Ligamentos de Sangre.
By: Pluma de Cristal.
Capitulo diez: Enfrentando fantasmas.
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Nadie mas que yo sabe lo que es amar y odiar al mismo tiempo, nadie sabe lo que es maldecir y justificar al mismo tiempo.
Jamás voy a dejarte de amar, aunque la herida sangre y duela toda la vida.
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Mire el humo del cigarrillo que se extendía y extendía, me dio la impresión de que este se burlaba de mí, parecía regodearse de cómo unas simples palabras me ataron de pies y manos, e incluso me amordazaron, por unos segundos sentí celos de el humo, de la forma en que este flotaba en el aire, inexpresivo e indiferente a la cantidad de problemas que me había llevado a tomar la botella de whisky, para simplemente dejarla sobre la mesa ya que al servirme un trago simplemente lo mire incapaz de beberlo.
De golpe una sombra tomo asiento en la silla que estaba frente a mí, con la suavidad y garbo de una bailarina se deshizo de la capucha para mostrar un rostro agraciado e intolerablemente bello.
-Hola amor-saludo Jane sentada desde su silla-, te he venido a ver para que luego no digas que no te amo.
-Si-susurre mordazmente-soy conciente de cuando me amas.
-Vamos Caspian-murmuro con sus rellenos labios-de todas formas ibas a dejarla.
-No es cierto.
-¿A no?, solo una palabra basto para que la dejaras, una simple amenaza que pudiste ignorar-sus manos se trenzaron sobre la mesa-pero lo hiciste, la dejaste…mi amenaza solo fue la excusa perfecta para hacerlo.
Negué con la cabeza, como un niño al cual le sueltan una reprimenda y este se niega a entenderla por que le parece absurda.
-No la amas-afirmo mirándome fijamente-si lo hicieras hubieras ido hasta las ultimas instancias con ella.
Se levando, la observe pidiendo ayuda, tratando de encontrar una excusa contra su certera afirmación.
-Tú no sabes amar-declaro y acto seguido se marcho.
Cerré los ojos mientras las lágrimas volvían a correr, no paso mucho tiempo cuando empecé a hipar y a sollozar.
-No se amar-asentí mientras tomaba el vaso de whisky y lo bebía al seco.
'Te odio' esas habían sido las ultimas palabras de Lucy.
Si, yo también me odio pensé mientras fruncía el entrecejo.
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Dolía.
Solo yo podía saber cuanto, la mirada estricta y reprocharte me seguía como una sombra dentro de la casa.
Por las noches cuando nadie me oía lloraba, las lagrimas se escapaban de mis ojos sin pedir permiso y los labios de Caspian volvían a estar sobre los míos, sus manos aun me recorrían y todavía podía sentir su pelvis empujando la mía.
Cualquier cosa es mejor que estar sola.
Dios. No podría estar mas en desacuerdo, el dolor no es un sentimiento que nos recuerde que estamos vivas y que amamos, todo lo contrario te hace sentir miserable hasta niveles insospechados.
El, fuente de amor, cariño y admiración, desapareció como desaparece el sol en el crepúsculo, los sollozos atacaron y me estremecí pensando donde estaría ahora.
-Caspian.
-Lucy.
-Caspian-volví a llamarlo.
-Lucy, te amo.
Mis manos se fueron hasta mi pecho y allí se mantuvieron unos minutos, tratando de encontrar el pulso.
-Estoy cansada-musite.
-Lucy…no te vallas.
Un jadeo apareció en la habitación mientras trataba de encontrarlo.
-Dame un abrazo, Lu.
-Me traicionaste.
A la luz de la luna mi ilusión se recreo casi por arte de magia, pero tan rápido como llego se fue.
Como se consume la llama de una vela que no conoció la armonía en la sombras, de esa misma manera la luz de mis ojos se apago, mis labios ya no reconocían la suavidad de sus roces, habían pasado dos meses y estaba olvidando.
Su cara parecía un puzzle demasiado difícil como para armarlo mentalmente, ya no recordaba el color de sus ojos, ni cuan gruesos y suaves era sus labios.
Si el se había ido y…yo lo estaba olvidando, pero eso no quiere decir que la herida se halla cerrado.
Sigue ardiendo tanto-o mas-que el primer día.
Vivir de esperanzas es como vivir sin oxigeno.
El castillo se derrumbo en el aire, lo siento Caspian, pero tengo que olvidar.
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Para mi sorpresa paso un año, tan rápido que parecía agua escapándose de mis manos, ya no vivía en mi apartamento si no en la mansión de mi tío-que quedaba en un recóndito bosque en el medió de la nada-, este ultimo parecía regodearse en mi dolor y lo disfrutaba a cada momento.
Jane se me pegaba como una garrapata, no se iba nunca, dormía en mi cuarto, conmigo, sin que yo si quiera pudiera echarla, hoy era uno de esos días en los que te preguntas si estas acá o si es un sueño del cual te vas a despertar.
Es la realidad volví a convencerme.
-Salgamos-chillo la muchacha en mi oído.
-No.
-¿Por qué no?-inflo sus cachetes dándose a si misma un toque chiquilín y asqueroso a mi parecer.
-Por que no-le corte-, simplemente por eso.
Al final termine caminando por el centro de la cuidad, me relamí los labios y camine de la mano de Jane sin siquiera quererlo, hasta que sentí su olor golpearme.
-¡Vamos!-le gritaba a un muchacho que iba de su mano y no era ninguno de sus hermanos.
-¡Ya voy, amor!-suspiraba el niño mientras ponía los ojos en blanco, de repente este la voltio y arremetió contra su boca, sus manos se deslizaron en su cintura y las de ella hacia su cabello.
-Lucy-gemí mientras las lágrimas acunaban mi rostro.
-Vamonos-gruño Jane mientras me empujaba.
Al llegar a la mansión me encerré con la joven en mi cuarto.
-¡¿Qué paso?-le grite.
-Ella te olvido.
-¿C-como?
-Tenes que saber que los mortales olvidan, Cas-suspiro mientras me acariciaba el cabello-mas ella, tu la dejaste y al hacerlo es como si su mente se hubiera bloqueado… tu simplemente jamás exististe para ella, por que su cerebro te expulso, siempre pasa lo mismo con ellos, su mente olvida…a nosotros, por nuestra naturaleza, es como ellos buscan…protegerse, de nosotros quiero decir.
-Es mi culpa-la sorpresa se transparento en mi voz.
-Si-sus ojos me atravesaron-, es tu culpa, por haberla abandonado. Lo siento.
-¡La culpa no es mía!-el grito resonó en el cuarto silente, estaba tratando de convencerme.
-Hace lo que quieras-suspiro ella mientras se daba la vuelta y se marchaba.
La soledad era lo peor que podía pasarme, por que ya no estaba mas Jane, tampoco estaba el ángel, entonces, ¿Qué se supone que debía hacer ahora?, el sentido de la vida se había simplificado hasta el punto en el que respiraba simplemente por que mis pulmones necesitaban hacerlo.
El sonido de mis pasos fue aquel que hice repiquetear el reloj que parecía haber despertado de su ensueño y había retomado su ritmo.
Camine hacia la puerta.
Ella va a ser mía me dije de nuevo.
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Los ojos de Caspian Décimo se desorbitaron al volver a ver a su amante completamente entregada en los brazos de otro.
Observo desde el otro lado de la calle como Lucy se reía y besaba con aquel intruso, su mano se crispo mientras ceño se le fruncía cada vez mas, hasta el punto en el que las cejas casi se rozaban, camino hacia ellos con una indiferencia demasiado practicada, sus zancadas eran largas y estrictas, al llegar junto a ellos fingio haberse chocado con la muchacha.
-Lo siento-suspiro mirándola a los ojos.
-No,-Lucy le devolvió la mirada-yo lo siento.
Caspian a su pesar le sonrió, era la primera vez en un año que la escuchaba, la angustia y la melancolía se filtraban por cada poro de su cuerpo haciendo que el se volviera loco.
Lucy se alejo del muchacho y apretó con más fuerza la mano de su novio mientras que en un susurro le confesaba:
-Ese chico me da escalofríos.
-Es raro-apunto Daniel, un muchacho de tez blanca como la nieve y ojos color miel, un cabellos color negro que hacia resaltar la palidez estrictamente de su rostro.
Caspian sonrió al otro lado de la calle, mientras pequeñas gotas saladas bajaban por su rostro, se mordió el labio inferior y contuvo un sollozo.
Los ojos de Lucy comenzaron a picarle mientras caminaba alejándose del parque, de repente sintió la necesidad de llorar, tenía un nudo en la garganta y una sensación de desesperación le atenazaba el pecho.
Volvió la vista hacia atrás con la esperanza hueca de ver a Caspian, pero lo único que pudo divisar fue la espalda del joven corriendo como si la vida se le fuera en eso.
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Si a ti te duele el pie izquierdo yo siento dolo en mi pie derecho.
Manuel de Unamuno.
Rosa, rosa, rosa, afuera todo es rosa, pero de la puerta para adentro el negro tiñe hasta el último pedacito de sol.
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Hola, aquí estoy, ¡A l fin!
Este capitulo es corto por que considere que solamente esto podía decir, si me extendiera mas, ya no existiría un capitulo once.
Frase de la escritora:
'Parece que siempre me hieres de una u otra forma lo haces'
Pluma de Cristal.
