Se levanta, sin apartar sus ojos de mí y acto seguido se quita el pasamontañas negro, puedo ver como su ojo empieza a estar morado y un pequeño hilo de sangre resbala por su labio, pero no dice nada, tan sólo se dedica a mirarme con desconfianza. Me acerco unos pasos a ella.
—Espera aquí, iré a por algo para curarte eso, no te muevas —asiente y vuelve a sentarse en la cama, mirando al suelo.
Salgo de la habitación lo más despacio posible, intentando no hacer ruido hasta llegar al cuarto de baño, rebusco por los muebles y cojo algodón, gasas y alcohol. Me miro en el espejo. ¿Qué estás haciendo, Clarke? Tienes a una asesina sentada en tu cama, esto no está bien, debería llamar a la policía, a matado a alguien, aunque fue en defensa propia, pero aún así ha sido un crimen, ¡joder! ¡Has sido testigo de un crimen y no estás haciendo nada! Pero no puedo, tengo que ayudarla, me ha salvado la vida, se lo debo. Me mojo la cara y vuelvo a salir en silencio hacia mi habitación. Una vez dentro puedo ver a Lexa asoma a la ventana, me acerco para ver que la tiene tan intrigada y allí está, un montón de luces parpadeantes: la policía y la ambulancia han llegado.
—Vamos, ven —le digo sentándome en la cama y ella me sigue segundos después—. Puede que esto te duela un poco —acerco el algodón impregnado a su labio, pero si le duele no lo sé, pues ni se inmuta, creo que está intentando ser fuerte. No sé qué decir, mi cabeza es un hervidero de pensamientos buscando las palabras adecuadas y ella parece que espera que diga algo pues no deja de mirarme. La escucho suspirar, abatida por mi silencio, así que habla.
—¿Qué hacías en la casa, Clarke? —bueno, es una pregunta fácil, creía que me preguntaría si iba a delatarla, aunque de seguro la respuesta a esta le va a parecer estúpida.
—Vi a aquel hombre corriendo hacia la casa, así que le seguí —sonríe de medio lado, lo sabía, es una respuesta estúpida, seguro me toma por una temeraria—. ¿Y tú? —veo la duda en sus ojos, no quiere decírmelo, pero claro, yo no iba a dejarlo pasar—. Oye, confía en mí, si fuera a delatarte créeme que ya lo habría hecho —parece que mis palabras surten efecto porque enseguida empieza a hablar.
—Buscaba algo —es su escueta respuesta.
—¿Por eso rasgabas el sillón? —eso le sorprende—. Es que estaba escondida...
—En la cocina, lo sé, no te escondes muy bien, da gracias de que fuera yo.
—Así que me vistes... —maldita sea, y yo acojonada sin saber dónde meterme cuando apareció por la puerta y luego resulta que ya me había visto—. Bueno, nunca se me dio bien jugar al escondite —volvió a sonreír, pero esta vez con un pequeño brillo en los ojos—. La otra vez, ¿también fuiste tú?
—Sí, y he de decirte que corres bastante poco.
—Joder, llegué acojonada a casa, podrías haberme avisado de que eras tú —pero claro, qué iba a decirme, hola soy Lexa y voy a entrar en casa de la muerta, así que vete pero no digas nada. No—. ¿Qué vas a hacer?
—¿Qué quieres decir?
—Bueno, has matado —bajo la cabeza, por lo forma y convicción que lo hizo sé que no ha sido la primera vez—. ¿Qué es lo que estabas buscando exactamente?... ¿Un arma? —pues la del crimen que acabó con la mujer aún no había aparecido, así que le pregunto con sumo cuidado para que no se altere, pero no funciona porque aprieta su mandíbula con fuerza.
—Yo no maté a esa mujer. Y no, no buscaba ningún arma —se remueve un poco, dudosa de si seguir o no, pero no le queda otra, pues sabía que si sospecha más de ella no dudaría en llamar a la policía—. Buscaba un collar.
—¿Un collar? ¿Metido dentro de un sofá?
—No sabía dónde más buscar, así que probé ahí.
—Y el hombre, ¿él ha sido quien mató a esa mujer?
—Sí.
—¿Por qué? ¿Y si lo sabías por qué no dijiste nada? —muchas preguntas y demasiada intriga—. ¿Y quién es Costia? Me dio saludos para ella —no debí decir eso pues enseguida se levanta y va hacia la ventana—. ¿Era tu amiga? —pero no dice nada, así que doy por zanjada esta conversación, al menos de momento, no quiero presionarla demasiado, no quiero que cambie de opinión y acabe el trabajo de aquel hombre. Me levanto y voy hacia el armario, empiezo a rebuscar y cuando me giro me la encuentro mirándome—. Toma —digo acercándome a ella, que me mira dudosa—. Lo siento, pero no quiero arriesgarme a que algún poli te vea saliendo por mi ventana —ella asiente y coge el pijama—. Tú mejor duerme en el lado que da hacia la ventana, por si acaso mis padres entran y tienes que saltar corriendo por ella —esta vez sonríe mostrando sus dientes. Me doy la vuelta para que se cambie y acto seguido nos acostamos, en silencio, pero estoy tan nerviosa por todo lo que ha pasado que no consigo conciliar el sueño, ¿y si alguien lo descubre? He sido cómplice de un asesinato, y aquí estoy, intentando hacer como si no hubiera pasado nada, durmiendo con una asesina que a saber cuántas veces habrá matado ya, estoy acojonada, la policía vendrá a preguntar nuevamente como hicieron la otra vez, ¿podré engañarles? Pero, ¿y si les decía la verdad? Porque había sido en defensa propia, pero iban a hacer muchas preguntas y seguramente pondría en un gran apuro a Lexa y gracias a ella puedo vivir un día más, así que no, no diré nada. La oigo suspirar, aún está despierta, me extrañaría que pudiera dormir—. Lexa —escucho el sonido de la almohada cuando gira su cabeza hacia mí, aunque no puedo verla por la oscuridad—. Gracias por salvarme la vida.
—De nada—. Y, esta vez, sí que me duermo.
