Capitulo X: Amortentia (Editado)

Hermione trataba de concentrarse en lo que estaba leyendo, un tratado sobre Aritmancia escrito por un mago llamado Tales. Normalmente, encontraba la Aritmancia tan interesante que la absorbía por completo y lograba que se olvidará de todo. Pero ese día no era capaz de concentrarse, no podía dejar de darle vueltas a su último encuentro con Malfoy, cuando había estado a punto de descubrir lo que sentía por él. Malfoy jamás debía descubrirlo, sería su perdición. Él la despreciaba y la humillaba por ser una sangre sucia y si llegaba a conocer sus sentimientos sería aún más vulnerable y objeto ideal de sus burlas.

Casi se echó a llorar cuando vio a Malfoy entrar por las puertas de la biblioteca y echar un vistazo al lugar hasta detenerse en ella. Hermione fijó rápidamente su vista en el libro, obligándose a ignorarle y tratando de pensar en otra cosa pero le fue imposible al comprobar que Malfoy se sentaba en su mesa, frente a ella. El Slytherin abrió un libro por una página cualquiera, se recostó contra el respaldo de la silla y cruzó sus brazos.

Hermione se negó a mirarle, pero de alguna manera intuía que él tenía sus ojos fijos en ella. Por unos minutos, trató desesperadamente de concentrarse en los números y fórmulas que exponía el libro, pero aunque los veía, no era capaz de entenderlos ni de relacionarlos. Hubiera obtenido el mismo resultado si hubiera tratado de leer chino y sus nervios estaban cada vez más de punta. Para colmo, Malfoy comenzó a tamborilear las yemas de sus dedos contra la mesa mientras con la otra mano pasaba las hojas una y otra vez, sin ningún orden y sentido, hacia atrás, hacía delante, de nuevo hacía atrás y así repetidamente. Cada toque de sus yemas contra la madera, cada rasgueo del papel, la enloquecía aún más y los sonidos parecían rebotar en su cabeza y reproducirse con eco. Al borde la histeria ya, cerró su libro de golpe, lo recogió y se puso en pie bruscamente. Sin mirar a Malfoy se marchó de la mesa y de la biblioteca casi a zancadas y en cuanto giró el recodo y vio el pasillo desierto prácticamente echó a correr.

Cuando apenas pudo mantener la respiración, se detuvo en el pasillo, frente a una estatua de una hermosa hechicera y apoyó una mano en ella, tratando de recuperar el resuello.

No estaba segura de por qué pero algo le decía que debía alejarse aún más y tal vez regresar a la Sala Común. Allí estaría a salvo de Malfoy, aunque no de sus amigos que no paraban de acosarla a preguntas, preocupados por su evidente estado de ánimo. La biblioteca siempre había sido su refugio cuando no le apetecía ni siquiera estar con sus amigos, pero ahora parecía haberse convertido en un lugar de tortura cada vez que Draco Malfoy aparecía por allí. Ya no conocía ningún lugar en el que no podría encontrarse con el Slytherin a excepción de su torre.

Nerviosa, se pasó una mano por la cara y echó una mirada por encima de su hombro al final del pasillo, temerosa de ver aparecer a alguien por él. Sus miedos se vieron confirmados cuando Malfoy giró el recodo y se encontró con él. La estaba siguiendo.

Hermione sintió auténtico pánico, y sin pensarlo, echó a correr irracionalmente como si la vida la fuera en ello. Cuando llegó al hall, tomó unas escaleras, corrió por un pasillo y tomó otra escalera. De vez en cuando miraba atrás para asegurarse de que Malfoy no la seguía, y tras tomar media docena de escaleras y cruzar otros tantos pasillos, se convenció a si misma de que se estaba volviendo paranoica. Malfoy no la estaba siguiendo, no tenía ningún sentido, seguramente simplemente había ido a la biblioteca a fastidiarla y cuando ella se fue, decidió hacer lo mismo. Se reprochó a si misma haberse comportado de una manera tan ridícula, había huido como una niña asustada.

Vagó por los pasillos completamente desorientada y sintiéndose tremendamente estúpida. No sabía donde estaba exactamente. Esa era una zona del castillo que nunca había visitado antes y no tenía ni idea de cómo había llegado hasta allí, así que no podía deshacer lo andado. Por lo menos ahí, donde quiera que estuviera, tendría algo de tranquilidad.

Probó a abrir varias puertas pero la mitad eran puertas falsas y la otra mitad estaban cerradas. Al final, sin ninguna esperanza, intentó abrir la última puerta del pasillo que para su sorpresa le permitió la entrada a una sala rectangular y pequeña con antorchas encendidas ya que la luz que se filtraba por la ventana ya era escasa debido a la proximidad de la noche. Entró respirando sonoramente y posó su libro de Aritmancia sobre una mesa de roble que había contra la pared. Suspiró y se subió a la cómoda junto a su libro, apoyó la espalda contra la fría pared y recogió las rodillas entre sus brazos. Echó el rostro hacia atrás y cerró los ojos tratando de tranquilizarse. Primero Malfoy aparecía en la biblioteca, luego huía como una chiflada y ahora estaba completamente perdida en algún lugar del enorme castillo, ¿qué podía ir a peor?

Hermione no supo durante cuanto tiempo mantuvo esa posición, con los ojos cerrados y la mente dándole vueltas a mil cosas. Todos sus pensamientos giraban en torno a Draco Malfoy y sus malditos sentimientos por él. ¿Por qué tenía que haberse fijado en la persona más inalcanzable para ella? ¿En la persona que más la odiaba en el mundo? Él nunca la correspondería, y Hermione casi lo prefería así, porque Malfoy y ella no podrían estar juntos, sintieran lo que sintieran. Sabiendo que no tenía ninguna posibilidad, le debería resultar más fácil olvidarle, porque tenía claro que eso era lo que debía hacer. Estaba cansada de toda esa situación y deseaba que sus insultos y ofensas le fueran de nuevo indiferentes, como lo habían sido durante años. Suspiró con fuerza y abrió los ojos.

Entonces le vio, el objeto de sus pensamientos estaba allí mismo, dentro de la estancia, con la puerta cerrada a sus espaldas. Hermione dio un respingo sobresaltada, ni siquiera le había sentido llegar ni cerrar la puerta, tan concentrada estaba en sus cavilaciones. Pero lo cierto era que ahora estaba a unos metros de ella, y se encontraban a solas en una habitación perdida en la inmensidad de Hogwarts.

—¿Qué haces aquí? —inquirió ella con voz chillona por los nervios. Se puso en pie rápidamente y se aferró el libro de Aritmancia como si fuera un escudo o un talismán que pudiera protegerla de Malfoy.

Él se encogió de hombros con indiferencia, sin dignarse a contestarla pero sin apartar sus fríos ojos de ella. Esos iris de hielo tenían algo hipnótico que hacía posible que Hermione se sintiera completamente paralizada, alterada y calmada a la vez. Apartó la mirada para no verlos y fijó sus ojos a la altura del cuello del chico.

—¿Me has seguido? —preguntó con voz más calmada.

—Quizás —respondió él mirándola fijamente.

—¿Por qué no me dejas en paz, Malfoy? —respondió ella comenzando a enfurecerse. La seguía hasta ahí pero al parecer no tenía intención de decir o de hacer nada más que mirarla —¿No me molestaste bastante ya en la lechucería? ¿Por qué me has seguido?

La chica le observó con atención esperando su respuesta o alguna reacción, pero él no hizo absolutamente nada, ni siquiera pestañeó, tan sólo continuó ahí parado mirándola.

—¿Qué es lo que quieres de mí? —le chilló ella conteniendo las ganas de lanzarle el libro de Aritmancia a la cabeza de rubio platino.

Hermione pensó que enloquecería al ver que él continuaba ignorándola. Deseó lanzarle uno de los hechizos moco-murciélago de Ginny o quizás un Cruciatus...sí, pero en lugar de eso decidió largarse de allí. Pasó de largo al lado de Malfoy y abrió la puerta dispuesta a irse, pero cuando iba a salir, el Slytherin apoyó una mano en la madera y la cerró de golpe frente a las narices de Hermione. Con su mano aún sobre la puerta, ladeó el rostro y miró a Hermione serio, muy serio, tanto que ella casi se asustó.

—¿De quién estás enamorada, Granger? —preguntó.

Durante unos segundos Hermione estuvo demasiado estupefacta como para responder, después le miró con el ceño fruncido, furiosa.

—¿Qué te importa a ti? —replicó.

—Tengo mis motivos —contestó enigmáticamente.

—Jamás te lo diré —respondió ella acalorada, sentía sus mejillas coloradas por la rabia. ¿Cómo se atrevía a preguntarle eso? —A ti menos que a nadie.

Para su sorpresa, Malfoy reaccionó a la cólera de la chica mostrando una mueca-sonrisa de satisfacción y seguridad en si mismo.

—¿Por qué, Granger? ¿Acaso soy yo?

Hermione creyó que se le había parado el corazón al escuchar esas palabras y se dio cuenta de que estaba conteniendo la respiración. Malfoy seguía sonriendo, muy seguro de haber dado en el clavo y evidentemente muy satisfecho consigo mismo y Hermione se llenó de rabia, la rabia que le daba el miedo. La había descubierto. Ahora todo sería un infierno para ella, o mejor dicho, un infierno aún peor. Le miró llena de furia y en ese instante le odió.

Casi inconscientemente, su mano libre se alzó en el aire antes de impactar fuertemente contra la cara del Slytherin. El rostro pálido de Malfoy se viró por la fuerza del golpe y su cabello platino le cayó sobre los ojos.

Hermione le miró asustada por lo que acababa de hacer y entonces el irguió él rostro y su cabello platino se replegó a ambos lados de su cara, dejando a la luz sus ojos de hielo que ardían, coléricos.

La chica retrocedió un par de pasos pero él se aproximó bruscamente y la sujetó con fuerza por los hombros. La atrajo hacia él y abruptamente la besó, con tanta fuerza que Hermione sintió dolor. En principio se adueñó de su boca, obligándola a separar los labios para adentrar su lengua, tomando lo que deseaba, mostrándole sentimientos enfrentados, dando rienda suelta a todo su deseo durante tanto tiempo reprimido. La besaba casi con rabia, con crueldad, desquitándose, queriendo liberar en su boca toda su frustración pasada, queriendo vengarse por todo lo que le hacía sentir, pero la dulzura y la timidez con la que le respondió la chica le dejaron progresivamente desarmado y vulnerable ante la caricia de sus labios y sus lenguas. Y se abandonó por completo al beso, disfrutando de cada suave y lento movimiento, disfrutando de cada gota de néctar que ella sumisamente le ofrecía, disfrutando de poseer su boca al fin. La agarró con fuerza por la cintura, atrayéndola aún más hacía él mientras ella se aferraba al pecho del chico aprisionando entre sus dedos la capa oscura, como si su equilibrio dependiera de ello. Sus cuerpos estaban completamente pegados y unidos por sus bocas anhelantes.

Hermione se hallaba perdida en otro mundo, había perdido toda noción de tiempo o espacio y únicamente era consciente de los besos de Draco y de las sensaciones que provocaban en ella, pero en su debilitada mente escuchó una voz cercana.

—¿Dónde están, Sra. Norris? ¿Los sientes verdad? Jóvenes incumpliendo las normas, ¿cierto? Llévame hasta ellos...

Tardó unos segundos en asimilar lo que sucedía y comprender que Filch se acercaba. Apelando a toda su fuerza de voluntad, empujó suavemente al chico para apartarle y susurró:

—Filch...

—¿Hmm? —musitó el chico antes de volver a besarla. Cuando sintió sus labios húmedos sobre los de ella, y su lengua buscando la suya, Hermione se entregó al beso olvidando por completo que Filch andaba cerca y podría encontrarles en cualquier momento.

—¿Están ahí, Señora Norris? ¿Los hueles? —la voz de Filch sonaba ahora aún más cerca, amplificada y repetida por el eco en los pasillos vacíos.

Esta vez, tanto Draco como la chica reaccionaron y se alejaron lentamente para mirarse durante unos segundos a los ojos. Ambos sabían que si Filch les pillaba, las consecuencias serían terribles. Tenían que huir.

—Vamos —susurró el chico sujetándola por la muñeca para obligarle a seguirle, pero ella no se movió del sitio. Draco la miró molesto e iba a preguntarle que demonios sucedía cuando vio que la chica sacaba su varita y apuntaba con ella a la puerta. Sin decir palabra, mostrando una perfecta ejecución de los hechizos no verbales, Hermione selló la puerta con un hechizo. En ese instante ambos vieron como desde el otro lado de la puerta, alguien giraba la manilla lentamente.

—¡Gárgolas galopantes! —masculló la familiar voz de Filch —Esta puerta está cerrada, nadie puede haber entrado aquí, Sra. Norris. Sigamos buscando, que no se escapen...

Ninguno de los dos se movió, ni apenas respiró, hasta que los pasos del conserje dejaron de resonar por los pasillos vacíos. Después ambos se miraron, el miedo a que los descubrieran había pasado y ahora estaban de nuevo a solas... después de haberse besado durante minutos quizás. Hermione miraba al chico completamente colorada y se retorcíó las manos, nerviosa. Aún se estremecía solo de pensar en lo que acababan de hacer y se sentía insegura ante la reacción de él.

Ciertamente, Draco no sabía qué demonios hacer o decir y eso lo llenaba de rabia, se sentía como un estúpido, ahí parado, limitándose a observarla e intentado no mirar esos labios humedecidos por él. No podía parar de pensar en su boca y en cuánto le apetecía volver a besarla...pero, ¡era Granger! ¿En qué demonios estaba pensando? ¡Había besado a una sangre sucia!

—¿Qué has hecho?— espetó bruscamente a la chica.

—¿Que qué he hecho? —inquirió ella confusa.

—¡Si! —le gritó él sujetándola con violencia por los hombros —¿Qué me has hecho?

—No te entiendo.

—Eres una sabelotodo, ¿no? Estoy seguro de que has podido hacer un filtro amoroso perfectamente, de otra manera es imposible que yo... —se interrumpió bruscamente, consciente de lo que había estado apunto de decir.

—¿Que tú qué? —preguntó ella mirándole a los ojos serenamente.

—¡Ya sabes cómo funcionan los filtros amorosos! —le chilló él soltándola bruscamente y mirándola enfurecido.

—No he usado ningún filtro amoroso contigo, Malfoy— respondió Hermione secamente, comenzaba a indignarse. ¿Cómo se atrevía a acusarla de eso? ¡Había sido él quien la había besado!

—Vamos, Granger —dijo él sonriendo cínicamente —Reconócelo, es comprensible. Después de todo no eres la primera ni la última que se vuelve loca por mí.

—¡Eres un engreído estúpido! —le chilló ella, completamente enfadada porque no la creyera y por su prepotencia. Parecía decidido a buscar una explicación al hecho de que la hubiera besado unos minutos atrás en la que él no tuviera nada que ver, y para ello, la acusaba de haberle hechizado porque se había vuelto loca por él.

—Y eso te gusta, ¿no es así? —preguntó él con tono sugerente acercándose a ella sin dejar de mirarla fijamente a los ojos con un brillo burlón. Hermione retrocedió completamente afectada por la cercanía del chico, consciente de su olor y el calor que desprendía su cuerpo aproximándose al suyo, y el sólo evocar sus besos la hicieron enrojecer. Casi lanzó un grito cuando se topó con la pared y Malfoy apoyó sus manos en ella, una a cada lado de la chica. Acercó su rostro al de la joven, deteniéndose tan sólo a un par de centímetros de su boca y susurró:

—Dime, Hermione... —el aliento que escapó del chico al pronunciar su nombre, cosquilleó en los labios de ella —¿Cómo conseguiste que tomara el filtro?

—¡Yo no... —comenzó ella indignada, pero Draco la interrumpió sellando sus labios con los suyos, desarmándola por completo. Unos segundos después, se apartó de ella y la miró a los ojos.

—Te lo preguntaré de nuevo, ¿echaste el filtro en mi comida? ¿Cómo lo hiciste?—le robó un beso fugaz y prosiguió— ¿Y bien?

Ella le miró un instante, consciente de lo que el chico pretendía. Por muy agradables que fueran sus besos jamás reconocería algo que no había hecho y que la denigraba hasta tal punto. Furiosa, apartó al chico de un empujón y clavó sus ojos castaños en él.

—No he echado ningún filtro amoroso en tu comida, Malfoy —le espetó —No caería tan bajo y menos por ti... —en ese momento, sentía que lo odiaba —Así que tienes dos opciones: seguir pensando que te hechicé, lo cual lógicamente no es cierto, o bien preguntarte a ti mismo por qué me has besado. Madura un poco y deja de culpar a los demás de tus acciones, Malfoy —finalizó con rabia y sin perder un segundo más lanzó un "Alohomora" a la puerta y se marchó dando un portazo.

Draco permaneció parado en la misma posición en que se había quedado después de que Hermione le apartara y siguió mirando la puerta cerrada por la que instantes antes ella había salido. Su primera reacción fue maldecirla. Primero se sintió furioso con ella por haberle gritado todas esas cosas, después se asustó al recordar la manera en que la había besado. Sentía un montón de pensamientos y verdades que no quería escuchar arremolinándose en su cabeza, listas para hacerle ver que era un idiota. Pero él no quería pensar. No quería recordar nada de lo que acababa de suceder, de la misma manera que odiaba la sensación que aún tenía en la boca, como si de alguna manera aún siguiera besándola. Salió del aula como una exhalación sin saber muy bien a dónde se dirigía, sólo sabía que quería salir de ese lugar donde había hecho algo que ni siquiera tenía nombre. No quería analizar sus pensamientos por miedo a lo que pudiera descubrir, pero de la misma manera sabía que hasta que no lo hiciera, no seria capaz de encontrar un segundo de paz. Lo del filtro amoroso era una posibilidad, pero aunque nunca lo reconocería ante la Gryffindor, él mismo sabía que no tenía demasiado fundamento. Era prácticamente imposible que ella hubiera metido el filtro en alguna bebida o alimento que él hubiera tomado: sus mesas estaban bien separadas y ella ni siquiera se acercaba a la de los Slytherin.

Lo cual le demostraba que no la había besado por ninguna razón mágica, eso significa que lo había hecho por sí mismo, con plena conciencia y voluntad. Aunque a decir verdad, no recordaba haber deseado besarla, simplemente se había descubierto haciéndolo y había sido incapaz de parar. Recordó las palabras de Hermione "Pregúntate a ti mismo por qué me has besado".

¿Por qué lo había hecho?

Era una sangre sucia, era un ser inferior que para un Malfoy debía tener la misma importancia que una cucaracha aplastada contra la suela de su bota. Debería suscitarle desprecio, repulsión, asco.

Pero no había experimentado ninguno de esos sentimientos cuando la besó. No sabía qué había sentido con exactitud, pero desde luego nada de eso. Fuera lo que fuera lo que sintió, le había gustado.


¡Hola!

Me he dado prisa al poner este capitulo porque no me aguantaba más xD y d todos modos no voy a poder colgar en aproximadamente una semana, asi que esta semana subo de más. Este capitulo es uno de mis preferidos, de momento el que más me gusta de los que llevo escritos (llevo 16 solo xD) porque es el primero en el que sucede algo. Espero que después de tanto esperar por el momento-beso no os haya defraudado. Como veis Hermione se ha marchado cabreada (lo cual es normal) y Draco sin quererlo, ha dicho y dejado ver muchas cosas. ¿Qué pasará ahora? Chum chum...(tensión) xD.

La verdad es que os estoy muy agradecida por todos los reviews y el apoyo recibidos. No tenía muchas esperanzas en esta historia, pero cada vez me siento mejor con ella.

Muchas gracias!

Con cariño, Dry