— Kyōko
Era cómo el canto de un ángel aquel llamado melodioso que despierta sus sentidos, en lo profundo de los sueño aquella luz la guía hacia su destino. Kyōko ríe y corre a darle alcance mientras siente que con cada paso su calor se fortaleces, un calor agradable y un suave susurro sobre su cuello, sus manos delicadas la envuelven en un fuerte abrazo.
— ¿Quién eres?
Pero aunque siente paz en su interior desconoce por completo todas aquellas sensaciones, los sentimientos que se aferran son tan confusos como sus recuerdos. Despiadada ella la que susurra dulcemente, hace un movimiento impensado dejando atrás su pequeña timidez.
— tonta
Kyōko recuerda aquella voz, esa dulce tan amorosa la invita a seguirle hasta el infinito. Allá el brillo azul de sus ojos es cegado temporalmente con un fuerte colorido, pero despacio sin apurarse parpadea y entre líneas de colores aparece una silueta.
— eres tu
Kyōko no lo duda ni un segundo, su cuerpo reacciona a su sonrisa encantadora y pide a sus brazos retenerla acercarla y besarla con ternura. Ella suspira con sorpresa a ese atrevimiento pero más de eso no hace mucho para impedir que le robe sus besos, incluso luego de un momento se lamenta que ella la dejara ir pero no se lo dirá por simple que parezca aún tiene algo que guardar.
— Buenos días Kyōko — la mira con un brillo en los ojos, Kyōko desconoce su emoción
Kyōko abre bien los ojos y observa a esa mujer, su respiración se acelera y de pronto aquel romance se esfuma de repente. Kyōko no entiende que está haciendo no procesa sus anhelos, no reconoce sus sentimientos inevitables estos provocan un aumento de latidos a su corazón.
— ¡Ayano! — Kyōko exclama de manera exagerada pataleando y apartando la mirada
Ayano se aleja un poco impresionada, tan repentino estallido la dejó anonadada. Kyōko huye de la cama y cae el suelo con dolor, resbala en un intento hasta lograr ponerse en pie, así tan culpable mira aterrada a la chica sobre la cama que no entiende su pensar. Ayano niega moviendo la cabeza desaprobando su despertar, tan violenta le pareció que incluso al piso ella cayó.
— ¿Qué te ocurre? — pero sabe que está mal que la rubia se lastime de esa forma, rápidamente le sigue preocupada por esa persona — ¡puedes hacerte daño!
Kyōko se toma la cabeza al darse cuenta de su error, no enfocó sus pensamientos y en un segundo la línea ella cruzó. Ahora sabe que está mal Ayano no le pertenece ni en sueños, sabe que algo está mal en su cabeza pero no logra arrepentirse con sinceridad.
— yo, yo no pertenezco a este lugar — dice sin más alejándose de ella que la mira con tristeza
Ayano se enfoca luego entrecierra los ojos y la toma de la muñeca, con una mala señal Kyōko se deja arrastrar hasta caer sentada en la cama, Ayano delante parada se inclina sobre ella con una actitud amenazante.
— ¿Qué crees que haces? ¡Esto no es gracioso Kyōko!
Kyōko no procesa no procesa el enojo de esa chica pero en un segundo se ablanda y cae de rodillas frente a ella. Ayano posa su cabeza en el regazo de la rubia y aspira profundo para luego dejar fluir su repentino enojo, pero no se aparta y no lo quiere hacer cuando sus manos agarran a la rubia de la cintura.
— ¿Ayano? — Kyōko cuestiona el repentino cambio de la chica
— ¿te duele algo? — dice temblando la voz
— no
— ¡no me asustes así Kyōko!, estamos muy emocionadas con el embarazo que me aterra pensar que algo malo te pase en estos momentos tan delicados
Kyōko se quedó sin habla en esos instantes, ¿de que hablaba Ayano?, ¿había dicho embarazo?, quien está embarazada?. La rubia sin saber el significado de lo que está sucediendo a su alrededor cree que por el momento es mejor guardar silencio y dejar que la chica en su regazo se tranquilizara y sea ella la que le explique todo, mientras solo se dedica a acariciar su cabeza con movimientos agradables sintiendo el cabello de Ayano entre sus dedos.
Ayano agradece el gesto de Kyōko volviendo más difícil el apartarse de ella, pero recuerda que tiene obligaciones y de mala gana se aleja de su zona de confort. Los azules de la rubia la siguen atentamente mientras se aleja hacia alguna parte de la habitación, pero luego desvía la mirada algo intimidada y nerviosa por como Ayano sin previo aviso empezó a cambiarse de ropa frente a ella.
— Kyōko, espero que no tengas problemas mientras no estoy — Kyōko asiente sin entender nada aun — si ocurre algo llámame ¿de acuerdo?
Kyōko sabe que está mal engañarla pero no siente que lo hace, al menos ahora esta consiente de qué ese no es su lugar. Recuerda vagamente unas memorias de una vida distinta a la que conoce, en ese lugar que sabe perfectamente que no le pertenece, además entiende que gracias a Himawari la existencia de su otra vida.
— Ayano — usa su nombre para llamar su atención — ¿me amas?
Ayano no responde de inmediato inquietando a la rubia que luego siente como esa chica se le acerca y sin detenerse a cuestionar nada toma el rostro de Kyōko entre sus manos obligándola a sostenerle la mirada. Ayano le sonrió acompañando su belleza con un ligero rubor que aparece en sus mejilla, toma fuerzas guiada por el mar azul de esa mirada y priva a sus ojos un momentos de las maravillas de su amada para luego unir sus labios con los delicados de Kyōko que con emoción la reciben en un dulce movimiento.
— tengo que irme, cuídate mucho y por favor, no hagas tonterías
— ¿A dónde iras? — Ayano se aleja luciendo un traje de oficina, emocionando a la rubia pues se la ve tan madura
— ¿te siente sola? — lo único que se le ocurre a la chica de la coleta es creer en que la rubia pueda estar pasando por un repentino cambio de humor, típico en situaciones como esa
— No solo… — Kyōko ve a esa chica lucir tan serena y cool por así decirlo, ahora entiende cual es el papel que desempeña — lo siento estoy loca — responde y se ríe
— Dime algo que no sepa — Ayano toma un bolso echando un ojo dentro, seguramente se cerciora de que todo esté en orden — en la cocina te deje el desayuno, apúrate o se enfriara
— Te estoy fallando otra vez — susurra sin saber por qué, mas Ayano no le escuchó decir esas palabras
— Te veré luego, adiós… amor — se marcha tan feliz que casi parece una mentira
Quedando sola en esa extraña habitación, surge la pregunta sobre su paradero. Entiende que no debería estar ahí, ni siquiera debía se consiente de su cuerpo. Trata de recordar algo que le ayude a entender esos sentimientos y encuentra en la habitación detalles que la confunden pero que por razones desconocidas le alegran el corazón.
— se siente tan agradable este lugar
Ella curiosea sintiéndose bien con hacerlo, en eso se da cuenta que viste con un camisón algo transparente si se lo preguntan pues puede ver su ropa interior. No cuestiona quien fue la de la idea si de ser cualquiera le emociona haber tenido ciertas aventuras con Ayano aunque no lo recuerde.
— podría saber más de esta vida si tan solo tuviera ayuda
Para saber de esa vida Kyōko tendría que pedirle a alguien que la oriente, pero esa no puede ser cualquiera. Debe ser alguien de confianza que sepa exactamente lo que sucede y que de antemano sepa ayudarle.
— tal vez Himawari me pueda ayudar
Antes de nada debe verse presentable y tomando lo que cree es su ropa va hacia el baño para asearse adecuadamente. Unos minutos después ella está parada frente a un espejo mirando su reflejo estudiando su rostro con detenimiento. No encuentra nada fuera de lugar entonces agarrando un cepillo alisa su cabello.
— Te crees especial — Kyōko se detiene lentamente al creer oír una voz particular — yo te hice lo que eres y ahora tratas de tirar a la basura mi esfuerzo
Kyōko mira en todas direcciones sin entender de donde viene esa voz — ¿Quién… quién eres?
— patética, siempre has sido débil
Kyōko entiende que esa voz está dentro de su cabeza, pues no puede distinguirla y solo la asocia como suya. Entre las sombras de su memoria escucha una risa sarcástica, levanta la mirada y en el espejo su reflejo es cambiado por una joven rubia entre cadenas, Kyōko retrocede llevando una mano a su pecho intentando procesar lo que está ocurriendo.
La chica del espejo la mira fijamente chocando azul con azul, pues esa chica entre cadenas que le impiden cualquier movimiento, es su vivido reflejo. La chica rubia sonríe para ella queriendo transmitir en un gesto tocho todo su tormento, Kyōko vuelve atrás intimidada por esa imagen de sí misma.
— Sabía que algún día vendrías a este lugar — dijo ella y lentamente agacho la cabeza — es difícil estar aquí, sus sentimientos son muy fuertes, no me dejan poseerla
— ¿Quién eres? — volvió a cuestionar Kyōko
— ¿ya lo olvidaste? — La chica ladea la cabeza ocultando un ojo con el cabello, así solo necesita uno para parecer una demente — yo soy tu deseo
— ¿mi deseo?
— jajaja — sin razón aparente la rubia entre cadenas comenzó a reír con sonoras carcajadas que lastimaban los sentidos de Kyōko — jaja… esa tonta sabe qué existo, tratando de detenerme… fufu, lastima… su deseo la ha condenado
— ¿Quién?
— no lo adivinas Kyōko… aquella que por su ignorancia te cumplió tu primer deseo… jaja… qué importancia tiene ya, Himawari no será capaz de detenerla
— …
— ¡mírate! ¿Qué ha sido tu vida sin mí? Tus sentimientos te dominaron y ahora quieres suplantar a la verdadera Kyōko de este mundo… fufu… no será fácil que ella te deje quedarte, pero tal vez deba agradecerte, contigo aquí sus sentimientos entraran en conflicto y estas cadenas se debilitaran y entonces…
— ¡cállate!
— ¡oh! ¿Qué es Kyōko? ¿Tienes miedo? Jajaja… Akari ya no puede ayudarte, debió pensarlo mejor antes de dejarme en este mundo
