Disclaimer: Los personajes son propiedad de la señora SM, la trama es mía.
Capítulo beteado por Sarai GN Beta FFAD
Beta de Verano: Camilin Culen
www facebook com / groups / betasffaddiction /
(1)Crystal Castles- Not in Love
(2) Simple Plan - Untitled
Capítulo anterior:
—Aún no, ni siquiera me has dejado decirte mi propuesta. Quiero que te vayas conmigo a Forks. ¿Qué dices? —Justo sonó el teléfono de la oficina.
—Señor, lo busca la señorita Denali. —¡Carajo! ¿Es que Tanya nunca se cansaba?
—Dile que pase. —Y aquí íbamos de nuevo. Maldita la hora que me metí con ella…
Capítulo 10
—Déjanos solos, Taylor. —Él sólo asintió, justo en el momento que salía entró… ¡Irina!
—Hola, Edward. —Traté de recobrarme de la impresión rápidamente.
—Hola Irina, qué sorpresa. Dime, ¿en qué te puedo ayudar?
—Mira, iré directo al grano. Sé lo que vi ese día, sé que te acostaste con ella, que te atrae físicamente y que ella no estará tranquila hasta que no te metas dentro de sus piernas, de nuevo.
¡Woah! ¡Qué directa! Para ser la menor de las Denali era muy firme en sus ideas.
—Irina, los asuntos entre tu hermana y yo son nuestros. Es más, ya no hay un nuestro o nosotros. Sólo fue una noche, nada más.
—Yo que tú no estaría tan tranquilo. No sabes todas las cosas que ella puede llegar a hacer por conseguir lo que quiere.
—Sé cómo manejar mi vida personal, de igual manera, aprecio tu intención de ayudar. —Dudé un poco sobre lo que iba a decirle— Aparte, ¿por qué te importaría ayudarme? No me iré a la cama contigo, Irina.
Ella soltó una fuerte carcajada…
—¡Qué presumido! Pero lo siento, no quiero irme a la cama contigo, ni las sobras de mi hermana. Me caes bien, es simplemente eso. Si yo fuera tú, averiguaría sí en verdad Tanya terminó con Paul.
Eso me sorprendió.
—¿Estás diciéndome que Tanya estuvo conmigo y con Paul a la vez?
—Yo no afirmo ni niego nada. Pero bueno, tú sabes manejar tu vida personal, entonces, averigua. Me tengo que ir, cuídate.
Y sin más, salió de la oficina dejándome sólo, pensando en qué maldito momento pasó por mi cabeza abrir las piernas de Tanya, y meterme con ella.
—¿Señor, todo en orden?— Ese era Taylor, siempre preocupado.
—Sí, todo en orden. Averíguame todo sobre Tanya Denali y su novio, Paul.
Yo nunca mandaba a investigar a una mujer. Sí Taylor se sorprendió, no se vio reflejado en su rostro. Solo asintió y salió de mi oficina a hacer lo que le había mandado
.
.
—Vamos, despierta ¡Eddie! —¡Mierda! Ese apodo podía ser de sólo una persona.
—Emmett, ¡lárgate! —Estaba refunfuñando, detestaba que me levantaran.
—¡Oye! Recuerda que me dijiste viernes, siete en punto. Tenemos que ir a ver esos niños. Vamos, levántate. —Me destapó y sentí todo el frío en mi cuerpo— ¡Oh! Sigues durmiendo desnudo. ¡Qué asco, Edward!
—Nadie te dijo que me destaparas. Vete, voy a cambiarme.
—Sí te duchas saldremos mañana, eres peor que una mujer alistándote.
—Lárgate, y para tu información, ya me bañé anoche. Sí me enfermo, tú me pagarás los medicamentos.
—Ok, ok, me voy, no quiero seguir viendo tu trasero todo pálido.
Le tiré la almohada, pero él fue más rápido y sólo rebotó en la puerta. ¡Emmett era imposible! Pero lo consideraba mi hermano, hoy íbamos a ver a los niños, también les diría que me iba a Forks, esperaba que lo tomaran con calma.
Me puse ropa cómoda, nada de ternos el día de hoy. Hoy no iba a ser Edward Cullen, jefe de la General, hoy simplemente iba a ser Edward...
—Señor, buenos días. Me alisto para salir en un momento.
—No, Taylor, quédate con mi abuela, iré con los chicos. —Estaba a punto de refutar— No, nada de peros.
—Está bien —dijo resignado—. Señor, tengo los papeles que me pidió de la señorita Denali.
—Gracias, déjalos en mi despacho. —Estaba a punto de irse— Taylor, mi propuesta aún está en pie. El lunes espero una respuesta
Él sólo asintió. Me fui a la cocina y como era de esperarse, Emmett se estaba devorando todo.
—Oye, déjame un poco. —Le di un manotazo en la nuca.
—Tengo hambre. Además, tengo que recargar energías. —Estaba comiendo como loco.
—Hola, Jazz —lo saludé con un abrazo—. ¿Por cuántos panes va?
—Bueno, antes de que llegaras se comió otros dos. Así que va por el tercero aún, no entiendo cómo no engorda. —Movió la cabeza en un gesto claro de incredulidad.
—Si pasa todo el día en el gimnasio, ¿cómo lo haría? Aún creo que se inyecta, ya sabes, para sacar músculos. —Comenzamos a reírnos fuertemente.
—¡Oigan! Los estoy escuchando. No me inyecto, no inventen excusas solo porque me tienen envidia.
—¡Oh, vamos! —Resoplé—. ¿De ti? Otro chiste por favor.
—Ya, ya no discutan —dijo mi abuela—, y tú, Emmett, deja para los demás.
—Está bien, abuela.
Y es que era así, mi abuela era como si lo fuera de ellos dos también. Y todos teníamos que hacerle caso
.
.
.
—Llegamos, cuidado con bromear con las enfermeras y todo eso, compórtense.
—Qué falta de confianza —dijo Jasper, realmente indignado—. Yo que tú, me preocupo por él. —Señaló a Emmett.
—Hoy me han agarrado de punto ¿No es así? Ya, vamos.
Llegamos hasta la recepcionista, ella nos dio: ¿una nariz roja? Todos nos miramos confundidos.
—Umm, bueno es obligatorio ponerse esa nariz, para los niños es más cómodo estar frente a personas que no conocen.
—Sí, claro, no hay problema —dije indeciso.
Nos pusimos las narices y Emmett comenzó a reírse muy, pero muy fuerte, tuve que codearlo.
—Auch. —Se sobó el lado donde lo había golpeado—. ¿Qué te pasa?
—¿Qué te pasa a ti? Compórtate —dije un poco molesto
—Es que es muy gracioso ver al empresario más serio, de esa manera.
Yo solo moví la cabeza riéndome, porque nadie pensaría que estaríamos de ésta manera. La recepcionista nos guió hasta el interior de la fundación. La verdad, no estaban en las mejores condiciones. Por fuera el edificio de tres pisos se veía bien, pero por dentro sabía que podrían estar mucho mejor.
Nos encontramos con una enfermera muy joven, se presentó y empezó a guiarnos por las habitaciones, daba mucha pena ver niños de cinco, ocho o diez años de ésta manera, simplemente, nadie debería estar en una situación así.
—Ellos son los que peor se encuentran, por así decirlo. —Nos mostró una habitación, con niños que estaban demasiado delgados, como era de esperarse, por la quimioterapia no tenían mucho cabello, prácticamente no lo tenían—. No están respondiendo al tratamiento
—¿Nos podemos quedar aquí? —pregunté, en verdad muy ansioso
—Sí, claro joven. Cualquier cosa, pueden llamar a una enfermera.
Nos dejo solos, ninguno de los tres sabía qué hacer. Nos quedamos parados mirando a seis niños indefensos que no tenían la culpa de nada, que se divertían viendo la televisión y no tenían idea de lo que les pasaba, es más, ni siquiera se habían percatado de nuestra presencia. No me di cuenta hasta que miré a Jasper, que estaba con lágrimas en los ojos.
—¡Hey, Jazz! Tienes que ser fuerte. —A mí también me dolía, hasta tenía ganas de gritar y llorar.
—Me hacen recordar a mi hermana, Ed, ella tiene casi la edad de estos niños —dijo en un susurro, pero al parecer un niño lo escuchó.
—Hola. —Nos miró por un momento con su hermosa carita—. ¿Son payasos? —Ninguno respondía, a mí no me salía la voz. Todos los niños voltearon a mirarnos.
—Sí —dijo Emmett, acercándose a ellos—. Estamos a prueba, así que tienen que reírse mucho.
—Pero tú no pareces payaso —dijo una niña—. Pareces un oso con la nariz roja, eres muy grande. Él… —señaló a Jasper—, es muy flaquito. ¿Su mamá no le da comida?
Todos comenzamos a reír, en verdad Jazz era el más delgado de los tres.
—Sí me da comida pequeña, sólo que él… —Señaló a Emmett—, se come toda la comida que prepara mi mamá. Hoy por ejemplo, se comió cinco panes.
—¡Woah! Cinco panes es mucho —dijo otro niño—, yo a penas como uno, y eso que me obligan.
—Pero deberías comer pequeño —dije—, eso nos alimenta, aunque para qué negarte, a mi no me gustan las legumbres, pero lo como igual.
—A mí me encantan. ¡Oye! Los payasos hacen chistes, ustedes no los hacen.
—Nosotros bailaremos —dijo Emmett. Yo lo miré anonadado, él no bailaba, ni aunque por pago le dieran una noche con la mejor modelo de Londres. Empezó a bailar, esos típicos bailes de circo alzando sus pies, moviendo los brazos, acompañándolo con un "Oiga caballero" no importaba el ridículo que hacía, la mejor de todo esto era que los niños no paraban de reírse. Incluso lo aplaudieron cuando terminó. Cada uno comenzó acercarse a un diferente grupo de niños, pero a mí una me llamo la atención.
—Hola —le susurre pensando que estaba dormida y que por eso no había volteado a vernos, pero para mi sorpresa estaba despierta—. Hola —repetí.
Ella volteó, y me impacto verla de esa manera, estaba muy delgada, sus ojos ojerosos, no tenía nada de cabello, pero aún así, tenía una cinta con un lazo grande puesto.
—¿Cómo te llamas? —le pregunté, aún impactado por ver a una niña, de máximo siete años, en éste estado—. ¿No me quieres hablar?
—Hola, me llamo Angélica. Y no me gustan los payasos. —Se dio la vuelta, dándome la espalda.
—¡Hey! Pero, ¿por qué no? Sí nos divertimos mientras bailamos, damos premios y muchas cosas más.
—Porque cuando mis papas se fueron, dijeron que se iban a buscar un payaso y volvían, pero jamás lo hicieron.
Eso me dio mucha rabia. ¿Quién, en su sano juicio, dejaba a su hijo abandonado? Un niño necesita todo el amor que se le pueda dar, y más aún, niños como Angélica.
—Pero yo soy un payaso bueno. No te dejaré... Te traeré una cinta* la próxima vez que venga —dije dudando un poco, porque no sabía si aceptaría.
Ella se dio la vuelta, y sus ojitos brillaban de la emoción.
—¿En serio? —dijo emocionada—. ¿No me estas mintiendo?
—No, vendré el próximo sábado.
Ella asintió, un poco desconfiada. Estaba a punto de despedirme, porque la enfermera nos estaba llamando.
—Oye, ¿cómo te llamas?
—Edward —dije, emocionado aún por haber entablado una conversación con ella
—¿Sólo Edward? Pero ese no es nombre de payaso. —Estuvo pensando un momento, hasta que dijo— ¿Por qué no mejor Eddie?
Comencé a carcajearme con ganas, hasta que Angélica frunció el ceño—. Está bien, si tú dices Eddie, Eddie será. Tengo que irme, pero regresaré.
—Está bien Eddie, cuídate.
Le sonreí y volteé para ver a los chicos con la enfermera, esperándome en la puerta. Fuimos viendo otros cuartos, donde había niños en mejor estado. La enfermera, que por cierto se llamaba Ariana y era muy bonita, nos informo que sólo atendían niños hasta los 15 años, pero que querían comenzar a atender a más personas, y para eso tendrían que construir más cuartos. También nos dijo que habían muchos niños abandonados, que sus papás firmaban el compromiso de venir todos los días, pero jamás volvían, y me pregunté si ese sería el caso de Angélica. Me daba tanta rabia pensar en esos padres que los abandonaban.
—Pasen, por favor. —Entramos a una pequeña oficina.
—¿Por qué hacen que nos pongamos narices rojas? —preguntó Jasper.
—Porque así los niños tendrán más confianza en las personas, además ellos se ríen mucho y eso es bueno.
—¿Qué harán con el dinero de la subasta?
—Señor Cullen… —¡Oh no!
—Solo dígame Edward. —Ella sonrió.
—Compraremos camillas nuevas, construiremos más cuartos en éste edificio, y si alcanza, haremos otro bloque —dijo emocionada.
—Umm, todos estos niños van a… —No podía decir esa palabra.
—¡No! Ellos no van a morir. La mayoría de los niños responden al tratamiento muy bien, ya sea porque se diagnosticó a tiempo, o porque tienen una motivación o algo por el cual luchar. Pero esos niños del cuarto en donde entraron están abandonados, no tienen ninguna motivación y además de eso no responden a la quimioterapia.
—¿Todos tienen leucemia? —preguntó Emmett.
—No, joven, son muchos tipos de cáncer los que afectan a los niños. Pero aquí sólo atendemos dos, el cáncer al cerebro, que son más comunes y fáciles de extirpar con cirugía o con quimioterapia. Y la leucemia, es lo más difícil, ya que si no responden al tratamiento, tiene que haber un trasplante de medula ósea, y aún así hay probabilidades que rechacen el trasplante. Además que la operación es muy cara y la lista extensa.
—Y me imagino que los primeros en la lista son los niños que no se atienden aquí, que tienen padres con un nivel socio-económico más alto.
—Lamentablemente, sí —dijo con pena—. No podemos hacer nada para cambiarlo.
—Le prometo que haremos algo contra eso, le prometo que estos niños de ahora en adelante estarán bien. No les faltará nada.
—Es muy amable de su parte, en verdad señor… —Yo la miré con los ojos abiertos— Digo, Edward, eres la primera persona que se ha tomado la molestia de venir y jugar con los niños. Gracias a ustedes dos, también. —Miró a Emmett y Jasper—. Es muy amable de su parte que hagan reír a esos pequeños. Regresen cuando quieran.
—No tienes por qué agradecer —afirmó Jasper—, ustedes se merecen lo mejor, es muy noble lo que hacen. Siendo tan joven, pudiendo hacer otras cosas, se encarga de ellos. —Ella sonrió avergonzada.
—Sólo díganme Ariana, y a mí no me importa otra cosa más que estos niños. Por eso, muchas, muchas gracias.
—Tranquila, nos vemos. Cuídese y cuídelos.
Ella nos acompañó hasta la recepción y se despidió. Estábamos avanzando cuando recordé lo que tenía que preguntar a la enfermera.
—¿Qué pasa Edward? —me dijo Jasper.
—Sigan avanzando, tengo que preguntar algo. —Justo cuando Ariana iba a entrar en su despacho. —¡Hey! Espéreme.
—Edward, ¿qué pasa?
—Bueno —dije, dudando si me iba a decir lo que quería saber—, quería saber, ¿es posible tener la información de Angélica?
—El estado de cada niño es confidencial, lamento informarte que no puedo hacer nada para ayudarte.
—Por favor, esto es solo entre tú y yo. —Comenzó a dudar—. Por favor…
—Está bien, pero solo diré lo necesario. Angélica, como se habrá dado cuenta, es una niña que no responde al tratamiento.
—Sí, eso lo sé. ¿Y sus padres? ¿O sus familiares?
—Hace seis meses ella llegó con sus padres y dos hermanos más. Firmaron el compromiso de venir tres veces a la semana, ya que ellos viven en Tottenham*. El primer mes cumplieron, el segundo mes dejaron de venir tan seguido, y el tercero ya no vinieron más. Justo para ese entonces, ella había pasado las pruebas para empezar con las quimios, y por más que hemos puesto todo nuestro esfuerzo en ella, no responde. Hace un mes, la pusimos en la lista para recibir el trasplante, es la primera en la fundación, pero una de las últimas en la lista general, aun así es la que más lo necesita.
—Y en todo éste mes, ¿no ha habido uno solo? —pregunté confundido.
—Hubo uno luego de dos meses, pero le dieron preferencia al primero de la lista. Luché porque se lo dieran a ella, y accedieron, pero no teníamos el suficiente dinero para costear la operación
—¡Maldita sea! ¡Es injusto! —grité indignado—. Yo quiero que ella esté primera en la lista. Quiero que… —La enfermera me cortó.
—Eso no es posible. Ella no tiene un fondo.
—Yo respaldaré la operación. Hágame saber cuando haya un donante, yo…yo solo quiero que ella esté bien.
—Ella estará bien, Edward. —Me agarró de las manos—. Te mandaré su nombre y todo a tu correo. Ve, anda con tus amigos, te esperan.
—Gracias, nos vemos el próximo sábado.
¡Dios! Necesitaba que esa niña estuviera bien, era tan pura, tan inocente, que daban ganas de protegerla. Y yo la protegería cueste lo que cueste. No podía creer aún cómo la habían abandonado, era tan injusto. ¿Pero quién decía que la vida era justa?
—¿Todo bien hermano?
—Sí, Emmett, todo bien. —No iba a compartir el sentimiento que tenía hacia Angélica—. Hoy es sábado, ¿almorzamos en McDonald's?
—Esa es hermano, vamos, acelera que me muero de hambre…
.
.
—¿Todo eso comerás? —dijo Jasper sorprendido—. Emmett, es demasiado ¿A dónde se va todo lo que comes?
—Ejercicio, querido amigo. —Nos guiñó un ojo.
—Claro, claro. Como pasas todo el día ahí, es obvio que no engordas. ¿Qué opinan de la fundación?
—¿Qué, qué opinamos? Es lo mejor que hemos hecho en nuestra vida, ayudar a esos niños, hacerlos reír, hoy fue gratificante ¿sabes? Aunque me dio pena, me acordé mucho de mi hermana.
—Lo sé Jasper, debí advertirte.
—No, todo está bien Edward. ¿Regresaremos el otro sábado? —Todos estábamos emocionados por regresar.
—Claro, oigan, quiero hablar con ustedes de algo importante. —Me miraron esperando que hablara— No, aquí no, vamos a mi casa.
Ellos asintieron, salimos hacia el estacionamiento, pero al parecer alguien había avisado a los periodistas que estábamos aquí ¡Maldita sea! Era lo que más detestaba de ser conocido.
—Señor Cullen, ¿es cierto que su tío llega la próxima semana?... Señor Cullen, ¿es cierto que lo echaran de la empresa?... —Era lo mismo de siempre, las mismas preguntas—. Señor Cullen, ¿es cierto que está saliendo con Tanya Denali?... Señor Cullen, ¿desde cuándo esta con la señorita Denali?
¡Qué mierda! Había aprendido a controlar mi temperamento en estos años, pero decir que estaba saliendo con Tanya me había movido por completo. ¿De dónde había salido ese rumor? ¿Quién había ido a la prensa con ese chisme?
Subí a mi carro un poco agitado, no me esperaba todo lo que había pasado afuera.
—¿Qué fue eso? —preguntó Emmett—. Fue muy loco. Jamás te habían preguntado por tu vida amorosa, es más, ni siquiera vi alguna vez tantos paparazis esperándote.
—Ni yo sé que fue eso, pero fue totalmente una mierda, tenía ganas de golpear a muchos de ellos.
—Pero es su trabajo, Edward —afirmó Jasper—. Tú sabes a lo que estás expuesto desde que asumiste el control de la empresa. Aparte, sabes que siempre están al acecho.
—Sí, sí, lo sé —contesté de mala gana—. Pero de igual forma, como dijo Emmett, nunca había habido tantos paparazis esperándome. Además, jamás estaban pendientes de lo que pasaba en mi vida amorosa…
Manejé hasta la casa, todos estábamos callados, o por lo menos yo no había dicho ni una sola palabra, estaba pensando en toda la historia que crearían las revistas de chismes por las fotos, solo esperaba que se olvidaran rápido sobre ese asunto. Estacioné el carro.
—Por fin en casa, ¿crees que Vicky haya hecho comida?
—Acabas de comer, ¿cómo es posible que quieras más?
—Soy insaciable en mujeres, y en comida también. —Resoplé—. Bájale a tu mal humor Edward, no dejes que esos periodistas malogren tu día.
Tenía razón. Entramos al despacho, suponía que mi abuela estaba arriba.
—Bueno umm… —Estaba nervioso—. Lo que yo quería decirles, umm… era…
—¿Por qué tan nervioso? — interrogó Jasper.
—Es que, no sé cómo lo tomen. Es bueno para mí, me siento listo, pero también tengo miedo, no estarán allá.
—¿Dónde allá? Vamos Edward, suéltalo de una vez —dijo Emmett.
—Me voy a Forks. —Me miraron atónitos—. En menos de un mes… —Ninguno de los dos se movía, o decía algo—. Vamos, digan algo, no se pueden quedar callados.
—¿Por qué? —fue Jasper el que habló.
—Porque ya es tiempo de que regrese, quiero afrontar mis miedos, mis problemas.
—¿Por qué ahora? ¿Por qué no antes? O ¿Por qué no después? —Jasper preguntaba, pero al que veía muy callado era a Emmett.
—Porque siento que tiene que ser ahora, aunque no me sienta preparado hay algo que me dice que vaya. Emmett ¿por qué no dices nada? —Aún así él no hablaba, pasó un buen rato hasta que gritó:
—¿Y por qué ahora? ¿Recién nos dices? ¿Hace cuánto lo tenías planeado?
—Quieres calmarte, por favor, no te pongas berrinchudo como un niño. Lo planeé recién. —Él me miró incrédulo—. Te lo juro, fue hace poco.
—No te creo. ¿Para afrontar tus miedos? ¿Tus problemas? —resopló muy fuerte— ¿Para enfrentar a tu papá? ¿Estás listo? ¿Para verlo después de seis años? Hemos estado dos años juntos, que para ti pueden ser pocos, pero para mí no lo son. Duele que te vayas.
—¿Crees qué a mí no me duele alejarme de ustedes? Son como mis hermanos, es más, son mis hermanos. Saben que los aprecio un montón —grité.
—Y nosotros también, Edward… —dijo un poco más calmado
—Entonces apóyame Emmett, no me des la espalda. Necesito ir allá por mi hermana, la extraño, la necesito, últimamente no he dejado de tener pesadillas sobre lo que pasó esa noche.
—Te extrañaré —suspiró—, es difícil para mí porque me apoyaste mucho cuando llegué aquí sin conocer a nadie. Y me dijiste: "¿Vamos? Tengo espacio en mi departamento". No me dejaste ir a un hotel. Te apoyo Edward, soy tu amigo y lo seguiré siendo así te vayas o no.
Solté el aire que tenia contenido, por un momento pensé que Emmett me daría la espalda, pero no, él no lo haría, porque había formado lazos de amistad muy fuertes.
—Gracias, es muy importante para mí que me apoyen. No es fácil, ni siquiera quiero ver a Carlisle, por eso me iré a vivir a un departamento aparte.
—Si no lo enfrentas a él, entonces dime, ¿cómo te librarás de tu pasado?
—Aún no sé cómo lidiar con todo Jasper, aun no asimilo tampoco que dejaré a mi abuela, a mis amigos, que han sido mi apoyo en estos años. No me presiones.
—Solo doy mi opinión hermano, cualquier cosa acá estamos y estaremos siempre, por algo somos amigos ¿no?
Yo asentí, los quería demasiado, como dije no eran sólo amigos, eran hermanos para mí. Entendía la posición de Emmett, él se convirtió en mi amigo antes que Jasper, sus padres vivían en Washington pero se vino a estudiar aquí, Dios sabrá el porqué, pero cuando lo conocí y me dijo que iría a dormir a un hotel, no se lo permití. Vivió en mi departamento por dos meses. Hasta que llegó Jasper y decidieron comprar uno los dos.
—¿Cuándo regresarás? —Uh, se venía otro momento incómodo
—Yo…yo —tartamudeé un poco—, no pienso regresar, Emmett. —Abrió los ojos como plato, totalmente sorprendido—. Éste no es un viaje de un mes o dos. Me mudo para allá, compraré mi departamento. Yo…yo estudiaré medicina en Seattle. —Emmett se veía herido—. Vendré cuando tenga vacaciones. Ustedes pueden irme a ver también.
—Sí, como digas. Me voy. ¿Te quedas Jasper? —El aludido me miró, pero yo no hice ninguna objeción como para que se quedara. Susurró un "no".
—Te espero en el auto. Cuídate Cullen.
Uh, detestaba ese apellido. Golpe bajo.
—Hablare con él, pero entiende que no es fácil para ninguno de los dos.
—Para mí tampoco, pero por eso no me comportaré como un niño. —Luego pensé mejor lo que había dicho—. Es mi amigo, quisiera que me apoye.
—Y lo hace Edward, sólo dale tiempo, aunque demuestre ser frío, él es más sensible que nosotros dos. Te llamaré, para aprovechar todo el tiempo antes que te marches.
—Estamos peor que un trío amoroso. —Él se rio—. Lárgate, antes que se ponga peor.
Asintió y me dio un abrazo que demostraba todo el cariño que nos teníamos. Se fue. Me quedé solo pensando en cuán difícil iba a ser irme. Londres se había convertido en mi sitio seguro, en cambio Forks era el sitio de mis pesadillas.
Me di cuenta que aún no había revisado los papeles de Tanya. Agarré el folder, todos eran papeles del colegio y universidad, en los dos había sido muy responsable. Era una de las primeras de su clase. Su familia, hermanas y tíos, estaban relacionados con los Vulturi, según yo sabía esa familia era millonaria en Estados Unidos. Los Denali por donde los vieran, tenían mucho dinero. Aquí estaba lo que buscaba, Paul Adams, un chico de clase media alta, obviamente no era suficiente para Eleazar, tenía 25 años, hace dos años trabajaba en Freshfields Bruckhaus Deringer*, eso no estaba tan mal, sólo los mejores trabajaban allí. Incluso mis abogados eran de allí, así que ya sabía cómo averiguar la duda que tenía en mi cabeza.
—Hola, Embry.
—Edward, qué gusto. Dime ¿pasó algo con el contrato de los Denali?
—No, nada de eso. Quería preguntarte algo.
—Sí, dime. A tus órdenes. —Sabía que podía confiar en él, por eso formulé la siguiente pregunta:
—Sé que Paul Adams trabaja en el mismo bufete que tú. Me preguntaba si sabes algo de la relación que tiene con Tanya Denali.
—Mmm… interesado en una Denali. —Suspiré impacientemente—. Ok, me dejaré de rodeos. Paul es uno de los chicos más jóvenes que empezó a trabajar aquí, es un arrogante, creído y bueno, está con Tanya.
—¿Siguen juntos? —exclamé sorprendió—. Dime que es mentira
—Pues, lamento informarte que no. Ayer los vi juntos, yendo a almorzar. —Hizo una pausa—. Agarrados de la mano. —Apreté el teléfono con fuerza.
—Gracias Embry, te llamó cuando te necesite. —Ni siquiera esperé que me contestara, estaba hirviendo en cólera.
¡Puta madre! Me habían engañado de la peor manera, me metí con una mujer con novio, en una relación de dos años ¡Mierda! Tanya Denali era una...
—Edward— Oh no, ahora no quería hablar con nadie.
—Pasa abuela.
—¿Cómo te fue? —preguntó realmente interesada
—Bien, abuela, me está doliendo la cabeza.
—Oh, ya entendí, no quieres que nadie te moleste. —Iba a refutar que ella no lo hacía—. Lo sé, yo no molesto. Te mandaré a traer una pastilla con Vicky, te quiero.
Me dejó sólo, ahora no sabía si llamar a Tanya para encontrarnos o dejar pasar las cosas. Maldita en la hora que estuve con una Denali, y lo peor, que todo esto también lo sabía Irina, por eso me advirtió. Lo iba a dejar pasar, no quería involucrarme más con esa familia…
.
.
.
Una semana después
—Hola preciosa. —Me daba tanta ternura ésta pequeña.
—Hola Eddie, pensé que no vendrías.
—¿Por qué no? Te lo había prometido. Pero sólo puedo quedarme un ratito, tengo que trabajar.
—¿Trabajas? —Respiró un poco, le era difícil hablar y eso me causaba pena—. ¿De payaso? ¿Y tus amigos?
—Ellos no pudieron venir, tienen que estudiar. Trabajo de payaso, pero también hago autos.
—¿De juguete?
—No —me reí—, de verdad. Mira, te traje algo.
Ella abrió sus ojitos, muy sorprendida.
—Son tres cintas*, gracias Eddie. Son muy bonitas.
—De nada, pero me tengo que ir preciosa. Cuídate. —Le di un beso en la frente.
—Oye, no los puedo aceptar. —¿Qué? Decir que me sorprendió fue poco.
—¿Por qué? ¿Son muy feas? —Sabía que Emmett y Jasper tenían mal gusto, como yo.
—No, no, sólo que mis demás amigos no tienen regalos. —Ah era eso.
—Sí les traje princesa, sólo que están distribuyéndolos por edades.
—Bueno, entonces está bien. Ahora, cuídate.
Asentí, justo me encontré con Ariana cuando me iba.
—Edward, recibí tu correo en la semana, Angélica está primera en la lista de donantes. Gracias, muchas gracias.
—Es lo menos que puedo hacer. ¿Cuánto tiempo demorará en aparecer un donante?
—Por lo menos dos meses a tres. —¡Woah! era demasiado.
—Ella… ¿Ella estará bien hasta entonces? —pregunté, sumamente preocupado.
—Eso espero, esa niña se ha ganado el corazón de muchos.
—Estará bien, ahora tengo que retirarme. Vendré el próximo sábado.
—Está bien joven, y gracias una vez más.
—No hay de qué, es un placer para mí.
Ella asintió y me fui. Tenía una reunión en la empresa sobre la subasta, cada vez íbamos avanzando más sobre los autos que estábamos armando….
(1)Felizmente, en toda ésta semana que pasó no había sabido nada de los Denali, sólo conversaciones por teléfono con Eleazar, pero de eso no pasaba. Me había reconciliado, por decirlo así, con Emmett, me había dicho que me apoyaba, que no me iba a dar la espalda, y en verdad eso me quitaba un peso de encima, no quería a mi amigo enfrentado conmigo.
Había estado a mil esta semana, aparte de organizar la subasta, estaba sacando las cuentas de la empresa. Mi tío había llamado avisando que llegaba para el día de la subasta, así que estaríamos todos los Masen reunidos, bueno, casi todos. Una noticia que me había alegrado la semana era que Taylor había accedido a ir conmigo a Forks, pero él viajaría a fines de Enero todavía porque el nuevo guardaespaldas llegaba por esas fechas y tenía que estar a prueba bajo la supervisión de Taylor.
Llegué a mi departamento a cambiarme, luego partí rumbo a la empresa...
—Señor, buenos días.
—Buenos días, Laurent. ¿Ya están todos aquí?
El asintió, estaba dirigiéndome hacia la junta que tendríamos cuando me dijo:
—La señorita Tanya Denali está en tú oficina.
¡Oh por Dios! ¡Ella nunca se cansaba!
—Ok, dile que siga esperando...
Estaba feliz, solo faltaba aumentar una sola pieza, y los motores estaban listos para exportarlos hacia las diferentes marcas de autos. Ahora me tocaba lidiar con un problema que tenía nombre y apellido.
—Buenos días, señorita Denali —expresé mi incomodidad en el saludo.
Ella se paró del sofá. ¡Santa mierda! Tanya siempre me dejaba con la boca abierta, llevaba un super escote.
—Hola, Edward. ¿Por qué tanta formalidad? —Se acercó y me dio un beso muy cerca de los labios, retrocedí—. ¿Por qué te resistes? Te recuerdo que hace más de una semana estábamos acostados en tu cama, sin importarte nada.
Ok, había llegado a mi límite, era ahora o nunca.
—Porque pensaba que no estabas con nadie. —Ella me miró confundida.
—Yo no estoy con nadie.
—Claro Tanya, y ¿cuándo me ibas contar que fuiste almorzar con el señor Adams?
Ella abrió los ojos, totalmente sorprendida, pero trató de disimularlo.
—¿De qué estás hablando? —Trató de hacerse la indignada—. Paul es mi ex novio.
—Entonces, ¿cómo me explicas que luego que te acostaste conmigo fuiste almorzar con él? ¿No se supone que te había engañado?
—No puedo creer que me hayas investigado, o seguido.
—No lo hice —mentí—, no es difícil enterarse de las cosas cuando mi abogado trabaja también en la misma firma. Y no te hagas la dolida Tanya, que cuando te acostaste conmigo ni siquiera te acordaste de él.
—Idiota. ¿Crees qué lo perdoné? Pues él también es el abogado de la empresa de papá. Obvio que tenía que almorzar con él. Y para tu información no disfruté mucho esa noche. —Dio un suspiro profundo—. Tú y tu maldita arrogancia no te llevarán a nada bueno. Crees que lo sabes todo, que tienes el control y el límite en tu vida, pero no controlas nada. No eres nadie, ¡nadie! Ojalá el día que te des cuenta de lo estúpido que eres no sea demasiado tarde. Adiós Cullen.
Y sin más dio un portazo. ¡Dios! Había tirado la puerta muy fuerte. ¿Qué sabia ella de mi? ¿De mi arrogancia? ¿De todo lo que yo había pasado, por lo cual había decidido no enamorarme? Era un idiota, sí, cómo lo fui esa noche con Isabella... Isabella, no sabía nada de ella. Había hablado con Alice pero no me la había mencionado para nada, y tampoco yo le iba a preguntar. Sólo me había dicho que estaba con trabajos ya que faltaba poco para graduarse, y ella estaba investigando a alguien. En fin, esa enana sabia en qué se metía, sólo quedaban algunas semanas más y me iba.
.
.
.
Tres semanas después
—¿Edward? —preguntó mi abuela, asomando su cabeza por la puerta del despacho.
—Pasa abuela. ¿Qué sucede?
—¿Cómo está quedando todo para el viernes?
—Bien, estoy emocionado. Es el primer evento en dónde se hará una subasta de esta magnitud, el sábado la enfermera me dijo que estaba muy agradecida, hasta tenía lágrimas en los ojos.
—Y no es para menos, es mucho dinero Edward. Le estás cambiando la vida a esos niños. ¿Cómo va Angélica? Así se llamaba la pequeña, ¿cierto?
—Sí, así se llama mi ángel, está igual —dije, con profundo pesar—, no responde al tratamiento, yo tengo miedo de que ella…
—¡No! ¡Silencio! Todo estará bien cariño, esa niña es fuerte. Me gustó el dibujo que te hizo.
¡Oh, ese dibujo! Era yo, con una nariz roja y cabellos de colores. Yo reí.
—Edward, mañana tienes que ir a recoger a tus tíos y tu prima. —Puse cara de confundido—. ¿Te olvidaste? ¡Ay hijo! Te dije que el vuelo estaba programado para el día 20 de Diciembre, a las tres de la tarde, te lo he repetido infinidad de veces.
¡Oh mierda! Lo había olvidado por completo.
—Lo siento, los iré a recoger. Saldré de la empresa más temprano —dije para tranquilizarla. (2)
—Esta bien. Hijo, necesitamos hablar. —¡Oh no! Conocía a mi abuela, estaba cien por ciento seguro que quería hablar sobre esa noche.
—Abuela, aún no estoy listo —dije un poco incómodo.
—Es ahora Edward, nunca estás listo y si sigues así nunca lo estarás. Ya viene navidad y no podremos hablar, tus tíos estarán acá, aparte te vas en menos de una semana.
—Podremos encontrar otro momento. —Buscaba excusas—. ¿Por qué justo hoy?
—Es ahora, Edward. Sé valiente.
La miré sorprendido.
—¿Que sea valiente? ¿Me estás diciendo que superar lo que yo he hecho no es ser valiente?
—Edward, nunca lo has superado, no has hablado con nadie sobre eso.
—¿Y qué quieres que te diga? —Comencé a levantar la voz—. ¿Que aun me duele hablar de ella? ¿Que la extraño tanto, que cada noche tengo pesadillas sobre el accidente? Era mi madre, abuela, dime ¿cómo se supera, que un niño de trece años se quede sin madre? Y que su padre tenga la culpa… —Ella me cortó.
—¿Y cómo sabes que él tiene la culpa? —La miré incrédulo.
—¿Me estás diciendo que después de seis años aún no crees que él tenga la culpa? Es tu hija, yo la vi morir tirada en la carretera. —Lágrimas caían por mis ojos—. Me sentí la peor mierda, no pude hacer nada por salvarla. Él no hizo nada por salvarla.
—Es tu padre, quizás las cosas no fueron como tú dices, las cosas entre Elizabeth y Carlisle no iban bien.
—Es irrelevante saber cómo fueron. Yo… yo vi lo que él hizo, yo sabía por qué mi mamá me pidió que la acompañara, jamás pensé que sería la última vez que la vería. No pensé que la vida me iba a dar ese golpe. Si hubiese sabido que iba a pasar, nunca la hubiera dejado salir
—Pero no fue tu culpa. El auto ese se cruzó. —Ahora ella lloraba.
—¿Y cómo no? Yo le pude haber dicho que no fuera. Pero no hice nada. —Me apoyé en la pared y poco a poco fui descendiendo al suelo— ¡No hice nada! Y ella se fue de mi lado, me dejó, abuela. Dios me la quitó, me la arrebató cuando más la necesitaba, cuando más la quería a mi lado. —Ella se agachó junto a mí y me abrazó.
—Shh, shh, no llores. Tranquilo. —Comenzó a acariciarme el cabello—. Ya hijo, ya pasó.
—No, no ha pasado. Dime, ¿cómo se supera esto? ¡Dime! Yo no lo supero, no puedo abuela, simplemente no puedo. Y no me pidas que perdone a mi padre, no lo haré, jamás lo haré. Él y yo tuvimos la culpa.
—No, ninguno la tuvo. Deja de atormentarte.
—Si es así como dices, que él no la tuvo la culpa, igual fue un mal padre, porque a pesar de todo yo siempre espere algún gesto, pero él nunca me apoyó, nunca más me dio cariño, no me abrazó, no me dijo: "hijo te quiero". ¿Sabes cuántas veces necesité esas palabras? —Ya no podía controlar mi llanto.
—Pero él también estaba lastimado Edward…
—¡Pero lo necesitaba! ¡Alice también lo necesitaba! Ahora ya no lo quiero, no quiero nada de él. —Me sequé las lágrimas con mi manga—. Carlisle murió esa noche para mí. No quiero hablar más, por favor, no quiero contarte todo porque me duele.
—Está bien, shh, shh. Todo estará bien, estarás con tu hermana, tienes a tus amigos, me tienes a mí, jamás te dejaré Edward. Y recuerda, tu mamá siempre estará aquí —dijo, señalando mi corazón.
Yo me recosté sobre sus rodillas y seguí llorando...
—Edward, despierta, es más de mediodía, en tres horas tenemos que estar en el aeropuerto.
—Ok, me cambio y bajo. —Luego me di cuenta que hoy era día de semana—. Mierda, la empresa.
—Tranquilo, ya llamé diciendo que estabas enfermo. Te espero abajo. —Mi abuela salió del dormitorio.
¡Qué noche! Luego de la conversación que tuvimos, mi abuela durmió conmigo, fue tan especial, me recordaba mucho a cuando dormía con mi madre. ¡No! Tenía que alejar esos pensamientos de una vez por todas, no me hacían bien, no ahora cuando estaba decidido a regresar a Forks a enfrentar esos miedos.
Tenía que ir a recoger a mis tíos y a mi querida prima. Y es que Rosalie era hermosa a su manera, rubia, de ojos marrones, alta pero no tenia cuerpo, aunque mi abuela dijo que habia cambiado. No cualquiera era su amigo, pero la quería tal cual era. Hace dos años no la veía...
—Muy rico el almuerzo, Vicky. —Dejé el plato para lavarlo
—Gracias. —Observó a mi abuela—. ¿Preparo alguna cena especial para la noche?
—No, Vicky, más bien Edward... —Asomé mi cabeza por la cocina—, haz una reservación en Dinner para nosotros, y si quieres invita a tus amigos. —Asentí.
—Edward —gritó Vicky—, ¿cuántas veces tengo que decirte que no laves? —Entró a la cocina—. Deja ahí, vayan al aeropuerto de una vez.
—Ok, ok, pero no te molestes. —Le di un beso en la frente.
—Sí, hijo, vamos ya. —Pensó durante un momento—. Maneja tú, ya que somos muchas personas, con Taylor no alcanzaremos.
—Está bien. Sacó el auto y nos vamos...
Y aquí estábamos esperando y aún no salían, parece que el vuelo estaba retrasado. Ya había llamado para reservar para 8 personas. Cierto, tenía que llamar a mis mujercitas.
Marqué el número de Emmett.
—Osito. —Él suspiró resignado—. Antes de que empieces. No, nunca me cansaré de llamarte así.
—Ya, Eddie, dime, ¿qué quieres?
—Salir a cenar —dije emocionado.
—Pero si salimos el martes, yo sé que me extrañas y no puedes vivir sin mí, pero no es para tanto.
—Cállate idiota, hoy llegan mis tíos, iremos a Dinner. Así que los quiero a Jasper y a ti bien elegantes a las ocho de la noche.
—Está bien, a las ocho entonces. Nos vemos hermano. —Colgó.
—Mira, Edward —dijo mi abuela emocionada—, ahí vienen.
Y allí estaban Peter, Charlotte, ¿Rosalie? ¡Mierda! Mi prima había sacado un cuerpo de puta madre. Se veía hermosa, yo sabía que esta noche tendría que controlar a Emmett.
Mis tíos primero saludaron a mi abuela, hasta que Peter me miró y me dijo:
—Cuánto has cambiado, te ves más maduro, ven, dame un abrazo.
Nos fundimos en un abrazo. Yo quería mucho a mi tío, su esposa también era muy buena. Gracias a los consejos de los dos es que ahora me encontraba aquí.
Luego venía Rosalie, ella me observó de pies a cabeza.
—¿Es en serio, Edward? Gorra blanca cuando no tienes nada blanco en tu atuendo, pareces un chico universitario que sólo piensa es sexo, fiestas y mujeres, más que un empresario.
—¿Puedes dejar de criticarme y saludarme? —dije un poco molesto. Odiaba que criticaran mi ropa.
—Te extrañé, Eddie. —dijo, abrazándome fuerte. ¡Oh, no! Una más.
—¿Eddie? ¿Has estado hablando mucho con Alice? —Ella sonrió—. Tú me críticas mi forma de vestir, ¿te has visto tú misma?
Ella estaba espectacular, sólo quería verla molesta.
—¿Qué te pasa? Idiota, todo combina en mí. —Me miró un momento—. Lo haces por molestarme, sigues siendo el mismo estúpido de siempre. —Comenzó a caminar adelante mientras todos nos reíamos.
—¡Oh, vamos barbie! No te molestes. —Ella dio la vuelta echando chispas por los ojos.
—Y sigues llamándome así. Jamás me gustó. No me hables, Edward.
Salimos hasta el estacionamiento, le iba a rogando en todo el camino que me disculpara.
—Está bien, pero déjame manejar. —Oh no, eso sí que no—. Por favor. —Con esos ojitos que ponía, éstas mujeres Masen siempre lograban lo que querían.
—Ok, toma. —Le tiré las llaves del auto—. Por favor, Rosalie, es mi auto adorado, no lo choques, tenemos que llegar vivos a la cena en la noche.
—Está bien. —Subimos las maletas y ella arrancó. Dios, quiero vivir...
—Estaciona ahí, derecho, sin chocar a la limosina. ¡Mierda! Cuidado —grité—, dije derecho Rosalie, derecho, he dicho derecho.
—Mira idiota, la que maneja soy yo. Ya está, ¿ves?
Todos bajamos inmediatamente, yo me tiré sobre la capota del auto y grité:
—¡Nunca más dejare que otra loca rubia te maneje, lo prometo bebé!
—Exagerado, apúrate, ayúdame a bajar las maletas.
¿Exagerado? Casi habíamos chocado, dos veces, nos habían insultado desde rubia estúpida hasta idiota inmaduro. Mis tíos y mi abuela sólo tenían sus ojos cerrados. Felizmente habíamos llegados vivo.
—Descansen, a las ocho tenemos la cena. Rosalie, tu cuarto es el al fondo a la derecha. Peter, sigue siendo el mismo el tuyo. Me iré a recostar un rato, el viaje ha sido intenso. —Todos asentimos.
—Yo también subiré a mi dormitorio —les avise—, no se olviden de la otra cena mañana. Nos vemos.
Subí a mi dormitorio a llamar a Alice, hace exactamente una semana no sabía de ella. Solo le hablaba por bbm, preguntándole como estaba y decía que bien, que me quería mucho pero no podía hablar conmigo, mañana se graduaba y eso me llenaba de orgullo. Marque su número, estaba a punto de colgar hasta que contestaron.
—Aló, ¿quién habla? —Esa voz, esa hermosa voz la conocía.
—¿Isabella? —Más que una pregunta era una afirmación—. Soy Edward. —Silencio al otro lado de la línea, hasta que ella dijo:
—Ahora te paso a tu hermana, esta probándose vestidos —dijo, un poco incómoda.
—Jamás me respondiste el mensaje, te pedí disculpas, debes saber que yo nunca lo hago.
—Recuerda, yo soy la chismosa, así que no debería estar hablando contigo. —Suspiró—. Mira, eres el hermano de mi amiga, quiero llevar la fiesta en paz contigo.
—Yo también, así que no te resientas. Felicidades por la graduación.
—Gracias ¿supongo? Ahí viene Alice. Adiós.
Estaba a punto de decirle "no, no me dejes". Pero qué carajos te pasaba Edward, ¿por qué tanta importancia en esa niña?
—Hermanito, mal momento para llamar, nos estamos probando vestidos para mañana.
—Sí, ya me di cuenta. Felicidades hermosa, me siento orgulloso de ti, mañana te gradúas y no podré llamarte, estaré a mil con lo de la subasta, así que aproveché para saludarte hoy.
—¡Aww! Gracias hermano, muchas gracias. Yo más bien debería sentirme orgullosa con todo lo que haces por esos niños. Te dejo Eddie, te quiero.
—Nos vemos pronto enana. —Colgué.
Era mi hermanita, a pesar de todo logró salir adelante, ahora iría a la misma universidad que yo, pero a estudiar administración. La quería tanto, aunque costaba admitirlo...
.
.
.
—Rosalie, ¡apúrate! —grité molesto.
Hace media hora estábamos todos listos, menos ella.
—Ya estoy —dijo, bajando las escaleras—. ¿Qué tal?
—Muy hermosa, hija —dijo mi abuela.
Y en verdad se veía hermosa, se había puesto un vestido amarillo con algunas aberturas a los lados y en la pierna. Hoy se tenía que tener los cinco sentidos puestos en los hombres, para que nadie la molestase.
—Te cambiaste Eddie, así te ves más bonito. Con tu terno azul, muy elegante, por fin te vestiste bien.
—¡Ja, ja! Chistosa, ya vamos.
Taylor nos llevó en la limosina al restaurante más elegante de todo Londres. Mis amigos ya estaban esperando en la puerta. Emmett y Jasper también estaban con sus ternos cada uno, nunca me acostumbraba a verlos así. Les presenté a mis tíos, ahora era el turno de presentar a Rosalie.
—Rosalie, él es Jasper. —Se estrecharon de manos—. Y él es Emmett. —¡Woah! La tensión sexual que había en el aire, era palpable. Emmett no sólo le estrecho la mano, si no que le dio un beso en la mejilla.
Carraspeé un poco hasta que Rosalie lo soltó y siguió su camino junto a los demás.
—Mantente alejado de mi prima, no quiero tus sucias manos en ella.
—Oye, soy el mejor partido para ella, esta buenísima.
Lo fulminé con la mirada.
—Contrólate, es mi prima, idiota. Así que mantén al osito junior dentro de tus pantalones.
—Ok, Eddie. —Subió las manos en señal de rendición. No me quería imaginar a Emmett con Rosalie.
Para mi mala suerte, se sentaron juntos y toda la cena se mandaban miradas cargadas de deseo. Rosalie no lo miraba despectivamente ni nada. Pero en general, la cena fue amena. Todos estábamos emocionados con las subastas de autos, incluso mi tío, dijo que quería uno nuevo y se animó.
Estaba contento, éstas eran las personas que quería y, aunque faltaba mi enana, no podía evitar sentirme emocionado porque la vería en menos de una semana. Me alejaba de todos ellos, pero como dijo mi abuela "siempre los tendría en el corazón" así como tenía a mi madre allí; pero debía afrontar mis miedos, estar con mi hermana, pero aparte de eso, iba a hacer la vida de mi padre imposible. No me vengaría, porque mi mamá no me inculcó la venganza, pero el día que esté preparado, hablaría con Carlisle y le haría recordar todo, absolutamente todo el daño que nos hizo. Mientras, iba a disfrutar con ésta gente que me había apoyado todo éste tiempo, quienes se habían ganado un lugar en mi corazón de piedra...
Tottenham*: Uno de los sitios más pobres de Londres.
Freshfields Bruckhaus Deringer*: Mejor bufet de abogados en Londres.
Cinta*: O vincha, adorno que se pone en la cabeza.
Yoko no pudo subir el capítulo hoy porque no tenía acceso a internet, así que lo subí yo, su beta, perdón que tardamos tanto con la actualización, aunque esperamos que la disfruten.
