Lamento mucho la tardanza T-T es que se me murió el Internet y no pude publicar nada, lo siento! n/n lo importante es que todo volvió a la normalidad y aquí les traje la continuación, lamento las molestias.

Hina, I love you
Poción de amor

Capitulo 09:
Ligera travesura

En verdad había escapado de aquella mansión, ninguno de los dos podía creer la travesura que habían hecho. De seguro Hiashi los asesinaría apenas los viera pero no era momento de pensar en ello. En ese instante solo tenían mente para correr aunque ya no había la necesidad de hacerlo. Al darse cuenta, se detuvieron de la carrera y tomaron aire, intentaron controlar su respiración en completo silencio, ninguno tenía nada que decir. Kiba alzo la mirada para ver hasta donde habían llegado mientras que Hinata seguía recuperando energías. Se encontraban al frente de una panadería, habían corrido aproximadamente ocho cuadras desde la mansión sin detenerse por un segundo, no era de extrañarse que estuvieran tan exhaustos.

Una nueva boconada de aire los ayudo a incorporarse en la realidad.

―¿Ahora qué?― cuestionó el castaño mirando a la oji-perla aun con la respiración agitada y las mejillas un tanto acaloradas. Ésta se quedo pensativa por unos segundos tratando de hallar una respuesta pero nada venia a ella ¿Qué se supone que harían? Se limito a dedicarle una pequeña sonrisa dándole a saber que no tenía la más mínima idea de lo que podrían hacer.

Sin embargo, la presencia de cierta persona cambio la situación.

―Ahg… al final no fuimos a ningún bolo, que fastidio― se quejaba Naruto con malcriadez mientras salía de la panadería con las manos pegadas a su nuca hablando consigo mismo en voz alta.―¿Uh? ¡Hinata!― la mencionó a gritos completamente emocionado de verla en ese instante, en ese preciso lugar.

―Maldición

―¿Na-Naruto-kun?― nombró su nombre con sorpresa, los colores se le subieron a la cabeza con tan solo verlo. Estaba completamente roja y su cuerpo se había calentado de momento a otro. Las piernas empezaron a temblarle y esta vez el ritmo acelerado de su corazón no se debía a cansancio. El catire se le lanzo encima en un abrazo eufórico poniendo de malas al castaño al lado de ellos.

―¡Quítatele de encima!― le exigía mientras lo tomaba de la chamarra y lo jalaba con fuerzas pero parecía una garrapata. Hinata por su lado dejo de pensar, su alma se había salido de su cuerpo y solo era cuestión de tiempo para que empezara a desfallecerse.―¡Que la dejes te dije!― gritó esta vez logrando por fin despegarlo de la oji-perla, salvándola de un potencial desmayo.

―¿Pero cuál es tu problema?― cuestionó Naruto poniéndose frente a frente del castaño con el ceño fruncido de la molestia.

―Eso es lo que debería preguntarte yo, ¿Quién te crees que eres como para abrazar así a Hinata?― le interrogó transmitiendo esa aura posesiva que tenia con la Hyuga, cosa que solo enfurecía más al catire, ni que Hinata fuera suya.

Listo, no pudo aguantar más, pensó que estaría a salvo una vez que Naruto fue distanciado de ella pero se equivoco. Al final si se desmayo.

―¡Hinata!― gritaron ambos angustiados al verla caer.

De milagro lograron sostenerla antes de que cayera de golpe al suelo y angustiados empezaron a llamarla tratando de despertarla, sin embargo esa lucha seguía, Naruto la tenia sostenida del lado derecho, Kiba del derecho, y como si se tratase de una manta que se acababa al estírala, cada uno la jalaba a su lado, sin ser suficiente para ninguno de los dos. Se miraron asesinamente, de forma retadora y empezaron a llevársela consigo como si fuese una muñeca de trapo.

―¡Suéltala!― le exigían al otro tratando de apoderarse de la peli-azul mientras la pobre yacía inconsciente, completamente roja y hasta mareada de tanto ajetreo.

―¡¿Qué demonios creen que hacen?― cuestionó con ímpetu cierto azabache de hebras perfectamente alborotadas observando la escena que habían creado frente a la panadería. Se trataba del mismo Sasuke Uchiha en un estado de cinismo y vergüenza que lo invadía por completo, miserablemente conocía a esos idiotas.

―¿Sa-Sasuke? ¿Qué haces aquí?― preguntó Naruto un tanto nervioso tratando de, alguna forma, apaciguar al Uchiha… como si eso fuese a funcionar.

―Eso es lo de menos, un poco más y parten a Hinata en dos― les regañó de forma tajante, pero como las personas que eran, no pudieron quedarse callados.

―¡El cabeza hueca éste fue el que empezó!― se defendió Kiba de primero.

―¿Cómo que cabeza hueca? ¡Tú fuiste el que inicio todo, pulgoso!― respondió el catire en tono acusativo, señalándolo con el dedo índice.

―¿Qué dijiste?― le retó el castaño, pero antes de que pudiera Naruto responderle, Hinata empezó a despertarse después de haberse atropellado con el suelo, pues a causa de su pelea los chicos la había soltado de forma inconsciente, olvidándose por momento de ella.

―¿Sasuke-kun… también?― dijo en un hilito de voz, parecía más dormida que despierta a decir verdad, pero cuando entro a la realidad se volvió a sonrojar.

―¿Estás bien?― le preguntó el aludido con una expresión un tanto indiferente, aunque eso era propio de él. La Hyuga tan solo se limito a asentir con la cabeza, y una vez lo hizo, el par de idiotas se señalaron echándose la culpa mutuamente por lo que le había pasado a la chica.

En ese momento, Sasuke toma a Hinata de la mano y se la lleva consigo dejando a esos dos solos en su disputa sin que se hubieran dado cuenta de su marcha. La Hyuga estaba sin palabras, miraba hacia atrás y hacia adelante una y otra vez observando cómo se apartaban de los chicos paso a paso. Quería preguntarle a dónde irían, que harían, pero las palabras no salían de su boca, su cuerpo tampoco se resistía, tan solo fluía de una manera muy natural.

―¡Claro que sí! ¿Verdad, Sasuke?― aseguraba el rubio volteando su mirada a donde se supone que debería estar el aludido, pero no estaba.―¿Eh? ¿Sasuke?― se preguntó en voz alta volteando a todas partes igual que Kiba, solo que éste buscaba a la chica. Los divisaron a lo lejos apunto de girar y desaparecer de su vista. Corrieron hacia ellos lo más pronto que pudieron, pero guando giraron por el camino por el que ellos habían ido, ya no estaban.

―Ese maldito de Sasuke― murmuró Kiba entre dientes estando por primera vez en acuerdo con Naruto.

―¿Qué demonios cree que está haciendo?― cuestionaron ambos al unísono acelerando así el paso con tal de encontrarlos más rápidos. Sin embargo los pasaron sin darse cuenta, dado que se escondieron en un callejón.

―¿Sasuke-kun? ¿Qué estamos haciendo?― Hinata estaba completamente roja y la voz le temblaba a causa de la cercanía por culpa de aquel pasillo tan estrecho. Sasuke dirigió su mirada a ella notando sus mejillas teñidas de un rosado suave dándolo un toque de inocencia e infantilismo que le quedaba muy bien. Ésta bajo su mirada sin poder seguir conectando su mirada con la de él provocando en el azabache una sonrisa picara.

―Hay que darles una lección a esos dos― contestó con una pizca de picardía.

―¿Eh?

La situación en la casa de los Nara era un poco tensa, ambos chicos habían entrado por las ordenes de esa mujer azabachina y prepotente que en absoluto silencio los dirigió a la sala de la casa dejándolos sentados en la mesa tradicional japonesa con los cojines alrededor mientras iba a la cocina a preparar té. Shikamaru se apoyo con sus manos, mirando al techo como si se tratase de lo más interesante del mundo, mientras que Ino, por su lado, observaba a la madre de Shikamaru con cautela, era una mujer de carácter fuerte la mayoría del tiempo y nunca se sabía cómo iba a reaccionar, pero por suerte para ellos, se le veía de buen humor…

―¿Y me podrían explicar que sucedía allá afuera?― interrogó de forma tajante a la vez que colocaba una bandeja con los té en la mesa y se sentaba en uno de los cojines libres.

―Pues vera, señora Nara― dijo de primero Ino dispuesta a decirlo todo solo para fastidiar al vago a su lado que bajo su mirada atenta a sus palabras― Resulta ser que su hijo, aquí presente…―lo miró con sarcasmo, y luego se volvió a la mujer frente a ella―, ha tenido una cita con una chica mayor que él y no me quiere dar detalles― dijo lo más rápido que pudo para no ser interrumpida.

―¡Ino!― se quejó Shikamaru, ahora su madre lo molestaría con aquel asunto todo el tiempo y terminaría involucrando a su padre también.

―¿Que Shikamaru tuvo qué?― definitivamente estaba sorprendida, sus ojos estaban abiertos como plato y su cuerpo se había paralizado… ¿ya estaba en esa edad? ¡Y con una chica mayor!

―Así es, Shikamaru…

―¡Solo lo dice para molestarme! Es pura mentira― interrumpió el azabache.

―Usted sabe que yo no digo mentiras. Soy una buena chica― comentó dirigiéndose a la mujer. Se notaba a distancia como disfrutaba aquella situación.

―Eso sí que nadie te lo cree― agregó el Nara con cinismo.

―¡¿A qué te refieres con eso? Vago― no era un genio por nada, ya había logrado su objetivo. Aunque todo se debía a lo manipulable que podría llegar hacer la rubia, al menos para él que la conocía desde hace mucho tiempo.

―Ahg… no empieces con tus gritos, problemática.

―¡No estoy gritando!― si lo estaba.― Y no me llames problemática, holgazán de primera― le exigió a la defensiva mientras recibía esa mirada sarcástica y fatigosa departe del chico. Sin embargo, la discusión se detuvo al escucharse la risa de la señora Nara, la cual no iba acorde al momento, cosa que les hacia preguntarse qué le pasaba.

―Asss… que susto― dijo un tanto aliviada.― De momento pensé que en verdad se había acabado el ShikaIno― confesó entre risas, parándose de su asiento para guardar la bandeja dejando así, a los chicos solos en la sala con el sonrojo invadiéndole las mejillas ante su comentario… es que había sido muy repentino, eso era todo.

―¿To-Todavia siguen con eso? Jajá… que ridículo― dijo Ino con el nerviosismo invadiendo su garganta, sin atreverse a alzar el rostro y verlo, cosa que también le pasaba a Shikamaru.

Era muy vergonzoso, pensaban ambos, aunque la verdadera palabra que pasaba por su subconsciencia era otra.

"Ahg… ¿Por qué no dice nada? ¿A caso es idiota? ¿Qué no ve como se puso el ambiente? Si no dice nada sería como darle la razón a su madre. Estúpido Shikamaru".

"Bocazas…"

Corrían rápidamente siendo Sasuke el que llevara la delantera mientras que tomaba a la oji-perla de la mano para asegurarse de que le seguía el paso. Unos kilómetros más atrás se encontraban tanto el Uzumaki como el Inuzuka, codo a codo, corriendo frenéticamente tratando de alcanzarlos y recuperar a Hinata.

No estaba acostumbrada a tanta agitación, menos siendo una Hyuga. Correr aquellos tramos sin detenerse la estaban agotando pero debía admitir que estaba divirtiéndose, ver a esos dos persiguiéndola con tanto furor le resultaba divertido, parecía esa escena romántica de una pasión prohibida en donde la pareja huía de esos que querían evitar su relación. Al darse cuenta de lo que estaba pensando se volvió tan roja como un tomate, Sasuke la aferraba a su mano con firmeza, lo que le convertía en el príncipe de la historia.

―Tsk…― gimió Sasuke a la vez que se detenía al final de un parque de cerezos. Habían pasado la fuente de agua y se encontraban frente al balcón de vista panorámica a la cuidad. Ya no tenían donde huir.

Los chicos llegaros segundos después en una lucha de quien llegaría primero como si se tratase de una carrera. Kiba empujo al catire a punto de tropezarlo con el muro de la fuente, pero este reacciono montándose encima del cemento caminando en el borde, logrando así adelantarlo, pero al estar el muro mojado éste resbalo terminando por caer a la fuente.

―Jajaja… idiota― Kiba reventó de la risa observando como el Uzumaki se levantaba de la fuente, empapado de pies a cabeza.

―Ya tu vas a ver― le gritó Naruto enfurecido lanzando agua como loco a todas direcciones terminando por mojar a los que tres, los cuales se apartaron del alcance del agua mientras que Sasuke y Kiba lo regañaban.―No sabía que eran tan sensibles al agua, discúlpenme ¡par de afeminadas!― esa fue la gota que derramo el vaso. Ambos hombres se dirigieron a él con instintos asesinos y como Hinata estaba agarrada de la camisa de Sasuke por haberse protegido del agua se vio arrastrada a la fuente pues su pulsera se había enredado con su camisa, fue el salto lo que hizo zafarse de él pero ya estaba metida en aquella guerra de agua en la fuente y tenía que defenderse de alguna forma. No vio otra que participar lanzando agua con tal de dispersar la que venía a ella.

―¡Hey! Ustedes, no pueden estar ahí dentro, sálganse― les ordenó un guardia del parque con un aura autoritaria e intimidante que paralizó a los presentes del miedo.

―¡Corran!― alertó Naruto siendo el primero en arrancar del lugar, todos sabían perfectamente que serian llevados a la comisaria una vez se dejaran atrapar por el guardia pues las reglas de aquel lugar eran muy estrictas. Uno tras otro salieron de la fuente, siendo perseguidos por el guardia, quien no dudo en pedir refuerzos.

De milagro lograron perderlos de vista escondiéndose detrás de una pared del centro comercial al que no podían entrar por estar mojados. Una vez recuperaron el aire empezaron a reír como locos por aquella travesura, todos a excepción de Kiba, quien miraba a Hinata sonreír divertida en ese día. Cierta punzada de celos lo invadió, él siempre había buscado una forma de hacerla reír así cuando se sentía mal, pero nunca lo logro, a cambio ellos lo hicieron sin esfuerzo alguno. La habían hecho sentir bien en ese día tan lamentable para los Hyuga haciéndola olvidarse de todo con su simple presencia, sin tener ni idea de lo que le pasaba.

―¿Ahora qué?― interrogó Naruto entre risas, aun con la respiración agitada. Estaban empapados, cansados, sedientos… algo tenían que hacer.

―Tenemos que secarnos de alguna manera― opinó Sasuke con su seriedad de siempre un tanto descuidada por el cansancio, en verdad que se había echado unas buenas carreras. Ya no podían más.

―¡Oh! Yo sé donde― dijo Naruto rápidamente, tomando el mandato en el grupo. Sin esperar la respuesta de los otros avanzo directo a su camino sin dejarles de otra más que seguirles. A los pocos minutos, Naruto llego a su destino colocándose encima de unas rejillas en el suelo que parecían las de unas alcantarillas, pero al ver a bajo podías notar todo lo que allí había y en vez de agua, en la inmensa profundidad de aquel agujero solo se llegaban a ver unas especies de maquinas.

―¿Qué es esto? ¿No se supone que íbamos a ir a secarnos?― cuestionó Kiba de inmediato con un tono gruño y lleno de fastidio. Aunque todos se preguntaban lo mismo.

―Solo esperen… esperen… esperen…― Naruto seguía mirando hacia abajo como si algo interesante fuera a pasar y los chicos por instinto hicieron lo mismo, pero no había más que un foso oscuro, sin embargo, de momento a otro, un sonido rezumbo en ese lugar bajo sus pies, una pequeña brisa los alcanzo y fue entonces que una ola de viento salió de aquel agujero en una intensa ráfaga que alborotaba sus ropas y cabellos mientras de sus gargantas un gritito de sorpresa los invadía. Era un aire tibio por suerte, y sin duda alguna, con eso lograrían secarse.

―¿Qué demonios fue eso?― interrogó Kiba asombrado y obviamente interesado, una vez la brisa se detuvo.

―¿De dónde sale tanto aire?― continuó Sasuke mientras que Hinata, con su cabellos despeinado a no más poder, intentaba arreglarlo. Aunque sin duda, había sido divertido. Ninguno lo cuestionaba.

―Pues el metro está cerca, esto es parte de los túneles y cuando el tren arranca el aire que desprende con ello sale por acá― explicó con sabiduría señalando hacia abajo. Ya antes se lo habían dicho, por eso sabía exactamente que responder.

―¿Pero es aire limpio?― preguntó Sasuke provocando un silencio entre los presentes, incluyendo a Naruto, quien no habían pensado en eso, la verdad no creía que fuera algo del otro mundo, aunque nunca se sabe. Mientras, los otros tres se le quedaron mirando atentos en espera de su respuesta.

―Eh…― balbuceó, sus miradas empezaban a incomodarlo.― Creo…― y las miradas pasaron a unas cínicas, pero antes de que pudieran decir algo más una nueva ráfaga fuerte de aire los interrumpió… y los gritos combinados con la risa volvieron. Era divertido realmente.

La tarde paso más rápido de lo que le hubiera gustado. Después de separarse de los chicos sabia que ahora tenía que enfrentar la realidad, y más importante aún, a su padre. Luego de esa escapada de seguro se encontraría furioso con ella. Sin embargo, antes de ir a casa, sus pies la obligaron a ir a otro lugar.

La grama crujía con sus pasos hasta detenerse frente a esa enorme y hermosa lapida de mármol blanco que pertenecía a la tumba de su madre. Decorada de sus flores blancas favoritas, Hinata coloco la rosa roja en sus manos dándole un poco de color a los ramos majestuosos que lo decoraban de una forma tan simple que parecía hecho por un genio.

―Pensé que no querías venir― comentó Kiba, quien no la había dejado sola por ningún momento. Siguiéndola en silencio, sin cuestionar su macha, hasta ese instante.

―Lo sé, pero…― su voz se quebrantó y sin quererlo sus ojos empezaron a humedecerse, aun después de cuatro años el dolor seguía tan fuerte como en aquel día, profundizándose cada vez más en su interior.―Yo… no puedo… ¡la extraño tanto!― las lagrimas salieron una tras otra con desespero y el llanto no tardo en acompañarle, no podía contar lo tanto que la necesitaba en ese momento, la falta que le hacia su sonrisa, sus consejos, su afecto maternal, su amor… Pensó que si ignoraba su muerte el dolor se marcharía, pero se equivoco, aguantarlo solo acumulaba la tristeza de su perdida.

Kiba la observó atento, perdido, tal y como lo había hecho las miles de veces atrás en las que la veían a llorar, su ceño se fruncía en una expresión de angustia, como si se tratase de empatía y sintiera justo lo que ella sentía. Se acerco a ella que le daba la espalda, tan débil, tan lúgubre. No podía parar su llanto pero estaría con ella hasta que éste cesara, como siempre lo hacía, solo que esta vez tuvo el atrevimiento de abrazarla, de brindarle su calor, de transmitirle esa sensación de protección y apoyo que no podía formular en palabras. Pensó que había perdido, pero se equivoco, ellos solo había visto su sonrisa, él en cambio lo había visto todo, su felicidad, sus logros, sus fallos, su melancolía, sus lagrimas…

Cuando Hinata buscaba ayuda, lo buscaba a él, cuando tenía ganas de llorar, solo lloraba frente a él, cuando tenía una duda, la comunicaba con él, cuando necesitaba apoyo… iba con él, siempre con él. Nadie podría superar ello, nadie podía quitarle eso pues nadie, absolutamente nadie, la conocía como él lo hacía. De eso estaba seguro.