9º Acorralando a Wickham

Los dos yacían abrazados en la cama, Fitzwilliam tumbado boca arriba y Lizzy recostada de lado sobre su pecho, haciendo que su vientre, aun poco abultado, rozara con el costado de él. La mano de Darcy recorría suavemente la espalda de su amada, disfrutando de su cercanía.

Ella suspiró sonoramente, acurrucándose más contra él, rozando su nariz contra su pecho, sonriendo como hacía tiempo que no lo hacía. Darcy apretó su agarre, queriendo sentirla más cerca si eso era posible, sabedor de todo lo que había sufrido durante su estancia en Longbourn.

-No sabes cuánto echaba de menos tu dulce voz- Le dijo mientras besaba sus cabellos- Y escucharte suspirando mi nombre ha sido lo más maravilloso que he oído en mucho tiempo.

-¿Seguro que la echabas de menos?- Fitzwilliam se tensó, al pensar que Lizzy volvía a mostrar la misma inseguridad que la expuesta a su llegada- Ahora tendrás que volver a escuchar mis comentarios impertinentes, e indudablemente, volveremos a pelear por tonterías- Ella se rio, incorporándose para mirarlo a los ojos- Si incluso estando sin habla, discutíamos- Su sonrisa sincera y la tranquilidad de su rostro hizo que él se relajara de nuevo, cosa que no pasó desapercibida para ella- ¿Qué te ocurre?- Le preguntó.

-Nada, no te preocupes- Le acarició la mejilla, dedicándole una tierna sonrisa. Sin embargo, en el rostro de ella veía su determinación de seguir interrogándole si no le proporcionaba una respuesta que la satisficiera. Así que decidió continuar por el camino que había querido descartar unos segundos antes- ¿De verdad llegaste a pensar que me había despreocupado de ti?

-Así es- Admitió bajando la mirada avergonzada- No tenía noticias tuyas desde hacía semanas.- Suspiró abatida antes de proseguir- No es que aguardara una carta cada día, pero tras darme tu palabra de escribir a menudo, al menos esperaba una misiva a la semana- Lo miró con los ojos llorosos- Tu siempre cumples tus promesas, así que asumí que tu falta de correspondencia, sumado a las cosas que me contaba Wickham... - Cerró los ojos con fuerza al sentir una rabia intensa invadirla- Me siento tan estúpida por haber creído en sus palabras- Las lágrimas empezaron a caer por sus mejillas.

-No llores. No ha sucedido nada que no se pueda remediar- La consoló mientras le limpiaba sus mojadas mejillas, antes de obligarla a dirigir su mirada hacia él, levantándole el mentón- Además, aunque Wickham tenga parte de culpa en todo esto, no la tiene toda- Esta vez el avergonzado fue él- Debí escribir más a menudo- Suspiró resignado- Envié una segunda carta una o dos semanas después de la primera, aunque por lo visto nunca llegó. Apenas eran unas líneas que escribí una noche, agotado después de estar todo el día trabajando, pero eso al menos hubiera mitigado un poco tu angustia- La mirada que ella le dedicaba no era acusatoria o de enfado, más bien de comprensión- Soy un miserable, debí estar más pendiente de ti, aunque estuviera lejos.

-No te lamentes más- Depositó un suave beso en la mano que él mantenía sobre su rostro- Yo también soy responsable, por creer en un hombre como Wickham antes que en ti, cuando siempre me has demostrado lo mucho que significo para ti. Así que dejemos los dos de culparnos- Volvió a acurrucarse contra él- Lo único que importa ahora es que estás aquí, a mi lado.

-Y que puedes volver a hablar- Añadió besando sus cabellos sonriente- Es irónico que a pesar de todo el sufrimiento, le debamos nuestro reencuentro y tu recuperación a los Wickham.

-¿A los Wickham?- Elizabeth se incorporó de golpe, mirándolo con seriedad- ¿De qué hablas?

-¿Podemos hablarlo después? No quiero romper esta burbuja de paz en la que nos encontramos ahora mismo.

-No, vamos a hablarlo ahora.

Y levantándose de la cama, se colocó la bata y se sentó en un sillón a esperar a que su marido comenzara a narrar lo ocurrido. Sin tener más elección, Darcy se levantó, colocándose la bata también, y fue a acomodarse junto a ella.

Elizabeth lo notó nervioso y eso la alarmaba. Él por su parte la miraba con preocupación, ya que no sabía cómo podría tomarse ella lo que estaba a punto de revelarle.

-Antes de nada, debes prometerme que mantendrás la calma- Sus palabras la pusieron más excitada, sin embargo, asintió, ansiosa por saber qué había ocurrido- Hace unos días recibí una carta de tu parte en Bunratty.

-Claro, te la envié yo antes de partir hacia aquí.

-¿Estás segura de que la remitiste tú?- Preguntó sorprendido.

-Bueno, se la dejé a Kitty para que te la mandase.

-Pues parece ser que alguien cambió la carta antes de que tu hermana la enviara- Elizabeth lo miró desconcertada- Cuando he ido a buscarte a Longbourn, Lydia ha confesado que fueron ellos los autores, aunque como era de suponer, Wickham ha negado tener algo que ver en ello y le ha echado toda la culpa a su esposa.

-¡Dios mío! ¿Cómo puede ser alguien tan mezquino?- Unas lágrimas empezaron a bajar por sus mejillas, mostrando lo dolida que se sentía por aquel acto tan ruin.

-Lizzy...- Intento acariciarla, pero ella paró su mano, necesitando saber todo lo ocurrido.

-Quiero leer la carta.

-No creo que sea lo más conveniente- Dijo con preocupación, temiendo que se alterará más.

-Necesito hacerlo. Por favor, deja que la lea.

-Cariño, piensa en tu estado. Debes mantener la calma- Le señaló intentando razonar con ella. Pero al instante pudo ver en aquellos ojos que había aprendido a interpretar tan bien, que no iba a ser capaz de convencerla- Está bien- Suspiró resignado, ante el temor de que una discusión tuviera peores consecuencias.

Se levantó en busca de su chaqueta, y del bolsillo interior sacó un pliegue de papel. Volvió de nuevo al sillón donde ella estaba y se lo entregó, intentando ocultar el desasosiego que le producía la posible reacción de su esposa.

Elizabeth cogió la carta y la desplegó. Lentamente, leyó las letras plasmadas en ella, sintiendo como su estómago se revolvía con cada palabra que examinaba. Sabía que esa forma de expresarse era propia de Lydia, y el pensar en que su propia hermana hubiera sido capaz de jugar con ellos de esa manera, hizo que unas fuertes náuseas se apoderaran de ella.

Sin ser capaz de contener su malestar, se levantó rápidamente, alejándose de su esposo. Pero antes de poder llegar a la ventana, vació el contenido de su estómago en mitad de la habitación.

-¡Elizabeth!- Darcy corrió hasta ella, temiendo que cayera al suelo. Rápidamente rodeó su cintura con sus brazos y la sostuvo, esperando que mejorara pronto. Poco a poco fue recobrándose.

-Lo lamento, he manchado todo el suelo.

-No te preocupes por eso, después llamaré a uno de los sirvientes para que lo limpie. Ahora vuelve a sentarte, estás muy pálida- La condujo de nuevo a su asiento- ¿Te sientes mejor?

-No lo sé.

-¿Necesitas algo? ¿Puedo traerte alguna cosa? ¿Agua, té...?- Su marido estaba realmente preocupado.

-No, solo necesito estar quieta durante unos minutos.

Se acomodó en el sillón, buscando estirar su espalda. Su mano se paseó por su estómago, mientras que su rostro se mostraba tenso y demacrado, con una capa de sudor frío cubriendo su frente. Fitzwilliam colocó su mano sobre la de su esposa, haciendo que ambas quedarán quietas sobre el centro de su vientre.

-¿Sientes alguna molestia? ¿Necesitas que haga llamar al médico?

-Se me pasará enseguida- Sus palabras, más que calmarlo, lo alteraron más. Elizabeth pudo ver el temor reflejado en su rostro- Siento una ligera molestia aquí- Colocó sus manos en la parte de su barriga donde lo sentía- Pero no debes preocuparte, ya lo había sentido antes y se me pasará cuando me calme.

-¿Antes? ¿Cómo que antes? ¿Cuándo?

-El día que vine a Netherfield. Estaba tan alterada que el dolor vino sin más- Le confesó, mientras empezaba a relajarse- Me puse muy nerviosa pensando que podía estar pasándole algo al bebé, pero Jane, que notó como me frotaba el vientre con insistencia y mi preocupación, me aseguró que si me calmada se me pasaría, y así fue.

-¿Estás segura?

-Sí, tranquilo- Le dedicó una sonrisa, mostrándole que ya se sentía mejor.

Viendo que poco a poco ella iba relajando su postura, Darcy sintió alivio aunque no terminaba de estar tranquilo. Estaba a punto de volver a preguntarle cómo se sentía cuando notó algo en el vientre de su esposa, justo donde tenían ellos apoyadas las manos.

Se irguió, observando el lugar donde había notado aquello, pero sin levantar su mano. No quería asustar a Elizabeth, que parecía no haberse dado cuenta. Sin embargo, cuando volvió a notarlo, no pudo evitar levantarse, sobresaltando a su esposa.

-¿Que ha sido eso?

-¿Qué ha sido qué?- Preguntó ella, totalmente desconcertada.

-¿Es que no lo has notado?- Caminó lentamente hasta ella y colocó de nuevo la mano sobre el lugar donde había sentido aquello- Algo se ha movido aquí- Elizabeth comenzó a reír, viendo el pánico que sentía su marido- Yo no le veo la gracia, ¿qué es lo que he notado?

-No puedo creer que no sepas lo que es- Divertida, le apretó la mano-Espera un momento- Segundos después, volvió a sentirlo- Eso, mi querido señor Darcy, es su hijo.

-¿Mi hijo?- Fijo su mirada donde estaban colocadas sus manos- ¡Mi hijo!- Impresionado y fascinado con aquellos movimientos que podía notar, sonrió, mirando a su esposa.

-Hace algunas semanas que comencé a sentir sus patadas- Le explicó- Me he acostumbrado a percibirlas cada día, por lo que no se me ha ocurrido pensar que te impresionaría tanto advertirlo.

-Nunca había notado nada parecido- Le explicó, mucho más tranquilo y sonriente- El único embarazo que he vivido de cerca es el de mi madre cuando esperaba a Georgiana, y por aquel entonces estaba en el internado, así que reconozco que tampoco estuve muy pendiente de esos detalles.

Durante los minutos que el bebé continuó dando patadas, los dos estuvieron en silencio, tranquilos, olvidando sus preocupaciones. Pero una vez cesaron, ambos sintieron como la realidad caía sobre ellos.

-Aun no puedo creer que Lydia haya sido capaz de hacer algo así.

-Si te sirve de consuelo, creo que se siente realmente arrepentida- Le tomó las manos- Antes, cuando hablé con ellos en Longbourn, dijo que ella pensaba que sería una broma divertida.

-¡Divertida!

-No te alteres- Le pidió, esperando que no volviera a ponerse como antes- Estoy convencido de que Wickham le hizo creer que algo así podía ser entretenido.

-¡Estoy furiosa!

-Esta tarde, cuando vayamos a Longbourn podrás decirle lo que quieras- Le sonrió, acariciando su mejilla- Tengo ganas de ver sus caras cuando vean que puedes decirles tu misma todo lo que piensas.

-Yo también.

Esperando a que los avisarán para comer, Darcy le contó todo lo ocurrido en Bunratty, haciendo que ella comprendiera su falta de tiempo para escribir. Por su parte, Elizabeth le relató todo lo acontecido en Longbourn, por lo que de inmediato él adivinó el origen de sus inseguridades.

Cuando por fin los llamaron para bajar al comedor, Elizabeth estaba preocupada por la reacción de Jane cuando la escuchara. Con la fecha de alumbramiento tan cercana, temía que la situación la alterara demasiado. Sin embargo, Darcy, que irradiaba felicidad por cada poro de su piel, le pidió que le dejara a él encargarse de todo.

Juntos, entraron en el gran comedor, donde el matrimonio Bingley no les quitaba ojo de encima. Ambos se alegraron al ver las sonrisas cómplices entre ellos, dedicándose miradas a cada momento.

Una vez estuvieron los dos acomodados en sus respectivos asientos, Bingley, tan alegre como siempre, no pudo quedarse callado.

-Qué alegría veros a los dos con tan buen humor. Al no presentaros ninguno de los dos desde la llegada de Darcy, temía que os hubiera sucedido algo.

-Agradezco tu preocupación, pero la verdad es que hemos estado hablando de todo lo sucedido durante estas semanas- Le respondió su amigo, con una amplia sonrisa.

-¿Y qué novedades le ha contado Lizzy?- Preguntó Jane, animada a tener una conversación con su cuñado para completar las posibles lagunas que Elizabeth hubiera podido dejar al intentar explicarle todo lo sucedido.

-Me ha relatado lo ocurrido en Longbourn, las disputas que ha tenido con la señora Bennet y la poca delicadeza de Lydia al hablar de ciertos temas.

-¡Vaya!- Exclamó, sorprendida de que su hermana hubiera podido describirle todas esas cosas- Lizzy, desde luego has mejorado con tu forma de comunicarte si has sido capaz de relatarle todo eso sin tener voz y valiéndote solo de gestos

Sin poder evitarlo, Elizabeth empezó a reír, emocionada ante la expectativa de que Jane supiera de su recuperación. Su esposo le tomó la mano y le sonrió, antes de girarse a su cuñada y revelar la verdad sobre el estado de Lizzy.

-Para ser sinceros, Elizabeth no me ha contado lo sucedido con ningún gesto.

-¿Ah, no?- Ella negó sonriente- ¿Entonces ha sido a través de una carta?- Una nueva negativa dejó a Jane totalmente desconcertada.

-Jane, Charles, sabéis cuanto os apreciamos, y por ello, me alegro de que seáis los primeros en ser testigos de una maravillosa noticia- El matrimonio Darcy se miró con complicidad- Hace unas horas, cuando nos hemos reencontrado en el jardín trasero, tras meses de silencio, Elizabeth ha recuperado su voz.

-¿Su voz…?- Jane miró a su hermana con los ojos llorosos, sin poder creer que esa maravilloso acontecimiento fuera verdad.

-Así es, Jane- Dijo por fin, haciendo que su hermana soltara un pequeño grito de alegría mientras dejaba correr sus lágrimas por las mejillas. Rápidamente se llevó la mano a la boca, temblando de emoción.

-¡Lizzy!

Las dos hermanas se levantaron de sus asientos y corrieron la una junto a la otra, abrazándose al momento. Sus maridos las miraban con adoración, maravillados con el amor fraternal que ambas se tenían.

Bingley no tardó en mostrar su alegría y entusiasmo ante la recuperación de su cuñada favorita, así que cuando Jane la soltó, no tardó en abrazarla también.

Tras las felicitaciones y las muestras de afecto, la comida transcurrió entre risas y palabras de cariño, pudiendo ahora disfrutar de la siempre amena conversación de la que Elizabeth hacía gala. Pero tras acabar, Fitzwilliam estaba decidido a aclarar todo lo ocurrido con los Wickham, así que sin demorarse mucho, los Darcy salieron en el carruaje hacia Longbourn.

Kitty estaba sentada en el alfeizar de su ventana, leyendo cubierta con una manta, cuando oyó los cascos de los caballos acercarse por el camino. Al levantar la mirada y ver que era el carruaje de su hermana Elizabeth, se dibujó una sonrisa en su rostro.

Se puso en pie y rápidamente bajó a esperar que la calesa parara ante la casa. De su interior descendieron, primero el señor Darcy, y segundos después, Elizabeth. Kitty se lanzó a los brazos de su hermana, aliviada de verla con una sonrisa acompañada de su esposo.

Mientras caminaban hacia el interior, salió a su encuentro la señora Bennet, sorprendida de encontrarlos allí ese mismo día. Rápidamente los hizo pasar al salón e hizo llamar al señor Bennet, el cual apareció al momento, deseoso de ver a su hija querida.

-Señor y señora Bennet, en mi visita de esta mañana ha quedado en claro que la señora Wickham había escrito una carta en nombre de mi esposa- Ambos asintieron- Bien, pues creo conveniente que aclaremos lo ocurrido cuanto antes, evitando así posibles malentendidos, y creo que lo justo es que Elizabeth esté delante.

-Como esposo suyo, lo que usted disponga estará bien- Señaló la señora Bennet.

-Por supuesto- Concordó con ellos el señor Bennet- Pero me temo que tendremos que esperar. Lydia se ha empeñado en llevar a Wickham a ver a una amiga suya, así que no se encuentran aquí ahora mismo.

-Esperaremos.

Elizabeth miró a sus dos hermanas, observándola con atención, aunque estaba deseosa de contarles la gran noticia de su recuperación, creía que era preferible esperar a que los Wickham llegaran, y de esa forma, poder pillar a aquel mal hombre desprevenido. Así que miró a Kitty, suplicando que ésta entendiera lo que quería transmitirle.

La joven, a pesar de querer escuchar la conversación que se llevaría a cabo una vez llegaran Lydia y su marido, y darle apoyo a su hermana Elizabeth, no creyó que su presencia fuera de ayuda, así que, entendiendo lo que le pedía Lizzy al mirarla de aquella manera, cogió a Mary, que se había quedado junto al fuego, escuchando la conversación de su padre y su cuñado, y ambas subieron a sus habitaciones.

Una hora fue el tiempo que tuvieron que aguardar hasta que los Wickham aparecieron por la puerta de la casa, y durante esa hora, Darcy decidió contarles a sus suegros la situación de su esposa, esperando que eso ayudara a que la señora Bennet estuviera más calmada ante lo que iba a ocurrir.

Los Wickham por fin hicieron acto de presencia, siendo anunciados por la risa escandalosa de Lydia, que ya se escuchaba minutos antes de verlos traspasar el umbral.

Lydia, al mirar a su hermana a la cara, se sintió terriblemente mal, y toda la alegría que había traído de su visita se había evaporado. Durante todo el día había intentado apartar de su cabeza los pensamientos sobre lo ocurrido esa mañana, quitándole importancia a la actitud adoptada por su esposo, pero tras ver los ojos de Elizabeth, la verdad cayó sobre ella.

Sin embargo, George Wickham se mostraba altanero y prepotente, mirando al resto con aires de superioridad.

-Lizzy…- Lydia fue hasta ella, se arrodilló, apoyando la frente en las rodillas de su hermana, y comenzó a llorar- Lo lamento, jamás quise hacerte daño- Apretó su agarre, mostrando su sufrimiento- Estaba celosa por todas las atenciones que los demás te tenían. Sentía que nadie me hacía caso, y Wickham me convenció de que escribir esa carta sería una broma divertida y que tú no te enfadarías.

-Te he dicho antes que a mí no me metas en esto- Le reprochó su esposo de inmediato- No es culpa mía que seas una insensata.

-¿Y usted no ha tenido nada que ver en el malestar de mi esposa, señor Wickham?- La mirada que Darcy le dedicó al caballero le hizo saber que, de alguna manera, Elizabeth le había contado lo ocurrido- Porque mi esposa no sabía que su carta había sido sustituida, y sin embargo, tengo entendido que ha sufrido por ciertos comentarios.

-¡No sé de qué me estás hablando Darcy!

Elizabeth, llevada por la rabia y sus hormonas descontroladas, no pudo evitarlo. Se levantó, y apartando con cuidado a su hermana pequeña, fue hasta su cuñado, al que con toda la fuerza de la que era capaz, abofeteó en el rostro.

-¡Mentiroso!- Le gritó, dejándolo a él y a Lydia con la boca abierta- ¡Desde que se marchó mi esposo, y hasta que partí yo a Netherfield, se ha pasado cada momento que ha podido contándome mentiras sobre los motivos que mi marido tenía para ir a Irlanda! ¡Se ha aprovechado de mi vulnerabilidad y me ha hecho pasar un infierno!

-Yo… Yo…- Wickham estaba tan impactado con la reacción de Elizabeth que era incapaz de articular las palabras.

-¿No tiene nada que decir, señor Wickham?- Preguntó Darcy con total calma, mostrando que ya era conocedor de la recuperación de Elizabeth.

-Yo…- Aun no salía de su asombro, pero al dirigir la mirada a su antiguo compañero de juegos, la rabia se apoderó de él, soltando su afilada y entrenada lengua- Me parece increíble que se me acuse de esta manera. Todos aquí saben que me he comportado como corresponde, y no es culpa mía que Lydia haya cometido una estupidez mandando aquella carta, ni que la señora Darcy posea tanta imaginación como para inventarse algo así sobre mi persona.

-¿Cómo se atreve a hablar así?- Darcy estaba iracundo. Poniéndose en pie, echó con suavidad a su esposa a un lado y lo miró fijamente, mostrándole su imponente figura y una despiadada mirada- ¿Se atreve a llamarla mentirosa? ¿Usted? ¿Es que quiere que haga públicos todos los trapos sucios que he tenido que cubrir desde que rechazó la vicaría que mi padre le cedió en herencia?

La señora Bennet y Lydia, las únicas presentes que no conocían ese hecho de la historia, soltaron un pequeño grito, asombradas y escandalizadas. Wickham, desesperado y viéndose acorralado, se dejó llevar por el pánico y no pensó en lo que hacía.

-¡Vamos Darcy! ¿Vas a creer en una mujer que no respeta lo suficiente a su marido como para callar y obedecer ante cualquier cosa que hagas? ¡No son más que mentiras! ¡Viles mentiras de una mujer despechada que quiere hacerme daño únicamente porque siente celos de su hermana pequeña!

Wickham esperaba que con esa última frase, Lydia saliera en su ayuda, apoyándolo como había hecho siempre desde que estaban casados. Pero en lugar de eso, Lydia miró a su esposo con enfado y dolor. Era la primera vez que lo veía tal como era, y sin poder remediarlo, salió corriendo hacia su habitación, sintiéndose como una completa estúpida por haberse dejado embaucar.

Darcy observó a su joven cuñada subir por las escaleras, compadeciéndose de ella por haber sido tan alocada, y haber tenido que contraer matrimonio con una persona como George Wickham. De nuevo, desvió la mirada hacia ese hombre al que tanto despreciaba, y viendo que se disponía a seguir hablando, decidió que lo mejor que podía hacer era alejarse de él. Después de todo, golpearlo como deseaba hacer, solo lo rebajaría al mismo nivel que Wickham, y eso era algo que no estaba dispuesto a consentir.

Sin embargo, y para sorpresa de todos, el señor Bennet se levantó raudo de su asiento y fue hasta Wickham, cogiéndole por el cuello de la camisa. Nadie en toda la casa había visto jamás así al dueño de Longbourn. Lo arrastró hasta el umbral y lo empujó fuera de la casa.

-¡No quiero volver a verle por aquí nunca más!- Gritó enfurecido- ¡Callé ante lo que ocurrió con Lydia, pero no volveré a callar! ¡Lo que le ha hecho a Elizabeth ha sido el colmo! ¡Ha abusado de mi hospitalidad y de su matrimonio con mi hija pequeña! ¡No volverá a hacerlo!

-Señor Bennet, creo que está llevando las cosas al extremo. Estoy convencido de que podremos llegar a entendernos si conversamos.

-¡No tengo nada que hablar con usted, señor Wickham!- Le dio la espalda- Lydia irá con usted al cuartel de Meryton cuando ella así lo decida. Mientras, le recomiendo que vaya hasta allí y la espere. ¡Como siga aquí más tiempo no respondo de mis actos!

Realmente consternado por el resultado que habían tenido sus planes, Wickham caminó sin mirar atrás, maldiciéndose internamente ante su mala suerte. Por su parte el señor Bennet volvió a ingresar en la casa, y al hacerlo, de inmediato, sintió los brazos de su adorada Lizzy alrededor de su cuello.

-Gracias papá.

-No podía permitir que te humillara de esa forma- Besó sus cabellos, envolviéndola con sus brazos- No a ti, no después de todo lo que has sufrido- Comenzó a llorar con amargura- Mi Lizzy, mi adorada Lizzy, vuelves a hablar.

-Si papá, vuelvo a ser la de siempre.

-Lizzy, querida- La llamó su madre, aun algo traumatizada por todo lo acontecido con el que, hasta entonces, era su yerno favorito- ¿Puedo darte un abrazo?- Preguntó dudosa, pero quería mostrarle lo feliz que se sentía porque hubiera recobrado el habla.

-Claro mamá.

La señora Bennet caminó hasta donde estaban abrazados su esposo y su hija, y de inmediato se unió a ellos. Ninguno de ellos recordaba haber presenciado o vivido algo tan hermoso como esa escena en los últimos años, y Darcy sonreía al ver cómo unas lágrimas de felicidad se deslizaban por las mejillas de Elizabeth.

Cuando por fin todo se hubo calmado, Lizzy decidió subir a hablar con Lydia, y a ver a Kitty y a Mary, las únicas que aún no sabían nada de su mejoría. Lentamente subió las escaleras y se encaminó por el pasillo de las habitaciones. Al oír unos pasos conocidos por el corredor, ambas jóvenes asomaron sus rostros y sonrieron al verla.

-¿Pensáis venir a saludarme o vais a quedaros ahí quietas toda la tarde?- Preguntó divertida, antes de comenzar a reír al ver las caras de asombro de sus hermanas al escucharla hablar.

-¡Puedes hablar!- Gritó una emocionada Kitty que, pese a toda la educación que había recibido durante el tiempo que había residido en Pemberley, no pudo evitar correr a los brazos de su hermana y abrazarla con fuerza.

-Así es, Kitty, he recuperado mi voz.

Las dos permanecieron así unidas durante unos minutos. En ese tiempo, Mary no dejó de observarlas. Era increíble el cambio que se había operado entre ellas. Su relación, que nunca había pasado de lo formal, se había vuelto más íntima, más cariñosa. Viendo a sus dos hermanas de aquella manera, una sonrisa se dibujó en su rostro, pues ver a Kitty tan sensata y pendiente de los demás, era algo que nunca hubiera creído posible.

-Lizzy- La llamó, acercándose a ellas, uniéndose al abrazo- Cuanto me alegro de que por fin estés bien.

-Gracias.

Después de varios minutos, Elizabeth se despidió de ellas y retomó su camino a la habitación que había pertenecido a su hermana pequeña. Al entrar la encontró llorando sobre la cama.

-Lydia- La llamó suavemente, mostrando que no iba con intención de discutir o reprochar algo.

-¡Lizzy!- Se incorporó rápidamente, sorprendida de encontrarla allí y de escucharla.

-He subido a hablar contigo- Se sentó en el borde de la cama, quedando a la misma altura que ella.

-Lizzy, te juro que jamás pretendí hacerte daño- Su voz sonaba quebrada por el llanto que intentaba contener- Ya sabes cómo me gusta que todos estén pendientes de mí, y al ver que todos te daban tantas atenciones, me pudo la envidia- Miró el rostro de su hermana, esperando encontrar rencor o enojo, pero fue cariño y comprensión lo que halló.

-Veo cuanto estás sufriendo por lo que ha sucedido, y te perdono, siempre que me prometas no volver a hacer nada parecido.

-¡Por supuesto!- Exclamó abrazando a su hermana de inmediato- No volveré a dejar que mis celos me hagan cometer estupideces como esta. Ya he cometido demasiadas- Elizabeth supo de inmediato que se refería a su esposo, y a todas las veces en que la había manipulado para conseguir su propio beneficio.

-¿Qué vas a hacer?

-Iré junto a él- Elizabeth la miró sorprendida y consternada- Es mi esposo Lizzy, para bien o para mal- Le recordó, tomándole la mano- Fue mi decisión y ya no tiene remedio.

-Aun así no tienes el porqué de volver con él.

-¿Y a dónde iría? ¿Con vosotros? ¿Con Jane? ¿Aquí con nuestros padres?- Rio sin ganas- No, es hora de asumir las consecuencias de mis actos.

-Lydia- Estaba realmente sorprendida por la madurez de las palabras de su hermana pequeña. Y de inmediato, se convenció de que el desengaño que se había llevado con Wickham había hecho que cambiara su forma de ver el mundo- Estoy orgullosa de ti, y si en algún momento necesitas un lugar donde hospedarte, Pemberley tendrá sus puertas abiertas para ti.

-Gracias- La abrazó con fuerza- Te quiero.

-Y yo a ti, pequeña.

Darcy observaba la escena desde la puerta, sintiendo un calor en su interior al ver el amor que se tenían todas las hermanas Bennet aunque ni ellas mismas lo supieran.

Hola a todos, me he retrasado unos días, pero aquí tenéis el siguiente capítulo.

¿Qué os ha parecido? No sé si este será el final de Wickham en esta historia o más adelante aparecerá, pero de momento lo he sacado de circulación para dar paso a otros personajes y situaciones importantes.

Gracias por los que me dejáis vuestra opinión, para mí es importante saber lo que pensáis, y si alguno quisiera que sucediera alguna cosa en particular no estaría de más que la pusierais para tenerla en cuenta, que para mi todas las opiniones son importantes.

Nos leemos pronto