El sol se sentía en la piel muy suavemente, era un día frio que por suerte estaba bastante bonito para ser un día de invierno. Era de mañana, ella tomaba tranquilamente su café y unas tostadas mientras que el pequeño pelirrojo tomaba su desayuno de leche con cereal con mucho animo y energía, mucho más que de costumbre, felicidad notada a simple vista por la pelirrosa.
- ¿estás feliz porque conocerás el parque de diversiones? –pregunto la madre del pequeño a su hijo notando la completa felicidad de este quien asintio varias veces con cereal en la boca, razón por la que no contesto con palabras-
- sí, y no solo por eso, sino porque iremos con tio Sasuke –menciono feliz el pelirrojo haciendo sonrojar a la pelirrosa por recordar lo que paso en la escuela del pequeño y cierta otra ocasión en la oficina, cosa que no paso desapercibida por el propio pelirrojo quien sonrió de medio lado, después de todo, el rubio Uzumaki hizo correr el rumor por todo el edificio y él sabía que era un rumor bastante real- solo espérense a que me suba a un juego para volverse a besar –bromeo de la forma mas burlesca que pudo a su madre, dejando aun mas roja de lo que ya estaba antes-
- ¡Satoshi! –Reclamo nerviosa la pelirrosa cerrando los ojos con nerviosismo y juntando sus puños cerrados frente a su roja cara-
- ¡no bromeo madre! No es que quiera que se besen siempre, pero como es tio Sasuke creo que no está del todo mal –expreso cruzandose de brazos pensativo el pequeño pelirrojo al momento que su madre bajaba la cabeza con un aura deprimente alrededor de ella y ni aun así su sonrojo desaparecía-
No podía contra ese niño, siempre le ganaba el punto, no sabia como lo conseguia pero siempre lo hacía, paso algo similar cuando les jugo una broma a él y a su exnovio Sasori cuando este tenía muy apenas tres años, era una de sus primeras bromas y termino con Sasori sobre ella, de igual forma que en la escuela habia terminado con Sasuke.
Se sonrojo aun más poderoso se apodero de ella al recordar eso
No había podido mirar a la cara al azabache en toda la semana, claro, exceptuando el día que se casi se volvieron a besar, después de ello siempre evitaba sus ojos y sin desearlo su sonrojo aparecía incluso cuando le miraba los pies. Por alguna extraña y maldita razón, parecía que todos estaban coludidos en contra de ella y del azabache, ya que quien los veía los molestaba, sobre todo el rubio quien esparció el rumor por toda la oficina y casi termino en el hospital por joderle demasiado la existencia al Uchiha.
Sin embargo, cuando hablo seriamente con su amiga Ino, esta le dijo que tomara el riesgo, que Sasuke no era tan indiferente con ella como lo era con el resto que inclusive se habia sonrojado un par de veces frente a ella, cosa que no noto porque siempre evitaba mirarle la cara en toda la semana.
Por Kami… ¿Cómo reaccionaría ahora?
No podría ir con el azabache y su pequeño hijo al parque de diversiones y evitar mirarle la cara todo el día como en la oficina, por ultimo alli habia mas gente, tenia mas cosas que hacer y no pasaba toda la mañana pegada al Uchiha, como ahora si estaria todo el bentido dia con él.
Y claro, su pequeño hijo no le ayudaba para nada, ya que cuando salia del trabajo y volvian a casa, lo que mas quería era descansar y sacarse el rostro del azabache de la cabeza, por más que quisiera no podía y menos aun cuando su hijo le recordaba constantemente con bromas y burlas su pequeño accidente con él.
Todos estaban en contra de ella…
- oh vamos mamá, no creo que tio Sasuke bese peor que Sasori –volvio a escuchar la voz de su hijo molestándolo, sintió luego hasta sus orejas hervir de lo roja que estaba-
Si, adoraba molestar a su madre…Aunque realmente le costara hacerlo, puesto que jamas le gusto que algun hombre se acercara a ella, sentía, por instinto, que el azabache era diferente, a pesar de ser una persona solitaria era muy atento no solo con él, sino con todos, solo que la frialdad con la que hacia las cosas no lo demostraban tanto, pero el detectaba cada pequeña ayuda que el les bridaba a todos inclusive a ellos sin que siquiera se lo dijera.
La sonrisa de su madre se hacía cada vez más grande, más notoria, más sincera, más brillante y también mas recurrente cuando el azabache se le acercaba, volvio a ver brillar con alegria y afecto aquellos ojos verdes que desde siempre le tranquilisaron, brillo que hace mucho no veía, notaba desde demasiada distancia que en el corazon de la pelirrosa ese azabache ya vivia.
Era tímida, algo ingenua, si, por ello él, aunque fuera un niño, le alejaba a todos los pervertidos, aprovechados, malintencionados y algunos desgraciados hombres, podia notarlo mejor, a pesar de tener 9 años, casi 10, podía leer fácilmente con sus ojos las intenciones de todos cuando se acercaban a ellos y no confiaba en muchas personas por lo mismo, despues de todo, el que ponía la frialdad y el análisis de los dos, era él.
- no hables mas Satoshi… o me quedare sin sangre en el cuerpo porque se me va toda a la cara –pidió con lagrimas anime la pelirrosa mirando con suplica a su hijo, queria que dejara de recordarle al azabache porque cuando lo hacia su corazon latia a mil por hora y su estomago se contraía graciosa y placenteramente-
Malditas mariposas
No quería enamorarse, no de él, de uno de sus, ahora, mejores amigos, ademas de que era su jefe, ¡Por Kami era su jefe! Ella no era una aprovechada, pero dudaba poder seguir controlando sus impulsos frente al azabache, aunque realmente control de sus impulsos no tenia porque cada vez que sentía la presencia de este cerca de ella realmente hasta ella notaba como sus ojos volvian a brillar, no podía evitar enamorarse cada dia mas de ese hombre, queria hacerlo a toda costa, no debía enamorarse más de ese hombre.
Muy tarde, demasiado tarde…
Escucharon el timbre de la casa sonar, cosa que hizo saltar al pequeño quien corrio a la puerta sin notar que su madre todavía miraba al suelo completamente roja, aun más que hace unos instantes.
La tortura de hoy comenzaba…
OoOoOoO
- ¡AAAAAAHHHHH! –Los gritos se escuchaban incluso desde fuera del parque, en el estacionamiento donde el azabache aparco su automóvil, si, los había llevado en él-
Debía admitir que incluso ella conocía el parque por primera vez, jamás había ido a uno, la oportunidad jamás se les había presentado y solo fueron a aquel lugar ese día porque el premio de los ganadores de los equipos de los torneos de la escuela del pequeño pelirrojo eran entradas a aquel parque de diversiones.
- ¡Vamos ya quiero entrar! –pidió emocionado el pequeño pelirrojo quien se bajo del auto con desespero apenas el azabache apago el motor de aquel auto-
- ten en cuenta que quizá no te dejen subir a todo Satoshi –advirtió el azabache haciendo que una deprimente aura rodeara al pequeño quien se quedo quieto de golpe-
- Sasuke tiene razón Satoshi –afirmo la pelirrosa mirando nerviosa a su pequeño pelirrojo cuando ahora una nube negra se poso sobre el soltando una deprimente lluvia-
- ya parece mi padre negándome cosas –susurro bastante fuerte el pelirrojo dejando al azabache y a la pelirrosa nuevamente sonrojados y con los ojos muy abiertos-
A pesar de que su nube negra de depresión estuviera aun sobre él, de igual forma sabia fingir y por dentro sí que reía por saber cómo poner nerviosos a esos dos.
Esos dos en todo el camino no habían hablado, la única conversa era del azabache con él, notando, ambos, como la pelirrosa se sonrojaba cada vez más cuando escuchaba la voz del azabache, haciendo sonreír entre tristeza al pequeño pelirrojo y de medio lado al azabache.
Quien notaba cada expresión de la pelirrosa y el pelirrojo…
OoOoOoO
Su frente, a la que por lo demás su mejor amiga siempre molestaba por su enorme tamaño, estaba coloreado de un azul muy intenso, el resto de su rostro estaba más que pálido y sus ojos muy, muy abiertos, por más que quisiera cerrarlos no tenia control de su cuerpo, el cual por lo demás temblaba.
Miro a su lado, lo primero que diviso fue la frente color azul del azabache quien miraba todo de la misma forma que ella. Pareció sentir su mirada ya que ladeo su cabeza mirándole con un tic nervioso en la caja, una sonrisa forzada y la frente aun más azul.
- ¡Sasuke Uchiha no se cómo fue que me convenciste de subirme a esta cosa! –grito aterrada la pelirrosa quien ni siquiera quería mirar abajo-
El juego era alto, estaban varados allí desde hacía más o menos cinco minutos, aunque para ellos era la mismísima eternidad. Esta atracción consistía en elevarlos hasta que pudieran ver casi toda la cuidad de Tokio, dejarlos arriba por un tiempo indeterminado y luego soltarlos dejándoles caer de golpe en lo que no duraba más de cinco eternos segundos la caída.
- ¡Yo no fui quien se quiso subir a este juego! –grito el azabache desesperado, contaba cada maldito segundo que no los bajaban, segundos en los que su estomago se retorcía de nervosismo y algo de terror en aquel juego-
- ¡Son unos cobardes! –grito el pequeño animado y disfrutando de pleno la vista, el no tenía miedo ni mucho menos, estaba emocionado-
La cosa fue así, el pelirrojo quería subirse a ese juego costara lo que costara, pero tenía que ser con un adulto. Ninguno de los dos estaba lo suficientemente demente para subir al juego, pero el pequeño insistió tanto que al final el azabache fue quien le dijo a la pelirrosa que subieran ambos, así sería justo, ella asintió sonrojada, no podía negarle algo a él.
Ahora ambos se arrepentían…
- ¡Bájenme de esta cosa! –grito casi con suplica la pelirrosa moviendo sus piernas desesperadamente, era lo único que podía mover a parte de la boca porque su cuerpo se sujetaba al arnés de seguridad que le protegía-
- jamás le conocí ese lado miedoso a mi madre –comento con una gota anime en la cabeza él pequeño mirando la pataleta en la que su mamá estaba porque ya pronto todo terminara-
- ¡Pues hasta yo Satoshi! ¡Somos humanos! –Recordó el azabache mirando al pequeño con ojos asesinos y este le miraba con una tremenda sonrisa de medio lado-
- ¡No! ¡Son unos miedosos! –se burlo el pequeño haciendo que los ojos fulminadores del azabache se agudizaran sobre él y ahora los de su madre se le unieran-
- ¡CallaaaAAAAAAHHHH! –Quisieron hablar ambos pero justo en ese momento el juego comenzó su fase final, la terrible bajada-
OoOoOoO
Ambos estaban sentados tiritando notoriamente en aquel banco mientras un muy campante pelirrojo les miraba con una gota en la cabeza.
No podían dejar de tiritar, ese juego les arrebato lo que les quedaba de valor, después de todo, no solo se habían subido una vez a ese juego.
¡Tres veces!
El pequeño seguía y seguía insistiendo en subirse, le gusto mucho ese juego, después del primer turno ambos quedaron en muy malas condiciones, por no decir con el corazón en la garganta y casi muertos, pensando, que tal vez por ya haber subido, la segunda no sería tan terrible, así que accedieron a subirse de nuevo.
Mala idea…
Después de la segunda vez, quedaron tan mal que el azabache tuvo que ayudarle a la pelirrosa a bajar quien tiritaba de los nervios, se disimulaba bastante bien porque con el frio habían muchas personas más tiritando por él, pero tuvo que ayudarle a sostenerse incluso en la fila para subir al juego. Nuevamente el pequeño quería subir, no iban a aceptar, pero después de dos veces pensaron tener el juego dominado, ambos tenían orgullo, si el pequeño no se aterraba ellos tampoco debían hacerlo, ¡Ese estúpido juego no podía ganarles!
Si que podía…
Después de la tercera vez se rindieron, incluso al azabache le temblaban las piernas de los nervios, entre los dos se ayudaron a bajar del juego. El abrazo a la pelirrosa por la cintura igual que esta a él, así dando la impresión de una pareja de novios o esposos, pero la verdad era que lo hacían porque las piernas les temblaban y tenían que mantenerse en pie, viendo la primera ocasión de descanso en una banca donde se sentaron y dejaron a su cuerpo expresar todo el nerviosismo agarrado del juego, temblando los dos.
No por nada dicen que la tercera es la vencida
Así fue como llegaron a esa situación, lo más impresionante era… ¡Que Satoshi no sudaba ni una gota! ¡Ni un temblor! ¡Nada! Si que envidiaban el ímpetu de ese niño.
- ¿otra vez? –pregunto con una sonrisa maliciosa el pequeño pelirrojo mirando a los adultos, asombrándose que ni energías tenían para dejar de temblar y mirarle asesinamente-
- hijo… elije otro juego en que puedas subir solo por un rato, necesito discando… por favor… -pidió la pelirrosa con ruego mirándole con cara de trauma, no volvería a subirse a ese juego de por vida, ni que estuviera drogada-
- hazle caso a tu mamá Satoshi, solo no te alejes mucho de esta zona y si quieres hacerlo nos avisas –advirtió el azabache quien ni siquiera lo miro, tenía el cuello hacia atrás con los ojos cerrados intentando calmar a su cuerpo-
- de acuerdo –suspiro el pequeño con derrota, les dejaría descansar solo un rato, después de eso volvería a hacerlos subir a un juego extremo solo para divertirse viéndoles, así que solo se limito a ir a una fila cercana dejándoles así solos-
- nunca había quedado tan mal en mi vida –expreso el azabache dejando que su cuerpo temblara todo lo que necesitaba para lo más pronto posible dejar de hacer y volver a su estado normal-
- ni teniendo sexo cinco veces en una noche quede tan temblorosa como ahora –recordó la pelirrosa quien seguía temblando por los nervios ocasionados en su cuerpecito, todo cortesía del pequeño Satoshi-
- ¿cinco veces?, yo te gano, yo puedo toda la noche, pero si te apoyo en el sentido de que ni aun en esas ocasiones he quedado tan mal –reconoció el Uchiha dejando a la pelirrosa mirándole incrédula por sus palabras, pero se limito mejor a creerle, después de todo, no era nadie para no confiar en la palabra de ese hombre, era mayor que él por cinco años y por obviedad el debía tener más experiencia y con mas chicas, ella solo había estado con un hombre en su vida así que no tenía nada para presumir-
- al menos concordamos en algo, creo que ya no tengo edad para subirme a estos juegos –afirmo ella quien frotaba aun mas fuerte sus manos intentando calentarlas, ese juego fue tan aterrador que hasta la sangre se le había helado-
- ¿tú dices no tener edad para estos juegos?, dímelo a mí, ya voy para los 30 años –se quejo el azabache mirando a la pelirrosa quien le devolvió una mirada fulminadora, era cierto, después de todo, ella aun no cumplía los 25 años, apenas cumpliría 24 la siguiente primavera y el cumpliría en apenas unos meses los 29 años-
- no te quejes, eres como el vino, aunque pasen los años en ti sigues aparentando 20 campantes señor puedo hacer el amor toda la noche –se le sonrojaron notoriamente las mejillas al decir eso, pero no quería dirigirle la mirada al azabache porque sabía que cuando lo hiciera se quedaría pegada nuevamente en esos pozos negros sin fondo que para su desgracia y admiración eran los ojos del azabache-
- y tu aun pareces una inexperta e inocente niña de 17 o 18 años señorita puedo hacerlo nada mas cinco veces en una noche –bromeo el azabache con una media sonrisa, apuntando mentalmente alguna vez probarle su destreza en la cama a la pelirrosa y ver si efectivamente ella se la podría con el cinco veces en una noche-
- siempre me he quejado de parecer una niñita, incluso cuando quiero entrar a un pub me piden mi identificación para ver si soy mayor de edad –bufo molesta la pelirrosa recordando que siempre le decían que no aparentaba la edad que tenia, pero no era su culpa que se tragara los años-
- no presumas tanto, además a las mujeres les gusta aparentar menos edad de la que tienen –afirmo el Uchiha con los ojo cerrados, momento en que escucho suspirar a la pelirrosa, al parecer ella también estaba cansada como para seguirle la conversa- ¿quieres una gaseosa? –Pregunto el azabache sin moverse de su posición, la pregunta por obviedad iba dirigida a la pelirrosa-
- quizá luego, cuando deje de temblar, ahora derramare todo lo que me pasen con el temblor que tengo –menciono la pelirrosa con algo de diversión llevándose las manos a la boca y calentándola con su aliento, cosa que no paso desapercibida por el azabache-
Noto de inmediato que el tembló de la pelirrosa no era solo por el juego, también un poco de frio, natural ya que era invierno, ella era más delgada que él, además de que estaba usando una falda color blanca y debajo unas medias negras, así se filtraba aun más el frio a su cuerpo.
Veía su cálido aliento salir por entre sus manos. Tenía las mejillas levemente sonrojadas, quizás por el frio, pero no dejaba de ser adorable la imagen que veía.
Sonrojo…
Curiosamente ahora apareció en sus mejillas en vez de en las de ella. Recordó, que ese era el mismo sonrojo que se hacía más potente cuando esta le miraba a los ojos, esos brillantes ojos jades que resplandecían con la poca luz del sol de invierno, esa piel blanca que hacia juego a la fría brisa y que curiosamente a él más que enfriarlo le subía la temperatura.
- en vez de eso después te comprare un café –afirmo el azabache quien se sentó derecho para poder notar mejor cada reacción de la pelirrosa, quien seguía temblando-
Pero sorpresa, ahora el sonrojo apareció en las mejillas de ella, y no de frio precisamente. A sus ojos nada engañaba, ella no podía engañarle, ese temblor ya no era de frio ni de nervios ocasionados por el juego, era de nervios ocasionados por posar sus ojos en los de ella.
Sonrió de medio lado al ver el efecto que tenia sobre ella, casi como una chiquita que mira a su primer amor y se sonrojo a cada momento con solo mirarle. Vio como ella desviaba la vista volviendo a soplar sus manos, al parecer seguía con frio ya que no solo sus manos estaban rojas, sus labios levemente se tornaban de morado.
Sus labios…
Malditamente se tuvo que fijar en ellos y cuando mas rogaba por una distracción, ¡Era lo que menos había!
- ¿descansaron ya? –Pregunto la voz del pequeño haciéndoles a ambos mirarle, la sonrisa del niño no desaparecía y claro, el azabache agradecía internamente por la distracción-
- ¿quieres subirte a algún otro juego que tengas que hacerlo acompañado? –Pregunto el azabache quien se coloreo de azul cuando el pequeño asintió con una gran sonrisa-
- quiero entrar a ese –ambos miraron el juego asombrándose de ver que quizá no sería tan malo-
OoOoOoO
- ¡Kyaaaaa! –grito la pelirrosa quien se abrazo al azabache ocultando su cara en su brazo y volviendo a temblar-
- ¡ahora entiendo porque no dejan entrar a niños solos! –Grito el pequeño quien se aferro de igual forma al azabache temblando de miedo, esos dos sí que eran iguales-
Sonrió de medio lado. Esta vez la elección no estaba del todo mal.
La casa de los horrores
En aquel parque habían dos de ellas, una para niños, a la cual el pequeño se adentro y encontró de lo mas falsas y aburridas, sintiéndose poco menos que estafado, y había otra para los más grandes. Como el no cumplía aun los 10 años, los cuales para su desgracia cumplía la próxima semana, debía entrar acompañado por adultos, cuando se los pidió, ambos asintieron al saber que no sería algo extremo.
Esa casa realmente si daba miedo, estaba muy bien ambientada, toda oscura y nada más se les daba una linterna para alumbrar el camino que parecía laberinto. Pero él no era de las personas crédulas, debía admitir que en más de una ocasión se había sorprendido de ese lugar, les daba crédito pues no era fácil asustarle, caso diferente de la pelirrosa y el pequeño pelirrojo quienes gritaban atemorizados ante cada trampa o situación.
Caminaba alumbrando mientras que la pelirrosa no se despegaba de su brazo, sentía su cuerpo pegarse cada vez más al de él, agradecía ya que se distraía de los horrores y los horrores lo distraían de ella, así que la situación no podía ser mejor.
- ¡Ay! –escucharon quejarse al pequeño pelirrojo quien al parecer se tropezó con algo y cayó al suelo ya que el golpe de ello se escucho-
- ¿paso algo Satoshi? –pregunto la pelirrosa por fin separándose del pelinegro y agachándose donde su hijo estaba, muy apenas le distinguía y no veía nada de su alrededor por la oscuridad-
- algo me tiene agarrado el pie –se quejo el pequeño intentando zafar su pie de aquello sin resultado alguno-
- Sasuke, ¿podrías alumbrar por aquí? –Pidió la pelirrosa hasta donde distinguía la luz de la linterna que él azabache tenia-
- de acuerdo –acepto el azabache quien dirigió la luz de la linterna hasta donde estaban los otros dos-
Abrieron ambos los ojos desmesuradamente al ver una mano poco común agarrando el pie del pequeño, era una trampa de aquel lugar preparada para cualquiera, pero sus frentes se colorearon de un azul muy intenso al distinguirlo, él se controlo, pero la pelirrosa al parecer no.
- ¡Kyyyyaaaaaa! –Volvió a gritar ella quien un segundo después de su palidez cayó al suelo con ojos de espiral, si, se había desmayado-
- ¡Gracias por la ayuda mami! –grito el pequeño intentando zafarse de la mano, al parecer el aun no distinguía lo que su madre si había distinguido- en todo caso, ¿Por qué se asusto tanto? –le pregunto al azabache, es decir, una mano no era tanto como para asustarse-
- sucede que esa es la maqueta, y bastante real si me lo preguntas, de un cadáver en plena descomposición –explico el azabache quien se agacho mirando a la pelirrosa y ver si seguía con vida y desmayada o había muerto de un paro cardiaco-
- así que es la mano de un cadáver en descomposición –expreso el pequeño sin mucha ciencia de primera, mas luego su frente se coloreo se azul al igual que antes la de su madre- ¡Un cadáver en descomposición! ¡Dile que me suelte! –Grito el pequeño aterrado intentando zafar nuevamente su pie con desespero de aquella trampa-
- Y eso que le dije que era una maqueta–sonrió con diversión el azabache al ver lo poco tolerante que esos dos resultaron ser a las cosas de horror-
OoOoOoO
Volvieron a estar en aquella banca, claro que esta vez no temblando, el estaba sentado revolviendo los cabellos rosas de aquella mujer mientras que la cabeza de esta descansaba en sus piernas. Aun seguía desmayada, hacia no más de diez minutos que salieron de esa casa de horrores y él se tuvo que quedar con la pelirrosa desmayada mientras que el pequeño volvió a ir a juegos donde pudiera subir solo, según dijo, iría a los autitos chocones.
Miraba a la pelirrosa con encanto, la había colocado de medio lado y puesto su chaqueta sobre ella para que el frio no la despertara, de todas formas el toleraba mucho mejor el frio. Su rostro angelical mientras dormía era muy bello, digno de apreciarse. Seguía acariciando sus cabellos rosas, esa suave cabellera que tenia.
A veces pasaban grupos de adolecentes y se quedaban mirando a la mujer que este tenía en su regazo, admitía que ella parecía aun de 20 años, era una mujer muy hermosa, pero no era para que esos perversos chicos dominados por las hormonas se le quedaran viendo, incluso algunos hombres quienes pasaban con sus mujeres o hijos se le quedaban viendo, algunas de las mujeres se llevaban a sus hombres tirándoles la oreja.
Si, se sentía afortunado al ser él quien tuviera a esa mujer en su regazo y no otro, y eso que creyó que cubriendo a la chica con su chaqueta la mirarían menos, después de todo esta le quedaba más abajo que la falda corta que estaba usando.
La sintió removerse un poco a lo que quito su mano de la cabeza de ella. Había despertado, sus ojos abriéndose la delataban.
Se sentó de golpe al verse en un lugar extraño, haciendo memoria, recordó la última imagen de aquel cadáver agarrando con la mano el pie de su hijo, cosa que le coloreo la frente de azul. Escucho la risa del azabache a su lado, le miro extrañada, proceso, seguramente se había desmayado, por lo que se sonrojo notoriamente, ahora sabía que era una completa miedosa que no podía ver ni siquiera una película de terror completa
- ¡No te rías! –Reclamo ella colocando cara de berrinche infantil frente a la risa del azabache, más solo logro que se hiciera más sonora, y es que, por Kami, él ya no podía aguantar más la risa-
- ¡Miedosa! –exclamo divertido el azabache sin contener la risa, ni se esforzaba en ello, no recordaba la última vez que se había reído con tantas ganas en su vida-
- ¡Lo acepto! Soy una miedosa… -afirmo la chica sin rebatir mientras un aura deprimente la rodeo, siempre se avergonzó de ello-
- hey tranquila, realmente esa casa si daba miedo –afirmo el azabache asombrando a la pelirrosa-
Le miro sin creerlo, en todo el recorrido no le vio espantarse ni por un segundo, quizá solo lo decía para hacerla sentir mejor, aunque realmente le dio resultados cuando le sonrió de manera sincera y ella le respondió de la misma manera.
Un acto que no se espero provino de él. Cuando se sentó sintió algo caer de su cuerpo, no le dio importancia, ahora veía como el azabache tomaba su chaqueta la cual quedo esparcida en toda la banca y la subía hasta sus hombros, colocándosela a ella y viendo como este quedaba solo con un chaleco que usaba bajo esta.
- abrígate o te resfriaras –dijo el azabache sin soltarle los hombros donde afirmaba la chaqueta que este mismo le había puesto-
- gracias… -sonrió ella cerrando los ojos y abriéndolos mirándole con gratitud-
Sus ojos se volvieron a cruzar…Ambos se miraban con algo de ternura, felicidad de por medio y una sensación sumamente cómoda, se estaban acostumbrando a sonrojarse en esas situaciones, al parecer ya no les incomodaba sonreírse mutuamente con esos ligeros sonrojos los cuales eran más evidentes en ella. Si, ese ambiente que se formaba entre ellos era sumamente cómodo.
OoOoOoO
Ya estaba oscuro, las luces se veían en la cuidad por todos colores. Las alturas en ese momento eran sumamente cómodas, sabían que el parque pronto cerraría y la gente decidía cual sería el último juego al que subirían.
El pequeño pelirrojo decidió por ellos, después de toda una tarde al parecer lo había planeado bien pues aquella rueda de la fortuna era lo último a lo que se quiso subir.
Daba vueltas y quedaban parados de vez en cuando, en las alturas hacia aun mas frio, además que por la hora y que ya era de noche helaba mas. Le había entregado la chaqueta al azabache hace mucho rato cuando aun subían a los juegos, pero ahora se frotaba los brazos tratando de calentarse un poco.
Veía entusiasmado al pequeño quien veía todas las luces de la cuidad desde la altura justo cuando quedaron parados en el punto máximo. Sonreía por solo ver a ese pequeño con sus ojitos negros iluminados al ver la cuidad de noche con todos esos colores de neón.
Sintió como la mano grande del Uchiha le tomo el hombro y la pego a su cuerpo haciéndole mirarle asombrada por su acto, sobre todo sonrojarse por ello, no se lo esperaba.
- si tienes frio abrázame –escucho la voz grave del Uchiha quien en ningún momento la miro, este se entretenía en ver al pequeño pelirrojo quien les daba la espalda para ver todo-
- de acuerdo –acepto ella dejándose abrazar por el Uchiha y pegándose más a él, debía admitir que una cálida sensación le embargaba cuando estaba cerca de él, el frio poco a poco desaparecía haciendo que su rostro se calentara notoriamente, sabiendo a la perfección que era por estar sonrojada-
Sintió la mano del azabache moverse de su hombro donde le abrazaba, curiosamente subió lentamente por su cuello hasta posarse en su mejillas y forzarla a ladear el rostro para verle. Su sonrojo aumento, lo sabía de ante mano ya que cada que veía directamente a esos ojos negros pasaba lo mismo, sabía que sus ojos brillaban mas cuando lo hacía, sentía nuevamente ese vacío y las mariposas en él estomago, sabía perfectamente que algo estaba ella comenzando a sentir por él y aunque siquiera lo supusiera...
Él por ella
Le encantaba ver esas mejillas sonrojadas cada vez que le miraban, ver sus ojos brillar con sinceridad, sentirla temblar levemente cuando se acercaba a él. Le agradaba sentir el maldito cosquilleo en el estomago, ese que jamás había sentido, sentir como sus propias mejillas se calentaban poco a poco con verla, era un adulto y era lo suficientemente maduro para darse cuenta de sus propios cambios, ella llego a cambiarle la aburrida y vacía vida que llevaba, ella llego a alegrarle, a acompañarle.
A enamorarlo…
No lo aceptaba del todo, quizá se estaba apresurando, esa mujer era hermosa y era natural que cualquier hombre deseara tenerla, poseerla de la manera más vil y sucia que se pudiera, él también era hombre, soñaba incontables veces que la hacía suya, y otras tantas soñaba que almorzaban juntos en su casa junto al pequeño pelirrojo como casi una familia. Al despertar no podía evitar imaginarse tenerla a su lado en la cama durmiendo, con su busto pegado a su pecho, o simplemente en pijama y que el pequeño pelirrojo fuera a despertarlos a veces de forma entrometida. Soñaba todo eso, todo eso y más, ella despertaba en él algo que jamás había sentido ni que había querido con tanta fuerza.
Sin darse cuenta comenzó a acercarse al rostro de ella al tiempo que con su mano el acercaba el rostro de ella al suyo sin objeción por parte de la pelirrosa. Veía esos ojos verdes brillantes hipnotizados con su mirada comenzar a cerrarse
Necesitaba saber que era lo que pasaba, ¿Qué era lo que sentía?
Una vez… solo una vez más tenía que besarla para saber que mierda era lo que le pasaba
¡Quería desesperadamente ese beso!
Cerca, tan cerca…
Cerró sus propios ojos y sin interrupción alguna esta vez por fin alcanzo más que un roce de labios y juntaron sus bocas en ese beso tan… tan esperado.
Sintió la mano de la pelirrosa agarrar la otra suya así ambos la entrelazaron. Se sentían tan bien, tan cómodos, olvidándose de todo el mundo a su alrededor y sintiendo como si flotaran, solo con un beso, solo con ese beso se sentían completamente idos.
Sus mejillas ardían, al igual que sus bocas
Sus ojos cerrados con tranquilidad
Sus manos entrelazadas con ternura única
Sus estómagos se retorcían graciosa y placenteramente de los nervios
Sus corazones latiendo acelerados
Y solo unos pequeños ojos negros siendo testigos de ello…
Les miraba con los ojos levemente entrecerrados, una mirada tierna, brillante de felicidad y sinceridad encendida en esos ojos negros, siendo el único testigo de ello y demostrando que no fingía esa felicidad con su sola sonrisa de ternura ante esa imagen.
Se sintió extraño cuando no los escucho hablar más, dándose vuelta y encontrándose con esa imagen que le pareció tan hermosa que ni interrumpirles quería.
Era maduro para entender lo que ambos hacían, era solo un beso después de todo, era menos shokeante que ver un cadáver putrefacto agarrándote el pie
Sonrió de medio lado… con sinceridad
Confirmaba su sospecha de que su madre amaba a ese hombre y que graciosamente ese hombre, tan amable y tan solitario, también le amaba a ella, él lo sabía desde antes que ellos siquiera lo sospechaban.
A sus ojos negros no engañaban
Si, era extraño ver a esa mujer besando a un hombre, pero no le incomodaba en lo absoluto, sentía la alegría incluso en el estomago. Fue testigo de cómo ambos separaron sus rostros, aun mantenían los ojos cerrados y sus mejillas rojas, solo sus frentes permanecían pegadas.
Al abrir los ojos y verles volver a mirarse a los ojos, distinguió el mismo brillo de ambos pares de ojos, tanto los de su madre como los del azabache. No tenían abiertos los ojos completamente, solo levemente, lo suficiente para verse de cerca y expresar todo a través de ellos.
Miro sus manos, la que tenían entrelazadas, al principio de forma tierna y sueva ahora más fuerte, casi con desespero como si jamás quisieran soltarlas.
Volvió a sonreír y se volteo para seguir admirando el paisaje nocturno de las luces de la cuidad. Ese era el momento de ambos, les daría su espacio y privacidad, ellos ni siquiera notaron que les había visto y así permanecería hasta que ambos se dieran cuenta por ellos mismos lo que sentían.
No quería volver a ser el mal
