recuerden Cursiva Haruka, Normal Michiru


Capitulo 10

Recuerdos que no recuerdo

- No puedo creerlo - dice sin salir de su asombro. - No hay dudas, tú eres Michiru - Mi padre se le acerca y la abraza con fuerza, Ella se queda inmóvil sin saber que hacer o decir. El la observa, la ve emocionado para mi sorpresa. - Mi niña. Es increíble que estés aquí.

- ¿De qué estás hablando pa? - le pregunto sin poder entender nada. - ¿La conocías? - Michiru niega con la cabeza sin salir de su desconcierto.

- Es increíble, eres idéntica a tu madre. - Yo me quedo inmóvil sin saber muy bien que hacer - Sí aún me parece que fue ayer la última vez que te vi. Eras tan pequeñita. – continúa el acariciando su mejilla alimentando aún más mi desconcierto

- Pa, ¿Podrías explicarnos de que estás hablando? - insisto perdiendo un poco la paciencia. - ¿Conocías a la madre de Michiru?

- Es una larga historia que ya les contaré. Pero en un sitio más cómodo. – Mi padre hizo una seña con la mano y cerró la puerta. - Vengan, pasen al estudio, vamos a conversar más tranquilos allí. - Michiru toma mi mano y caminamos junto a él hasta llegar al estudio. Nos sentamos en uno de los sillones de tres cuerpos y mi padre frente a nosotras en uno individual. Su favorito. - Pues, es increíble volver a verte. - vuelve a decir dirigiéndose hacia ella.- No fue hasta que te vi que caí en la cuenta de quien eras. Haruka te había mencionado pero... Cielos. Jamás lo imaginé. Cuéntame, y Misuzu. ¿Cómo está? . No puedo creerlo ¡Hable tantas veces con ella hoy! De haber sabido. - Nos quedamos en silencio, sin poder contestar exactamente.

- Bien - titubeó ella - Está viviendo con su marido.

- vaya, si que han crecido. Bueno, Mi Haruka ya es toda una adultera - bromeó -

- Ya, por favor. ¿Puedes explicarnos de donde las conoces? - intenté cambiarle el tema.

- Pues, me extraña que no lo recuerdes Ruka, aunque eras muy pequeña. Pero les contaré que la familia Tenoh y la Kaioh han sido siempre muy unidas. - Hizo una pausa para servirse un poco de brandy en la copa - Shirou Kaioh, fue mi más grande amigo, en mi vida. - Observó a Michiru con detenimiento. - Y Michiru Sendou, mi primer gran amor. - respondió dejándonos a las dos completamente asombradas. No me extrañaba, aunque ahora entendía el por qué mis padres eran tan distantes entre sí. Recuerdo que de pequeña eran más unidos pero, cuando nació Hotaru comenzaron a distanciarse, tanto que prácticamente no se hablan. Mi madre se obsesionó con su apariencia y se olvidó de sus hijas. Mi padre siempre fue más amoroso con nosotras. - Shirou y yo fuimos amigos desde la infancia. Fuimos compañeros durante toda nuestra vida escolar y además estudiamos en la misma academia militar. Al salir. Él siguió con su carrera militar y yo me dediqué a los negocios. Pero seguimos siendo amigos inseparables. Hasta que conocimos a un par de mujeres que nos volvieron locos. En realidad una de ellas, a los dos. - empezó a contar. - Una noche hace muchos años, nos acercamos a hablarles. Yo quedé perdidamente enamorado la primera vez que la vi. Sus preciosos ojos azules, brillantes y sinceros me robaron el aliento. Ni hablar de su precioso cabello aguamarina. Tan sedoso y tan rebelde que parecían ser olas del mar sobre sus hombros cada vez que se movía. - Me detuve un momento a observarla, era como si mi padre estuviera describiéndola - Pero ella no pareció registrarme – continuó - le dedicaba todas las miradas, todas sus sonrisas a Shirou. Él me contó luego de la primera noche que había quedado prendado a la belleza e inteligencia de Michiru. Al igual que yo. - vale decirlo - Y por el, y por ella me hice a un lado. El la amaba y era su razón de vivir. Y ella, lo adoraba. Sus ojos brillaban con más intensidad cuando estaban juntos. - bebió un sorbo de su brandy y suspiró su semblante era serio y melancólico - Fue difícil aceptar que mi mejor amigo tendría a la mujer de mis sueños. Pero la felicidad de ambos lo valía. Luego por insistencia de ambos e intentando olvidarla me case con tu madre Haruka. Jamás supieron de mis sentimientos hacia Michiru y creo que ese fue el motivo del por que seguimos teniendo una amistad tan fuerte hasta que sucedió aquello. - Hizo una pausa y suspiró - Luego nació Misuzu, la pequeña era idéntica a él. Hasta en su carácter. Abierta, simpática y muy amistosa. Yo la observaba buscando un parecido con Michiru, pero era cien por ciento Shirou. Al poco tiempo naciste tú Haruka. Y llenaste mi vida de felicidad. Todas las penas que había pasado. Ese vacío que sentía al verlos juntos y ver lo felices que eran lo llenaste tu. Lamentablemente yo fui cobarde y arrastre a tu madre a mi infelicidad. No debí hacerlo pero siempre intente hacerla feliz. Aunque creo que jamás pude hacerlo. Es difícil cuando estás enamorado de alguien más. Cuando tiempo después la pequeña Michiru nació, la observaba y deseaba con toda mi alma que fuera mía. Era tan igual a ella. De hecho, al verla hoy, me doy cuenta que es idéntica. Cuando la tomaba en mis brazos, la acunaba y sentía el perfume de su madre impregnado en ella. Deseaba con toda mi ser poder dejar todo a un lado y tomar la vida que Shirou había construido. Pero nunca lo hice. Jamás pude intentar nada. - Se queda en silencio. Ni Michiru ni yo nos atrevemos a interrumpir sus pensamientos. - Tus padres se amaban mucho pequeña. Tu hermana y tu eran el símbolo de aquella unión tan afectuosa y llena de amor. Ustedes eran todo para ellos. - dijo por fin - Vaya, hacía mucho que no pronunciaba ese nombre tan seguido - ambas nos quedamos en silencio. No conocía esa historia de mi padre. Pero comprendía el por qué mi madre jamás pareció ser una mujer feliz. Por que luego perdió el interés en mi y en mi hermana. - Es extraño Haruka. - empezó a decir mi padre cambiando su semblante a uno más cálido - Ahora que lo recuerdo. Desde pequeña mostraste interés en Michiru. - empezó a decir. - Recuerdo que una tarde mientras estábamos en nuestra casa, Michiru se encontraba durmiendo en el sofá. Tu estabas a su lado jugando con unos cochecitos en el piso. Ella empezó a despertarse y estaba a punto de llorar. Tú te levantaste, te acostaste a su lado y comenzaste a acariciarla hasta que se quedó dormida nuevamente. De hecho tu también te dormiste junto a ella hasta que fue la hora de que ellos se marcharan. Nunca te llevaste bien con Misuzu - me comenta - Nunca jugaron juntas, no sabría decir por que no congeniaban. - mi padre hizo un silencio ensimismado en sus recuerdos. Al no oír más comentarios Michiru rompió el silencio.

- Cuénteme más por favor - le pide con una sonrisa -

- Cielos, hasta tienes su misma voz - mi padre se quedó en observándola unos momentos y se llevó la mano a los ojos. - Hacía tanto que no la escuchaba. - Comprendía bien la razón por la cual mi padre no podía quitarle los ojos de encima. - Bien, supongo que quieres que te cuente sobre Haruka.

- Y sobre mis padres - interviene - No tengo recuerdos de antes del accidente.

- Es cierto. Tú ibas con ellos. - contesta mi padre cambiando a un semblante aún más serio - Gracias a Dios no te sucedió nada grave. Pues, te contaré que casi todos los fines de semana nos veíamos aqui en la casa. Tu padre era muy divertido pequeña. Siempre decía algo para hacernos reir. Siempre quería hacernos sentir comodos. Era un gran hombre y las amaba. Las amaba con toda la fuerza de su alma. Eran una hermosa familia.

- ¿Qué sucedió en el accidente? - preguntó ella – mi abuela nunca hablaba de eso ni siquiera de mis padres. Misuzu apenas tiene recuerdos también.

- Bueno, ese accidente fue muy comentado, por que fue una verdadera tragedia. Todos pensaban que morirías. Hasta en la televisión lo comentaban, tu padre tenía amistades importantes en la milicia, por lo que se interesaron aún más. Y decían de repente en las noticias tu estado de salud. Lo siguieron hasta que estuviste fuera de peligro - al notar nuestro interés continuó - Fue la culpa del conductor del camion. Estaban en el momento equivocado, en el lugar equivocado, unos segundos antes o unos segundos después hubieran cambiado por completo la Historia. Todos estaban conmovidos. Un día fuimos a verte con Haruka. Estuvimos con tu abuela. La saludamos e intentamos acompañarla. Tu abuelo se había quedado con Misuzu. Nos permitieron visitarte, aunque debería haber ingresado solo. Te vimos en aquella sala llena de aparatos. La pobre Ruka se asustó y se puso a llorar. Decía que quería que te quitaran esas cosas por que de seguro te dolerían. Fue dificil calmarla. Ahí tu abuela nos informó que cuando te mejoraras las llevaría a ustedes dos a vivir con ellos. Cuando te dieron el alta. Fue casi una fiesta, más alla de que habías perdido la vista, era una pena enorme para todos pero agradeciamos que estuvieras viva. - aún no salgo de mi desconcierto. Al escuchar a mi padre vienen a mi mente recuerdos borrosos de aquellos días. Y los anteriores tambien. Su bella sonrisa. Tan pequeña y sus ojos tan grandes. Vuelvo mi vista hacia ella que escucha maravillada el relato. Se me hace dificil creer que ella fue aquella niña que rara vez recordaba de mi infancia. Tantos años separadas y volvimos a juntarnos. - Cuando estaban por irse, Fuimos a despedirlas los tres, Mi mujer, Haruka y yo. Misuzu se había dormido y tu estabas en los brazos de tu abuela. Ella sonrió al despedirse entre lagrimas. Alcé a Haruka en mis brazos y la acerqué a ti para que se despidiera. Te abrazó y te besó, se negaba a soltarte, pero luego la abuela la convenció. Obviamente tú, pequeña, no correspondiste a ningun saludo, todavía estabas asustada. Las dos se despidieron. Y no las volvimos a ver. Haruka te extrañó mucho. Anduvo penando un buen tiempo hasta que se le pasó. Realmente te estimaba.

- No puedo creerlo – comentó ella secándose una lagrima que se había escapado – Tantos años de todo eso. - tomé la mano que apoyaba sobre su regazo para reconfortarla - Es que simplemente, se me hace muy difícil.

- Imagino que si – respondió mi padre con naturalidad volviendo a llenar su copa. - Ustedes se han querido desde siempre. Y ha sido su destino estar juntas desde que nacieron. Que hermoso. - dijo con serenidad – Pero, ahora cuéntame tu ¿Cómo volviste? ¿Cuándo? Y ¿Cómo se conocieron? -

- Bueno, mi abuelo falleció poco después que mis padres y mi pobre abuelita se quedo con nosotras dos. Creo que lo único que la mantuvo viva y que la ayudo a enfrentar la tristeza fue el criarnos a nosotras. Cuando Misuzu terminó la universidad enfermó y poco tiempo después como si ya hubiera cumplido con su tarea ella también se fue. Misuzu conoció a un hombre bueno que le ofreció llevársela y a mi también – rió – entonces nos mudamos aquí. Luego de un tiempo mi hermana se casó y se fue a vivir con el y yo me quedé viviendo sola con mi gata en el departamento que era de mis padres.

- Ya veo- hizo una pausa para observarla sin dejar de sonreír - Pero me alegra que les haya ido tan bien mi pequeña. Estoy seguro que sus padres estarían orgullosos.

- Muchas gracias -

- Quisiera ver a Misuzu. Puedes invitarla cuando quieras aquí. Siempre será bien recibida. -

- Bien, aunque por el momento no creo que quiera – rie nerviosamente – No está muy de acuerdo con ésto.

- Ya veo. Peor no más falta verlas para darse cuenta -

- Lo sé, pero ella es muy cabeza dura – responde riendo. Me gusta verla cómoda conversando con mi padre. Sabía que mi madre quizás se molestara. Pero no me importaba en realidad mientras mi padre y Hotaru la quisieran.

- Es igual a su padre – rió mi papá con una fuerte carcajada – Las historias que tendría para contarles muchachas. Pero debo ir a la oficina mañana y el brandy ya me dio sueño. Otro día me cuentan como se conocieron, eso me intriga bastante. - apoya la copa en la mesita - ¿Se quedarán en tu cuarto Haruka? - me preguntó

- Si no hay problema en ello – respondí -

- No te preocupes, sabes que tu madre no presta atención a las cosas de la casa. Asi que, que no te importe.

- Muchas Gracias Señor Tenoh – le dijo levantándose para dedicarle una pequeña reverencia -

- Niña si vuelves a llamarme así me harás sentir viejo – Ya, las dejo.- dice apoyando sus manos en el apoya brazos del sofá para ayudarse a levantar. - Mañana será un largo día. - Se acercó a ella y volvió a abrazarla. Michiru esta vez le devolvió el abrazo. - Nos veremos mañana – terminó de decir mi padre al salir. Nosotras asentimos y el salió dejándonos a solas. Me acerqué más a ella y la tomé por la cintura.

- No puedo creerlo – me susurra rodeando mi cuello con sus gráciles brazos.

- Yo tampoco. - responde ella. - ¿Sabes? Yo realmente creo en el destino.

- Es cierto. Estoy de acuerdo con lo que dijo mi padre. De una forma u otra nos conoceríamos. Nacimos para estar juntas. Toda mi vida estuve esperandote. Estuve buscándote hasta que te encontré. No podría ser más feliz. - ella me sonrió y sin poder soportar más tiempo alejada de sus labios nos fundimos en un beso.

- ¡Haruka! - me llamó la voz de mi hermanita. Aún sin desprender mi boca de la suya siento las pequeñas manos de mi hermana en mi estómago.– Oye suéltala – me dice. Michiru se encuentra tan sorprendida como yo. Al verla puedo notar el rubor en sus blancas mejillas. - ¡Hola! - la saluda con naturalidad

- Hola – le responde Michiru un tanto nerviosa -

- Yo soy Hotaru, la hermana menor de Haruka – Le dice extendiéndole la mano.

- Oye, enana, ¿No te han enseñado que debes tocar la puerta? - le digo con una sonrisa -

- Si toque antes de entrar pero no me escucharon. Quería conocer a mi cuñada -

- ¿Qué? - dijimos al unísono -

- Papá me dijo "bichito de luz si quieres conocer a tu cuñada ve y molesta a tu hermana" – me responde con sus ojos llenos de ternura. -

- Claro y tu muy obediente... - la pequeña me sonríe mostrándome los dientes y con una mano le revuelvo el cabello - Bien, ella es Michiru. - la presento. Ella aún con las mejillas sonrojadas le extiende la mano -

- Mucho gusto – la saluda - ¿Cuantos años tienes? - le pregunta con dulzura -

- Seis años, cinco meses y diez días – responde ella con su tono alegre de siempre – Haruka ¿Por qué no me dijiste que tenías novia? - me rebate de sorpresa.

- Bueno... - intento encontrar las palabras adecuadas. -

- Espero que cuides a mi hermana – le dijo con el ceño fruncido sin esperar respuesta a su pregunta anterior - Sino tendrás que vertelas conmigo.

- Hotaru... por favor... - empiezo a decir pero ella me interrumpe.

- No te preocupes. Tu hermana es a quien más amo en el mundo. Jamás le haría daño así que puedes estar tranquila. - le responde con serenidad. Al sentirla me vienen a la mente las palabras que me dijo momentos atrás..."debo haber hecho algo muy bueno en mis vidas pasadas para que me recompensaran trayendola a mi". Hotaru sonríe y la abraza por la cintura. Ella al notarlo le acaricia suavemente el cabello. Mi familia es realmente especial. Mi padre y mi hermana compensan el hecho de que mi madre me ignorara la mayor parte de mi vida.

- Hotaru, debes irte a dormir, mañana tienes clases. -

- ¡Pero Ru!- me suplicó con los labios apretados. -

- Nada de Ru... ve y mañana te compro algo. - me obedeció de mala gana.
- Eso se llama chantaje – me dijo con el ceño fruncido. Michiru no lo pudo evitar y lanzó una sonora aunque disimulada risa. -
- No te preocupes, volverás a verla pronto y podrás hacerle todas las preguntas que quieras. - insistí.

- mmm... De acuerdo. - se dio media vuelta para dirigirse a ella nuevamente - ¡Hasta mañana cuñada! - se despidió de ella con un beso y sonrió al salir del estudio.
- Hasta mañana hermosa, puedes llamarme Michiru si quieres – Ella le sonrió y luego de despedirse de ella con un beso salió de la sala cerrando la puerta.

- ¿De qué están hechos los Tenoh? - me pregunta comenzando a reír. - Casi me muero del susto.

- Bueno, somos una familia apenas más normal que los Addams. Pero te acostumbrarás. - le digo tomándole la mano para llevarla a la recamara. Ella sonríe. Subimos las escaleras con lentitud. Al llegar al pasillo sólo se ve luz en el cuarto de Hotaru. En el de mi padre y mi madre están apagadas las luces. Al ingresar a mi habitación enciendo las luces. Ella se queda de pie en la puerta mientras camino hacia el armario para buscarle ropa. Escojo un pijama de verano y la tomo nuevamente para acompañarla a la cama. Mientras ella se viste busco el mio y me lo coloco para comenzar a abrir las sabanas.

- ¿No te dirán nada si nos ven durmiendo juntas? - me encojo de hombros. La verdad me da igual pero lo cierto es que nadie me hace caso.

- No te preocupes, mi padre sale mañana temprano a la oficina, mi madre al gimnasio y al centro de estética con sus amigas, Hotaru al colegio y solo están los empleados que no entran a mi cuarto a no ser que las llame. Así que no tienes de que preocuparte.

- Es extraño para mi – me dice apoyando su cabeza en mi almohada. Se pone de costado y cierra los ojos. - Dudo mucho que mi padre hubiera tomado con tanta naturalidad lo nuestro al igual que el tuyo. - Me quedo en silencio unos instantes.

- Eso no lo sabes. Quizás si nos hubiésemos criado juntas y le hubiésemos contado a mi padre nos hubiera querido matar. - me rio al imaginarlo. Ella sonrie. - No te deprimas. Estamos juntas y eso es lo que importa.

- Aún falta Misuzu. - me dice entristecida. - me dolería mucho que no nos entendiera.- me recuesto a su lado. La abrazo y ella se acurruca a mi lado.

- No te preocupes, hasta Hotaru entendió. No creo que ella sea tan cuadrada. - ella sonríe.

- Como sea, mientras tu no me dejes no me importa lo que suceda con el resto del mundo. Siento que solo puedo estar tranquila entre tus brazos. Sintiendo tu calor y los latidos de tu corazón al dormir en tu pecho. - le sonrío. Toda ella es una poesía. Quizás debería ser recitada por alguien más apto que yo. Pero, estoy segura que nadie más la amaría de este modo. Le beso la cabeza y la abrazo con un poco más de fuerza. Ella está cansada igual que yo. Momentos después me quedo dormida.


Me despierto un poco desorientada, como si todo lo que sucedió el día anterior hubiese sido parte de algún extraño pero maravilloso sueño. Suspiro e intento estirarme un poco y para mi alegría me doy cuenta de que no lo fue. Ella está allí durmiendo a mi lado. Busco su rostro con mis manos y sonrío, aún duerme. Lo noto al sentir tan tranquilas sus hermosas y espesas pestañas. Me sonrío al pensar en la suavidad de su piel. En especial la de sus mejillas es como acariciar el pétalo de una flor. La suave aspereza de sus labios. El grueso lóbulo de su oreja. Me encanta sentirla. Me voy inclinando más sobre ella, me doy cuenta que algo le molestó porque lanzó un quejido. Vuelvo a sonreír Rozo mi nariz con la suya. Jugueteo sutilmente con ella y me acerco a su boca. Esa boca que me enloquece al sentirla. Esa calidez, esa humedad que me hace perder los sentidos. Beso suavemente sus labios. Me alejo. Me acomodo nuevamente a su lado. Bostezo y la abrazo con suavidad. Quisiera hacerlo con fuerza pero temo despertarla. Sonrío. Me siento tan feliz que no consigo creer aún que estamos por fin juntas. Vuelvo a sentir un quejido seguido de un movimiento. Se estira adormilada y se acomoda de costado. Me abraza pasando su brazo derecho sobre mi. Le correspondo abrazándola por la cintura y acomodo mi cabeza sobre su hombro. Inhalo profundamente buscando que todo mi ser se llene de su aroma. Ese perfume fresco, suave y delicioso. Como ella.

Suspiro y me concentro en sentir el ritmo de su respiración. Me pregunto que nos esperará en el futuro. En cierto modo me asusta. Aunque su padre no parece tener problemas en que tengamos una relación. Bueno, más bien el siente que su hija realizó su sueño frustrado. Más de una persona se opondrá y estoy segura que Misuzu será una de ellas. De todos modos quiero que las cosas se vayan dando adecuadamente. Me incorporo un poco para acercar mi rostro al suyo. Siento su cálida respiración. Sonrío y le propino un suave beso sobre su labio superior. Repito el proceso en el inferior y continúo con mi juego mientras la siento adormilada sin reaccionar. Me gusta sentir que la dueña de esa deliciosa boca me corresponde.

- Buenos días hermosa – susurra. Yo le sonrío y ella coloca una de sus manos en mi mejilla. Se acerca y me besa con suavidad. Yo suspiro y luego me abrazo a ella. - ¿Que sucede? - me pregunta

- Es que me gusta mucho estar así contigo. - hago una pausa y continúo. - Me preocupa lo que pueda pasar. Es muy seguro que nos encontremos con ella.

- Sabes que puedes quedarte aquí el tiempo que desees. -

- lo se -respondo acariciándole la mejilla – pero es muy difícil para mi. Jamás habíamos peleado mi hermana y yo. Siempre fuimos muy unidas.

- Entiendo – vuelve a besarme. Se que no sabe muy bien que decir.

Y momentos después nos disponemos a levantarnos. Nos vestimos y desayunamos en el comedor. Al terminar nos dirigimos a mi departamento. Al llegar estaba bastante nerviosa pero me quedé tranquila al ingresar a él y encontrarlo vacío. Siento el aroma característico de mi casa. Ese tan particular que podría distinguir en cualquier parte del mundo. Mika corrió a mis piernas restregándose y cruzándose entre una y otra dificultandome el paso.

- ¿Me extrañaste Mika? - le pregunto acariciando su cabeza. Ella ronronea y me exije que continúe con las caricias debajo de su mentón. -

- Se nota que te quiere – me dice acariciándola -

- Es mi compañera desde hace años. - le respondo con una sonrisa - ella ha estado siempre conmigo en todo momento. En las noches, cuando me sentía sola, a veces lloraba y Mika se acurrucaba a mi lado y lamía mis lágrimas, se pone molesta cuando estoy triste, yo creo que intenta distraerme. Pero esas actitudes suyas me hacían recordar que aunque fuese con ella igual no estaba sola. Ella me quiere y depende de mi. Es mi amiga. -Hago una pausa al notar la devoción con la que hablaba de mi gata. Y sonrío. - Vas a pensar que estoy loca. -

- Para nada, los animales muchas veces nos demuestran mas afecto que las personas que nos rodean – respondió ella. Dejé a Mika en el piso y la abracé por la cintura. Apoyando la cabeza su pecho suspiro. - ¿Qué sucede? -

- Tienes que ir a la oficina – le digo -

- ¿No quieres que me quede aquí contigo? - hago silencio un momento.

- Si y no, la verdad prefiero evitarte un mal momento, además te necesitan en la oficina – lanza un pequeño gruñido y le sonrío. - Estaré bien, sólo quiero hablar tranquila con mi hermana. Es todo. - Ella suspira.

- De acuerdo. Comprendo, pero sabes que puedes localizarme en cualquier momento, tu sólo me dices y estaré aquí en minutos. -

- Sí lo se – beso sus labios y la abrazo con fuerza, como queriendo fusionarme con su cuerpo. El sentirla a mi lado me hace pensar que no hay nada que no pueda hacer. - Estaré bien. - Volvemos a besarnos. Trato no parecer desanimada pero veo que mis intentos son inútiles por que al despedirse puedo notar lo preocupada que está. Vuelvo a besarla antes de cerrar la puerta y me despido de ella con la mano. Al cerrar, me recargo en la fría madera, tomo aire con una inhalación profunda intentando que ingrese así la fuerza que necesito. Me dirijo a mi cuarto. Me cambio de ropa y pongo la otra para lavar. Es extraño que las cosas que hacia antes automáticamente me estén resultando tan extrañas en éste momento. Me detengo a pensar unos instantes y me decido a esperar a Misuzu con música. Tomo mi violín que Haruka había dejado en la mesa de centro. Pienso en ella y la melodía comienza a surgir. Una parte de mi mente se divide en pensar en Haruka y el haberle pedido que se retirara y la otra en el encuentro con Misuzu. La verdad es que conozco a mi hermana. Y no quería que Haruka presenciara una escena como la que imagino que vamos a tener, sabiendo que si Misuzu se iba de palabras ella de seguro intervendría en mi defensa. O peor aún que le dijera cosas a ella y la ofendiera. No. No podía permitirlo. El cerrojo sonó. Ella debe haber percibido la música desde el pasillo es obvio que sabe que estoy aquí. Por un momento me siento como si estuviese esperándola como todos los días a traerme el almuerzo. Pero la puerta se abre y se vuelve a cerrar. En silencio. Se que está allí. Puedo sentirla. Ceso la música. Bajo el arco y el violín y me quedo inmóvil. Jamas había tenido un momento tan incomodo con ella como éste. Vuelvo a tomar aire y dejo el violín en donde estaba. Me doy la vuelta hacia ella. Aún sigue a un lado de la puerta. No se ha movido. No ha dicho nada.

- Michiru – dice por fin. Su voz se siente quebrada, no sabría distinguir si por angustia o por nervios. - ¿No es como si nada de ésto hubiera pasado? -


Bien, recuerdo haberles dicho que éste sería el ante último capitulo

pero les cuento que no. la historia se alargara un poco más.

No creo poder contar todo en un solo capitulo, así que no se cuantos queden ja

bueno, espero les haya gustado el que pasó. Y que se preparen para el reencuentro de las hermanas Kaioh

Veremos que sucede entre ellas de ahora en adelante

Gracias por leer y si comentan mejor aún así sabré cuantas ganas tienen de seguir leyendo.