro e inocente. Quien lo viera descansar tan serenamente tal vez no podría imaginarse de lo increíblemente diestro que era al amar. Sin embargo, esa alegría la abandonó de inmediato, tenia algo que aclarar con él, y francamente, tenia miedo de hacerlo, no quería que nada empañara su felicidad, pero las palabras de George taladraban sus sienes, no quería creerlo, pero tenia que salir de la duda… Se levantó procurando no despertarlo, y después de revisar el reloj, se dio cuenta de que era buena hora para bañarse y arreglarse para ir al hospital. Metió su uniforme al baño, abrió la regadera y procedió a bañarse. Terry se despertó tan pronto la sintió levantarse, pero se hizo el dormido para verla de reojo caminar desnuda por el cuarto y arreglar lo que habría de ponerse para irse a trabajar. Se sentía lleno de energía y feliz hasta los huesos. Quería invitarla a desayunar antes de dejarla en el hospital, así que se levantó y entró corriendo a la ducha con ella.

-Que haces loquito?

-Voy a acompañarte, anda apúrate que te quiero llevar a desayunar.

El se enjabonó y enjuagó rápidamente haciendo un tiradero de agua mientras ella reía fascinada.

El termino pronto y salió para dejarla a ella terminar con su aseo. Una vez que se secó rápidamente con una toalla, se vistió y se acercó al espejo a peinarse. Iba a ponerse los postizos cuando por el espejo noto la bolsa de mano de Candy tirada en el suelo. De inmediato fue a levantarla por que vio que algunos objetos se habían salido en el arrebato de la noche anterior, y al ponerlos de vuelta en el interior, algo llamó poderosamente su atención. Era una carta de Albert. De súbito sintió mucha curiosidad por saber de su viejo amigo, y recordó la ocasión que en el colegio San Pablo Candy le mostró una carta donde le mandaba saludos especialmente a él. Sin rastro de malicia, Terry abrió el sobre y comenzó a leer la carta, pero su rostro se desencajó una vez que leyó el contenido.

Cuando Candy salió vestida del baño, no vio a Terry en el cuarto, se encogió de hombros mientras se acercaba al tocador y se peinaba en una cola de caballo. Rápidamente levantó la ropa que estaba tirada en el suelo y tendió la cama. En esas estaba cuando vio entrar a Terry, el joven estaba muy serio, su expresión de inmediato la puso en alerta.

-Que pasa?

-Tienes algo que contarme Candy?

Terry se paró sobre la puerta mientras cruzaba sus brazos en un gesto levemente amenazante. Ella tragó saliva, y decidió que era el momento de aclarar sus dudas con él.

-De hecho, si.

-Y cuando pensabas hablarme de ello? Por que no me dijiste nada anoche?

-Por que no quería arruinar un momento tan especial con una estupidez como esa.

-Estupidez, a esto le llamas estupidez?

Terry le mostró la carta que llevaba guardada en el bolsillo de su saco, Candy de inmediato la reconoció y se quedó sin aire por un segundo. Los ojos de Terry ardían en un fuego helado que a ella le congeló la sangre. "La carta! Creí que la había dejado en casa!".

-Terry, déjame explicarte, yo…

-Que vas a explicarme? Que todo este tiempo te has burlado de mi? Que tu amado Albert resultó ser algo mas que tu tutor? Hasta donde pretendías llegar con todo esto?

-No, no es lo que tú crees…

Terry se acercó amenazadoramente a ella, estaba completamente lleno de celos y parecía querer matarla por la forma como la miraba a los ojos.

-Entonces explícame que es! Por que para mi lo que te dice es muy claro, habla con mucho detalle de tu piel y tus besos y tus caricias…

-Eso fue un error, estaba muy confundida y sola… no sabes como lamento que haya pasado…

-Pero me mentiste! Nunca me hablaste de lo que había ocurrido entre ustedes! Eres una hipócrita!

Terry la tomó por los brazos aprisionándola con sus manos e hiriéndola, Candy casi se dobló ante su amenaza… hasta que recordó que ella también tenia algo que aclarar y un enojo visceral se apoderó de ella.

-Pues si tu no has sido el mas honesto que digamos, o me vas a negar que no me has dicho toda la verdad?

-De que rayos estas hablando?

-De que nunca me dijiste que Susana estaba embarazada, de eso te estoy hablando!

Candy casi gritó y el se quedó helado ante el pasmo de la chica, la soltó mientras ella se envalentonaba.

-A ver, ahora aclárame eso tu a mi…!

El le dio la espalda, la confusión, la culpa y los celos lo tenían acorralado, completamente confundido.

-Yo… pensaba decírtelo después…

-Después de que Terry? Después de haberme hecho tu mujer? Cuando no me quedara mas opción que quedarme callada por amor y aceptar lo que tu decidieras?

Candy le dio la vuelta y se le puso de frente, quien miraba hacia el suelo apretando los puños. Estaba perdido, sabía que no podía justificar de ninguna manera el haber ocultado tremendo secreto.

-Y osas llamarme hipócrita?

El volteó a verla pero en su mirada no había ni perdón ni arrepentimiento, prefirió aferrarse a su orgullo y enfocarse en la falla de ella, para no derrumbarse como un niño ante la evidencia y gravedad de la suya.

-Solo voy a hacerte una pregunta mas Terry, y mas te vale que me contestes la verdad, por que ya esta mas que visto que la verdad siempre sale a relucir.

El sostuvo su mirada, ella la interpreto como un si.

-Ese niño puede ser tuyo?

El hizo un gesto de incredulidad, no entendía la naturaleza de la pregunta.

-A que te refieres con…?

-Solo contéstame como el hombre que se supone que eres! Ese niño es tuyo, Terrence?

Ella quería creer que tal vez, de alguna loca manera, lo que le juró, eso que a ella la convenció de entregarsele sin ninguna reserva, que nunca había estado con Susana, era verdad. Pero la boca de Terry acabó por darle la estocada final a su herido corazón.

-Si, el niño es mío.

Continuará...

La estrella, José Alfredo Jimenez