Francia abre los ojos despertándose sin saber en dónde está ni qué hora es, sintiendo el peso muerto de alguien encima y viendo la luz del cuarto de ese tono en el que no se sabe si está amaneciendo u oscureciendo.

Inglaterra balbucea su nombre en sueños. Francia sonríe dándole un beso en la cabeza y cierra los ojos dispuesto a dormir otra vez... Un instante después se acuerda…

—¡Aargh! —intenta sentarse—. ¿Qué hora es? ¿Qué hora es?

Inglaterra rueda encima suyo cayendo sobre el colchón.

—¿Ah? ¿Ah? —entreabre los ojos.

—¡La hora! ¿Qué hora es? —se abalanza sobre Inglaterra, acostándosele encima para ver el reloj que yo creo que ha dejado en la mesita de noche—. Belgique!

Inglaterra sacude la cabeza, estirándose y se lleva las manos a los ojos... y cuando oye que Francia nombra a Bélgica se despierta del todo.

Meeerde... —murmura viendo que son las seis. Se echa encima de Inglaterra—. Es tan taaaarde... —protesta.

—¡Pues muévete y date prisa! —le empuja un poco.

Non... Cinco minutos... Abrázame —murmura.

—¡No! ¡Venga! ¡Vas a llegar tarde! —protesta aun tratando de apartarle porque además le cuesta horrores mandarle a donde le manda.

—Cinco minutos más, cinco minutos menos... Abrázame —le hunde la nariz en el pelo. Y no quisiera decirlo, pero Francia es como... Una peste. Inglaterra sigue con las manos en sus hombros intentando apartarle.

Franceee! —protesta. (Lo que cueeeeeeeeesta que se levante).

Angleterreeee —murmura él imitándole, separándose de su pelo y mirándole a los ojos sin poder evitar sonreír—. Estás todo pegajoso de aceite —nota. Inglaterra aprieta los ojos.

—¡Es tu culpa!

—Nadie ha dicho que no —se le acerca y le besa con intensidad.

Inglaterra se relaja rindiéndose, porque de hecho estaba peleando para quitarle y Francia sigue en el beso un rato laaaaaargo, hasta que está seguro de que él y el inglés están totalmente satisfechos. E Inglaterra que tiene aún el cerebro medio dormido y medio ido es especialmente dulce y siendo así, pues Francia disfruta más el beso entonces, porque Inglaterra dulce siempre es como un... premio raro.

Al final Francia se separa un poquito, acariciándole la mejilla con la barba y la nariz. Inglaterra sonríe con un "mmmm" de satisfacción, acariciándole la espalda, con los ojos cerrados. Francia sonríe también, dándole un suave beso en el hombro, suspirando. El inglés le aprieta fuerte contra si... y luego se acuerda otra vez de lo que pasa.

—Venga... —pide soltándole un poco, pero con muchas menos ganas que antes.

—Si vamos a ir el viernes, ¿verdad? —le pregunta en un susurro sin atreverse a mirarle. Inglaterra aprieta los ojos llevándose una mano a la cara y bostezando.

—El... Viernes... —balbucea.

Oui... en barco —le mira de reojo.

Yes... —susurra. Francia sonríe, dándole un beso en la mejilla.

—Bien.

El británico baja los brazos del todo al colchón. Francia le mira a los ojos.

—¿Estás bien?

Suspira con los ojos cerrados sin atreverse a responder. El galo le pasa una mano por la mejilla y le da un beso en cada ojo. Los abre mirándole.

—Tienes que ducharte —le recuerda. Frunce la nariz.

—¿Ducharme? ¡Pero si ya es tarde!

—¡Estas pegajoso de aceite tú también! —protesta.

—Argh... sólo me lavo las manos y ya.

—¡No sólo estas pegajoso de las manos! —le riñe. El francés bufa un poco sentándose en la cama.

—¡Voy a llegar tardísimo! —protesta más porque le da seguridad y tranquilidad que le riña y peleen un poco, a despedirse pensando que él se va a una cita y será dramático.

—Yo te he dicho que no hiciéramos esto, git! —replica.

—¿Que no hiciéramos quoi? —le mira de reojo levantándose y estirándose en toda su gloria. Inglaterra aprieta los ojos apartando la cara.

—¡Nada de lo que hemos hecho!

—Bueno, yo no me arrepiento —sonríe levantándose.

—Pues deberías, sinvergüenza —responde buscando sus calzoncillos, que le ha quitado Francia y no sabe dónde los ha dejado. No los va a encontrar, que lo sepa de una vez. Aun así él sigue buscando con esperanza. Francia se mete a bañar.

Inglaterra nota que él también necesita una ducha mientras busca sus calzoncillos. Pica la puerta del baño.

— ¿Que has hecho con mis calzoncillos? —pregunta. Francia abre la llave del agua.

—Los he colgado sobre la bandera que hay en el Palais de l'Élysée.

—Ja, ja, ja... Muy divertido, pero los necesito —insiste.

—Mmm... Creo que deberías olvidar tus calzoncillos, cher —responde con tal tranquilidad.

Why?

—Porque eran blancos, como de... niño pequeño o algo y... no pude resistir la tentación...

You're a bloody wanker! —protesta y le da un golpe a la puerta del baño, recogiendo sus otras prendas y saliendo del cuarto.

—Primer cajón del lado derecho del mueble... ahí hay boxers tuyos —grita antes de que Inglaterra se vaya. Inglaterra sale del cuarto igual, pero registra eso en su memoria.

Tres cuartos de hora más tarde Francia emerge (no sale, EMERGE como diosa de las aguas) de su cuarto... ya bañado, vestido, peinado y perfumado. Mientras Inglaterra ha bajado al recibidor a por sus maletas, ha conseguido ropa limpia, se ha lavado un poco en el baño de abajo, se ha vestido y... Después de pensarlo un poco ha escondido algunos calzoncillos limpios por la casa, por si acaso más adelante... Quien sabe y luego se ha sentado en el salón donde está ojeando una revista porno que había traído consigo para leer en la junta... Está LEYENDO los artículos.

Francia baja mirando el reloj en una actitud ligeramente profesional, entra al salón.

—¿Vamos juntos al aeropuerto?

Inglaterra le mira.

—Eh... U... Ou... Digo, yes —sacude la cabeza. Francia se ríe un poco.

—Nunca es tarde para empezar a hablar mi bello idioma, mon amour —camina hasta la mesita de junto a la puerta y se pone el reloj, la cartera y el teléfono, notando que tiene unas cuatro o cinco llamadas perdidas de Alemania. Levanta las cejas y sin más se guarda el teléfono en el bolsillo.

—¡No hablo tu bloody idioma! Bloody ugly frog! —protesta Inglaterra cerrando su acento y yendo detrás suyo, tomando sus maletas. Francia se ríe un poco por lo bajini abriendo la puerta principal y deteniéndosela para que salga.

—Sí que lo sabes hablar, aunque lo hagas de manera horrible —responde sonriendo. Pasa con el ceño fruncido medio refunfuñante y se espera ahí a que cierre la puerta.

—No, no sé, y lo hago horrible es porque lo es —replica. Ojos azules en blanco cerrando la puerta tras él.

—Tienes una fijación, con ser de lo menos objetivo posible —explica echando la llave.

—Soy perfectamente objetivo —responde mirándole fijamente. Francia levanta una ceja.

—No puedes decirme que no sabes hablar francés, cuando yo te he oído cientos de veces hacerlo y sé que más de la mitad de tu población lo hace.

—Está bien, está bien, sé hablar francés, pero lo detesto. Sólo sé para estar seguro que no vas a usarlo para engañarme en los tratados —responde andado a la puerta del jardín.

—Chico listo —sonríe caminando junto a él y guardándose las manos en las bolsas.

—Jum! of course —responde.

—Pero el francés no es feo... es el idioma más bonito que hay —sonríe.

—Seguramente, si acaso eres una niña de ocho años escribiendo un poema sobre arcoíris y flores rosadas —suelta para picarle.

—¿Tú me estás hablando de arcoíris y flores rosadas? ¿Tú? El chico que habla con absoluta seriedad del UNICORNIO que tiene amarrado en el jardín... —le mira sonriente.

— ¿Qué tiene que ver Morning Star en esto? —pregunta descolocado.

—Que no puedes criticar mi idioma por ser ridículo, cuando tú eres diez veces más ridículo que cualquier miel que suelte mi precioso lenguaje.

—¡Yo no soy ridículo! —se pica. Francia se ríe un poco.

—Dices tener HADAS.

—¡TENGO hadas! ¡y puede oírte, git!

—Es cierto... Campanilla, a la que le gusto —sonríe más.

—¡No le gustas! —protesta de vuelta.

—¡Tú me dijiste un día! —se cruza de brazos.

—¡No! —replica en tono infantil.

—Voy a robártela, de hecho —le pica, bromeando. El inglés abre mucho los ojos.

—¡No va a volver a irse contigo!

Francia levanta un dedo y le toca la nariz. Él la arruga separándose un poco.

—Es mía, tú me la diste —sigue protestando Inglaterra, mirando el dedo.

—¿Si entiendes el significado de una broma? —pregunta sonriendo.

—¡Jum! aun así es mía —se cruza de brazos con el ceño fruncido. Francia se ríe levantando una mano y deteniendo a un taxi. Él le mira de reojo y luego mira a campanilla para asegurarse

Abre la puerta del taxi que se detiene y entra, indicándole al taxista que abra el maletero. Inglaterra se va a atrás a poner las maletas y habla con sus hadas decidiendo que una de ellas va a irse con Francia de momento, para fastidiarle y deciden por unanimidad que va a ser Moonlight.

Francia tararea adentro del taxi, revisando su teléfono y volviendo a flipar un poco con las cinco llamadas de Alemania. Decide que ya le hablará mañana. Inglaterra entra al taxi por la otra puerta con ligera cara de culpable. Francia le mira en cuanto entra, guardándose el teléfono.

—¿Ya has hablado con campanilla? —pregunta un poquito en burla.

—¡No! —responde nervioso. Francia levanta una ceja.

—Ya veo, con esa cara de culpabilidad... ¿Le has pedido que me jale los pies en la noche? —bromea NADA preocupado.

—Ya te he dicho que campanilla no quiere quedarse contigo, no le gustas... no les gustas a ninguna.

—Eso dirán... no les creas. A nadie viniendo de Angleterre puedes creerle eso —le cierra un ojo. Inglaterra y todas las hadas se sonrojan.

—¡No es verdad!

—Negarlo no hace que no sea verdad —sonrisilla.

—¡Repetirlo hasta la saciedad tampoco!

—Me estás dando la razón.

—¡NO! porque tú sólo haces que decirlo una y otra vez, pero no por eso se vuelve cierto —razona.

—No necesitamos que se VUELVA cierto... ES cierto y punto, no importa cuanto lo niegues.

—¡Es falso y punto! ¡No importa cuánto intentes que no lo sea! —responde en el mismo tono.

—¿Para que querría yo que no lo fuera? —le mira sonriendo.

—Porque eres así de presumido y seguro te siente muy guapo y muy atractivo y todas esas cosas que no eres.

—¿Cómo es que el mundo entero difiere de tu opinión? No puede ser que todos estén mal menos tú...

—¡El mundo entero no cree que seas muy guapo y muy atractivo! Solo tú te lo crees con esa postura sexy que llevas —replica—. ¡y si te lo dicen es porque no son sinceros contigo!

Le mira, levantando las cejas y con media sonrisa.

—¿Y por qué el mundo entero estaría tan interesado en mentirme?

—Porque eres un pesado de mucho cuidado y así les dejas en paz —sentencia muy convencido

—Que divertido debe ser ver el mundo con esos cristales de fantasía con el que los ves tú... —se ríe. Inglaterra le mira con la boca abierta.

—¡Ningún cristal de fantasía, git! —protesta dándole un golpe en el brazo, no muy fuerte. Francia se ríe más pasándose una mano por el pelo. Él le saca la lengua.

Git!

Le pone un dedo en la mejilla y le aprieta.

—Pero así me quieres.

Aparta la cara.

—¡NO TE QUIERO!

Mais oui, ¡si lo haces! —replica sonriendo aun, buscándole la cara con el dedo.

—¡No es cierto! —apartándose un poco más, pero mirándole. Él le sonríe.

—Claro que sí.

—¡No!

Ooooui —se ríe un poco acercándosele más.

—Noooo —se le acerca también.

—¡Claro que sí, puedo verlo en tus ojos! —le pica la mejilla de nuevo puesto que ahora está de nuevo a su alcance.

—¡No es cierto! — se tapa los ojos.

Mais oui... puedo sentirlo en tus besos —susurra y le besa con suavidad.

Inglaterra suelta las manos de los ojos y tiene que hacer un esfuerzo para no dejarse llevar por el beso. Francia se le separa, mirándole a los ojos y sonriendo. Le cierra un ojo. El inglés se sonroja.

—Imbécil! —le empuja un poco. Francia se ríe.

—Y así, señoras y señores, es como Angleterre admite que me quiere.

—¡No he admitido nada! Wine bastard! —histérico. Francia parpadea, mirándole intensamente.

—Es una pena que no prestes más atención... —susurra.

—¿Ah? —se detiene descolocado. Él le sonríe un poco.

—No eres el único que dice cosas.

—¿Que dice qué cosas?

Ojos en blanco. El británico frunce el ceño.

—Hablo de cosas con los besos y los ojos y eso —explica perdiendo un poco el ritmo, pero picándole de nuevo en la mejilla.

—Ah... Ya lo sé, git —ojos en blanco.

El galo frunce el ceño, algo descolocado, quitándole la mano de la mejilla.

—Pero tú eres muy cuuuursi —se burla. Francia parpadea un par de veces y se cruza de brazos, alejándose un poco. Inglaterra Inclina la cabeza—. What?

— ¡Jum! Yo no soy cursi —replica. Ojos en blanco.

Of course you are! ¡Tú está hablando de decir cosas con los besos!

—¡Eso no es cursi!

—¿Qué lo es según tú? —pregunta retórico.

—Eso es... ¡sensible! Y es en lo único en lo que yo me baso, dado que de tu boca solo suelen salir cosas tontas —le mira, hablando más como "ojos en blanco" que de manera sensible. Es decir, no está haciendo drama en plan buaaaaaaa... me dices cosas horriiiiiiiiibles.

—No salen cosas tontas, ¡tú no sabes hablar de nada más! —le acusa de vuelta. Él levanta las cejas, porque eso último no le cae en gracia.

—Yo no sé hablar de nada más...

—Eso he dicho.

—Pues no sé para qué pierdes el tiempo hablando conmigo si sólo se hablar de cosas cursis.

What?

—Perdóname por decirte cosas bonitas, no vuelvo a hacerlo —hace como que se cierra la boca con una cremallera. Inglaterra le mira un poco desconsolado. Parpadea—. Ash... ven acá, lapin —le abraza.

—¡Aaaaaargh! —protesta cuando le abraza moviéndose un poco—. Empalagosopegajosooo —protesta intentando que le suelte no muy en serio, medio descojonado.

—Eres un quejiche y yo soy un idiota por hacerte caso... —ojos en blanco, mientras entran a la zona del aeropuerto—. Mon petit chou, mon petit lapin, mon petit oiseau des iles. mon coeure...

Blereeeg —hace sonido de vomitar mientras sigue moviéndose y riendo—. No soy un quejicaaaa.

—Eres todo lo quejica que se puede, mon puce! —le pellizca una mejilla.

—¡No es cierto! —aparta la cara.

Mon dieu... —ojos en blanco aunque le busca y le besa la mejilla.

—Tú eres todo lo molesto que se puede —le mira a los ojos. Francia sonríe.

—Entonces estoy haciéndolo bien.

Bufa. Francia se ríe volviendo a besarle la mejilla.

—Ya no te apures, pronto vas a dejar de tener esta peste molesta junto a ti todo el tiempo. Y tendrás tiempo de extrañarme y recordar todas las cosas que hago bien —se ríe un poco.

Inglaterra se muerde el labio y se mueve apartándose, sin sonreír. Francia sonríe un poquito, porque esto quiere decir que sí que le va a extrañar. Le hunde una mano en el pelo.

—El viernes pasó por ti temprano...

—Céntrate en lo que tienes que centrarte, ya hablaremos de eso —responde duro frunciendo el ceño, repitiéndose a si mismo que esto es lo mejor, para convencerse. Francia le aprieta el pelo y se lo jala para que gire la cara hacia él—. Aaah! —protesta llevándose la mano al pelo.

—¡No seas dramático! — que no se lo ha jalado TAN fuerte.

—¡¿A ti no te gusta y me lo haces a mí?! —pregunta con el ceño fruncido. El galo sonríe.

—¡A ver si así aprendes por qué no me gusta! Dame un beso —pide.

—¿Y si no quiero? —replica.

—Entonces no habrá beso de despedida —responde con voz suave y un dejo de sonrisilla.

—¡Jum! Noquierounbloodybesodedespedidaniquierounbesoahoraniquierounbesonuncannimeimporta.

Le acaricia la mejilla y el taxi se detiene. Le mira intensamente a los ojos. Inglaterra le mira un segundo también… y se baja.

—¡Jum! —Francia se baja tras él con el ceño fruncido, pagándole al conductor—. Merde Angleterre! ¡Se supone que tenías que besarme! —protesta. Inglaterra vuelve a su lado con el ceño fruncido y las maletas a cuestas. Francia le mira.

—Muérete, o algo de eso —susurra y empieza a andar hacia la terminal de mal humor.

—Hey! Qué... Argh! Angleterre!—anda tras él.

What? —pregunta sin mirarle ni detenerse. Le sigue.

— ¿Qué pasa? ¡Al menos déjame besarte yo de despedida! —protesta.

—¡Yo no quiero un beso! —miente porque está enfadado, porque Francia se va a la bloody cita y le da celos.

—¡Pero yo sí! —le toma del brazo—. Si no me besas de despedida y mi avión se cae… ¡vas a arrepentirte toda la vida! —se ríe por el cliché. El de ojos verdes parpadea—. ¿Qué tal que algo pasa y nunca nos besamos de nuevo, eh? —susurra sin dejar de sonreír, pero pensando en Austria y en Alemania que le ha hablado mil veces, y en Rusia y América. El británico se sonroja.

—Eso del avión es la estupidez más grande que podrías haber dicho.

—Es posible —sonríe y se muerde el labio.

Inglaterra le mira pensando que quizás funcione lo de Bélgica y entonces... traga saliva. Francia le pasa una mano por el pelo.

—Me das este beso y... te puedes olvidar de mí un rato —sonríe acercándose a él. El inglés sigue mirándole un poco desconsolado porque en realidad no quiere olvidarse de él ni un rato ni para siempre ni nada de nada. Él se le acerca y le besa. E Inglaterra se lo come, pensando en lo de Bélgica y... pues alguien va a tener que separarles.

Alguien en la calle aplaude y les silva, y Francia aprieta a Inglaterra contra él, aunque se separa del beso. Inglaterra ni lo había notado, se tensa intentando soltarse.

—Shh... shh! —susurra pasándole una mano por el pelo.

But... but... —trata de soltarse otra vez.

—Son franceses, cher...

Dirty ugly french people! —trata de soltarse—. ¿Por qué silban?

—Porque me tienen envidia —responde sin dejarle ir—. Ignóralos —susurra.

—Nadie te tiene envidia, no seas tan presumido —protesta.

— ¿Presumido yo? Estoy diciendo que me tienen envidia por estar besándote a ti... es un cumplido —le mira a los ojos.

El inglés se queda con la boca abierta unos instantes, mirándole y luego hunde la cara en su cuello, escondiéndose.

Git!

Francia le abraza sonriendo y acariciándole la espalda, porque le gusta mucho que haga eso. Inglaterra sigue sin moverse, dejándole, pensando en que no quiere irse y odia a la estúpida Bélgica y la estúpida cita y el estúpido G8 y al estúpido Francia y al estúpido América y a todo el estúpido mundo.

—¿Y si no voy con Belgique y volvemos a casa? —susurra realmente no muy en serio, pero es que... no quiere irse tampoco en realidad—. ¿O si tomamos un avión juntos a las Bahamas? —bromea.

—Shutupshutupshutup —pide. El galo se calla abrazándole con más fuerza, acariciándole la espalda.

—Vamos a... vamos a hacer algo, ¿vale? Yo... voy a ir a comprar el periódico y tú... vas a ir al baño y... —traga saliva—. Vamos a hacer como que nos vemos en el avión... —traga saliva de nuevo, al cabo de unos segundos Inglaterra se mueve para que le suelte. Le suelta.

—Ya basta. No hagas un drama, France —sentencia poniéndose bien las bolsas, en un tono serio y distante intentando calmarse y contenerse a si mismo para facilitarle las cosas.

—Nos vemos el viernes —susurra metiéndose las manos a los bolsillos. Inglaterra traga saliva.

Goodbye —responde y se da la vuelta para alejarse.

—Te quiero —susurra antes de darse la vuelta también, haciendo tripas corazón y pensando que odia esto como pocas cosa.

El inglés tiembla todo él con un sobreesfuerzo por no volverse y... Bueno, todo lo que quiere hacer. Francia aprieta los ojos, caminando con fuerza, secretamente esperando que Inglaterra le alcance por la espalda y le bese y le diga que no vaya y que vuelvan a casa y... todo lo demás. Aunque en el fondo, sabe que no va a pasar esta vez.

Compra unas flores en el aeropuerto en cuanto llega, unas cualquiera en realidad y se dirige en taxi a casa de Bélgica pensando en Inglaterra, en él mismo y en que realmente sigue sin tener ganas de tener esta cita, machacándose por ello. Terminando por hacerse a sí mismo la promesa de intentar que la noche vaya lo mejor posible y decirle a Bélgica en algún momento que en realidad está saliendo con alguien más. Cuando el taxi lo deja en la puerta, está incluso ligeramente nervioso. Toca el timbre con algunos minutos de retraso.

Bélgica lleva perfectamente duchada, vestida y maquillada desde como las cinco de la tarde, está sentada en la sala leyendo, mirando el reloj y el móvil simultáneamente, preguntándose si debería llamar a Francia. Pone el punto de libro y se levanta corriendo a comprobar que todo su pelo y maquillaje está en su sitio y respira profundamente un par de veces antes de abrir la puerta con una sonrisa.

Francia suspira en cuanto abre la puerta y le sonríe a Bélgica con su mejor sonrisa... o al menos eso intenta, pasándose una mano por el pelo.

Belgique... allò!

Ella se sonroja un poco y ríe como idiota abriendo para dejarle entrar. Francia entra dándole las flores en las manos y doble beso.

— ¿Cómo estás, ma cher?

—Ah, merci —agradece por las flores mientras le da los dos besos—. Son muy bonitas, no tenías por qué molestarte —risita.

—No es ninguna molestia, cherie —camina un poco hasta la sala, con las manos en los bolsillos—. ¿Cómo has estado?

Ella va a por un jarrón para ponerlas.

—Bien, bien, un poco ocupada con los asuntos de la Unión Europea, ¿y tú? ¿Cómo fue el G8? —pregunta arreglando las flores dos o tres veces de manera un poco compulsiva sin que acaben de quedarle como le gusta. Francia suspira.

—Bien, el G8 bien... largo y cansado como siempre, pero esas cosas pasan —sonríe sentándose en la sala.

—¿Puedo ofrecerte algo que tomar? ¿Unos bombones? —ofrece amablemente cuando deja en paz las flores. Él se encoge de hombros.

— ¿Quieres tomar algo? Tengo reservaciones a las diez en el Pastorale, si te parece bien.

—Ah —sonríe abiertamente—. Claro, es perfecto, pero como aún queda un rato.

Oui, oui...

—¡Bebamos que la noche es joven! —se levanta sonriendo.

—Te ayudo a servirlo, ¿tú qué quieres? —acercándosele por la espalda y poniéndole una mano en ella. Risita tonta nuevamente y un ligero sonrojo.

—Quizás... una cerveza, pero no te molestes, puedo yo sola —risita de nuevo.

Non, non... no es ninguna molestia —la toma de la cintura sin pensarlo demasiado y mira por encima de su hombro—. Recuerdo una cerveza que haces, Delirium tremens... que es la cerveza más deliciosa que he probado en mi vida.

Bélgica va a la nevera en donde tiene de esa y de todas las otras que se le han ocurrido además de una gran variedad de vinos de todos los colores por si acaso esto pasaba, saca dos de ellas.

Francia la sigue hasta la cocina, claro está y toma las botellas de la mano de Bélgica.

—¡Eeeesta es mi chica! —sonríe buscando un destapador de botellas en el primer cajón que encuentra.

—¡Ah! espera, está aquí —abre otro cajón y se lo tiende con una sonrisita... hasta que nota un par de segundos demasiado tarde que tiene las dos manos ocupadas con las dos botellas, así que se sonroja y se pone a abrirlas—. Pardon.

Francia la mira, sonriendo un poco por lo sonrojado y torpe, aunque bastante acostumbrado a ello.

—¿De dónde saco dos copas? —pregunta en un tono más grave de lo habitual.

Ah! oui... —vuelve a guardar el abridor buscando en otro armario y sacándolas. Francia se ríe un poquito.

—Si sigues consintiéndome así vas a echarme a perder, mon amour.

Sonríe satisfecha por eso.

—Un poco de consentimiento de tanto en tanto no viene mal.

—Ten cuidado, cherie, que como sigas diciendo eso no vas a poder quitarme de encima tuyo —responde él haciendo todo esto en automático, claro está, sin pensar ni siquiera un poco en las implicaciones.

Ella vuelve a reírse mientras vierte la cerveza en las copas y le tiende una. Francia la toma pasándose una mano en el pelo y extendiéndola hacia ella para brindar.

—Por el consentimiento...

Se ríe y brinda la copa asintiendo, un poco sonrojada otra vez. Francia toma un trago y se da la media vuelta, yendo a la sala.

—¿Y qué tal has estado además de trabajar, qué tan bien te trata la vida?

Ella le sigue.

—Pues bastante bien, un poco aburrida... es decir, es... aburrido después de un tiempo ir a tantas fiestas y convenciones y todo eso —intenta hacerse la interesante y toma un traga largo de cerveza.

—Mmmm... Depende de con quien vayas —sonríe pensando en Inglaterra—. Al final del día, es más divertido eso que estar todo el tiempo en la oficina, non?

Oh, oui, oui, claro —se ríe tontamente de nuevo.

—Pero no tenemos que hablar del trabajo, cherie, cuéntame algo más divertido...

—Algo... ¿más divertido? —ligeramente en pánico, porque Bélgica casi no hace nada más que trabajar.

Mais oui... debe haber algo más interesante que puedas contarme, non? ¿O me has llamado para hablar de trabajo? —levanta una ceja, por un momento esperanzado.

—Ah, no, no... Solo... pensé que hacía mucho que no nos veíamos y... —nerviosa. Él suspira sentándose en el sillón.

— ME alegra, porque yo estoy harto del trabajo —cínico—. Quizás tengas algún chisme divertido que contarme... ¿cómo está Hollande?

—Bien —sonríe—, habría querido venir hoy y verte también, pero al final no pudo ser —miente porque ni siquiera se lo dijo. Francia levanta una ceja, confundido, pero sigue sonriendo.

— Me habría dado gusto verlo —miente de regreso.

—Y de los demás... nada que no sepas seguro mejor tú que yo, hablo con Allemagne el que más, pero tú le viste hace poco, así que supongo que ya sabes cómo esta —sonrisa amable.

Oui... de hecho hoy mismo me habló hace rato varias veces, no tengo idea de para que... —se encoge de hombros—. Debe ser el trabajo o que quiere una cita conmigo, no estoy seguro...

—Ah... —se muerde el labio con eso de la cita. Él se ríe de la reacción de Bélgica.

—Estoy jugando

Non, es que... Italie... —le mira— A veces me cuenta cosas.

Francia le sonríe.

— ¿Cosas como cuáles?

—Como... como está con Espange... y su frére con Allemagne y eso —sonríe de lado.

Francia frunce un poco el ceño sin entender muy bien a qué viene todo esto.

Mais oui, están los dos perfectamente bien con sus respectivos... acabo de verlos a ambos esta semana.

—Ah, me alegro mucho —asiente ella.

Francia le da un trago a su cerveza y paladea el sabor que es extraordinario (sabe a flores... a MUCHAS flores...)

Dieu con esta cerveza, es fantástica.

Risita idiota.

Ah, merci.

—Quizás un día puedas enseñarme a hacer cerveza... me temo que a mí sólo me sale extraordinariamente bien el vino... —se ríe.

—Ah, claro, en realidad es bastante fácil —sonríe e insertar aquí explicación rápida de como se hace la cerveza.

Francia le escucha aunque sabe perfecto como hacerla en realidad, sólo que no le interesa demasiado, pero sigue a la chica con absoluta atención, haciendo preguntas y comentarios a las explicaciones. Cuando al fin termina y él se ha terminado su cerveza, le sonríe.

—Quizás deberíamos irnos, mon ami.

—Bueno, y eso es básicamente el proceso... no creo que tengas muchos problemas, tú eres muy bueno con cualquier cosa de cocina —sonríe. Él se ríe.

—Como me sigas diciendo cosas bonitas, voy a terminar creyéndomelas, cherie.

—Pues por qué no ibas a creerlas sin son ciertas —sonríe también.

Touché! —le cierra un ojo y se levanta riendo y extendiéndole una mano para ayudarla a levantarse.

Ella se la toma sonrojándose un poquito y apartando la vista con una risita. La levanta del sillón abrazándola de la cintura y quedándose ahí unos instantes. Y todos pensamos, dios mío con Francia, no quiero imaginarme cómo le haríamos si realmente quisiera tener la cita.

Bélgica vuelve a reírse tontamente, llevándose una mano a los labios. Francia suspira, tratando de no hacer los ojos en blanco por la risita idiota, pensando que quizás preferiría a alguien refunfuñando e intentando apartarle, o al mismo alguien paralizado por lo que hace, o cualquier cosa que no sea esta chica con su risita boba (lo siento Bélgica).

Ella sigue mirándole sin darse cuenta del fastidio, claro, medio sonrojada medio tímida, esperando a ver qué hace. La cosa es que... este es Francia y lo hace naturalmente por lo que veo, aun cuando no tenga tanto espíritu. Le besa suavemente la mejilla y luego la suelta.

—Vámonos.

Ella se sonroja y se ríe.

Oui.

Y Francia piensa que esta situación lo va a llevar irremediablemente a un camino... que no le apetece realmente. Toma nota de hacer un esfuerzo por cambiar la actitud, aunque no tiene idea de cómo. Camina hasta la puerta.

—¿Ya tienes todas tus cosas? ¿Bolso? Parfume? ¿Lápiz labial? —sonríe.

—Ehm... oui, claro —responde tomándolo de la mesita de la entrada junto con las llaves.

Fantastique —abre la puerta—. He venido en taxi, supongo que no te molestará caminar las calles de Belgique del brazo de un chico galante como yo, intentando conseguir un medio de transporte digno de una chica hermosa como tú...

Vuelve a reírse tonta.

—Claro que no, ojalá nos encontráramos a gente conocida, así podría presumirles.

—¿Presumirles tú? ¡Mon dieu, si del que tendrían envidia seria de mí! —se ríe aunque se le hace un nudo en el estómago pensando que hace poco rato le ha dicho la misma línea a Inglaterra. Parpadea lentamente. Ella se ríe.

—No creo que haya nadie en el mundo que te crea esa.

—Pues entonces toda la gente del mundo está loca —piensa en abrazarla y besarla porque es lo que usualmente haría a estas alturas y esta cien por ciento seguro de que Bélgica le besaría de regreso. Carraspea—. El mundo contra France.

—¿Y por qué iba el mundo a estar en tu contra? —pregunta mirándole.

—Pues si piensan que no son... ¿Dignos de tenerme envidia? —pregunta un poco perdido de su propio comentario. Bélgica se ríe.

—Pero si tú eres encantador, cher.

—Ya te he dicho yo que vas a terminar por hacer que me lo crea... —le sonríe.

—No sé porque no ibas a hacerlo —sonríe de vuelta.

—Luego me dicen por ahí que soy un engreído y egocéntrico por creérmelo —le pone una mano en la espalda mientras caminan por la calle buscando un taxi.

—Eso es que no te conocen —sigue muy orgullosa de sí misma por estar consiguiendo adularle un poco, porque eso suele hacer feliz a la gente y hacerlas sentir bien. La mira de reojo.

—O que me conocen demasiado bien, no sabría decirlo —sonriendo. — ¿Te he dicho ya lo bien que te ves?

—Pues... non, pero ahora oui, merci —parpadea un poco, deprisa.

Francia la mira a los ojos intensamente. Ella deja de parpadear, mirándole también sin entender. Francia mira al frente y detiene un taxi. Bélgica se muerde el labio pensando en si habrá hecho o dicho algo mal, o si esperaba que dijera algo o… algo.

—Ehm... tú también te ves muy bien, aunque tú siempre te ves muy bien —trata de arreglar un poco tarde.

El francés se ríe un poco, notando otra vez que Bélgica quiere adularle y que a estas alturas sería capaz de decirle cualquier cosa con tal de hacer que se sienta bien.

Merci, cherie —la mira parpadeando lentamente con cara de seductor, deteniéndole la puerta del taxi para que entre delante de él. Ella se sonroja, vuelve a hacer su risita idiota y se mete al taxi—. Y... ¿has salido con alguien últimamente? —pregunta después de darle las instrucciones al taxista de a dónde van.

—Ah, pues... —se tensa un poco—. Ehm... Oui, algunas veces —miente para no parecer desesperada—, pero nada serio.

Francia entiende eso como "no he salido hace tiempo con nadie y estoy un poco desesperada", se tensa un poco, pero le sonríe.

— ¿Y tú? —pregunta casualmente, aunque recuerda lo que le dijo Inglaterra sobre que hablaba de ella.

Él abre la boca y levanta las cejas... sin saber que responder, pensando que el resto de la cena quizás sea un desastre y que definitivamente no sabe hacer esto si no es flirteosamente, entra un poco en pánico, humedeciéndose los labios y sonriendo.

—Pueeeees... —se encoge de hombros haciendo un poco cara de culpable, pero sonriendo.

—Oh, ya me imagino —hace una risita de nuevo—, pero es normal, tú siempre tienes muchas citas, ¿no?

Francia se ríe.

—De hecho no he salido tanto últimamente —contesta con sinceridad y luego mira hacia afuera—. ¿Has ido al Pastorale alguna vez?

—Pues... oui, una vez, hace mucho tiempo, es bueno —asegura.

—Me lo han recomendado... Espero que te parezca bien, al parecer es de comida local, oui? He visto eso en la página de internet cuando he buscado las reservaciones...

Oui, oui, es un excelente lugar —sonrisa.

Francia suspira, mirando por la ventana, pensando que es muy difícil tener una cita cuando uno no quiere terminar acostándose con la chica... al final, es mucho más fácil pasarse todo un camino del taxi besuqueando a la víctima en la parte de atrás del coche que hablando de cosas sin sentido cuando se podría estar durmiendo abrazado de Inglaterra en su cama. Cierra los ojos y sacude la cabeza.

—Y... ¿qué es lo que te hizo acordarte de este buen chico?

—Ah, pues... —se pone nerviosa pensando que Inglaterra le dijo específicamente que no le nombrara—, ya te lo dije, estaba revisando los presupuestos y las fechas y vi tu nombre y... ¿no has sentido esa sensación en la que dos personas tienen de repente la misma idea sin hablarse ni nada? —sonríe tímidamente esperando que eso le dé una idea a Francia según lo que le dijo Inglaterra.

Francia parpadea, un segundo, pensando que él no se ha acordado de Bélgica en un tiempo bastante, bastante largo... sonríe encantador frunciendo un poquito el ceño.

Mais oui, ¡por supuesto!

La chica sonríe más.

—Yo... también estaba pensando en ti, claro —miente desviando la mirada, pensando de dónde ha obtenido la idea esta chica—. Me ha dado mucho gusto recibir tu llamada en realidad —algo incomodillo. Bélgica suelta una risita, encantada—. Aunque he de confesar que no estaba yo cien por ciento seguro de lo que esperabas tú de esta cita —suelta como quien no quiere la cosa, mirándola de reojo. Ella parpadea.

¿Qué... esperaba? —repite lentamente porque no entiende la pregunta.

Oui —la mira, el taxi se detiene en el restaurante.

—Pues... no... No lo sé —se sonroja un poco sin saber que pretende que le diga—. Vol... volver a vernos, antes nos llevábamos muy bien y solo... bueno, no está de más verse con los viejos amigos de tanto en tanto, ¿no? —explica en eufemismo, porque no quiere quedar como una guarra.

Francia la mira un instante, suponiendo que la chica quiere como todo el mundo, sexo... pero sin saber realmente si quiere algo más y pensando en qué tanto va a romperle el corazón si le dice que está viendo a alguien más y qué tanto va a necesitar realmente tener sexo con ella.

— A mí me agrada la idea de salir con los viejos amigos —le da la razón, sonriendo y abriendo la puerta del taxi.

Bélgica sonríe y sale tendiéndole la mano para que la ayude a salir. Francia le ayuda, tomándola suavemente de la cintura en cuanto sale y ahí tienes tu risita idiota de nuevo, muchacho. La mira, sonriendo un poco forzadamente, pensando que quizás debería hacer algo con esta risita antes de que empiece a exasperarle demasiado... quizás la guillotina... Se aclara la garganta y la empuja suavemente hasta la puerta, bajando sin pensar la mano un poco más de lo que debería.

Ella abre los ojos como platos y se sonroja al notarlo, pero no le aparta ni protesta si no que se lleva una mano a la boca y se ríe otra vez. (Lo siento, me gusta Bélgica riendo idiota). Francia arruga un poco la nariz quitando la mano de ahí de manera más sutil de como la puso.

—¿Cuándo nos vimos por última vez, mon ami?

—Pues... en primavera, ¿no? en la última reunión de la Unión Europea... tú habías estado en el hospital hacia poco —explica un poco decepcionada de que haya quitado la mano, pero sin hacer comentarios.

—Ahh... oui, esa vez, pffft, no uno de mis momentos más brillantes, ciertamente. No me gustan los hospitales. Hace tiempo de ello, es verdad —se voltea con el mesero para indicarle que tiene una reservación y el chico los lleva hasta su mesa. Francia vuelve a ponerle una mano en el culo sin pensar, invitándola a pasar frente a él y ella repite el proceso—. Por cierto, ¿sabes que Suisse y Autriche se reconciliaron? — pregunta intentando buscar algún tema, jalándole la silla para que se siente.

—Ah... non, no sabía nada, Autriche suele centrarse en hablar de trabajo y no hablo mucho con Suisse —explica sentándose, agradeciendo el gesto con una inclinación de cabeza. Francia le sonríe sentándose frente a ella.

Mais oui! Ahora de hecho no solo son amigos, son... bastante más que eso, entiendo que Suisse puede ser bastante vocal cuando Autriche se lo propone —le cierra un ojo. Ella levanta las cejas.

—Eso es estupendo, ¿hace mucho de ello?

—Mmmm... Desde el año pasado, creo yo. Igualmente, Canada está empezando a salir con Liechtenstein.

—Oh... ¿quién?

—Y Prusse con Hongrie —se ríe y corta la risa en cuanto escucha la pregunta, levantando las cejas.

—Ah, oui, de Prusse si sabía, Italie me contó —aclara rápidamente porque ha notado que se le ha cortado la risa.

Canada... mon garçon —responde a su pregunta—. Al norte de Amerique...

—Ah! Canada, oui, oui, ahora caigo — sonríe. Él le sonríe un poco forzado.

— Y... bueno, Angleterre está... — se incomoda un poco, pero le parece importante dejarlo claro, especialmente porque más tarde va a confesarle que está saliendo con alguien y esto al menos debe servir de algo—, saliendo con Amerique.

—Ah, oui, eso también lo sabía —sonríe.

Oui? ¿Quién te ha contado?

Non, non... hace tiempo... en verano... Amerique mandó un montón de osos de peluche y bombones y flores y regalos a la embajada de Angleterre en Bruxelles.

—Ahh... oui —sonríe un poco de lado, pasándose una mano por el pelo y sacando un cigarrillo de su cigarrera mientras el mesero viene a preguntarles que quieren beber y Francia pide champagne en automático—, ese fue un momento un poco ridicule para Angleterre.

—A mí me pareció muy cuqui de parte de Amerique —confiesa.

—Muy... quoi? —le ofrece un cigarrillo.

—Muy... mono, muy cute —explica porque cuqui es una expresión demasiado española al parecer, niega con la cabeza al cigarrillo.

Oui, muy... mono. Así es él al parecer, para la incomodidad de Angleterre —suelta una bocanada de humo directamente hacia el techo.

—¿A Angleterre no se lo pareció? —pregunta.

—Y yo qué sé... no hablemos de él, por favor... que me pone enfermo —se ríe un poco—. ¿Qué recomiendas comer aquí? —pregunta abriendo el menú que les trae el mesero.

—Ah... —vacila pensando que él sacó el tema—. Los mejillones, por supuesto, son exquisitos —explica ella. Se rasca la barbilla pensando que él comió sopa de pescado y que quizás preferiría comer algo distinto, sin embargo asiente.

—Bien, ¿mejillones y qué más?

—Ah, lo que te apetezca... quizás el codillo... o algo de verdura —propone—. El arroz también está muy bueno.

Non, he comido arroz —responde sin prestarle mucha atención.

—Ah... hum... pues... lo que quieras... hay algunos platos tuyos —propone.


Los intentos de Inglaterra para arreglar el mundo parecen no tener fin. ¡No olvides agradecer a Holly su beteo y edición!