!Hola lectores! Ha pasado un tiempo desde la última actualización más no planeo estancar la historia. Ya tenía el capitulo desde hace unos días pero mis horas en internet se ven reducidas por causa de mi empleo, las responsabilidades aumentaron y los planes de vida dicen "Hey, es hora de que hagas algo por tu futuro, de fanfics no vives" pero aun así me doy un respiro y les actualizo. Espero que disfruten de este capitulo, yo disfruté escribiendolo como cada cosa que he escrito. Saludos y buen día.
Pasaron días y días de inestabilidad para cada una de las partes. Decisiones, pensamientos y recuerdos que parecían diluirse en sus manos como tintura en el océano. Las estrellas parecían no brillar en esa movida ciudad donde en cada esquina una historia se fabricaba, alguna se destruía y otras tantas quedaban en pausa. La paz no se respiraba, o a veces demasiado pero no en esta ocasión donde todos miraban a los costados esperando lo que venía, aunque no supieran de que iba, pues el destino era incierto pero eso era lo que significaba vivir.
Las luces fuertes en su rostro era algo que no podía ver pero su mente no dejaba de procesar las últimas imágenes que había vislumbrado años atrás. Casi como si fuera una repetición de eventos una suave mano palpó la suya como ese día había hecho, justo como en ese momento en que todo cambió.
Tomó aire con fuerza, era hora de tentar a su suerte y apostar por su felicidad, por una nueva oportunidad de ver la luz, de conocer su sonrisa y ver nuevamente sus ojos almendrados. Himuro no podía recordar haber visto sonreír a Sakurai, de hecho cuando pensaba en esos momentos a su lado todos parecían oscuros, sombríos, tristes y lamentablemente había sido así por su culpa. Aun cuando no pudiera ver no olvidaba sus facciones, su nerviosismo de aquel primer encuentro en aquel bar. Himuro le había sonreído entrecerrando los orbes, Sakurai había contenido un suspiro cuando la proposición indecorosa de pasar una noche entre las sabanas salió. Era trabajo de Sakurai, era la misión de Himuro, pero aquel día dieron pasos a muchos momentos infelices, a muchos miedos y angustias.
Sakurai no podía huir, Himuro no quería dejarle escapar como había permitido hacerlo con otras personas de su vida. Se había enamorado de esa pureza, de ese cuerpo, de sus ojos que aunque estuvieran llenos de lágrimas brillaban levemente. Se había enamorado de esos labios y de esa fuerza que tenía para no desplomarse, para mantenerse cuerdo, para no forcejear las esposas que le ataban y huir. Se había enamorado completamente de Sakurai y en su locura, en sus malas experiencias, había deseado retenerle solo para él.
Ambicioso, egoísta, cruel.
Pero había muchas presentaciones para el amor y esa es la que Himuro había ofrecido y, tras conocer su castigo a sabiendas que por más que Sakurai le perdonase jamás obtendría su amor ni su lastima, finalmente se vio a sí mismo como alguien que no solo era capaz de arrebatar sonrisas y libertades si no de dar vida y esperanza. Lo perdió todo para que fuera feliz, todo a lo que se había aferrado. Su hogar, sus recuerdos, los amaneceres y atardeceres que había disfrutado antes de ello.
Entonces recibió algo a cambio, pues los sacrificios traen en su mayoría una recompensa. Sakurai se lo había dicho incansable cantidad de veces mientras gemía contra sus labios, también le amaba y no por lo malo que fuera si no por todas las cosas buenas que podía lograr, porque eso es lo que significa amar de verdad. Aunque Himuro fuese quien no pudiera ver quien estuvo ciego de amor era Sakurai y eso le encantaba. Le gustaba sentir el perdón, le gustaba sentir el amor sin opresión y delinear con sus dedos la curva de su sonrisa la cual debía ser hermosa, la cual sonaba angelical y que ahora quería ver, ahora quería sentir en su totalidad.
—Quiero que lo primero que mis ojos vean sea a ti…—susurró estando en la camilla del hospital. Un beso en su mano fue depositado.
—Así será…—susurró Sakurai mientras recostaba la cabeza contra su hombro —recordaba todo por lo que pasamos para llegar hasta este día…
—Fue un mundo de cosas, fui un patán—dijo Himuro con dolor.
—Y también u..una bendición —dijo nervioso el chico quien aún se comportaba su lado como un adolecente enamorado. Himuro soltó una suave risa buscando sus cabellos para acariciarlos.
—Me pregunto por cuantas cosas pasaremos…—Sakurai se quedó en silencio, no dio respuesta pues ni siquiera él lo sabía . Fue un silencio cómodo mientras el olor a hospital y el frio de la habitación les invadía, mientras esperaban el llamado del doctor para empezar con la cirugía — Ryou…
—¿Qué sucede?...
Sakurai alzó la cabeza y se encontró con Himuro quien tenía los ojos cerrados como si durmiera mientras apretaba su mano con sutileza. Su expresión era neutral como siempre, Himuro era demasiado apuesto en todas sus expresiones y en todas sus palabras pero tal vez, las que dijo después de ese momento, fueron las más hermosas que había dicho en toda su vida.
—Cuando esto termine, pueda o no verte… quiero escuchar algo de ti, algo que necesito realmente —tomó su mano con cambas sorprendiendo a Sakurai quien abrió los ojos algo asustado.
—¿De qué se trata?...—preguntó desconfiado.
—Quiero que tú digas 'acepto' cuando te pregunte si quieres pasar toda la vida conmigo —las mejillas de Sakurai ardieron y su corazón se aceleró con más fuerza ante esas palabras. Himuro pudo sentir como su mano empezó a temblar y sonrió enternecido ante ello— ¿Crees que sería mucho pedir?
Sakurai pegó su frente a la mano de Himuro y apretó los labios intentando contener esas lágrimas de felicidad que amenazaban con salir caprichosas, sin consentimiento alguno. Soltó el aire que retenía en sus pulmones colmado de felicidad y se incorporó tallándose los ojos.
—N…no es mucho pedir yo… me sentiré honrado…—rio tontamente al borde de sentirse avergonzado con una conjunción enorme de emociones que no sabía cómo expresar pero Himuro tenía la respuesta. Le hizo una seña para que se acercase, un corto beso en sus labios fue la muestra que necesitaba. Después de muchas tormentas vendría la calma o al menos eso se atrevían a pensar.
El médico entró a la sala e indicó el inicio de las preparaciones para la cirugía, Sakurai salió del lugar suspirando con algo de angustia, se quedaría a velar ahí hasta saber que todo saldría bien. Sus amigos, Kagami, todos pronto estarían ahí para que no estuviese solo más en ese instante el frio y la soledad del pasillo parecía sepulcral. Aun así pudo vislumbrar alguien al fondo del mismo, fue muy repentino, muy fugaz pues huyó de sus ojos. Sakurai se quedó estático mientras esa persona se alejaba y aun cuando quiso gritarle no pudo hacerlo.
Estaba seguro de haber visto a Mibuchi Reo.
Su popularidad iba en aumento, su rostro aparecía cada vez en más revistas y calendarios, en más anuncios y propagandas de perfumes hasta artículos deportivos. Kise Ryouta poco a poco subía los peldaños de la fama y se hacia el rostro del momento sin siquiera percatarse. Fue tan inesperado a veces le costaba creer que pudiese llegar tan lejos pero todo aquello había sido gracias a su propio esfuerzo.
Últimamente trabajaba más que de costumbre como una táctica mala para olvidar sus penas. No había sabido de Aomine desde hace un tiempo, el hogar de Kasamatsu se había vuelto también su hogar y su lucha diaria se basaba en olvidar y si recordaba no llorar.
Los flashes de la cámara, las sonrisas falsas que parecían naturales y el filteo entre compañeros de trabajo era su pan diario. Kasamatsu ya había depositado tanta confianza en el rubio que ahora si se mal portaba o no cumplía con su parte le propinaba unos 'cariñosos' golpes de los que el modelo se quejaba.
—Solo no me pegues en el rostro, senpai —le decía ya como una costumbre. Todos reían mientras Kasamatsu le miraba de muerte.
—Supe que tu representante se va retirar de la agencia —comentaba Riko mientras quitaban toda la escenografía puesto que ya habían terminado de tomar fotos —deberías de considerar a Kasamatsu como tu nuevo representante, apuesto que haría un gran trabajo.
—¿Qué me paguen por cuidar de él? Bueno, prácticamente lo he hecho gratis todo este tiempo así que está bien si me pagan por ello—comentó cruzado de brazos sorprendiendo a los otros dos de que aceptase tan pronto —¿Qué pasa?—preguntó irritado.
—Nada, es solo que has cambiado, senpai —dijo Kise con una encantadora sonrisa por la cual sus mejillas fueron fuertemente apretadas —¡Duele! ¡Dije que en la cara no! ¡mooo!
—No siempre tiene razón pero en esta ocasión no se equivoca, pareces más relajado, Kasamatsu —dijo la joven con una sonrisa suave—es bueno que te abras a las personas…
Kasamatsu dejó de 'torturar' a Kise un rato mientras pensaba en las palabras de la joven. Hacía mucho tiempo no era tan reservado, de hecho tendía a hablar de todo con sus antiguos compañeros. Era amigable hasta que la Casa Negra cambió su visión del mundo, le enseñó el grado de putrefacción humana que existía.
Se aventuró a escudriñar en sus recuerdos y retornar al ayer donde las cosas parecían más simples, donde solo era un amateur en la fotografía que apenas y tenía dinero para sobrevivir. Las pocas oportunidades que tuvo se las dio un compañero de universidad que ahora maneja una agencia de modelaje en Kyoto. Con él pasaba muchos días conversando, abriéndole su corazón, contando cosas que tal vez no le había contado a nadie más. Sus miedos, inseguridades, todo aquello que era parte de él.
Cuando veía el fondo del vaso que anteriormente contenía alcohol se preguntaba por qué se había sincerado a tales grados con aquel joven. Tal vez le inspiraba confianza, tal vez esa aura seria y profesional le indicaba que no tenía que temer a ser juzgado, que seguro él entendería lo que le pasaba. Miró esa sonrisa en sus labios mientras Kasamatsu apretaba los hombros con las mejillas rojas víctima del alcohol aun en su conciencia preguntó ¿Qué sabia acerca de él? Ese joven era heredero de una fortuna, lo tenía todo y sin embargo con lo poco que decía de su vida parecía tener nada.
Kasamatsu aquella noche tomó un poco más de alcohol hasta que sus ojos parecieron desorbitarse y se talló la frente. Fue la última vez que abrió sus sentimientos a alguien, la última vez que se permitió dejar entrar a alguien tan profundo. Terminó tirado sobre el piso de madera de aquel restaurante tradicional mientras su amigo le observaba sentado.
—Está mal decir que me gustas… después de todo…—susurró dolido Kasamatsu, con miedo y con dolor. El joven curvó una sonrisa. Y solo mostró su anillo de compromiso.
—Está mal…—Kasamatsu apretó los ojos y ante ese rechazo decidió que debía cerrar las puertas. Esperó demasiado y a la vez nada de alguien que ya estaba atado, de alguien por que pudo dar todo pero de quien nada recibir a cambio.
No supo porque en ese instante recordó algo tan soporífero que pasó hacia años, tal vez por la simple mención de que parecía más 'relajado' y que, desde aquellos días donde solía amar, no había vuelto a sentirse así.
—Senpai…—susurró Kise sacándolo de sus pensamientos. Kasamatsu le miró y se dio cuenta de que habían llegado hasta el lobby mientras viajaba en sus recuerdos —Estás muy distraído ¿Pasó algo?
Kasamatsu negó con la cabeza mientras sacaba el móvil de su bolsillo y veía una alerta en el señalada. Ese sería el día en que diría adiós a Kise, a la persona en la que había levemente confiado, la segunda persona por quien no se sentía juzgado. No es que tuviera sentimientos románticos ni mucho menos, tal vez si las circunstancias no hubiesen sido como lo eran habría abierto esa puerta sellada a él pero era una historia que se repetiría. Kise amaba profundamente a otra persona, Kasamatsu lo veía en sus ojos todos los días y era algo que respetaba.
—Vamos…—dijo el pelinegro indicándole la salida mientras respondía a la alerta en el móvil. Fuera un vehículo sospechoso se movía en las cercanías mientras salían de la agencia en esa noche que repentinamente parecía más oscura de lo habitual pues las estrellas habían empezado a ser opacadas por inmensas nubes inesperadas. Kise miró al cielo y alzó una mano sintiendo una gota caer.
—Vayamos a prisa, empezará a llover —Kasamatsu parecía cabizbajo, eso preocupó al rubio pero en cuanto le iba a preguntar un automóvil blindado apareció frente a ellos dando un frenón. Todo fue muy rápido, Kise abrió los ojos mientras un hombre sostenía a Kasamatsu con fuerza y otro iba hacia él. El rubio apretó los ojos esperando lo peor cuando sintió que su muñeca era aprisionada por alguien que le alaba.
Un aroma familiar, la sensación de calidez de su piel, ese pecho firme y un brazo bien formado que le rodeaba. Pudo escuchar el automóvil huir unos disparos que le hicieron cerrar los ojos. El policía había intentado detener el vehículo que iba disparando a las llantas pero no pudo lograrlo pues este avanzaba a más de una calle ahora.
Kise alzó la vista, pasó sus ojos por su cuello, su barbilla y finalmente su rostro. Contuvo el aire un momento, Aomine estaba ahí y le había salvado.
—Ao…minecchi…—susurró sorprendido mientras el policía le miraba fijamente. Apenas pasaron unos segundos en los que se perdió en sus ojos y reaccionó. Se soltó de su agarre y miró hacia atrás notando que estaba vacía la calle— Senpai…¿Dónde está senpai?...
Miró hacia todos lados y no le encontró, él había sido llevado. Kise se llevó las manos a los labios con frustración y después volvió la vista a Aomine confuso ¿Qué hacía ahí? ¿Qué estaba ocurriendo? Aomine no parecía querer dar explicaciones mientras el miedo de que algo pasara con Kasamatsu le invadía.
—¿Qué es esto, Aominecchi? ¿A dónde se llevaron a senpai?—dijo avanzando hacia él dándole un golpe en el pecho mientras las lágrimas amenazaban con salir.
—Kise, contrólate… lo buscaremos si eso te hace feliz…—entrecerró los ojos frunciendo el ceño, Kise abrió los ojos con sorpresa —pero no creo que te alegre saber lo que pasa…
—No…—negó furioso— No me hace feliz …tú… ¿Por qué?
—Porque eres un idiota al que nunca voy a dejar de cuidar…—dijo guardando su arma y acomodándose el gorro —por eso te he estado cuidando todo este tiempo…—Kise sintió algo encenderse en su pecho, unas ganas de romper el llano inundando en la incredulidad— están tras de ti, Kise… y no voy a permitir que te pongan una mano encima.
El rubio se quedó ahí en medio de esa calle donde la lluvia empezaba caer con fuerza y el agua parecía traer consigo miedos y felicidades. Había mucho que aclarar y debían ante todo buscar a Kasamatsu.
El peliverde cerró el móvil después de haber muchas veces intentado contactar a su pareja. Todo había sido tan repentino y tal vez él tendría una mejor cara y actitud ante esa situación que no le concernía pero por tener estima al celeste tenía cierto deber social de acompañarle. Kagami le había llamado pidiéndole un consejo y para Midorima la respuesta era lógica pero incómoda, difícil de decir. Ahí estaban ambos en la sala esperando a que Midorima les acompañara en una charla que decidiría el que pasaría con Kuroko aunque el chico no lo entendería.
—Kagami…—dijo Midorima arribando a la sala. El pelirrojo le observó y en sus ojos había tristeza. Aun con lo malo que fuese para entender a las personas o tratarlas Midorima era muy perceptivo y sabía que esa decisión le estaba doliendo —creo que lo que decidas hacer él lo entenderá…
Kagami tomó aire con el corazón en la mano y se talló la frente ante un confuso Kuroko que le observaba fijamente como esperando saber de quien se trataba, que ocurría. Kagami juntó sus manos y miró a su hasta ahora pareja armando frases coherentes.
—Kuroko…sé que no me recuerdas….—dijo como parte de un discurso diario— soy Kagami Taiga…la persona a la que salvaste del dolor…a quien hiciste feliz como a nadie.— Kuroko seguía serio ante él— nosotros tenemos una historia… una larga y hermosa historia —jugó con el anillo de compromiso que tenía en su dedo, Kuroko observó que uno similar descansaba en el suyo— pero poco a poco lo haz olvidado…
—Lo he…olvidado…—repitió como un susurro mirando la fotografía de bodas que descansaba a su lado y retornó a ver a Kagami. Este asintió con dolor.
—Algo ocurrió en tu cerebro y todo esto lo olvidarás…día tras día, una y otra vez —hablaba pausado apretando los labios, deseando no seguir— así han pasado cuatro años.
—Tu ...lo soportaste —susurró Kuroko entendiendo la situación— todo este tiempo…
—Kuroko… te amo y jamás lo vayas a dudar, si algún día tu mente me recuerda espero que eso no lo vaya a desechar —se talló la lagrima que salía de uno de sus orbes y bajaba la cabeza preparado para decir lo que más le dolía decir — pero no podemos seguir así…
Hubo un silencio. Midorima se quedó como espectador de aquel triste rompimiento. Tal vez era justo, tal vez Kagami realmente necesitaba buscar su camino, le dolía demasiado sentir que lo perdía pero era igual a perderlo cada día. Tal vez Kagami pensaba que era mejor no verle más a que él le viese como un desconocido y partir con la cabeza baja guardando solo hermosas memorias de ese ojiceleste que le robó las más dulces sonrisas, los más dulces besos y las más hermosas alegrías.
—Lo entiendo…—susurró Kuroko asintiendo y aceptando que era lo mejor —usted realmente cuidó de mí y yo volveré a olvidarle de forma que le duela y yo… no creo que alguien tan bueno merezca eso.
Kagami sintió más deseos de llorar al despedirse de la persona tan bondadosa que era Kuroko, de todo eso que con trabajo y amor habían construido pero había llegado a su límite, había reconsiderado ser feliz por su cuenta o al menos intentar sonreír un poco.
—Midorima te llevará a un lugar donde pueden cuidarte…—ijo mirando al de lentes —te visitaré… no es un adiós…
—Si lo es…—susurró Kuroko bajando la mirada y sonriendo lo mejor que pudo —no quiero que se lastime más … Kagami-kun —el pelirrojo se perdió en esos ojos, en esa pálida piel y en sus mejillas levemente rojas — Gracias….
Fue lo último que escuchó de sus labios y sin resistir más se puso de pie saliendo de la sala de aquella casa, dándole una palmada en el hombro a Midorima como una señal pues no soportaría más, no quería que ninguno le viera llorar. Midorima le indicó el camino a Kuroko y este asintió en su aun conciencia mientras Kagami se escondía en el baño como si con eso se atrapara en una jaula para no detenerle, para no seguirle. Era capaz de arrepentirse, atrapar a Kuroko en sus brazos y pedirle que jamás se fuera pero era hora de darle paz y darse paz también.
Cuando el peliceleste entró al auto y Midorima a su lado se colocó el cinturón de seguridad y miró al frete, después al peliverde y ladeó la cabeza.
—¿Dónde estoy? —Midorima se acomodó los lentes mientras arrancaba el auto
—Soy Midorima, tu jefe ¿Lo recuerdas?...—Kuroko guardó silencio sin alterarse mientras se alejaban de su hogar. Apretó los puños y asintió.
—Creo que si…. Me duele la cabeza —se talló la cien mientras iban ya lejos de su hogar.
—Iremos al hospital, estarás mejor…—Kuroko tomó aire, bajó la mano de su cabeza y la puso en su pecho mientras se inclinaba al frente — ¿Kuroko?...—el peliceleste se quedó ahí con la mirada baja hasta que preocupado por no recibir respuesta se detuvo.— Oe, Kuroko…
—Midorima-kun…—susurró su nombre— no me duele la cabeza…—dijo con tristeza, una lagrima cayó en su pantalón sorprendiendo al peliverde —me duele justo aquí…no sé por qué…¿Qué me está pasando?—dijo sosteniendo su pecho justo donde estaba su corazón. Midorima le miró con tristeza, era lamentable.
El cerebro de Kuroko podía olvidarlo todo pero su cuerpo podía grabar memorias, sentimientos. Justo ese dolor, esa asfixia que sentía era el peso de haber perdido, una reacción de haber dejado atrás a Kagami. Podía olvidarlo día tras día, noche tras noche pero su corazón seguía aferrado al de Kagami Taiga.
!Lo de Himuro me ha dejado un buen sabor de boca! Después de muchas penas que sufrió en la primer saga ahora su vida parece estable y fuerte, eso me alivia. Por su parte Kise y Aomine pareciera que siempre están sobre la cuerda floja de un chico que huye a sus problemas y un hombre que ahora no planea dejarle ir por nada. ¿Pensaban que Aomine le daba igual? Ese Aomine ya no existe, ahora lucha por él. Por su parte Kagami hizo lo que la mayoría pensó como correcto (inclusive a ustedes) pero nadie contaba con que Kuroko, de cierta forma, lo resentiría y eso encoje el corazón hasta del más fuerte ¿Que hará Kuroko ahora?
Lo sabrán en un próximo episodio.
-Yisus
