Capítulo diez: Te quiero, papá
Disclaimer: ¿Es necesario poner siempre esto? ¡¡Edward Cullen es mío!! Pero en mis sueños :( En la realidad son 100 porciento propiedad de Stephenie Meyer.
Bella's POV
- ¿Isabella Swan?
- Sí. ¿Quién es?
- Su padre es el oficial de policía Charlie Swan, ¿no es así? - ¿Charlie? ¿Qué le había sucedido a Charlie?
- Sí. ¿Qué sucede?
- Necesitamos que UD. venga. Hemos de operar a su padre de urgencia. Ahora está camino al hospital
- ¿Operar a Charlie? – Jacob me miró desconcertado - ¿Qué sucedió? Dígamelo – me despedí de todos con la mano y fui corriendo al monovolumen mientras el doctor me decía que había ocurrido.
- Por los síntomas que nos han mencionado los paramédicos, debiese ser apendicitis – eso no siempre es tan grave y me alegró un poco
- ¿Muy avanzado?
- Lo veremos por los exámenes, pero no debería pasarle nada a su padre. Al llegar, le examinaremos y enseguida le llevaremos a pabellón.
- Está bien ¿Dr…?
- Dr. Johanson
- Está bien, Dr. Johanson. Este… le buscaré o algo. Adiós – colgué
¡Maldición! ¿Por qué todo tenía que ser tan malo? Edward se iba, Jacob tenía novia y a Charlie ahora le operaban. ¿¡Qué mierda le había hecho a la vida!? ¿Qué demonios había echo para merecer esto? Hubiese preferido estar yo en estado vegetal a que todo esto sucediera.
Pobre Charlie. Pobre de mi papá. ¿Renée vendría a verle? No estaba segura, pero de lo que de verdad si estaba así, era que debería afrontar esto, técnicamente, sola. Quizá Billy y Jacob viniesen a visitarle, pero no habría ninguno de ellos que me acompañase veinticuatro horas, que me consolasen en sus fríos y duros brazos; esos brazos que me encantaban.
Tuve que detener el coche para poder llorar tranquila. Conducir y lloriquear no dan buen resultado y no necesitábamos a dos Swan en el hospital. Aparte… ¿hoy dormiría sola en casa o acompañaría a Charlie? No eran ni las cuatro de la tarde y todo estaba pésimo; de mal en peor.
Decidí no perder tiempo, secar las lágrimas con las mangas de mi chaleco e ir al hospital. Quizá aún tenía tiempo para hablar unos minutos con Charlie antes de que le metiesen a pabellón; para poder decirle un "te quiero, papá; todo estará bien, no te preocupes", para luego llorar, seguramente, sola
A los diez minutos ya estaba allí. Estacioné el monovolumen y partí corriendo –sabiendo que podía caer- hasta la puerta de entrada. Fui donde las secretarias
- ¿Dónde están las salas de espera para pabellón? – me habían enseñado a saludar; pero no tenía tiempo para ello. Lo que menos me interesaba en ese minuto era la educación.
- Al fondo, a la derecha – dijo con voz monótona.
- Gracias – y caminé rápido hacia allá
Quería correr, llorar, gritar, arrojarme al piso, golpear cosas… pero debía cuidar mi compostura, sin contar que en los hospitales no se puede hacer eso.
Llegué a una sala gris claro, con sofás pegados a la pared que eran de color azul y verde; ambos oscuros y los colores se intercalaban entre ellos. Tenían unas mesas en las esquinas y unas más pequeñas cada cuatro sofás. No era muy alegre, pero tampoco se podía pedir algo que irradiara una felicidad increíble y que te alegrara la vida. Menos si estás en un lugar donde la gente no está bien…
Sólo había una mujer con unos niños pequeños esperando y también había un doctor alto, con el cabello corto de color castaño claro. Pude ver en su bata que decía "Dr. Matthew Johanson." Y obviamente era él.
Me acerqué.
- Dr. Johanson, soy Isabella Swan, hija del jefe de policía Charlie Swan
- Eso creí. ¿Cómo está?
Muy mal. Horrible; pésimo. Decaída y todo mi mundo se vino abajo. Esa era la verdad
- Este… No estoy bien, para serle sincera – debí haberle preguntado cómo estaba él, pero solamente deseaba estar con Charlie. ¿Cuánto tiempo tendría para estar con él antes de que le operaran? Es más; ¿alcanzaría estar con él?- ¿Cómo está Charlie? ¿Ya llegó?
- Se le acaban de sacar los exámenes. En quince minutos le meteremos en pabellón.
- ¿P-puedo verle? – Él asintió - ¿Dónde está?
- En su habitación; la #73. Vaya, no pierda tiempo – me sonrió
- Muchas gracias. – y fui lo más rápido que pude a su habitación
Los pasillos estaban en su gran mayoría vacíos. No supe si era porqué no había nadie aquí o porqué no salían. De todas formas no les culpo si era la última opción; yo tampoco saldría de la habitación de Charlie hasta que hubiera que operarle. Ojala que todo saliese bien… De seguro sería así
Habían unas flechas estampadas en el suelo –que antes no me había dado cuenta que estaban – que guiaban a diferentes lugares. Vi una de color rojo que tenía escrito "Habitaciones Pacientes No Circulatorios" y la seguí.
Llegué, nuevamente, a otro pasillo. Este, estaba dividido en dos; uno a la derecha y el otro a la izquierda. Cada uno tenía un pequeño cartel. El de la derecha decía "Habitaciones # 1 hasta #75" y el de la izquierda tenía escrito "Habitaciones #76 hasta #150". Claramente debía ir por el de la derecha.
Había habitaciones en ambos lados. Los de la derecha iban en orden normal y desde la izquierda, venían en cuenta regresiva desde 75. Eso me dejaba en claro que la habitación de Charlie era la tercera en el lado izquierdo.
Me acerqué a la puerta correspondiente.
"Habitación: #73
Paciente: Charlie Swan"
Toqué y oí la voz de Charlie diciendo "pase". Entré.
- ¿Papá? – dije.
Le vi postrado en la cama. Tenía ojeras oscuras bajo sus ojos y estaba pálido. El cabello revuelto y tenía una aguja introducida en su muñeca. Supuse que le estaban dando algún calmante o quizá suero. También, estaba tapado con una sábana y una frazada. Miré sus manos. En una tenía el control de la TV y en la otra un pequeño "clip" con un láser que estaba en su dedo índice y detrás de él, estaba el monitor que toma las pulsaciones, en silencio.
La habitación era cuadrada y tenía la cama en la que estaba Charlie, una TV, un pequeño sofá-cama –como en todos los hospitales- y una mesa vacía. Las ventanas estaban cerradas y las cortinas levemente abiertas, como para dejar que entrase un poco de luz natural a la habitación. Luces artificiales habían bastantes. Una rectangular pequeña sobre la baranda trasera que tenía la cama, una rectangular grande sobre Charlie, otra, frente a la anterior; del mismo modelo, pero al otro lado de la habitación y unas pequeñas circulares en el pequeño pasillo que había antes de entrar aquí.
- Bella… -dijo él en tono suave y levantó levemente las comisuras de sus labios
- Papá, no hables. No quiero que te canses – sentí como mis ojos se llenaban de lágrimas al ver a mi padre en un estado bastante… doloroso.
- Shh… pequeña, no llores. Todo saldrá bien.
Fui y me senté lentamente en una esquina vacía que había en la cama de Charlie.
- Me alegra que estés aquí. Me sentía incómodo estando solo –dijo apagando la TV
- Si quieres – dije entre lágrimas que me impedían hablar bien – podemos ver el partido de fútbol que veías – intenté sonreír
- Prefiero disfrutar de tu compañía, hija. Ven, dame un abraso – alzó los brazos a una altura comprensible para un hospitalizado
Me levanté y abracé suavemente a papá. Recordé lo importante que era él para mí y le besé la mejilla. En ese minuto, recordé cuanto quiero a Charlie y me arrepentí de todas esas veces que deseé que me dejara sola. Nunca sabes cuando será demasiado tarde para decir un último "te quiero" antes de que alguien se marche; y lo aproveché.
- Papá, te quiero mucho.
- Yo también te quiero, Bella.
- Pase lo que pase, te querré – musité. No sé si logró oírme, ya que no respondió. Quizá asintió ya que sentí, suavemente, como moví la cabeza
Volví a mi lugar en la cama y le observé. Ahora logré comprender un poco más como se sentía Renée cuando yo estuve hospitalizada en Phoenix.
- ¿Por qué no me dijiste? – le pregunté con calma
- ¿Qué cosa? – como si no fuera obvio
- De tu dolor de "estómago". Te hubiese traído aquí si te hubiese seguido doliendo dos horas más – dije refiriéndome a casa
- No quería molestarte – contestó inocentemente
- No me hubiese preocupado. Me molestó más que me llamara el Dr. para decirme que te tenían que operar. ¡Me has preocupado mucho!
- Lo siento. Pensé que iba a caer enfermo del estómago, nada más. No que tendría apendicitis
- Está bien… - se veía tan inocente y eso me confirmó definitivamente que lo que decía no era una excusa; sino que de verdad creyó eso - ¡Venga ya! Veamos un partido de baseball para olvidar esto – dije para subirle el ánimo
- ¿Tú quieres ver un partido de baseball? – me acusó divertido
- Sí, quiero verlo – "para hacerte feliz" terminé la frase en mi fuero interno.
- Vale – me sonrió y prendió la TV en la ESPN – Humm… ¿Qué tal un partido de rugby mejor?
- Como desees. Veré lo que quieras ver
Comenzamos a ver el partido. Realmente no entendía nada de este deporte, peor logré captar que cuando se tiran a las piernas del otro jugador se llama "taclear".
Llevábamos unos cinco o seis minutos viendo el partido cuando sentí unos golpes en la puerta. "Oh-oh" pensé. Seguramente venían a buscar a Charlie para llevarle a pabellón. Ahí, entré en pánico. A Charlie le iban a operar.
o O ° O o
Hola. Primero que nada, disculpen la demora en subir, pero es que he estado muy ocupada y no he podido escribir (es más, aún no termino), pero bueno, no los podía dejar sin fic por tres semanas. ¡Es demasiado! Y yo también extraño subir.
También, que en el capt. anterior me han decepcionado. ¡Sólo tres reviews! Y yo que me esfuerzo tanto estudiando. Aparte, en mi RM de Mayo, dos reviews. Al final, me han hecho sentir mal ¬¬.
Pero bueno, así es la vida y no por eso voy a tener que deprimirme de por vida y no continuar este fic nunca más ¿verdad? Así que aquí esta la continuación.
Atte.- Mikii Cullen
