CORAZÓN COBARDE


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Cobarde es aquel que siente amor y no lo reconoce...

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Bella POV

Mi padre quiso que declare sobre lo ocurrido en la escuela, no dijo palabra mientras yo hablaba. Sólo se limitó a hacer las preguntas necesarias. Le narré lo que había averiguado. Sólo al final de mi declaración pareció dudar. Sobre todo porque Edward estaba allí.

— ¿Entonces no sabes nada a ciencia cierta de lo que ocurre? ¿Y dices que fuiste a darles una charla? ¿Por qué?— preguntó.

—Me lo pidió la señora Esme Cullen— respondí.

— ¿Tu dándoles una charla a esas niñas?— se rascó el bigote. ¿Tan malo podía ser?

—Solo compartí mis experiencias— dije secamente.

— ¿Y contaste toda la verdad?— preguntó. Miré asustada a Edward quien parecía a punto de meterse a preguntar contando con la ayuda del jefe de policía.

—Sí, claro— dije restándole importancia.

—Bueno, no es relevante tu testimonio, no fuiste testigo de nada en particular— Charlie torció la boca. ¿Qué? ¿Me hace narrarle lo sucedido para decirme esto?

—Esas niñas están locas, hablan de la vida cómo si se tratara de un cuento de hadas, mi compañero Emmett McCarty tiene pruebas que una asociación está detrás de todo esto— dije furiosa.

—Tráeme a ese amigo tuyo. ¿Es Emmett de Jacksonville?— me preguntó.

—Sí, es el. Está afuera— mi padre se levantó y salió sin decirme que podía irme o que había acabado su interrogatorio. Qué rabia que siempre actuara así. Me levanté para irme.

—Necesito hablar contigo, no te vayas— pidió Edward.

—Ya te dije que no tenemos más de qué hablar, Edward. Debo irme— no acabé de dame la vuelta cuando el flamante director de la preparatoria estaba cerrándome el paso.

—No. Yo necesito respuestas, por favor Bella, no te quitaré mucho tiempo— rogó.

—Eso es mentira, sé lo que quieres y no lo vas conseguir.

—Debo saber, tengo derecho...

—Tú no tienes derecho a nada y yo tampoco, esa historia no es nuestra. Deja en paz el pasado y sigue con tu vida— intenté pasar rápido pero sus brazos me lo impidieron.

—No puedo seguir con mi vida porque el pasado no está claro. Tal vez lo esté para ti, no es lo mismo conmigo— sus manos se cerraron en mis hombros, temblaban. Realmente estaba sufriendo pero yo no puedo hacer nada para ayudarlo.

—Lo siento ¡No!— dije empujándolo contra un lado de la puerta pero Emmett venía entrando y no pude salir.

— ¿Qué pasa aquí?— Charlie estaba detrás de mi amigo, cerró la puerta respirando profundamente.

—No pasa nada, yo ya me voy— dije intentando salir nuevamente.

— ¡Bella no!— Edward volvió a insistir. Mi padre y Emmett se nos quedaron mirando, ambos comprendieron sin tener que decirles nada. Quizás el rostro desesperado de Edward o mis mejillas de un rojo furioso, en parte por el temor y la desesperación por marcharme.

— ¿Qué es lo que pasa?— preguntó el jefe de la policía mirándonos alternadamente.

—Papá, debo irme ¡Ahora!— elevé la voz.

—No te vas a ir sin respuestas. ¿Dónde está mi hija? ¿Usted lo sabe jefe Swan? Bella no quiere decirme nada, hasta hace dos horas yo no tenía idea que soy padre, no sabía nada. Bella me ha mentido todos estos años, me dijo antes de marcharse que había abortado y ahora se niega a revelarme información. Si es necesario levantaré cargos pero no se irá otra vez sin decirme el paradero de la niña— su intento desesperado hizo que mi padre suspire y Emmett tome asiento en silencio.

— ¿Bella te dijo que abortó?— preguntó Charlie mirándome molesto.

—No le dije que aborté ¡Yo le dije que me deshice del problema!— aclaré.

—Me diste a entender que habías abortado, Bella. Pero eso no me importa ahora, sólo dime dónde está ella. ¿Dónde está esa bebé?— su voz se quebró. Sentí lástima por él, al ver su semblante atormentado.

—Y tú no le vas a decir ¿Verdad?— Charlie se cruzó de brazos otra vez con la vista fija en mí. Todos ellos me miraban como si yo fuese una maldita mujer, mentirosa y digna de ser condenada.

— ¡No! Y ustedes no se metan en esto. No tienes jurisdicción para reabrir un proceso cerrado papá, las cosas se dieron así. Es algo personal no tienes derecho a intervenir— lo miré advirtiéndole que no deseaba que él se entrometiera.

—No pienso reabrir un proceso de adopción cerrada pero lo que haces no está bien y hablo como tu padre no como policía. Actuaste de forma inmadura, te cerraste en tus propios rencores. ¿Crees que lo que haces está bien? ¿Qué tus decisiones fueron correctas? Deberías pensar en los demás antes de actuar precipitadamente Bells. No tienes derecho a lastimar así a las personas porque no hacen lo que tú quieres.

— ¿Qué?— dije ofendida. —Es mi vida, son mis decisiones.

—Son tus decisiones mientras no vayas en contra de los demás— mi padre no iba a apoyarme. Miré a Emmett para que me ayude.

—No sé Bells, creo que él tiene derecho a saber— se encogió de hombros.

— ¿Tú sabes dónde está mi hija?— Edward miró a Emmett. — ¿Y usted jefe Swan, lo sabe? Todos aquí saben la verdad ¿Acaso no creen que merezco saberlo?— sus manos fueron directo a su cabeza, se frotó las frente y tiró de sus cabellos. —Te pedí perdón Bella, lo siento. Fue culpa mía, lo sé, no te apoyé cuando me lo dijiste, no estuve para ti cuando me necesitaste pero esta forma de torturarme no la merezco. He sufrido mucho tiempo sintiéndome culpable creyendo que te orillé a un aborto. Por favor— se acercó a mí. –Te lo suplico ¿Dónde está mi hija?

—Está en Jacksonville— dijo Charlie. –No me mires así, si tú no se lo dices ahora mismo, lo haré yo. A mí también me mentiste, no me dijiste que tuviste una hija hasta dos años después— mi padre me traicionó, quería gritarle que se callara. Todo esto ya no era por mí. Nessie merece tranquilidad y una vida feliz. Edward va a perturbarla ¿Cómo va a crecer bien sabiendo que yo...?

— ¡Charlie!— dije sollozando.

—Emmett, vamos a otra oficina— mi amigo obedeció levantándose.

—Bellita, eres mi amiga pero por una vez escucha. Has lo correcto— acarició mi cabeza y salió tras mi padre.

Me quedé allí clavada al piso, nadie quería comprender cómo me sentía. Todo el sacrificio que he tenido que hacer estos años, mirando a mi hija sin poder llamarla mía. Verla crecer, año tras año y que sus risas, sus caricias, todo su amor no es para mí.

— ¿En qué parte de Jacksonville está?— preguntó Edward.

—Te narraré la historia, siéntate. Y si tienes tiempo, después, podemos ir allá. Te la mostraré, sólo si prometes no interferir en su vida. Ella es feliz, tiene una familia que la adora, buenos padres que la aman, quizás más que nosotros.

—Eso es imposible, nadie puede amarla más que nosotros— murmuró.

—Mi madre sí— lo miré recordando...

Cerré los ojos cuando se la llevaban para no verla. Sabía que tenía que firmar los papeles ahora que ya había nacido, no quise hacerlo antes porque mi mamá me aconsejó esperar.

Me llevaran a mi habitación para descansar, 18 horas de labor de parto me cansaron tanto, sólo quería dormir. Dormir y no despertar.

—Despierta dormilona— era mi madre, horas después. – ¿Cómo estás?— preguntó mientras me acariciaba la frente.

—Como si hubiera bailado muchos días seguidos, me duelen las caderas— dije reponiéndome.

—Bella, la asistenta social ha venido a verte, dice que ya es hora que firmes los papeles.

— ¿Tan pronto?

—Sabes tan bien como yo que debías hacerlo antes de dar a luz. Ahora pasará un tiempo antes que ella pueda estar lista para ser adoptada. ¿Quién va a darle cariño en ese tiempo?— preguntó mientras sus ojos se humedecían.

—Ese ya no es mi problema— dije conteniendo mi llanto. —Diles que quiero firmar ahora e irme a casa pronto— me hice la fuerte para no caer.

—Yo... fui a verla. Quería al menos conocer su carita. Es tan bonita, se parece mucho a ti salvo por los ojos. Los tiene verdes. ¿Son preciosos! Aun no tiene cabello, no sé si será café como el tuyo— Renée me sonrió visiblemente afectada.

—No debiste. Sabes que no podemos encariñarnos, será peor.

—También la cargué— una lágrima asomó en sus hermosos ojos azules.

—No me vas a ablandar mamá. No insistas— le dije girando mi rostro hacia la ventana.

—Tomó mi dedo con una de sus manitas, las tiene tan chiquitas.

— ¿Vas a seguir torturándome?— pregunté mirándola.

—Tomó este dedo— dijo mostrándome. —Mi dedo corazón...

—También es el dedo fuck you— dije con sarcasmo.

—Quizás tú estés lista para dejarla ir Bella... pero yo no— la miré llorar y limpiarse sola sus lágrimas. –Sé que no he sido una buena madre para ti...

—Lo fuiste, a tu modo, porque no eres como las demás madres no significa que no haya sido feliz.

—Sabes a lo que me refiero. Sé que he sido alocada, impulsiva, que busco hacer cosas fuera de lugar y no sé cocinar— sonrió.

—Lo sé. Cómo también sé que tienes más suerte en el amor que yo.

—No es suerte, solo que no quiero sentirme estancada, me reinvento. Tu padre era muy aburrido, Forks nunca me gustó. ¿Acaso no nos divertimos en Arizona?

—Sí, lo hicimos hasta que te conseguiste ese... ¿cantinero?

—Era un barman. Te juro que no sabía que vendía drogas— se excusó.

— ¿Y aquel arqueólogo?— pregunté en tono de burla.

—No era arqueólogo, era paleontólogo. No debiste hacerle eso, creyó que en verdad había un mastodonte debajo de nuestra casa— me reí al oírla. Yo había fabricado un hueso con cerámica, igual al que había visto en el museo. Lo cociné en el horno de la escuela junto con la vasija de mi proyecto de arte. Y lo enterré en el patio una mañana de barbacoa.

—Pues era un tonto si una niña de once años puede engañarlo— repliqué. Sin embargo nuestras mutuas anécdotas no podían hacernos felices.

—Cédeme su custodia— mamá rompió el silencio.

— ¿Qué?— pregunté asombrada.

—Que me permitas adoptarla, es parte mía también, lleva mi sangre. Tú sabes que Phil y yo no pudimos tener hijos...

—No quisiste— le aclaré. Ella siempre solía decir que un bebé sería un estorbo. Exactamente como yo me había sentido.

—No estaba lista para volver a fracasar— lloró. –No fui la madre que quise ser. ¿Cómo iba a decepcionar a otra persona? Lo hice pésimo contigo, no había necesidad de volver a fallar.

—No me has decepcionado— le dije. –Yo quise irme con Charlie...

—Porque siempre me quejaba de no poder ir a los partidos de Phil— sollozó.

—También quería pasar tiempo con papá— le hice ver. –Renée me parezco mucho a Charlie también. Soy así de solitaria— dije recordando al hombre que me había dado la vida.

—No podré vivir sabiendo que mi nieta está en un orfanato. No. Vámonos de aquí, no les firmes nada a esas asistentas, diles que te arrepentiste y déjame cuidar de ella. Ya he hablado con Phil, él también la quiere. Por favor hija, déjanos darle un hogar ¿No querías que tenga una familia? Nosotros podemos dársela.

— ¿Y yo? ¿Cómo crees que me sentiré?— ya no pude contener mis lágrimas.

— ¿Crees que te sentirás mejor lejos de ella? ¿Sin saber dónde está, si es bien tratada, si está sufriendo?

—Pero yo también la quiero, aunque he tratado de no sentir nada por ella— confesé mientras lloraba.

—Será tu hermana ¿No crees que eso es lo mejor? Puedes continuar con tu vida y verla cuando quieras, podrás permitirte amarla, darle cariño. Verla crecer.

—No sé si pueda— suspiré.

—Es lo mejor para todos. No vivirás pensando en la criatura que abandonaste, yo no me torturaré recordando a mi nieta recién nacida. Y ella... va a crecer feliz, con una familia que la ama. Va a tener la mejor hermana que alguien pueda soñar.

Nos abrazamos y lloramos juntas un largo rato, después me dieron de alta y nos fuimos a casa. Había una cuna en la habitación de Renée y luego acondicionaron una habitación para la pequeña Nessa, le pusieron el nombre de la madre de Phil. Yo fui a la universidad ese otoño y volvía a casa al menos una vez al mes. Pasaba mis feriados y días de fiesta jugando con ella, estuve allí cuando aprendió a caminar, a hablar. Creció hermosa, bastante traviesa y mandona. Es por eso que en lugar de decirle Ness como todo el mundo yo la llamé Nessie, por lo mostrita. Ella rugía cuando me escuchaba decirle así.

—Esa es toda la verdad, Edward— volví a la realidad, seis años después estábamos aquí, Edward y yo, hablando de la hija que no pudimos criar juntos.

EDWARD POV

Y te sigo amando corazón cobarde,

a pesar de tus mentiras y del tiempo.

Nuestro amor fue demasiado intenso.

Fue la magia, el silencio, las miradas,

el paraíso de tus ojos.

Me rompiste el corazón sólo una vez

pero tu recuerdo lo hace cada día.

Mírame corazón cobarde y dime que me has olvidado,

dime que borraste mi recuerdo.

Libérame de tus cadenas, échame al olvido y déjame marchar.

Solo espera que termine de recoger lo que queda del que fui,

el que ya no soy, déjame olvidar ese futuro que ya no tendré.

—Te agradezco que me lo hayas contado, Bella— tomé su mano pero no me atreví a secar sus lágrimas. – ¿Tu mamá la adoptó?— pregunté.

—Sí, unos meses después que Nessie nació, firmé los papeles cediéndoles su custodia. Su nombre es Nessa Dwyer, mi hermana— se encogió de hombros. —Nessie, sonaba más bonito a pesar de recordarme esas leyendas del monstro del lago Ness.

— ¿La ves seguido? ¿Vives con ella?— pregunté.

—Bastante seguido. No, yo vivo en el centro, rento un departamento. Le prometí estar en casa para el 4 de julio. Le gustan los fuegos artificiales, se ha quemado el cabello más de una vez por robarse las bengalas. Con lo que ella ama su cabello—sonrió.

— ¿De qué color es?— pregunté intentando formarme una imagen mental.

—Como el tuyo pero con ondas. Es muy vanidosa la enana, siempre lo lleva suelto—suspiró.

— ¿Podré verla?— pregunté sin esperar mucho de su parte. Sé que contarme su historia le dolió.

—Hagamos algo. Terminemos esta "tormenta" aquí, resolvamos ese asunto. Ambos queremos saber la verdad y ver a los culpables siendo castigados. Luego, podemos ir. Hablaré con Renée.

— ¿Me prometes que la veré?— necesitaba su palabra.

—Lo prometo Edward. Aunque mi madre no quiera recibirte en su casa, te doy mi palabra que al menos de lejos podrás verla. Prométeme tu que no vas a interferir en sus vida. Que no destruirás su mundo— pidió.

—Lo prometo Bella. Me mantendré al margen— fue la promesa más difícil de hacer. Cómo prometerle que iba a dejar de sentir, cómo prometerle que podré olvidar.


Gracias por leer

PATITO