Advertences, Notes & Disclaimer: applied.


Capitulo Diez: "Gaijin-onna"

Aomine la miró entrar a la escuela con una calma imperturbable y una cara de tranquilidad demasiado fingida mientras una chica a su lado, que jamás había visto, parloteaba sin parar y otra que iba un poco más atrás, jalaba su manga en un gesto de terror.

Sus miradas se cruzaron momentáneamente y Aomine notó un pequeño tono carmín invadiendo sus pómulos y no pudo evitar sonreír con altanería, ella giró el rostro indignada. La chica que parloteaba a su lado capto la acción de ambos y le dedicó una mirada asesina a Aomine y la chica miedosa siguió la mirada de la otra, esta le dedicó una mirada nerviosa.

Se posicionó en la entrada para cruzar la mirada de nuevo.

—¿Cruzándote en el camino de Minobe-san? —la voz de Kuroko a su lado le sorprendió a media maniobra.

—Ehhhh, no realmente.

—Claro.

En ese momento las tres chicas entraron al área de los casilleros para cambiar sus zapatos.

—Buenos días, Minobe-san —saludó Kuroko a Hana, Aomine se quedó al lado de su sombra para hacerse notar.

—Buenos días, Kuroko-san. —respondió el saludo la chica.

—Yo. —saludó
Aomine. Hana elevó un poco la comisura de sus labios.

—Buenos a ti también, Aomine-san —saludó.

—Minobe-sama. Así deben dirigirse a ti, nee-sama. —dijo la chica habladora captando la atención de los dos chicos. Tenía los cabellos larguísimos, de color negro, muy negro. Ojos grandes de color azul zafiro que analizaban el entorno, era casi tan alta como Hana, por un par de centímetros, de piel blanquísima.

—Sara... Tranquilízate. —habló en voz baja la chica nerviosa.

Esta era pequeña, rozando el metro y medio, con los cabellos rubios, largos en bucles, sus ojos también eran azules, pero en lugar de ser fríos como los de Sara, eran tibios como el cielo.

—Cierra la boca, Karen. —le respondió Sara con una mirada penetrante. Karen solo dio un respingo y medio paso hacia atrás evitando hacer contacto visual con Sara.

—Sara, ya basta. —dijo Hana, reprendiendo a la pelinegra. Esta solo la fulminó con la mirada y luego le dirigió la misma mirada a los dos basquetbolistas.

—Me voy adelantando. —dijo y se retiró a el área de las M en los casilleros.

—Disculpen a mi hermana, es algo prepotente. —dijo Hana y siguió el mismo camino que Sara, olvidando a Karen con los dos chicos.

.

.

.

"Hana negó por enésima vez mientras hablaba por teléfono. Daiki seguía jugando con un mechón de su cabello.

—Te acompaño a tu casa. —dijo Daiki cuando Hana término de hablar por teléfono.

—Mejor no. Si mi hermana te ve llegar conmigo tomará medidas en contra demasiado pronto. Estaré bien. —se negó.

—Esas son estupideces. Ya es muy noche como para que andes sola y más en un distrito como Hyousen. —dijo serio. El distrito donde vivía Hana era el mismo que el de Haizaki, era un lugar bajo y peligroso.

—Ya, tú exageras. Corres más peligro tú de guardaespaldas que yo de indefensa. Me he criado allí, se cómo están las aguas. —le restó importancia.

—Te acompaño al metro. —se rindió.

—De acuerdo. Eso es más accesible. —dijo ella.

Aun en la noche, el clima era cálido. Y ambos aun portaban el uniforme de Teiko, el café estaba casi a la vuelta de la estación así que no tuvieron que caminar demasiado. Daiki se dio la libertad de observar el rostro de Hana durante el camino, iba pensativa y sus dedos aferraban la mano morena de él.

—¿Tienes miedo? —preguntó. Hana parpadeó. No era una pregunta sin fundamento, él sabia, por las propias palabras de Hana, de lo que su familia en Francia era capaz.

—A veces. Pero no dejaré que te hagan algo. —dijo ella sonriendo

—No necesito que me cuides, Minobe. Será al revés, ¿no crees?

—Lo que tú digas, Aomine-san. —rio ella. Él frunció el ceño.

—Daiki. —fue lo que dijo.

—¿Qué?

—Mi nombre es Daiki, Hana. —dijo algo nervioso. Ella quedó sorprendida.

—Siempre me ha gustado tu nombre, Daiki. —dijo ella mirándolo seria. Él solo soltó una carcajada.

—¿Y eso?

—Me gusta su significado, "brilla", como el astro rey. Si yo te compararía diría que eres como una estrella. Eres el Sol, el Sol brilla imponente y cuando está en su máximo esplendor, no se puede mirar, como un rey. —Hana comparaba y hablaba con sinceridad, Daiki torció la boca.

—A veces me molesta "brillar" tanto. —dijo en un suspiro.

—Kuroko-san habló conmigo. —mencionó ella, Daiki volteó a verla tan rápido que casi tronó su cuello. —Está preocupado por ti, Daiki. Dice que has faltado a los entrenamientos.

Daiki prometió internamente golpear a Tetsuya. Ahora solo faltaba que su novia se pusiera igual de pesada que Satsuki.

—No voy a regañarte, son tus decisiones, pero ¿crees que es lo correcto solo saltarte las prácticas?

—Pero me estas cuestionando. Y no lo hago por que sea correcto o no, si no porque se me da la gana. —su voz cambió. Era mal tema de conversación.

—Tranquilízate. No te estoy diciendo que no lo hagas, solo que pienses en si vale la pena o no, ¿huir te va servir de algo? Por supuesto que no. Eso no cambiará el rumbo de las cosas, tómalo de frente.

—No hables como si supieras como me siento. —ambos estaban a punto de comenzar una acalorada discusión, y el moreno se estaba exaltando.

—No. No se cómo te sientes. Pero me encantaría saberlo. —fue lo que dijo Hana con toda sinceridad y que logró captar toda la atención de él.

Se detuvieron en la entrada de la estación.

—¿Qué? ¿No te parece que estas siendo muy intensa? —dijo algo burlón.

—Digo lo que quiero decir, que es diferente. —le contestó alzando una ceja con sabiondez.

Ambos rieron para aminorar la tensión, pero sorpresivamente de un momento a otro, Daiki dejó de reír y abrazó a Hana. Ella solo atinó a sujetarlo por la espalda.

—Tengo miedo. De no disfrutar el básquet nunca más. —le habló en su cuello.

—Esa persona llegará, Daiki. Por el momento tienes que hablar con Kuroko-san. —le respondió ella como quien consuela a un niño.

—Pero Tetsu no entendería… —comenzaba a quejarse.

—Pero es tu mejor amigo. —y con esa sencilla razón, esas sencillas cinco palabras, cortó cualquier negativa del moreno.

—A veces dices cosas profundas, Hana. —le dijo él. Ella entrecerró los ojos.

"Pues si que se parecen hasta en sus comentarios hirientes."

Ambos entraron juntos a la estación y Hana compró su billete.

—Qué asco si llevas ese uniforme mañana. —dijo ella.

—Igualmente, por lo menos lo lavas.

—¿Prefieres que vaya sin falda? —preguntó inocentemente y Daiki rememoró el día que la conoció y las miradas que incitaba.

—Mejor póntela. —dijo con cara de pocos amigos.

—Eso pensé. —rio ella. Ambos se dirigieron al andén, pero Daiki solo llegó hasta donde estaban aquellas maquinitas que recibían los billetes.

El vagón había llegado y ella tenía que abordar.

—Habla con Kuroko-san —fue lo que dijo como despedida para después casi correr al vagón.

Daiki vio como le hacía señas desde la ventana, señalaba su celular y luego se despidió agitando la mano. Era impresionante su cambio de actitud. Pero el también sentía la necesidad de solo estar con ella. ¿Era normal sentirse así?

Mientras caminaba a su casa pensó en lo irreal que había sido su día y se alegró porque en algo le estaba yendo bien, ahora podría concentrarse en el equipo. Y tal vez tendría que hablar con Tetsuya."

.

.

.

Cierto, lo recordó, tenía que hablar con Tetsuya. Vio los apuntes que Hana le había dejado algo apresurada.

"Pronunciaciones de palabras básicas del francés."

—Minobe-san se está esforzando. —dijo Tetsuya. Daiki se sobresaltó, aun no se acostumbraba del todo a la poca presencia del peliceleste.

—Sí. Se está tomando muy enserio esto. —respondió el moreno hojeando los apuntes.

—¿Aun está molesta contigo? —preguntó el chico bajito tomando su lugar habitual.

—Pues… yo no lo llamaría estar molesta. —dijo Daiki riéndose.

—¿Ah no?

—Ella y yo en realidad… —estaba a punto de contarle todo pero fue interrumpido por su amiga Satsuki.

—Dai-chan, Tetsu-kun. —chilló y abrazó a Tetsuya. Daiki rodó los ojos.

—No fastidies, Satsuki. —dijo.

—Moo, que malo eres, Dai-chan. Me dijo Akashi-kun que reprobaste francés y que tienes un tutor. —dijo ella a punto de empezar a regañarlo.

—Tutora. —corrigió él.

—¿A si? ¿Cómo se llama? —preguntó ella despegándose un poco de Tetsuya.

—Minobe Hana. —explicó él tratando de escribir unas palabras en francés.

Satsuki frunció el ceño.

—Y ¿estás seguro de que te ayudará? La última vez que hablé con ella no me dijo cosas agradables de ti. —dijo ella malintencionadamente.

—Momoi-san. —dijo Kuroko con la intención de que la pelirrosa guardara silencio.

—¿Qué? Es verdad. Me dijo que no le agradabas. —el moreno sonrió.

—Es mi novia. —dijo con simpleza, Satsuki abrió mucho los ojos.

—¿Por qué? —preguntó con la voz afectada. No entendía porque Satsuki se ponía de esa manera.

—Porque, le gusto, ella me gusta y queremos estar juntos.

—Ella no me agrada.

—Eso no tiene por qué afectar mi decisión. Yo soy el que sale con ella, no tú. —Daiki frunció el ceño. Satsuki estaba a punto de hacer una rabieta.

—Momoi-san, ¿puedes venir conmigo? —y Kuroko se la llevó del salón.

Daiki vio la mirada de reproche que le daba su amiga de la infancia. Satsuki era muy posesiva, egoísta y le encantaba llamar la atención, y como él, su eterno amigo había encontrado a alguien con quien compartir sus cosas y apoyarse, se sentía reemplazada.

Ella se sentía con una presión en el pecho, tal vez era envidia, ella era más bonita que esa francesa, tenía un mejor cuerpo, no entendía como Daiki había preferido a una chica plana.

Satsuki y Daiki lo habían intentado, era natural, al estar siempre juntos, habían confundido las cosas y por eso no les había ido muy bien, fue fugaz, sin importancia pero ella tenía un "¿Por qué ella si y yo no?" No lo entendía.

—Momoi-san, ¿estas enamorada de Aomine-kun o solo son celos?

—¿Por qué, Tetsu-kun? ¿Por qué Minochan puede estar siempre con Dai-chan y yo no? —sollozó Satsuki.

—Porque esa es la persona que Aomine-kun eligió. —dijo Tetsuya con simpleza. Satsuki sollozó más fuerte. —Eres la única hermana que tiene Aomine-kun, eres importante para él y el que te agrade o no Minobe-san, no quiere decir que no le importe tu opinión. —consoló el peliazul a la chica. —Aunque si estas enamorada de él deberías decirle.

—Yo no estoy enamorada de él, Tetsu-kun. —dijo la chica. —Pero me duele que la haya preferido a ella más que a mí. —siguió con la rabieta.

—Él no la prefirió más que a ti. Simplemente no puedes comparar el lugar de la novia y de la hermana, ¿entiendes, Momoi-san? Son cosas distintas.

Satsuki que toda su vida dependió de Daiki y Daiki que toda su vida dependió de Satsuki, comenzaban a separarse desde un año atrás, ahora la grieta en su cristal se hacía más grande. Era inevitable, algo pronosticado y que la intuición de la pelirrosa ya le había avisado, sin embargo ella trataba de aferrarse desesperadamente a lo único que conocía.

—No quiero que se aleje de mí. Ella va a quitármelo.

—Ella no te quitará nada porque él nunca fue tuyo, Momoi-san. Y si no quieres que Aomine-kun se aleje de ti, entonces haz un esfuerzo de entenderlo y no lo obligues a hacer lo que quieras. —dijo Tetsuya. Satsuki lo miró sorprendida.

—Gracias, Tetsu-kun.

.

.

.

En la hora del almuerzo Satsuki se decidió para ir a disculparse con Hana, o por lo menos quedar en buenos términos. La vio en la fila para pedir el almuerzo y aunque ella traía su bento se formó atrás de ella para "romper el hielo". Hana la vio de reojo.

—Hola, Minochan. —habló la pelirrosa, Hana solo la volvió a mirar por el rabillo del ojo y tomó su ensalada.

—Buenos días, Momoi-san. —respondió. Satsuki supo que no estaba siendo amistosa.

—¿Cómo te va? —dijo nerviosa. Hana alzó una ceja.

—Ya, ¿necesitas algo? —preguntó rudamente. Satsuki puso cara de insultada.

—¿De ti? Que va. Solo… quiero hablar.

—¿Sobre Daiki? —a Satsuki le quedó como bofetada el hecho de que le llamara por su nombre, así sin más.

—Sí, sobre Dai-chan.

—No voy a alejarme de él, si es lo que me vas a pedir. —se adelantó ella. La pelirrosa frunció el ceño.

—Estoy tratando de hacer las paces contigo. —dijo molesta.

—¿Daiki te lo pidió? —le preguntó la castaña con la mirada puesta en la mesa de la Kiseki no Sedai, donde Kise aventaba una papa al aire y trataba de atraparla con la boca, estaban haciendo estupideces.

—No. No me lo pidió, pero… él es como un hermano para mí y no voy a ponerte fácil el que me lo quites. —dijo infantilmente.

—¿Quitártelo? —la castaña alzó una ceja pensando que era el máximo esfuerzo de Satsuki por una disculpa.

Satsuki se desesperó por lo inexpresiva que podía ser Hana.

—¡Olvídalo! Ni que valieras tanto la pena. —chilló. La otra chica casi golpea su frente con la palma de la mano, ridícula.

A lo contrario de lo que pensaban muchos, Satsuki Momoi no era la diva de Teiko, era famosa y muy acortejada, sí. Pero la abeja reina era otra chica, y esta por azares del destino —también por ser presidenta del club de fans de la Kiseki no Sedai—odiaban a Satsuki.

Lo que resultó en la siguiente situación. Satsuki hizo un berrinche y retrocedió de espaldas, chocó con la nombrada "Abeja Reina", tiró al piso su precioso pastel carísimo traído de quien sabe dónde. Se armó un jaleo de gritos exagerados que llamó la atención de todos los alumnos que ahí se encontraban. Y Hana estaba allí, plantada como pino sin saber qué hacer.

—¡Pero que torpe eres, Momoi! —bramaba la chica. La pelirrosa quería salir corriendo.

—Lo siento, Amane-chan, no te vi —se disculpaba nerviosamente.

—¿Qué no me viste dices? Ahora dime, ubres de vaca, ¿Qué se supone que almorzaré?

—¿Lo que hay en la cafetería? —preguntó nerviosamente. Amane le lanzó una mirada de rabia. —¡Lo siento!

Hana frunció el ceño, ¿insultaban a Satsuki?

—Sería un total desperdicio si se quedara en el piso, era un pastel delicioso.

—Lo siento mucho, Amane-chan, te traeré otro.

—En ese caso, ¿Por qué no te lo comes tú, bruja? —decía la chica cuando sorpresivamente tiró a la pelirrosa al piso, justo donde estaba el pastel, embarrunando sus manos y rodillas, además de caer sobre los pedazos de porcelana.

—¡Hey! —se quejó Daiki levantándose molesto, pero eso no pareció importarle a Amane.

—Y ya que estas en eso, ¿por qué no te bebes algo para acompañarlo? ¿Te parece, puta? —y tiró su cartón de leche sobre ella.

Hana que se encontraba temblando del coraje apretó su bandeja, Yue, que estaba delante de ella en la fila se dispuso a levantar a la pelirrosa que comenzaba a llorar, y los miembros de la Generación de los Milagros estaban más que molestos, incluso Akashi que aunque seguía con cara de póker, sus ojos no eran muy amigables, aun así, Hana no pareció reparar en ello, ni tampoco se detuvo a considerar nada hasta que cuando se dio cuenta ya había estrellado su puño en la nariz de Amane, quien retrocedía afectada.

La castaña no era partidaria de la violencia, pero sus emociones tampoco eran muy pertinentes que digamos. Los basquetbolistas se quedaron congelados en su sitio.

—Karen, ayúdame. —dijo Sara, que había decidido intervenir al ver que su hermana ya comenzaba a usar sus piernas para patear a la otra.

—¡Discúlpate con Momoi-san! —le gritó Hana. Mientras era retenida por Daiki y Sara. El moreno debía admitir que la fuerza bruta de ella no era para tomarse en broma.

Tetsuya, Karen y Yue, ayudaban a Satsuki. Midorima y Kise levantaban a Amane del piso.

—¿Pero qué demonios te ocurre a ti? ¡Eres una… una maldita Gaijin*! ¡Regrésate a tu país, alienígena! —le insultó Amane chillando y tapándose su nariz sangrante.

Hana tembló en los brazos de su novio y hermana. La habían llamado gaijin, otra vez. Sara aflojó el agarre contra Hana y vio con furia a Amane.

Nadie insultaba a su hermana además de ella.

Cuando la castaña sintió que su hermana la soltaba, el agarre de Daiki no fue suficiente y en una explosión de fuerza se zafó.

—¡Déjenla! —gritó Sara hacia Kise y Midorima que sostenían a Amane, automáticamente se alejaron por su propia seguridad.

—Y una mierda con tu puto "Gaijin" —dijo Hana y su pie impactó con fuerza en la cara de Amane convertida en una patada, y que la hizo caer encima de una mesa.

—Maldita bruja. —maldecía aun Amane, con la cara llena de sangre proveniente de su nariz y sollozando.

Hana aun inundada en rabia se propuso ir a por ella, pero la tomaron de la cintura y alguien la colocó en su hombro como saco de patatas.

—Creo que es suficiente pelea por hoy, Ha-chin. —dijo el gigante de Teiko, que había intervenido al ver como Akashi se ponía de pie.

—Pero…

—Es suficiente, Hana. —dijo Akashi y ella fue incapaz de contradecirle. —Fue muy impertinente de tu parte volver a soltarle, Sara. —señaló, ahora mirando a la pelinegra.

—Lo sé, y lo hice a costa, Seijuuro-sama. —dijo ella confrontándolo, pero no osadamente, si no decidida pero guardando sus distancias.

—Supongo que debemos ir a enfermería primero. —dijo Yue que entregaba a Momoi en los brazos de Daiki, a Hana se le revolvió el estómago.

—Quédate aquí con Shuzou, Yue. Nosotros iremos, es nuestra manager después de todo. —dijo Akashi.

.

.

.

Daiki sostenía la mano de Hana, examinándola. Estaban en la parte más apartada de la enfermería.

—No debí actuar así. Menos mientras Sara estaba cerca, de seguro mi abuelo ya está enterado de todo. —se lamentaba.

—Pero Sara también tuvo la culpa al soltarte.

—Lo sé, pero igual Sara puede decir lo que sucedió como se le dé la gana.

—Tranquilízate, Hana. No resolverás nada hiperventilando. —dijo el moreno. Hana buscó su mirada y lo que Daiki capturó fueron sus labios.

La cortina se corrió dejando pasar a una persona, entonces ellos se separaron al pensar que podría ser Sara. No lo era.

—Ya está arreglado todo, las dos están suspendidas por tres días, pueden venir a clase como oyentes pero las faltas ya están registradas, además de que no pueden presentar exámenes esn ese periodo de tiempo, logré que no registraran esto en tu expediente y tiene que venir alguien a recogerte para que el director hable con esta persona. —informó Akashi sin ningún tipo de emoción. Hana asintió y Daiki la seguía sujetando de la mano.

—Gracias por tu ayuda, Akashi-san. —dijo Hana respetuosamente e inclinó la cabeza en una corta y solemne reverencia.

—Es por lo de Satsuki, Hana. Es parte del club después de todo. —explicó el pelirrojo.

—¿Cómo está? —preguntó Daiki.

—Más calmada. Quiere hablar con Hana. —contestó Akashi. El moreno miró a su novia que asentía y se ponía de pie, Daiki se dispuso a seguirle.

—Sara…

—Ella y tu prima se fueron a clase, solo estamos nosotros, Shintaro, Atsushi, Ryouta y Tetsuya. —dijo Akashi abriendo la puerta, eso cortó cualquier excusa y Daiki la tomó por los hombros.

Avanzaron por el pasillo hasta que Tetsuya los detuvo y extendió a Hana una muda de ropa pues su sueter y blusa tenían manchas de sangre y comida, además de que también llevaba la de Satsuki.

—Suerte. —dijo Kise. Daiki le acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja y luego le dio una palmada en el hombro.

Hana se asomó hacia donde estaba la pelirrosa, susurró algo y luego entró cerrando la puerta detrás de ella.

Daiki combatía el impulso de morderse las uñas y pegarse a la puerta para escuchar algo.

—¿Tú crees que se maten? —preguntó Ryouta a Atsushi, el enorme pelilila estaba devorando un paquete de gomitas gusanito azucaradas.

—Quien sabe.

—Aomine, realmente hoy no es día de Virgo, sin embargo es peor día para Escorpión, así que siéntete aliviado. —dijo Shintarou revisando su horóscopo en el teléfono.

—Minobe-san es Escorpión. —intervino Tetsuya.

—Estas jodido. —animó Ryouta. Daiki se dejó caer en una silla de la entrada.

—Aomine-kun, ¿Minobe-san tiene asuntos graves? —preguntó Tetsuya, pero Daiki no abrió la boca porque realmente no sabía que decir.

—Daiki, te has metido con un pez gordo, si me permites decirlo. —dijo Akashi Seijuuro ganándose todas las miradas de sus compañeros, hasta de Atsushi, que lamia una paleta con paciencia.

—¿De que conoces a Hana? —preguntó Daiki

—Su familia conoce a la mía, de hecho la madre de Hana fue novia de mi padre hace muchos años. —la sola idea de que Hana y Seijuuro pudieron haber sido hermanos le causó un escalofrío al moreno. —Ella es heredera de la familia Du-Lecome, dueña de las empresas MÁXIME S.A., que es un pilar fundamental, no solo de la economía francesa, sino también de la industria termoeléctrica y la industria ferrocarrilera y naviera, sobre todo en la fabricación de buques de guerra.

—¿Du-Lecome? ¿Es nieta de Jacques Máxime? —preguntó Midorima.

—Ajá.

—¿Su madre también anduvo con tu padre? —preguntó Atsushi

—No pero ese hombre tuvo un desacuerdo con mi padre.

—¿Es el club de "Odiamos a Hana"? porque, quiero unirme. —habló desde la puerta Sara. Atsushi la miró ladeando la cabeza, le sonaba de algún lugar.

—Eso fue grosero. —dijo Ryouta.

—¿Ah si? —dijo Sara sonriendo con cinismo.

—Tú. —dijo Atsushi parándose frente a Sara. La chica lo miró a los ojos con molestia.

—Tú. —respondió Sara con un gruñido.

—¿Se conocen? —preguntó Daiki.

—Es una chica grosera que vi en el aeropuerto, no tenía idea que era la hermanita de Ha-chin. —explicó distraídamente el gigante, Sara entrecerró los ojos.

—¿Grosera? ¡Pero si tú robaste mi bolso! —dijo señalándole con el dedo.

—Es de mala educación apuntar a la gente, Hito-chin.

—Argghh, ¿Hito-chin? ¿Y dime quien eres para tomarte esas confianzas conmigo?

—Murasakibara Atsushi, supongo que no necesito un precio especial. —dijo el chico comiendo papas fritas.

Sara inspiró una fuerte bocanada de aire, todo en Atsushi Murasakibara le desagradaba, su color de pelo, tan extravagante; sus ojos aflojerados; su altura, exageradamente enorme; su olor, hasta a un metro de distancia le llegaba el olor a chucherías; su voz, tan despreocupada de la vida; su manera de caminar, como si el mundo fuera a su ritmo; sus confianzas, mira que era un igualado. Sentía que iba subir de peso de solo ver todo lo que el chico comía.

Todo en Murasakibara era desesperante para ella.

En cambio para Atsushi, todo en Sara era raro. Tenía 12 años, pero era más alta que muchos chicos de 15 años, tan altiva y despectiva que le hacía tener ganas de estrellarle un pedazo de su preciado pastel en la cara, nunca había experimentado tal sensación. Él sabía que ella fruncía el ceño con solo verlo y eso le gustaba, ver el rechazo en esos ojos azules.

—Yo no te robé nada, solo tomé lo que estaba en el suelo. Y tú no querías decir por favor.

—¿A ti? Pero por supuesto que no, ¿pero estás consciente de tu nivel? —se jactó la chiquilla. Atsushi frunció el ceño.

—Aunque me ganes en lo que llamas "nivel" tal vez soy mejor persona que tú. La gente me quiere más, soy feliz y… juego baloncesto mejor que tú. —presumió el chico. Sara abrió la boca ligeramente sorprendida. Ese chico era como un niño de 7 años.

—¿Qué tú juegas baloncesto mejor que yo? —si había algo que Sara adorase más que el dinero o los lujos, eso era el deporte, era una Minobe después de todo, y como tal, era competitiva, y mejor aún, como era hija de Natsu, el baloncesto era sencillo para ella, aunque como Hana, esa no era su área especial.

—Por supuesto.

—¿Qué tal si probamos? —le retó. El chico hizo una mueca.

—No me gusta ganarle a niñas.

—Traducción: "Soy Murasaki-gallina" —se rio Sara. Atsushi la miró con enojo.

—¿Dónde y cuando quieres que te aplaste? —dijo el chico.

—Mañana, después de la escuela, en la cancha principal. —dijo Sara con una sonrisa calculadora. Atsushi envalentonado y con una sensación de coraje aceptó el trato.

—No me contendré porque seas niña. —dijo Atsushi.

—Como quieras, Murasaki-gallina, nos vemos mañana. —se burló ella y Atsushi casi le pega de no ser porque ella se acercó súbitamente a él y metió su mano en el paquete de gomitas, robándose un par. —Cuñado, dile a mi hermanita que la espero en la entrada. —fue lo último que dijo Sara y con una última mirada de superioridad salió airosa de la enfermería.

Seijuuro contuvo una risa al ver la cara de pasmado que tenía Atsushi.

Cuando Hana salió de con Satsuki veinte minutos después, Murasakibara seguía mirando a la entrada y Daiki tenía una cara de irritación.

—Yo me voy, Daiki. Me esperan en la dirección. —dijo Hana, tenía el uniforme deportivo puesto y su ropa sucia en una bolsa de plástico.

—Vino tu hermana santísima, y montó un espectáculo. —dijo Daiki, Hana alzó las cejas con sorpresa.

—Reto a Murasakibara en un 1 vs 1, mañana después de clases. —dijo Ryouta.

—¿Y aceptaste? —preguntó ella a Atsushi. Él enorme chico asintió. —Mi hermana es buena en basquetbol. No es su área especial, pero es buena.

—¿Área especial? —preguntó Shintarou.

—Bueno, sí, o sea, tu deporte en el que te desempeñas. Por ejemplo, yo soy gimnasta, Saori es arquera, mi primo Gin es jugador de futbol americano y su hermana Kohaku es campeona de kendo y judo. Sara es campeona nacional juvenil de natación. —explicó Hana.

—¿Crees que le gane a Murasakibara-kun? —preguntó Tetsuya, repentinamente se sintió taladrada con la mirada por el gigante.

—Ehh… bueno… no lo sé, nunca he visto jugar a Murasakibara-san. —dijo nerviosa.

—Ya, entonces quien sabe.

—Ajá. —sonrió ella. Se dirigió a la salida después de despedirse con la mano de los chicos de basquetbol y su novio la acompañó al pasillo.

—Me voy, nos vemos mañana, Daiki. Cuida a Momoi-san. —dijo Hana, pero Daiki la sujetó del brazo y la atrajo hacia él.

—Sara me dijo cuñado. —dijo serio. Hana alzó las cejas.

—¿Por qué no me había dicho nada? —preguntó ella, obviamente él no tenía la respuesta. Tendría que aclarar las cosas con ella.

—¿Esto es malo?

—Tal vez. Pero no te preocupes, hablaré con ella. —dijo Hana. Él frunció el ceño.

—No trates de arreglar todo sola, Hana. Para eso estoy contigo, admito que la parte en donde nos besamos es mi favorita, pero no solo estoy para eso. —le regañó. Hana asintió resignada.

—Si, si. Ya me portaré bien. —rio ella. Daiki acercó su rostro al de ella.

—Y deja de golpear a la gente.

—Y tu deja de saltarte los entrenamientos, anda, te están esperando. —el moreno observó de reojo hacia atrás y sus compañeros disimulaban muy mal las miradas, aun así le valió un bledo y tomó a Hana del cuello para besarla. Hana respondió muy animada pegando más su cuerpo a él y sujetándolo por la chaqueta.

Se separaron levemente apenas un segundo para que ella decidiera besarlo castamente una vez más.

—Diviértete entrenando, Daiki. —dijo ella y se alejó de él. —Adiós, chicos. —y se despidió con un gesto de mano desapareciendo por el pasillo al doblar en la esquina.

El moreno se quedó un momento solo viendo por donde se había ido, cuando se giró con sus compañeros, estos tenían una mueca burlona. Kise iba a hablar pero…

—Como me digas algo, Kise, te recuerdo que tengo el número de Saori. —y el rubio se quedó mudo.

.

.

.

Después del entrenamiento de ese día Kuroko y Aomine decidieron pasar por un helado antes de ir a casa. Ocasión que aprovechó Daiki para hablar con Tetsuya. Y conforme Daiki explicaba cómo se sentía, el ánimo de Tetsuya iba decayendo.

—Por eso digo… cuanto más lo intento más siento que el baloncesto comienza a aburrirme.

—Aomine-kun…

—Bueno, en última instancia el baloncesto no es más que un juego, definitivamente voy a esforzarme para cumplir los criterios. Pero una vez los cumpla me limitaré a jugar casualmente… —decía el moreno. Tetsuya apretó los labios.

Entonces algo muy, muy frío resbaló por la espalda de Daiki.

—¡Aghhh!

"¡El helado!"

—No puedes hacer eso. —dijo el peliazul. —Yo ya me estoy esforzando al máximo para poder estar con ustedes, por eso para ser honesto no puedo entender lo que está pasando por la cabeza de Aomine-kun pero… Si yo fuera el oponente no importa que amplia sea la brecha entre nuestra fuerza, definitivamente no me gustaría el hecho de que vayas fácil contra mí. —habló seriamente. Daiki lo miró sorprendido.

—Tetsu…

—Además de seguro un tipo más fuerte que tú aparecerá pronto.

El moreno solo se limitó a reír.

.

.

.

Cuando Daiki llegó a su casa saludó a su madre al entrar y luego se dirigió a su habitación, se tiró en la cama mirando al techo y decidió revisar su celular.

Tenía un mensaje de Hana:

"Ya hablé con mi hermana, no hay nada de qué preocuparse, luego te cuento, ¿Cómo te fue hoy? ¿Hablaste con Kuroko-san?"

Lo había mandado hace casi dos horas, sonrió y escribió:

"Cuéntame ya. Me fue bien y si, ya hablé con Tetsu, tenías razón."

Envió el mensaje y decidió bañarse por lo que se dispuso a buscar ropa pero escuchó la vibración del teléfono. Otro mensaje:

"Mañana. Y yo siempre tengo razón, Daiki."

Sonrió y contestó rápidamente:

"Engreída. Está bien, esperare a mañana, por ahora me iré a bañar, hablamos después."

No había dado ni un paso cuando la respuesta llegó:

"Nada. Diviértete en el baño, no te agaches por el jabón. Nos vemos mañana."

Sintió los colores en el rostro:

"¡Yo no me agacho por el jabón!"

Hana contestó solo riéndose y él ya no respondió, si no que fue a bañarse.

Cuando terminó de bañarse, bajó a la cocina por un vaso de agua cuando vio una caja en la mesa, tenía su nombre.

—Puedes abrirla, es de parte de tu padre. —dijo su madre, quien se asomó por el arco de la cocina. Daiki no esperó más y abrió la caja.

Era un yukata color gris liso, excepto en la manga derecha y la parte inferior izquierda, donde tenía un bordado negro que simulaban las olas. Hasta incluía las sandalias y los calcetines tradicionales.

—Es para el Tanabata, es este sábado, tal vez deberías invitar a Hana-chan y llevarla a ver los fuegos artificiales. —dijo su madre con picardía. Daiki sonrió.

Por eso, antes de dormir se decidió:

"Hana, ¿quieres ir al festival de Tanabata conmigo? Es este sábado."

Y no se quedó dormido hasta que recibió el "Si" dos minutos después.

Sería su primera cita, estarían juntos toda la tarde festejando. Entonces lo pensó bien… vería a Hana en un yukata también, obviamente.

Bendito Tanabata.


¡Hola, hermosas personitas lectoras!

Me he tardado un poquitín más de lo normal. Quería actualizar el miércoles, ya que fue mi cumpleaños, pero he tenido una serie de situaciones que no me han permitido cumplir como debería, igual debo un one-shot con el tema de HALLOWEEN que no pude hacer a tiempo debido a mis exámenes.

Me disculpo por la demora y pues la verdad me encantaría extenderme en la nota pero este no es el caso.

Pero díganme, ¿que opinan ustedes de Sara? ¿Creen que patee el trasero de Mukkun?

Karen tiene que tener mas protagonismo, la olvidan en todas partes.

Espero que les haya gustado el capítulo, agradezco todos los "Views", los "Reviews", los favoritos, etc.

Aclaración:

-Gaijin:

Gaijin ( 外人, Gaijin?) es un término dado por los japoneses que se refiere a los extranjeros (o algunas veces a las personas no-naturalizadas) que viven en Japón, y que algunos (extranjeros o japoneses) consideran insultante o irrespetuoso. gaijin puede ser utilizado para enfatizar la condición de extranjería y de no pertenencia, y es este uso el que le ha dado la connotación racista. El racismo en Japón no es un tema en el que piensan mucho los japoneses porque la población extranjera es muy pequeña en comparación con la población nativa. En contraste con otros países donde existe el racismo, la discriminación en Japón no se basa en de dónde se es sino en de dónde no se es (en este caso, no se es japonés), razón por la que gaijin tiene esa connotación despectiva; quiere decir que usted no es uno de nosotros.

-Tanabata:

Festividad de las estrellas es una festividad japonesa derivada de la tradición china Qi xi (七夕 "La noche de los sietes").

La fiesta celebra el encuentro entre Orihime y Hikoboshi. La Vía láctea, un río hecho de estrellas que cruza el cielo, separa a estos amantes, y sólo se les permite verse una vez al año, el séptimo día del séptimo mes lunar del calendario lunisolar. Ya que las estrellas sólo aparecen de noche, la celebración suele ser nocturna.

Al igual que Qi xi, Tanabata se inspira en el famoso cuento asiático de la princesa y el pastor.

Orihime (織姫, la Princesa Tejedora) era la hija de Tentei (天帝, el Rey Celestial). Orihime tejía telas espléndidas a orillas del río Amanogawa (天の川, la Vía Láctea). A su padre le encantaban sus telas, y ella trabajaba duramente día tras día para tenerlas listas, pero a causa de su trabajo la princesa no podía conocer a alguien de quien enamorarse, lo cual entristecía enormemente a la princesa. Preocupado por su hija, su padre concertó un encuentro entre ella y Hikoboshi (彦星, también conocido como Kengyuu, 牽牛), un pastor que vivía al otro lado del río Amanogawa. Cuando los dos se conocieron se enamoraron al instante y, poco después, se casaron. Sin embargo, una vez casados Orihime, comenzó a descuidar sus tareas y dejó de tejer para su padre, al tiempo que Hikoboshi prestaba cada vez menos atención a su ganado, el cual terminó desperdigandose por el Cielo. Furioso, el Rey Celestial separó a los amantes, uno a cada lado del Amanogawa, prohibiendo que se vieran. Orihime, desesperada por la pérdida de su marido, pidió a su padre el poder verse una vez más. Su padre, conmovido por sus lágrimas, accedió a que los amantes se vieran el séptimo día del séptimo mes, a condición de que Orihime hubiera terminado su trabajo. Sin embargo, la primera vez que intentaron verse se dieron cuenta de que no podían cruzar el río, dado que no había puente alguno. Orihime lloró tanto que una bandada de urracas vino en su ayuda y le prometieron que harían un puente con sus alas para que pudieran cruzar el río. Ambos amantes se reunieron finalmente y las urracas prometieron venir todos los años siempre y cuando no lloviera. Cuando se da esa circunstancia, los amantes tienen que esperar para reunirse hasta el año siguiente.

REVIEW'S ANONIMOS

Tessa: Ya la relación de esos dos tenía que evolucionar a algo. Y ya voy avanzando en el arco de Teiko, justo para la transformación de Aomine, espero que te haya gustado. Y no te preocupes, no abandonare la historia.

Toni-chan: Jajajajajaja, son 10 hojas de Word y dices que es poco. Y créeme que manejar a un personaje como Aomine no es tan sencillo. Tiempo al tiempo.

Guest: Aquí tienes otra entrega, espero que te haya gustado, nos vemos pronto por aquí.

Perdón por la tardanza y hacer mi nota muy corta.

Gracias, nos leemos pronto, Ce.

Nota extra: Haré un one-shot o un two-shot (dependiendo) sobre "¿Como demonios Kise y Saori están juntos?" Aun no sé cuando, pero está en preparación.