Hola! No hubo suerte con las vacas, están dispuestas a compartir pastos y espacio, pero el wifi es sagrado :/ Tampoco puedo decir que haya tenido mucho tiempo de escribir, pero el lado bueno, siempre hay uno, es que sí he tenido tiempo de pensar en nuevas ideas para fics. Puede que os pase una pequeña encuesta para ver cuál preferís primero.

Aquarius7: jaja sí, puede que morir precisamente de un beso de manzana no sea lo más ideal, pero pegaba muy bien. Y, como estudiante de medicina, pensé que imposible tampoco era. Gracias por comentarme lo de la escena M, me alegro de que te gustara :)

Lyzz: sabrás si tienes razón o no dentro de poco ;)

Espero que os guste.

CAPÍTULO 10

Los días siguientes transcurrieron con fría tranquilidad. Emma no volvió a acercarse a ella y Regina tampoco la buscó, no había necesidad de seguir removiendo su dolor por algo que no volvería a ser.

Aquella tarde, todos se habían reunido en la antigua casa de Regina, ahora propiedad de Ruby y su esposo. Zelena y el doctor Whale conversaban con la otra pareja sobre el exceso de espejos que había en la casa cuando entraron a vivir, mientras Neal y Killian seguían deshaciéndose en atenciones con una sonriente Emma.

Regina, por su parte, se había sentado en un rincón con Henry entre sus brazos para leer otra historia de su libro de cuentos de hadas preferidos.

- Madrina, ¿crees que la señorita Emma querrá contarme una de sus aventuras?

- No creo que pueda ahora, Henry, está ocupada hablando con los caballeros.

- Pero debe aburrirse. – Afirmó el niño convencido.

- ¿Por qué lo dices cielo?

- Porque no para de mirarnos, mientras lees.

- ¿Tú crees?

- Madrina soy un niño, no ciego. Te digo que nos mira y creo que es una señal para que la rescatemos de los caballeros.

- Pues si tan seguro estás, sir Henry, ¿por qué no vas a salvarla?

Henry se levantó del regazo de Regina sin tardanza.

- Señorita Emma, señorita Emma, cuénteme otra de sus aventuras. ¿Ha estado usted en el mar?

- Sí, chico, viajé en un enorme navío como tripulante para hacer algo de dinero hará unos diez años.

- Vaya, ¿y es grande?

- Enorme, ¿Pero acaso tú nunca lo has visto?

- No, mamá y yo no hemos abandonado nunca esta zona del país. Aunque dentro de unas semanas tendremos que marcharnos donde la señora Cora, pero allí tampoco hay mar.

- Vaya chico, pues eso es algo que no puedo permitir. Deberíamos ir a conocer el mar. ¿Qué les parece?- Dijo Emma animada refiriéndose al resto.

- Sería una gran idea.- Respondieron prácticamente todos.

- No sé si un viaje tan largo sería recomendable para Henry. – Regina fue la única en encontrar pegas.

- Vamos, señorita Mills, apenas son unas horas en coche de caballos, el chico lo podrá soportar. ¿Verdad chico?

- Sí, claro que sí. Por favor, mami.- Regina miró a Henry y después a Emma, quien sonreía divertida al ver lo fácil que era para el niño doblegar la voluntad de su madrina.

- Está bien, pero si te mareas, la señorita Emma tendrá que hacerse responsable.

Tardaron apenas dos días en tenerlo todo listo para el viaje. El grupo se separó para caber en dos carruajes. En uno irían las dos parejas casadas, los Whale y los Humbert, mientras que en la otra irían Emma, sus pretendientes, Regina y Henry. Iba a ser un viaje idílico.

Aquella mañana, antes de subir en el coche, Regina reconoció el punto exacto en el que se encontraban, justo donde solía detenerse la diligencia. Necesitó unos segundos para volver a respirar y no lo habría logrado de no haber tenido a Henry junto a ella, gritando de alegría.

Ver a Emma sentada frente a ella, entre Killian y Neal tampoco había favorecido su humor. Prefería mirar con Henry por la ventana, para al menos no tener que ser testigo de las descaradas miradas que los dos hombres lanzaban a Emma.

Sin embargo, había algo en los viajes, el infernal traqueteo, el ritmo de los caballos, que lograba descomponer el cuerpo de Regina. Apenas llevaban una hora de trayecto cuando sintió su estómago protestar con fuerza por el incurvado itinerario. Le costaba mantener los ojos abiertos, pero cerrarlos solo aumentaba las náuseas.

- ¿Madrina, te encuentras bien? Estás algo pálida. – Dijo Henry al verla sosteniéndose el estómago.

- Estoy bien Henry, solo parece que soy yo la que no ha podido soportar el viaje.

- ¿Regina? Henry tiene razón, estás blanca.

- Solo un poco mareada, señorita Swan, estaré bien.

- Tonterías, estás a punto de echar hasta las entrañas. Le diré al cochero que pare.

- No es necesario.

Emma no le dio tiempo a mayores protestas. Con dos sonoros golpes, el cochero se detuvo.

- Marco – Le dijo Emma- La señorita Mills no se encuentra bien, vamos a detenernos unos minutos.

- De acuerdo, señorita.

Con la ayuda de Emma, bajó del carruaje. En cuanto sus pies tocaron el inmóvil suelo, tuvo que correr hasta el campo que rodeaba el camino. Al parecer, Emma tenía razón, porque tenía la sensación de estar dejándose allí las entrañas.

Cuando su estómago no pudo expulsar más, se levantó con un espantoso sabor en la boca. Emma se acercó para ver cómo estaba.

- Odio los viajes en coche – Dijo Regina sin pensar y, al instante, sintió que el cuerpo de Emma se tensaba.

- Lo siento, no lo sabía…cuando propuse lo de ir a ver el mar.

- No podías saberlo. Y no importa, esto hace feliz a Henry, podré soportarlo.

- Quizás sería mejor si te fuera dando el aire.

- ¿Cómo propones que haga eso en un coche cerrado?

- Súbete en el asiento del conductor con Marco.

- No hablas en serio, Emma Swan. ¿Pretendes que me suba ahí?

- ¿Qué prefieres, acaso, pasar el viaje como una señorita que tiene que vomitar cada media hora?

Sin contestar a Emma, Regina se dirigió a donde se encontraba Marco pidiéndole amablemente ayuda para subir junto a él. Supo que la rubia estaba sonriendo, pero por una vez no le importó. El aire fresco ayudó a que su mente se despejara y su estómago se asentara. Para cuando llegaron, suponía que su pelo estaría completamente alborotado, pero apenas le importaba.

- Madrina, - Gritó Henry reuniéndose con ella - ¿Cómo te encuentras?

- Muy bien, Henry, gracias.

- Estás bonita.

- ¿Por qué dices eso cariño? Debo tener un pelo terrible.

- Tu pelo está bien y tus mejillas están rosas. – Regina lo abrazó enternecida.

- El chico tiene razón- La voz de Emma la sorprendió a su espalda.- El aire libre te sienta bien, te brillan los ojos.

Se alejó a ella antes de que pudiera agradecerle cortésmente sus palabras. El grupo emprendió su camino a la posada donde se hospedarían. Henry correteaba emocionado, sin poder esperar a ver el mar y Regina solo tenía ojos para él, vigilando que no se extraviara por las desconocidas calles. Tanto, que apenas se cercioró en el hombre con el que se chocó bruscamente.

- Oh, lo lamento mucho, señorita. No miraba por donde iba.

- No importa. Yo tampoco miraba.

- Permítame que me presente. Robin de Locksley a su servicio.

- Qué tremenda coincidencia, señor Locksley. – Extendió la mano para saludarlo – Regina Mills. Hija del hombre cuyo título y posesiones va usted a heredar tan pronto como mi madre pase a mejor vida.

- Sí que es una coincidencia, señorita Mills. No entiendo cómo no he podido conocerla antes.

- Quizás porque nunca se preocupó en conocer al hombre cuyo legado iba usted a heredar.

- Lo hubiera hecho de saber que tenía una hija de tal belleza.

Sus formas eran caballerosas, su rostro atractivo y sus palabras amables, pero parecían vacías. Sintió la presencia de cierta calidez en su espalda y supo que Emma se había acercado a ella.

- ¿Algún problema, señor?

- Ninguno.- Respondió Regina. – Permítame que le presente al señor Locksley, heredero de mi padre. Señor Locksley, la señorita Emma Swan.

¿Qué tal? En el próximo capítulo celos, sorpresas y el último flashback en el que veremos el final de su historia, al menos, de la su pasado.

Gracias por leer :)