Hello, it´s me con nuevo capitulo. Se terminaron mis vagaciones T.T así que tardaré un poco más de lo normal en actualizar, pero ojo, NO abandonare la historia porque lo que yo empiezo, lo termino. Lo juro por la Hermandad del Calcetín y la Sagrada Iglesia del Ron.

En el presente capitulo conoceremos un poco de los orígenes de Yuri, Beka sacando la navaja y la aparición de la suegra de Yuuri. chan chan chan. Dejamos atrás al reggaeton para dar paso a un poco de rock.

Lo mismo de siempre, los personajes son propiedad de MAPPA, Sayo y Kubo sama, excepto la madre de Yuri, el donador de esperma y algunos otros que aparecerán por aquí. Alguna falta de horrografía es porque un hechicero lo hizo.

Se me olvidó advertirlo en el capitulo pasado, pero aquí también hay #AlarmaDeTaladro. O sea #ViktorcondaAttack (hashtag cortesía de Fannynyanyan1912)

Ahora si, disfruten su lectura.


Nuevamente fue regañado por el director Felstman por dormirse en plena clase de historia. Y nuevamente llamarían a su madre, entonces ella… Yuri no sabía que pensar. Tanya llevaba días en un extraño mutismo, evadiendo sus múltiples preguntas desde que supo quién fue el que le regalo su Rallo macuin. "¿Tanto le afectó el encuentro con ese imbécil, que incluso desistió de ir a la Phiesta?"

Recordó la tarjeta. Ya que su madrecita decidió callarse cuanto más necesitara que hablara, contactaría a ese Karenin y le exigiría explicaciones. No quiso molestar a su abuelo, dado que acababa de salir del hospital y podía importunarlo con sus interrogantes.

Envió un mensaje de Whatsapp al número impreso en la tarjeta, a pesar de que Tanya le prohibió categóricamente que lo hiciera.

Esperó la respuesta apoyado en la pared que separaba el establecimiento de la calle. Miraba a gusto un video de gatos que se asustaban por culpa de un pepino cuando su visión fue interferida por un cuerpo extraño quien lo aprisionó como un pulpo.

-¡Eres tan lindo como en las fotografías! –oyó exclamar una chillona voz de mujer.

-¿Quién demonios eres tú? ¡Suéltame loca! –la apartó con rudeza.

La miró de pies a cabeza. Era una mujer alta, aparentemente atlética, de largos cabellos castaños y gafas hípster. Lo contemplaba con genuina alegría.

-¿Eres Yuri? Si, debes ser tú, eres idéntico a tu madre. ¡Qué suerte que heredaste su belleza!

Yuri la miraba ceñudo.

-¿Podrías irte? Estoy esperando a mi novio, no quiero que me vea contigo,cof,cof hípster, cof cof.

-Brayan Otabek Nepomuceno Altin López se encuentra en estos minutos rindiendo un examen, es imposible que lo estés esperando jovencito – dijo la extraña como si estuviera recitando un reporte.

-¡Quien mierda eres! ¿Una stalker? – esa loca sabia mejor que el mismo los horarios de Beka.

-¡Que soy torpe, no me he presentado! Soy Anna Dmitrievna Karenina, detective. Pero me puedes llamar Anya –le tendió la mano amistosamente y sonriéndole con ternura.

Dmitrievna… Dmitrievna…

-¿Eres hija del anciano cuatro ojos? –preguntó finalmente.

-Por supollo.

-Dile al vejete ese que no me clave el visto, que se cree…

-Papá te dio mi número, así que la que te clavó el visto fue yo, ¡Ups, lo lamento! Pero me alegro mucho que nos contactaras, esperábamos mucho que lo hicieras… moría de ganas de verte en persona, ¡papá ha hablado tanto de ti!

-¿Por qué tanto interés en mí? Nadie quiere decirme nada. ¡Ya no soy un niño, joder!

-No creo que lo seas Yuri. Es más, considero que eres suficientemente mayor para conocer la verdad de una vez por todas.

-¡Uy, tanto misterio! ¡Suéltalo ya! –el joven estaba exasperado por los rodeos que se daba la mujer.

-Yuri… que difícil decir esto… Yuri, yo… yo… soy tu hermana mayor… ¡uf, al fin lo dije! –exclamo aliviada, como si se hubiera sacado un gran peso de encima.

El ruso tenía una expresión que podría sintetizarse con la frase "¿Me quieres ver la cara de estúpida?"

-¿Qué te fumaste? Yo no tengo hermanas, ni menos una con nombre de libro – negó agitando su cabeza, apartándose de la mujer.

-Es difícil asimilarlo al principio, yo me enteré hace poco también…. Hum… no nos queda más que aceptar este hecho de que tenemos el mismo padre…

-No pienso aceptar nada. ¡YO NO TENGO PADRE, NI QUIERO TENERLO! -gritó.

Huyó del lugar terriblemente consternado por la revelación. Sentía la cabeza estallar… la sangre afluir con velocidad por su cuerpo… la rabia se acumulaba en sus ojos en forma de lágrimas que no procuró contener.

-¡Yuri! ¡Yuri! –lo llamaba "su hermana". La ignoró.

-¡Yuri, tú casa está del otro lado!


Karenin o Berezutski, como prefiriera llamarse, esperaba con impaciencia la llegada de Anya y Yuri. Los había citado en la casa de su buen amigo Charles, el jefe de policía, en donde estaba alojando actualmente. En su regazo acariciaba a su fiel compañero Leónidas, su gordo gato birmano, quien ronroneaba a gusto por la atención recibida de su humano. Miraba con inquietud la hora en el reloj de pared. Estaban tardando demasiado.

-Oye Padrino, el reloj no va a desaparecer si lo dejas de mirar –observó Charles, notando la inquietud del ruso, que incrementaba cada vez que el minutero daba la vuelta completa.

-Charlie, Charlie no imaginas lo nervioso que estoy. Mi muchacho pidió hablar conmigo ¿lo puedes creer? Ahora podré explicarme adecuadamente… esta Anya que se demora…

-Mitka, todavía es temprano, el chiquillo debe estar aun en clases.

-Ya debió salir -Me dijo que saldría a las diez pues utilizaran su colegio como sede de votaciones.

-¿y qué hora es?

-Son las once

-¡Chúpala entonces! ¡Ja, ja, ja!

-Charles Noirtier madura ¿ok? Ya no estamos en la escuela, hombre ya vas para los cincuenta años y todavía con las bromas de secundaria –dijo, fingiendo indignación.

-Y todavía sigues cayendo en la misma broma de hace más de veinte años. Sigues siendo ingenuo, Karenin –se enjugó una lágrima provocada por la risa.

-Leónidas, estoy seguro que Yuri te va a adorar apenas te vea. ¡Eres precioso! Si todo sale bien, conocerás a Puma Tiger Scorpion y al Joven Llancuc, y podrás jugar con ellos ¡ya verás que la pasaremos todos muy bien!

-Eso, eso, ignórame Mitka, cámbiame por tu gato –le reclamó divertido el policía viendo como el abogado le hablaba al gato con cariño, como si de un niño se tratara e ignorándolo a él deliberadamente.

-Habla con mi mano –le dijo, mostrando la palma, sin dirigirle la mirada.

-Esperemos Leónidas –Dijo Charles, dirigiéndose al gato –que el Joven Plisetsky no sea igual de pendejo que su padre, aunque ya voy perdiendo las esperanzas… o sea no puedo esperar mucho de alguien que le pone Puma Tiger no-se-que a su propio gato.

- Tú que vas a saber de gatos, Noirtier –le dijo con desprecio.

-Vaya, ¿no que me estabas ignorando, Mitka?

Dmitri chasqueó la lengua en respuesta.

-Tampoco es que tú sepas mucho de nombres para gatos, te recuerdo que al tuyo lo bautizaste como Leónidas Thor Trescientos. Bendita fortuna que a tus hijos sus madres les escogieran el nombre, quizá como se hubiera llamado la pobre Anya…

-Cómo si mi ex esposa lo hubiera hecho mejor… ¡la llamó Anna! A sabiendas que con mi apellido el bullying era seguro. La pobre ha tenido que cargar con el estigma de llamarse Anna Karenina, la gente cree que bromea cuando le preguntan su nombre. Yo la hubiera llamado de otra forma.

-Peor que esa, te creo capaz –afirmó el policía, convencido –mejor ni imaginar cómo hubieras nombrado al chico…

-¿Sabes algo, Charles? Lo hubiera llamado de la misma manera. ¿No me crees, verdad? Años atrás le comenté a Táneshka que si algún día yo fuera bendecido con un niño, le pondría el nombre de Yuri, como mi héroe de la infancia…

-¿El astronauta?

-Exacto. Yuri Gagarin, el primer hombre en viajar al espacio exterior. Me maravilló mucho saber que Táneshka, a pesar de todo, no olvidara ese pequeño deseo mío…

El abogado no dijo nada más, perdiéndose en los recuerdos del pasado y pensando como afrontaría el futuro, sin dejar de acariciar el lomo de su mascota. El jefe de policía, acostumbrado a los repentinos ataques de mutismo de su viejo amigo, lo miraba pacientemente mientras fumaba su cigarro, aprovechando la ausencia de su esposa. Esperaba sinceramente que a Mitka le resultaran al fin las cosas, ya que después de tanto tiempo sometido al yugo familiar, se daba el permiso de hacer lo que sentía.


En el parque donde por primera vez Otabek Altin confesó sus sentimientos, un particular gatito de ojos verde agua estaba encaramado en una de las ramas gruesas de un antiquísimo árbol. A los pies del mismo, tiempo atrás, se besaba con su novio, toqueteándose por debajo del uniforme escolar ya que en ese minuto su relación era un secreto para el mundo.

Yuri acudió nuevamente a ese árbol, su árbol al que consideraba como su refugio particular, el lugar donde talló con la navaja del kazajo el testimonio de la perpetuidad de su amor, escribiendo Beka y Yura x 1000pre. La marca seguía allí y la repasó con sus delgados dedos, recordando cuando Beka le dijo:

-Emmm… Yura, creo que hay un cero de más allí, si lo que querías escribir allí era "siempre"

Yuri adoptó una postura seria ante el cuestionamiento de su pareja.

-¿Qué número es más grande, el cien o el mil?

-Pues el mil –respondió el kazajo sin saber a qué venía esa pregunta.

-¿Ves? Nuestro amor va a durar más que los pendejos que colocan "100pre" Ponte verga Beka –dijo, tocándose la sien con el índice.

-Yura ¿Qué clase de explicación es esa? –cuestionó Beka entre risas.

-¡No te rías!

Yuri se sonreía al recordar eso, puesto que se inventó esa excusa para no admitir que se había equivocado en tallar la cifra. De todas formas, su explicación era mejor y más romántica.

-Parece que Katsuki también dejo su marca aquí –oyó una conocida voz. Un brazo cubierto de cuero negro señalaba la inscripción Viktor y Yuuri x 10^2pre

-¡Malditos, se atrevieron a mancillar mi árbol! Seguro que fue el pelón ese… ya verá…

-Por la forma nerd de escribir cien apuesto a que lo hizo Katsuki, él es el matemático.

-Si… tienes razón Beka, tuvo que ser el cerdo. Ya verá si tendrá ganas de seguir escribiendo estupideces en mi árbol cuando cambie la configuración de su calculadora a radianes antes de su examen, muajajajaja–prometió Yuri, riendo ante lo que creía ser una terrible venganza.

-Qué alivio verte más sosegado Yura. Me preocupé mucho cuando me llamaste, te escuché muy afectado, dime que pasó.

Bajando de un salto, Yuri tomó asiento en una de las raíces del árbol, imitándolo Beka.

-La hija de Berezutski se apareció en la puerta de la escuela y me dijo que éramos hermanos.

Otabek no reaccionó ante la noticia, tenía más bien una cara de póker.

-¿No entiendes Beka? Ese anciano cuatro ojos posiblemente sea mi padre.

-Ya lo sabía Yura –dijo simplemente.

-¿Qué? ¡Por que no me lo dijiste Beka! ¿Es que también estas en plan de no decirle nada a Yuri, al igual que mamá y el abuelo? –cuestionó el muchacho duramente.

-No me enteré por ellos, si eso te tranquiliza. No esperaba ni buscaba saber eso…

-Tienes cinco minutos para explicarme como te enteraste o comenzare a borrar ceros.


Llevaba semanas con la sensación de ser espiado. A donde sea que fuera con Yura tenía esa impresión. En un principio creyó que era Tanya la que los seguía, en busca de pillarlos in fraganti en el acto sexual. Mas, con la detención de Yura en el día de su cumpleaños se esclareció la identidad del espía.

Entonces le planteó esa inquietud a Nikolai Plisetsky. Luego le preguntó si ese abogado tenía algo que ver con ellos, algún asunto pendiente tal vez, porque era evidente que lo conocían y hasta podría afirmar que temían algún encuentro con él. El abuelo desecho sus temores, bajándole el perfil a esa extraña situación, pero despertó la suspicacia del kazajo. El tipo era tenaz y no les perdía el rastro en ningún momento y eso era algo que le reventaba los cojones a Otabek, ya que la constante vigilancia le impedía arrendar con la tranquilidad y privacidad necesaria, una habitación para hacer el amor con su pareja.

Fue el colmo cuando pilló al sujeto acechando en la entrada de la escuela de Yuri. Vio su auto estacionado un par de cuadras más allá y tuvo el impulso de pincharle los neumáticos, pero necesitaba saber primero que es lo que pretendía el abogado con esas actitudes extrañas.

-De nuevo por aquí, señor. Déjeme decirle que como espía usted se moriría de hambre –espetó Otabek provocando que el adulto respingara de la impresión.

-Joven Altin, ¡que coincidencia!

-Coincidencia mis pelotas ¿Qué quiere de Yuri? –lo increpó en duros términos.

-¡Vaya! Pregunta directa que merece una respuesta de la misma índole: que te importa.

-Me importa y mucho porque soy el novio de Yura y hace tiempo usted nos viene siguiendo el rastro y créame que me está hartando todo este misterio. Dígame lo que quiere de una vez por todas.

-No puedo decírtelo. Mis asuntos con Yuri son estrictamente de índole familiar, por ende son privados, por ende, no te incumbe joven Altin –respondió con acritud el hombre mayor.

-No dejaré que se acerque a mi novio sin conocer sus intenciones primero. Como no quiere decirme nada, tendré que pedirle que se vaya a joder a otra parte.

-Lamento no poder acceder a su amable petición pero no está en mis planes hacer lo que otros me ordenen que haga, menos si provienen de jovencitos a los que doblo en edad y porque no decirlo, en altura también, joven Bajin –respondió el abogado mofándose de la estatura del kazajo.

Error. Si algo no podía soportar Otabek Altin, eran las burlas a su baja estatura, ni menos los juegos de palabras con su apellido. No pretendía hacerlo, pero la burla sufrida invocó al Brayan que llevaba dentro y que era su primer nombre, que jamás usaba para evitar que lo estigmatizaran.

"Para los amigos abrazo, para los imbéciles, navajazo" era su lema en su época de pandillero y no esperaba emplearlo en la actualidad, pero había sido provocado.

-¡Hey tranquilo! No es necesario que me apuntes con esa cosa… po-podemos arreglarlo conversando –sugirió Dmitri intimidado por la navaja del kazajo que estaba inconvenientemente cerca de su cuello.

-Qué bueno que se volvió razonable señor como-se-llame.

-Cualquiera lo haría con una navaja en la carótida, joven Altin.

-Vayamos a un lugar más privado para que me cuente sus intenciones sin que nos interrumpan.

El hombre tragó saliva, pues esas palabras sugerían más bien que fueran a un lugar donde no hallarían rastro de su cuerpo ensangrentado por múltiples apuñaladas.


Finalmente, Otabek sin dejar de mostrar la navaja, guio a Dmitri a un restorán. El joven tenía más hambre que dinero y no dudó ni un segundo en desplumar al abogado pidiendo el menú más caro de la carta. Karenin no replicó, era su precio a pagar, era su cuello o su billetera y prefería sacrificar esta última.

-Espero que te guste la comida… tienes un paladar exquisito –comentó Dmitri adulador.

-Al grano, Berezutski –ordenó Otabek, sin despegar los ojos de su plato.

-Ni que fuera Asepxia –murmuro a lo bajo.

-¿Perdón, que dijo? –preguntó el kazajo apuntándolo con el cuchillo.

-Tengo dislexia –Otabek incrédulo enarcó una ceja ante la afirmación de Dmitri -¿Qué? Todos los disléxicos somos persianas.

-Déjese de estupideces y cuénteme que quiere de Yura.

-Primero come toda la comida, que bien cara me costó. Me has sacado tanto o más dinero que mi ex esposa…

-Que quiere de Yura y sea conciso –insistió Altin.

-Soy su padre.

"¡No tan conciso!" Otabek se lo quedó mirando como si al hombre le hubiera salido un tentáculo o un tercer brazo.


-Le pedí con mucha amabilidad que me explicara porque te buscaba tanto y conversamos amenamente en un restoran y allí me reveló que era tu padre –contó Otabek en breves palabras.

-Beka, ¿Le sacaste la navaja al anciano? –preguntó Yuri mirándolo con sospecha.

-No. Solo se la mostré para que viera lo bonita que era. Si eso posibilitó que ayudara a que hablara… ahí no sé nada yo.

Yuri se arrojó a sus brazos y capturó sus labios.

-Gracias.

-¿Qué harás Yura? No puedes ignorar el hecho que apareció tu padre y una hermana.

Yuri pensó por un largo rato, apoyado en el regazo de su pareja, quien jugueteaba con sus dorados cabellos. Suspirando ruidosamente, finalmente dijo:

-Tengo que hablar con mamá primero.

Yuri Plisestky ha madurado.


A Viktor Nikiforov le dio un ataque de melosidad en pleno ascensor del edificio donde residía. No dejaba respirar al pobre Yuuri con tanto besuqueo y manoseo. Este trataba de sujetarse como podía, no hallando ningún apoyo se aferró a su prometido, aprisionando la cadera del ruso con sus piernas.

Viktor estaba radiante. Venía del Ice Castle a buscar a su cerdito y como no, se encontró con la presencia de Chihoko. "¿No le bastó con el plantón que le dio Yuuri? Me veo en la penosa obligación de dejarlo en su lugar, la Friendzone" Entonces cambió su anillo de dedo, colocándoselo en el medio y entró inflando el pecho, saludando a Yuuko y llamando a su Yuuri, quien acudió corriendo a su llamado y lo abrazó con entusiasmo.

Aprovechando que el japonés no estaba mirando, levanta con burla y presunción el dedo de al medio en dirección a Chihoko, procurando que el anillo se viera todo lo brillante que las luces del lugar lo permitieran y posando su otra mano en una de las nalgas de Yuuri como queriendo decir este culito es mío. Sus ojos brillaban con un destello de burla y sonreía socarronamente , mientras que en su mente se imaginaba que sonaba I'm a boss ass bitch, bitch, bitch, bitch, bitch, bitch, bitch.

"Eso debe bastar" pensó satisfecho.

-¡Felicidades por su compromiso! Me alegro tanto por ustedes, hacen tan linda pareja… –dijo amablemente Yuuko.

-Por supuesto que tú y Takeshi están cordialmente invitados a la boda. Ah, y tú también Chihoko. ¿Cierto, cariño?

-¡Claro que sí! –respondió Yuuri con gran alegría, ya que veía en ese gesto de Viktor una demostración que los celos que sentía hacia el psicólogo eran cosa del pasado.

-Vámonos MI AMOR que voy a prepararte… un sabriculento platillo ruso. Da svidaniya!- se despidió Viktor agitando la mano como si fuera reina de belleza, con el propósito de lucir una vez más su anillo. La cara de Chihoko –colorada era decir poco – lo valía. ¿Qué importaba si lo fulminara con la mirada? Eso no lo sacaría de la friendzone ni en un trillon de años. #InyourFaceChihoko.

-Yuuri… no aguanto… hagamoslo aquí –dijo Viktor jadeante.

-¿Estás loco? Ya estamos llegando a tu piso.

Llegaron a la puerta y Viktor no soltaba a Yuuri, al que abrazaba por detrás.

-Vitya, abre la puerta.

-Abre tú –le pasó las llaves sin dejar de besarle el cuello.

Los recibió Makkachin, abalanzándose hacia Yuuri, lamiendo su rostro con cariño y meneando su rabito con rapidez. El japonés quedó atrapado entre dos frentes.

-Makkachin, suelta a tu madre que tengo que darle su lechecita.

-¡Vitya! Será mejor que alimentes al pobrecito ¡Míralo! Tiene hambre. ¿Cierto Makkachin? –preguntó Yuuri acariciando los suaves rizos del perro.

-Pero Yuuri, quiero que tengamos sexo sin alcohol. Sabes que quieres, aquí abajo no miente –le dijo tocándole la entrepierna.

-A la noche Vitya, espera a la noche, ahora quiero comer, muero de hambre y Makkachin también.

Comida: 1 – Viktor: 0

-Está bien –concedió el ruso haciendo un pucherito –pero me tienes que dar un besito como adelanto porque tengo hambre de mi Yuuri.

De puntitas, el japonés posa sus labios en los de su pareja. Atrevido como él mismo, Viktor no perdió ocasión en entrelazar su lengua con la de Yuuri, pervirtiendo el casto beso inicial. No pudieron seguir intercambiando ADN mitocondrial ya que un inoportuno timbre sonó.

El dueño de casa abrió la puerta, molesto por la interrupción. Entonces la molestia dio paso a la sorpresa.

-¿Mamá?


Sentados en la mesa, con sendas tazas de té en sus manos y el samovar al centro, madre e hijo se disponen a charlar acerca de un importante asunto.

-Así que tu hermana vino a verte a tu escuela –habló Tanya tras un incómodo silencio.

-Si –respondió Yuri lacónicamente.

- Anya debe estar hecha toda una mujer.

-Es detective.

-Vaya. Ahora entiendo cómo nos pudo encontrar.

-Madre ¿No crees que me merezco alguna explicación? O sea… de la nada aparece una mujer que dice ser mi hermana y que nuestro padre es el kilómetro parado.

-¿Qué quieres saber, Yura?

-¡Pues todo, mujer! ¿Por qué ese idiota se atreve a aparecer después de tantos años? ¿Qué mierda quiere, jugar a la familia feliz? –preguntó impaciente.

-No sé lo que quiere, ni que pretende. Tampoco me interesa averiguarlo. ¿No le preguntaste a él o a Anya? Vi que te fuiste con ella en el auto…

-SI, fui a devolvérselo. Cree que puede comprar mi cariño con un auto, pero ya le demostré que se equivoca.

-Entonces asunto concluido. Demos vuelta la página y hagamos como que esto jamás sucedió. Sigamos como antes.

-¿Pretendes ignorar esto que pasa? No puedo creerlo ¡Tatiana Plisetskaya escondiendo la cabeza como un avestruz! Madre tú misma me enseñaste que hay que hacer frente a las cosas, no fingir que nada pasa –espetó Yuri.

Tanya solo inclinó su cabeza, mirando la taza de té a medio tomar.

-Yura… recordar duele… duele mucho –la superficie del té se vio perturbada por unas ondas producidas por lagrimas que caían desde unos ojos verdes.

-Pues inténtalo… hazlo por mí –dijo Yuri, suavizando su tono de voz al percatarse que su madre lloraba –es mi derecho saber la verdad. Toma, suénate la nariz.

-No se te ocurra pasarme un calcetín, muchacho –dijo Tanya, más recompuesta.

-¡Es una servilleta, vieja loca! –estalló Yuri.

Tanya se rió.

-Mi Yura actuando tan maduro, ya me estaba asustando, ja,ja,ja.

-¿Me vas a contar o no?

-¿Estás preparado para escuchar esta triste historia?

-¡Habla ya!


"Tenía tan solo 15 años cuando lo vi por primera vez en el buffet de abogados que comandaba papá. Tu abuela Sónechka me pidió que lo fuera a buscar para evitar que se quedara trabajando a altas horas de la noche. Llegué y no estaba, ya se había ido hace media hora atrás. Pero estaba él, Mitka. Pálido y ojeroso, su cara gritaba por un descanso urgente y para no hacer mi viaje en vano, me quedé charlando con él un rato. Pero se nos hizo tarde y me ofreció llevarme a mi casa, ya que afuera estaba oscuro como boca de lobo.

No te voy a mentir, Yura, quede fascinada por ese hombre. Podía conversar con él horas y horas y no me aburriría nunca. Era gracioso, caballeroso y un loco amante de los gatos. Pronto descubrí que esa sonrisa y esa alegrías que parecían perennes en Mitka, solo era una fachada para enfrentarse al mundo, en el fondo era un ser profundamente infeliz e insatisfecho con la vida.

De joven contrajo un matrimonio más arreglado que elecciones presidenciales, con una mujer a la que no quería en lo absoluto. Aceptó sin chistar ya que era su destino emparejarse con la hija de alguien influyente siendo él hijo de otro alguien también influyente. Típico de telenovela.

Pero poco a poco ese matrimonio comenzó a pesarle como un lastre y su vida se hacía día a día insoportable. Hasta que llegue yo, que según él, le di sentido a su existencia. Al principio no le creí mucho, pero terminó por hechizarme en cuerpo y alma, como diría Mr Darcy.

Comenzamos una relación clandestina. Estuvo mal, lo sé pero en ese minuto creía que estaba siendo lo correcto, porque veía que su sonrisa era más grande y su alegría, verdadera, todo gracias al amor que nos prodigábamos. Y a los 16, me entregué a él. Quedé embarazada de ti y como ya sabes, papá me echó de la casa. Entonces recurrí a Mitka y arrendó un departamento en la ciudad para que fuera a vivir contigo.

Los primeros meses fueron tranquilos. Dejé la escuela y él me iba a visitar un ratito todas las tardes y cuando podía, me acompañaba al médico. Pero sus visitas fueron disminuyendo conforme pasaba el tiempo. Claro, sus padres se habían enterado de lo nuestro. Pero yo estaba tranquila, Mitka me había prometido que iba a divorciarse para casarse conmigo y formar nuestra familia.

Un día su madre, una vieja de mierda, vino a visitarme y a tratarme de puta, de trepadora, de rompehogares… solo imagínate a Soraya Montenegro para que te hagas una idea de cómo era. Todo eso me dijo frente a Dmitri, que se quedó callado, sin mover un puto dedo para defenderme, ni siquiera cuando esta me lanzó billetes para que abortara, que ellos cubrirían todos los gastos. Me negué por supuesto. La vieja estaba que reventaba de ira ante mi negativa. Me ignoró y le exigió a su hijo, textualmente: "Llévate a esta puta y a su bastardo lejos de aquí, si se entera Katya de tu desliz, estaremos arruinados ¿me oíste?"

Él asintió, dominado por ella. Me di cuenta que no iba a tener futuro con él. Dmitri me escondería en alguna provincia perdida de por allí, con suerte nos visitaría para tu cumpleaños y alguna llamada telefónica para navidad. Viviríamos tú y yo en la clandestinidad, solos. No quería eso para ti, mi Yura, vivir en la oscuridad con el título de bastardo sobre tus hombros. Me armé de valor y me largue de allí, antes de que me llevaran a quizás donde.

Nunca me buscó. No supe más de él. Se había rendido"


Una mirada celeste lo escrutaba de arriba hacia abajo. Examinaba su rostro con atención, como si estudiara una escultura.

-Mámasha, deja de mirarlo, no va a desaparecer.

-Vitya, córtala con tus celos o si no mi hermoso futuro hijo te va a dejar por otro. Con ese despampanante trasero que tiene, puede conseguirse a alguien con facilidad.

-¡Madre, no avergüences a mi Yuuri! –exclamó Viktor al ver a su novio colorado hasta la raíz del pelo.

-Silencio niño. Y no es tu Yuuri, no es una cosa que puedes tratar como tu propiedad. Disculpalo Yuuri, Vitya suele ser muy territorial, te apuesto que es celoso hasta de Makkachin. Soy Viktoriya Fiodorovna Nikiforova, un placer. Se pronuncia como la palabra victoria, pero para no complicarnos me puedes llamar Vika o mamá.

-Uuun gusto, seño… mamá. –saludó Yuuri, con una inclinación. No se atrevía a llamarla Vika, lo consideraba falto de respeto, ni tampoco por su nombre de pila ya que no logró memorizarlo del todo, así que optó por la opción más fácil: decirle mamá.

-¿En dónde está papá?

-Está con Kolya recordando viejos tiempos en el restorán de tus suegros, Vitya. Yo me pasé para acá porque extraño mucho a mi bebé…

-Mamá, tengo 28 años, ya no soy un bebé –repuso Viktor avergonzado. Su madre no había cambiado para nada: seguía con la costumbre de hacer visitas sorpresa a las horas más insólitas, arrastrando consigo a su padre, un hombre de costumbres pacíficas. No ha cesado tampoco de llamarlo con los más ridículos epítetos.

-¿Va a almorzar con nosotros, mamá? –preguntó la suave voz de Yuuri –Con Vitya vamos a cocinar un platillo ruso, si nos quiere acompañar.

-Querrás decir que tú lo cocinaras Yuuri, porque lo que es Vitya… se le quema hasta el agua fría –comentó la señora Nikiforova.

-¿A qué hora te vas mámasha? –preguntó impaciente el cariñoso hijo.

-¿Qué cómo a qué hora me voy? Lindo, con tu padre nos quedaremos una semana para que todos juntos como familia tratemos el asunto de la boda, que a todo esto, me enteré por terceras personas –dijo esto último con reproche.

-Te dije por teléfono que hablaríamos de eso cuando yo vaya a visitarlos en el campo –repuso Viktor un pelín exasperado. Vika Nikiforova era una mujer de pensamientos y acciones rápidas, no le gustaba dejar nada a manos del azar. Apenas se enteró del matrimonio comenzó a planificar en su mente todos los pormenores del evento, presupuesto, barajar fechas, reunirse con los padres del novio… porque en el fondo sabía que Viktor dejaría pasar el tiempo o lo improvisaría.

-Bueno, ya estoy aquí así que me tendrás que aguantar ¿te ayudo en algo querido? –preguntó dirigiéndose a Yuuri.

-Emmm… ¿podría lavar y picar esas verduras, por favor? –pidió Yuuri, mientras se colocaba el mandil.

-¿Y yo que hago mi amor? –preguntó Viktor, deseoso de ayudar también.

-Tú lavaras los platos Vitya – intervino Viktoriya antes de que el japonés pudiera emitir respuesta –lo prometiste ante todo el país, hashtag 200 platos de amor.

-¡No me digas que viste ese vídeo!

-También vi el dance off de Yuuri v/s Seung, estuvo muy de moda en el pueblo. ¡Hubieras visto como los niños se retaban unos a otros a duelos de baile! ¡Amazing!

Viktor estaba atónito con mayúsculas. SU madre, su propia madre había visto el pack de SU Yuuri antes que él mismo. "¡Esto es el colmo! La decepción, la traición hermano"

-¡Mamá, pero si dijiste que ustedes no tenían wifi y que había mala señal para el internet móvil! –reclamó indignado, creyéndose viktima de un cruel engaño.

-Te dijimos eso para que no pasaras pegado a la pantalla y nos ignoraras, no seas exagerado, hijo. Ahora se un niño bueno y alimenta a Makkachin –ordenó su madre mientras pelaba una patata.

La señora Nikiforov era cosa seria. Una mujer de gran iniciativa y acostumbrada a salirse con la suya cuando algo se le metía en la cabeza, como en el caso del futuro matrimonio de su hijo unigénito. Después de ver desfilar un sinnúmero de parejas que pretendían ganarse el corazón de Viktor y amarrarlo a una boda –sin éxito claramente – el hecho que de propia voluntad se comprometieran, le producía gran curiosidad, sobre todo por conocer a la persona que cautivó a su hijo a ese extremo.

Lo que vio le agradó mucho. A golpe de vista le pareció un hombre de atractivo natural, de una inocencia seductora y adorables mejillas apretables y sobre todo un buen culo. Pudo vislumbrar en el japonés al Eros que llevaba dentro y que solo salía a relucir con alcohol. En resumidas cuentas, le interesó mucho profundizar el conocimiento acerca de su futuro hijo y determinó quedarse un par de semanas para analizar su carácter. Pero ya intuía que a pesar de la aparente timidez de Yuuri, este era el que llevaba las riendas de la relación. Y era justo lo que su bebé necesitaba.


Dos cabecitas rubias reposaban una contra la otra en el gran sofá. Tanya quedó rendida tras contar las circunstancias que antecedieron al nacimiento de Yuri. Era una historia que a pesar de los años transcurridos, aun le dolía rememorar. Se decepcionó del hombre al que amaba, tuvo que sobreponerse a los sentimientos que la vinculaban a él para dar a su hijo un futuro donde no fuera repudiado por sus orígenes. Contar eso no fue cosa fácil, pero sabía que en algún momento tenía que hacerlo, porque Yuri estaba en su derecho saberlo.

Yuri pensaba en todo lo que escuchó, mientras jugueteaba distraído con los cabellos de su madre, como solía hacer cuando niño en los momentos que sentía tristeza o miedo. Tanya dejó a su criterio la decisión de tratar a su padre o negarse a conocerlo, no pensaba influenciarlo de ninguna manera En este peliagudo asunto por fin lo trató como a un muchacho maduro y sensato. Agradecía mucho eso.

De pronto, echó de menos los arrumacos de Pyocha, quien siempre se le arrimaba cuando andaba en casa. No alcanzó a formular la pregunta cuando un mensaje llegó a su teléfono:

+56963033XX: El gatito también es parte de la devolución del auto?

Una foto adjunta mostraba a la detective sonriente y sosteniendo a Pyocha pegado a su mejilla.


Una especie de pudor se apoderó de Yuri a medida que se acercaba a la casa donde se hospedaba Dmitri. Creía que era patético de su parte volver tras haber devuelto el auto de forma tan dramática, apretando el claxon de forma exagerada, logrando los reclamos de los vecinos. Además, no sabía que pensar acerca de la historia de su madre, no la asimilaba del todo. Pero si tenía claro dos cosas: la primera, que su padre fue un grandísimo cobarde e hijito de mami y la segunda, que su madre fue una mujer muy valiente y fuerte.

Tocó el timbre y una mujer de mediana edad le abrió la puerta.

-Tú debes ser Yuri, pasa, pasa –le dijo, empujándolo hacia la sala –Disculpa por el desorden…

Lo que vio allí casi le contracturó la quijada de la impresión. Dmitri estaba sentado en la alfombra jugando con Pyocha. Apuntaba la pared con un puntero láser y cada vez que el minino intentaba atrapar esa lucecita con sus zarpas, la movía hacia el otro lado. La cosa era que el tenaz gatito se enfrascaba en la tarea de atrapar esa luz como de lugar, siendo recompensado posteriormente con una golosina.

Por otra parte, Anya arrojaba ovillos de lana a Leónidas para que se entretuviera, aunque al gato más bien prefería ser cepillado. Arrojó un último ovillo que vino a dar en la cara de Yuri.

-¡Yuri, que sorpresa! Me imagino que vienes por tu gatito –dijo Anya, poniéndose de pie.

El muchacho tuvo el impulso de salir y fijarse si la fachada no tenía el letrero de manicomio puesto.

-Nos volvemos a ver joven Plisetsky. Le recomiendo que de vuelta a su hogar no tome la avenida principal, me dicen por interno que es el territorio de Peppa Pig y no quisiera llevarte detenido por pegarle también –aconsejó el dueño de casa, Charles, que estaba sentado en su sillón favorito observando como sus amigos se entretenían con los gatitos.

-Yuri, no escuches a Charlie, busca provocarte –indicó Dmitri, mientras acunaba entre sus brazos a Pyocha –Mira, cuidamos bien a tu gatito y le dimos de comer algo livianito para tu tranquilidad.

-Eh… solo vine a buscar a Puma Tiger Scorpion… -tendió sus brazos para recibirlo.

La mujer que lo recibió en la entrada asomó su cabeza para anunciar la cena. Yuri juzgó prudente retirarse con su gatito y apunto estaba de hacerlo, cuando la dichosa mujer lo interceptó.

-¿Dónde vas, jovencito? Es hora de cenar, el comedor está del otro lado, vamos… -señaló la mujer, tironeándolo de la manga de su sudadera animal print. Lo único que quería el dueño de Pyocha era irse lejos de allí. No sabía cómo actuar frente a su padre y hermana, y hasta no tenerlo claro, prefería no tener contacto con ellos. Tenía mucho en que pensar, pero su mente aún estaba sobrecargada de información. No estaba en condiciones.

-Me voy, solo fui a buscar a mi gato, no a hacer vida social ni colarme en cenas ajenas. Con permiso, me largo, bai.

-Preparé Borsch.

-¿Dónde me dijo que estaba el comedor?

Si en algo no ha cambiado Yuri Plisetsky era lo fácil que se vendía por comida.


Tres platos llenos se zampó Yuri ante la maravillada mirada de la cocinera, quien seguía ofreciéndole más porciones. Le alegraba el corazón ver que el joven apreciaba su cocina, devorando los platos con variadas interjecciones que denotaban el placer que experimentaba su paladar.

-Caroline te felicito, tu borsch ha tenido un rotundo éxito. Ha quedado de primera –alabó el marido, Charles, entre cucharadas.

-Tía Caroline, con su permiso iré a servirme otra porción –pidió Anya, quien se prestaba a consumir su cuarto plato de la noche.

Al escucharla, Yuri la miró serio. ¿Acaso estás retándome?

-También quiero más –exigió el joven, con ánimos competitivos.

-Lo siento mucho, esta es la última porción –anunció Anya, sentándose con el plato a rebosar de la rica sopa.

-¡Te echaste casi toda la olla, morsa comilona! –reclamó Yuri con razón. Con lo que se sirvió la Karenina, alcanzaba para otro plato más.

-¡Que llorón! Acepta que se pierde y se gana en la vida, no puedes ir contra eso jovencito –dijo con tono solemne, mientras elegía filtro para aplicarlo en la foto que sacó del platillo.

-Vamos Anya, no seas glotona y convídale un poco a Yuri –sugirió Dmitri, conciliador. No quería que se estallara una civil war en plena mesa ya que el muchacho estaba que estallaba de indignación.

-Está bien pápasha, solo porque se trata de mi hermanito…

Esa última palabra le causó náuseas a Yuri.

Sintió vibrar su teléfono y disimuladamente se fijó en el remitente de la llamada. Era su madre. Le contestaría solo para pedirle que no lo molestara porque estaba comiendo. Bien sabía que si ignoraba la llamada, su madre no cesaría de marcarle hasta recibir contestación. No alcanzó a decir nada cuando la voz de su madre que gritaba para hacerse oír a través del ruido generado por música estridente.

-¡Yura ven urgente al Yutopia! Tu abuelo, el señor Toshiya y tío Petya se emborracharon mucho ¡está quedando el desmadre aquí!

-Mamá, no seas aguafiestas, deja que los viejos disfruten aunque sea una vez en su vida. No interfieras ¿alguien está grabando esto?

-¡Yura! ¿Quieres soportar al abuelo con resaca? ¿De veras quieres eso?

-Voy en cinco. El abuelo era el triple de gruñón en ese estado.

Cortó.

-Ya oyeron todo, me imagino –dijo Yuri refriéndose a los comensales –tengo que ir a acarrear bultos, así que permiso y gracias.

Yuri atrapó del aire unas llaves que Dmitri arrojó en su dirección.

-Lleva tu auto. Lo necesitaras. Más tarde puedes ir a buscar a Pyocha.

No podía negarse tampoco. Tenía que saber llegar rápido, ya que su madre estaba perdiendo tiempo de estudio para su examen por ir al Yutopia para tratar de llevarse a Nikolai para la casa.


Yuuri enterraba sus uñas en la ancha y fornida espalda de Viktor, dándole a entender que lo quería sentir más profundo en su cuerpo. Los dos cuerpos estaban sudados por la intensa actividad que los mantenía placenteramente ocupados esa mañana. En la habitación solo se podía escuchar los jadeos de ambos, entregados al acto de fundirse uno con el otro, ignorando los rasguños de Makkachin a la puerta, exigiendo ser alimentado.

Una hermosa vista tenía Viktor del cuerpo bajo el suyo: labios hinchados, boca apetitosa que gemía su nombre cada vez que se enterraba en él y el pálido torso lleno de chupetones, cuya piel jamás se aburriría de lamer y morder como si se tratara de su golosina favorita. No había nada más erótico que oír a Yuuri exigirle que le diera más y más duro a la vez que sus piernas rodeaban su cadera, por lo que incrementó la velocidad y frecuencia de sus estocadas hasta oír el ruido producido por el choque entre sus pieles.

-Ah… Vitya… si… si… no te detengas… dame más…más

-Te voy a dejar en silla de ruedas –dijo Viktor, el chico de las poesías.

Dicho esto comenzó a embestirlo como si no hubiera un mañana.

Culminado el acto, Viktor se recostó al lado de Yuuri, mientras éste recostaba su cabeza en el pecho agitado del ruso. Sentir sus latidos lo relajaba de sobremanera. En esa postura permanecieron durante varios minutos, contentos de lo que acababa de pasar. Al fin pudieron hacer el amor sin alcohol de por medio… y fue asombroso.

Después de desayunar y alimentar al caniche, la pareja se preparaba para asear el departamento, que harta falta le hacía, para recibir a los padres de Viktor. Pero barrer se convirtió en una tarea titánica para Yuuri, ya que por un lado, Makkachin trataba de morder la escoba, y por el otro, Viktor lo abrazaba por detrás, inmovilizando sus brazos.

-Hooold you in my arms i just wanted to hold you in my arms. Myyy life, you electrify my life (tenerte en mis brazos, solo quería tenerte en mis brazos. Mi vida, tú electrizas mi vida)….(1) –cantaba Viktor, moviéndose al son de Starlight, estrechando aun con más fuerza a Yuuri, que hacía vanos intentos de mover la escoba.

-Vitya, déjame barrer, debo preparar después el almuerzo antes de que lleguen tus padres.

-But I´ll never let you go if you promised not to faaade away, never faaade away (pero nunca te dejaré ir si tu prometieras no desvanecerte) –siguió cantando el ruso, ignorando la petición de su novio.

El japonés tuvo que esperar que terminara la canción, pero no contó con que Viktor usurpara la escoba para utilizarla como micrófono y cantar la siguiente encima del sofá

- I´ll wait a thousand years, just to see you smile away (2)… Para que sepas Chihoko … love is our resistanceeee (Esperaré mil años con tal de verte sonreír otra vez … fuck you Chihoko… el amor es nuestra resistencia)

-¡Vitya! Baja de allí te lo pido –solicitó Yuuri, aguantándose la risa. Pero le dio la razón a Viktor: hacer el aseo con música era mucho más divertido y hacia la labor más llevadera, también consideró una idea muy creativa colocarle unos trapos en las patas de Makkachin para que limpiara el piso mientras se paseaba por el departamento.

Ojala tuviera el mismo entusiasmo para lavar los platos.


-Voy contigo a buscar a Pyocha porque eres débil ante la comida –anunció Tanya subiéndose al auto con Yuri, tras suministrar a Nikolai remedios para la resaca.

-Mentirosa, tú también quieres comer el borsch de la señora Noirtier.

-¡Claro que no! Por eso estamos yendo después de almuerzo y antes de la cena para que no te seduzcan de nuevo por comida. ¡Yura, como puedes ser tan fácil de convencer!

-¿No te acuerdas que fingí ser el cerdo por dos platillos gratis de Katsudon? Pero no te preocupes, voy por Pyocha y me largo, así que bájate que puedo ir solo. No tienes por qué ir.

Un destello de luz iluminó los verdes iris de Tanya.

-¡Aww! Yura, ¿me estas cuidando acaso? Eres como un coco.

-¿Un coco? No me digas que también te embriagaste – preguntó Yuri, extrañado por a curioso símil.

-Duro por fuera, pero dulce y blandito por dentro.

-Estás loca de remate, se nota que no dormiste nada por quedarte a estudiar. Hazme caso y quédate en casa, con esa cara de zombie vas a espantar a la gente.

-Callate y súbele el mambo pa que mis gatas prendan los motore

-Ya, ya. Pero no pongas reggaetón.

-¡Que desconfiado! Iba a colocar algo de los Guns ´n´Roses.

Madre e hijo parten en el auto con Welcome to the Jungle sonando a todo volumen.


Estaba tranquila Anya Karenina revisando algunos expedientes en la sala de los Noirtier, junto al gordo Leónidas que acicalaba a Pyocha a los pies de Dmitri, quien leía el periódico con atención, cuando desde la calle se escuchó una potente melodía de rock proveniente de cierto auto que ya conocemos.

-OOOOOOOOUUUOOOOOOOOOOH SWEET CHILD O´ MINEEEEE (3) –cantaban a dúo madre e hijo.

-¡Guitarra de aireeee! – exclamó Yuri emulando el riff de la canción con una guitarra que solo él podía ver.

Salió Anya a recibirlos.

-¡Yuri! ¡Tatiana Nikolaievna! Pasen por favor, los estábamos esperando.

-No demoraremos mucho –dijo Tanya adoptando una postura seria.

Entraron los tres y los recibió esta vez Charles.

-Hola Yuri, buenas tardes señorita Plisetskaya, ¿viene del set de The Walking Dead?

-Son los estudios, señor comisario y este niño que no se duerme nunca –respondió Tanya sin poder ocultar las ojeras y sus ojos agotados. Aunque la música logró hacerla revivir un poco.

-Ja, ja, ja. Pasen, el gatito está en la sala. –indicó el dueño de casa.

-Un gusto verla de nuevo Tatiana Nikolaievna –saludó Anya.

-Solo dime Tanya, no seas tan formal conmigo, querida. Has crecido mucho.

-Mamá, no te sorprendas de lo que puedes encontrar allí. Ya te conté lo que ví ayer –advirtió Yuri.

Dmitri se colocó inmediatamente de pie al verlos ingresar a la sala. Lo habían tomado por sorpresa. Su hija no le había advertido.

-Táneshka, Yuri… no esperaba verlos aquí… -dijo mientras limpiaba sus lentes con su chaleco.

-No, los vas a rayar –dijo Tanya preocupada.

-¿Qué?

-Solo venimos por Pyocha ¿Dónde está el gato? –demandó la mujer.

-¿Por qué estas apuntándome con una banana?

-Que bruta eres, confundiste tu teléfono con una banana –se burló Yuri. Era común en Tanya confundir los objetos cuando se desvelaba por estudios.

-Yura cállate y toma al gato que nos vamos.

Yuri tomó a Pyocha que estaba dormido echado a un costado de Leónidas. Se aprestan para salir lo más rápido posible pero nuevamente son interceptados por la amable señora Noirtier, que surgía desde la cocina donde preparaba nuevas delicias para su negocio.

-¡Tanya querida! Hace tiempo que no te veo en mi pastelería.

-Perdoname Caroline, estoy a dieta –se disculpó Tanya, quien era una clienta asidua de la pastelería de Caroline Noirtier.

-Ayer tuve el placer de alimentar a tu hijito ¡es un niño muy bueno, se comió toda la comida y más!

-Nadie se puede resistir a tus preparaciones querida Caroline, cocinas como los dioses. Bueno, nos retiramos, tenemos cosas muy urgentes que hacer.

-¿Tan luego? –preguntó Anya decepcionada.

-No se pueden ir sin antes de probar mi nueva versión del pie de limón. Me encantaría conocer sus opiniones antes de venderlo en la pastelería.

-Vamos, no pueden negarse a las exquisiteces de mi Caroline –trató de convencerlos Charles –Mitka, diles algo.

-El pie es gratis. –fue lo único que dijo, sin dejar de mirar fijamente a Tanya.

-Lo lamento, me duele más a mí que a ti, Caroline. Me quema, me lastima, pero la dieta es la dieta. Con permiso. Vamos Yura.

-Gracias por cuidar de Pyocha. Adiós Leónidas, señores Noirtier, glotona hípster y cuatro ojos –se despidió Yuri.

-Es bajo en grasa –añadió Caroline.

Tanya giró su cabeza en 360°cual niña del exorcista.

-¡Con gusto te daré mi opinión de tu pie de limón! ¿A dónde lo comeremos?

-¿Huh? ¿No que teníamos cosas "urgentes" qué hacer? –preguntó Yuri, impresionado de la forma de retractarse de su mamá.

-Yura, hijo, es de mala educación rechazar la comida ofrecida amablemente, sobre todo si nos piden nuestra opinión sobre ella. Ya, partiste a lavarte las manos. –ordenó Tanya.

Yuri bufó indignado. Horas antes su progenitora lo acusaba de venderse tan fácil por comida y he aquí que ella ahora cayó en el mismo truco. ¡qué cinismo! Pensaba el joven.


Viktor tuvo que dejar en claro a su madre de que no se entrometiera más de lo necesario en la planificación de la boda. Vika protestó puesto que por su cuenta ya había pedido fecha en el registro civil, pero Piotr, el padre de Viktor, con su sempiterna actitud relajada defendió la decisión de su hijo.

-¡Pero Petya! Ya sabes cómo es Vitya, va a pasar años para que decida celebrar la ceremonia, va a hacer esperar a Yuuri.

-¡Que exagerada eres, mujer! El muchacho dijo que iba a esperar a que Yuuri termine la universidad – dijo Piotr, tratando de calmar las aguas y su jaqueca de la resaca.

-Yo soy el que se va a casar, así que soy yo, junto con mi prometido, los que decidiremos la fecha adecuada-afirmó Viktor enfáticamente.

-Me niego a aceptarlo –dijo la madre, cruzándose de brazos.

-Apuesten. El ganador decide la fecha y el lugar. ¿Qué tal una carrera de caballos? Pensaba ir con Kolya y Toshiya ir al hipódromo decidamos pues la cuestión allí, así se dejan de pelear que me estalla la cabeza. ¡Tu suegro es genial, Vitya!

-Acepto – Viktor sonreía. La especialidad de Yuuri eran las estadísticas y la probabilidad. La victoria estaba de su parte.


Dos trozos de pie de limón consumió Tanya. Se disponía a comer un tercero cuando Anya entró agitada con Pyocha en sus brazos.

-¡Papá! ¡Algo le pasa a Leónidas, no para de llorar y maullar!

Todos se levantaron y se dirigieron a la sala, donde vieron al enorme gato tirado en la alfombra y expulsando algo de su cuerpo.

-¡No se acerquen! ¡Está en labor de parto! –advirtió Tanya, percatándose que lo que Leónidas estaba expulsando era un gatito recién nacido.

-¿¡Qué!?


(1) Starlight, canción de la banda británica Muse

(2) Resistance, canción también de Muse.

(3) Sweet Child O' Mine de Guns ´n´ Roses


En el próximo capitulo.

Carrera de caballos ¿Quien ganara? ¿Viktor? ¿Viktoriya? Hagan sus apuestas.

Yuri tiene nuevos hermanitos gatos. Aun no cobra la pensión de alimentos. Anya se comió el ultimo trozo de pie.


¡Gracias por leer y comentar! Sus reviús me motivan a seguir escribiendo :D

Mi idea sobre el papá de Yuri era plasmar no a un villano de telenovela, si no que a un tipo que tomó pésimas decisiones y sumiso ante la autoridad familiar. En esencia, a un pendejo cobarde. Tampoco la idea es justificar lo que hizo (o lo que no hizo), solo quería mostrar el otro lado de la moneda. Eso.

Respondiendo review anónimos:

Yami: ¡Muchas gracias por tu comentario! Me alivia saber que no alteré las personalidades de los personajes puesto que es un riesgo que se corre cuando se sitúa la historia en un universo alterno. Procuré respetar las características de los personajes y lo que hice fue extrapolar sus carácteres, preguntándome como actuarían ellos en distintas situaciones de acuerdo como ellos son. Viktor ya dejo al maldito Chihoko en su lugar así que no podrá generar mas problemas. O sea, lo mandó a laar. Que bien que te haya hecho reír, ese es uno de mis propósitos, hacer una historia graciosa para procrastinar. Saludos :D