Hola, hola. No estaba muerta, estaba escribiendo el otro Fic, y debatí mucho conmigo misma sobre qué quería hacer en este capítulo, y no lo supe hasta que estuvo escrito, y si lo odian es culpa de mi mala planificación. Hay gente que organiza sus ideas para escribir, y yo invento todo mientras voy escribiendo, como el mono del app de esta página en mi celular que tipea en una máquina de escribir. No sé qué hago, pero espero les guste, solo me preocupa que mantenga continuidad o que lo odien xD

Mil gracias a los valientes reviewers:

Osiris: Que bueno que ames a Takeru, y sientas pena por Yama a la vez.

LilyP: lo siento, creo que este es algo triste también. El próximo espero sea más romántico.

SiageLove: siento la tardanza.

Ally-chan: Me encanta tu dilema entre los dos hermanos, es tan adorable. A los amigos se les hace bullying o no son tus amigos (¿?) quizás eso es algo venezolano xD Ya no tienes que secuestrarme porque te capturé cual pokemon 3!

MissyFrester123: Oh, dios, me encanta tu campaña con el #. Eres una súper fan. Perdiste tu cuenta, eso es bien triste, si yo pierdo la mía no me ven más (¿?) espero que esta escena te deje más tranquila con respecto a los hermanos.

Mimato Bombon Kou: creo que fuiste la única que se enojó suficiente con Yama para lamentarse porque Takeru no le pegara y alegrarse porque Taichi sí. Un trio feliz, me encantan tus ideas incestuosas jajajaja…

Dayanet: Supones que es Sora jajajajajaja… no creo que escriba eso, pero en mi mente también es Sora xD, me encanta que ahora te guste el Takemi, a mí también. Yama celoso siempre es divertido.

Darky-chan: siempre tan linda y lamento tanto dividir tu corazón. No merezco tus palabras, pero gracias por decirlas.

Taishou: me encanta que estés dividida así. Mil gracias por leer.

LadyMimato: Siento haberte hecho sufrir. Uhhh… estás como Yama, a veces el amor es así, a veces uno no lo puede explicar y apesta, pero es así. Me encanta que aceptes mi ausencia de lemon, ya viste que no me salen bien xD, lamento haberme tardado.

Rossie-chan: Row bebe, súper pingui. No tengo nada que decir más que gracias y te quiero un monton. Vales mil. Besitos. Mil besitos *inserte voz de Barbie en Toy Story* LAMENTO HABERTE DEPRIMIDO A LAS 9 AM. Si quieres turnar el trabajo de editora puedes decirlo xD

Mil gracias por leer. Tenía pensada una escena más, pero decidí dejarla papra el próximo capítulo por motivos de… no sé, solo lo hice. Espero les guste, y me escriban a ver qué tal.


Ciclo

Takeru Takaishi inhaló con fuerza antes de dar un paso atrás, fijando sus ojos azules en la castaña. Ninguno de los dos se había soltado, pese a que el beso había durado apenas 30 segundos. Mimi mantenía los ojos cerrados y una expresión neutra en la cara, él tomó aire nuevamente antes de hablar.

'Uhm… eso fue…'

'Sí…'

'Esperé más de un año por ese beso…'

Los ojos castaños de Mimi se abrieron y subieron hasta él con una mezcla de expectativa y aprensión. Sus manos se cerraron, enredándose en el material de su camiseta y él le envió una sonrisa, sus labios estaban impregnados de su brillo labial, que sabía a cereza.

'Un año…' repitió ella '¿has estado sintiendo esto por mí, por tanto?'

Takeru asintió, su mano derecha seguía ceñida a la cintura de ella y la izquierda subió a su cabeza con un gesto casi fraternal, empujándole la cabeza hacia él, mientras le daba un beso en la frente. Todo se sentía tan cómodo, la cercanía era familiar, el aroma de su perfume como un símbolo innato, imaginó a que a eso olían los cuentos de hadas, a una mezcla de lavanda y vainilla. Él podía ver que ella se sentía igual, no había nervios entre ellos, todo se sentía perfectamente natural. Quizás por eso había sido tan rápido en besarla, no había dudado ni por un segundo al saber que ella conocía sus sentimientos, y ella no había movido ni un musculo para retroceder de él, o detenerlo.

Una parte desesperada dentro de ellos rogaba que eso funcionara, que hubiese una explosión de fuegos artificiales y mariposas, que se sintiera tan perfecto a como se veía.

'He estado diciendo que eres la clase de chica de la que se escriben libros' confesó, sorprendido de no hacerlo ni siquiera con un poco de vergüenza, era la verdad, estaba acostumbrado a decirle la verdad, y ahora se podía dar el lujo de ser tan sincero como quisiera. Su risa, dulce y musical, alcanzó sus oídos, y su corazón volvió a crecer dentro de su pecho. Era casi ridículo cuánto la quería.

'Tú eres un príncipe, Takeru' dijo ella con sinceridad 'Eres perfecto en cada sentido que puedo pensar…'

Él sonrió, sabía que venía después de eso, pero sorprendentemente, se sintió aliviado, y decidió detenerla antes de que continuara.

'Mimi… ¿sentiste algo con el beso?'

La castaña tomó aire antes de contestar, pateándose a sí misma una y mil veces, pero incapaz de contestar nada diferente.

'No'

Takeru asintió apoyando la frente en la suya.

'Yo tampoco' confesó.

Mimi dio un respingo, clavando su vista en la de él y encontrando que estaba sonriendo.

'Quizás deberíamos intentar de nuevo' dijo él.

Mimi no lo pensó ni un segundo, se colocó de puntillas y él volvió a atrapar sus labios con los suyos, esta vez sosteniéndole el rostro y besándola de una manera más intensa, esta vez el beso duró casi un minuto antes de que ambos separaran sus labios al mismo tiempo, suspirando.

'No' dijo Mimi.

'Nada' corroboró Takeru.

'Esperé un año para besarte, y ahora lo hice, y no me malinterpretes, el beso fue sexy. Pero, todo lo que pensé que sentiría… todo lo que debí haber sentido, todo lo que era en mi cabeza…'

'No estaba ahí' completó ella, sonriendo también.

Ambos soltaron una risa leve, aún sin separarse.

'No tiene sentido' dijo Mimi.

'Lo sé. Somos perfectos el uno para el otro, en teoría' dijo Takeru.

'Eres tan hermoso, tan perfecto' dijo ella.

'Tú eres la mujer de mis sueños' dijo él.

'¿Por qué diablos, entonces?' soltaron los dos a la vez.

Ambos se miraron volviendo a reír.

'No hay justicia en el mundo' dijo Takeru.

'Ninguna… realmente querría que fueras tú' dijo ella.

Takeru la soltó por media milésima de segundo, únicamente para envolverla en un abrazo de oso que la hizo perder el equilibrio.

'Te adoro más que a cualquier otra chica, princesa'

'Yo siento lo mismo, eres el chico perfecto' corroboró ella.

'Quizás somos demasiado amigos' le dijo en un susurró y ella no pudo evitar sonreír asintiendo, mientras hundía el rostro en la curva de su cuello.

'Eso debe ser' confirmó ella.

Ambos se mantuvieron abrazados por bastante rato, antes de que finalmente se separaran enviándose una sonrisa.

'Aún voy a matar a mi hermano' explicó él, alzando las cejas.

'Oh, no tengo problema con eso' dijo ella, encogiéndose los hombros.

Ambos soltaron una carcajada, y volvieron al riachuelo donde estaba ya el resto del grupo preparándose para volver. El brazo derecho de Takeru seguía sobre sus hombros, y sintió la mirada del otro rubio sobre ella apenas se acercaron.


Se había quedado dormida en el hombro de Takeru prácticamente apenas entraron al automóvil, su noche de llanto en vela pasándole factura, y sus ojos no se habían abierto hasta que Miyako le tapó la nariz cuando llegaron a su apartamento. Las chicas bajaron estirándose de manera perezosa, era bastante tarde, y tenían clases a la mañana siguiente. Sintió los ojos azules de cierto rubio, fijos en su espalda mientras se despedían de manera rápida y Takeru apretaba su mano enviándole una sonrisa tranquilizadora, pero no volteó hacia él. Las risas de Hikari y Sora llegaron a sus oídos, cuando a la pequeña se le resbaló la maleta de la mano mientras subían las escaleras al apartamento, pero sus ojos seguían pegados al automóvil que acababa de desaparecer en la esquina.

'¿Ya eres la Sra. Takaishi?' preguntó la voz de Miyako, el sarcasmo en su voz era latente, pero tampoco parecía estarse burlando de ella. Mimi suspiró, sin despegar la vista del sitio donde había visto el automóvil por última vez.

'No lo entiendo… ¿No somos perfectos juntos?' preguntó.

Miyako se encogió los hombros, mirando en la misma dirección que ella.

'A veces, ser perfecto en papeles no es suficiente. Apuesto que cuando imaginas a tu mejor amiga, no pensaste que sería yo' dijo, y Mimi soltó una risa apagada, Miyako esperó unos minutos antes de volver a hablar 'Entonces, estás enamorada de Yamato-san. Es oficial'

Mimi no contestó, apretó el manubrio de la maleta, y giró hacia ella con decisión.

'Tengo que decirte algo, y no quiero que entres en crisis'


Los ojos marrones de Taichi Yagami, se movieron un momento del camino para fijarlos furtivamente en el espejo retrovisor, desde donde podía observar a Takeru Takaishi, enfurruñado en su asiento, con ambos brazos pegados a su torso y enviando una mirada asesina en destino a su hermano mayor, que a su vez, tenía la vista clavada al camino como si este fuera a desaparecer si volteaba. Ninguno de los dos se había hablado, claramente evitando que los demás se enteraran de su situación. Pero ahora que Koushiro se había quedado en su apartamento sin el moreno, con la excusa de que este tenía algo que recoger en casa de Yamato, y los compañeros de Takeru comenzaban a descender del vehículo, el tiempo de paz estaba por terminar.

'Takeru… ¿no vienes?' preguntó Ken, al tiempo que Daisuke casi se tropezaba con las cuerdas de su morral por estar medio dormido, detrás de él.

'Suban adelante, en seguida los alcanzo' contestó Takeru, dando una media sonrisa, antes de volver a girar su rostro serio al frente.

Solo hubo treinta segundos de silencio cuando los chicos desaparecieron por la entrada, antes de que Takeru se inclinara hacia adelante, con los ojos clavados en la nunca de su hermano.

'Tengo esta incontrolable necesidad de molerte a golpes, Yamato'

Yamato cerró los ojos con pesadez sin moverse.

'Pero… Voy a intentar mantener la calma y escuchar. Quiero que me expliques cómo diablos fue que te enredaste con Mimi'

Yamato suspiró, sus brazos se pegaron más fuerte a su pecho, y su mirada se clavó en la oscuridad de la noche que se veía desde su ventanilla, incapaz de darle la cara a su hermano menor. En toda honestidad, no sabía ni como comenzar a dar explicaciones, una parte de él incluso preferiría que lo golpeara, sería mucho más sencillo.

'Takeru… solo déjalo así. No pienso interponerme, eres enteramente libre de quedarte con ella'

Takeru pateó el asiento, haciéndole irse hacia adelante y sostenerse del tablero de la van.

'Ella no es un juguete que me puedes ceder, imbécil' le reclamó.

Yamato se enderezó, respirando hondo.

'No lo dije con esa intención. Tachikawa y yo, solo… no tiene sentido. Lo sé, y eventualmente ella lo sabrá también. Solo quiero asegurarte que me haré a un lado'

'Tan solo no lo entiendo. Me dijiste que no sentías nada por ella, que no tenías el menor interés. Me dijiste que era ridículo… ¿entonces cómo pasó?'

'Yo…'

'Me mentiste'

'No lo hice, Takeru' Yamato giró el rostro a mirarlo de reojo 'Realmente creí las palabras cuando te las dije. Ella y yo no tenemos sentido, y estúpidamente pensé que eso significaba que no tenía ningún interés en ella. Pero, Mimi insistió tanto…'

'Oh, no. No te atrevas a decirme que fue culpa de ella, porque al menos ella no me mintió'

'Yo no te mentí, no técnicamente'

'¡Yamato, por Dios!'

Yamato soltó un resoplido, y abrió la puerta del auto, bajando de él, para ser seguido inmediatamente con Takeru. El rubio mayor, giró sobre sí mismo para darle la cara a su hermano.

'No sé cómo pasó… ¡Esa es la verdad!... y es la razón por la que ella está molesta conmigo. Fue un impulso, sé que suena horrible, pero eso fue… ¡No sé cómo pasó! ¡No sé cómo pude flaquear con ella de esta manera! ¡No tiene el menor sentido en mi cabeza!... Ella ni siquiera es mi tipo. No sé qué se me ha metido dentro, y no siempre puedo controlarlo'

'Eres un imbécil' dijo Taichi desde el automóvil, girando los ojos.

'¡Cierra la boca!' le gritó Yamato, entornando los ojos hacía él.

'¡Sí eres un imbécil!' le dijo Takeru apretando los puños '¡Me has mentiste! ¡Me has estado mintiendo, por semanas, no, meses! ¡Usaste a una de nuestras mejores amigas por sexo casual! ¡Le pediste que no nos dijera nada! ¡Que no me dijera nada a mí!'

'¡No quería herir tus sentimientos!' interrumpió Yamato.

'¡Si no querías herir mis sentimientos, entonces no te revuelques con la chica que te dije que amo!'

Yamato apretó los puños, girando el rostro hacia su derecha. De pronto necesitaba vodka, en cantidades industriales, y dormir por un mes hasta que este asunto se desinflara de una vez por todas. Nunca en su vida pensó que acostarse con una chica podría causarle tantos problemas. Se apoyó en la puerta cerrada del automóvil, y levantó la vista hacía su hermano de un modo casi suplicante.

'Lo sé, lo sé… soy un imbécil, y realmente lo lamento, Takeru. Lo lamento por ti, y por ella también. Te juro que no voy a volver a molestarla, ni siquiera me le voy a volver a acercar… Se lo he dicho por meses… yo…' sus ojos se clavaron en el piso, suspirando profundamente '…no soy lo suficientemente bueno para ella…'

Takeru lo observó en silencio por varios segundos, relajando los puños, y volviendo a cruzar los brazos en su pecho.

'Si sabes tanto todo eso, que no eres suficientemente bueno, y que no son compatibles, ni es tu tipo… Tan solo, no puedo entender como terminaste acostándote con ella, y no me digas que solo pasó porque juró que te tumbaré los dientes'

Yamato suspiró, alzando la vista a su hermano.

'No puedo explicarlo. Me gustaría hacerlo, pero no sé cómo'

'Inténtalo'

Yamato sintió deseos de dejarse caer al suelo como un niño malcriado, odiaba que le hicieran preguntas que no sabía responder. Que se suponía que hiciera más que fingir demencia, ciertamente no podía explicarle que estaba teniendo sueños de vidas pasadas que involucraban a alguien que parecía ser Mimi Tachikawa, y que una fuerza invisible y desconocida que era más fuerte que él. Un impulso sí, pero uno tan fuerte como la gravedad, sobre el cual tenía de poco a ningún control.

'No quiero estar con ella, no quiero contaminarla y ciertamente no creo que pertenezca a mi lado. Me arrepiento, encarecidamente de haberla lastimado, pero lo mejor es que se aleje de mí. Sí… sí siento cosas por ella, es decir, no fue un simple caso casual para mí, pero prefiero que ella lo vea así'

La mirada de Takeru se suavizó, al tiempo que dejaba escapar un suspiro, intercambió una mirada con Taichi, antes de volver a girar el rostro hacia su hermano.

'La quieres'

'No'

'No me mientas'

'No lo hago. No sé exactamente qué siento por ella, solo sé que algo me impulsa a buscarla, y es algo que no puedo entender. Pero no importa, porque tú eres mi hermano y voy a respetar eso'

Takeru dudó por un segundo, antes de hablar. Consideró decirle qué había ocurrido entre él y Mimi, pero lo descartó con rapidez, abriendo la puerta del vehículo para sacar su maleta de un tirón, cerró la puerta y le dio la cara por un momento, Yamato seguía enfurruñado con la espalda pegada en la puerta del auto.

'Siento que ya no te conozco, Yamato. Me cuesta mucho creer que mi hermano me mentiría, o jugaría con los sentimientos de una chica, especialmente de una tan inocente como Mimi… Has estado tanto tiempo alejado de mí, que siento que esto que eres ahora… Yo ya no lo conozco'

Su voz no tenía rastro de ira, ni dolor. Sonaba decepcionado, y de algún modo eso era peor, nuevamente, deseó que lo golpeara. Su vida sería más fácil, si Takeru tan solo lo golpeara. Se lo merecía, después de todo. Pero su hermano parecía ser mucho más maduro que él.

'Necesitas pensar, en lo que quieres, en lo que harás. Antes de hacerlo. No eres un animal que actúa por impulso. Razona tus acciones, y evita lastimar a los demás'

Le dio la espalda y caminó hasta la entrada, pero se detuvo antes de cruzar la puerta.

'No le hagas daño, Yamato. Dudo que eso te lo pueda perdonar'

Despareció por el lobby del edificio, dejando a su hermano con un enorme hoyo negro en el pecho. Se mantuvo inmóvil con la vista perdida por varios minutos, luego, reaccionando entró nuevamente al auto. Taichi tenía la vista clavada al frente, y no giró en su dirección mientras cerró la puerta. Sin decir nada, el auto se colocó en marcha.

'Yamato'

No contestó, no estaba listo para recibir otro sermón, esta vez de parte de Taichi, pero él habló de todos modos.

'Tu hermano es muy noble'

Yamato tuvo que contenerse para no girar los ojos, ya sabía eso.

'Se parece a ti'

Yamato tardó más de un minuto en procesar esa información. Giró violentamente hacia él, incrédulo.

'¿Uh?'

'Se parece a ti' repitió Taichi.

Yamato lo observó de manera fija por dos minutos, casi esperando que se riera o lo retirara con sarcasmo, pero no lo hizo.

'¿De qué mierda estás hablando?'

'Oh, eres un imbécil' volvió a repetir Taichi, con una sonrisa de suficiencia en sus labios 'Takeru y tu son más parecidos de lo que ambos notan. Ambos están trabajando con su prioridad principal. Él quiere proteger a Mimi, tanto como tú quieres protegerlo a él. Ninguno de los dos está pensando en sí mismo, y lo gracioso es que si tú, idiota, pensarás un poco más en Mimi y un poco menos en Takeru, entonces el pobre no tendría que estar diciéndote las cosas que te dice'

'No tengo idea de qué estás diciendo'

'Básicamente, te dijo que decidieras qué quieres, está considerando tus sentimientos, menos que tú los suyos, claro. Digamos que en su ecuación, a él le importas tú tanto como a ti Mimi. Pero claro, tu prioridad es él y la suya Mimi, entonces le importa, pero no es su tope de lealtad en este momento' Taichi parecía haberse confundido un poco por su propio tren de pensamiento.

'Estás balbuceando como un idiota'

'Cierra la boca. Hazle caso a tu hermano, y decide qué mierda quieres. Imbécil'

Yamato giró la vista al lado contrario, concentrándose en el camino y decidiendo que ignoraría las desilusiones ridículas de su mejor amigo. Takeru estaba enamorado de Mimi, no había qué decidir, ambos estarían mejor sin el cerca. Especialmente ahora que ambos estaban molestos y lastimados por su culpa, y él ni siquiera podía decidir por qué se sentía peor, si por ella o por él. Se odiaba tanto a sí mismo en ese momento que solo quería autodestruirse para dejar de pensar.

'Sé útil y llévame a un bar' le dijo a Taichi.

'Oh, para qué crees que me quede contigo'


El líquido que rodaba por su mano era más denso de lo que esperaba, nunca había visto sangre salir de una herida tan de cerca, el contraste con su piel era drástico, de alguna manera, su tez se veía más blanca y el plasma casi negro en comparación, aunque eso podía ser un truco de la luz casi inexistente dentro de su habitación. Su respiración se atoró en su garganta por un momento, y su mano se cerró apretándose, haciendo que la sangre rodara no solo por su mano y antebrazo, sino que cayera goteando sobre la madera.

Dolía, bastante, y ella seguía esperando que eso le importara. Sobre su peinadora seguía reposando el complicado armatoste de cristal que se había roto en su mano derecha cuando había visto el cortejo pasar. Sus propios padres estaban en la fiesta, y ella había tenido que inventar una excusa para zafarse del compromiso. No creía que ningún nivel de voluntad fuese capaz de impedirle intentar detenerlo una vez más.

Se había casado. Había acabado, todo había terminado.

Sus ojos caramelo subieron nuevamente a la ventana, donde podía observar a lo lejos partes de la fiesta en el palacio. Un impulso se apoderó de ella por un momento, casi haciéndole colocarse de pie y correr hasta el límite de la propiedad para observar más de cerca, una parte de ella quería verla de su brazo, quería verlo besarla frente a todos, si no lo veía con sus propios ojos, quizás nunca lo creería, quizás nunca creería que realmente lo había perdido. Otra, le decía que jamás podría soportarlo y que moriría en el instante si tuviese que verlo. Muerte por corazón roto, no podía evitar preguntarse si eso era siquiera posible.

Se preguntó por qué no estaba llorando. Quizás se había quedado sin lágrimas después de hablar con él, quizás simplemente aún no asimilaba la información, quizás estaba en shock. Cualquiera que fuese la razón, no estaba llorando.

¿Era eso lo que se sentía perder al amor de tu vida?

Asumía que sí. No era simple dolor. No era simple desasosiego. No era un llanto incesante. No era una ira incontrolable. No era incredulidad, ni negación. No era solo dolor. Era algo mucho más complejo que simplemente sentirse rechazada. Más que todo, sentía un vacío inquebrantable en su pecho, uno que estaba segura que jamás volvería a ser llenado, sin importar cuanto tiempo pasara o cuantas horas de felicidad la esperaran a futuro.

De ahora en adelante, ella siempre sería un ser incompleto. Viviendo una vida a medias, con una existencia fragmentada. Como un fantasma observando la vida que pudo haber tenido, y le fue negada. De alguna manera, tenía que aprender a existir así, a medias, y ni siquiera sabía cómo comenzar a hacer eso.

¿Cómo se vive con medio corazón?

Un suspiro escapó sus labios, su vista se perdía entre los campos verdes y hermosos del día soleado, perfecto para la fiesta de matrimonio, y totalmente ajeno al invierno que se apoderaba de ella, para jamás alejarse de nuevo.

No lo entendía. Por mucho que siguiera pensando en ello, una y otra vez, por mucho que se repitiera que sus motivos eran nobles, que lo había hecho por ella, que esta era la única salida. Intentaba repetirse las palabras de él cual nana antes de dormir, o plegarias de un rosario. Pero, por mucho que intentara, no podía entenderlo.

Cómo esto era preferible para él ante la muerte, era algo que completamente escapaba de su rango de pensamiento. Aún si solo pudieran tener un segundo de total felicidad… para ella eso valdría más que años enteros de una vida incompleta. Incluso si sus almas se prendían en fuego para jamás volver a reencarnar en este plano, incluso si ese segundo fuese toda la eternidad a la que tendrían acceso por siempre. Ella entregaría todo, su pasado, presente y futuro, por ese segundo, y él debería hacerlo también.

Solamente estaban malditos porque él lo estaba permitiendo. Se preguntó qué pasaría si la historia se reiniciara, si nuevamente estuvieran esa noche bajo el sauce, pero sabiendo la cruel verdad de que jamás podrían estar juntos. No pudo evitar cuestionarse si todo habría ocurrido igual, si se habrían enamorado de la misma manera, o si el miedo habría ganado la batalla con suficiente antelación para nunca haber sentido lo que embargaba su pecho a cada segundo que pensaba en él.

Si tuviese otra oportunidad, si pudiese volver a intentarlo, lo haría sin dudar. Tantas veces como hiciera falta para estar a su lado. Sin importarle las consecuencias, y sin importarle el trágico final. Quizás solo era una romántica incurable con tendencias masoquistas, pero ni siquiera la total ruptura de su corazón la disuadirían jamás de amarlo de la manera en que lo hacía, pese incluso a él mismo.

Lo haría de nuevo, una y mil veces, las veces que hiciera falta. Sin saber que su corazón se rompería, y sabiendo que se rompería. No había diferencia. No había dolor que compensara la posibilidad de amar a la única persona en todo el universo que no le haría vivir como una persona incompleta.

Lo haría de nuevo. Estaba segura. En una próxima vida, y en un ciclo interminable hasta el fin de los tiempos. Si el hilo rojo del destino estaba maldiciéndolos a encontrarse, ella convertiría ese encuentro en amor a cada oportunidad. Sin importar cuanto doliera, o cuanto él se resistiera. Lo haría de nuevo, con los mismos resultados de ser necesario. No importaba, ninguna vida donde sus ojos dejaran de cruzarse con los de él sería jamás suficiente.

Sus ojos bajaron a la sangre que seguía goteando de su mano y su corazón se saltó un latido.

Era una maldición y una bendición a la vez. Ella siempre sería amada por él, aún si ese era el camino más solitario que pudiera plantearse. No importaba. Su alma lo tendría por la eternidad, incluso si su cuerpo tenía que conformarse con el dolor y la tragedia.

Los ojos caramelo de Mimi se abrieron ya llenos de lágrimas, un sollozo escapó sus labios, abrazó su almohada intentando acallar los sollozos que se apoderaron de su cuerpo sin clemencia en plenos segundos. Estaba llorando por un dolor que ni siquiera era suyo, pero se sentía tan real que su pecho se retorcía de dolor. Maldijo los sueños de todas las maneras que pudo e intentó controlar su llanto sin éxito.

Froto su rostro contra la almohada, secando su cara, pero no pudo evitar seguir sollozando. Miyako se movió a su lado, y ella aguantó la respiración. Lo último que necesitaba era despertar a Miyako y tener que explicar eso también. Le había dicho todo, toda la verdad, y Miyako había expresado casi tantas emociones como ella.

Primero, incredulidad y negación. Luego optó por decirle que estaba exagerando y que era ilógico que creyera que eran realidad. Posterior a eso, había dicho que sus sentimientos por Yamato Ishida eran una fabricación de su mente, y no un amor real, resistiéndose a conceder que era siquiera posible que fuera una historia arrastrada por centenares de años, o un mensaje del universo para que ella se enamorara del rubio en el presente. Inmediatamente había procedido a realizar un análisis de sueños, con un libro de Jung, intentando explicarle que según el psicoanálisis puede que solo estuviese siendo advertida a mantenerse lejos de él. Sin embargo, al final de todo, había llegado a la misma conclusión que Koushiro, fuese lo que fuese, lo mejor parecía ser decírselo a Yamato. Mimi había confesado su miedo a ser rechazada, pero Miyako le señaló algo que sistemáticamente la lastimó y al convenció a la vez: Yamato ya la había rechazado.

Eso la hizo sollozar de nuevo, secando su rostro en la almohada, su mano se alargó al celular y escribió el mensaje antes de cambiar de opinión. No lo adornó con saludos o cortesías, simplemente un requerimiento claro.

'Necesito hablar contigo'


Los copos de nieve que caían de manera aislada cuando se sentó en el tope del barandal, ahora cubrían casi medio metro a su alrededor, estaba anocheciendo entonces, y ahora todo estaba tan oscuro como el interior de su alma. Las luces rosas y amarillas del bulevar, podían verse brillar bajo sus pies, a la distancia desde la altura donde se encontraba, casi parecían pequeñas motas de luz, cuales luciérnagas brillando en medio de la noche. En otra época habría pensado que eso era hermoso, en otra época habría sido una revelación artística para él, en otra época habría podido buscarla para compartirlo.

Pero no ahora.

Se preguntó porque no tenía frío, quizás era todo el alcohol en su sistema que de alguna manera se las arreglaba para calentarle los huesos que deberían estar cerca de hipotermia por mantenerse a la intemperie en medio de la peor nevada de la temporada. O quizás simplemente ya no podía sentir nada, y por eso el frío ya no le molestaba. De alguna manera estaba agradecido por eso, su nueva encontrada falta de emociones al menos no le permitía llorar… ¿se le congelarían las lágrimas si lloraba? No lo sabía, pero realmente no importaba cuando se le había congelado el corazón, detenido y suspendido en la nada.

Su mano derecha seguía envuelta sobre el pico de la botella vacía, era la última y de algún modo era bueno pues era difícil que el alcohol fuerte se congelase, pero este había comenzado a cristalizarse por los bordes cuando bebió el último sorbo del vodka que le quemó la garganta sin clemencia. No había más, como todo en su vida, se había acabado antes de que estuviese listo. Antes de que pudiese hacerse a la idea de estar vacío.

Un suspiro abandonó sus labios y pudo verlo como niebla frente a su rostro. Se preguntó si moriría al decidir no moverse. Quizás podría quedarse dormido y morir congelado, y ser encontrado luego de que se derritiera la nieve, como un perro callejero abandonado en la calle. De alguna manera, eso sonaba perfectamente lógico para la manera en la que había vivido su vida.

Su brazo se extendió hacia adelante y soltó la botella, sus dedos estaban entumecidos, pero se liberaron del borde y observó la botella caer al vacío, al igual que las demás, tampoco pudo verla estamparse en el suelo ni escuchar el cristal romperse, estaba demasiado arriba. Demasiado separado del mundo que lo rodeaba, y a la vez se sentía más atado a él que nunca. Como si nunca pudiese volver a escapar de la realidad, ni con el arte, ni con nada más.

Nada jamás sería suficiente ahora que la había perdido.

Sus ojos bajaron a su mano entumecida y la sangre seca seguía ahí. Era todo lo que le quedaba de ella. Ni siquiera había podido hablarle de nuevo, ni siquiera había podido profesarle sus disculpas o su amor. Sus padres lo habían hecho sacar a rastras del hospital con policías después que había entrado a la fuerza a la habitación. Solo había logrado verla por un segundo, inconsciente, llena de tubos y aun así se veía como la bella durmiente. Su madre le había gritado que todo era su culpa, y él no supo que contestar, porque lo era. Todo era su culpa. Todo. Absolutamente todo era su culpa.

¿Qué podía decirle, siquiera, si era verdad que su hija estaría mucho mejor si jamás lo hubiese conocido?

No importaba cuan felices habían sido juntos, el corto tiempo que pudieron compartir. No importaba que se amaran más de lo que cualquier persona normal pudiese jamás llegar a comprender. No importaba que sus vidas monocromáticas y monótonas se hubiesen llenado de color y palabras hermosas después de conocerse. No importaba que hubiesen borrado el pasado del otro, cuando se habían robado el futuro también.

Se había quedado tirado en el callejón adyacente al hospital por horas, nadie le daría información por las buenas, pero alguien tenía que decirle qué estaba pasando, y finalmente cuando una de sus enfermeras salió de turno, él se lanzó sobre ella como un lince. Nunca sabría qué había logrado que le dijera, si la desesperación de su mirada o el miedo de que la atacase si no le decía nada, pero la mujer le había explicado lo que ocurría. Toda la jerga médica había caído en oídos sordos con él, y no tenía la menor importancia las únicas palabras importantes para él vinieron al final.

"Muerte cerebral"

De solo escuchar eso, fue como si su corazón dejase de latir. No había oído nada más, no había preguntado nada más. No necesitaba saber nada más. Se había ido, la mujer que amaba, se había ido para siempre. No importaba si sus padres la desconectaban hoy, o nunca. Él jamás volvería a verla, jamás volvería a hablar con ella, jamás volvería a ver sus ojos brillantes mirando en su dirección, o escuchar su nombre pronunciado en sus labios. Jamás. Jamás volvería a sentir la calidez de sus brazos, o el latir de su corazón cuando yacían juntos en medio de la noche.

Estaba muerta, y de algún modo él seguía respirando. Eso no tenía el menor sentido, si el hilo rojo que los unía se había roto, él debería estar muerto también.

¿Por qué estaba vivo aún? ¿Para odiarse? ¿Para sufrir? ¿Para torturarse? ¿Para enloquecerse y mutilarse el cuerpo? ¿Para entregarse a las drogas y al alcohol hasta que olvidara porqué empezó a hacerlo siquiera? ¿Para decaer en tanto vicio fuese capaz de adquirir hasta que su identidad fuese mermando y desapareciera? ¿Cuáles eran sus opciones al vivir, en realidad? ¿Vivir media vida miserable y rogar por la muerte a cada segundo, decayendo cada vez más bajo hasta no reconocerse ya?

Sus ojos zafiro se cerraron, y podía sentir los copos de nieve caer sobre él, casi como sus caricias en su rostro. Estaba nevando cuando se encontraron, estaba nevando cuando ella dijo que eran como esos copos de nieve, disimiles y parecidos a la vez, estaba nevando cuando el automóvil se precipitó sobre ella, y estaba nevando ahora que sabía que la había perdido. Era apenas entonces que él entendía la ironía de la comparación que ella había hecho sobre ellos.

Quizás sí eran como los copos de nieve, con vidas cortas y limitadas. Destinados a derretirse apenas el sol comenzase a brillar. Con una efímera vida y un trágico final. Estaban destinados a derretirse y desaparecer.

Su voz inundó su mente, musical, dulce y hermosa. Como lo habría hecho en vida, demasiado terca para dejarle alcanzar su conclusión fatalista sobre la metáfora que había creado para ellos.

'Los copos no desaparecen. Se transforman, en hielo, en agua y vuelven a las nubes para comenzar el ciclo otra vez'

Eso diría ella. Estaba totalmente seguro. Trataría de animarlo, de decirle que la vida de los copos era hermoso porque cubrían la ciudad con un hermoso manto blanco que cubría todo el sucio, todo lo feo, para dejarla pareciendo un cuento de hadas. Ella se concentraría en lo positivo, ella le diría que quizás la belleza de los copos estaba en su corta vida, que al comenzar el nuevo ciclo volverían a caer juntos. Ella era así, positiva hasta el punto de la irreflexión.

Pero todo lo que podía ver él era que el ciclo había terminado.

Ella esperaría que él siguiera adelante, ella le diría que viviera manteniendo su recuerdo, ella le diría que concentrara el dolor en su arte, y que siempre estaría en su corazón. Sabía eso de una manera tan absoluta que sus oídos resonaban con el sonido de su voz, y su mente se llenaba con la imagen de su sonriente rostro, con el cabello suelto y los copos de nieve brillando como escarcha en el marrón de su cabello. Lo sabía bien, la conocía así de bien.

Pero él no era como ella, él no era tan altruista, él no era tan fuerte. Él no podía tan solo seguir adelante, no podía solo concentrarse en su arte, no podía solo vivir de un recuerdo, no podía seguir por los dos solo. Él no podía, y alguna parte de ella siempre lo supo, porque ella también, lo conocía así de bien.

Sus ojos se abrieron, y la imagen hermosa se desintegró para ser reemplazada con la ventisca de nieve y la oscuridad de la noche. Las luces lejanas aún brillaban como luciérnagas, y él aún podía apreciar su forma borrosa desde la altura, pese a que la nieve caía con suficiente fuerza ahora como para cubrirle la visión de los edificios vecinos, cobijados por la negrura de la noche. Su mirada se clavó en el cielo, por un segundo, no podía ver nada más que las nubes oscuras, pero aún sentía su presencia con él, como si su espíritu se hubiese quedado con él al saber qué haría, y estaba con él, podía sentirlo, igual que podía sentir las lágrimas en ella que él ya no podía llorar.

'Lo siento. Lo lamento tanto' su voz sonaba rota, ajena, y él se preguntó si era su voz, o si esta también había muerto cuando se había detenido su corazón al saber la verdad.

No podía evitar sentirse culpable, pese a saber que la había amado con más de lo que era capaz de amar a alguien, pese a haberse esforzado en que su existencia no contaminara la luz en su vida, y pese a haberse resistido de permanecer en su vida por miedo a lo que pudiera ocurrir. Esperaba haberla hecho feliz, aunque brevemente, pero no podía evitar creer que su vida habría sido mejor sin él. Quizás incompleta, pero más larga. Quizás ella habría podido existir con luz propia, sin que él la hubiera hundido en su realidad. Tantos quizás, y él no habría cambiado ni un segundo. Era así de egoísta, así de malo para ella, así de agradecido por su presencia. Su vida habría sido un desperdicio sin ella, pero ella habría podido existir sin él.

'De saber lo que sé ahora, solo te habría observado a la distancia… jamás podría haber desaparecido de tu vida, pero no tenía por qué dejarte entrar en la mía…'

Se inclinó hacia adelante y la brisa fría le heló la sangre. Quería que su último pensamiento fuese de amor, fuese para ella, y así lo fue, mientras continuó inclinándose hacia adelante hasta perder el equilibrio, y su cuerpo caía al vacío rodeado de frío y nieve bajando, y así fue, hasta que se volvieran a topar la próxima vez que el ciclo comenzara, y ellos como copos volvieran a caer del cielo para encontrarse.


Los ojos azules de Yamato se abrieron y su frente se estampó contra la pared, causándole un dolor agudo que se extendió por todo su cuerpo. Desorbitado, e intentando fingir que el comienzo de las lágrimas en sus ojos eran por el dolor y no por la pesadilla, se incorporó. Este definitivamente no era su apartamento, su rostro giró a la izquierda y ubicó a Koushiro leyendo y a Taichi tumbado en el sofá con una mano en la frente.

Yamato se levantó con cuidado del suelo y su mano se estampó contra la pared al perder el equilibrio. Se sentía enfermo, y estaba aún más borracho de lo que debería, lo cual significaba que no había dormido lo suficiente para que la resaca fuese absoluta. Se preguntó si bebiendo otro trago y manteniendo así la borrachera se sentiría mejor, pero dudaba que pudiese hacerlo ante la mirada del pelirrojo que se había volteado ya hacia él con las cejas alzadas.

'Buenos días, Yamato-san'

Yamato abrió la boca para contestar, pero sintió que iba a vomitar, así que prefirió tantear a ciegas buscando una silla en la cual desplomarse. Taichi había gruñido a su lado, seguramente sintiéndose igual de mal que él. Nadie habló por varios minutos, hasta que Taichi se levantó como si alguien lo hubiese expulsado de un tostador y corrió al baño a vomitar. En la sala-comedor, se escucharon las arcadas, mientras el moreno maldecía al mundo. Koushiro suspiró sonoramente cerrando el pesado libro de texto, colocándose de pie, como si estuviese ya resignado al comportamiento de su compañero, pero encendiendo la cafetera para darle café de todos modos.

Minutos más tarde, mientras Yamato aún sostenía su cabeza con pose abatida, Koushiro colocó una taza frente a él, y la tomó agradecido. Koushiro desapareció con destino al baño cargando otra taza, y él lo oyó llamar a Taichi a través de la puerta. El pelirrojo apareció unos minutos más tarde, después de que Yamato hubiese bebido un cuarto de la taza de café y comenzaba a sentirse medianamente vivo.

'Asumo, por el olor a whiskey en Taichi, que se bebieron una licorería anoche' comentó Koushiro, volviendo a sentarse y abriendo el libro.

'Algo así'

'Pero tenemos clases'

'Oh, no voy a ir a clases'

Koushiro suspiró sonoramente, pero no emitió mayor comentario, mientras pasaba la página de su libro.

'¿Y por qué motivo necesitaron quedar cuasi inconscientes después de un fin de semana en el campo? ¿Por el balance del universo?'

Yamato bebió el resto del café antes de contestar.

'Se supone que no sueñas cuando estas borracho, Kou'

Koushiro alzó las cejas, pero no contestó.

'Se supone, aunque creo que a mi tendrían que golpearme con un bate para dejar de soñar' dijo con sarcasmo el rubio.

'Deben ser sueños horrendos' comentó Koushiro con indiferencia.

Yamato fijó la vista en la taza, encogiéndose los hombros.

'Eso… eso es debatible' dijo Yamato hablando consigo mismo más que con él 'A veces son pesadillas, a veces slo son tan… hermosos' el rubio dejó escapar un suspiro, y era testimonio a su borrachera que siguió hablando cuando debió haber callado, porque los ojos negros de Koushiro ya no estaban en libro, sino en él, observándolo con atención 'La imposibilidad del destino y una chica inalcanzable…'

Koushiro cerró el libro y se inclinó un poco hacia adelante.

'Yamato-san… ¿de qué estás hablando?'

Yamato iba a responder, pero acababa de encontrar su celular parpadeando en su bolsillo, con un mensaje de Mimi brillando en la plantilla. Aun desorbitado, el rubio se colocó de pie y giró hacia la puerta.

'No importa. Debo irme, Koushiro. Dile a Taichi que gracias'

Koushiro no contestó sin retirar la vista de él mientras este desaparecía por la puerta dando tumbos al salir para recoger sus zapatos y su chaqueta. El pelirrojo se inclinó en su asiento, frunciendo el ceño con incredulidad.

'No es posible' murmuró para sí, al tiempo que Taichi salía del baño con una pose abatida 'Taichi…' lo llamó haciendo girar al moreno '¿qué diablos está pasando entre Mimi y Yamato-san?'


Eso es todo por hoy. Espero sus cartas de odio.