¡41 reviews en 9 capítulos! Es… es… es mi nuevo record… ¡S-soy tan feliz! ¡Muchas gracias a todos no se imaginan lo feliz que me hacen!

Advertencias: Violencia, contenido sexual, gore, tortura. Quedan avisados. (Aunque aún no hay mucho de esto, yo por si acaso lo pongo)


Capítulo 10: Darkness.

Rukia estaba acostada en la cama boca abajo. La almohada sobre su cabeza tratando de tapar sus oídos lo más posible. Ya no lo soportaba más. No sabía cuánto tiempo llevaba allí. Estaba segura de que ya habían pasado muchas horas y cada cierto tiempo podía escuchar incesantes y desgarradores gritos que prefería no pensar a quién pertenecían sabiéndolo de sobra. Sus ojos estaban cerrados, su rostro húmedo debido a las lágrimas. Sus manos y brazos ya temblaban de haber estado sujetando la almohada contra su cabeza todo ese tiempo.

–Por favor… Por favor… Parad… –repetía una y otra vez con la esperanza de que alguien la escuchara. Ya no le importaba estar llorando. Era demasiado. El silencio reinó por más tiempo que los demás intervalos.

La puerta de la celda se abrió. Vio a uno de los guardias lanzando algo dentro para luego salir y cerrar la puerta inmediatamente. Rukia se quitó la almohada de la cabeza y giró la cabeza. No teniendo una buena vista debido a la oscuridad, con el cuerpo tembloroso, se levantó y se dirijo hacia el cuerpo.

Sintió toda su fuerza drenada al ver la sangre que lo rodeaba. Corrió los metros que le faltaban hacia él y se arrodilló a su lado. Puso las manos sobre su espalda, sacudiéndole, gritando su nombre. No podía hacer nada. Con su reiatsu sellado… Solo en aquella celda… Se miró las manos. Llenas de sangre. Todo su cuerpo temblaba. Estaba horrorizada.

–Despierta… -quería una señal de que aún estaba vivo. –Despierta… -era incapaz de sentir su reiatsu con aquellos supresores. –Por favor… –con cuidado, giró su cuerpo boca arriba. Su rostro no reflejaba otra cosa que dolor a pesar de estar inconsciente. Ella pegó su oreja contra su pecho. Oía sus latidos. Suspiró, aliviada por aquel entonces. Pero si no trataba todas aquellas heridas… No sabía cuánto iba a durar ese alivio.

Se llenó de una nueva determinación y arrastró el cuerpo de su amigo hasta la cama. Ya allí rasgó las sábanas en tiras con los dientes y las utilizó a modo de vendas. No era mucho lo que podía hacer con eso, pero era mejor que nada.

Terminó de vendar todo lo que pudo, sobre todo se preocupó de vendar primero las más graves. –Por qué… –agachó la cabeza, apoyando su frente en el borde de la cama mientras sus manos sujetaban con delicadeza la de Ichigo. –¿Por qué siempre tienes que sufrir tanto…? ¿Acaso no estás siempre protegiendo a los demás? No mereces esto… –susurró las palabras, lentamente.

Levantó la cabeza cuando sintió los dedos de Ichigo aferrarse a los suyos. Miró la mano. Después lo miró a él a la cara. Sus ojos se abrían lentamente. Rukia iba a preguntarle si se encontraba bien, sin embargo se contuvo de hacerlo. ¿Cómo iba a estar bien? Era una pregunta muy estúpida.

–¿R…Rukia…? –su voz sonaba muy baja, Rukia le escuchó igualmente.

–Estoy aquí.

–¿E-estás… bien?

–Sí. Perfectamente –puede que sí físicamente, porque anímicamente estaba… Un poco decaída. Dudaba que de allí hubiera escapatoria, y la situación en la que se habían metido con aquellos tipos no mejoraba la cosa. ¿Qué podía hacer ella? Sabía que no debía rendirse. No quería decepcionar a Ichigo colocando su ánimo y esperanza por el suelo.

–M…me alegro… d-de que no… te hayan hecho daño –volvió a cerrar los ojos, pero mantuvo la aprehensión en la mano de Rukia. Aún seguía consciente aunque ella decidió dejarlo descansar.

Tenía muchas ganas de preguntar qué había pasado. Aún así pensó que no era el momento. No necesitaba que le anduviera recordando lo que quiera que le hubieran hecho. Debió de ser terrible y podía asegurar que en ese preciso instante estaba intentando dejar esos recuerdos de lado.

–¿Rukia…?

–¿Sí? –respondió segundos después.

El silencio llenó de nuevo la celda hasta que Ichigo volvió a hablar. –N-no es nada… Una tontería…

Lo escuchó suspirar antes de que su respiración se volviera trabajosa como antes. Pasaron más minutos de silencio en los que ninguno se miró, ni dijeron nada.

–Yo… t-te sacaré de aquí –sujetó con más firmeza la mano de Rukia y ella le miró con una expresión en la que se podían ver muchos sentimientos. –No importa lo que me hagan… No… No dejaré que te pongan una mano encima… –sonrió, algo forzado.

–Saldremos juntos de aquí –respondió volviendo a apoyar su cabeza sobre la cama. –Yo… No quiero que te preocupes tanto por mí. Estaré bien, ¿sí? Soy una teniente, ¿recuerdas?

Ichigo se abstuvo de echarse a reír. Si no le doliera tanto el cuerpo lo hubiera hecho. –Sí, lo siento.

Él aguantaría lo que hiciera falta con tal de que ella estuviera a salvo. Sabía que no era débil, pero no podía evitar pensar que era casi imposible que no salieran mal de allí. Mientras que solo el asunto fuera con él estaba; dentro de lo que puede soportar, bien con ello. Además ella estaba allí a su lado, eso ya era más que suficiente.

Suspiró de nuevo. Intentó de nuevo decirle algo a ella sobre sus sentimientos, pero nunca salía de su boca lo que quería. Gruñó molesto y golpeó la cama con su otro brazo antes de hacer una mueca de dolor y pensar en lo estúpido que acababa de ser por hacer esa tontería. Graciosas lágrimas salieron de sus ojos a la vez que soltó un insulto al aire.

Rukia se levantó con una venita en la sien y lo golpeó en la cabeza (no muy fuerte) con la mano que tenía libre.

–¡Eso dolió! ¿Por qué lo has hecho? –preguntó llevándose la mano a la cabeza.

–¡Por idiota!

–Maldita…

Se miraron. Sus rostros muy cerca el uno del otro y casi parecían estar matándose con la mirada. Estuvieron un momento así hasta que Ichigo soltó una risita.

–¿Qué es tan gracioso? –preguntó la Kuchiki aún mirándole con algo de enojo y separándose de él.

–N-nada… S-solo echaba de menos esto –¿Cuándo fue la última vez que se comportaron así el uno con el otro? Porque esas discusiones estúpidas era un día a día para ellos.

Rukia abrió los ojos sorprendida, pero luego sonrió también. –Tienes razón.

–Qui-quiero volver a esos días… Donde la única preocupación eran los hollow –suspiró y miró arriba. No veía para nada el techo, pero igual era como si buscara algo interesante en él –Cuando podíamos andar 'tranquilos' por la ciudad, sin preocuparnos de que un loco quisiera destruir Karakura o la Sociedad de Almas…

Rukia hizo un sonido de asentimiento. Sí, ella también le gustaría querer volver a vivir esos días más pacíficos. Sonaban entonces tan lejanos… Como un sueño inalcanzable.

Y sobre todo quiero regresar a aquel tiempo en el que no sentía más que amistad por ti –pensó cerrando los ojos, rendido al cansancio.


Ichigo abrió sus ojos cuando la puerta de la celda se abrió–Qué… ¿Ya es de día? –gruñó olvidando por un momento dónde estaba. Cuando escuchó un gruñido delante de él, recordó de inmediato.

–Levántate –le ordenó.

–Vete –contestó en el mismo tono.

En el otro lado de la cama Rukia se había despertado y miraba al hombre con algo entre temor y furia–Ichigo, ten cuidado –le susurró.

El peli naranjo asintió y agarró su mano mirándola con determinación y seguridad. Rukia miró directamente a esos ojos cafés que casi parecían brillar en la oscuridad. Por un breve instante se sintió más segura.

–He dicho que te levantes –repitió el hombre elevando un poco el tono de voz. Viendo que el chico no le hacía caso, se acercó y lo agarró por el collar. Ichigo trató de liberarse, pero su cuerpo aún estaba débil después del trato de los días anteriores –Tú también vienes –le dijo a Rukia.

Ella se levantó y sin dudar ni un segundo agarró de la mano a Ichigo.

–¿Le importa soltarme? Tengo piernas, ¿sabe? –protestó Ichigo. El guardia rodó los ojos y al final optó por soltarle. De todas formas no es como si ellos pudieran huir.

El Kurosaki chirrió los dientes al ver el aparato que sujetaba en sus manos. Al contrario que antes, este tenía dos botones. Le daba rabia no poder escapar. Sintió a Rukia agarrar su mano con fuerza temblorosa y él la miró, sonriendo para ella.

–Todo saldrá bien –le dijo. Ella asintió de vuelta calmándose un poco.

Sabían que llevaba allí varios días, pero exactamente cuántos, no lo sabían. Ambos pensaban en la manera de salir de allí, sin embargo con aquellos supresores era casi imposible. Llegaron a una habitación diferente a la que habían estado otros días, lo extraño es que allí había más gente.

Más prisioneros. Se veía algo así como un comedor. A Ichigo aquello le recordaba a una cárcel.

El guardia se mantuvo caminando detrás de ellos, guiándolos hacia su mesa donde comerían. Se sentaron y dos bandejas con algo de comida –que no podían saber bien qué demonios era aquello- fueron dispuestas ante ellos.

–Comed –ordenó el hombre con voz grave.

Ambos miraron la comida con desconfianza. No les extrañaría si estaba envenenada, pero… ¿los demás la estaban comiendo no? Miraron a la mesa e iban a coger la cuchara. Se dieron cuenta de que los dos fueron a por la misma y sus manos se interpusieron la una con la otra. El peli naranjo la retiró rápidamente y miró a otro lado–. Cógela primero –murmuró dándose cuenta que solo había una.

–Uhmm… Vale –asintió y cogió la cuchara para hundirla en aquel especie de… No sabía definirlo. Tomó una cucharada y lo acercó a su nariz para olerlo. Retiró la cabeza y miró el contenido de su cuchara con mucha indecisión. ¿Seguro que eso era comestible? –No puedo comerme esto –soltó la cuchara en la bandeja y la retiró un poco hacia atrás–. Sé que no puedo andar quejándome, que es lo único que hay, pero… -le susurró a Ichigo cerca de su oreja mirando de reojo al guardia.

–Entiendo. Quien sabe que le han puesto –le contestó de vuelta.

El hombre tras ellos carraspeó y arrugó la nariz.

Ichigo suspiró pesadamente y tomó la cuchara.

–¿Ichigo? ¿Estás seguro? –preguntó viendo como se acercaba aquella cosa al rostro

–No –gruñó, sonrió con malicia y tiró de la cuchara hacia atrás y movió la cabeza. La extraña sustancia acabó en la cara del guardia–. Uy, perdón.

El hombre se lanzó contra el peli naranjo y este saltó sobre la mesa tomando a Rukia de la mano. El frustrado guardia se cayó de cabeza contra la bandeja de otro prisionero.

De repente todos se revelaron, peleándose unos con otros, la comida volaba por todas partes. Rukia e Ichigo corrían entre el caos, esquivando golpes, patadas y comida. Llegaron a la puerta de salida. Ichigo la abrió con brusquedad y corrieron por los pasillos siendo perseguidos por los guardias. Escuchaban los gritos tras ellos. Órdenes de detenerlos inmediatamente.

Incluso si se quedaban sin aliento siguieron subiendo escaleras, corriendo por más pasillos, siendo perseguidos por más guardias.

La huída no duro demasiado. Los rodearon. Los placaron contra el suelo y los detuvieron nuevamente. Trataron de liberarse, pero habían demasiados sujetándolos de todas sus extremidades.

–No puedo creer que hayas montado tú este revuelo –aquel hombre de cabello negro y lentes, Shigure si ellos no recordaban mal, chasqueó la lengua con molestia y se paró frente a los dos shinigami– ¿Acaso no fui piadoso y te dejé tranquilo hoy? –Se llevó una mano a la perilla y sonrió para después encogerse de hombros–. Que se le va a hacer, si tanto lo deseas…

Uno de ellos se agachó con una jeringa en la mano y la inyectó en el cuello del peli naranjo– ¡Maldito! –le maldijo revolviéndose una vez más en otro intento de liberarse.

–Ah… –suspiró cansado y se dio la vuelta–. Llevarlos de vuelta a la celda. Ni se les ocurra llevarlos al comedor de nuevo –dicho eso, se fue.

–Sí, señor –contestaron, algunos viendo como se iba por el pasillo y otros obligando a los dos shinigami a levantarse.


–¡Argh! ¡Maldición! ¡Casi lo conseguimos! –exclamó Ichigo con rabia mientras daba vueltas por el centro de la celda. Rukia suspiró, regocijada en aquella esquina en la que se había habituado a estar.

¿Casi? Quién sabe cuántos pisos les faltaba para llegar a la superficie y aún si lo hubieran conseguido, los shinigamis afuera los hubieran capturado igualmente. Con su reiatsu suprimido, si se encontraban con algún capitán no habría nada qué hacer. Era inútil.

–No te rindas, Rukia –ojos violetas se cruzaron con la mirada de los ojos cafés–. Sé que es difícil, pero tenemos que ser optimistas –Ichigo se acuclilló frente a ella y puso sus manos sobre sus hombros–. Tú eres fuerte, ¡yo lo sé! ¡Porque tú eres esa clase de mujer que guardo en mi corazón!

Rukia se vio sorprendida, pero al momento una venita creció en su sien– ¡Idiota! ¡No me devuelvas mis propias palabras! –respondió gritando. En el fondo estaba alegre de que él hubiera hecho ese intento de levantarle el ánimo como ella lo hacía con él–. Somos tal para cual, ¿eh? –musitó tan bajito que el peli naranjo no la escuchó. Agachó de nuevo la cabeza, metiéndose en sus pensamientos. Intentaba no pensar en esas cosas. Intentaba no pensar sobre los sentimientos que tenía. La confundían tanto...

–Rukia yo… Lo digo muy en serio –volvió a hablar, una fuerte determinación notándose en su voz–. Mírame Rukia –ella obedeció y levanto de nuevo la mirada. Esos ojos… ¿Por qué la atraían tanto?–. Yo… ¡No! Tengo que dejar de esconderme –arqueó una ceja, mirando a Ichigo sin saber de qué estaba hablando. ¿Esconderse de qué? Sentía sus manos temblando en sus hombros. Iba a preguntarle si estaba bien hasta que sintió su rostro estaba muy cerca del suyo–. Rukia…

–¿I…chigo…? –es posible que ellos… ¿Tal vez...?

Tan cerca…

Tan cerca…


¡Ódienme! ¡Muahahahaha! Pero me odiarán aún más con lo que les diré a continuación...

Estaré unas dos semanas (más o menos) sin actualizar. Tengo muchos exámenes y apenas tendré tiempo.

Igual sus reviews me alegran mucho, son una alegría en mi desastroso día a día de estudiante TuT

Hasta dentro de un par de semanas. Bye bye! TT3TT