Capítulo 10. Pide perdón
A la mitad del día el clima hizo de las suyas y la alarma de lluvia se hizo presente, una a una fueron cayendo las gotas de agua hasta hacerse más pesada. Kevin se encontraba en la mitad de su entrenamiento cuando el aguacero los sorprendió, aunque esto claro no impedía que prosiguieran con dicha práctica.
—¡No sean nenitas y no dejen que un poco de agua los afecte! —grito el entrenador quien se encontraba a la altura de la zona de anotación. Soplo en su silbato que llevaba siempre colgado—. ¡Rápido! ¡Pasa el balón Barcliff! ¡Levántate Thomes! ¡Grells! ¡Más rápido! ¡Parece que apenas aprendiste a caminar! —parecía que se quedaría afónico de tanto gritar pero eso no le impedía criticar las jugadas, por algo era el entrenador.
Entre la lluvia y la velocidad en que corrían de cierta manera era más difícil practicar y justamente por eso es que lo estaban haciendo, así, según las palabras del entrenador, agarrarían más forma y estarían preparados para jugar bajo cualquier condición. Después de que todos se cayeran unas 3 veces debido al lodo que se creó y de sentir como sus manos se entumían poco a poco por el agua helada fue que el entrenamiento terminó exitosamente, en lo que respecta.
—¡Buen trabajo, chicos! ¡Bien! —Aplaudía mientras los jugadores se dirigían a los vestidores—. ¡Nos vemos mañana! —daba una que otra palmada al azar.
Uno detrás de otro se dirigieron a las duchas y es que si de por si siempre acababan fatal, esta vez estaban hechos un desastre.
—Maldito entrenador loco, bien pudo haber cancelado la practica —hablo un compañero del equipo mientras se duchaba.
—No seas delicado, ¿No querrás unirte a las porristas, acaso?
—Si no lo ha hecho Kevin no veo porque hacerlo yo —contestó y todos captaron a que se refería. Las risas no se hicieron esperar.
—Jódanse —fue lo único que contesto pues en realidad esto no se trataba de un acoso o algo por el estilo, solo intentaban bromear a costa suya.
—Has decepcionado a muchas hermosas chicas ¿sabes? —le habló el Guardia* del equipo. Kevin solo soltó un bufido poniendo en claro su poca importancia respecto al tema, el guardia rio—. Como sea, ahora comprendemos tu desconcentración en las últimas prácticas, teníamos razón, el capitán está enamorado —al decir esto hizo una bulla animando a que todos le siguieran la corriente.
—Quien imaginaría que alguien hiciera anotación en el corazón del mariscal* —hablaba otro quien con sus manos formo un corazón—. Deberías traerlo a las prácticas, sería taan romántico —dijo con un tono demasiado meloso.
—O tal vez podrían bañarse juntos después del entrenamiento —otro siguió con la bulla—. Pero si van a hacer eso, más vale que nos avises, no quisiera entrar a las duchas y encontrarlos desnudos —todos rieron.
El pelirrojo se encontraba en sus asuntos vistiéndose sin prestar mucha atención a los comentarios tras su espalda, tenía mucha prisa por salir de la escuela y no estaba como para ponerse a escuchar las bromas de sus compañeros, las cuales ya sabía que recibiría pero que le importarán mucho pues no.
—Vamos, Kevin, no nos ignores.
—Sht —lo chito otro jugador—. No ves que le acaban de romper su corazón.
—Oh, es cierto —volvió a hablar el guardia— lo abofetearon y lo batearon en frente de todos —una vez más las risas resonaron, esta vez más fuerte.
—Idiotas —se despidió dedicándoles la seña del dedo de en medio a lo que todos rieron aún más. Al parecer la reacción del equipo había sido de lo más normal y tolerante, nada fuera de lo normal, de todas formas no le interesaba mucho la reacción de estos, si se hubieran tornado homofóbicos pues también le habría valido un comino pero ese no era el caso. Lo que menos le importaba ahora era la reacción de sus idiotas compañeros.
Salió de los vestidores y al parecer la lluvia había menguado un poco, aun se sentía el agua pero ya era menos. Al llegar al estacionamiento se sorprendió de que Nat no estuviera rondando por ahí, al parecer el entrometido de su amigo había entendido a mantener la distancia en lo que no le incumbe. Eso sonaba algo difícil de creer, pero al parecer así era.
Se montó en su motocicleta, la cual estaba más que mojada, y arranco con una sola determinación en mente. Hablar con DobleD. Esta vez nada ni nadie se lo impediría, decidido acelero con esa única convicción, la adrenalina lo controlaba. En menos de 15 minutos estaba ya frente a la puerta del enano de Eddy, y sin ningún ápice de inseguridad, por su cabeza rondaban un montón de ideas, como por ejemplo que al abrirle la puerta tomaría a Edd y lo besaría hasta cansarse, y después le diría lo perdidamente enamorado que esta de él, ¿o debía ser al revés?.. mierda, supongo que ya tendría que improvisar. Antes de tocar la puerta se percató de que había otra nota pegada en la puerta... ¿Y ahora que carajos?
"Casa equivocada, calabaza"
Al leerlo casi se arranca la poca cordura y paciencia que le quedaba, ese enano solo estaba jugado con él, pero ya se las pagaría después, por ahora tenía mejores prioridades. Dio media vuelta y a lo lejos miro la casa de DobleD, tuvo que entrecerrar los ojos para darse cuenta que había alguien en el portón... era, ¿era Edd? ¿Estaba afuera esperándolo? ¿A él?
Sin pensarlo, corrió hasta la casa del pelinegro, tal vez era pura coincidencia que estuviera afuera o tal vez no, eso lo sabría hasta llegar con él. Al estar más cerca desacelero su paso y camino lentamente hacía él, ahora podía notar que lo miraba, al verlo llegar le dedico una sonrisa y eso, eso hizo que su corazón latiera más. Edd también camino hacía Kevin, de tal manera que ambos se acercaban más el uno al otro. Al estar a escasos centímetros, Kevin sintió que toda confianza le fallaba, en verdad ya no tenía idea de que decirle o hacer, estaba a un paso de él y así sin más quedo inmóvil. Sinceramente el tenerlo frente suyo, así, de esa manera, no lo tenía previsto. Debía aceptar que no se lo esperaba. Abrió la boca y después de balbucear un poco pudo pronunciar palabra.
—Edd... Yo, en verdad, no sé qué me pasó... —fue callado por los labios de Edd antes de siquiera finalizar esa incoherente frase.
El pelirrojo abrió los ojos, en serio que ¡No se esperaba eso! Podía sentir sus cálidos labios sobre los suyos y debía admitirlo, era mejor de lo que alguna vez pudo imaginárselo, esos labios eran la pareja perfecta para los suyos. Lo abrazó por la cadera acercándolo a él y profundizando el beso, estaba pasando, de verdad estaba pasando, no le importaban las razones, salían sobrando en este momento, ahora, solo debía seguir el movimiento de la boca de su compañero.
—Shhh... —Edd detuvo el beso y poso un dedo sobre su boca—. Bésame.
Rodeo el cuello de Kevin con sus manos y volvió a acercarlo a él, de nuevo sus bocas chocaron creando una guerra interna por apoderarse de los labios del otro sin existir ganador, entre sus besos sintieron gotas de agua que caían, bendita lluvia, de nuevo ella. En cuestión de segundos el agua cayó más fuerte haciendo que se separarán.
—¿Gustas entrar? —hablo el pelinegro invitándolo a pasar a su casa, su cabello estaba escurriendo pero aun asi se le notaba un gigantesca sonrisa.
—C-laro... —se quitó la chaqueta para cubrirlos a ambos de la lluvia y caminaron juntos, demasiado pegados, hasta la puerta.
Entraron y a ambos se le notaba una extrema felicidad. Era ahora el momento, debía explicar todo y arreglar los malentendidos que le había causado a DobleD y disculparse sobre todo por haberlo hecho llorar.
—Edd... —pensó un poco lo que iba a decir.
—Kev... —contestó algo divertido mientras se quitaba el suéter verde que traía puesto, pues estaba más que empapado y la verdad no quería enfermarse.
Las palabras se le fueron de nuevo al pelirrojo, ahora lo estaba viendo tiernamente, miro como poco a poco se deshacía de su prenda y no pudo evitar pensar las más pervertidas situaciones. Miró su torso y noto que el agua había traspasado hasta su camiseta, sus pezones se veían claramente a través de su delicada ropa, esto era el cielo, toda cordura se eliminaba poco a poco de su ser ¡Por Dios! a la mierda todo, estaban ellos dos, solos, esta era la ocasión perfecta. Debía sentirlo suyo.
Sin dudarlo se acercó a él y lo beso desesperadamente, por un momento pensó que lo rechazaría pero no, sintió como sus labios correspondían y muy a su sorpresa también sintió como enredaba sus brazos alrededor de él, eso era un "si", ambos deseaban este momento.
—Te amo, bobo —se separó por un momento para decir esto mientras sus manos jugaban por debajo de su camiseta.
—Y-yo también, Kev... —mencionó entre jadeos con una enorme sonrisa dibujándosele. Volvió a besarlo para continuar con ese delicioso beso, al igual que el pelirrojo, él había soñado con este momento por mucho tiempo, aunque no se hubiera dado cuenta conscientemente, también lo deseaba. Sintió como los labios del pelirrojo bajaban por su cuello haciéndolo sentir un sin fin de sensaciones, su cuerpo se estremecía, era tan delicioso sentir su labios, mientras sus manos también recorrían su espalda y pecho, era una sensación única, se sentía arder por aquel roce y por aquel toque de sus manos tan suaves sobre su piel, una combinación perfecta. Él decidió participar también y le levanto la camiseta a Kevin, logrando que alzara los brazos para sacarle por completo la prenda, una vez sin camiseta no pudo evitar tocar aquel pecho tan bien formado sintiendo incluso las marcas de su ejercicio diario, sí que lucía muy bien, mejor de lo que imagino, aquellos músculos eran excitantes, y debía aceptarlo, aunque sus propios pensamientos le hicieron sonrojarse hasta no poder más.
Bajo sus manos hasta su vientre sin dejar de besarse, en realidad aquel acto era una danza de manos viajando libremente sobre el cuerpo del otro, explorando y tocando todo lo que estuviera a su alcance. Cuando sus manos viajaron hasta su abdomen pensó por una milésima de segundo lo que estaba haciendo, dejo que sus instintos lo guiaran y metió la mano por debajo del pantalón del pelirrojo logrando que el susodicho se estremeciera por tal sorpresa.
—No tienes... que hacerlo —apenas y hablo debido a la agitación del momento.
Edd lo miro directamente a los ojos y acto seguido se puso de rodillas, saco el miembro de Kevin el cual ya estaba más que erecto, al verlo un pequeño miedo creció en su cabeza, no podía ser posible que ESO estuviera dentro suyo después y es que era demasiado a grande, a su parecer. Con sus dos manos tomo el miembro de su pelirrojo y o masajeo un poco logrando que Kevin soltara un ronco gemido, vaya, le fascinaba ponerlo así, era excitante. Después de jugar un poco con sus manos tomo su pene y lo introdujo en su boca, o hasta donde pudo, no podía creer que estuviera haciendo eso pero en realidad no le incomodaba en absoluto, durante ese momento dejo de pensar, de razonar y solo se llevo por sus pasiones.
El pelirrojo se erizo al sentir los labios del pelinegro sobre su miembro y a pesar de que había soñado con este momento por meses aun no se la creía de todo. Los deliciosos labios de Edd se sentían maravillosamente bien, nunca creyó que esto pasaría, en realidad, si Edd continuaba moviéndose así se vendría en cualquier momento. No resistiría mucho, era demasiado placentero y bueno... mierda, tan bueno. Bajo su mano hasta llegar a la cabeza del pelinegro, quito su gorro el cual termino en el suelo y acaricio sus hermosos cabellos negros, tiro un poco de ellos sin hacerle daño siguiendo el ritmo de las zampadas de Edd, en verdad que se vendría en cualquier momento, con la mano sobre su cabeza guio su movimiento para hacerlo más rápido, la calidez del interior de su boca era perfecta no se imagina como se sentiría lo demás.
—Me... vengo —lo alejó un poco para evitar que se ensuciara pero no se aparto. Soltó un fuerte gemido y lanzo la cabeza hacía atrás proyectando todo el inmenso placer que había sentido.
Tomo a Edd de los hombros poniéndolo nuevamente de pie y volvió a besarlo desesperadamente, alternando los besos y mordiscos entre sus labios y su cuello. De un movimiento volteo al pelinegro poniendolo de frente contra la pared, en esta posición Edd podía sentir claramente el duro miembro del pelirrojo entre sus nalgas, haciéndolo entrar más en pánico.
—K-kev... espera —se volteó para mirarlo directo, sus mejillas estaban más que encendidas por la atmósfera. El pelirrojo acato las palabras de Edd y ceso un poco los besos.
—¿E-estas bien..? —no quería detenerse, no ahora, por favor, que no le hiciera detenerse.
—V-vamos arriba —a pesar de tener un poco de miedo no quería parar la acción, estaba dispuesto a todo, y el mejor lugar era su cama.
—Por supuesto... —respondió de inmediato. Lo beso una vez más, esta vez tiernamente y lo abrazo por las caderas, de un momento lo cargó sosteniéndolo de sus muslos—. Apóyate de mí.
Así lo hizo y rodeo su cuello con sus manos. Al ir subiendo las escaleras le iba depositando besos por toda a cara, ambos se encontraban algo impacientes por qué por fin sucediera.
Al llegar hasta la habitación Kevin abrió la puerta como pudo, sin bajar a Edd. Entraron y con lo que se encontraron fue una gran sorpresa; las sábanas blancas que usualmente recubrían su cama no estaban, en vez de eso habían sido remplazadas por sabanas de satín rojas, sin mencionar que en todo el piso había pétalos de rosas rosas regados, y alrededor podía observarse velas eléctricas, eran como 15 las que daban una luz romántica y especial a la habitación y podía percibirse un dulce olor a vainilla.
Kevin miró la mesa de noche y sobre esta se encontraba una botellita de lubricante ¿sabor a fresa? Al parecer Edd estaba más preparado de lo que creía, era sorprendente. Volteo a ver al pelinegro y enseguida capto que él tampoco tenía idea de que se trataba esto.
—No querrás desaprovecharlo ¿O si? —habló Edd con un poco de nerviosismo, a pesar de que sus palabras temblaban y su corazón casi se salía por la inquietud, de lo único que estaba seguro es de lo mucho que lo deseaba.
—En absoluto —una gigantesca sonrisa se le dibujo.
Deposito a Edd sobre las suaves sabanas y él se posó encima, se tomó unos segundos para mirarlo, ambos cruzaron sus miradas, los corazones de ambos latían y ambas respiraciones estaban exaltadas, de alguna forma podría decirse que ambos estaban en una sincronía de deseo.
DobleD tomó su rostro con ambas manos y deposito un beso; tierno y delicado. Asintió con la cabeza sin dejar de mirarlo. Kevin confió otro beso; suave y largo sobre sus labios, ambos, sin palabras, estaban pronunciando un te amo.
Dejó de besar sus labios y fue bajando por su cuello, dejando mordiscos y caricias a lo largo, llego hasta su pecho donde jugo un poco con sus pezones, los succiono un poco logrando que su enamorado gimiera despacio. Eso, eso era melodía para sus oídos. Continuo bajando hasta llegar a su pelvis donde quito cualquier ropa que estorbase de ambos, quedando completamente desnudos, era su momento de darle placer a su pequeño, iba a hacer que se retorciera de satisfacción, tomo el lubricante que estaba en la mesa, total, si estaba ahí ¿por qué no utilizarlo? se echó un poco del espeso liquido en sus dedos y echo otro poco en la entrada del pelinegro, Edd solo se respingo un poco al sentir aquel fluido frio y se mordió su labio inferior, por dios, si que lo estaba disfrutando. Con una mano tomo su pene y comenzó a masturbarlo delicadamente, mientras con la otra mano introducía dos de sus dedos por su estrecha entrada, se sentía demasiado apretado, apenas y lograban entrar su dedos, alzo un poco la vista para ver al pelinegro y noto un gesto de dolor y deleite.
Sin dejar de tocarlo se estiró hasta llegar de nuevo a sus labios, con un beso limpio una lagrima que rodaba por su mejilla, lo miro fijo por unos segundos y nuevamente le planto un beso, uno más rudo esta vez. Edd correspondía aquel beso y poco a poco cualquier signo de dolor desapareció, de un momento a otro aquellos dedos que danzaban en su interior se sentón extremadamente bien, uno a uno fueron sonando los gemidos cada vez más evidentes de todo lo que en ese momento sentía.
—¿Te... gusta? —preguntó al notar como abría un poco más sus piernas. Introdujo tres dedos y comenzó un va y ven en su entrada.
—Ahh Kev... —más no podía gemir, sus caderas se retorcían pidiendo por más, era obvio que le encantaba. Le fascinaba.
El pelirrojo tomó aquella respuesta como un sí, él también lo estaba disfrutando, oírlo gemir era, era excitante. Alzo una de las piernas de Edd y la poso sobre su hombro derecho, para tener más espacio. Saco sus dedos y volvió a tomar aquella botella de lubricante, la pelvis de Edd se movía deseosa, echo unas cuantas gotas sobre su miembro y lo masajeo un poco acto seguido lo posiciono sobre la entrada del contrario, se notaba que lo quería estaba contrayéndose del deleite. Entrelazo su mano con la de Edd y sin dejar de besarlo lo penetro, introdujo su pene lo más lento que su apetito le permitió.
—Ke... Noahh —calló su gemido mordiendo los labios de Kevin, su gran paquete hacía de las suyas, aunque debía aceptar que no se sentía nada mal, de hecho, no sentía dolor, lo estaba disfrutando. Poco a poco movió sus caderas, dando entender a Kevin que ya debía moverse. Ni tardo ni perezoso comenzó a embestirle lentamente, su interior se sentía exquisito, tan caliente tan estrecho, sentía que se tragaría su miembro en cualquier momento. En pocas palabras, reventaría por tanto placer.
Las caderas de ambos comenzaron a hacer sincronía moviéndose a un solo ritmo, el que marcaban las embestidas, las cuales se hacían más rápidas y profundas. El pelirrojo estaba como loco empujando su pelvis contra su ingle frenéticamente, necesitaba sentir todo el calor de su interior, llenar su miembro de eso. Tomó a Edd abrazándolo por la espalda y lo levantó, de tal manera que quedó sentado sobre él, logrando que su pene entrara un poco más. El pelinegro se aferró a su espalda mientras sus nalgas brincaban sobre el miembro del pelirrojo, sintió unas manos bajar hasta sus muslos las cuales pellizcaron y palmearon sus ya rojas nalgas, también sentía los labios de Kevin recorrer todo su pecho, besando succionado y mordiendo todo a su alcance, esto hacía que arqueara la espalda por tanto placer. Esos besos, esas embestidas, lo sentían, ya casi se vendría.
Tomó su miembro y comenzó a masturbarlo, los gemidos de su amado pelinegro ahora eran imparables y daba gracias a que estuvieran solos, aunque tal vez los vecinos llegaban a oír esto de todas maneras eso le daba igual. Hizo más rápido el movimiento de su puño y en cuestión de segundos Edd se corrió soltando un fuerte gemido, ensuciando el vientre de ambos, el segundo en correrse fue Kevin que al sentir tal contracción del pelinegro hizo que sintiera su miembro explotar, expulsando toda su esencia en su interior.
No se movieron inmediatamente, permanecieron así, en sus posiciones. El pelirrojo rodeó a Edd en un abrazo acercándolo a él, ambos estaban exhaustos, se notaba en su respiración entrecortada y en sus corazones que, aunque disparejos, latían a la misma rapidez. Después de segundos Kevin recostó a Edd sobre la cama, saliendo él de su interior, y se recostó a un lado suyo aun abrazándolo, era un calor reconfortante, el de sus cuerpos desnudos estar tan cerca, así que, ¿así se sentía? tener a la persona que amas justo en tus brazos, pensó Kevin, para ser sinceros es de lo más hermoso.
—Bobo... —estaba justo a un lado de él, tenía la cabeza de Edd apoyada en su hombro y justamente jugaba con uno de sus negros cabellos—. Te amo, te amo mucho —Edd se revolvió entre sus brazos.
—Yo también, kev —levantó la mirada, encontrándose con esos hipnotizantes ojos esmeralda—. Yo también te amo y mucho —le planto un fugaz beso en la nariz.
—Por cierto... si no fuiste tú el de la ambientación —miró a su alrededor dando a entender que se refería a la remodelación— ¿Quién fue?
—No sé con exactitud... pero, se me viene un nombre a la cabeza.
Ambos se miraron, sabían la respuesta.
—¡Eddy!
—¡Nat!
Pronunciaron al mismo tiempo y ambos se echaron a reír, era cierto, ambos tenían a un par de amigos un poco zafados que harían muchas cosas como estas.
—Kevin —pronunció después de reír—... creo que deberíamos bañarnos, estamos un poco sucios.
—Si, sucios de amor —lo abrazo más fuerte.
—Hablo enserio, después del coito es recomendada una ducha —se incorporó para levantarse de la cama pero fue jalado por el pelirrojo abrazándolo fuertemente para evitar que se moviera.
—Quedémonos un rato más así —lo aprisiono con su abrazo.
—Pero Kev... —fue callado por un duce beso y se dejo convencer y de igual manera se abrazó al pelirrojo fuertemente.
Así permanecieron por varios minutos, hasta que el sueño los alcanzo. Así, abrazados, dándose calor mutuamente se quedaron dormidos por un poco más de media hora hasta que un leve ruido despertó a DobleD.
—¡Hey! ¡Cabeza de calcetín! —le hablaba desde la ventana, al parecer había trepado el muro pues la habitación se encontraba en el segundo piso y se notaba que ponía fuerza en sus manos para sostenerse del marco.
—¡Eddy! —lo primero que paso por su cabeza fue la vergüenza de que su amigo lo encontrara en ese estado; desnudo y con Kevin como acompañante.
—Luego te explico, despierta a la calabaza y levántense ¡Ya! tu ma —no termino pues se escuchó como giraban el pomo de la puerta—... ¡Rayos! —fue lo último que dijo y se soltó del marco de la puerta, oyéndose un gran golpe.
—Mi vida ¿estás aquí? —entró su mamá que al ver tal escena enmudeció— ¡Oh, cielos! ¡Marion!
—¡Mamá!.. Perdón...
Kevin que hasta ese entonces se encontraba aun dormido fue despertado por el grito de ambos, parpadeo e instantáneamente se acomodó en la cama.
—¡Señora! —estaba a punto de levantase cuando recordó que estaba completamente denudo así que solo se quedo allí, tapándose lo mejor posible—. Buenas tardes.
La mamá de Edd se tapó los ojos extremadamente sorprendida y de un golpe cerró la puerta. El pelirrojo volteó a ver a su compañero y éste se encontraba rojo de la vergüenza... ¡Mierda! mierda, mierda, mierda, fue lo único que pasó por su cabeza.
