CAP IX
"Vuelta a Flagstaff"
30 de septiembre de 1997
Dean Winchester recoge las pertenencias de su padre y las suyas y las coloca en el maletero del coche. Tan en silencio como en los últimos días, tan inexpresivo como su padre, revisando el aceite del vehículo. Aunque John si habla.
- Dean, tráeme el medidor de presión
Bobby querría que John… no, eso no es lo que quiere, quiere que ambos se sienten uno frente a otro y hablen, descarguen ese dolor que los desborda y al que sólo han concedido ese viaje que están preparando para recoger los restos del pequeño. Sabe que eso no va a ocurrir, podría pensar que los Winchester son tan orgullosos que rivalizan por demostrar quién es el más fuerte de los dos, y tampoco es eso.
El chico lleva el manómetro a su padre, se lo entrega sin mirarlo a la cara, el adulto musita un "gracias hijo" pero tampoco lo mira. El dueño del desguace decide que esos dos no van a ir solos a enfrentarse a la situación más dura de sus vidas. Los conoce desde que el pastor Jim apareció un día con ellos en su puerta pidiéndole el favor de que los alojara un par de días, entonces Sam aún ni andaba, y Dean era un crío, casi un bebé, tan silencioso como ahora.
Llena una bolsa con cuatro cosas que puede necesitar y la echa en el maletero ante la mirada de sorpresa de su amigo. "Voy con vosotros" anuncia como un hecho consumado. Ninguno de los dos piensa en protestar. El chico le cede el asiento del copiloto y se sienta atrás.
Parten hacia Flagstaff, sabe que no van a parar más que para comer algo o ir al aseo, que los dos Winchester se van a turnar y van a recorrer de una tirada, las más de 22 horas que los separan de su destino.
El muchacho tamborilea en el cenicero de la puerta hasta que su padre le pide que se esté quieto. Entonces cierra los ojos y aparenta dormir. El cazador más veterano vuelve la vista atrás, sabe que no duerme, le duele que no hable, le duele que acaricie un juguete atascado en el cenicero de la puerta.
- John, creo que…
- Ahora no Bobby – y el de la gorra se da cuenta de que el conductor sabe exactamente lo que le va a decir, simplemente está luchando por mantenerse entero y hacer lo que tiene que hacer.
NIAB NIAB NIAB
Sam Winchester podría acostumbrarse a vivir solo, come cuando quiere duerme cuando le da la gana, hasta han dejado de interesarle las clases. Se ha ido de casa del abuelo de Beth, la chica se había empeñado en controlarlo y pasa de ser controlado.
Como han dejado de vigilar las casas abandonadas del aeropuerto ha vuelto allí. Se pasa las horas muertas jugando con Huesos. Cuando tiene hambre se cuela en algún supermercado o en alguna casa y coge algo. Si necesita ropa, la gente tiende en la calle, así que coge lo que le hace falta. Sonríe cuando hace algo de eso, piensa en su hermano riéndose de sus escrúpulos cuando lo ha visto hacer ese tipo de hurtos.
Lo echa de menos, con Dean tiene con quien hablar o a quien contarle las cosas y ya se está aburriendo de Huesos, no es que se le pase por la cabeza en abandonar al animal, no, lo quiere, lo que ocurre es que como Dean dice, los perros son tan leales, que de leales son estúpidos.
También echa de menos a papá. Creía que lo odiaba por lo que le hizo a su hermano pero ¡es su padre! Lo echa de menos hasta que recuerda la cabaña vacía entonces vuelve a recordarse que no los necesita, que puede apañárselas solo.
Está planeando irse al sur en cuanto empiece a hacer frío. Ha reunido mapas, y cree que irá primero a Texas y después a Florida. Tiene que tener cuidado y no olvidar nada de lo que le han enseñado su padre y su hermano, sabe que son cosas muy útiles para sobrevivir.
Ayer se encontró con Hanna, las chica le insistió en que volviera con su familia, incluso trató de engañarle, le dijo que Dean había estado hablando con ella, que lo estaba buscando y que estaba muy preocupado. Como si no supiera que se había ido, pero consideró que la muchacha lo decía de buena fe así que le dio las gracias de todos modos.
NIAB NIAB NIAB
John detiene el vehículo en la estación de servicio para repostar y Bobby los convence para comer algo en la cafetería. Al rato el barbudo cazador lamenta haber insistido, ese par van a caer enfermos como no reaccionen. Se lleva a John en un aparte.
- ¿quieres hacer el favor de ocuparte un poco de tu hijo?
- Es un hombre Bobby, no es un niño al que obligar a hablar o a comer
De buena gana Singer le hubiese dado un puñetazo, ¿como puede estar tan ciego? Intenta explicárselo, tiene que meterle en esa dura mollera que desde que el chico se enteró de la muerte de Sam ha entrado en una depresión, si ni siquiera parece el mismo chaval que tres meses atrás tuvo que sacar de la comisaría de Sioux Falls por pelearse en el bar de McEnzie con el tipo al que ganó al billar.
- John, ¡cojones! ¿cuándo has visto que tu hijo esté callado más de media hora? ¿Cuándo lo has visto rechazar una hamburguesa? – lo sacude - ¿vas a abandonarlo? ¿en qué estás pensando?
- Yo tengo la culpa, si no los hubiese dejado allí, si los hubiese llevado conmigo…
- ¿Qué te crees que está pensando Dean, John? ¿Qué crees que tiene el terco de tu hijo en esa cabeza que Dios le ha dado? Míralo John ¿a quién crees que culpa tu hijo de la muerte de Sam?
Winchester mira por la ventana, ve al muchacho sentado en la cafetería, justo dónde lo han dejado, no ha tocado la taza de café que tiene delante. Sólo la mira, sin moverse, sin beber, ni siquiera ha mirado a la camarera y es una chica joven con la que en otras circunstancias habría flirteado sin ninguna duda. Puede que Bobby tenga razón, puede que si no reacciona a tiempo, pueda perderlo también.
No actúa como espera su amigo, entra y ordena a su hijo que se beba el café. Pide comida, para él y para Dean y le ordena comer. Quizás no es el padre más dulce y comprensivo del mundo pero el muchacho al menos come y cuando el exmarine le pregunta si está en condiciones de conducir contesta "si señor" en lugar de asentir con la cabeza.
- Dean – el chico se vuelve a su padre aguardando lo que tenga que decirle, pero no lo mira – Dean, mírame. Tú no tienes la culpa ¿entendido?
- Si, señor – contesta el pecoso casi inaudiblemente.
