DESCARGO DE RESPONSABILIDAD: HOWL'S MOVING CASTLE ES PROPIEDAD DE WYNNE JONES DIANA.


Capítulo 10. En el que dos cuñadas planean como linchar a su cuñado


Sin duda alguna, tenía que ser alguna especie de broma cruel del destino. Se sintió como en esos momentos cuando uno siente que el universo, la vida, o lo que sea, se empeña en arruinarte la vida, y de hecho lo hace. Te quedas dormido porque la alarma no sonó, justo el día que tienes que llegar temprano a algún lugar, luego se te pierden las llaves de la casa y no puedes salir, cuando lo haces no encuentras transporte, cuando encuentras transporte pierdes como una hora más de tiempo porque el tráfico estaba terrible, cuando llegas no te quieren dejar pasar, cuando pasas te equivocas de edificio o de piso o de habitación, y cuando finalmente llegas al sitio pautado te dicen que el compromiso que tenías se canceló. Bueno, así. Incluso llegó a pensar que en su vida pasada, si es que tuvo una y la reencarnación existiere, fue tan terriblemente mala persona que ahora en su nueva vida el karma se lo estaba cobrando. Y con creces.

Sulliman no estaba en casa cuando Howl fue a buscarlo en el Otro Lugar.

Maldijo por lo bajo, en galés como acostumbraba cuando decía malas palabras, y una mujer que caminaba por allí con su hijo miró a Howl de mala manera y le cubrió los oídos al niño para que no escuchara las palabras que el mago había dicho y que no pienso poner por escrito.

El mago suspiró en tono de derrota, y comenzó a alejarse de allí. Era incierto cuando regresaría Sulliman a casa, y sentarse a esperarlo no era lo más viable. Podrían pasar horas y hasta días, lo mejor era entonces buscar otra alternativa.

Le tomó unos momentos convencerse a sí mismo de regresar al Castillo. Sophie había salido de allí, pero eso no garantizaba que no hubiera regresado a casa. Y, por más enojada y herida que estuviera por la llegada inesperada del hijo perdido de su esposo, eso no significaba que fuera a tomar represalias contra el niño y dejarlo solo en el Castillo, con un mago medio irresponsable y un adolescente que tampoco era muy responsable que digamos. De cierta manera Sophie era la única adulta en aquella casa de locos, y eso que era Howl el que era mayor, por casi diez años. Por ello, era muy posible que, preocupada por Matthew, hubiera regresado a ver cómo estaba.

Howl no quería regresar al Castillo y encontrársela allí. No todavía, sin las pruebas que necesitaba para que le creyera y le perdonara. Primero tenía que recabar la evidencia que necesitaba, y luego sí podía volver, prepararse para tal vez recibir unos lindos golpecitos, y luego sí demostrar su inocencia.

Pero Sulliman, quien le podía ayudar, seguía en Kinsgbury. Otra manera de contactarlo sería mediante el conjuro de comunicación, pero en esos momentos no disponía de ninguno de los implementos que necesitaría, además de que no tenía un lugar donde hacerlo. Además de que si llegaba a solamente decir "abracadabra" en casa de su hermana, terminaría peor que si hubiera luchado contra un gigante.

Al final se decidió hacerlo. La ventaja que tenía era que podía regresar al Castillo desde cualquier portal sin necesidad de llamar a la puerta. Solo tenía que girar el pomo de la puerta correspondiente de una manera especial, y ¡voila!: puerta del Castillo abierta.

Howl regresó sus pasos hasta su antigua casa. Abrió la puerta ligeramente, jalando un poco hacía sí el pomo, y luego haciéndolo girar siete veces a la izquierda. Una vez lo hizo, la Puerta al mundo de Ingary se abrió, dándole un vistazo solitario al interior del Castillo Ambulante.

Howl suspiró aliviado. Entró al Castillo, percatándose de que en realidad no estaba tan solo. Calcifer seguía en la chimenea, calladito y tranquilo quemando troncos como cualquier fuego corriente. Parecía dormido, así que Howl decidió aprovechar la situación para irse a Kingsbury antes de que alguien lo viera.

Sin embargo, ya dándose la media vuelta y con la mano en el pomo de la puerta, el demonio del fuego terminó percatándose de la presencia de su antiguo amo.

—¡Howl! —llamó con sorpresa al verlo.

Al mago casi le da un ataque al corazón, y eso que Calcifer habló en voz baja, pero se repuso rápidamente.

—Calcifer —respondió con un suspiro quedo de alivio.

—¿Has podido encontrar algo?

—No —negó con tristeza.

—Apresúrate, Ma-

Calcifer se vio interrumpido cuando Howl le hizo señas de que guardara silencio. Escuchaba ruido al fondo del Castillo. Ahora sí que Howl casi se infarta.

—¿¡Volvió Sophie!?

—No, pero… —Howl giró el pomo, se acercaban pasos, mejor se iba de allí—. ¡Howl no te vayas! —llamó el fuego inútilmente. Howl salió del Castillo, esta vez en dirección a Kingsbury, y de nuevo, Calcifer no pudo comunicarle su mensaje—: Martha vino y también lo sabe todo…

—¿Qué fue eso Calcifer? —inquirió Michael asomándose a la sala. Venía acompañado por Martha, quien traía a un somnoliento Matthew tomado de una mano.

Calcifer consideró prudente guardar el secreto, y, como alguien justamente tocó a la puerta en ese momento, aprovechó la ocasión para encubrir al mago. Por esta vez.

—Alguien toca a la puerta de Kinsbury —respondió con su voz aflautada, fingiendo indiferencia para ser más creíble.

—Yo abro —se ofreció Martha, casi corriendo a la puerta. Lo cierto era que esperaba ver a Lettie allí, trayendo a Sophie consigo sana y salva.

Su deseo se hizo realidad, de hecho.

—¿¡Martha!? —exclamó Sophie sorprendida de ver a Martha allí tan temprano, siendo ella la que normalmente llegaba tarde a las reuniones.

—¿¡Sophie!? —exclamó Martha a su vez, sorprendida de ver allí a su hermana, porque en verdad, aunque deseaba que así fuera, no esperaba que Sophie y Lettie aparecieran allí.

—¿¡Le-lettie!? ¿¡Sophie!? —esta vez fue Michael, quien pensaba que había sido Howl quien había llegado, pues estaba casi seguro de haberlo oído pocos segundos atrás.

—¿Mamá? —preguntó confundido y todavía somnoliento el pequeño Mathew al escuchar tantas voces femeninas.

—¿El hijo de Howl? —preguntó Lettie al ver el infante, señalándole con cara de disgusto. No porque le desagradara el niño, sino porque a sus ojos un niño tan hermoso, inocente y adorable no se parecía en nada a un mago tan malicioso, irresponsable y despreciable como Howl; a diferencia de Sophie, que no paraba de ver el parecido en el color de cabello y el ceceo.

—¡Muy bonita la reunión familiar, pero el aire hace que me enfríe! —se quejó Calcifer intentando romper el círculo de preguntas que empezaban a irritarlo. ¿Qué no se conocían, por qué tenían entonces que repetir los nombres unos de otros de esa manera tan ridícula como en una telenovela barata?

Sophie cerró la puerta tras sí, y, con algo de duda avanzó hasta la acogedora salita.

Un silencio incómodo envolvió el ambiente.

—Ehm… Michael, ¿por qué no llevas a Matthew a ver unas lindas flores que le pueda llevar a su madre? —sugirió Martha con disimulo codeando en las costillas al joven aprendiz.

"Otra vez con lo del campo de flores, ¿qué no se les ocurre una excusa mejor?", pensó Michael.

—Sí, lo llevaré —fue lo que dijo.

—Espera, es mejor que se quede —le detuvo Lettie—. Podría ser de ayuda…

Lettie le dirigió una sutil mirada a Sophie como buscando su aprobación, y tras parecer pensarlo un poco, Sophie accedió asintiendo con la cabeza.

—Bien pequeño, ¿por qué no nos acompañas un rato? —le preguntó Martha amistosamente a Mathew—. Haremos té y comeremos galletas, y hablaremos como en una fiesta de té.

¡Laz fieztaz de té zon para niñaz! —se quejó Matthew inflando sus mejillas en un puchero de desaprobación y dejando caer los brazos a los costados. Martha pensó que nunca había visto un niño tan adorable, y tuvo que pellizcarse a sí misma para no pellizcarle las mejillas al niño.

—También los niños pueden ir a las fiestas de té ¿O son solo las niñas quienes comen galletas? —respondió Martha con una astucia que parecía inocente.

Matthew pareció pensarlo un poco, y tras decidirse, accedió a tomar el té, comer galletas y hablar, claro, con las mejillas todavía infladas y los brazos cruzados sobre el pecho en esa expresión orgullosa de "está bien, pero solo lo hago para que vean que soy buena persona."

—Ehm… bien, ¡que comience la fiesta del té entonces! —intervino Michael con un entusiasmo que buscaba romper la tensión.

Todos se sentaron a la mesa, y Lettie conjuró una bandeja de té ante la sorpresa de todos. El juego de té era precioso, todo de porcelana, de un azul cielo hacia la zona central, degradándose en blanco para luego volver al azul en los bordes exteriores. Los bordes estaban delineados por una delgada línea dorada, acompañada de unas pocas rosas rojas de pequeño tamaño. Sophie por su parte, fue hasta la alacena y extrajo una caja de galletas que sirvió en una bandeja para que cada quien tomara lo que quisiera, y sirvió algunas en un platito aparte para Matthew.

La mesa estaba servida para lo que parecía una fiesta de té normal, bueno, con algunos adultos presentes. El té estaba servido, humeando fuera de las delicadas tacitas inundando la sala con un delicioso aroma que incluso provocó que Calcifer avivara un poco sus llamas. Las galletas, de variadas formas y sabores, adornaban los platos de una provocativa forma que parecía gritar "cómeme~". Sophie observó la escena, de pie frente a la bandeja central depositando la ultima galleta del tarro. Todo parecía tan normal, pero bien sabía que no lo era. Aquello no sería ninguna inocente fiesta de té con algunos adultos de más, sino una especie de interrogatorio llevado a cabo por "el policía bueno" sumado a algo de condicionamiento clásico.

Sophie cerró los ojos por un momento, preparándose para lo que vendría. Tomo un poco de aire y se sentó ocupando el asiento de la cabecera con Lettie a su derecha y Marta a su izquierda. Mathew estaba a la derecha de Lettie, y Michael a la izquierda de Martha. El extremo opuesto a Sophie se quedó vacío, permitiendo una vista directa al singular fuego que había adoptado una expresión seria y formal.

Sophie abrió los ojos de nuevo, encontrándose con los de su hermana más cercana en edad. Aquellos ojos serenos y azules le pidieron permiso para empezar y Sophie asintió, ya preparada mentalmente para lo que venía.

¡Que empiece el interrogatorio!


¡Feliz año nuevo a todos! ¡Bienvenidos sean los nuevos seguidores~!

Kyokichi: gracias por comentar, y por haber seguido leyendo aunque al principio no te llamaba la atención. :D ya después del capítulo que sigue se viene el desenlace, así que atenta~ (o "atento").

Videla Bien Hermano: wow gracias por haber seguido leyendo, me alegra que te haya gustado tanto y poder hacer un buen trabajo para el disfrute de todos. Y sí, de hecho, el ceceo de Mathew es un aspecto alusivo a ese libro y algo que veremos más adelante también hará referencia a él. Gracias, y claro que sí~ estaré actualizando semanal :D

Diana Brower: gracias, me halagas :/3 Y descuida, retomaré el ritmo habitual de actualizaciones~

Kumikoson4: Jaja sí, aunque en este caso el destino lo troleó –lol- pero ya será bueno con él y prometo que le irá mejor de ahora en adelante :D

Disculpen la tardanza, quería terminar la historia antes de que el 2013 culminara, pero no fue posible. Sin embargo tomé en cuenta algunos comentarios e ideé como añadir lo que pedían al final de la historia (¡Sí, Kumikoson4, hablo de ti~!). Así que, ahora que he regresado, me dedicaré a terminar esta historia. Este capítulo me quedó algo largo, así que lo dividí en dos partes. El que sigue tendrá el mismo nombre y su contenido hará honor al título.

Bueno, ¡hasta el próximo capítulo, cuídense~!