DISCLAIMERS: Ni 'Kuroshitsuji' ni sus lindos personajes me pertenecen, sino a Yana Toboso-sama. Lo único mío es esta historia y los OC's (Original Characters) incluidos.

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ADVERTENCIAS: Continuidad alternativa al final de Kuroshitsuji II. Historia ocurrida entre el prólogo y el primer capítulo de "Akuma no Tengoku, Tenshi no Jigoku".

» Insinuaciones de parejas crack, parejas no tan crack y también de parejas que incluyen y/o se conforman por OC's.

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Capítulo 9

"Segundas impresiones"

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Por si no fuera suficiente sobresaltarse al verlo con sus ropas hechas un desastre, llenas de sangre seca y agujeros de balas: Denise sintió miedo al estar acorralada contra una pared, con el mayordomo café parado enfrente de ella e inclinado hasta quedar cara a cara.

Ella entrecerró sus ojos al verlo alzar una de sus manos, sintiendo cómo le retiraba las vendas de su rostro y dejando expuestas las marcas de rasguños. Ya hace rato que dejaron de dolerle, pero su cuerpo instintivamente temblaba cuando el aire chocaba contra esas cicatrices… no digamos que reaccionaba mejor ante el tacto repentino, pero suave de unos dedos enguantados.

—¿Q-qué diablos haces? —Quiso preguntarle desafiantemente, pero los nervios hacían que su voz temblara. Nervios por su cercanía y con su pecho agitado por lo mismo.

El señor Matthews no contestó, pero se mostró curioso al poder escuchar sus latidos fácilmente. Seguía sin apartar sus dedos de la mejilla contraria, sujetando la cortina y los demás objetos con su otra mano. Tampoco pasó por alto cómo temblaba el cuerpo de Denise, sus cejas se fruncieron un poco al entender que le tenía miedo. No la culpaba, considerando el terrible inicio que tuvieron. Sus ojos abismales adquirieron su aspecto sobrenatural, el temblor de la humana aumentó un poco y el demonio deseaba cambiarlo. No quería generarle eso, quería remediarlo de algún modo.

Denise cerró sus ojos al notarlo inclinarse más hacia ella, contuvo un grito de terror al sentirlo lamerle su mejilla herida. Habría querido golpearlo, apartarlo o algo… pero siendo honesta consigo misma, ¿qué podría hacer una simple mortal contra un demonio? Nada. Ella nunca fue fanática de los aspectos o temas sobrenaturales, pero lo que se le venía a la mente sobre los demonios era que fuesen seres crueles, sin sentimientos, que sólo sabían causar mal y sufrimiento. Eso fue lo primero que pensó del "centauro" desde el momento en que lo conoció; mentiría si dijera que la bofetada no aumentó ese pensamiento suyo. Y sin embargo…

—Listo —Lo escuchó murmurar con su ronca voz, en un tono tranquilo y casi amable—. Parece que también sirve con heridas no-letales en un humano ocasionadas… por un demonio…

¿El final de su oración poseía un tono de culpabilidad? Debieron ser imaginaciones de Denise, quien seguía procesando lo que acababa de pasar. ¿Qué era lo que servía con ese tipo de heridas? Él pareció percibir sus dudas, así que tosió un poco y con sus ojos todavía brillando en violeta, miró a otro lado con cierto recelo.

—Nosotros, los demonios… —Explicaba él, buscando las palabras adecuadas—. Podemos sanar las heridas leves que sufrimos en batalla con… nuestra saliva…*(1)

Antes de poder sentir asco de que hubiera "baba demoníaca" en su cara, Denise desvió la mirada hacia un espejo que colgaba del pasillo, en la pared a espaldas del señor Matthews. Sus ojos se abrieron de par en par, asombrada de que las marcas de rasguños en su mejilla hubieran desaparecido. Sería por eso que sintió un leve, momentáneo ardor después de que él pasara su lengua por esa zona.

—¿Podrías hacerme un favor? —Le preguntó, tendiéndole la cortina que rodeaba los cuchillos de plata y las balas—. Mi Señora no debe ver esto, escóndelo, por favor.

—¿Al menos quieres explicarme qué diablos pasó? —Quizá él no diera señales de querer herirla, incluso le había pedido aquello con un "Por favor", pero Denise seguía sin confiar en él. Intrigada de por qué habría "sanado" una herida infringida por él mismo.

—Es… complicado… —Al verla fruncir el ceño, el demonio con apariencia de Howder tragó grueso. Le sorprendía la capacidad de esa humana para temerle y después encararlo con la misma intensidad—. Simplemente cumplí uno de los deseos de Mi Señora…

Aclaró, sin entrar en detalles de que secuestró un ángel para hacerla pasar por la madre de la niña.

—Un deseo, dices… —Denise bufó, sosteniendo con cuidado la cortina entre sus manos—. Tú ganas, demonio… veré dónde escondo esto.

—Gracias, Denise —La aludida lo miró con incredulidad. No parecía haber sido sarcasmo, de verdad le estaba agradeciendo. Pero disimulando su sorpresa, añadiendo qué diablos haría con esas ropas en semejante estado, el señor Matthews asintió dándoles un vistazo—. No puedo presentarme ante ella con esta apariencia (No quiero preocuparla…) ¿No hay algún cambio de ropa que puedas prestarme?

A la mente de Denise vinieron los varios pares de trajes de su difunto Amo, reposando en el cuarto del mismo. Ése que no se había abierto desde el día de su fallecimiento, y que le prohibió terminantemente al "centauro" osar poner una pata adentro. Howder Sunflow no era un hombre de gustos ostentosos, pero le agradaba tener uno que otro par de prendas para ponerse al ir y volver de sus investigaciones, o cuando se quedaba en casa con su pequeña Darla. Más allá de las diferencias que presentaban: el demonio tenía exactamente el mismo rostro y estatura. Muy seguramente, varias de esas ropas le quedarían sin problemas.

—No, no hay ninguno —Dijo ella, sin ganas de que el impostor también usara la ropa de su Amo.

—Comprendo… —El señor Matthews suspiró, retrocediendo unos pasos para tomar distancia de ella—. Supongo que no tengo de otra…

En un acto que creía sumamente normal, empezó a desvestirse en frente de la humana. Primero se quitó el frac de mayordomo color café, seguido de su camisa blanca y su corbata de tono rojo tostado. Soltando un grito por la sorpresa, Denise notó cómo el demonio dejaba expuesto su pálido, trabajado torso y sin importarle su presencia. No era raro que la pobre estuviera rojísima. El de cabellos castaños enarcó una ceja, aparentemente inocente de su reacción… pero después de sacar sus zapatos de sus pies, hizo ademán de retirarse el pantalón café y la pelirroja no pudo contener su exaltado, bochornoso disgusto al soltar un grito:

—¿¡PERO QUÉ TE PASA, ANIMAL!?

Y cerrando fuertemente sus ojos, Denise sólo escuchó la tela deslizándose hasta caer el suelo, seguido del familiar sonido de unos cascos de caballo. Se atrevió a abrir lentamente uno de sus ojos, dando un respingo y teniendo que alzar la cabeza para poder verlo a la cara. Había vuelto a su apariencia original, la del imponente centauro. Supuso que se había retirado la ropa humana para no rasgarla con su transformación.

—Y Denise… ¿podrías arreglar esta ropa también? —Se oía apenado de pedirle tantas cosas. Pero como nunca en su inmortal vida necesitó usar prenda alguna: no estaba familiarizado con la aguja y el hilo. No podría coserla hasta que aprendiera primero cómo hacerlo.

—Sí, sí… —Suspiró la humana, recibiendo las ensangrentadas y maltrechas prendas encima de la cortina que ya sostenía—. Está bien…

El demonio volvió a darle las gracias y ella volvió a sentirse extraña por esa actitud de él.

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Demian yacía en la cama donde tan sólo horas antes había descansado, evadiendo la preocupada mirada carmín de su gemelo —ahora que éste sabía de su Sangre Negra— y le relataba a su Amo lo que presenció, así como escuchó del secuestro de Crimson a manos del demonio de hielo.

—¿Dijo que ella sería "Mamá"? —Al verlo asentir, Juliano se llevó una mano a la nuca—. Es extraño…

—La niña a la que ese demonio sirve… ¿dijiste que su padre murió, cierto? —Ciel procuró preguntarlo con delicadeza, recordando que el Rosenight se mostró algo decaído cuando se lo dijo la primera vez.

—Así es, Cielito… —Confirmó Juliano, agregando con ojos de pena—. Al igual que su madre hace un par de años.

El conde más joven desvió su mirada hacia la ventana, notando a Grell Sutcliff parado frente a ésta. Observaba la enorme figura de hielo cristalino que brillaba bajo la luz de la recién salida luna, sintiendo seguramente la misma impotencia que carcomía al Phantomhive. Fueron incapaces de detenerlo, aún siendo un Shinigami y un demonio… incluso los humanos habían hecho más que ellos en sus intentos por hacer frente al secuestrador de su "tía". Aunque Ciel corrió contra la columna de hielo, aún después de que el demonio hubiera saltado a su interior y con Crimson en brazos, no pudo siquiera acercarse a golpear la gélida superficie. Una fuerza invisible, muy fría le impedía dar un paso más. Esa debería ser la barrera defensiva que Sebastián le mencionó cuando llegaron a ese pueblo.

A pesar de haber logrado clavarle varios cuchillos, ni siquiera el experimentado demonio a su servicio tuvo oportunidad de retenerlo. No podía juzgarlo, siendo que su hermano estaba sufriendo también y tan sólo con que eso distrajera a Sebastián: bastaba para hacerle entender que Demian era importante para él. Siendo algo que pensó nunca ver de parte de su mayordomo.

«Sebastián…» Ese llamado hizo que el aludido apartara su disimulada, pero preocupada mirada de su gemelo de ropas blancas y con manchas oscuras. Era sumamente raro, pero conmovedor al mismo tiempo.

«Pido disculpas por haber fallado en capturar a ese individuo, Joven Amo»

«No es necesario» Ciel cerró su único ojo visible ante la cara intrigada de su sirviente. «Estabas preocupado por tu familia y no puedo recriminártelo, debes encargarte de cuidar de ella…» No pasó por alto que Demian, a pesar de estar hablando con Juliano y los sirvientes Phantomhive sobre los ataques de hielo que recibió, mostró una expresión de nervios al ser capaz de oír esa charla telepática. «Así como yo debo encargarme de cuidar a la mía»

«Joven Amo…»

Él no podía cruzar la barrera que rodeaba el enorme castillo de hielo, lo mejor sería que se quedara para atender las heridas de su hermano. Daba la impresión de que tenían muchas cosas que contarse y de las cuales ponerse al día, era una oportunidad perfecta para eso. Por lo que al recibir esa orden (o más bien sugerencia) de su pequeño Amo, Sebastián dio un leve asentimiento de cabeza.

«Yes, My Lord»

Y luego de un par de minutos, aprovechando un momento de distracción de Juliano y los demás, Ciel salió solito de la casa sin hacer el menor ruido. Recordando las palabras de Sebastián durante la cena, previa al secuestro de Crimson, se dirigió a una ruta determinada.

Éste había informado que rodeando la estructura de hielo, hasta llegar a la que sería la parte trasera de la misma: había un pequeño arroyo, no muy profundo. Por esa zona se levantaba un "arco" de hielo que iniciaba y terminaba desde cada borde de tierra que rodeaba el arroyo, el cual seguía intacto y sin verse afectado por la congelación. Los poderes de hielo de ese demonio tomaban forma por el agua que flotaba en el aire, pero no eran capaces de congelar lo que fueran grandes cantidades de agua reunidas en forma de ríos, océanos, entre otros. Aunque el campo defensivo no permitiría que alguien como Sebastián entrase por ese "acceso", aquella magia únicamente repelía a demonios y no afectaba a seres de otras razas distintas.

—¿Tú también estás de camino, mocoso?

La voz de Grell a sus espaldas lo tomó por sorpresa, pero disimuló su sobresalto y no se detuvo.

—Sí… —Respondió Ciel, sin ver al adulto que caminaba a su lado—. No puedo esperar más tiempo.

Además de que debía confirmar si sería capaz de entrar por esa trampilla.

Quizá sería un demonio ahora, pero habiéndose convertido hace muy pocos días y ya que todavía conservaba algunas costumbres de humano, tal vez podría entrar a diferencia de Sebastián. Se había escabullido sigilosamente, evitando que su prometida, sirvientes y demás lo notasen porque no deseaba arriesgarlos en esa misión. Una cosa era enfrentar humanos deseosos de invadir la mansión, pero otra muy distinta era enfrentar a un demonio en su propio territorio.

El pelirrojo lo había seguido poco después de que saliera de la casa.

—¿Tanto la querías? —Preguntó con simulada indiferencia—. ¿A pesar de lo que hizo en vida?

—Aún descubriéndolo, no me dio gusto que la mataras…

Y después de semejante respuesta de Ciel, un silencio incómodo y muy tenso inundó el ambiente. Anduvieron un rato sin decir nada, caminando al mismo ritmo, pero los pasos de Grell fueron disminuyendo hasta que se detuvo por completo. Se mordió el labio inferior con algunos de sus dientes afilados, arrugando las cejas con una expresión de pena y al abrir su boca con labial:

—Perdón…

Y al escuchar aquella palabra, el Phantomhive terminó por detenerse igualmente, dándose la vuelta para verlo con clara incredulidad. ¿Un Dios de la muerte disculpándose por llevarse un alma? Incluso si la asesinó sin miramientos y antes de tiempo, resultaba muy surrealista que le pidiera perdón a un pequeño demonio. Soltando un pesado suspiro, Ciel tan sólo respondió:

—Eso… ya no importa ahora, la prioridad es salvarla —Y acercándose al adulto, le extendió una de sus enguantadas manos—. Así que… ¿me ayudarás, Grell?

Y tras otros segundos de silencio, pero uno nada incómodo comparado al anterior…

—Vaya, tus poderes de persuasión son algo raros —El pelirrojo le sujetó su mano y la estrujó con cortesía, sonriéndole cual tiburón feliz—. Eres un demonio muy diferente a Mi Sebas, pequeño~

El menor le dedicó una sonrisa más leve, ese último "pequeño" no había sonado como un insulto.

Fue entonces que una malévola idea surcó su mentecita… fuese para motivar un poco más al Sutcliff, sellar esa alianza con broche de oro, o por simple crueldad… añadió que le dejaría hacer lo que quisiera con cierto demonio Michaelis por un día completo.*(2) Eso aumentó la determinación del afeminado, provocando a su vez que un escalofrío sacudiera el cuerpo del mayordomo de negro; quien seguía hablando con su gemelo sobre lo que hicieron en los últimos siglos.

No tardaron en dar con el arroyo que buscaban. El Shinigami confirmó con una rama que la profundidad no les pasaría más allá de sus talones, y a medida que lo vio adentrarse, Ciel tragó grueso. Tendió una mano hacia la entrada y al confirmar que podía pasar: su alivio fue tan grande como la fortaleza de cristal. Se apresuró en seguirle el paso del Sutcliff, chapoteando ligeramente.

—Cuando menos el agua no se cristalizó —Comentó el adulto por lo bajo, sonaba abochornado—. Fue una fortuna que Sebas pudiera descongelar mi Death Scythe con su poder de fuego…

—Sí, pero eso nos dio una ventaja —Decía el jovencito—. Ya sabemos de lo que es capaz de hacer con el hielo. No podrá recurrir a esa estrategia de nuevo.

—Sí, tienes razón. ¡No voy a caer en el mismo truco dos veces, Death~! —Y al recordar lo del fuego diabólico del Michaelis mencionado, Grell agregó—. Por cierto, pequeño, ¿también tienes esa habilidad?

Ciel dio un respingo, sintiendo que sudaba frío y no precisamente por la temperatura del ambiente. Estaba tan decidido en rescatar a Crimson que no pensó de forma calculada cómo, qué haría para enfrentar a su secuestrador. Sí, contaba con la ayuda del Shinigami, ¿pero y si llegaban a separarse? ¿Y si había más de un demonio allá adentro? Juliano no pareció percibir más de uno durante su intromisión, pero el conde más pequeño no podía descartarlo.

Ciel no moriría tan fácilmente gracias a su conversión. Sebastián le había enseñado algunos "truquitos" tales como el combate cuerpo a cuerpo, y cómo utilizar una espada o cualquier arma de filo de la forma en que un demonio lo haría. Irónicamente, aunque de humano habría sido una tortura: como demonio le había resultado más sencillo de dominar que la telepatía. Pero con respecto a la "magia", el Phantomhive todavía no sabía si era capaz de controlarla o siquiera tener alguna.

Según le dijo tiempo atrás, su mayordomo dominaba el fuego porque lo heredó de parte de su Padre. Algo normal entre demonios era que sus poderes los adquiriese su descendencia.*(3)

—Si se refieren a que hace falta combatir hielo con fuego, ¡déjenselo a un servidor!

Los dos se dieron la vuelta ante aquella voz a sus espaldas… y al condecito casi le dio un infarto al ver que quien habló fue Baldroy. Encima era acompañado por Maylene y Finnian, todavía vistiendo sus ropas de invierno. Los dos adultos iban armados hasta los dientes, pero de forma que no les dificultaba desplazarse.

—Lord Juliano fue el primero en notar su ausencia, Joven Amo —Explicaba Finny—. Y nos dijo que le dijéramos: "Si Cielito va a hacer una locura, por lo menos que se lleve algo de fuego".

Una de las cejas del Phantomhive tembló por el énfasis del jardinero en aquél apodo, casi pudiendo escuchar la voz del Rosenight pronunciando esas palabras en su mente.

Y aunque a los sirvientes les tomó un tiempo entender a qué se refería, finalmente captaron que lo dijo con respecto a las armas de fuego de la mucama y el chef; igualmente al lanzallamas del último. La fuerza sobre-humana del jardinerito tampoco podía dejarse fuera de aquella caballería.

—Ése demente… —Ciel soltó un suspiro, pero analizando sus opciones: le vendría bien contar con más piezas de ajedrez en aquél juego tan incierto—. Ciertamente, no son humanos fáciles de matar. Y ya que nos siguieron hasta aquí, dudo que vuelvan aunque se los ordene…

Los vio asentir con firmeza y expresiones determinadas, cual fieles soldados dispuestos a seguirlo aún si tuviera intenciones de ir hacia el mismísimo infierno. Eran excelentes aliados, muy valientes y leales. En tales situaciones, recordaba que por todo eso y sus capacidades fue que Sebastián los reclutó. Daba la impresión que por lo mismo no habría puesto un alto a las palabras de Juliano… no era como que el Rosenight cambiaría de idea si un demonio se lo dijera.

El Shinigami, el demonito y los tres mortales siguieron avanzando hasta llegar al final del arroyo.

Apreciaron que se originaba desde una cascada en miniatura, conectada al inicio del jardín de la casa de campo. Lo de "cascada en miniatura" se debía a la fuerza del agua que caía: no mayor a la del arroyo, pero siendo una caída un tanto alta. Grell no tuvo problemas en llegar a la cima de un salto, estirando una soga que le dio Baldroy —armado no sólo con pólvora y fuego, sino también de experiencia militar en situaciones variadas— y tirando su larga extensión sosteniendo un extremo. Subiría a los demás de uno en uno, aprovechando su fuerza sobrenatural y muy a pesar de que "una dama" no debería hacer algo como eso.

El primero en subir fue Finny, quien una vez arriba ayudó a sostener la soga y Grell agradeció tan caballeroso gesto. La siguiente fue Maylene y después de ésta vino Bard. Ya sólo quedaba que subiera Ciel, cuando sintió unos brazos rodeándole el cuello por atrás…

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Denise se cubría el rostro con sus manos, sintiendo su cuerpo de cintura para abajo rodeado del agua tibia que llenaba la bañera. Estaba totalmente desnuda y su cabello colgaba sobre uno de sus hombros, atado en una coleta de caballo baja. Sus ojos ya no le ardían, pero sus mejillas conservaban vestigios de su llanto anterior. Todo por culpa de él…

"Te daré lo que te mereces"

Desde que el señor Matthews dijo esas palabras, había estado actuando muy extraño. Más de lo que ella estaba acostumbrada. Ya no parecía el mismo demonio que conoció al principio.

Apartó sus palmas de su cara y bajó la mirada, viendo su propio reflejo en el agua. Pero al fijarse en la mejilla que él había abofeteado antes, la acarició lentamente con sus dedos. Aún incrédula.

Tanto porque él mismo se la hubiera curado con su saliva como por lo sucedido minutos atrás.

(…)

Habiendo ocultado la ropa del Sr. Matthews junto a la cortina, balas y cuchillos ensangrentados dentro de un armario en su respectiva habitación, Denise se encaminaba hacia el cuarto de Darla para llevarle la cena. Le parecía extraño que la niña, como era costumbre, no fuera a buscarla a la cocina para preguntarle qué comida le prepararía. Pero ya se enteraría de la razón detrás de ello.

El familiar sonido de las risas de Darla llamó su atención. Desde la muerte de su madre, aunque no había dejado de ser una niña feliz, no recordaba haberla oído reír con tanta alegría y júbilo como en aquél momento. Tan sólo cuando jugaba con su verdadero padre.

Y al asomarse por la puerta, presenció algo que nunca hubiera esperado ver.

Todavía en su forma de centauro, el señor Matthews correteaba por la larga y extensa habitación de la infante. Tenía a la pequeña de cabellos rizados y cremosos sentada sobre su lomo, abrazándose a su pecho humanoide desde atrás. Esa era la causa de su risa: jugaban al "caballito" y el cuadrúpedo cumplía su papel de maravilla; dando saltitos y de vez en cuando agitando su retaguardia. Era surrealista y adorable al mismo tiempo.

—¡Esto es igual que antes, papá~! —Comentaba Darla, entre infantiles risas.

Denise se adentró lentamente al lugar, sosteniendo la bandeja de comida y procurando no hacer ruido. Ni siquiera daba la sensación de que lo hiciera obligado, ni que se lo pasara de malas. Su mirada violeta y normalmente fría, ahora lucía… ¿feliz? ¿Dichosa de las sonrisas de la niña?

—¡Ah, Denise~! —Exclamó la nena, toda sonriente al verla.

Tanto la aludida como el Señor Matthews dieron un respingo. La primera por ser descubierta y el segundo por ser visto "infraganti" haciendo del "caballito". El demonio sintió su sangre fría agolpándose en su rostro, arrodillándose con sus cuatro patas y dejando que la de ojos ambarinos se bajara de su lomo. Sí, quería mostrarle a la cochera que no seguiría siendo duro, pero resultó un poquito embarazoso ser cachado de esa forma. Pero ya hace mucho tiempo que no disfrutaba jugando con alguien más pequeño que él, resultó sencillamente nostálgico y pacífico.

—Esto… —Denise tosió un poco, sintiéndose algo divertida por la expresión de "¡Trágame, tierra!" del demonio. Pero en cuanto la pequeña se acercó, ella dijo—. Le traje su cena, Señorita Darla.

—¡Muchas gracias, Denise! —Exclamó Darla con ojillos de ilusión y un rugidito de tripas.

—Uy, parece que te dio hambre el jueguito de antes —El pobre centauro volvió a ruborizarse en azul ante las palabras de la pelirroja, fue imposible para ella no soltar una leve risita burlona.

—Creo que sí… aunque mi Papá debe estar más hambriento que yo —Darla se giró hacia el híbrido y le tendió el platito de emparedados de lechuga, miel y queso que reposó previamente en la bandeja—. ¿No quieres uno, Papá?

—Creo que no apetezco… —Respondió él, ya que no le sabrían a nada—. Pero gracias.

—Qué raro, eran los favoritos de ti y de Mamá —Entonces se acordó—. ¿Y tú no quieres, Mamá?

—Tal vez uno, lucen deliciosos…

Denise no reconoció esa última voz, cayendo en cuenta de la presencia de la mujer de blanca cabellera. "Mamá" estaba sentada en la cama de Darla y había visto a ésta jugando con "Papá", sonriendo en silencio. Sus ojos escarlatas seguían opacos, en trance. Denise palideció aún más que ella y la bandeja cayó de sus manos, manchando sus ropas con el jugo de naranja del vaso que se hizo pedazos en el suelo. Ningún fragmento de vidrio cayó cerca de Darla, pero evidentemente se asustó.

En menos de un segundo, la desconocida se levantó del colchón para abrazarla, apartándola un poco de la otra y preguntándole protectoramente:

—¿Estás bien, Darla?

—S-sí, Mamá —Y sin prestarle atención al desastre del piso, observó con preocupación a su sirvienta—. P-pero la ropa de Denise se ensució…

Dando una torpe disculpa, excusándose con que vendría a limpiar después de cambiarse, la aludida se retiró del lugar lo más rápido que pudo. A pesar de que no debería dejar sola a Darla, aunque esa mujer albina se comportara maternalmente con ella… ¡Eso era lo que incomodaba a Denise! ¿Qué diablos había hecho ese demonio? ¿¡Cómo se atrevía!?

Entrando en el primer baño que encontró, la pelirroja necesitaba mojarse la cara. El frío del ambiente también se colaba en el baño, por lo que al abrir el grifo del agua: algo de vapor empañó el espejito redondo que colgaba encima del lavamanos. Se mojó el rostro un par de veces, intentando aguantar esa sensación de náuseas y vértigo que la carcomían.

Denise soltó un leve grito ahogado cuando, después de abrir los ojos y con gotas de agua chorreando de su barbilla, reconoció una figura reflejada en el espejo. Ni siquiera el vidrio empañado disimulaba el brillo violeta, diabólico de aquellos ojos. El señor Matthews la había seguido, aparentemente en silencio porque ni siquiera lo escuchó entrar. La humana sintió rabia, pero el miedo tampoco la dejaba decir palabra alguna. Sintió sus ojos verdosos ardiendo, pero se contuvo de quebrarse frente a él.

—Esa era la Madre de Mi Señora —Dijo con cautela. Tanto el gritito previo como los acelerados latidos del corazón de Denise, en el cual se arremolinaban un mar de emociones intranquilas, bastaban para que supiera debía hablar con cuidado—. Simplemente cumplí otro de sus deseos.

La mortal no le contestó, tan sólo le dedicó una mirada sumamente ácida por encima de su hombro. Al demonio le sentó mal, pensaba que ya no volvería a enviarle ese tipo de expresiones. No quería hacer daño, únicamente buscaba la felicidad de Darla Sunflow. Realizar su anhelo de tener una familia completa. Y eso, desde luego, también incluía a Denise.

Quería que Denise dejara de mirarle con odio. Quería ser su amigo. ¿Pero cómo demostrárselo?

Ella suspiró agriamente, dándose la vuelta y con claras intenciones de salir del baño. El señor Matthews probablemente se habría hecho a un lado, dejándola marcharse… pero al fijarse en sus ropas manchadas y recordando cuan delicada era la salud humana, la detuvo sujetándola sin brusquedad de una de las mangas de su camisa. Denise lo vio con evidente molestia.

—Suéltame… —Su tono fue venenoso y amenazante, pero al demonio le dio más pena que pavor.

—Denise… —Tiró suavemente de ella sin soltarla, apartándola de la puerta y cerrando con una de sus patas traseras. Agregó con solemnidad—. Te enfermarás si sigues usando esas ropas mojadas.

Impactados, los ojos verdes de la mujer se abrieron al entender por dónde iba el asunto. Su cara enrojeció al acto y empezó a negar con la cabeza, repitiendo consecutiva y nerviosamente:

—No, no, no, no, no, no, no, no…

—Pero te ensuciaste, debo asearte… —El híbrido seguía sujetando su manga, sin brusquedad pero con suficiente fuerza que le impedía soltarse.

—¡Puedo hacerlo sola! —Insistía cada vez más desesperada, cuando…

*¡CHUUUUUS!*

En un rápido movimiento, sorpresivo e inesperado, el señor Matthews desató el lazo al frente de su camisa y se la quitó, lanzándola al otro lado de la habitación. Denise enrojeció por completo y soltó un grito agudo. Su sencillo corsé quedó a la vista y velozmente intentó esconderlo con sus brazos, mirando con molestia y vergüenza al mayor. El centauro ladeó la cabeza sin entender su reacción. Simplemente le había retirado sus prendas sucias, intentando evitar que se enfermara por la gélida temperatura al tenerlas mojadas. Los demonios como el señor Matthews —fuesen centauros, centáurides*(4) u otros semejantes— desconocían lo que era el pudor de la desnudez, viviendo al natural y sin necesitar de ropas.

Denise ni siquiera supo cuándo había puesto a llenar la tina, mucho menos cuándo calentó el agua.

En una ocasión, el demonio observó cómo ella preparaba un baño para Darla… y aunque la pelirroja lo regañó y ahuyentó —pensando que quería ver desnuda a la pequeña Sunflow, lo que no era el caso— el señor Matthews consiguió memorizarlo, replicando sus pasos sin problemas.

Tristemente, por más que él buscaba ganarse su confianza y mostrar que deseaba ayudar: sólo aumentaba la desconfianza y el miedo de la pobre humana.

El señor Matthews la había desnudado a totalidad antes de que ella pudiera reaccionar.

Denise le dio un empujón para apartarlo de sí, pero en lugar de hacerle retroceder: eso la impulsó hacia atrás y la hizo tropezar, provocando que cayera en la tina y chapoteara algo del agua tibia. Denise soltó un quejido de dolor, siendo una gran fortuna que no se golpeara la cabeza ni se rompiera el cuello. Él se preocupó por su caída y se acercó rápidamente, pero recibió una bofetada en su cara que fue considerablemente fuerte y resonó por todo el cuarto de baño.

—¡ALÉJATE DE MÍ…! —Gritó la espantada mujer, cubriéndose su pecho con sus brazos y cerrando fuertemente sus piernas.

Ningún otro la había visto así… al menos antes del demonio allí presente.

—V-vete… —Su voz se quebró por las lágrimas de impotencia que no pudo contener—. Vete ya…

El señor Matthews entrecerró sus ojos violetas, reflejando arrepentimiento en lugar de maldad. Bajó su cabeza al comprender que ella no quería que la mirara, a pesar de que le quitó sus prendas sin intenciones perversas. Incluso se había lastimado indirectamente por su culpa, al haberla asustado con sus acciones. Con una marca enrojecida en su mejilla golpeada, el demonio bajó sus orejitas de equino. Entendió que volvió a meter la pata y retrocedió con lentos pasos.

—Lo siento…

El sonido de sus cascos de caballo se hizo oír al caminar, dándose la vuelta y saliendo del baño, añadiendo antes de cerrar la puerta a sus espaldas:

—Métete hasta los hombros o no te calentará…

(…)

El dolor de sus golpes se disipó gracias a la tibieza del agua de la tina, sus lágrimas cesaron luego de un rato. Denise se mordió el labio inferior. No entendía a ese demonio, en lo más mínimo. Cerró sus ojos y se ruborizó un poco, arrepentida a pesar de haber actuado en defensa propia.

«Creo que me pasé al darle esa bofetada…» Había pensado que buscaba aprovecharse de ella, pero no hizo nada después de que la vio llorar… y hasta se disculpó. «¿Qué es lo que quiere?»

Recordó lo último que él dijo y decidió hacerle caso. Cuando se hundió en la tina hasta los hombros, un agradable escalofrío sacudió su cuerpo y soltó un placentero suspiro. Relajándose por unos instantes, su mente se enfrió en contraste al cálido baño y se miró la mano con la que le pegó. No sabía por qué le entró semejante sensación, pero pensó que le debería dar una disculpa.

Si quisiera hacerle daño o matarla, ya lo habría hecho. Tal vez él había tenido un cambio de corazón, a juzgar por cómo lo vio jugar con Darla. Tal vez podría darle una segunda oportunidad. La primera impresión era importante, pero las segundas impresiones y el tiempo terminaban por mostrar la verdadera naturaleza de cualquiera. ¿Quién decía que no podría ocurrir con demonios?

Aunque también le preguntaría qué sucedía con esa albina y por qué simulaba ser la madre de Darla. Tenía muchas cosas que aclarar con el señor Matthews y lo confrontaría punto por punto.

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Ya estaban en los jardines traseros de la gran casa de campo, con esos enormes muros de hielo rodeándolos cual murallas cristalinas. Todos ellos. Grell, Bard, Maylene, Finnian, Ciel… y Lizzy.

Fue la última quien abrazó al condecito por detrás, afortunadamente sin asfixiarlo. Me ahorro contar toda la discusión que tuvieron, obviamente quien ganó fue la prometida del Perro Guardián de Inglaterra. Acabaron siendo subidos por Finny y Grell, sosteniéndose el demonito de la soga y con la rubia abrazándolo desde atrás. Estuvieron bastante pegados para bochorno penoso del Phantomhive. No tuvo argumento alguno suficientemente válido para contrariarla, ella le había vencido totalmente con tan sólo decirle: "Si he de ser reprendida por mi querida (aunque estricta) madre, que sea por estar ayudando a gente en apuros y apoyando al chico que amo".

El Sutcliff se encontró conmovido por tanta sinceridad y firmeza en las palabras de aquella mocosa, quien por cierto ya no le parecía tan peligrosa. Personalmente tampoco dudaría en escoger ir con la persona que amara… incluso si fuese a morir. Baldroy compartía la opinión del afeminado, pero al pobre Finny no le hizo gracia que utilizara la palabra con "M".

Y a medida que se adentraron más en los terrenos, notaron algo extraño desde el interior de las murallas que no se veía desde el exterior…

—¡Vaya, miren eso! —Exclamó Elizabeth.

En las paredes congeladas se reflejaban varias figuras de diferentes apariencias y tamaños. Similares a esas que se verían grabadas en las cuevas de piedra; con la diferencia de que éstas yacían plasmadas en el hielo. Lizzy y Finny se acercaron para verlas mejor, apreciando que unas tenían formas más normales que otras.

Unas lucían como lagartos bípedos y del tamaño de un hombre adulto agachado. Teniendo escamas de color azul oscuro en la mayoría de su cuerpo, igual que unas moradas en su panza y extremidades. Desde la cabeza hasta las puntas de sus colas los cubrían unas curiosas superficies, con la impresión de ser mantos blancos. Unos cuernos morados sobresalían de sus mantos por la zona trasera de sus cabezas. Parecían de esos velociraptores que se apreciaban en los libros de arqueología. Las figuras de mayor tamaño eran simplemente unos golems de hielo, eran de colores celestes al estar grabados en esa superficie. Teniendo apariencia redonda, con cuerpos tan grandes como sus brazos y piernas, haciendo contraste total con sus cabecitas y sus ojillos con formas similares a estrellas pálidas.

Por alguna razón, a Maylene le entusiasmaron y a Lizzy le parecieron "Bonis". Grell y Baldroy pensaban lo contrario, aunque Finny opinaba que se veían interesantes. Ciel les dijo que dejaran de distraerse y envió una mirada ácida a los grabados, no le daban buena espina.

Fuese por percibir la magia demoníaca o algo más, terminaría por tener la razón más adelante.

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Notas de Autora:

*(1) Headcanon que tengo desde que vi a Sebastián lamiendo la herida que se auto-infringió, después de su "pacto" con Claude por el alma de Ciel en el segundo anime. Si ya sabemos de la regeneración de los demonios, ¿por qué Sebby se lamió la sangre y no la limpió con algún pañuelo como hizo Claude? Sí, podría simplemente haberse limpiado la sangre así xDD pero me gusta pensar que la saliva demoníaca tenga facultades curativas, única y exclusivamente con heridas NO-letales infringidas por demonios. No habría nada que hacer con heridas mortales o muy graves.

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*(2) Si aquello les resultó familiar, debo decir que sí: Ciel le estaba haciendo el mismo ofrecimiento que le dio durante los episodios de Drossell. Hagan de cuenta que en esta continuidad, esos episodios de la primera temporada no ocurrieron. O mejor dicho, Drossell no habría existido como el mayordomo de Ash Landers.

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*(3) Exclusivo de mis fanfics. No hay una razón oficial sobre por qué Sebby controla el fuego, más allá de que sea un demonio.

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*(4) La contraparte femenina del Centauro se llama "Centáurides".

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Lo dije antes y lo repito ahora: Denise y el Sr. Matthews serán una Brotp.

Tal vez con algo de fanservice y escenas malpensables (?) ¡Pero serán una brotp y ya!

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PD: Le quiero dedicar un agradecimiento a "Amgd12" por darle a 'Follow' a esta historia (nwn)v