Los personajes pertenecen a Suzanne , la Historia es 100% original; cualquier parecido con alguna otra es mera coincidencia.
Capítulo 10
Peeta eligió desayunar hot cake con tocino, asi que mientras mezcla los ingredientes yo pongo los manteles y cubiertos en la barra de desayuno. Estoy vestida solo con su camisa y me siento expuesta, cada vez que volteo a verlo me lanza una ardiente mirada y una sonrisa que derretiría por completo el polo norte; y como ya es común en mí, me ruborizo. Coloca la sartén en el fuego y la llena de mantequilla, la mezcla esta lista. Trato de no voltear a ver qué hace mientas que corto algo en la tabla de cortar, si volteo estoy seguro que me lanzo sobre él y me desayuno su boca.
Me concentro tanto en hacer el desayuno que no siento que se pone detrás de mí, me estremezco pero lejos de alejarse me abraza de la cintura y aspira mi cabello. Trato de no darle mucha importancia, pero cuando su boca empieza a hacer esa magia que solo él sabe hacer con mi cuello me derrito entre sus brazos.
— Si sigues haciendo eso vas a provocar un accidente. — Logro decir, aunque mis ojos están cerrados y mis uñas se clavan en la carne de mis manos.
— ¿Qué tipo de accidente puedo provocar? — Me suelta y me arrepiento al instante.
— Me puedo cortar.
— Bueno, es mejor no provocar ningún accidente.
Se aleja de mí y ya lo extraño, termino de preparar la barra de desayuno mientas Peeta sirve dos platos, les coloca el tocino y justo cuando los coloco en la barra de desayuno encima de los hot cake coloco mango y fresa cortados en cubos pequeños y de una forma tan fina que se ve exquisito. Lo miro y le sonrió.
— Entonces esto hacías. — Me señala con la cabeza el mango y la fresa.
— Tenia que entretenerme en algo.
— ¿Ya te dije que eres una distracción para mí con esa camisa?
— Creo que no. Tú insististe en que la usara.
— Y creo que fue una mala idea, si no fuera porque hice el desayuno te hubiera cogido encima de la barra de desayuno.
Mis ojos se abren como platos ¿Tanto lo éxito?, no puedo más que sentarme en un taburete y empezar a comer. De repente Peeta rompe el silencio.
— Entonces ¿Tienes planes para hoy?
— En realidad hoy pensaba buscar un nuevo apartamento.
— Entonces no tienes planes.
— No. ¿Porque?
— Quiero pasar el tiempo contigo, casi es media tarde podemos aprovechar para ponernos al día el uno con el otro.
— Está bien, porque no.
— Si te parece quiero tomar una ducha relajante.
— Si claro, mientras yo me baño en otra habitación.
— Creo que no entendiste. — Deja de comer y se acomoda de lado hacia mí. — Vamos a tomar una ducha relajante. — Me besa la nariz y dejo de respirar. ¡Voy a tomar una ducha con Peeta Mellark!
Terminamos de desayunar y recogemos la cocina juntos, no he dejado de pensar en la ducha y me pone muy nerviosa. Me toma de la mano y nos dirigimos a su habitación, abre la puerta para que entre primero; al hacerlo me rodea de la cintura desde atrás y me dirige al cuarto de baño. Al entrar me suelta enfrente de la ducha de puertas de vidrio, pienso que va a abrir el grifo pero no lo hace, se va directo a la tina enfrente de mí y toca unos cuantos botones en ella. La tina empieza a llenarse y es entonces cuando Peeta vierte en el agua un líquido y de pronto el cuarto se empieza a llenar de vapor y en el aire se respira un aroma dulzón a jazmín. Me extiende su mano y la tomo. Estamos frente a frente. De repente Peeta se quita la camiseta dejando su torso gloriosamente desnudo ante mí, toma el cuello de la camisa que traigo puesta y empieza a des abotonarla lentamente, uno a uno cada botón va cediendo entre sus largos dedos, cuando ya no quedan botones toma mi cuello con ambas manos y los extiende hacia mis hombros, me desliza la camisa y esta cae al suelo, sonríe y su mirada se obscurece. Me toma de la mano y me invita a entrar primero en la tina, le doy la espalda y poco a poco, apoyada por los bordes de la tina desaparezco entre la espuma, el agua está caliente y el aroma es relajante, pero mi cuerpo esta tenso por lo que puede suceder en este cuarto. Cuando cierro los ojos para tratar de relajarme siento que el agua aumenta de nivel y sé que Peeta ha entrado. Me toma de los hombros y acerca mi espalda a su pecho, sigo con los ojos cerrados, pero cuando siento que sus piernas tratan de abrir las mías los abro y me alejo de él.
— Tranquila, quiero tenerte cerca es todo. — Su voz es un susurro, pero mi cuerpo vuelve a tensarse.
Cierro las piernas y mi respiración de vuelve más acelerada. De repente extiende ante mí una goma para el cabello, la tomo y me hago una coleta, es entonces cuando sus manos hacen magia en mis hombros. Empieza un masaje de lo más lento y exquisito, cierro los ojos ante la sensación, los jadeos y gemidos salen de mi boca involuntariamente y su respiración se vuelve más tensa, como si tratara de controlarse. Pronto sus manos empiezan a vagar por mi cuerpo, van directo a mis senos y es ahora cuando mi respiración se vuelve más acelerada y soy consciente de los gemidos que salen de mi boca provocados por las caricias. Coloco mis manos sobre sus muslos y empiezo a apretar las manos sobre estos. Sus gemidos no se hacen esperar y ahora sus manos abren mis piernas para encontrarse con el centro de mi placer, lo acaricia y lo trata con mimo, mete un dedo y este da vueltas en mi interior mientras que otro de sus dedos acaricia mi clítoris. Siento en la espalda baja la creciente erección, y esto me excita más; saber que yo le provoco eso es alucinante. Más pronto de lo que quiero se detiene.
— Date la vuelta Schatzy, colócate a horcajadas sobre mí. — Obedezco y justo cuando quiero que su pene este dentro de mí. Me detiene. Abre mis labios vaginales y los coloca sobre su pene, mi clítoris tiene contacto directo con él y la sensación es indescriptible. — Mueve las caderas adelante y atrás. — Obedezco una vez más y un grito sale de mi boca. — Si… así… busca tu propio placer Schatzy. — Mis gritos y jadeos son más fuertes, siento perfectamente la cabeza de su erección rozar mi punto más sensible. Cada movimiento de mis caderas en un jadeo que sale de mi boca, poco a poco voy aumentando el ritmo de mi movimiento y esto provoca que Peeta cierre sus ojos y salgan pequeños jadeos de su boca. Aprieta sus manos en mi cintura y sé que se está controlando; la pequeña bomba empieza a crecer en mi interior y más pronto de lo que quiero exploto en mil pedazos. — Vamos, necesito cogerte como necesito. — Me carga a horcajadas y me saca del agua, nos vamos a la cama y me recuesta sobre esta. Se coloca un preservativo y me penetra de un solo empujón. Sus acometidas son fuertes, salvajes y duras, siento toda su longitud quemando en mi interior pero quiero más, enredo mis piernas alrededor de su cadera y su pene llega más profundo dentro de mí. Escucho el ya familiar golpeteo de nuestros cuerpos y sin previo aviso exploto una vez más. Un sonido varonil sale de la garganta de Peeta y aprieta la mandíbula. — Dios Schatzy… me vas a matar. — Pronto siento la explosión de Peeta en mi interior y este cae sobre mí. Nuestras respiraciones son irregulares y nos abrazamos mientras se normalizan. Sale de mi interior y se quita el preservativo, lo anuda y lo avienta al suelo. Me acomoda como en la mañana, su rostro entre mis senos y colado entre mis piernas, sus manos toman las mías y las acaricia con mimo.
— Eso fue… salvaje. — Sonrió ante la mirada de Peeta, y rodeo con mis piernas las suyas.
— ¿Me harías un favor? — Logro asentir y coloca un beso en su seno favorito. — ¿Podrías inyectarte mañana mismo?
— ¿Inyectarme? — Frunzo el ceño, pero sus ojos suplican.
— Si, usar el método anticonceptivo de inyección. — ¡Método anticonceptivo! No lo recordaba, no está en mis planes quedar embarazada, decido escuchar. — Hubiera sido asombroso cogerte en la tina. Pero como tenemos que usar preservativos terminamos en la cama.
— ¿Pero es seguro?
— Si, si quieres te programo una cita con el mejor doctor que hay en la ciudad, vas mañana a la hora de tu comida y yo tendría que esperar menos tiempo para sentirte sin ninguna barrera. ¿Por favor?, Compláceme.
— De acuerdo.
— Bien. Hay algunos efectos secundarios, pero son mínimos. De cualquier modo el efecto tarda una semana, de manera que tengo que esperar ese tiempo para cogerte como quiero.
— Lo haré.
— Bien. — Me besa castamente en los labios y coloca de nuevo su cabeza entre mis senos, con el baño, el masaje y la actividad sexual realizada, me siento cansada y me quedo dormida presionada por el cuerpo de Peeta.
…
Me despierto en la enorme cama de Peeta, el sol se ha ocultado, me siento en la cama y descubro que mi cuerpo está cubierto con una sábana blanca, estoy desnuda; me levanto y me envuelvo en la sabana, descubro que la pequeña maleta que hice ayer esta sobre el sillón lounge, voy por ella y abro la puerta que según se es un al armario. Al entrar inmediatamente se ilumina y ante mi está el armario más grande que he visto, son cuatro paredes y dos de ellas tienen filas y filas de trajes, camisas, corbatas, pantalones vaqueros y zapatos, nunca imagine que los hombres tuvieran más de 5 pares de ellos; zapatos de vestir, casuales, mocasines, tenis de deportes… solo una pared de armarios está cubierta, son dos puertas y un mueble de cajones. Abro las puertas y me siento como una artista de cine, ante mi esta un espejo con luces alrededor y dos cajones más, abro el primero y guardan utensilios de belleza para hombre, peines, cepillos, cera para cabello, perfume, loción para después de afeitar; el segundo guarda su propio almacén de artículos para el baño, shampoo para cabello, gel de baño, espuma para afeitar... el mueble tiene cinco cajones; el primero tiene camisetas blancas, el segundo guarda pantalones de pijama, el tercero tiene la ropa interior de las marcas más prestigiosas, el cuatro cajón guarda calcetines y el ultimo tiene pantalones de deportes. Busco mi ropa interior en la maleta, pero cuando estoy vistiéndome descubro el uniforme de los lunes de mi trabajo; está perfectamente planchado y acomodado sobre un perchero para trajes. Ayer estaba arrugado, entonces… Peeta. Cierro los ojos de frustración. ¿Por qué lo hizo? Termino de vestirme y salgo del vestidor; la cama esta revuelta, y le debo un favor a Peeta, acomodo las sabanas, almohadas y edredón como corresponde, ahora si ve decente. Salgo de la habitación a buscar a Peeta, pero no está por ningún lado. Voy hacia la sala y toco el vidrio del ventanal, esta helado, deduzco que hace frio aún. Cuando voy hacia la sala de nuevo descubro un rincón junto a las puertas ahumadas de cristal, tiene un sillón mullido y enfrente de este hay una pared; me siento en el sillón y descubro frente a mí un cuadro extraño, cuando lo toco descubro que no es un cuadro, es un estante lleno de libros; empiezo a leer los lomos de estos: Orgullo y Prejuicio, La ladrona de Libros, Amor en Tiempos de Cólera, Ana Karenina, Romeo y Julieta… ¡Tiene la colección de 100 libros que debes leer antes de morir!, tiene un tesoro en un rincón de su departamento. Una voz ronca me saca de mi hipnotización de esta colección y volteo a ver a mi arrendador favorito.
— Despertaste.
— ¿Por qué tienes este tesoro aquí, en un rincón?
— Bueno, antes estabas dormida. — Lo miro con el ceño fruncido.
— Me refiero a los libros.
— Ah. Ese tesoro, era de mi madre. Cuando venía a visitarme se sentaba en el sillón cuando estaba el atardecer. La colección es de ella.
— Siento haberme metido es su espacio.
— En realidad si te gusta puedes hacer uso de ella. Nadie más ha tocado esos libros desde su muerte.
— ¿No te molesta?
— No, depende de qué persona este leyéndolos. — Me atrae hacia él y me besa dulcemente, envuelvo mis brazos alrededor de su cuello y este profundiza el beso metiendo su lengua, gimo en su boca y me dejo llevar, mordisquea mis labios y se separa de mí, apoya su frente con la mía y suspira — Dios… nunca me canso de ti. — Me da un casto beso y se separa por completo de mí. — Pedí la comida para el almuerzo, vamos, no quiero que mueras de hambre.
Caminamos hacia la barra de la cocina y sobre esta hay una caja de pizza. Peeta saca del refrigerador un Chasselas y toma dos copas. Observo con melancolía la alfombra de la sala y se me ocurre una idea.
— Me parecería interesante comer sobre la alfombra. — Sus ojos me miran extraños y curva una sonrisa.
— ¿Quieres hacerlo? — Asiento entusiasmada y le sonrió, él me imita y toma la caja de pizza. — Pues comamos en la alfombra. Trae las copas y el vino.
Nos acomodamos en la mullida alfombra y empezamos a comer. Mis pensamientos divagan sobre el departamento en el que voy a vivir los próximos seis meses, y sobre el pequeño miedo que tuve cuando no escuchaba nada para averiguar dónde estaba Peeta.
— ¿En qué piensas? — Su voz ronca me saca de mis pensamientos. Doy un sorbo a mi copa.
— ¿Es muy grande? — Sus ojos se abren junto con su boca y cuando no quiero que siga pensando en doble sentido aclaro mi pregunta. — El departamento.
— Cinco habitaciones en la planta baja y cuatro en la segunda planta.
— Es enorme, cuando salí de tu habitación para buscarte, no se escuchaba nada. No pude averiguar dónde estabas. Es muy silencioso.
— Las paredes de todo el departamento están construidas especialmente para que ningún ruido traspase dentro de las habitaciones y ningún ruido salga de estas.
— Sorprendente. ¿Desde cuándo vives aquí?
— Desde hace tres años. La construcción tardo por mi pedido especial.
— Entonces, ¿simplemente levantaste el teléfono para decir que querías unas paredes espaciales?
— No, el edificio ya estaba terminado y habitado antes de que este fuera terminado. La torre se inauguró dos años antes de que yo viviera aquí. — Doy otro sorbo a mi copa y me la acabo, me sirvo más y pregunto.
— ¿Lo hicieron porque eres un cliente especial?
— No, lo hicieron porque yo diseñe el pent-house en el que estás viviendo.
— ¿Eres arquitecto?
— Estudie la carrera de arquitectura para que mi padre fuera feliz, pero me gustaba mandar y descubrí que era hábil e inteligente en los negocios, me fui de casa y empecé desde cero aquí en Chicago.
— Como yo, yo también estoy empezando desde cero.
— No exactamente, tú llegaste aquí completamente sola, sin conocer a nadie; en cambio yo tenía amigos, clientes en los que me pude apoyar y empezar mi empresa. Mi familia me llamaba constantemente, y mis hermanos y mi madre me visitaban. Por eso el número de habitaciones numeroso.
— ¿Y todas las habitaciones están ocupadas?
— No, en la planta baja tengo cuatro habitaciones ocupadas y en la planta alta; ahora que vives aquí, tengo dos.
— ¿Preparaste mi habitación especialmente para mí? — Se me seca la boca y me bebo la copa de un trago, me sirvo otra y bebo un poco más
— No, esa es la habitación principal de la planta alta, la que ocupaba mi madre cuando venía a visitarme, esa siempre está limpia y lista para recibir invitados especiales.
— Y ¿Qué tienes en las otras habitaciones?
— Siempre hambrienta de información. — Sonríe y me sonrojo, siempre he sido muy curiosa. — En la planta baja esta mi habitación; que es la habitación principal, tengo un despacho, una sala de televisión con una biblioteca y una habitación de invitados, la quinta habitación se utiliza como bodega de alimentos. Y en la planta alta esta tu habitación y un gimnasio.
— Es como un palacio.
— Es mi castillo en el aire, en el que puedo ver el mundo a mis pies. Siempre quise algo así.
— No me sorprende que lo lograras.
— Te diría que todos los sueños se hacen realidad, pero te mentiría. Tienes que trabajar duro para lograrlos y trabajar duro para conservarlos.
— ¿Tu papá también es arquitecto?
— Sí.
— ¿Y porque no trabajas para él? — Suspira y me mira como si no tuviera otro remedio.
— Porque él ya tenía planeada mi vida, quería que me hiciera cargo de su constructora, y cuando quise hacerlo y tomar las riendas me restregaba en la cara que él había trabajado muy duro para conseguirlo, y que yo me había ido por el camino más fácil; que era solo hacer uso de posesión. Un día me harte de sus gritos y regaños y me fui de casa. No lo vi por mucho tiempo. Comencé mi constructora desde cero; fue difícil pero no imposible, no le debo cuantas a ninguna junta directiva, y eso es sorprendente. Cuando empecé a ganar concursos para construir autopistas fue cuando mi empresa creció más de lo que ya era. Y fue cuando decidí hacer este departamento. Al principio diseñe una casa, después un amigo me sugirió hacer una torre de departamentos y asi nació la Torre León. El pent-house lo diseñe amplio para que mi familia pudiera quedarse conmigo cuando me visitara.
— ¿Y te visitan seguido?
— Al principio no era tan seguido, no tenía donde alojarlos para dormir pero en cuanto habite el departamento invite a mis hermanos y a mi madre; les encanto y venían cuando querían hacerlo. Sobretodo Johanna, mi hermana pequeña, ella es la que más me visita.
— ¿Y tu hermana Annie? Ella no te visita.
— Ella se vino a vivir a Chicago en cuanto termino la carrera de Chef, le ayude a abrir su restaurante y somos socios.
— ¿Por qué se vino a vivir contigo?
— No lo hizo, ella se casó y siguió a su marido a Chicago llevan casados tres años. — Eso es nuevo, tiene una hermana casada, me termino mi copa y me sirvo otra.
— Y tu padre, ¿Alguna vez te ha visitado?
— Cuando empecé a crecer yo ya había perdonado a mi padre por sus humillaciones. Mi madre le suplico que él viniera a verme. Pero nunca lo hizo hasta hace poco.
— ¿Desde cuándo?
— Desde que mi madre murió.
— Lo siento. — Hace una mueca de dolor y en sus ojos hay tristeza.
— Más lo siento yo, la familia era todo para mi madre y en sus últimos cuatro años de vida su familia se separó. Ella nunca nos volvió a ver unidos y felices.
— Es decir que, ya están juntos de nuevo.
— Se puede decir que el orgullo de mi padre, fue uno de los motivos por los que mi madre murió. Pero no toda la culpa es de él. Decidimos perdonar y olvidar, el odio mutuo y el orgullo nunca le devolverá la vida al ser que más he querido. — En sus palabras hay melancolía y es extraño ver al fuerte y todo poderoso Peeta Mellark en ese estado.
— Te duele mucho ¿verdad?
— Si, y cuando te escuche ayer hablar con tu familia y salieron lágrimas de tus ojos, recordé lo que se siente estar solo, y no pude más que consolarte.
— Es verdad, es difícil.
— ¿Cuáles fueron tus motivos para alejarte?
Me bebo la copa de un trago nuevamente, mi boca se seca y mi mundo se desmorona, no le puedo contar los motivos por los que estoy aquí, no aun.
— Me tuve que alejar, por el bien de todos.
— No estas siendo muy específica. — Me bebo la copa, creo que me dará valor.
— Mi familia, me alejo, para poder seguir viva. — Su cara es ahora pálida, y sus ojos están abiertos.
— De que hablas. ¿Atentaron contra tu vida? — Eso es parte de la verdad, pero él no la puede saber toda.
— Algo asi, y como comprenderás no te puedo contar más.
— Está bien. — Se acomoda de manera que se acerca a mí. — Sé que no me tienes la suficiente confianza para contarme cosas personales, pero quiero que la tengas. Yo te he contado muchas cosas de mi vida, que nunca había contado a nadie. Tú me motivas a que yo sea abierto contigo, eres como un imán, me atraes a ti, y me haces olvidar que el mundo gira a mí alrededor. — Me da miedo, esa es una de los motivos por los que estoy en Chicago, decido averiguar un poco más.
— ¿Y eso es malo?
— No lo sé, y quisiera averiguarlo. — Deja su copa de vino y se lanza sobre mí, y sus labios atacan los míos y estos están fríos, sabe a vino blanco, mete su lengua en mi boca y me dejo llevar. Poco a poco abandonamos la intensidad del beso hasta separarnos, nuestras respiraciones son irregulares, me mira y acaricia mi rostro, como pensando que hacer.
— ¿Qué pasa? — Mi voz es un susurro.
— Nada, es solo que nunca tengo suficiente de ti. — Su voz es un susurro también. — Quiero estar dentro de ti. Probarte una vez más, y beberme tus fluidos como lo hice ayer.
— ¿Donde?
— Aquí y ahora. — No me dice nada más porque su boca esta sobre la mía y me tira sobre la alfombra, nuestras lenguas se entrelazan, mis brazos van directo a su cuello y sus manos juegan con mis senos por encima de mi sweater, su erección se clava en mi vientre y no puedo más que gemir, es delicioso sentir como mi cuerpo le provoca estas sensaciones. Mi sweater no dura mucho en mi cuerpo y descubre que no llevo sostén. — Muy tentador. — Me sonríe y sus ojos se obscurecen, su boca va directo a su "seno favorito" y mordisquea mi pezón y después mi lunar, este se endurece al sentir la calidez de su lengua, y mi sexo se humedece más de lo que ya estaba. Sopla mi pezón endurecido y mi espalda se arquea, me quita los jeans y se encuentra con unas bragas mata pasiones que le sacan una sonrisa. — Como puede ser que seas tan pervertida omitiendo el sostén y tan mojigata al llevar estas bragas. — Levanta el elástico y mete sus dedos en mi interior. Gimo.
— No lo sé, es lo que tengo. — Gimo.
— Húmeda para mí, me vuelves loco Schatzy. — Solo puedo ver como una mano pellizca mi pezón antes desatendido por su boca y su otra mano juega con mi clítoris. Es demasiado, y más pronto de lo que quiero empiezo a rogar.
— Por favor.
— Por favor que. ¿Tan pronto ruegas? — Mueve sus dedos más rápido, y grito de placer.
— Peeta, Por favor… — Gimo.
— ¿Recuerdas que quería probarte una vez más? Todavía quiero.
— Hazlo después,… te quiero dentro… ahora.
— Como órdenes. — Con la mano que torturaba mi pezón se desabrocha el pantalón, se saca el cinto de las pretinas y me ata las muñecas.
— No lo hagas. — Me van a doler las muñecas.
— La manicura primero, tus manos después. — Saca sus dedos de mi vagina y se coloca el condón. Solo sus dedos abandonan mi sexo y rompe las bragas. Se coloca encima de mí y ante mi sorpresa, me penetra de un solo golpe, sujeta mis caderas y se empieza a mover, realmente a mover, duro y fuerte, adentro y afuera, me observa desde arriba, y solo pongo mis ojos en blanco; cuando estoy al límite saca su pene de mi interior y me besa el vientre.
—Por favor.
— No, te quiero frustrar primero. — Se inclina sobre mí y mordisquea mi cuello, es delicioso, pero necesito más. Alzo mis caderas en busca de roce pero él aleja las suyas y ríe en contra de mi clavícula. Aprieto la mandíbula y lo intento de nuevo, el hace la misma acción. Con las muñecas atadas no puedo hacer mucho. Y su objetivo de frustrarme lo está logrando.
— Peeta… — Empiezo a gimotear y él a reír más fuerte. Se lo que quiere, pero yo quiero otra cosa de él. — ¿Podemos hacer un trato? — Levanta su rostro y me mira, su pene queda justo por encima de mi sexo, levanto las caderas pero él la baja presionando mi vientre con su mano, asi que estas quedan separadas de él.
— ¿Otro trato? Suena interesante, hable, Señorita Everdeen.
— Si dejo que me tomes con la boca, ¿Prometes cogerme como lo estabas haciendo?
— Mmm... Tentador, pero ¿Podrás soportarlo? Son apenas las 18 horas.
— Voy a tratar.
— Me consuelo con eso. — Se arrodilla ante mí y jala con el cinturón con mis muñecas, me siento sobre mis talones pero me levanta para sentarme sobre el sillón más próximo, el que está justo enfrente de las puertas principales. — Recuéstate. — Lo hago y abre mis piernas lo máximo posible, ahora mi sexo húmedo y frustrado esta frente a él. Se chupa los labios, y deja mis muñecas aun atadas, me toca el botón del placer y gimo. Empieza a besarme lentamente los muslos internos, sube lentamente por mi muslo derecho mientras sus dedos hacen círculos cerca de mi entrada; cuando está por llegar al lugar que quiere se detiene y empieza su lenta tortura con el otro muslo. Gimoteo y me frustro más.
— Ya me frustraste, por favor hazlo ya.
— Toda tortura tiene su recompensa. — Besa mi clítoris tiernamente y más pronto de lo que espero empieza a chuparlo con fuerza, sus dedos están una vez más dentro de mí y hacen círculos en mi interior. Mordisquea y chupa como quiere y yo me dejo hacer. Se deleita con mi sexo, y pronto sus carisias son más intensas. La frustración llega a su fin con una fuerte sacudida. En la que intento cerrar las piernas, pero no me deja, sigue con su ardua tarea bebiendo mis fluidos cuando estos salen de mí. De un momento a otro se aleja de mi sexo y solo lo acaricia con sus dedos. — Me encanta cuando se pone rojo. Ya pagaste por un día entero, pero veo que esto no es lo que querías, voy a eliminar este orgasmo y contar el que tu querías ¿Estás de acuerdo? — No puedo hablar y solo logro asentir. — Bien. — Se aleja de mí y se pone de pie. Se quita la camiseta que traía y los pantalones, se coloca otro preservativo y queda ante mi cara su erección, se chupo los labios preguntándome cuando seré yo la que lo torture. Volteo a verlo y en su mirada hay lujuria y su sonrisa pícara aparece. Creo que adivino mis pensamientos — Pronto, más pronto de lo que imaginas. — Se sienta a mi lado y me atrae hacia él. — Siéntate a horcajadas sobre mí. Frente a frente. — Paso mis piernas sobre sus caderas y paso mis manos atadas por sobre su nuca y mis senos quedan ante su boca. Saca la lengua para lamber uno y este se endurece más. Poco a poco me siento sobre su erección, esta me llena y la frustración de antes se aleja, cuando siento que toda su longitud está dentro de mí empiezo amover mis caderas adelante y atrás como en la ducha. Su respiración se dificulta y su mirada se hace vidriosa. Me toma de las nalgas. — Sube y baja Schatzy. Te sentirás mejor. Yo te ayudo. — Dejo de mover mis caderas y empiezo a botar sobre él, cada vez que yo bajo él sube sus caderas a mi encuentro y esto profundiza la penetración. Una de sus manos deja de estar en mis nalgas y la pasa en medio de nosotros, con el pulgar acaricia mi clítoris y grito. El rose con sus dedos es increíble y su mano ayuda a que vayamos a un ritmo rápido. — Vamos Schatzy… libéralo. — Me retuerzo de placer y mi orgasmo explota una vez más. Unas penetraciones más y Peeta libera su orgasmo también. Toma mis manos desde su nuca y abre el cinturón que las sujetaba. Apoyo mi frente contra la suya y me abraza por la cintura. Nos quedamos asi, por un rato hasta que me levanta para sacar su pene y quitarse el preservativo.
— Esta plática estuvo muy interesante. — Logro decir cuando estamos en el lapsus post orgásmico. Peeta ríe por lo bajo y besa mi frente.
— El final fue lo mejor.
— Estoy de acurdo con eso.
— ¿A qué hora sales por el almuerzo mañana?
— Al mediodía.
— ¿Prefieres ir con el médico, antes o después del almuerzo?
— Antes.
— Perfecto. Necesito levantarme para sacar tu cita. — Intento levantarme pero Peeta no me deja. — Dije que necesitaba levantarme, no que quería hacerlo. — Sonrió y me acomodo en su fuerte pecho. Empiezo a hacer dibujos sobre sus pectorales y se me viene a la cabeza otro pensamiento.
— ¿Qué le voy a decir a la empresa cuando se entere que mantengo relaciones con un cliente?
— Diles que tenemos una relación.
— Pero eso no es verdad. Tenemos un trato, eso es todo. — Levanto el rostro para mirarlo y solo veo una mandíbula tensa.
— Es verdad solo tenemos un trato. — Todo su cuerpo se tensa. Y me preocupo por haberlo hecho enojar. — Si me disculpas tengo que sacar tu cita para mañana.
— Sí. — Me levanto de su regazo y él se empieza a vestir. Yo empiezo a hacer lo mismo, pero me doy cuenta que no tengo bragas. — ¿Por qué rompiste mis bragas?
— Porque esas no te sirven, te voy a comprar más, no te preocupes. — Besa mi frente y acaricia el contorno de mi rostro. — Voy a sacar la cita, si tienes hambre prepara un lonche, para cenar.
— Acabamos de comer.
— Es solo si te da hambre de comida. — Se acerca demasiado y sus labios casi tocan los míos. — Si te da hambre de otra cosa, estoy en la puerta frente a mi habitación. — Y eso es todo, diciendo esto se aleja entrando por la puerta frente a su habitación. Y me deja semidesnuda sentada en el sofá.
Hola de nuevo. Entrego un capítulo más de esta historia. Espero que ya este entre sus favoritas, porque me esta costando bastante escribirla desde cero. Gracias a todos los lectores que se toman el tiempo de dar un Reviwe. Agradezco todos y cada uno de sus comentarios. Saludos y como siempre espero sus comentarios.
