Declaimer: Los personajes pertenecen a Cassandra Clare yo solo juego con ellos. La trama es mía.


Capítulo X

—¿Dónde mierdas estabas ayer? —fueron los buenos días de Jace para Clarissa.

—Te dije que me quedaría en casa de una amiga —respondió serena ella. Algo más la preocupaba y la inmadurez de su hermano, solo le quitaba tiempo para poder resolver su situación.

—No te creo —gruñó él.

—Me tiene sin cuidado eso Jace —dijo molesta. Se dirigió a la nevera y se sirvió un vaso de jugo de naranja que tomó de un solo golpe. Ella no deseaba pelear con él.

—Soy tu hermano y me preocupo por tu seguridad —argumentó él.

—No te pido eso. Quedó en claro que somos hermanos pero necesitaba huir de ti —le respondió—. Me hiciste daño esa noche Jace, tengo sentimientos y solo quería estar lejos de ti. No quería verte y por una noche quería olvidar este sentimiento hacia ti. No soy un juguete que puedes tirar o cargar en tus manos. Me quedó en claro todo, no seremos más que hermanos pero no me pidas que me quede aquí encerrada contigo porque temes que esté haciendo algo malo, porque temes que haga lo que tú haces cuando te vas con tus mujeres. No es justo que me mantengas aquí encerrada cuando tú puedes disfrutar de tu vida —dijo con lágrimas en sus ojos. Jace permanecía en silencio y eso le causaba un daño mayor a ella—. Déjame vivir así como yo te dejo vivir a ti —al escuchar eso Jace abandonó la cocina y la dejó sola.

Clarissa se deslizó con lentitud hasta caer al suelo, siempre era ella quien debía ceder y dejar de lado aquello que sentía. Sabía que Jace estaba prohibido pero por un momento creyó que serían felices, que él la amaría tanto que lucharía por ella. Pero se equivocó y sufrió el rechazo de frente. Su corazón estaba martirizado y su corazón derramaba lágrimas de sangre que la ataban a un dolor perpetuo.

«Pequeña Lobita, necesito que vengas conmigo… M.» —leyó el mensaje que recién le había llegado.

«No puedo» —respondió temerosa. Cada día su vida se complicaba más

«No es una opción… M.» —sintió la amenaza en aquella respuesta y su cuerpo tembló de desesperación; pero, ¿a quién podría acudir? Se preguntó.

«Tengo un asunto pendiente con mi hermano» —mintió.

«Mentirosa, él acaba de romper tu corazón… M.» —tragó fuerte y buscó alrededor a ver si lo veía. Su paranoia era tal que más lágrimas caían y sin poder ser detenidas.

«¿Dónde estás?» —preguntó desesperada.

«Más cerca de lo que crees. Yo puedo ayudarte a olvidar Lobita… M.» —ella se irguió y sollozó con rabia. Aquel nudo estaba a punto de acabar con su vida de lo apretado que se sentía.

«No quiero» —respondió con miedo.

«Entonces cuídate Lobita, cuídate bien… M.» —aquella fue su sentencia final. Estaba acabada, él la hundiría nuevamente y ella temía que esta vez fuesen más los que cayeran en ese abismo. Subió con desesperación a su habitación y se encerró completamente.

Se sentó un momento en su cama para intentar calmarse y tras respirar mejor, se dirigió a su armario y cogió una maleta negra que se hallaba en el fondo de este. De allí sacó un bolso viajero de mano, lo abrazó mientras su cuerpo temblaba y lo abrió. De allí sacó una caja chica vinotinta cuya llave estaba en la cerradura, giró la misma y se permitió abrir aquel secreto que hacía tanto tiempo permanecía oculto.

Tomó de allí unos guantes negros y se los colocó, tomó en posesión aquella arma de fuego y la acarició como si esta guardara el secreto mejor guardado de una sociedad mezquina que ella hubiese combatido. Colocó la pistola en la cama y siguió hurgando en aquella caja, pues en ella se hallaba una caja aún más chica cuyo contenido ella temía. Sabía que él se estaba acercando y debía poner tierra de por medio entre él y aquel elemento.

Decidió resguardar la caja chica exactamente donde estaba, obviando el hecho de no guardar ni la pistola y ni la cajita; sin embargo, deslizó un papel donde hacía burla hacia aquel hombre que la buscaba. Entró de nuevo a su closet y se encerró para almacenar, aquello que había robado, en el lugar más discreto y menos pensado por el ojo humano, un lugar que solo ella conocía y descuidaba con cuidado.

Salió de allí y después de haber escrito una carta, bajó hacia el cuarto de pánico que tenía su familia y en uno de los estantes que allí se encontraba, depositó sin cuidado aquel escrito que tal vez, algún día alguien lo hallaría y entendería el porqué de todas las cosas, pero lo mejor era que esa persona conocería el secreto mejor guardado de ella y lo pondría a salvo de las manos de él.


Jace se sentía estúpido al recordar las palabras de su hermana. Ella tenía razón y era algo difícil de admitir, pero eso no evitaba que sintiera celos, rabia y enojo. Decidió salir y evitar pensar en aquellas cosas que le hacían daño. Fue a un café más para pensar que para tomar algo. Se dirigió a unas de las mesas más alejadas de la barra para evitar la mirada pícara que le dedicaba la chica de la caja.

—Bienvenido, ¿qué desea tomar? —respondió con voz monótona aquel joven.

—Un café helado —dijo lo primero que le vino a la mente. Sin esperar más orden, el chico se retiró dejándolo solo y al cabo de unos minutos regresó con su orden, la dejó sobre la mesa y se fue. Jace se encontraba en sí mismo, pensando y analizando sobre lo que deseaba en su vida.

Clarissa… la quería a ella, la amaba a ella, la deseaba a ella; era tanto lo que sentía por ella que el solo recordar sus besos lo ponía a mil y no debía, era su hermana; sus padres nunca aprobarían esa relación y él no podía decepcionar aquel hombre que le brindó un hogar. Estaba tan consciente de ella que hasta podía sentir su dulce perfume en una cafetería que se encontraba lejos de casa y a su vez escuchar su melodiosa voz cuando sabía que no estaba tan cerca.

—¡Clary! —alguien gritó. Eso hizo que Jace se diera cuenta que ella si estaba allí y buscó con la mirada a su hermana, pero lo que vio le disgustó. Ella estaba sentada sobre las piernas del camarero que le había atendido. Los celos no se hicieron esperar y aunque quiso ir a hacer un escándalo, se contuvo por el hecho que había sido él quien terminó una relación que nunca arrancó.

—No pensé que fueras tan fogosa, hermosa —dijo el joven.

—Tú me pones así Jere —dijo coqueta Clary.

—Eso me gusta, pero ando en mi lugar de trabajo. Me podría despedir —dijo manoseando a su chica. Los celos se hacían cada vez más difíciles de soportar pero Jace no quería que ella lo viese y se quedó allí sentado contemplando aquella horrorosa escena.

—¿A qué hora sales? —dijo ella bajándose de las piernas de él.

—Dentro de media hora —respondió él haciendo una mueca.

—Te espero —sonrió ella. Hacía mucho que él no la veía sonreír, no así. Eso hizo que un nudo le oprimiera el estómago y le doliera infinitamente el corazón.

—Está bien —le respondió el chico. Se dieron un beso nada casto y al separarse ambos jadeaban. Aquello era una tortura para él y se quería ir pero algo le impedía irse.


Jeremiah sabía desde el momento en que entró quien era Jace y por eso cuando Clary llegó, decidió llevarla cerca de donde él estaba. Sabía que él podría ver todo lo que ella hiciera, más ella no podría verlo a él. Así que después de que ambos llamaron la atención del rubio, decidió que era mejor terminar su jornada de trabajo.

Ese café tenía un peculiar elemento, aquella zona era la elegida por parejas cachondas que decidían meterse, de vez en cuando, manos sin ser considerados unos asquerosos. Por lo tanto, y con un tanto de libertad, decidió poner en marcha su plan.

—¿Hermano andas con Tess? —habló por celular.

No, ella se adelantó a la cabaña para tener todo listo —le respondieron al otro lado.

—¡Okey! Entonces ¿podrías venir al café? Clarissa está aquí y deseo que la acompañes un rato. Está en la sesión de besuqueos —dijo con doble intención.

Con gusto, esa pelirroja tiene una ferocidad que me fascina. Nos vemos en cinco —dijo y colgó. Jeremiah continuó su trabajo como si aquella llamada hubiese significado nada. Se relajó al ver a su amigo llegar y sentarse con su chica. Pues Clary era su chica y ningún rubio oxigenado se la iba a quitar.


Jace miró con atención como un nuevo chico se sentó al lado de su hermana. Ella sonrió y lo abrazó con fuerzas, aquel chico la sentó sobre sus piernas y unió sus labios con los de ella. Él no podía salir de su asombro, hace menos de cinco minutos estaba besándose con uno y ahora se magreaba con otro.

Sin salir de su asombro, pudo ver como aquel chico tocaba sin ningún poder los senos de su hermana y esta no lo detenía, más bien lo disfrutaba y eso hacía hervir la sangre de Jace a niveles cósmicos. Pensó que tal vez el tal Jere iría a detener aquella cosa pero cuando pasó por allí ignoró por completo lo que ella hacía. Aquel osado hombre, empezó a besar el cuello de ella y ella gemía de a poquito, eso estaba de alguna manera encendiendo a Jace y agradeció que aquella zona estuviese un tanto desolada, solo se hallaban dos parejas; pero encontraban lo suficientemente alejados como para percibir aquella escena.

Con cada gemido de su hermana, su excitación crecía más y no podía creer que al parecer ellos harían allí lo que él más deseaba hacerle. Ahora entendía a Clary y su obsesión por usar siempre faldas. Aquel bruto se dio cuenta de la mirada que Jace les echaba y le guiñó un ojo haciendo que la ira de él creciera a más no poder. Nunca pensó ver a su hermana en aquella situación con otro que no fuese él.

El tal Jere se acercó y se interpuso entre la escena y Jace, por lo que este creyó que daría fin a dicha situación. Cuando este se quitó de su lado, su hermana no estaba visible y entendió al ver la cara de satisfacción del chico que ella estaba agachada dándole placer con su boca. Estaba entre celoso, rabioso y excitado; eso le carcomía el alma. Estaba un tanto decepcionado pero sin embargo, no podía apartar la mirada de aquella lujuriosa película.

Al cabo de un rato, él la colocó en pie y la agachó a su boca, dejando en el aire el trasero de ella, mostrando su desnudez y poniéndolo a mil por horas. Ella se sentó dándole la espalda al chico y mantenía sus ojos cerrados, Jace podía ver sus senos al aire y la veía dar saltitos sobre las piernas de él. No hacía falta ser un genio para darse cuenta lo que estaba pasando.

—Espiar está en contra de las reglas —habló seco un chico que se sentaba al lado de él.

—¿Cómo puedes dejar que tu chica sea cogida por otros en tu presencia? —gruñó indignado y sonrojado al ser descubierto.

—Él es mi hermano y solo la entretiene mientras termino mi jornada —dijo tranquilo.

—¿Qué mierda es este lugar? ¿Un prostíbulo? —dijo con rabia viendo a su hermana.

—Largo —dijo molesto Jere.

—No puedes correrme —dijo colérico Jace.

—Sí que puedo —le tomó por la camisa y lo sacó del local con enojo. Jace no quería pelear; no allí particularmente. En otra ocasión le hubiese partido la cara pero sabía que era absurdo pues aquel chico tenía la de ganar y además, él aún se hallaba algo descolocado tras haber visto a su hermana haciendo esa escena en público.

Sin pensarlo tanto y con la excitación a flor de piel, fue a la casa de la única mujer que por ahora le quitaba el sinsabor en que se había convertido su hermana.


La cabaña estaba plasmada de un silencio tan intenso que cualquiera que llegase a pasar no se imaginaba lo que ocurría dentro. Tessa se hallaba encima de un hombre que quien podría ser su padre, entre leves gemidos y jadeos, cabalgaba en intimidad y se llenaba de placer absoluto. El sube y baja de las embestidas hacían rebotar sus pechos, haciendo que aquel señor aumentara la velocidad con que la follaba.

—Eres una zorra —dijo jadeando. Ella solo gimió y se dejó hacer lo que él quisiese. Al finalizar aquel acto, ella se bajó y entró a darse una ducha. Pues, dentro de poco, los chicos llegarían para pasar la noche todos juntos. Decidió lavar su cuerpo arduamente para borrar las manos del vendedor a quien le entregó su cuerpo. Tras pasar unos quince minutos, salió envuelta con una toalla a su habitación y se encontró con que esta estaba vacía. Se dirigió a su cama y observó que sobre la misma, se hallaba una bolsita con un polvo blanco, asumió que era su coca.

Buscó entre su gavetero algo que colocase y optó por una lencería sexy transparente, cuya prenda inferior era un hilo que cubría lo suficiente. Al bajar se encontró con que los chicos habían llegado y corrió para posicionarse encima de las piernas de su novio Zac. Al cual besó intensamente y tocó como si estuviesen solos.

—Chico —dijo Jere después que carraspeó— les recuerdo que no están solos —ambos chicos rieron.

—Lo siento, extrañaba a mi chico —dijo besando castamente a Zac. Se separó y besó en los labios a Clary y luego subió a las piernas de Jere.

—Así me gusta —dijo él a ver tal acción.

—Me daré un baño —interrumpió Clary y ella asintió.

—Te acompaño —le siguió Zac. Los celos no se hicieron esperar pero nada podría hacer. Una escena de ese estilo la dejaría en ridículo. Sin quitar la atención de aquellos dos chicos, los observó hasta que se perdieron en la escalera dejándola a solas bajo la atenta mirada de Jere.

—Sabías muy bien que al entrar en este negocio, debías aguantar esto y más —dijo Jeremiah sacándola de sus pensamientos.

—Odio ver como la desea —dijo con rabia.

—Debes aceptar el hecho que ella es carne fresca —rió jocoso.

—No me causa risa —dijo levantándose y alejándose de él.

—¿Tienes la mercancía? —preguntó serio cambiando el tema.

—No, solo dejó para nosotros —respondió igual de seria.

—Eso me basta por ahora —dijo acercándosele y robando un beso no deseado por ella.

—¿Cuánto tiempo durará entre nosotros? —preguntó mirándolo fijo.

—Hasta que me aburra de ella y la entregue a él —dijo burlón.

—¿Eso pasará cuándo? —preguntó.

—Cuando pase —respondió sin más.

—¿Por qué simplemente no la torturamos hasta encontrar la caja chica? —dijo hastiada.

—Ella preferiría morir a traicionarlo —dijo serio—. Hazte su mejor amiga y deja que te lleve a su casa, pasa una noche con ella y sácale el escondite. Yo me encargo de lo demás —dijo serio.

—Por mí que muera —refunfuñó cruzándose de brazos. A Tess no le dio tiempo de reaccionar cuando ya se hallaba en el piso con la cara roja del bofetón que le habían propinado.

—¿Pasa algo? —preguntó Zac al ver tal escena. Se acercó a su novia y la revisó con cuidado.

—Nos tenemos que ir —dijo serio y Zac solo asintió.

—Toma —lanzó la bolsita que Tess reconoció era la coca por la que había trabajado una tarde. De vuelta Zac recibió las llaves de Jere y salió a encender el carro.

—Ella se queda —Tess lloriqueó al escuchar eso y odió con más fuerzas a Clary, pues ella la culpaba de su desgracia—. Te quedarás aquí a reflexionar sobre lo que te dije —ella solo asintió. El sentimiento de soledad que la embargó fue desproporcionado. Hacía mucho tiempo que no sentía nada como aquello.

Desde que había descubierto a Zac y su mundo, decidió vivir para ellos y ser la mujer de ambos. Pero ella se había enamorado de él y desestimó la advertencia de Jeremiah sobre que el amor no tenía cabida en esa relación. Que solo era algo casual y consensual, ella aceptó porque solo se tenía a sí misma y esa era una relación solitaria. No quería quedar relegada, olvidada y usada como otras tantas que habían pasado por las manos de ellos. Aunque fue advertida por su jefe, ella ignoró todo mal comentario que fuese en contra de sus chicos.

Ahora estaba allí tirada en el suelo de una fría cabaña a punto de llorar; pero su orgullo era más fuerte, su determinación era única y decidió llamar a un viejo amigo, que si bien no tenía oportunidad en esta nueva vida, siempre le proporcionaba un placer eficaz.


Jace llegó abatido a su casa como quien no merece tanto sufrimiento. Al finalizar la extensa jornada en casa de Camille, logró calmar la bestia que se adueñaba de su joven corazón y que de alguna manera evitaba que él pudiera respirar como era debido. Él sabía que su hermana no iría a dormir y no se equivocó al pensar eso.

Estaba decepcionado de ella. ¿Cómo un ángel se vuelve un demonio en tan poco tiempo? —pensó. Aquel maldito internado cambió a su hermana y él no pudo hacer nada para evitar que ese cambio fuese para el mal. Entre suspiros y sentimientos encontrados, subió a su habitación para dejarse llevar por el cansancio y así caer dormido en su fría y grande cama.

A la mañana siguiente, se encontró con una risueña Clary que cocinaba toda sonriente.

—Hola hermanito —dijo saludándolo y besando la mejilla del rubio. Aquello le hizo fruncir el ceño y la miró con atención.

—Hola Clary —respondió no muy seguro.

—¿Qué harás hoy? —preguntó.

—No tengo planes y ¿tú? —Jace la observó esperando una respuesta. La verdad era que Clary había movido aquel obscuro sentimiento de desconfianza en él. La felicidad de la chica le asqueaba y no era que la prefería molesta, era que después de las acciones realizadas por ella en la tarde de ayer, el venir como si nada lo sacaba de sintonía.

—Quiero pasar un día de hermanos contigo y Cris —dijo ella—. Sería genial ir a un parque de diversiones, ¿qué te parece? —consultó.

—Sí, creo que a Cris le fascinará pasar más tiempo con nosotros —reconoció. Jace sabía que algo pasaba pero no quería dañar el momento, ella estaba aparentemente feliz y eso para él significaba más que una discusión por su poco pudor a la hora de mantener relaciones sexuales.

Una vez ambos desayunados, entre los dos limpiaron y ordenaron la cocina. Al término él se retiró hacia la biblioteca a leer un poco y alejar de sí aquellos malos pensamientos que le invadían su mente. Se sentía estúpido al creer que él iba a pervertir a su pequeña hermana, cuando aparentemente, ella era quien lo podría pervertir a él.


Gracias por leer mi historia, no soy exigente pero reviews de cuando en vez, no hace daño =P

Les quería invitar a leer Indomable, no es un fanfiction y no está aquí sino en mi wattpad: mi user es Mcmary22.

P.D.: Lamentos los errores ortográficos, de redacción o dedasos cometidos en este nuevo capítulo. Está sin corregir, recién lo terminé. Un abrazo hiper grande.

¡Saludos!