-Eren, qué es lo que tanto piensas? Pareces estúpido. - comentó Armin. Eren había estado absorto mirando a través de la ventana de su habitación que daba al jardín trasero. - Nunca te había visto tan ido como hoy.

Eren suspiró sin mirar a su amigo. No sólo se veía distraído, sino también confundido; y Armin podía verlo por la forma en que se arqueaban sus cejas mientras miraba hacia el jardín.

-Nada en específico, Armin. - respondió Eren, aún sin mirarlo. Armin dejó su libro a un lado y se quitó los anteojos que usaba para leer.

-Pfft. Crees que voy a tragarme eso? Estás pensando en algo y no quieres decirme. Eso es todo. Vamos, han pasado dos días desde que regresaste del hospital y nunca te había visto tan callado.

Eren resopló, girando la cabeza hacia su amigo.

-Armin, cuando hablo demasiado quieres que me calle. Y si callo, quieres que hable. Qué te pasa? Ordena tus prioridades, hermano.

Armin bufó, burlándose de él.

-No tengo nada que ordenar, idiota. Habla. Tu papá dijo que tienes lagunas a causa del golpe; es cierto eso?

Eren asintió. Luego tomó un sorbo de agua del vaso que tenía en la mano.

-Sí. Hay cosas que no recuerdo. A propósito, cómo fue que llegué al hospital?

Armin se aclaró la garganta e irguió la espalda para hablar mejor. Era el momento que había estado esperando, y Eren le dió la excusa perfecta.

-De verdad no lo recuerdas?

-No. Tengo una vaga idea, pero... - Quizás había estado delirando, pero tenía la impresión de que le había dicho "ángel" a... No. Imposible. Simplemente imposible. Eren ladeó la cabeza rápidamente. - No. Olvídalo.

-Dime. Qué es lo que recuerdas? - la sonrisa sutil que se dibujó en la boca de Armin era bastante sugestiva. Pero su amigo no lo notó.

-Bueno... Discutía con la niňera de Faye. Pero eso ya lo sabes.

-Sí, idiota. Y fue ella quien te llevó al hospital.

-Qué? - Eren abrió los ojos como platos, mientras que Armin hacía un gran esfuerzo por no burlarse de él otra vez.

-Sí. Estuvo contigo todo ese tiempo, a pesar de lo imbécil que has sido con esa chica. Llamó a la ambulancia, subió a ella contigo y esperó en el hospital hasta que la tía Carla y yo llegamos.

Armin se veía satisfecho de haber escupido toda esa información. Eren estaba... Bueno, perplejo, algo confundido, algo molesto. Luego frunció el entrecejo.

-Mentiras. Te dijo todo eso porque se siente culpable por lo que pasó y ahora quiere quedar como una heroína frente a todos.

-Eren! - chilló Armin, airado. - No seas imbécil. Yo la ví, ella no tuvo que decirme nada. De dónde sacas tantas estupideces?

Eren resopló con aires de dignidad.

-Es una Slytherin. No puedes confiar en ellos, Armin.

-Quién te dijo eso?

-Ella misma.

-Y cómo? Se supone que se odian. No me los imagino sentados juntos hablando sobre Harry Potter con un arcoiris en medio de los dos. Eso está absolutamente fuera de lugar, así que no te creo.

-Pues me golpeó el día en que me lo dijo (como es su costumbre). - Eren fingió una tos en medio de la frase. - Y es increíble que le creas a ella y no a mí que soy tu mejor amigo. Estoy jodido. Realmente jodido.

Esta vez, Armin se echó a reír al ver lo cabredo que se veía su amigo.

-Mira, puedes decir lo que quieras, pero eso fue lo que hizo. Y como si eso fuera poco, también se quedó en el hospital hasta que tu madre y yo llegamos, bien? Creo que... No. No creo; estoy absolutamente seguro de que le debes una disculpa.

Eren entornó los ojos hacia Armin con suspicacia.

-Debes estar bromeando. Estás bromeando, verdad? No me hablarás en serio... - el chico sobre la cama vió a su amigo asentir en respuesta. De haber abierto un poco más la boca, la mandíbula se le habría zafado a causa de la conmoción que le causó la declaración de su mejor amigo. - Joder, Armin. Estás mal de la cabeza. La chica me golpea una y dos veces sin razón, y soy yo quien le debe una disculpa? No, no; tú estás loco si crees que haré eso. Sería lo mismo que... No sé, decirle que ya ganó la apuesta y que puede usarme como pera de boxeo... Sí, inteligentísima idea. Muy sabio de tu parte, o muy sádico, lo que no me extraňaría para nada viniendo de ti.

Armin soltó una de sus carcajadas maquiavélicas ante la expresión de ira de Eren.

-Admítelo. Admite que te merecías la primera. Y no estuve cuando te dió el segundo golpe, pero probablemente también lo merecías.

De tanta indignación, Eren resopló tan sonoramente como le fue posible.

-Vaya amigo que eres, Armin. Pero gracias, gracias por todo; por ponerte de lado de una chica que apenas conocemos y abandonarme a mí. Sí, muy hermoso de tu parte.

-Bueno, ya tiene casi tres meses trabajando aquí, y no has hecho nada por lograr que tu madre la despida. Supongo que no soy yo el único que está de su lado. - Armin dejó entrever una sonrisa maligna que Eren no supo interpretar.

-Qué mierda quieres decir? Joder, Armin. Carla adora a la chica, sí? Después de que salvó a Faye, no hace más que hablar maravillas de ella. Mikasa esto, Mikasa aquello. Mikasa, Mikasa, Mikasa. Estoy hasta la puta madre de escuchar el nombre de la seňorita perfección...

-Está bien, Eren. - le interrumpió Armin, ahora con semblante serio. - Pero la culpa es enteramente tuya. Ahora ves a qué me refería cuando te dije que tus planes son un asco y que siempre terminan mal? Te lo advertí, pero no me escuchaste. Preferiste oír al cabezahueca de Reiner, como siempre, y mira en qué quedó todo. He aquí las consecuencias de tu impulsividad. - Eren estaba a punto de responder agresivamente, pero el rubio levantó un dedo en advertencia. - No digas una sola palabra si sabes que tengo razón, de acuerdo? O me largo y te dejo aquí para no escuchar tus estupideces.

El silencio se hizo sobre ellos. Eren sabía que su amigo tenía razón, así que no podía decir nada si no había nada que decir.

Armin volvió a ponerse los anteojos y a agarrar el libro que había dejado a un lado.

Eren acabó su vaso de agua y volvió a mirar por la ventana.

-No he visto a Annie... Ni a los chicos. - comentó después de un rato. Armin pareció ignorarlo, pero en realidad lo estaba escuchando.

-Tampoco yo. - dijo con aspereza y sin levantar la vista. No quería tocar el tema de Annie.

-Ni siquiera han llamado después de la primera noche que pasé en el hospital...

-Ajá.

-Oye, me estás escuchando, cabrón?

-Sí. Te estoy escuchando, imbécil. Y te sugiero que cuides ese tono conmigo y escuches a tu madre. Ellas saben mejor quiénes nos convienen por amigos; por algo no le agradará Reiner, y de paso Bertholdt.

-Pero, Armin... Por qué mierda dices eso ahora?

-Sí serás lerdo e inconsciente como la mierda, no? Mejor duérmete antes de hacerme perder la paciencia. Es lo más sabio que puedes hacer ahora.

No había nada más que decir. Armin no diría una sola palabra más, y a Eren no le quedaba de otra que obedecer.

En su cabeza rondaba el recuerdo de un rostro terso y angelical, una piel pálida como la nieve, y dos ojos grises de mirada sosegada y penetrante...

Pero no, no podía ser ella. Era imposible.

Habían muchas cosas en su cabeza en aquel momento, pero no quería pensar en ellas.


Sasha agarró el teléfono de Mikasa. La palabra "Enano" se leía en la pantalla, mientras la chica de cabello negro limpiaba el baňo con los audífonos puestos. Era domingo en la maňana, y el verano ya se aproximaba.

-Oye! - gritó Sasha, pateándola después de mucho gritar. Mikasa se giró hacia ella con el ceňo fruncido, porque había estado a punto de caer sobre el retrete.

-Por qué me empujas? Sé que estás mal de la cabeza, pero no es para tanto.

-Tu hermano te llama y no escuchas porque quieres reventarte los oídos con esa cosa. Ten.

Mikasa se quitó los guantes, luego los audífonos, y tomó el teléfono para responder, esquivando a Sasha para salir del baňo.

-Hola, enano.

-Hola, mocosa. Cómo va todo?

-Ah, lo usual. Y tú? Cómo está Hanji? - preguntó. Mikasa pudo oír una algarabía del otro lado del teléfono. Sí, era típico de Hanji hacer escándalo cuando estaba emocionada por algo, y ella no pudo evitar reír en voz baja. - Qué le pasa?

-Tch. No preguntes. Ha estado insistiendo desde la maňana que te diga, pero no quiero hacer un escándalo de esto. - respondió Levi, con su tono de voz de siempre, entre aburrido y mandón. Hanji seguía gritando algo que Mikasa no podía comprender del todo.

-Anda, Levi, dime qué es lo que pasa con Hanji.

-Que estoy... - La voz de Hanji pudo oírse más claramente. De seguro se había pegado al teléfono, y también era seguro que Levi la había empujado. - Está embarazada. - dijo él por fín. A juzgar por el tono de su voz, Mikasa supo que su hermano estaba incluso más feliz que Hanji.

-Ah! Levi! - exclamó la chica, con una mano en la boca, abriendo los ojos. - Es en serio eso? Oh por Dios... Voy a ser tía... Ah, enano, eso es hermoso!

Al mismo tiempo, Sasha sacaba el chupete que tenía en la boca para acercarse a su amiga con las cejas arqueadas y los oídos prestos a escuchar mejor.

-Hanji está embarazada? - preguntó Sasha, moviendo los labios. Mikasa asintió para seguir hablando.

-Oye, mocosa, que no me llames así. Y menos ahora que voy a ser padre.

-Eh, deberías estar celebrando. Un pequeňo Ackerman viene en camino y de seguro no será tan gruňón como tú, Levi.

-Tch. Desde cuándo eres tan bromista, Mikasa? Se te han pegado las malas maňas de Sasha acaso? Por cierto, salúdala de parte de Hanji.

-Y de parte tuya también, tonto. - con una sonrisa, Mikasa cubrió la parte de abajo del teléfono, mirando a Sasha. - Te envían saludos. - le dijo, luego volvió a su conversación. - Haré lo que sea para ir a casa en verano, Levi. No importa cómo, pero debo ir.

-Acaso no tienes que dirigir el campamento de verano en tu escuela a cambio de la beca? No puedes descuidar eso, Mikasa.

-Agh. No empieces. Ya me las arreglaré, sí? Pero quiero ir a verlos, y a comprar cosas de bebé con Hanji. Además... extraňo la tranquilidad de Shiganshina. Quiero volver a casa, aunque sea por unos días.

Levi se aclaró la garganta del otro lado del teléfono antes de volver a hablar.

-Niňa, hay algo que tienes que saber... - él hizo silencio por unos instantes. Mikasa alejó el teléfono de su oreja para saber si la llamada se había cortado, pero no.

-Levi? Qué pasa?

-Kenny...

Mikasa palideció. Odiaba oír ese nombre; sin embargo, esperó que fueran buenas noticias para ella, como que su tío paterno había muerto por fín, o algo así.

-Qué pasa con él?

-Kenny salió de la cárcel ayer. - otra pausa. - Me llamó. No tiene a dónde ir... Le dije que puede quedarse con Hanji y conmigo por un tiempo.

Hubo silencio.

Mikasa trataba de asimilar ahora la información que había recibido. Era como si un cubo enorme de agua helada le hubiera caído encima.

-Mikasa? - le dijo Levi. Ella balbuceó algunas sílabas antes de hablar de nuevo.

-Cómo... No se suponía que estaría allí de por vida? Cómo es que... - su voz temblaba ahora, probablemente a causa de la indignación. Sasha, que conocía bien a su amiga, no tenía que escuchar la conversación para saber de qué se trataba. Así que detuvo sus quehaceres para sentarse junto a ella.

-No sé cómo, Mikasa. Pero está fuera. Es un anciano y necesita un lugar a dónde ir ahora mismo.

-No. - esta vez, la voz de la chica no había temblado. Se escuchaba más bien profunda y amenazante. Sasha puso la mano sobre su pierna para intentar calmarla.

-No qué? - dijo Levi.

-No lo quiero en casa. De ninguna manera.

-Mikasa, es un viejo ya. Crees que podría dejarlo en la calle?

-Sí! Yo sí podría, porque él hizo lo mismo con nosotros! Si lo llevas a casa, no me esperes, Levi. No conviviré con ese viejo en el mismo lugar, me oyes?

-Sí, te oigo. Pero escúchate tú ahora; no estás hablando de un don nadie, Mikasa; Kenny es familia. - a pesar de su enojo, Levi intentó mantenerse sereno.

-Pues él no pensó lo mismo cuando nos robó lo que teníamos después de que murieron papá y mamá, lo recuerdas? No puedo creer que seas tan estúpido...

-Mikasa, cuida la forma en que me hablas!

-Y tú cuídate de no cometer el mismo error dos veces! - gritó, cerrando la llamada. La sangre le hervía en las venas. El teléfono había sido lanzado sobre la cama, y sus puňos ahora estaban cerrados fuertemente mientras Mikasa intentaba recuperar la cordura.

Al segundo siguiente, sus ojos se humedecieron, pero no de tristeza, sino más bien de impotencia y una rabia creciente que debía contener.

-Mikasa...

-No me sigas, Sasha. Necesito estar sola. - replicó la chica, secando sus lágrimas con rudeza mientras se ponía en pie. Entonces tomó las llaves de su motocicleta y salió de allí tan rápido como pudo. Levi estaba equivocado; Kenny nunca se había arrepentido de nada, y jamás lo haría. Y ella estaba segura de que nada acabaría bien si el hermano de su padre volvía a entrar en sus vidas.


Un golpe seco se escuchó en el segundo piso. Carla y Grisha estaban arriba.

-No me pondrá en vergůenza, Carla. - se escuchó decir al padre con severidad.

-Es tu hijo, Grisha! Es que no entiendes que lo haces infeliz con eso?

-Y crees que porque haya tenido un accidente hace unas semanas daré mi brazo a torcer? No. O se hace médico, o no verá un centavo más de mi parte. Quiere ser un bueno para nada. Artista, dice. - dijo Grisha, con una sonrisa amarga, resoplando. - Mi abuelo fue médico, mi padre también, y yo lo soy ahora. Eren no será la excepción.

-Ah no? Por qué lo fue tu otro hijo? Por qué puede él hacer con su vida lo que le place y no Eren?

No era la primera vez que Eren escuchaba su nombre en la discusión de sus padres. Así que suspiró y salió de su dormitorio, camino al jardín.

Estaba harto de eso.

-No metas a Zeke en esto. Es un adulto. Puede hacer con su vida lo que le plazca.

-Y Eren no es un niňo, pero insistes en tratarlo como tal. Qué pasa con él para que te comportes de esa forma? Por qué no obligaste jamás a Zeke a hacer lo que le obligas a mi hijo?

-Carla! No cometeré con Eren los mismos errores! Te es difícil comprender eso? Hablas como si yo amara más a Zeke que a Eren, y nada puede ser más falso que eso!

-No lo obligues entonces a hacer algo que no quiere. No lo amenaces con dejar de apoyarlo porque no se lo merece. Escúchate: pones condiciones a tu propio hijo para que haga tu voluntad. Qué clase de padre eres?

-Uno que, aunque no quieras entenderlo, desea lo mejor para sus hijos. Qué ha hecho Eren con su vida hasta ahora? Dímelo! Andar con un par de vagos que sólo lo hacen meterse en problemas? Debí enviarlo a la escuela militar como me sugirió mi padre...

-Grisha, por el amor de Dios! No es la escuela militar ni tu padre quienes debieron criar a Eren, sino tú! Sabes cuántas veces tu hijo quiso hablar contigo? Cuántas veces deseó acercarse a ti y no se lo permitiste, y ahora pretendes hacer que cumpla tus deseos egoístas de verlo convertido en médico sólo por cumplir una tradición familiar absurda? Incluso cree que eres duro con él porque piensas que tuvo la culpa de lo que le pasó a tu padre, y por más que le diga que está equivocado, no logra convencerse de lo contrario por la forma en que tú te comportas con él después del accidente.

Por un instante, sólo se oyó silencio. Grisha fue el próximo en hablar.

-Está decidido. O se inscribe en la escuela de medicina, o no verá un centavo más de mi parte. - declaró el doctor, saliendo de inmediato de aquel salón. Carla se echó a llorar, pues estaba a punto de creer que los temores de su hijo siempre habían sido ciertos.

Cuando Mikasa iba a decirle adiós a Faye, ella estaba escondida en la alacena bajo las escaleras. Allí se ocultaba cada vez que sus padres discutían, y nadie podía sacarla hasta que los gritos cesaban, a pesar de que siempre peleaban en alguna habitación del segundo piso, creyendo que sus hijos no podrían oírlos.

Y Mikasa no deseaba marcharse sin despedirse de Faye.

Pero tampoco quería quedarse a escuchar una discusión que no era asunto suyo.

Cuando ella salió al jardín, Eren estaba en el porche, fumando un cigarro con cara de pocos amigos, una mano en el bolsillo y los ojos humedecidos. Quizás a causa de la brisa que golpeaba su cara, o del dolor que sentía por dentro y que nadie jamás sabría; no estaba muy seguro.

En silencio, Mikasa se sentó sobre el mecedor del porche, esperando a que Faye se decidiera a salir; o la niňa estaría realmente triste si su niňera se marchaba sin despedirse.

Cuando Eren giró la cabeza y la vió, soltó una bocanada de humo antes de hablar.

-Divertido, no? - comentó el muchacho con amargura. Mikasa alzó la cabeza hacia él. - Bueno, supongo que para ti debe ser divertido escuchar todo eso que acaban de decir de mí.

Mikasa ladeó la cabeza, con el ceňo fruncido en absoluta confusión.

-Perdona... Qué estás diciendo?

Eren estiró el labio en una mueca burlona. Apagó el cigarro y se sentó al otro extremo del mecedor.

-No es obvio? Debe ser un placer absoluto para ti darte cuenta de que mi familia es disfuncional. Así puedes burlarte de mí como has hecho todo este tiempo, comparando a tu hermosa familia y a tus padres perfectos con los míos, no? Con mi estúpido padre, que me culpa por hacer que mi abuelo dejara de caminar.

Mikasa no pudo hacer otra cosa que jadear de indignación.

-Pero qué... De dónde sacas todo eso? El golpe que te diste te hizo más idiota de lo que ya eras? - exclamó ella con frustración. Eren la miró con esa sonrisa odiosa y áspera.

-Entonces, qué haces aquí si no es burlarte en silencio de la desgracia que ahora conoces, gracias a mis prudentes progenitores?

-Espero a tu hemana, imbécil! El mundo no gira a tu alrededor...

-Quién lo dice? La chica de la vida perfecta, con padres perfectos y todo perfecto?

A pesar de lo calmado que Eren aparentaba estar, todo cuanto deseaba era hacer que Mikasa perdiera su acostumbrada compostura. Y lo logró. Al segundo siguiente, la chica se había levantado hacia él y lo había agarrado del cuello de la camisa.

-Vida perfecta y padres perfectos? Idiota, no tengo padres, y hace unos días mi hermano me llamó para decirme que mi tío, la persona que nos dejó en la calle cuando mis padres murieron, salió de la cárcel pidiendo ser recibido en la casa que tanto esfuerzo le costó a mi hermano volver a levantar, después de que él se llevó absolutamente todo lo que teníamos, para gastarlo en juego, licor y mujeres. Eso es tener una vida perfecta? Llamas perfecto haber tenido que ver a tus padres morir frente a tus ojos a los doce aňos de edad? - la voz de Mikasa comenzó a quebrarse en ese punto. - Tienes un concepto bastante distorsionado de la realidad, Eren Jaeger. Si buscabas excusas para fastidiarme y sacarme de quicio, hiciste un excelente trabajo. Te felicito. - Mikasa le soltó la camisa, con la intención de alejarse. - Ganaste la maldita apuesta; porque yo renuncio. No soportaré tu mierda ni un día más.

Cuando acabó de hablar, las lágrimas le habían inundado los ojos, y un nudo se había hecho en su garganta.

Mikasa caminó hacia el amplio portón de la residencia Jaeger, buscando en sus bolsillos la llave de su motocicleta mientras se secaba las lágrimas.

Eren la vió alejarse, con la boca abierta y un nudo culposo en la boca del estómago. Estaba paralizado, e incluso temblaba a causa de la conmoción.

El ruido de las llaves que las manos temblorosas de Mikasa dejaron caer lo hicieron volver en sí.

Ella recogió las llaves y caminó tan rápido como pudo hasta su motocicleta. Al día siguiente presentaría su carta de renuncia.

-Oye! - gritó Eren mientras ella encendía su vehículo. Mikasa no hizo caso. - Oye!

Sí, Eren. La cagaste hasta el fondo. Dijo una voz en su cabeza.

Armin tenía razón, le debes una disculpa a la chica, y ahora más que nunca.

Está llorando, imbécil! Dejarás que se vaya?

-Mikasa...

-Suéltame, Jaeger. Ya conseguiste lo que querías. O es que quieres humillarme más? - Mikasa intentó mirar hacia otro lado. Así ocultaría de Eren las lágrimas que salían de sus ojos. Sin embargo, su voz la delataba.

-No, no... Oye... Yo no quería... No sabía que...

-No. No sabes nada, absolutamente nada. Y si quieres un consejo, jamás vuelvas a abrir la boca para hablar de algo que no conoces. Ahora déjame ir o te golpearé...

-Mikasa... - Eren no pudo hacer nada cuando ella se zafó de su mano.

Eres un imbécil.

-Eres un cretino, Jaeger. - dijo Mikasa, con la voz un poco ronca. El motor de su vehículo rugió, y Eren se dió cuenta de que su tiempo se había acabado.

Dilo. Dile que lo sientes.

Pero no, las palabras correctas no salían de su boca.

-Mikasa! - dijo una voz aguda desde el porche. Faye había salido de su escondite para buscar desesperadamente a su niňera.

A Mikasa no le quedó otro remedio que detener su impulso de marcharse.

Faye corrió hacia ella, mientras Eren observaba la escena sin poder moverse.

-Por qué te vas sin decirme adiós?... Y por qué estás llorando? Mami o papi te dijeron algo feo?

-Ah, no. Claro que no. Tengo algo en el ojo, eso es todo. Ve adentro, sí? Y ponte zapatos, o te resfriarás.

Faye asintió rápidamente.

-Maňana veremos el Cáliz de Fuego juntas, que no se te olvide.

Por un momento, Eren deseó en lo profundo de su ser que Mikasa dijera que sí a Faye, que regresaría al día siguiente, y que olvidaría todo lo que había pasado.

Pero cuando la chica abrazó a su hermana y la besó en la frente, supo que había hablado en serio: Mikasa no tenía intenciones de volver.

Se estaba despidiendo.

Todo es tu culpa.

Si no eres feliz tú, al menos deja que tu hermana lo sea.

Era así como funcionaba la voz de la conciencia? Por qué había estado callada entonces durante tanto tiempo?

-Adiós, Faye. - dijo la niňera, poniéndose el casco. Faye agitó la mano.

-Nos vemos maňana, Mikasa. - respondió la niňa, con una inocencia envidiable y una sonrisa en los labios, agitando la manita.

La motocicleta comenzó a alejarse. La culpa volvió a golpear a Eren en la boca del estómago como un puňo de acero.

-Debes arreglarlo, Eren. O la perderás. - dijo Hannes, el jardinero de la residencia Jaeger. Había estado merodeando por ahí, y había escuchado la discusión de los jóvenes de principio a fín. Conocía a Eren desde muy pequeňo, así que era de las pocas personas capaces de decirle verdades dolorosas al muchacho sin temores de que éste respondiera con agresividad.

El jardinero de los Jaeger siempre había sido alguien muy observador.

-Qué? Perderla? Por qué me dice esas cosas, Hannes-san?

-Ah, Eren. Siempre has sido un muchacho distraído, pero ya lo verás en un tiempo. Me voy. Dile a tu madre que maňana podaré el cerezo del patio trasero, de acuerdo? - dijo Hannes, con una sonrisa de satisfacción que Eren no comprendió. El jardinero se quitó los guantes y caminó hacia la salida, silbando una canción que Eren escuchaba desde niňo.

Faye miró a su hermano por unos instantes, echando a andar de vuelta a la entrada.

-Faye. - le llamó el chico. La niňa se dió la vuelta hacia él, ya desde el porche.

-Me hablas a mí?

-Sí. Hay alguna otra Faye por aquí? - preguntó Eren. Su hermanita se encogió de hombros.

-Nunca me hablas. Por eso pregunto.

Eren asintió. Caminó unos pasos más y extendió la mano hacia ella.

-Quieres ver Harry Potter conmigo?

Los ojos de Faye se iluminaron notoriamente. Por primera vez y a causa de su hermana, Eren sintió una extraňa comezón en los ojos que bajaba hasta su garganta y llegaba de nuevo a su estómago, allí donde estaba el nudo de la culpa.

Si no podía disculparse con Mikasa, al menos sí lo haría con Faye.

-Yay! - exclamó la niňa, apretando la mano de su hermano mayor, más alegre que unas pascuas, como si no hubiera nada mejor en el mundo.