En el capítulo anterior...

- Dame la varita –dijo él, separándose.

Y ella no pudo hacer nada más que dársela.

- Practicad mucho estos días. Pronto será el momento de acabar con todo esto –dijo Severus, girándose hacia la ventana, dispuesto a marcharse. –Yo acabaré con Nagini el mismo día que vosotros ataquéis al Lord. El cuartel está protegido mediante el hechizo fidelius, así que habrá que planearlo todo muy bien. Tendréis que estar preparados, pues en cualquier momento puede darse el momento idóneo para atacar. Me pondré en contacto contigo.

- Severus... Señor –le interrumpió ella antes de que saltase por la ventana. –Yo os bajaré hasta abajo, así no tendréis que hacer tanto esfuerzo.

Aunque no dijo o hizo nada, ella supo que le estaba agradecido.

Cuando él estaba llegando al límite de la barrera antiaparición, Hermione no pudo evitar decirle unas últimas palbras.

- ¡Ten cuidado! –y él se giró y, mirándola a los ojos, le dijo sin palabras que lo intentaría, mientras susurraba el hechizo para desaparecerse.

Y Hermione tardó aún algunos minutos a bajar a desayunar, quedándose de pie delante de la ventana con la mirada fija en un punto y el sabor de un beso bailándole en los labios adolescentes.


CAPÍTULO 10: Callejón Diagon

- Hermione, a mi no me engañas. A ti te pasa algo.

Ginny Weasley había conseguido encerrarla en su habitación y no parecía dispuesta a dejarla marchar hasta que le contase lo que fuera que le estuviese pasando. Porque si algo caracterizaba a la pelirroja era su testarudez. Esto, y su asombrosa capacidad de darse cuenta de cosas a las que otros no prestaban atención, como que Hermione últimamente estaba como ida, apenas comía y, de repente, le daba por engullir todo lo que tuviese delante.

Y Ginny sabía que su amiga no era bulímica, por mucho que alguna mañana le hubiese parecido oírla vomitar. Más que nada, porque la conocía bien y porque últimamente había engordado un poquito. Aunque eso no se lo diría. Merlín sabe que esas cosas no saldrían de su mente.

De todos modos, no se dejaría llevar por sus propias deducciones. Quería que fuese la misma Hermione la que le contara qué pasaba. No estaba dispuesta a dejarla salir hasta que se lo explicase. No podía ver a una amiga dejarse consumir de esta forma, y aun menos si la chica en cuestión tenía solo 18 años.

- ¿A mí? –preguntó la castaña con un tono falsamente inocente que Ginny, por supuesto, no se creyó ni por un instante.

- Sí, a ti, Hermione Jane Granger. Castaña, ojos marrones, sentada en mi cama, justo delante de mí... ¿continúo o ya sabes de quién estoy hablando? Por supuesto que te lo digo a ti. ¿Ves alguien más aquí dentro? –le respondió ella.

Las facciones de Hermione se endurecieron y Ginny pudo notar como empezaba a temblarle el párpado izquierdo, señales inequívocas de que estaba conteniendo las lágrimas.

- Oh, Hermione, lo siento, no quería ser tan brusca, pero soy tu amiga y estoy preocupada por ti. Te pasa algo y no sé qué puedo hacer para ayudarte. Pareces solo un reflejo de la Hermione que se fue hace seis meses...

Seis meses ya... es decir, tres y medio desde que llegaran al pasado, desde que conociera a Severus... casi tres meses desde... tres meses en su interior... ¿hasta cuando podría esconderlo, de todos modos? Tenía que ayudar a Harry, se lo debía como amiga, pero también debía salvaguardar otra vida...

- No es nada, Ginny, de verdad.

- Mione, ahora estoy mejor, pero cuando volvisteis me viste: tampoco yo tenía ganas de comer y estaba triste todo el día, que vosotros desaparecieseis agravó el problema, pero no fue solo eso. Sé que la presión de lo que puede estar sucediendo en este mismo instante es mucha, pero a ti te pasa algo más, una cosa es perder el hambre y otra no comer nada para, de repente, comer compulsivamente; vomitar con frecuencia, tener la mirada perdida continuamente como si estuvieses enamo...

- ¡No! No digas esa palab... –antes de acabar la frase, Hermione ya se había tapado la boca. Con toda su charla, Ginny había conseguido derribar sus defensas hasta que ella no pudo más. Pero aún no había asimilado el estar enamorada de aquél hombre. Sí del adolescente Severus, pero no del mago a cuerpo (y tiempo) real.

- Así que no iba tan desencaminada... Por favor, Mione, puedes contármelo. Soy una tumba, te lo prometo, nadie se enterará. Pero necesitas confiar en alguien o tus propios secretos te consumirán.

Pero la castaña no se veía capaz de contarlo. ¿Cómo hacerlo? Aún no sabía ni siquiera cómo actuar. Y, en caso de explicarlo, no podría participar en los entrenamientos ni ayudar con la orden.

También estaba el hecho de que hacía más de medio año que sus padres no la veían... y, desde luego, tenía que contárselo todo. Bueno, no todo, pero sí la parte que no podría ocultar por mucho más tiempo. Sí, eso era. Primero tenía que explicárselo a ellos. Quizá la repudiarían, no habrían tenido ningún problema si ella hubiese sido una muggle común, aunque quizá ni siquiera sabían de la guardia que les había puesto la orden.

- Hace mucho tiempo que no he visto a mis padres. Es casi como si no fuéramos ni familia. Pronto no me van a reconocer. Sé que es peligroso, pero me gustaría verlos, ni que fuera un momento. Abrazar a mi padre. Hablar con mi madre. Lo que hace una chica normal.

Y Ginny no quiso preguntar más. Sabía que aquello no era más que la punta del iceberg de emociones y pensamientos que atormentaban su amiga día y noche, pero tampoco quería forzarla a hablar de nada que ella no estuviese lista para contar. Por algo se empieza.

- Intentaré convencer a papá para que intenten arreglarlo para que puedas visitarles, ni que sea por unos minutos.

- Gracias, de verdad.

Y Ginny la dejó salir de la habitación, pese a lo que le había revelado la exclamación de la muchacha: "¡No! No digas esa palab..." Su amiga estaba enamorada y ella no tenía ninguna pista sobre quién podía ser el afortunado. Aunque de una cosa estaba segura: no eran ni Harry, ni Ron, ni nadie de la Orden... por la forma de actuar de Hermione parecía que fuese alguien a quien no podía (o debía) ver.

Hermione se dejó caer en su butaca favorita sin saber muy bien qué pensar. Por una parte estaba agradecida a Ginny, que haría todo lo posible para que viera a sus padres. Por otra, preferiría no verles para no tener que contarles qué le pasaba. Pero debía hacerlo. De todos modos, ese no era el único problema que tenía. Tenían que derrotar a Voldemort cuanto antes para que todo volviese a la normalidad. Y, aunque habían estado entrenando duro desde que llegaron, no le parecía que tuviesen posibilidad alguna de matar al Lord.

Pero no podía decirle eso a uno de sus mejores amigos. Todo el peso de la cuestión residía en Harry, y no debía mostrar duda alguna en su fuerza. Pero si no ocurría un milagro Harry perdería la vida en el combate final y, con él, el mundo mágico y, por supuesto, el muggle.

Por otra parte, desde que lo viera la noche de su llegada, Hermione no había vuelto a ver a Snape. El mortífago estaba muy seguro de lo que debían hacer, pero Hermione aún no había recibido ninguna seña del pelinegro que le hiciera suponer un inminente ataque del Lord fuera de sus dominios para que pudiesen salirle al encuentro. Pero, de todos modos, no podían hacerlo.

¡Merlín, cómo le gustaría poder discutir el plan con Severus! Necesitaba aclarar las cosas y no navegar a la deriva, pendiente en todo momento de una seña que le indicase qué hacer y, sobretodo, donde.

Además, Harry aún se entestaba en no practicar el avada kedavra. Decía que no quería convertirse en asesino antes de tiempo. Pero la chica insistía una y otra vez en que residía aquí la ventaja que tenía Voldemort. Pero Potter era tozudo como pocos y no tenía forma de convencerle, de modo que decidió buscar algún otro hechizo que pudiese serles útil.

Según recordaba, Albus Dumbledore siempre había creído que el poder de Harry que Voldemort desconocía era el amor, de modo que ella debería basar su búsqueda en eso, pero era muy difícil encontrar nada así en una casa donde todo emitía magia negra por todos los poros. ¡Oh! ¡Cómo anhelaba aquellos viejos días en que investigar era buscar quién era Nicolas Flammel!

No llevaba mucho tiempo leyendo cuando las voces de Harry y Ginny discutiendo la devolvieron de nuevo a la realidad.

- ¡No puedes hacerlo, Harry!

- ¡Claro que puedo!

- No pue... –pero, al notar que era completamente imposible convencerle, cambió de táctica –pues quiero venir contigo.

- ¡Ni lo sueñes!

- ¡Ya hablamos de eso, y quedamos en que no me dejarías atrás, como enjaulada en una vitrina!

- ¡Gin, no eres mayor de edad!

- ¡Me da igual la edad!

Además de ir subiendo el tono de voz progresivamente, la pareja se había ido acercando, de modo que cuando entraron en la biblioteca, Harry con la determinación brillándole en los ojos y Ginny con las mejillas surcadas por lágrimas a las que nadie hacía caso, la chica ya suponía qué sucedía.

- Hermione, hay un ataque en el callejón Diagon. Acaban de dar aviso y casi no hay gente de la orden aquí, la mayoría están en otras partes de Inglaterra en este momento. ¿Vienes?

La chica se levantó sin dudar ni un momento, pese a ser plenamente consciente de que lo que debería hacer era quedarse allí, encerrada en una vitrina, como decía Ginny.

- Vamos. ¿Dónde está Ron?

- Ha ido a avisar a su madre. Ella avisará a quien pueda. Gin, por favor, quédate aquí, necesitamos que haya alguien aquí por si acaso.

- Pero...

- Gin, en ese mismo momento puede que haya gente muriendo... debemos irnos. Hasta luego. –se despidió en pelinegro dándole un corto beso.

- Vigilad mucho.

- Lo haremos.

Y en menos que se dice Quiddich el trío de oro salía del número doce de Grimmauld Place para desaparecer en medio de la calle hacia el callejón Diagon.

Les recibieron los gritos de pánico de la gente que no había conseguido escapar a tiempo del callejón; niños, adultos y ancianos que habían decidido ir a hacer algunas compras por la tarde o simplemente pasera un poco con la familia. Algunos ya no volverían a casa. Otros no tendrían la misma suerte y pasarían el resto de su vida sufriendo las consecuencias del ataque.

Enseguida fueron hacia el lugar de donde salían más gritos, justo bajo la marca tenebrosa que brillaba en el cielo de la tarde, rojizo como la sangre que estaba siendo vertida sin distinción a la sombra de la calavera verde.

La imagen que les recibió les acompañaría durante mucho tiempo en sus peores pesadillas. Había cuerpos bañados en sangre por todas partes. Enseguida notaron que los mortífagos estaban en superioridad numérica. Algunos viandantes se habían añadido a los aurores y miembros de la Orden del Fénix y los hechizos volaban por todas partes. Antes de que pudieran darse cuanta ya estaban en medio de la batalla.

Entre los enmascarados pronto corrió la voz que el niño que vivió estaba allí. Pronto la crueldad aumentó aun más, si es posible, y Harry se vio en medio de cinco mortífagos sin nadie que le cubriese las espaldas. Cuando cinco crucius impactaron a la vez en su cuerpo no pudo evitar gritar.

Hermione, que estaba cerca, corrió a socorrerle, aunque eso le valió un par de heridas en la espalda y un feo corte en la pierna izquierda.

- ¡Petríficus totalus!

Y hasta cinco veces lo gritó. Los mortífagos, concentrados en mantener el hechizo, no se dieron ni cuenta. Es curioso como un hechizo tan sencillo, aprendido tanto tiempo atrás, podía llegar a ser tan útil. Harry estaba tirado en medio de la calle, inconsciente, con uno de los mortífagos encima. La chica, conteniendo el aliento, se acercó rápidamente, aunque sin perder la noción de lo que sucedía en su entorno. No quería que le pasara como a los enmascarados que acababa de abatir.

Primero les inmovilizó con ayuda de cuerdas y cadenas, para que cuando despertasen no pudiesen escapar, y también atrajo sus varitas hacia ella dispuesta a romperlas. Pero no podía dejar de pensar en que uno de ellos podía ser Snape. Además, Harry no estaba bien, de modo que antes de romper las varitas se dirigió hacia su amigo para ver si podía ayudarle. Pronto Ron se acercó donde estaban. Tampoco él parecía estar bien; en realidad, estaba bastante ensangrentado y muy pálido, como si fuera a desmayarse en cualquier momento.

- ¿Qué ha pasado?

- Le han echado cinco cruciatus a la vez. Me parece que está muy débil. Tendríamos que llevarle al cuartel general.

- Llévale tú.

Hermione estuvo a punto de acceder, pero sabía que tenía que hacer algo antes de irse. Aunque el sentido común le dijese que no debía quedarse –en realidad ya no debería haber ido –tenía que hacerlo. Debía localizar a Snape, no fuera que el hombre fuese capturado por los aurores y entonces ya nada podrían hacer contra Voldemort.

- No. Tú pareces estar peor, yo me he mantenido más al margen, pero tú has perdido más sangre.

- Yo no...

- Ron, no podemos discutir eso ahora. Llévatelo, por favor. Yo volveré rápido. Intentaré no quedarme mucho más tiempo aquí. Lo prometo. Pero tengo que hacer algo antes de irme.

- Yo lo...

- No, debo hacerlo yo. Vamos, ve.

- Pero...

- Ron, Harry necesita descansar y aquí no podrá hacerlo.

- Está bien. Cuídate, ¿sí? Nos vemos luego. No tardes.

Seguramente Ron tuvo que morderse la lengua con todas sus fuerzas para no preguntarle qué era lo que tenía que hacer. Hasta él era capaz de ver que Hermione había cambiado últimamente. Pero, fuera lo que fuera lo que le estuviese sucediendo, sabía que podían confiar en ella. Pondría su vida en sus manos sin dudarlo un segundo. Aunque tenía un poco de reticencia en dejar que fuese ella misma quien llevase el peso de la suya. Hermione no dudaría en dar su vida, si fuese necesario, para salvar a sus amigos. Y él lo sabía. Pero en aquellos momentos el más importante era Harry.

Con un suave golpe de cabeza se despidió de ella y, con Harry en brazos, desapareció hacia Grimmauld Place.

"Ahora solo me falta encontrarle..." –se dijo la chica.

Quizá ni siquiera estaba allí, pero no podía arriesgarse a que fuera arrestado. Comprobó, con una mezcla de alegría y tristeza a la vez, que él no era ninguno de los cinco que había abatido instantes atrás. Partió las varitas en dos y las esparció por el lugar. Después, se dispuso a ir de un lado a otro desenmascarando a cualquier cuerpo del suelo que pudiese ser él. Pero no le encontró. Un par de hechizos volaron en dirección a ella, pero pudo esquivarlos.

Entonces los oyó. Eran gritos de niños y venían de la heladería de Florean Fortescue. Se acercó corriendo y observó, horrorizada, que por lo menos una decena de críos que se habían refugiado allí estaban siendo atacados. Un par de adultos estaban tirados en el suelo mientras otro trataba impedir el avance de los siete mortífagos que querían entrar. La chica corrió hasta allí y empezó a lanzar hechizos a diestro y siniestro. Pronto se vio envuelta en la lucha.

Ya había cuatro de los mortífagos fuera de combate, pero los otros tres parecían ser mucho más hábiles con la varita. Entonces, de repente, un hechizo le dio de pleno en la barriga. Gritando, se llevó sus manos allí para protegerse, pero no llegó a tiempo. Cuando quiso mirar qué había sucedido, tan solo vio una bola incandescente detrás de sus manos.

Con lágrimas en los ojos, gritó, gritó como nunca lo había hecho. Entonces, con furia, levantó los ojos hacia sus agresores. Parecía que, de repente, el sonido había desaparecido del mundo.

Prácticamente sin despegar las manos de su barriga cogió la varita y la dirigió hacia sus oponentes. El resultado fue espectacular. Sin haber dicho nada, un rayo de luz iluminó la heladería, encegándolos a todos por momentos. Antes de caer exhausta al suelo, aún abrazándose a si misma, pudo ver unos la desesperación en ojos negros que la miraban. Negros, negros como dos pozos sin fondo.


¡¡¡Hola!!!

¿Cómo estáis todos? He actualizado tan pronto como he podido. Quería hacerlo ya porque los parciales empiezan a acercarse y me temo que estaré tres semanas aislada del mundo... aunque quien sabe, puede que un día me venga la inspiración y actualice antes.

Tengo que decir que estoy muy, muy, muy contenta de haber recibido tantos reviews en el último capítulo. ¡¡¡Muchas gracias a Laura, §U§ §NAPE, Sucubos, Maya, Clau Felton Black, AnitaRickman, sirenitus, MIRI DE AR, yasmina33, karen, angeyita, amsp14, Quimera16, Varg22, Gin Black, rasaaabe, Drk Phoenix!!!

En este no hay aún el SSHG que me pedíais todos (yo misma lo quería, de hecho, pero este capítulo era necesario). Siento no haberlo puesto, pero era necesario así. Prometo que en el siguiente no os dejaré con las ganas. Espero recibir vuestros comentarios acerca de éste capítulo.

Bss,

Khye